Ayer llegó el gran día. Ese que me vengo temiendo desde que me pusieron a V en brazos tras el parto. Ese que todos los padres saben que pasará sí o sí alguna vez en la vida de sus retoños.
Si hoy tuviera yo que dar un premio Nobel, se lo daría al médic@, curander@ o modist@ que se le ocurrió un buen día suturar una herida profunda en un ser humano.
Ayer V recibió los primeros puntos de su vida. Fue en la pierna. Más concretamente en la cara interio-posterior del muslo derecho. La razón: la estocada de un grifo de fuente con complejo de toro Ratón. ¿Como acabó el grifo en el interior del muslo de V? Ese es un misterio para el que todavía nadie, ni el mismo V, hemos encontrado una explicación convincente. Parece ser, según versión del accidentado, que estaba encima de un muro con la intención de dar un doble mortal con tres vueltas hacia adelante y dos hacia atrás y caer en medio de unas plantas. Pero se despistó: su amigo E saludó en ese momento (de concentración extrema) a otro niño, el se sobresaltó, desvió por un segundo la vista de las plantas objetivo, y acabo con el grifo incrustado en el muslo.
Cuando vino hacia mí gritando y llorando algo me dijo que aquella vez el dolor era diferente. Y eso que al principio no vi mucho. He pasado alrededor de 5 años de mi vida (desde que V anda) recibiendo a mis niños cuando me vienen accidentados y llorosos con una mano tapando la parte más inverosímil de su cuerpo, sintiendo que esos 3 segundos (lo que me cuesta en quitarles la mano o encontrar el punto golpeado) que tardo en comprobar que la parte en cuestión sigue en su sitio (aunque un poco maltrecha ), son una eternidad; pero siempre con el feliz resultado de que la cosa nunca ha llegado a mayores y todo se cura con el culito de la rana y un beso.
Por eso ayer tenía la certeza consciente de que, como siempre, todo quedaría en un susto (aunque una parte de mi inconsciente me decía lo contrario): por un momento quité la mano de V de donde se presionaba y sólo vi el pantalón íntegro. Pero había visto un punto equivocado. Dos centímetros más atrás un enorme siete en la tela dejaba entrever un boquete en su pierna. Boquete que dejaba ver con claridad todas las capas del muslo hasta ¿el hueso? Al menos el tejido adiposo se veía con claridad e incluso colgaba por los laterales de la herida. Se me subió el estómago a la garganta y tuve la certeza de que el gran día había llegado: nos estrenaríamos con los puntos.
A partir de ahí todo fue como la seda. Estaba en el parque con dos amigas que en seguida se pusieron en marcha. Tere sacó una megatirita para proteger el boquete hasta que llegáramos al médico. Paqui me llevó a la consulta pediátrica que, por suerte, estaba a dos minutos del parque. A Tere la dejamos con la chiquillería restante, excepto mi pequeño M y la pequeña de Paqui, que nos los llevamos porque tienen la curiosa capacidad de desaparecer de golpe aunque no les quites la vista de encima. En la consulta, una amabilísima pediatra nos informó que semejante herida sólo podían coserla en el hospital, pero nos hizo una cura de urgencia y nos llamó un taxi.
Creo que el taxi no tardó ni tres minutos. Y en menos de 10 minutos más estaba en la puerta de urgencias. No pasaría ni un cuarto de hora cuando V ya estaba en su camilla, con dos parches anestésicos en la parte posterior de cada mano y yo con tres cuentos infantiles sobre mis piernas. A partir de ahí a esperar a que la anestesia le hiciera efecto en las manos para que al ponerle la vía no le doliera. Espera que fue amenizada por la lectura de los tres cuentos un par de veces cada uno.
Médic@ y enfermer@s fueron un amor de amabilidad y cariño por mí y por el niño. A mi petición de hablar en inglés (en semejante estado nervioso me bloqueo totalmente y entender el suizo-alemán es para mí como intentar entender chino mandarín) no sólo no tuvieron ningún problema, sino que una doctora incluso se dirigió a nosotros en español. Cuando pregunté si podía estar en todo el proceso con mi niño, me dijeron que "por supuesto". Sólo el momento exacto de coserle, cuando V dormía plácidamente por efecto del anestésico que le metieron por la vía, me pidieron muy amablemente que saliera porque me podía desmayar si veía al médico cosiendo el boquete en directo. Estoy casi segura de que si me hubiera resistido un poquito hubieran accedido, pero decidí que con semejante trato y teniendo en cuenta que V estaba rodeado de 2 enfermeras, un anestesista y el médico "sastre", no valía la pena ponerles en un compromiso y mejor esperaba fuera. En escasos 10 minutos el boquete estaba cosido y recosido y protegido por un apósito. V dormía tranquilo, roncando y todo.
Mi marido llegó al hospital cuando todo había pasado y yo esperaba a que V se despertara, cosa que hizo media horita más tarde, un poco lloroso y mareado. Al volver a casa nos pasamos por la de mi amiga Paqui para recoger a mis otros dos niños y nos la encontramos en compañía de Tere, que tuvo el detallazo de quedarse con ella para no dejarla sola con tanta chiquillería. Me encontré a los dos pequeños cenados y satisfechos.
Es absolutamente incalculable el valor de poder dejar a tus otros hijos en unas manos de confianza cuando tienes que correr a urgencias con uno de ellos. Cuando yo abandoné el parque en el taxi rumbo al hospital, Tere y Paqui se llevaron a toda la chiquillería (3 de Paqui, 2 míos y una de Tere) a casa de Paqui y allí esperaron juntas hasta más de las diez y media a que volviéramos. Paqui incluso quería que los dejara a dormir para que fuéramos más tranquilos. Sé que estas cosas pasan y pueden pasar hoy a uno de mis niños y mañana a otro de los suyos y que yo también me quedaría con sus peques el tiempo que hiciera falta y encantada de la vida porque los adoro. Pero cuando lo hacen contigo y con tus hijos sientes que nunca se lo vas a poder agradecer lo suficiente.
Hoy me siento tan arropada y querida por estas amigas maravillosas con las que cuentas sin pensarlo para superar estos imprevistos y que siempre están ahí, dispuestas a echar una mano donde haga falta y a quien haga falta. Sin ellas, que duda cabe de que la experiencia de ayer hubiera sido muchísimo más traumática tanto para V como para sus hermanos. Gracias a ellas todo se resolvió con suavidad y eficazmente. Por la noche me encontré en casa con mis tres niños, uno un poco dolorido, pero los tres relajados y dispuestos a dormir como lirones. Y todo gracias a que yo pude centrarme en V para que pasara todo el proceso sintiéndose amparado y protegido por su madre, mientras O y M se sentían seguros, tranquilos y felices en manos de Paqui y Tere.
Estoy muy orgullosa de mis amigas, y estoy muy orgullosa de mis tres hijos. Los tres estuvieron a la altura de las circunstancias de una manera que me dejó impresionada.
V tenía miedo, por supuesto. Lloró porque le dolía, y se asustó mucho cuando me oyó decir que esa herida había que coserla, que nos íbamos al hospital. Pero en todo momento demostró mucha confianza en mí. Yo no le mentí nunca y los doctores también hablaron con el tomándole en cuenta como la persona que es, sin ignorarle en la toma de decisiones como es costumbre hacer con los niños.
O se quedó sin rechistar cuando, con V herido y sentado en la sillita y M colgado en el mei tai, me fui volando a la consulta del pediatra. Se quedó con Tere sin protestar ni un poquito, algo que hubiera sido normal en otras circunstancias, y luego me dijeron que se había portado de maravilla. Por la noche me lo encontré con ganas de seguir en casa de Paqui un ratito más, pero no rechistó cuando le dije que era tarde y ya nos íbamos. Se durmió en el coche y ahora todavía duerme.
Pero el que más me llegó al corazón fue M, que con sus dos añitos demostró un madurez y una empatía impresionantes. Se mantuvo colgado a mi espalda todo el tiempo que duró la cura en la pediatra y hasta que llegó el taxi. Sólo una vez me pidió bajar, cuando vio la consulta llena de juguetes, pero ante mi negativa no volvió a insistir. Cualquiera que conozca mínimamente a M sabrá lo excepcional de esa falta de insistencia. Y luego, cuando llegó el taxi y Paqui me convenció para que se lo dejara a ella......... me quedé impresionada: Al ver que lo descargaba y oír mis palabras explicándole como tenía que quedarse con Paqui y Tere porque yo tenía que ir con V al hospital a ver al doctor para que le curara, porque V se había hecho mucha pupa, se echó a llorar pero a la vez iba repitiendo
"vale, mami"
"si mami"
Que una criatura tan pequeña fuera capaz de asumir así su dolor ante la separación, aceptar la situación dándome su bendición para que me fuera a pesar de su miedo y tristeza, me dejó con el orgullo más doloroso que he sentido en mi vida. Esas palabras dichas entre lágrimas fueron para mí la certeza de que mi hijo, a pesar de ser tan pequeño, era capaz de hacerse cargo de su papel en esa situación y estar a la altura a pesar de sus propios sentimientos.
Parece ser que lloró un poquito durante aquellas horas, pero en general se mantuvo tranquilo. Cuando llegamos a recogerlos por la noche se me abrazó con fuerza y me preguntó
"¿Ya no te machas sin mí, eh?????, Macus con mami ¿Sí?"
Una vez en el coche costó unos minutos sentarle en su silla de seguridad porque necesitó estar un poquito en brazos de su papi. Pero cuando vio que ya salíamos se dejo colocar tranquilamente.
Así que al próximo conductista que intente defender las bondades de sus métodos e intente convencerme de que estoy criando unos seres egoístas, malcriados y egocéntrico se va encontrar con que, sin el menor escrúpulo, le voy a estampar su propio nuevo libro en las narizotas. Supongo que sabéis a quién me refiero ¿No?........ pero de eso ya hablaremos con más detalle en el siguiente post.
De momento hoy nos vamos a pasar un sábado familiar a la selva tropical del zoo de Zurich, donde mis niños se han ganado un tucán y dos loros (de peluche) por comportarse ayer como tres superhéroes capaces de enfrentarse a los imprevistos apoyando a los adultos en la resolución de las urgencias y conflictos.
Y para acabar os cuento lo que V me dijo cuando le señalé que hacer locuras puede traer consecuencias como las que acabábamos de vivir:
"No te preocupes mami. Nunca volveré a saltar desde un muro que tenga un grifo. A partir de ahora saltaré sólo desde los muros que no tengan grifos"
Ya estoy mucho más tranquila.
¡Que paséis un buen fin de semana!












