Mostrando entradas con la etiqueta Amor maternal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor maternal. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de junio de 2012

NUESTRA SEXUALIDAD FEMENINA AL COMPLETO

Hace algunos años una amiga de mi madre, madre a su vez de una vieja amiga mía, me comentaba que su hija había decidido parir por cesárea y dar el biberón porque no soportaba los dolores de parto y la lactancia le resultaba terrible. Esta conversación no se me va de la cabeza. En su momento no dije nada ¿Que iba a decir? imposible explicar con palabras lo que esta mujer y su bebé se iban a perder.

Hay cosas que no se pueden explicar, que no se pueden enseñar, que no podemos hacer llegar al que no quiere o no está preparado para saberlas. Cada persona tiene que llegar a ellas siguiendo su propio proceso. Para mí, el descubrimiento de mi sexualidad maternal fue un proceso personal de autoexploración, de inmersión en mi naturaleza humana y femenina que, si bien fue ayudado por información llegada desde afuera, nació y creció dentro de mí cuando yo le dejé hacerlo.

¿Cual fue el primer paso? Ahora no sabría decirlo. Tal vez no hubo un sólo primer paso sino pasos claves que fueron redirigiendo mi camino. Desde luego convertirme en madre marcó el principio de un proceso de metamorfosis y cambio. La sensación continua de frustración y carencia que me inundó en mi primer puerperio fue el impulso que me obligó a tomar un determinado camino.Un camino que no tenía marcha atrás:


El descubrimiento de mi deseo maternal.

Yo deseaba a mi hijo y este deseo era un sentimiento tan real, fisiológico y espiritual como ese deseo, aceptado y conocido, por realizar el coito con mi compañero; ese deseo coital que me llevó a la siguiente y desconocida fase de mi sexualidad femenina: la maternal. Pero el cambio de fase no fue reconocido, ni por mí ni por mi entorno. Al menos no en toda su inmensidad ya que quedó reducido a 40 días de ridícula cuarentena.

Y esto no es una afirmación filosófica sino fisiológica. Las hormonas me dan la razón. El aumento de la prolactina tras el parto se asegura de que el efecto de la oxitocina sobre nuestro deseo sexual coital se convierta en deseo maternal, o sea, de que todo nuestro deseo se dirija hacia nuestra criatura.


Y en mi fase de sexualidad maternal yo deseaba estar con mi hijo continuamente, cogerle, abrazarle, besarle, AMAMANTARLE, acariciarle, protegerle, mirarle, dormirnos brazados y tenerlo lo más cerca posible de mí. Y todo ello de la misma manera con la que deseaba a su padre: sin normas, sin tiempos, sin reglas, con aceptación y naturalidad.

Pero mientras que todo el mundo me entendía cuando años atrás me enamoré de mi marido y quería verle a todas horas, tocarle, besarle, dormir a su lado y hacer el amor con él, parece que nadie entendía una necesidad semejante por mi recién nacido y, en lugar de respetar mi Deseo Maternal, me llenaron de normas absurdas que lo acallaron convirtiendo mi maternidad en una lucha entre lo que mi hijo necesitaba y deseaba y lo que yo pensaba que quería y estaba dispuesta a darle.

Me convencieron de que estaba triste, estresada y decaída porque no tenía tiempo para mí, porque no podía descansar, porque necesitaba "mi espacio". Ese espacio sagrado en nuestra sociedad de individualidades que sólo permitimos que sea violado para realizar el coito.

Me convencieron de que la ayuda que necesitaba era para cuidar a mi hijo, y no para cuidarnos a los dos y mantener un entorno propicio para que él y yo nos mantuviéramos unidos tal y como necesitábamos estar.

Me convencieron y me convencí. Hasta que harta de mastitis, ansiedad y lloros de él y míos abrí los ojos y me tiré al mar de la maternidad guiada por el deseo.

Pero no fue un visto y no visto. No fue fácil. La liberación no es en un instante, sino un proceso largo lleno de conflictos, contigo misma y con el entorno. Vivir en toda su plenitud el deseo maternal en nuestras condiciones sociales es ir contracorriente y conlleva continuas críticas de tu entorno, cercano y no cercano porque para opinar sobre la vida privada de los demás siempre hay tiempo. Y si no aquí tenéis una muestra de las frases que he tenido que oír en estos últimos años, algunas de gente muy querida para mí:

- "¿Duermes con ellos? ¿Y que pasa con la intimidad de pareja?". (Pues que cuando nos interese la trasladaremos a otra estancia de la casa.)

- "Es normal que llore al dejarlo en la guardería. Luego estará tan contento y se le pasará en unos días" (Claro, nadie aguanta llorando eternamente. Se adaptará, no le queda otra, pero lo que a mí me preocupa es a que precio.)

- " Mételos en su cama aunque lloren. Hay que acostumbrarlos a dormir a su hora y solos" (Sin comentario)

- "Los niños ya son mayores para dormir con vosotros. No es bueno para vosotros ni para ellos" (Y se quedó tan ancho)

- "Lo que nunca puedes hacer es dejar de cuidar tu vida de pareja" (Ya, pero es que ahora tenemos una "vida de familia")

- "Ya puedes empezar a cuidarte que tu marido va a mirar a otras" (Pues va a ser que mi cuerpo post-embarazo me encanta, con sus pechos llenos de leche y mi barriga fofa.)

- "Aquí tienes el lubrificante vaginal" ( Al finalizar la revisión de los 40 días tras el parto. Yo ni había comentado nada ni había pedido ningún lubrificante)

-"¿Todavía dando teta? ¡Pero si este bebé debe rondar ya el año!"

- "¡Dios mío! ¡El año pasado me sorprendiste pero es que verte dando teta este año a un niño tan grande!!!!! ¿Hasta cuando? ¿Hasta que vaya a la mili/tenga novia/vaya a la universidad?" (Yo a esto, que ya es un clásico, suelo contestar que para entonces estará prendidito a las tetas de otra)

-  "Yo cada año me voy unos días/una semana con mi marido a solas. Es FUNDAMENTAL." (¿Y por qué yo no me siento capaz de separarme ni 24 horas de mis hijos? ¿Será que tengo una "psicopatología en mi forma de ser"?)

Son demasiadas generaciones de patriarcado donde la pareja es todavía "sagrada", a pesar de que la unión ha dejado de ser "hasta que la muerte os separe" (combinación que complica muchísimo la vida de los hijos, pero esto sería tema por sí mismo para otro post). Pero el cambio en el concepto de pareja que ha habido en las últimas décadas en España, o en la sociedad occidental en general, no ha variado demasiado lo fundamental: el núcleo de la familia y, por lo tanto, el pilar de la sociedad, es la pareja. Así se hace imprescindible protegerla de todo aquello que amenace su estabilidad o interfiera con su intimidad, y entre estas cosas están los hijos. Y esto dificulta de manera asombrosa que nosotras podamos liberarnos y dejarnos llevar por nuestro deseo maternal en toda su plenitud. Hace falta unos compañeros muy maduros, muy generosos, con sus propias sombras y carencias muy superadas, capaces de acompañarnos en este proceso sin sentirse celosos, dados de lado, abandonados o "sin sus necesidades cubiertas".

En su lugar la mayoría de mujeres nos encontramos con compañeros que reclaman la atención que recibían antes de convertirse en padres. Reclaman a la mujer que éramos y en la fase sexual que les satisface a ellos y no al bebé. Y nosotras, que no queremos perderlos, nos sentimos culpables porque tras los cuarenta días de rigor todavía no les deseamos como antes, porque nuestros deseos van en otra dirección y necesitamos perdernos en ellos como nos perdimos en el pasado en el deseo por el padre de nuestro hijo. Y nos esforzamos por cambiar de fase cuando todavía ni nosotras ni nuestros bebés estamos preparadas.

A veces ni nos permitimos entrar en la fase de sexualidad maternal y directamente ni empezamos a amamantar, o convertimos el amamantamiento en una tortura al intentar controlarlo con el neocortex, como si se tratara de un simple medio de alimentar a nuestro hijo en lugar de un comportamiento derivado de nuestro deseo maternal y, por lo tanto, de un acto sexual maternal. Así a los 40 días estaremos de nuevo dispuestas a realizar el coito. Las que amamantamos, intentaremos acallar los gritos de nuestro cuerpo que nos pide que todavía no es el momento, no es la fase correcta para ese ahora, e iremos a la farmacia a comprar lubrificantes vaginales no vaya a ser que él no quede satisfecho (si no nos lo ha dado antes nuestro ginecólogo por iniciativa propia). Así nos hundimos en un satisfacer a otros: a nuestro hijo (que por otra parte es lo que nos pide el cuerpo) y a nuestro hombre (que es lo que la sociedad encuentra "normal"). Pero satisfacer a los dos parece imposible y el que va a salir perdiendo es, indiscutiblemente, el niño.

Mandaremos a nuestro hijo a dormir a otra cama para que no interfiera en nuestra intimidad de pareja. Le impondremos horarios para que no interfiera en nuestra rutina de pareja. Le mandaremos unos días a casa de los tíos o los abuelos para que nos deje espacio "para vivir" la pareja.

Luego nos asombraremos de que la maternidad/paternidad sea tan complicada, los hijos tan difíciles y la vida tan cuesta arriba. Pero eso es "lo normal".

Porque el problema no es que la pareja se considere "sagrada", que para mí si lo es, sino que a la unión de la madre con su hijo no se le considere también, porque lo es y de una manera mucho más intensa, si se me permite decirlo.

Desde su concepción madre e hijo son uno sólo, ligados por la fisiología y por el deseo del uno por el otro de manera recíproca. Tras el nacimiento, el bebé sigue sintiéndose parte de su madre y la madre tiene todo el arsenal biológico necesario para satisfacer este sentimiento/necesidad del bebé. Esto es parte de nuestra sexualidad humana, de la de todos. Todos hemos sido bebés y hemos estado en esta fase. Las mujeres que nos convertimos en madres vivimos también la otra parte de la diada. No será hasta pasados unos meses que el bebé descubrirá que es un ser independiente de su madre y empezará a crear vínculos con el resto, empezando con su padre (si ejerce como tal) y siguiendo por las personas (familia o no) más cercanas. Pero toda la vida afectiva de este niño se cimentará en la relación primal con su madre.

Por eso creo que es tan importante y fundamental respetar la sexualidad maternal que protege y desarrolla el vínculo madre-hijo. En esta sociedad la sexualidad maternal no existe. Como dice Casilda Rodrigañez en su libro "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente", han matado a La Madre. La madre deseosa que cubre los deseos de sus hijos, criando seres humanos libres de carencias, ha desaparecido. Y las consecuencias de eso son lo que vivimos ahora. Ni más ni menos. Para bien y para mal.

Por eso, teniendo en cuenta que la humanidad no va precisamente por buen camino, vale la pena replantearse esta situación y empezar a recolocar los cimientos de la nueva generación.

Tenemos que resucitar a La Madre que satisface los deseos primales de sus hijos y creo que eso pasa obligatoriamente por el reconocimiento de la existencia de la SEXUALIDAD MATERNAL. Nos han robado una parte muy importante de nuestra sexualidad y, por lo tanto, de nuestra identidad. Parece que pocas somos conscientes y, muy desgraciadamente, en esta sociedad de "mujeres liberadas" se venden más libros de Elisabeth Badinter o Eduard Estivill (Que bajo mi punto de vista son ramas de las mismas raíces) que de Casilda Rodrigañez o Michel Odent.

Pero es evidente que vamos abriendo los ojos y cambiando poco a poco. Basta con leer este fantástico artículo de nuestra mamá bloguera de 38 años y un día escrito como respuesta al tan poco acertado de Bebes y Mas La sexualidad en el postparto para ver que cada vez somos más reclamando nuestro derecho a vivir nuestra sexualidad al completo en lugar de la versión reducida (en perpetua fase coital) que el patriarcado nos quiere vender.

miércoles, 23 de mayo de 2012

LO QUE QUIERO Y LO QUE NO QUIERO

No quiero decirle a ninguna madre o padre como tiene que criar a su hijo. Ya son mayorcitos para tomar sus propias decisiones, informarse o no informarse de lo que es mejor o peor, natural o cultural, impuesto o voluntario.

Pero,

tampoco quiero callarme lo que sé, lo que he estudiado y descubierto, simplemente porque alguien se pueda ofender o sentir culpable. El que no quiera oírme, simplemente, que no me pregunte, porque si lo hace le diré lo que sé y lo que pienso sin tapujos.

No quiero juzgar a nadie,

Pero:

Tampoco quiero que me juzguen cuando saco la teta para amamantar a mi hijo de 3 años. Y no, no va a estar mamando hasta la mili porque: 1- Seguramente nunca hará la mili mientras no vuelva a ser obligatoria; 2- Para entonces seguro que se estará agarrando a la teta de otra (y de otra manera, se entiende).

No quiero que llamen "lactancia prolongada" a lo que mis hijos y yo hacemos, porque no estamos prolongando nada más allá de lo que la madre naturaleza ha diseñado y dispuesto. Antes de escribir en un periódico sobre este tema en concreto, sería de agradecer que el/la periodista en cuestión se informara sobre lo que los expertos opinan que sería la duración natural de la lactancia en el ser humano. Importante tener en cuenta que sólo en los últimos dos siglos, y por motivos absolutamente ajenos a la salud de madre e hijo, se acortó lo que de manera natural debería durar varios años y se convirtió en meses, bajo la amenaza de que hacerlo más tiempo era "nocivo". Y yo me pregunto ¿Nocivo para quién? Porque hasta ahora la ciencia más pura y dura sólo ha demostrado beneficios PARA TODOS.

Así declaro que:

No quiero leer MENTIRAS en los medios de comunicación, desinformando a los padres con frases como:

"...el niño debe socializarse, y esto implica destetarse." (Javier Urra. La Vanguardía 16 de Mayo 2012). Una majadería digna de no ser nunca leída. Con semejante ex-defensor del menor no me extraña lo que ocurrió hace unos meses con la joven Habbiba y su hija.

"Lo primero que hay que preguntarse es qué mujer trabajadora puede permitirse el lujo de seguir dándole el pecho a su hijo después de la baja maternal." (Susana Quadrado. La Vanguardia 16 de Mayo 2012). Por suerte, y a pesar de las nefastas condiciones laborales de la gran mayoría de madres, muchas, señora Quadrado, muchas. Y si estas condiciones cambiaran serían todavía muchísimas más.

O que la lactancia nos produce un desgaste prematuro y nos estropea los pechos, palabras de Eulalia Solé en otro artículo de la Vanguardia, ampliamente comentado por Alba Padrós en su blog Som la llet. Lástima que todos los estudios científicos que demuestran los efectos de la lactancia sobre la madre desmientan sus palabras porque, entre otras cosas, la lactancia previene el cancer, la osteoporosis, la anemia y las enfermedades cardiovasculares. Así es difícil de creer que las madres que amamantamos estemos más "desgastadas", sobretodo en esta sociedad del exceso donde estamos sobrealimentadas. Hasta el momento, señoras y señores, sobre la lactancia sólo se ha demostrado beneficios PARA TODOS. Todo lo demás es pura CHARLATANERÍA.

Y no quiero polémicas donde no hay lugar para ellas. La ciencia habla claro y en este campo poca polémica hay. Los estudios hasta ahora son cristalinos y no dejan lugar a dudas. Pero a pesar de ello, los medios de comunicación se dedican a crear una guerra a base de enfrentar dos tipos de crianza que, en el fondo, tampoco existen como tales. Primero fue El Mundo y ahora La Vanguardia pero no son los únicos y regularmente salen en la prensa artículos cuya única intención es reavivar la llama de esta "pseudo-polémica".

Basta de polémicas inútiles, señores. Lo que tenemos que conseguir es que la sociedad apoye también a los padres que creemos que lo mejor para nuestros hijos no es dejarlos 12 horas en la guardería desde los 4 meses de vida cuando los mejores cuidadores son su propia madre o su propio padre, o darles leche de vaca cuando tenemos nuestra propia leche humana, u obligarles a dormir solos cuando pueden dormir con sus padres, o tratarlos como personas en pleno derecho y no como seres inferiores que nos pertenecen, o dejar que se desarrollen a su ritmo y no al ritmo de unos promedios y unos patrones que sólo cumplen una minoría de chiquillos.

Quiero ejercer mi maternidad como me pide mi Deseo Maternal y quiero que la sociedad me apoye en ello de la misma manera que en la actualidad apoya a las madres que deciden ignorarlo. Y para esta exigencia cuento con el aval de la ciencia, que ha demostrado y sigue demostrando que lo que mi Deseo me pide hacer con mi hijo es lo mejor para él y para mí y por lo tanto para la sociedad en conjunto. Lástima que sea necesario demostrar científicamente la supremacía de lo que la madre naturaleza ha diseñado durante ciento de miles de años de evolución frente a lo que a la mente humana se la ha ocurrido en los últimos siglos, pero así están las cosas y por eso me molesto en citar a la ciencia, porque basándome en ello creo que tengo derecho a decir que:

Quiero seguir siendo una mujer completa, personal y profesionalmente, a la vez que crío a mis hijos y eso, hoy por hoy, es imposible. Me obligan a elegir y NO QUIERO QUE ME OBLIGUEN A ELEGIR.

Si las cosas fueran diferentes yo no tendría que elegir: si me permitieran integrar mi maternidad en mi vida pública, profesional y social, en lugar de obligarme a "quedarme en casa" para poder criar a mis propios hijos, la sociedad podría beneficiarse de todo mi potencial  a la vez que se beneficiaría de unos hijos que crecerían sin la herida producida por la carencia. Para eso sería necesario adaptar el mundo del día a día de los adultos a la presencia de sus niños, y esto sería posible, pero no nos dejan, porque los inamovibles de siempre se dedican a predicar a los cuatro vientos que las cosas solo pueden ser como son y a crear polémicas sin sentido.

Todo podría ser muy diferente. Quiero que todo sea muy diferente y no quiero que las cosas sigan como están.

Así nos beneficiaríamos todos, no sólo las radicales madres que practicamos esa  ¿madrephilia? y sus retoños. Porque abrir la puerta al Deseo Maternal será bueno para todas y para todos, empezando por las mujeres que ni siquiera saben que lo tienen cuando les ponen a su hijo en brazos.

Y para finalizar os dejo una palabras de Casilda Rodriganez de su libro "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente". (Ediciones Crimentales 2007)

" La madre entrañable da la vida, no retiene ni es posesiva. Las criaturas cuanto más y mejor han satisfecho sus deseos maternos, vuelan antes y mejor. La mamitis es la enfermedad de la falta de madre; la superabundancia de madre verdadera no enferma sino que expande la vida, allí donde se da."

Foto tomada de El País (22 de Mayo del 2012). La senadora del PSC Iolanda Pineda lleva a su hijo al pleno del Senado.




viernes, 20 de enero de 2012

ACOGIMIENTO Y AMOR MATERNAL. MI VISIÓN PERSONAL COMO MADRE

Hoy me vais a permitir que relacione dos artículos publicados recientemente (de hecho con dos días de diferencia) y que me han llegado, como no, vía facebook, haciéndome reflexionar una vez más sobre la falta de interés de Asuntos Sociales en las necesidades primales de los recién nacidos.

El primer artículo me llegó de la mano de Tenemos Tetas. Para mí, que llevo ya seis años buceando por el mundo de la salud primal, se limita a reafirmarme lo que cada vez más estudios y desde diferentes disciplinas vienen demostrando: que los acontecimientos que siguen al nacimiento, en especial la presencia cercana y constante de una madre amorosa, tienen un efecto enorme en el desarrollo del cerebro del bebé y, por ende, en su salud mental futura. Esta vez las evidencias sobre el efecto del cuidado maternal sobre el cerebro de los recién nacidos - con experimentos en ratones y centrándose en la producción del neuropéptido Y y sus receptor - nos llegan de la mano del doctor Rolf Sprengel  (et al.) del prestigioso Max Planck Institute.

Y el siguiente artículo (más o menos la misma noticia en dos publicaciones diferentes), me ha llegó (también vía Facebook) de la mano de la abogada Beatriz Beneitez y de la psicóloga Anna Badia. Parece que el consejero Salvador Victoria de Asuntos Sociales, ha presentado un nuevo protocolo contra el abandono de bebés.

Y aquí va mi reflexión, siendo muy consciente de lo que soy y no soy y de lo que sé y no sé, y de que mi visión es parcial (como todas las visiones de este mundo). Pero quiero escribirla aquí, en mi blog, con el ánimo de contribuir al menos un poquito a este debate tan delicado sobre lo que es o no es el bien supremo del menor.

Según el consejero Victoria, el protocolo de actuación frente a un abandono es el siguiente:


A partir de ese momento ( la llamada al 012 o 112), una unidad móvil que está disponible las 24 horas se traslada con un equipo de trabajadores sociales y psicólogos a cualquier punto de la Comunidad para recoger al niño y trasladarlo en primera instancia a un centro hospitalario para valorar su estadio de salud.

De forma simultánea, el Servicio se pone en contacto con una de las diez familias adscritas al Programa, que de forma voluntaria se hacen cargo de un niño por un lapso promedio de cuatro meses, hasta que se resuelve la situación.


Como os podéis imaginar, a mí lo que me duele son esos teóricos hasta cuatro meses (y digo teóricos porque todos conocemos algún caso que se ha alargado al menos un año) en una familia de acogida. Y me duelen especialmente en el caso de los recién nacidos y bebés en su periodo primal. Evidentemente un niño más mayor, que ya ha establecido unos lazos de afecto, para bien o para mal, con sus padres o familia biológica, es un caso totalmente diferente. 

Pero con estos bebés: ¿Por qué son necesarios estos meses en una familia de acogida TEMPORAL? Si una mujer pare un hijo pero sus condiciones económicas y sociales no son las adecuadas para criarlo, lo mejor para el menor es que se ayude a su madre a conseguir la estabilidad necesaria, a la vez que ejerce de madre y sin separarle de su hijo (algo que reconozco que también ofrecen ya que, según palabras del consejero, la madre dispone de 94 centros para acogerles). Y si una mujer pare un hijo y lo quiere dar en adopción  porque no quiere ser madre ¿Que sentido tiene este paso por la familia de acogida? ¿De verdad es más conveniente obligar a la criatura a permanecer en una familia de acogida temporal, para luego romper sus vínculos otra vez y ser entregado en acogida permanente, adopción o de vuelta a una "desconocida" madre o familia biológica?


....El consejero de Asuntos Sociales ha precisado que la madre dispone de un plazo de treinta días para decidir si desea recuperar a su hijo....

¿Todo esto es por estos treinta días que tiene la madre biológica para pensárselo? Treinta días por culpa de los cuales estos bebés no están con su madre definitiva nada más nacer. Treinta días que pasarán en acogida temporal sí o sí y como mínimo.

Su primer mes de vida.

Francamente, yo creo que una mujer que decide dar a su hijo en adopción ya ha tenido varios meses para pensarlo en profundidad. Y sí, ya sé, es cierto que cuando ha nacido el bebé todo es diferente. Entonces estaría de acuerdo en que en ese momento, tras poner al niño sobre el pecho de su madre y no separarles para nada, se hiciera todo lo posible para que la mujer en cuestión pudiera seguir con su hijo si ese es su deseo, aunque este deseo haya conllevado un cambio de opinión. Pero las madres que no quieren ni ver al bebé o que tras verlo lo rechazan de todos modos ¿Que sentido tiene que tengan un mes para pensárselo? ¿Que sentido tiene que este bebé esté un mes sin madre mientras su madre biológica se lo piensa sin él? ¿No puede repensarse su situación y su elección a la vez que lo materna? ¿Realmente tiene sentido que esta criatura esté a la espera mientras ella reflexiona lejos de su hijo? Muchos alegan que estas madres se merecen una segunda oportunidad, pero yo no estoy de acuerdo. Estamos hablando de bebés. Estamos hablando de seres humanos. Mientras a estas madres se les está dando una segunda oportunidad estos niños pierden la única que tienen para tener un periodo primal realmente saludable, donde reciban todo lo que necesitan.

Dice el director de una de las residencias de menores, Vicente Valera, que:


.... este Servicio es una "tabla de salvación" para muchos niños que en los primeros días o meses de vida no pueden ser atendidos de forma adecuada por sus familias. 


A lo que yo me sigo preguntando: ¿Realmente una familia de acogida TEMPORAL puede darle a este bebé lo que necesita? Y aquí, disculpadme, pero voy a ser muy politicamente incorrecta al discrepar de estas palabras de un padre de acogida citadas en uno de los artículos:

.....que estos bebes son muy pequeños para ir directamente a una residencia y que en su hogar son atendidos "como uno más" de sus hijos.


Fuente de la Imagen: Fundación Camino Claro
Título: Porque no es lo mismo
Yo, lo siento, pero esto no me lo creo. Sí, serán atendidos como un hijo más en cuanto a que se les dará alimento, se les bañará, se les vestirá... o sea, todo lo que un bebé necesita para sobrevivir. Incluso recibirán besos y abrazos, caricias, juegos y risas. Pero ¿Y esa intimidad inmensa que nace entre una madre y su bebé, producto del contacto físico, del amamantamiento, de la necesidad del piel con piel......? Ese sentimiento único e intransferible que yo siento por mis hijos y que, no sólo sé que no sentiría por otro bebé que no fuera hijo mío (y con ello no quiero decir que no haya parido, no confundáis), sino que también sé que no me estaría permitido desarrollar so pena de que un juez me lo echara en cara más tarde, cuando me retiraran al bebé.

Así que no me lo creo. Los bebés acogidos temporalmente tal vez sean tratados a grosso modo como los hijos biológicos u adoptados (o en acogimiento permanente lo que supongo que, a nivel afectivo, es igual que los hijos biológicos o adoptados), pero no pueden ser sentidos igual y por lo tanto a un nivel más íntimo y profundo tampoco serán tratados igual. Lo que significa que no van a recibir lo que realmente necesitan: el amor incondicional de su madre; puente hacia el amor de su padre, hermanos, familia y sociedad.

 Y tampoco podemos ni debemos olvidar los sentimientos de este bebé que creará sus lazos afectivos con la persona que lo recibe como si esta persona fuera su madre definitiva. Incluso obviando el hecho de que a un nivel profundo e íntimo podría no estar recibiendo el maternaje que necesita ¿Que daños ocasiona a esta criatura ser separadas una, dos , tres o más veces de su figura de apego fundamental? ¿Realmente vale la pena pagar este precio? y ¿Por qué se paga? ¿Por preservar su derecho a permanecer en sus raíces biológicas? ¿Realmente este derecho es más importante que su necesidad de estar cuanto antes en los brazos y el pecho de su madre definitiva?

Porque lo que le da una madre a su hijo no se lo puede dar nadie más. Y con eso no me refiero como madre a la mujer que lo ha parido, sino a la que se siente, y el bebé siente, como tal. La unión entre madre e hijo es única, algo aceptado universalmente, como bien lo demuestra las diferentes manifestaciones en diferentes culturas que hacen hincapié en la exclusividad e intensidad de la misma. ¿Puede una mujer sentirse madre de un bebé que le quitarán pasados unos meses y que no puede amar sin barreras porque le obligan a dosificar ese amor? Yo no. Podría cuidarlo y quererle, pero no podría sentirme su madre porque, si lo hago, desde luego que ni con una grúa me separan de él cuando todavía me necesita.

Escribo este post desde mi papel de madre. Una madre que ha descubierto la importancia del deseo maternal a la hora de satisfacer las necesidades de sus hijos. Deseo que no puede fluir en una relación basada en protocolos y espacios temporales limitados. Y desde esta posición me pregunto si colocar al recién nacido cuanto antes sobre el pecho de su madre definitiva no debería primar sobre cualquier otra consideración, por el bien supremo del menor.

Sé que vivimos en una sociedad donde todavía se ignoran totalmente todas las evidencias que nos demuestran la importancia del periodo primal y del papel del amor maternal en el mismo. El hecho de que profesionales conductistas como Estivill vendan más de tres millones de ejemplares de sus obras, ya me da una idea del nivel al que estamos a la hora de entender y satisfacer las verdaderas necesidades de nuestros pequeños. Puedo imaginarme que, de ser padres, es mucho más probable que en la mesilla de noche de los responsables de diseñar protocolos contra el abandono haya un libro escrito por este señor o algún colega en su línea que no por Michel Odent,  Sue Gerhard, Laura Gutman, Carlos Gonzalez, Rosa Jové o Yolanda Gonzalez .

Me pregunto cuantas evidencias más serán necesarias para que la necesidad de amor maternal en este periodo primal de los seres humanos sea, no sólo tenida en cuenta, sino sobretodo priorizada a la hora de diseñar los protocolos de actuación ante bebés abandonados, cedidos o en una situación de desamparo. Me temo que falta todavía tiempo y que, mientras tanto, muchos bebés se irán quedando por el camino, víctimas de un sistema incapaz de asimilar las evidencias y reaccionar a tiempo. Tal vez un sistema que no está pensado para el bien supremo del menor sino para el bien supremo del que lo diseña y tiene aspiraciones políticas. Aunque prefiero pensar que no, que no es eso, que en realidad hay un debate serio, científico y profesional y que algún día se conseguirán protocolos que sean realmente óptimos para cumplir su objetivo: lograr siempre hacer lo mejor para el menor.