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miércoles, 4 de febrero de 2015

ÉRASE UNA VEZ................

ÉRASE UNA VEZ....... UNOS MÉDICOS ENGREÍDOS Y UNA CIENCIA NADA CIENTÍFICA

Érase una vez una sociedad que decidió separar a las criaturas de sus madres para obtener adultos sumisos al sistema. Convirtió a la mujer en sucia, impura, pecadora, defectuosa y débil, consiguiendo que se sintiera incapaz de parir, incapaz de criar o incluso incapaz de vivir sin una autoridad que le marcara el camino. Una autoridad masculina, por supuesto. 

Y es que mantener la autoridad del patriarca dentro del círculo familiar y la producción de herederos sumisos al sistema imperante pasaba por romper el vínculo más inmenso, sostenedor y protector que se puede formar entre seres humanos: el que se forma entre la madre y su hijo. Y así, las mujeres que ocupaban los puestos más altos en la escala social tenían prohibido criar a sus propios hijos, los cuales eran puestos en manos de nodrizas: mujeres de casta inferior destinadas al "nada valorado" y  vergonzoso (porque suponía fluidos, piel, tetas y pezones, o sea, cuerpo femenino) acto de amamantar y criar. El parto no lo pudieron transferir a las nodrizas, porque si lo hacían el bebé no llevaría la sangre "superior"  del patriarca y su mujer. Pero consiguieron interferir con el proceso del nacimiento lo suficiente como para poner en serio peligro la vida de madre e hijo (por lo tanto convirtieron el parto en un acto peligrosísimo que el médico debe controlar sí o sí) y conseguir que la madre no protestara cuando le separaran de su bebé y se lo dieran a otra mujer para su crianza. Ni que decir tiene que los bebés morían como moscas. 

Érase  otra vez que la misma sociedad, unos siglos más tarde, decidió que la mujer podía emanciparse de su padre/marido esclavizándose en el mundo laboral. Ahora ya no fueron sólo las aristócratas, tampoco la clase media ni la clase trabajadora tendría tiempo y derecho para criar a sus hijos, y la lactancia pasó a ser un estorbo inteligentemente solucionado por un sagaz empresario que descubrió un filón de oro adaptando la leche de vaca al consumo del bebé humano. Una adaptación defectuosa que costaría la vida y la salud a millones de criaturas ( y a sus madres). 

Érase una vez más que las madres, despojadas de sus atributos y habilidades naturales para la crianza de sus hijos durante tantos siglos, convencidas de que sus cuerpos eran sucios, defectuosos e inferiores a los productos del admirado y respetado intelecto humano (másculino, para ser más concretos) volvieron la mirada hacia los "expertos" en espera de recibir instrucciones de qué hacer y cómo hacerlo con sus retoños. Porque los bebés se morían, y ellas tenían miedo. 

Y ocurrió entonces que los "expertos", como eran tan sabios porque habían estudiado tanto y les llamaban "señor doctor", consideraron que eran mucho más inteligentes que miles de años de evolución y se otorgaron la autoridad de decirles a las madres cómo criar a sus hijos. Y así, mirando el mundo desde la estrecha ventana de su propia cultura, naturalizaron las costumbres culturales y - y aquí cometieron la más grande de sus aberraciones - normativizaron dichas costumbres en nombre de la respetable ciencia médica. Llenaron así la crianza de absurdas normas "racionales" nacidas de sus propios perjuicios personales y culturales, nunca convenientemente valoradas por el verdadero método científico y la ciencia basada en evidencia, la cual va mucho más allá de las fronteras del mundo de la medicina. 

Y érase de nuevo que un tal doctor Holtz tuvo la genial idea de poner por escrito todas esas "brillanteces", dando comienzo a los que durante el siglo siguiente sería uno de los negocios más rentables del mundo editorial: la literatura de crianza para padres. Y así, las bibliotecas de todos los hogares se llenaron de reglas estrictas en cuanto a la alimentación, el sueño y la crianza en general de los niños. Normas que nadie osó poner en duda porque las escribían los expertos en nombre de la ciencia médica. Gracias a todos estos doctos volúmenes divulgativos, millones de madres en todo el mundo dejamos que nuestros pechos se hincharán hasta producirnos fiebre porque "por la noche mejor destetar cuanto antes"  o "no hay que dar antes de dos horas porque si no no hace bien la digestión", dejamos llorar a nuestros bebés en la oscuridad de sus habitaciones para que desarrollaran "buenos hábitos del sueño", millones de niños murieron porque había que "acostarlos boca abajo" y debían "dormir solos", preparamos interminables papillas que teníamos que ofrecer a los 4 o 6 meses porque nuestra leche "ya no alimentaba", y nos desesperábamos cuando nuestro bebé escupía la papilla y lloraba reclamando teta, que le negábamos en nombre de la ciencia (la de nuestro pediatra o su último bestseller). 



ÉRASE UNA VEZ................ LA REALIDAD DESCUBIERTA EN LAS POYATAS


Pero a medida que el método científico y la ciencia multidisciplinar basada en evidencia afianzaron su poder dentro de la medicina, empezó a tambalearse todo este engreído positivismo. Desde mediados del siglo XX, momento en el que cientos de grupos de investigación empezaron a poner sobre la poyata todas esas prácticas que los pediatras habían convertido en normas, fue afianzándose la idea de que la gran mayoría de ellas eran más nocivas que beneficiosas. 

Al final la verdadera ciencia desenmascaraba a la pseudociencia nacida de la miopía cultural y el engreimiento clasista, devolviendo al cuerpo maternal su lugar de honor en el nacimiento y la crianza de sus hijos: dónde mejor están los bebés es sobre el cuerpo de su madre, bebiendo de su pecho, en contacto con su piel,  o sea, siendo amados por ella

Evidentemente esta revelación provocó una verdadera crisis dentro de la sociedad en la que la crianza de los hijos había sido relegada al último rincón de lo no valorado socialmente, mientras se exigía a las mujeres una masculinización en toda regla si querían ser personajes mínimamente presentes y presentables en la comunidad. Así apareció el feminismo anti lactancia, anti-amor maternal, anti-deseo maternal y anti-cuidado de los hijos que se enfrentó, y se enfrenta, con uñas y dientes al feminismo que reclama la feminización de la sociedad, la revalorización de la crianza y del papel del cuidador y, en resumen, la priorización del cuidado y del amor por encima de la mera producción. 

Pero en esta confrontación no debería entrar el mundo de los profesionales de la ciencia, especialmente los de la ciencia de la pediatría, la psicología o la obstetricia. No a nivel profesional, se entiende. Personalmente pueden hacer, decir o escribir lo que quieran. Pero cuando actúan (escriben, hablan o tratan) como pediatras, obstetras o psicólogos deben ceñirse a las evidencias científicas aceptadas por las sociedades profesionales a las que pertenecen o por las organizaciones internacionales de mayor autoridad. 

Ciertamente, esto es más fácil de decir que de hacer, porque si algo caracteriza al mundo científico es el debate y la falta de unanimidad a la hora de considerar lo que es o no una evidencia.  Y siempre habrá temas más polémicos que otros. En algunas áreas es realmente complicado encontrar una postura mayoritaria o realmente bien fundamentada. Todavía queda mucho campo abierto por explorar y la propia ciencia reconoce que es hija de su tiempo y de la cultura que la ha creado, por lo que no se desarrolla ni libre ni por encima de los determinantes culturales. Todos sabemos que los intereses económicos y políticos también impregnan no solo la investigación científica, sino también las sociedades científicas y médicas de las diferentes disciplinas. 

Un ejemplo de un tema controvertido y polémico lo tenemos en el tema del sueño infantil, área que soporta un inmenso peso cultural y en la cual existe un enorme debate en cuanto a las recomendaciones oficiales de cómo, dónde, cuánto y cuándo deben dormir los bebés y niños. Mientras que las evidencias científicas obligan a que en ciertos temas exista ya prácticamente unanimidad de criterios, en muchos otros todavía no hay un consenso generalizado. Por ejemplo, existen tremendas controversias sobre la seguridad de colechar con los menores de 3 meses, a pesar de que hoy en día ningún profesional puede ya discutir con las evidencias en la mano el hecho de que el colecho entre padres e hijos (por encima de los tres meses de edad) es una  práctica perfectamente conveniente y saludable, teniendo que admitir que el rechazo mostrado a esta práctica por los profesionales de la pediatría del siglo pasado  tenía su origen en motivos meramente culturales. 

Cuando un tema es tan polémico a nivel de los foros científicos, el experto se encuentra con una enorme dificultad a la hora de trasmitir información correcta y honestamente en los medios de comunicación dedicados a la divulgación sobre crianza para padres. A pesar de esta dificultad, cuando un profesional saca uno de estos temas de estos foros científicos para presentárselo a los padres con el fin de dar consejos y estrategias  de crianza, lo mínimo que debería hacer es comunicar el hecho de que existen posturas contrarias perfectamente fundamentadas. Así, en el tema del sueño infantil, de un discurso en el que sólo se hablaba de las maneras de conseguir el sueño en solitario a toda costa, dominante en el siglo XX, estamos pasando a una literatura mucho más abierta y moderada, en la que el experto (pediatra o psicólogo) admite la bondad de dormir con nuestros hijos, y cuando ofrece la posibilidad de estrategias para el sueño en solitario, la mayoría de las veces éstas ya no están basadas en dejar llorar al bebé en soledad. Esta forma de comunicación estaría en concordancia con la evolución observada en la literatura científica. Desgraciadamente todavía queda bastante literatura divulgativa, remanentes del siglo XX, con posturas rígidas y obsoletas de las manos de profesionales poco dispuestos actualizarse y progresar. Pero el cambio de tendencia es ya evidente y esperanzador. 

A pesar de que por su propia naturaleza la ciencia basada en evidencia invita más al debate que a la aceptación de verdades universales, existen áreas en el mundo de la pediatría dónde encontramos una sorprendente unanimidad. Un ejemplo representativo de ello sería la lactancia materna. Y es que todos los profesionales de la salud son conscientes, o deberían serlo, de hasta que punto los determinantes culturales han obstaculizado y puesto en peligro una de las principales funciones imprescindibles para la supervivencia de nuestros bebés: el amamantamiento. La lactancia materna ha sido una de las grandes víctimas de nuestra cultura, lo que ha supuesto un evidente peligro para la salud y el bienestar de nuestros hijos, no sólo a corto plazo, sino también a medio y largo plazo. Por eso, y a pesar de las enorme implicaciones políticas, sociales, culturales y hasta emocionales que supone una política de apoyo y defensa de la misma, las evidencias científicas son tan brutales y claras a favor de la leche materna y en detrimento de la leche adaptada, que desde la medicina sólo hay un mensaje ética y moralmente aceptable: La defensa a ultranza de la lactancia materna.  

Por eso, y a pesar de ir en evidente contracción con intereses económicos y hasta políticos, a día de hoy puedo asegurar que NINGUNA sociedad médica consideraría la lactancia materna inferior a la alimentación con leche de fórmula en ningún momento del desarrollo. De la misma manera NINGUNA sociedad médica propone un momento adecuado para destetar. TODAS hablan de un tiempo MÍNIMO de lactancia. Ninguna de un tiempo máximo de lactancia. TODAS aceptan que la lactancia materna supone enormes beneficios para la madre y el bebé, beneficios que aumentan con la duración de la lactancia. Esto es un hecho. Este hecho debería ser respetado por todos los profesionales de la pediatría que escriban, hablen o traten la lactancia materna con los padres. 



ÉRASE UNA VEZ.......................... LOS NUEVOS PROFESIONALES DEL SIGLO XXI


Si esto fuera así ya podríamos cerrar esta historia con un "colorín, colorado, este cuento se ha acabado" y ponernos a "comer perdices". Pero no. Todavía no se ha acabado el cuento. La libertad de las madres para saciar las necesidades primales de nuestros hijos sigue siendo coaccionada por los profesionales de la medicina o la psicología que nos ningunean, ridiculiza, humillan y mienten descaradamente, violando brutalmente las normas más básicas de su profesión. Profesionales que descubren en temas como el sueño infantil y la lactancia materna verdaderos filones de oro de los que sacar enormes beneficios a base de transmitir la información de manera sesgada y manipulada, cuando no mintiendo directamente,  y pasándose por "el ojete del culete" (con perdón) todas las evidencias científicas, junto con las recomendaciones oficiales de los organismos de más autoridad (a los que, por otra parte, pertenecen). Para estos profesionales yo exijo la destitución de sus funciones porque no hay derecho a que los tengamos que sufrir. Son un peligro, para nuestra salud y la de nuestros hijos. Algunos de ellos ocupan posiciones de poder en hospitales públicos. Me niego a pagar con mis impuestos el sueldo de semejantes peligros públicos

Pero, gracias a Dios, también están todos estos profesionales, cada vez más numerosos, visibles y conocidos, que desde su afán de conocimiento y su amor por los pacientes luchan cada día en su consulta o desde sus libros, sus charlas y sus apariciones públicas para ofrecernos a los padres todas las alternativas, toda la información y toda su enorme experiencia. Para ellos va mi enorme agradecimiento. Y es con ellos con los que quiero terminar este post. 

José María Paricio Talayero (pediatra), Carlos Gonzalez (pediatra), Rosa Jové (Psicóloga), Leslie Power (psicóloga), Inma Marcos (matrona), Adolfo Gómez Papi (pediatra), Ibone Olza (psiquiatra infantil), Carmela Baeza (médico, IBCLC), María Jose García Robles (enfermera), Ramón Soler (psicólogo), Mónica Serrano (psicóloga), Carolina Iglesias (matrona), Montse Lapastora (psicóloga), Anna Badia (psicóloga),  Silvia Fernández Sánchez (Pediatra e IBCLC), Margarita Tomico, (pediatra e IBCLC), Marta Blanco Herranz (enfermera), Armando Bastida (enfermero), Maisa Martínez de Alegría (enfermera e IBCLC), Belén Abarca Sánchis (enfermera e IBCLC), Laura Lecumberri Esparza (matrona), Gema Sanchez Bermejo (enfermera), Jaime García Aguado (pediatra), Teresa Escudero (médico de familia), Anabel Carabantes (matrona), Clara Camacho (psicóloga), Maria Teresa Hernández Aguilar (pediatra), Antonio Oliver-Roig (matrona), Rosario Cantó García (matrona), Rocío Martín Gil (médico anestesista e IBCLC) y Choni Gómez (matrona), Maite Valera (pediatra e IBCLC), Javier Navarro (pediatra),  Rafael del Pozo (médico defamilia), Jesus Garrido García (pediatra),  José Luis Gonzalo (psicólogo), Iris Raga (psicóloga),  Katalina Legarra (matrona),  Adelina Garcia (enfermera, IBCLC),  María García Franco (enfermera),Juan José Lasarte Velillas (pediatra),  Encarnación Zapata Callejón (psicóloga), Louma Sade Bujana (odontóloga), Carolina Jiménez Yuste (odontóloga),  Irene Iglesias Rubio (odontóloga), M Jesús Pedreño García (matrona), ,Iratxe Serrano Avila (pedagoga), Mariela Cacciola (psicóloga), etc... 

Sois todos los que estáis pero no estáis todos los que sois. Afortunadamente el número de profesionales excelentes es tan numeroso que mis contactos de facebook y yo (ellos me han propuesto muchos de los nombres aquí citados) no podemos conoceros a todos. Pero quiero que sepáis que nosotros, los padres, valoramos enormemente vuestro esfuerzo, confiamos plenamente en vuestra sabiduría y nos sentimos extremadamente agradecidos de poder contar con vosotros, vuestros conocimientos y vuestra experiencia en el cuidado de la salud de nuestros hijos. Sabemos que no siempre estáis reconocidos como os merecéis. Que muchas veces habéis sido claramente maltratados por este sistema de salud con intereses más económicos y políticos que humanos. Pero nosotros os reconocemos porque ya no somos una población idiotizada y asustada que traga con todo lo que le dan. En esta sociedad de la información, una población cada vez mejor informada y formada valora vuestro esfuerzo y vuestra excelencia.

Seguimos contando con vosotros. Gracias por estar ahí. 


viernes, 9 de marzo de 2012

¿ES POSIBLE LA VERDADERA CONCILIACIÓN?


A través de SINA (Asociación de Apoyo a la Lactancia Materna y Crianza consciente en Valencia) me llegó esta viñeta que representa (más o menos acertadamente: yo quitaría el comentario de las sandalias) uno de mis sueños: la maternidad integrada en la vida social y laboral de las mujeres.

Pero reconozco que, de todas las ideas que suelo exponer en mis artículos sobre conciliación (como Sobre feminismo y bebes, o Eunucas de la maternidad ) esta es la que más incredulidad y controversia crea. ¿De verdad puede una mujer moderna ejercer su profesión con el niño a cuestas? y ¿De verdad vale tanto la pena hacer el esfuerzo que eso conllevaría?

Es bien sabido que si nos trasladamos unos cuantos miles de años para atrás, o echamos un vistazo a otras culturas contemporáneas de las consideradas "primitivas", vemos que las mujeres integraban e integran su maternidad en su día a día con naturalidad. Es una cuestión de supervivencia. Si hay que recolectar, cultivar, pastorear o procesar los alimentos para comer cada día, las mujeres no se pueden permitir ninguna "baja maternal", ni de 4 meses ni de dos años, y desempeñarán su tarea con el niño a cuestas,  adaptando su dinámica a la presencia del pequeño.

También en estas culturas, tal y como explica Jean Liedloff en su libro El concepto del Continumm, el bebé se integra automáticamente en la rutina de su madre sin convertirse en el centro alrededor del cual gira toda la vida de ella. Esto no significa que la criatura no sea importante para ella, o que la quiera menos de lo que nosotras queremos a nuestros hijos, todo lo contrario. Tanto es así, que siempre está presente. Pero ella sigue realizando sus actividades, aunque con el niño SIEMPRE a su lado, en su regazo y con el pecho a su alcance los primeros meses y, más tarde, cuando el niño empieza a gatear y explorar por su cuenta, siempre accesible y a la vista, para que pueda volver a ella cuando lo necesite, en busca de teta, consuelo o mimos.

¿Podemos considerar esta manera de actuar de las madres "primitivas" como la más conveniente para nuestros bebés? En palabras de la misma Jean Liedloff:

"... El nacimiento no puede considerarse un acontecimiento indicador de la terminación del bebé, como si fuera el final de una cadena de montaje, ya que algunos complementos ya han nacido en el útero y otros no funcionarán hasta más tarde. El recién nacido que llega al mundo con la placentera experiencia de haber tenido una serie de expectativas que han sido colmadas en el útero, esperará o, con más exactitud, tendrá la certeza de que sus nuevas expectativas también serán satisfechas.


¿Que ocurre a continuación? A lo largo de decenas de millones de generaciones, lo que ha ido ocurriendo es el trascendental cambio de abandonar el entorno totalmente vivo del interior del cuerpo de la madre para ir a otro entorno exterior sólo parcialmente vivo. Aunque el cuerpo de la madre, que se lo ha dado todo, siga estando ahí, así como sus acogedores brazos - desde que el ser humano tiene las manos libres al andar erguido - el bebé siente el contacto del extraño e inánime aire en su cuerpo. Pero también está preparado para esta sensación; estar en brazos de su madre es para él el lugar esperado, en lo más recóndito de su ser sabe que es su lugar, y lo que experimenta mientras está en brazos es aceptable para su continumm, satisface sus necesidades actuales y contribuye adecuadamente a su desarrollo."

(El resaltado en negrita es mío)



O sea, el habitat natural del cachorro humano es el cuerpo de su madre. Esto parece más esencial cuanto más no acercamos al momento del nacimiento, tal y como nos revela el prestigioso pediatra Nils Bergman en sus estudios sobre la reacción de los bebés prematuros según se les coloque o se les separe del pecho de su madre, o los estudios sobre la herida primal de la psicoterapeuta Nancy Verrier.

Pero también es cierto que tanto en las diferentes culturas actuales, como en muchos mas momentos a lo largo de la historia,  está y ha estado ampliamente aceptado que la figura maternal no tiene por que ser obligatoriamente la madre biológica el 100% del tiempo.  La propia Jean Liedloff escribió:

"Evidentemente, no es necesario que sea la madre biológica la que desempeñe el papel maternal de satisfacer las necesidades del bebé, ni tampoco que la madre sustitutiva sea una mujer o un adulto, excepto en el momento de alimentar al bebé..."

Según Meredith Small en su libro Nuestros hijos y nosotros: 


" Los estudios interculturales muestran también la idea de que el vínculo monotrópico (es decir, un progenitor a la vez vinculado con un bebé a la vez) es una visión limitada de las relaciones humanas. Edward Tronick y otros colegas investigadores han demostrado que un bebé pigmeo efé es atendido por varios adultos ; esta relación niño- adulto puede ser más comunitaria. Durante los primeros cuatro meses de vida estos bebés pasan la mitad de su tiempo con un adulto que no es su madre; además, los amamantan varias mujeres que estén en perido de lactancia. El bebé sabe con claridad quienes son su padres, pero tiene varios adultos de quienes depender. En un sistema social que valora la comunidad por sobre todas las cosas, este vínculo multifacético produce una estrecha red de relaciones sociales: los bebés se apegan a varios adultos y los adultos a varios bebés. "


Parece evidente que existen muchas soluciones a la hora de criar a un ser humano pero ¿Son todas igualmente convenientes? El bebé es una criatura excepcionalmente adaptable, lo que no quita que determinadas condiciones de crianza puedan producir daños irreparables. Un ejemplo extremo serían los casos documentados de bebés criados por animales y que Jean Liedloff describe en su libro:

"La capacidad que tienen los niños que se han criado entre animales de adaptarse a unas condiciones inadecuadas es mucho mayor que la capacidad de cualquier animal de adaptarse al estilo de vida de los humanos. Pero la muerte prematura de la mayoría de estos niños, el sufrimiento padecido después de haberlos capturado y su incapacidad para superponer la cultura humana a la cultura animal ya establecida y desarrollada demuestra también la profundidad con la que la cultura, una vez aprendida, se convierte en parte de la naturaleza del individuo humano."

Por lo tanto, la supervivencia del bebé no garantiza que haya sobrevivido salvaguardando todo su potencial como ser humano. Hay condiciones de crianza extremas en las que el daño provocado puede ser irreparable, ya que lo vivido en el periodo primal determina el desarrollo posterior de esta persona.

Pero ¿Todas las condiciones que se desvíen de la condición teóricamente ideal pueden producir daños?

Como ya he comentado, la neurología, la pediatría y la antropología entre otras disciplinas, nos están demostrando que las condiciones de crianza en el periodo primal determinan poderosamente la personalidad y salud del adulto. Podemos suponer que cada cultura criará a sus bebés para obtener seres humanos adultos con las características necesarias para que la mantengan a lo largo de las generaciones, tal y como vemos en el ejemplo citado por Meredith Small de los bebé efé, cuya prioridad es la generación de adultos que valoren su comunidad sobre todas las cosas. Y ya hace tiempo que Prescott descubrió que el contacto piel con piel de los bebés con sus cuidadores y el afecto con que son criados tienen una poderosa influencia en el grado de violencia que desarrolla esa sociedad.

¿Y nosotros, los dominantes y agresivos occidentales?

Como dice Michel Odent, somos el Homo sapiens superdepretator y hemos llegado a este punto a base de imprimir a fuego la herida primal en todos nuestros bebés. Pero el Homo sapiens superdepredator debe  evolucionar porque se está dirigiendo inexorablemente al trágico destino de la extinción. Es hora de dar paso al nuevo Homo sapiens ecologicus, más empático, pacífico, respetuoso con sus semejantes y con la vida entera; un ser humano capaz de desarrollar su capacidad de amar al máximo de sus posibilidades. ¿Y cual es el primer paso para llegar a desarrollarnos como ecologicus y no como superdepredator? ¿Tal vez el respeto por las necesidades primarias del bebé recién nacido, la principal de las cuales es estar en contacto continuo con el cuerpo de su madre?

En nuestra sociedad occidental patriarcal, competitiva, masificada, individulista y, en definitiva, depredadora, no es extraño que hayan triunfado los métodos de parto y crianza que fuerzan la separación entre madre y bebé, sumergiendo a la criatura en un estado de estrés crónico y obligándole a endurecerse y ser independiente cuanto antes, liberando así a su madre del ejercicio de la maternidad para poder masculinizarse lo suficiente y ser valorada social y laboralmente. Así se garantiza la formación de adultos llenos de carencias primales, con poca capacidad de empatía, inmaduros, que necesitarán depender del papá estado, que encontrarán en todas las ofertas comerciales - esas que sustentan nuestra economía de la abundancia y el exceso - unos sustitutos de lo que realmente echan de menos desde su periodo primal - la presencia, el cuerpo y el pecho de su madre - pero que ya han olvidado, dejando dentro de sí un vacío inmenso que se llenará a base de adicciones tan dispares como la comida basura o simplemente en exceso, el tabaco, el alcohol, las drogas ilegales, el trabajo a destajo, la ropa de marca, los coches deslumbrantes o la actividad sexual coital deshumanizada.

También se garantiza el desarrollo de mujeres castradas en su sexualidad maternal, incapaces de reconocer el deseo que sentimos por nuestro hijo recién nacido y capaces de ignorar sus necesidades hasta el extremo de dejarles llorar siguiendo manuales absurdos, o trabajar lejos de ellos durante más de 8 horas al día, por no hablar ya de la necesidad de "liberación" que sentimos  ante la demanda constante de nuestra cría recién nacida que debería estar dentro de nuestro útero unos meses más, pero que la evolución ha obligado a salir antes de tiempo, cuando todavía no está preparada y necesita contacto continuo con el cuerpo de su madre durante el periodo de exterogestación. Mujeres programadas para infligir la herida primal en nuestros hijos en el mismo momento de nacer.

La herida primal es nuestro pecado original. Por ella parimos con dolor. Por ella permitimos que interfieran entre nuestros hijos y nosotras. Por ella no es placentero amamantar. Por ella, necesitamos "liberarnos" de nuestros bebés para poder realizarnos como mujeres. Por ella, nuestros compañeros reclaman a la mujer coital eterna, nunca madre, siempre disponible.

La herida primal es la principal herramienta del patriarcado para someter tanto a hombres como a mujeres, y obligarles a jugar su juego y a la vez es la consecuencia del propio juego del patriarcado.

¿Cuando estaremos preparados para la primera generación libre de ella? Actualmente este momento parece lejos, pero ya se están dando los primeros pasos. Desde que en 1970 Michel Odent puso la primera piscina de partos en su maternidad, cada vez más y más profesionales de la obstetricia y la ginecología  luchan y trabajan para que las condiciones necesarias para el desarrollo de los partos humanos fisiológicos, respetuosos y orgásmicos se den por defecto para todas las parturientas y sus bebés, a la vez que se garantiza la seguridad del proceso mediante la formación de los profesionales adecuados y el acceso a la tecnología necesaria para resolver una situación patológica. Y cada día más madres y padres reivindicamos todo esto para nuestros partos.

Pero el parto sólo es el primer paso. La necesidad del bebé de estar en contacto continuo con su madre los primeros meses, el periodo de exterogestación, es una realidad demostrada desde diversas disciplinas. Y para que esto ocurra necesitamos madres sanas, libres y dispuestas a darle a su hijo lo que necesita. Para ello la maternidad no puede convertirse en una cárcel que encierra a la mujer en casa, la despoja de todo su prestigio social a la vez que destruye todas sus aspiraciones laborales, convirtiéndola en una persona totalmente dependiente económica y socialmente de su compañero.No, la solución no es la que han sufrido cientos de generaciones de mujeres patriarcales, heridas, castradas, infantilizadas, infravaloradas, cosificadas y humilladas.

La solución pasa por el reconocimiento de la maternidad, su integración en la vida pública y laboral de la madre. Y para ello hace falta un cambio radical en la sociedad y el mundo laboral que hoy por hoy prefiere ignorar la maternidad y aparcar a las criaturas en guarderías para que no molesten, cerrándose en banda al reconocimiento de las necesidades de estos bebés y sus madres.

Pero ¿Como?

Uno de las cuestiones que salieron el otro día en la presentación de nuestro libro en Zurich, fue el hecho de que si nunca hay mujeres en puestos de poder -porque se dedican a ser madres que crían a sus hijos - el sistema no va a cambiar. El problema que yo veo a este argumento es que estas mujeres, para llegar a donde están, primero han tenido que convertirse adecuadamente en la mujer patriarcal, castrada y masculinizada y, por lo tanto, cuando alcanzan este poder se limitan a jugar con las mismas reglas del juego sin tener la mínima intención de cambiar nada. Ejemplos de esto nos sobran, desgraciadamente.

Hoy por hoy lo más políticamente correcto es volver al trabajo lo antes posible tras el parto, dejando el bebé en las manos de una cuidadora toda la jornada laboral desde los 4 meses o incluso antes.  Conscientemente se desprestigian,  o directamente se ignoran, todos los estudios que demuestran la importancia de la presencia constante de la madre y la lactancia materna para los bebés de tan corta edad, a la vez que se pregonan a los cuatro vientos los pocos estudios que parecen quitarle importancia a estos factores, independientemente de su calidad, muchas veces manipulando con los titulares las verdaderas conclusiones del trabajo.

Pero, a pesar de los pesares, también hay otras mujeres y hombres que de manera no tan vistosa, día a día y como hormiguitas, van cambiando las cosas poco a poco.

Porque es posible.

El otro día tuve el honor de leer el artículo de una nueva mamá bloguera - Gemma, del blog Como una manada e investigadora de profesión - en el que nos cuenta como se llevó a su bebé de tres meses a un congreso en el que ella formaba parte del comité científico.  Gemma no ha salido en todos los medios de comunicación, como en su día salio la eurodiputada  italiana Licia Ronzulli, pero demuestra de una manera mucho más realista y sencilla como en muchas ocasiones el bebé puede disfrutar de lo que más necesita, su madre, mientras esta ejerce su profesión y cumple perfectamente con sus obligaciones profesionales.

Gemma ha demostrado que la verdadera conciliación sí es posible y, junto a ella, muchas madres cada día nos lo demuestran con su ejemplo. Sin ir mas lejos, la blogosfera está repleta de madres realmente conciliadoras. Os pongo otros ejemplos de los muchos que conozco y que yo personalmente admiro mucho por su valentía, entusiasmo y creatividad para combinar el cuidado de sus hijos con su vida profesional:

* Nohemí de Mimos y Teta, a la que vemos en la foto de al lado porteando a su tercera hija mientras da una charla en la Gerencia de Atención Primaria en Las Palmas de Gran Canarias, en el marco del punto mensual de encuentro de enfermería.

* Louma, de Amor Maternal (blog que ha ocupado el segundo puesto del ranking de wikio durante meses - yo juraría que lo he visto también el primero aunque su autora me dice que no - y sigue muy bien posicionado) que compagina el cuidado de su hijo a tiempo completo con su trabajo de escritora  y diseñadora, además de la realización de talleres virtuales y presenciales sobre crianza respetuosa y la salud bucal de los más pequeños (ella es odontóloga).

* Raquel y Enriq, él diseñador gráfico, ella escritora, puericultora y asesora de lactancia y porteo; ambos al frente de la revista Madre Tierra y de varios blogs como La casa de las Mamás, Madre Tierra, Buscando trazos y Buscando Chapas y todo combinado con la crianza de su hijo también a tiempo completo.

* Y Jesusa, nuestra doula más guerrera y comprometida, que según nos anunció ayer en FB, ya ha vuelto de Brasil a donde fue por motivos profesionales y con su pequeña Anaís bien colgadita de su cuerpo, por supuesto.

Y la lista podría continuar y continuar porque hay muchos más, madres y padres que no han querido renunciar a la crianza de sus hijos y que han luchado por compatibilizar su vida laboral con las necesidades familiares. Pero claro, ellas y ellos lo hacen a la sombra, en trabajos que no salen en los grandes medios de comunicación cada tres por cuatro y que tampoco los meterán en las listas de las grandes fortunas mundiales o en los primeros puestos de poder de los partidos políticos. Pero a pesar de pasar desapercibidos para el resto de los mortales, a pesar de que su radio de acción no es muy grande, su influencia nos hace mucho más bien a todos de lo que somos realmente conscientes.

Porque todas estas mujeres y todos estos hombres, madres y padres, nos están demostrando que incluso en las nefestas condiciones actuales, la verdadera conciliación laboral es posible.

Claro que, tal cual está la situación, tampoco es fácil. Muchas de estas familias han tenido que dar un giro de 180 grados a su vida profesional para poder ejercer la maternidad /paternidad como ellas y ellos querían. La mayoría ha sacrificado mucho poder adquisitivo. Puedo imaginarme que si las cosas hubieran sido diferentes, muchas y muchos hubieran podido seguir con sus profesiones ganando mucho más dinero y sin verse obligados a encontrar alternativas.

¿De verdad es tan imposible ejercer de ejecutiva con tu bebé de meses colgado en un fular? ¿De verdad no puedes darle el pecho mientras sigues con tu reunión? ¿No puedes escribir tus informes mientras el duerme en tu regazo? ¿No puedes atender a tus clientes mientras tu recién nacido duerme plácidamente en su fular colgadito a tu espalda o a tu pecho?

Yo creo que sí es posible, sólo hace falta un cambio de mentalidad muy grande y no sólo por parte de la sociedad, sino también por parte de los propios padres.

Por un lado la sociedad tiene que empezar a priorizar las necesidades de los más pequeños por delante de todo lo demás, considerando el cuidado y crianza de los hijos como la actividad más importante para garantizar el futuro y el bienestar de todos. Y tiene que dejar de autojustificarse, buscando argumentos por aquí y por allá para intentar justificar la institucionalización de las criaturas 10 horas al día, cinco días a la semana desde el primer día de vida.


Y por otra parte los padres tenemos que dejar de paralizarnos cuando nos llega un bebé a nuestras vidas. Dejar de considerarlo un muñeco de cristal que mejor está en su cunita, a salvo, donde no se rompa, y empezar a reconocer en él la cría de mamífero que reclama cuerpo materno las 24 horas del día.

Este cachorro humano  que necesita formar parte desde el principio de la comunidad a la que pertenece, sin que le aíslen en una habitación pintada con florecitas rosas o angelitos azules, que necesita mirar el rostro de los adultos inmersos en sus actividades diarias, y no el móvil de jirafitas girando eternamente encima de su naricilla.

En definitiva, el cachorro humano que reivindica su lugar en su comunidad desde el primer día de su vida extrauterina, reclamando que sus necesidades sean cubiertas, como merece y tiene derecho, para desarrollarse íntegramente en todo su potencial.

Por supuesto que es posible y, sobre todo, vale la pena el esfuerzo.









viernes, 20 de enero de 2012

ACOGIMIENTO Y AMOR MATERNAL. MI VISIÓN PERSONAL COMO MADRE

Hoy me vais a permitir que relacione dos artículos publicados recientemente (de hecho con dos días de diferencia) y que me han llegado, como no, vía facebook, haciéndome reflexionar una vez más sobre la falta de interés de Asuntos Sociales en las necesidades primales de los recién nacidos.

El primer artículo me llegó de la mano de Tenemos Tetas. Para mí, que llevo ya seis años buceando por el mundo de la salud primal, se limita a reafirmarme lo que cada vez más estudios y desde diferentes disciplinas vienen demostrando: que los acontecimientos que siguen al nacimiento, en especial la presencia cercana y constante de una madre amorosa, tienen un efecto enorme en el desarrollo del cerebro del bebé y, por ende, en su salud mental futura. Esta vez las evidencias sobre el efecto del cuidado maternal sobre el cerebro de los recién nacidos - con experimentos en ratones y centrándose en la producción del neuropéptido Y y sus receptor - nos llegan de la mano del doctor Rolf Sprengel  (et al.) del prestigioso Max Planck Institute.

Y el siguiente artículo (más o menos la misma noticia en dos publicaciones diferentes), me ha llegó (también vía Facebook) de la mano de la abogada Beatriz Beneitez y de la psicóloga Anna Badia. Parece que el consejero Salvador Victoria de Asuntos Sociales, ha presentado un nuevo protocolo contra el abandono de bebés.

Y aquí va mi reflexión, siendo muy consciente de lo que soy y no soy y de lo que sé y no sé, y de que mi visión es parcial (como todas las visiones de este mundo). Pero quiero escribirla aquí, en mi blog, con el ánimo de contribuir al menos un poquito a este debate tan delicado sobre lo que es o no es el bien supremo del menor.

Según el consejero Victoria, el protocolo de actuación frente a un abandono es el siguiente:


A partir de ese momento ( la llamada al 012 o 112), una unidad móvil que está disponible las 24 horas se traslada con un equipo de trabajadores sociales y psicólogos a cualquier punto de la Comunidad para recoger al niño y trasladarlo en primera instancia a un centro hospitalario para valorar su estadio de salud.

De forma simultánea, el Servicio se pone en contacto con una de las diez familias adscritas al Programa, que de forma voluntaria se hacen cargo de un niño por un lapso promedio de cuatro meses, hasta que se resuelve la situación.


Como os podéis imaginar, a mí lo que me duele son esos teóricos hasta cuatro meses (y digo teóricos porque todos conocemos algún caso que se ha alargado al menos un año) en una familia de acogida. Y me duelen especialmente en el caso de los recién nacidos y bebés en su periodo primal. Evidentemente un niño más mayor, que ya ha establecido unos lazos de afecto, para bien o para mal, con sus padres o familia biológica, es un caso totalmente diferente. 

Pero con estos bebés: ¿Por qué son necesarios estos meses en una familia de acogida TEMPORAL? Si una mujer pare un hijo pero sus condiciones económicas y sociales no son las adecuadas para criarlo, lo mejor para el menor es que se ayude a su madre a conseguir la estabilidad necesaria, a la vez que ejerce de madre y sin separarle de su hijo (algo que reconozco que también ofrecen ya que, según palabras del consejero, la madre dispone de 94 centros para acogerles). Y si una mujer pare un hijo y lo quiere dar en adopción  porque no quiere ser madre ¿Que sentido tiene este paso por la familia de acogida? ¿De verdad es más conveniente obligar a la criatura a permanecer en una familia de acogida temporal, para luego romper sus vínculos otra vez y ser entregado en acogida permanente, adopción o de vuelta a una "desconocida" madre o familia biológica?


....El consejero de Asuntos Sociales ha precisado que la madre dispone de un plazo de treinta días para decidir si desea recuperar a su hijo....

¿Todo esto es por estos treinta días que tiene la madre biológica para pensárselo? Treinta días por culpa de los cuales estos bebés no están con su madre definitiva nada más nacer. Treinta días que pasarán en acogida temporal sí o sí y como mínimo.

Su primer mes de vida.

Francamente, yo creo que una mujer que decide dar a su hijo en adopción ya ha tenido varios meses para pensarlo en profundidad. Y sí, ya sé, es cierto que cuando ha nacido el bebé todo es diferente. Entonces estaría de acuerdo en que en ese momento, tras poner al niño sobre el pecho de su madre y no separarles para nada, se hiciera todo lo posible para que la mujer en cuestión pudiera seguir con su hijo si ese es su deseo, aunque este deseo haya conllevado un cambio de opinión. Pero las madres que no quieren ni ver al bebé o que tras verlo lo rechazan de todos modos ¿Que sentido tiene que tengan un mes para pensárselo? ¿Que sentido tiene que este bebé esté un mes sin madre mientras su madre biológica se lo piensa sin él? ¿No puede repensarse su situación y su elección a la vez que lo materna? ¿Realmente tiene sentido que esta criatura esté a la espera mientras ella reflexiona lejos de su hijo? Muchos alegan que estas madres se merecen una segunda oportunidad, pero yo no estoy de acuerdo. Estamos hablando de bebés. Estamos hablando de seres humanos. Mientras a estas madres se les está dando una segunda oportunidad estos niños pierden la única que tienen para tener un periodo primal realmente saludable, donde reciban todo lo que necesitan.

Dice el director de una de las residencias de menores, Vicente Valera, que:


.... este Servicio es una "tabla de salvación" para muchos niños que en los primeros días o meses de vida no pueden ser atendidos de forma adecuada por sus familias. 


A lo que yo me sigo preguntando: ¿Realmente una familia de acogida TEMPORAL puede darle a este bebé lo que necesita? Y aquí, disculpadme, pero voy a ser muy politicamente incorrecta al discrepar de estas palabras de un padre de acogida citadas en uno de los artículos:

.....que estos bebes son muy pequeños para ir directamente a una residencia y que en su hogar son atendidos "como uno más" de sus hijos.


Fuente de la Imagen: Fundación Camino Claro
Título: Porque no es lo mismo
Yo, lo siento, pero esto no me lo creo. Sí, serán atendidos como un hijo más en cuanto a que se les dará alimento, se les bañará, se les vestirá... o sea, todo lo que un bebé necesita para sobrevivir. Incluso recibirán besos y abrazos, caricias, juegos y risas. Pero ¿Y esa intimidad inmensa que nace entre una madre y su bebé, producto del contacto físico, del amamantamiento, de la necesidad del piel con piel......? Ese sentimiento único e intransferible que yo siento por mis hijos y que, no sólo sé que no sentiría por otro bebé que no fuera hijo mío (y con ello no quiero decir que no haya parido, no confundáis), sino que también sé que no me estaría permitido desarrollar so pena de que un juez me lo echara en cara más tarde, cuando me retiraran al bebé.

Así que no me lo creo. Los bebés acogidos temporalmente tal vez sean tratados a grosso modo como los hijos biológicos u adoptados (o en acogimiento permanente lo que supongo que, a nivel afectivo, es igual que los hijos biológicos o adoptados), pero no pueden ser sentidos igual y por lo tanto a un nivel más íntimo y profundo tampoco serán tratados igual. Lo que significa que no van a recibir lo que realmente necesitan: el amor incondicional de su madre; puente hacia el amor de su padre, hermanos, familia y sociedad.

 Y tampoco podemos ni debemos olvidar los sentimientos de este bebé que creará sus lazos afectivos con la persona que lo recibe como si esta persona fuera su madre definitiva. Incluso obviando el hecho de que a un nivel profundo e íntimo podría no estar recibiendo el maternaje que necesita ¿Que daños ocasiona a esta criatura ser separadas una, dos , tres o más veces de su figura de apego fundamental? ¿Realmente vale la pena pagar este precio? y ¿Por qué se paga? ¿Por preservar su derecho a permanecer en sus raíces biológicas? ¿Realmente este derecho es más importante que su necesidad de estar cuanto antes en los brazos y el pecho de su madre definitiva?

Porque lo que le da una madre a su hijo no se lo puede dar nadie más. Y con eso no me refiero como madre a la mujer que lo ha parido, sino a la que se siente, y el bebé siente, como tal. La unión entre madre e hijo es única, algo aceptado universalmente, como bien lo demuestra las diferentes manifestaciones en diferentes culturas que hacen hincapié en la exclusividad e intensidad de la misma. ¿Puede una mujer sentirse madre de un bebé que le quitarán pasados unos meses y que no puede amar sin barreras porque le obligan a dosificar ese amor? Yo no. Podría cuidarlo y quererle, pero no podría sentirme su madre porque, si lo hago, desde luego que ni con una grúa me separan de él cuando todavía me necesita.

Escribo este post desde mi papel de madre. Una madre que ha descubierto la importancia del deseo maternal a la hora de satisfacer las necesidades de sus hijos. Deseo que no puede fluir en una relación basada en protocolos y espacios temporales limitados. Y desde esta posición me pregunto si colocar al recién nacido cuanto antes sobre el pecho de su madre definitiva no debería primar sobre cualquier otra consideración, por el bien supremo del menor.

Sé que vivimos en una sociedad donde todavía se ignoran totalmente todas las evidencias que nos demuestran la importancia del periodo primal y del papel del amor maternal en el mismo. El hecho de que profesionales conductistas como Estivill vendan más de tres millones de ejemplares de sus obras, ya me da una idea del nivel al que estamos a la hora de entender y satisfacer las verdaderas necesidades de nuestros pequeños. Puedo imaginarme que, de ser padres, es mucho más probable que en la mesilla de noche de los responsables de diseñar protocolos contra el abandono haya un libro escrito por este señor o algún colega en su línea que no por Michel Odent,  Sue Gerhard, Laura Gutman, Carlos Gonzalez, Rosa Jové o Yolanda Gonzalez .

Me pregunto cuantas evidencias más serán necesarias para que la necesidad de amor maternal en este periodo primal de los seres humanos sea, no sólo tenida en cuenta, sino sobretodo priorizada a la hora de diseñar los protocolos de actuación ante bebés abandonados, cedidos o en una situación de desamparo. Me temo que falta todavía tiempo y que, mientras tanto, muchos bebés se irán quedando por el camino, víctimas de un sistema incapaz de asimilar las evidencias y reaccionar a tiempo. Tal vez un sistema que no está pensado para el bien supremo del menor sino para el bien supremo del que lo diseña y tiene aspiraciones políticas. Aunque prefiero pensar que no, que no es eso, que en realidad hay un debate serio, científico y profesional y que algún día se conseguirán protocolos que sean realmente óptimos para cumplir su objetivo: lograr siempre hacer lo mejor para el menor.