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miércoles, 27 de julio de 2016

NO, TÚ RESPETARÁS MI PARTO. Respuesta a la impresentable carta de una ginecóloga argentina con el título: "Respetarás tu parto"

Porque,  te guste o no te guste, es mi cuerpo y TU NO MANDAS,  YO DECIDO (gracias Mencía, por recordármelo a través de tu madre).

Porque no, esas condiciones tan de "antisépsia, suero y material quirúrgico" SOBRAN en un parto que va bien. No sólo sobran. MOLESTAN, OBSTACULIZAN, y generalmente lo mandan todo a la mierda.

Porque las condiciones que hacen falta para que el parto fluya saludablemente os las cargáis los profesionales como tú, con vuestra ignorancia y soberbia. Es por eso, y no por otra cosa, por lo que la OMS no pone pegas al parto en casa en caso de partos de bajo riesgo (1). Es por eso, y no por otra cosa, por lo que cada vez más mujeres deciden parir fuera del alcance de ginesauros.

Porque, a pesar de que somos muy conscientes de que si algo se tuerce en el hospital tendríamos toda la tecnología mucho más cerca para actuar con rapidez, resulta que una vez ahí no siempre que me pones suero o me das medicación es porque yo lo necesite. Y si no hicieras daño, todavía podría permitírtelo, pero la realidad es que estás obstaculizando el desarrollo de mi parto saludable y fisiológico con tu intervencionismo gratuito, provocando una reacción en cadena que muy posiblemente acabe poniendo en peligro la vida de mi bebé. Así podrás ponerte la medalla de que "nos has salvado", pero no. No nos salvaste de nada. Desengáñate. En realidad estuviste a punto de joderlo todo. Bueno, de hecho lo jodiste. 

Porque si todo va bien no sé que coño haces rompiéndome la bolsa. El bienestar de mi bebé lo puedes controlar con otros métodos mucho menos invasivos. Si no los conoces eres, además, un puto peligro público.

Si después de tu suero, tu medicación y tu rotura de bolsa acabo en cesárea, es por tu culpa. ¿No te has dado cuenta? Tal vez ese mas del 30% de cesáreas en la pública y 75% en la privada de tu país te ayuden a hacerlo. Por si no lo sabes, sólo entre un 10% y un 15% estarían justificadas.

Y sí: Mi cuerpo, mi parto y mi decisión. Y todo esto POR MI HIJO. Para salvarlo de los profesionales que, como tú, se creen con la sabiduría suficiente para cantarle las cuarenta a la naturaleza, cuando, en realidad, en su vida han visto ni experimentado un verdadero parto fisiológico, y no tienen ni idea de lo que deben hacer para optimizar las condiciones que permitan que cada vez más mujeres no necesiten ningún tipo de intervención.

Y sí, hay fallos y para esos fallos deberíais estar ahí. Pero, de momento, todavía demasiados sois más la causa de los fallos que la  solución. Y hasta que no os cambie el chip seguirá habiendo mujeres que querrán parir lejos de vosotros y vuestra tecnología, incluso cuando eso suponga un riesgo real para ellas y para sus hijos.

Primum non nocere, sí.  Me impresiona, y me encoleriza, que no sepas que sois los primeros en ignorar este principio tan básico.








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PD Siento las palabrotas pero estoy ¡tan enfadada!............... pensar que en el escenario actual de la atención al parto una ginecóloga se permite escribir una carta diciéndonos, que "Respetarás tu parto".................. AGGGGGGGGGGGGG.

(1) "En Holanda se dan las mejores estadísticas del mundo con las tasas de mortalidad perinatal
inferiores al 10 por mil y las tasas de mortalidad materna inferiores al 1 por diez mil y unos
porcentajes de cesáreas del orden del 6%. En Holanda uno de cada tres bebés nace en casa, un bebé
de cada tres nace en una pequeña policlínica y solamente uno de cada tres en un servicio de
obstetricia convencional".

domingo, 25 de enero de 2015

PARIR EN EL SIGLO XXI. Cambiando el Paradigma de la Atención al Parto

Sólo tenemos una oportunidad para nacer y la ciencia basada en evidencia reconoce que la manera en la que lo hacemos influirá en el resto de nuestra vida. Durante los últimos dos siglos la atención médica a los partos en nuestro sistema sanitario, además de carecer de fundamentos científicos, ha estado muy lejos de ajustarse a las verdaderas necesidades de la madre y su recién nacido. Afortunadamente, gracias a un importante esfuerzo de gobernanza tanto por parte de profesionales como de usuarias, en los últimos años estamos empezando a vivir en España un auténtico cambio de paradigma en el que el parto ha dejado de ser una patología que requiere intervención médica, y está empezando a ser tratado como lo que es: un proceso fisiológico, natural y perfectamente saludable.



Cuando Begoña llegó al hospital, pensando que estaba de parto, lo primero que recibió fue una bata verde y un enema. Tras la primera noche ingresada, sin informarle previamente y sin su consentimiento, la ginecóloga le rompió la bolsa durante la exploración. Desgraciadamente eso sólo sería el principio de una serie de procedimientos obsoletos y absolutamente contrarios a la evidencia científica más actual. A su parto no le faltó casi de nada: desde un flujo continuo de profesionales diferentes y desconocidos que la exploraron repetidamente durante aquellos dos largos días de dilatación (¿A quién le importa la necesidad de intimidad de la parturienta?), hasta el set completo de epidural (si las repetidas comprobaciones del cuello de útero dolían tanto ¿Qué no haría el bebé cuando pasara?), oxitocina sintética (“curiosamente” la dilatación no avanzaba), ayuno prolongado (por si acababa en cesárea), monitoreo continuado, inmovilización, medicación sin consentimiento ni información previa, prohibición de acompañante, episiotomía y uso de ventosa en el expulsivo. Precisamente en el expulsivo, tras cada pujo (que Begoña hacía siguiendo las indicaciones del personal  sanitario ya que era insensible a sus propias contracciones debido a la epidural) el médico iba repitiendo “venga, que no sale, nos vamos a cesárea”, no sé si como un equivocado intento de animar a la madre o para acabar de aterrorizarla y asegurarse la cesárea. Finalmente, gracias a que le dieron la oportunidad de un último empujón, Begoña no terminó sometida a una operación de cirugía mayor. Cuando su hija nació no hubo piel con piel, ni oportunidad de enganche temprano. Tenía la cabecita desollada por la ventosa. Se la llevaron, sin informar a dónde ni por qué, y no la vio hasta que la subieron a la habitación. Durante las horas siguientes la lactancia no funcionó. La bebé lloraba. Le ofrecieron biberón como solución. Ella se lo dio ¿Qué otra cosa podía hacer? Ellos eran los expertos. Ella la ignorante. Al día siguiente descubrieron que la nena tenía la clavícula rota. Le habían roto la clavícula en el parto. Ellos, los “expertos”.

Begoña compartió su experiencia de parto en su blog, Minibego el 5 de Septiembre del 2013. Tres años antes  otra madre, Susana Ferreiro, comenzaba un artículo publicado en la web de la asociación El parto es nuestro (EPN) con estas terribles palabras:

Maldito el día en que confié en nuestro inhumano sistema sanitario para la atención en el nacimiento de mi hija Eva”.

Otra mujer que recibió el pack completo, “….finalizando con expulsivo en litotomía, sin mi marido, con pujos dirigidos, episiotomía  y ventosa”. Buscando en internet o preguntando a nuestro alrededor podemos ver que estos testimonios no son excepcionales. Desgraciadamente, los partos traumáticos y maltratados, convertidos en verdaderas violaciones de la integridad y la dignidad de la madre y el hijo, y que además ignoran completamente la ciencia basada en evidencia, son escandalosamente frecuentes. Hoy en día estas prácticas se engloban con el térmico Violencia Obstétrica, que en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia publicada el 19 de marzo de 2007 se define como: 

La apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres” (Perez D’Gregorio, 2010). 

Pero, ¿De dónde viene esta dinámica de atención al parto tan adulterada y aberrante?  Desde luego, de la ciencia, no. Desde que Johnston y Sindall  demostraron en el año 1922 que el rasurado perineal previo al parto no comportaba ningún beneficio, en el que sería el primer estudio controlado perinatal (Johnston & Sindall, 1922), miles de publicaciones han puesto en evidencia que intervenciones de rutina como el rasurado, la episotomía, la rotura del saco amniótico, los enemas, la oxitocina sintética, el expulsivo en litotomía, la monitorización continuada, la separación del recién nacido de su madre para realizarle intervenciones como absorberle por sonda las mucosidades o bañarle, no solo son innecesarias en la gran mayoría de casos sino que pueden ser contraproducentes al interferir con el proceso fisiológico natural. Actualmente ya nadie pone en duda que la violencia obstétrica es causa de efectos indeseables a corto y largo plazo en la madre y el bebé: desde los más evidentes, como el trastorno de estrés postraumático (Bailham & Joseph, 2003) o problemas en el establecimiento de la lactancia, hasta los más sutiles como cambios en el desarrollo cerebral del propio bebé (Simon-Areces et al, 2012; Wismer Fries et al, 2005). 

Desgraciadamente - y a pesar de que las evidencias científicas que han revelado la improcedencia de muchos de los procesos protocolizados ya peinan canas, con casi un siglo de investigación perinatal - la violencia obstétrica es todavía frecuente. De hecho, los propios profesionales reconocen que han sido lentos en convertir las evidencias en prácticas (Enkin, 1996). En España tuvimos que esperar hasta el año 2007 para ver publicada por primera vez una estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica. Un documento nacido, en gran parte, gracias a la presión de las propias usuarias de los servicios sanitarios que, organizadas en asociaciones como EPN o la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento, han obligado a médicos y políticos a replantearse la atención al parto en nuestro país. La situación era insostenible y debía ser cambiada.

En la realización de este documento participaron todos los actores implicados en la atención al parto: ginecólogos [entre otros, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)], matronas [entre otros, la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) y  la Asociación Española de Matronas] y mujeres (entre otros, EPN, La Liga de la Leche  y la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento). El resultado de este ejercicio de gobernanza, orquestado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, fue una guía con recomendaciones que, convenientemente respaldadas por la ciencia basada en evidencia, estaban dirigidas a implementar el respeto por el proceso fisiológico natural del parto y del post-parto por parte del personal sanitario, evitando una medicalización innecesaria que interfiriera con el desarrollo saludable del mismo y provocara una cadena de intervenciones (cada una con la intención de resolver el problema que ha creado la intervención anterior) las cuales frecuentemente interrumpen definitivamente el proceso natural, obligando a la realización de un parto instrumentalizado o una cesárea. Se trata, por lo tanto, de evitar que un proceso fisiológico saludable acabe convertido por defecto en un proceso patológico. Parir no es una enfermedad, pero muchos profesionales sanitarios se enfrentan a un parto como si lo fuera.  

Como suma a esta Estrategia, y en el marco del Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo, se inició en 2006 un Programa de elaboración de Guías de Práctica Clínica (GPC) basadas en la evidencia para la ayuda en la toma de decisiones clínicas. El Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, y la Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia-Avalia-t firmaron un convenio de colaboración para el desarrollo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, publicada en el año 2010, en la que colaboraron los mismos grupos de profesionales y usuarias antes citados, y en el que podemos leer recomendaciones similares a las expuestas más arriba.


Pero a pesar de este importante esfuerzo de gobernanza, la presencia en la actualidad de violencia obstétrica en la atención al parto en España queda perfectamente reflejada en las estadísticas de los indicadores analizados en informes como EUROPERISTAT (European Perinatal Health Report), realizado por La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [The Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD)]. En una nota de prensa publicada en mayo del año 2013, la asociación EPN muestra su preocupación por las conclusiones de dicho informe, en el cual se refleja que España es  un país especialmente intervencionista. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) tenemos muchas más cesáreas de las que deberíamos (22.2% en hospitales públicos y 25.3% considerando también los centros privados). EPN destaca en su documento nuestro elevado porcentaje de inducciones y episiotomías y que somos el segundo país europeo en partos instrumentalizados. También resalta la ausencia de información estadística sobre algunos indicadores de gran interés que sí son recogidos de manera rutinaria en varios países de nuestro entorno, y que ya fueron enumerados en la estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica publicada el año 2007.

Cómo ya hemos comentado, los propios profesionales sanitarios admiten que el campo de la obstetricia es uno de los más lentos en reaccionar ante las evidencias científicas. En palabras de Enkin (Enkin, 1996):

“De todas las especialidades médicas es en la obstetricia y la ginecología donde es menos probable que la práctica clínica esté apoyada por evidencia científica”.

¿A qué puede deberse este fenómeno?  ¿Por qué a pesar de más de cien años de investigación perinatal, de las recomendaciones de la OMS  o de las guías de actuación publicadas por los organismos oficiales, muchos profesionales sanitarios siguen poniendo en práctica protocolos innecesarios, peligrosos, nada científicos y absolutamente indignos para la madre y el hijo? ¿Qué hay detrás de esta reticencia a aplicar unas recomendaciones escritas y avaladas por los más prestigiosos profesionales y respaldadas por la más estricta ciencia basada en evidencia?

En un primer análisis, la observación de que las clínicas privadas tienen muchas más cesáreas que las públicas y de que las cesáreas son mucho más caras apunta hacia motivos de interés económico, ya que el parto natural no intervenido sería el que menos beneficios aportaría a los profesionales médicos y al centro sanitario. La reciente protesta de los ginecólogos del Hospital materno-infantil de Málaga por la aplicación de una de las recomendación aparecida en la guía de atención al parto normal, la cual deja los partos normales en manos de las comadronas, también pone al descubierto una lucha de poder que no sólo tiene repercusiones económicas sino también políticas.

Pero algunos especialistas van mucho más allá en su análisis. Mónica Felipe-Larralde, licenciada en derecho y experta en género y salud, autora de varios libros sobre feminidad y maternidad, opina que existe un indiscutible sesgo de género en esa resistencia mostrada por parte de un gran número de profesionales a adaptarse a las recomendaciones oficiales:

La medicalización de un proceso fisiológico como el parto continúa ofreciendo una mirada distorsionada del cuerpo de la mujer. A las mujeres, nos invita a desconfiar de nuestro cuerpo, alejándonos de nuestras fortalezas y capacidades. Mientras que a los profesionales, les posibilita sostener el control y el poder sobre un territorio sobre el que tradicionalmente han tenido potestad”.

El cuerpo de la mujer es considerado incapaz, defectuoso, sucio, imperfecto, y la ciencia médica debe intervenir para solventarlo.

La medicalización del proceso de parto responde a un imaginario colectivo trazado sobre el cuerpo de la mujer y sus competencias”.

Superar esta dinámica de actuación será imposiblesin un ejercicio colectivo e individual de revisión del miedo, los roles de género y los patrones asimétricos de poder”.


La psiquiatra Ibone Olza, cofundadora del foro Apoyo cesáreas y de la organización EPN, también opina que hará falta mucho más que evidencias científicas y recomendaciones oficiales para solucionar esta situación. En una ponencia realizada en el XIII Congreso de la Federación de Asociaciones de Matronas (FAME), celebrado en el año 2014 en Bilbao, Olza asegura que no sólo las mujeres y los bebés se sienten atrapados en esta dinámica indeseable. Los mismos profesionales son también víctimas de la violencia obstétrica. Para que mejore significativamente la atención al parto “es preciso un cambio de conciencia, que necesariamente tiene que pasar por permitir que los profesionales expresen su dolor y generar espacios de sanación”.

Por lo tanto, observamos que para conseguir un verdadero cambio de paradigma en la atención al parto en nuestro país (como en la gran mayoría de países industrializados) hay toda una serie de factores culturales, emocionales, políticos y económicos que tendrán que ser reconocidos y convenientemente abordados. Un esfuerzo considerable que todos, madres,  hijos y profesionales, nos merecemos.

A día de hoy podemos afirmar que desde los diferentes sectores implicados – instituciones, personal sanitario y usuarias – ya se está trabajando por que las cosas cambien. Los procesos de gobernanza que han dado lugar a las guías de atención son un buen ejemplo de ello. Y por suerte, a pesar de la enorme inercia del sistema y de la reticencia todavía presente en los sectores de la ginecología más conservadores, las cosas están cambiando, lenta pero significativamente. Esta evolución se refleja en muchos testimonios de partos realizados en hospitales dónde hace unos años hubiera sido imposible esperar un parto respetado. En la actualidad podemos tener la esperanza de que en un futuro cercano lo normal sea escuchar experiencias de este tipo:

Dilaté relajada, bailando al son de mi música favorita en la intimidad de una habitación donde nadie me estorbó ni me toco más de la cuenta. No dolió. Mi comadrona llegó en el momento justo. Un sólo tacto: 8 cm. Unas contracciones más. Diez minutos más tarde. De rodillas. Animada por las palabras justas. Arropada por la seguridad de una gran profesional y el amor de mi marido. Con toda la fuerza del universo concentrada en mi vientre. Así nació mi hijo. Ella lo recogió y lo dejó entre mis piernas. Nunca imaginé que una criatura pudiera ser tan magníficamente hermosa. Me levanté con él en brazos preguntándome por qué no estaba extenuada, por qué no había sentido esa sensación de "morir" de mis partos anteriores. Estaba de pie, con mi niño en mis brazos. El cordón todavía dentro. Ni siquiera me sentía cansada. Me tumbé para esperar a que saliera la placenta. Unos segundos más. Casi ni perdí sangre. Mi niño me miraba con un ojito abierto y el otro cerrado. Una intensidad impresionante. En algún momento se enganchó al pecho y allí se quedó hasta que ya no quedó más remedio: había que pesarlo, vestirlo y subir a la habitación. Nunca, y digo NUNCA, me separaron de mi hijo. NUNCA.”

Este es un ejemplo de parto natural, respetado, dónde los profesionales actuaron según todos los principios de la ciencia basada en la evidencia. Esa es la clase de atención al parto a la que todos, madres e hijos, tenemos derecho.  La existencia de organizaciones como EPN así como de profesionales del más alto nivel comprometidos con este cambio, trabajando por identificar correctamente los problemas y abordándolos en toda su complejidad con rigurosidad y profesionalidad, nos ofrece esperanzas fundadas de que en un futuro próximo ninguna madre tendrá que maldecir el día en el que confió su parto a nuestro sistema sanitario.


BIBLIOGRAFÍA

· Bailham D, Joseph S. Post-traumatic stress following childbirth: A review of the emerging literature and directions for research and practice. Psychology, Health & Medicine. 2003; 8(2): 159–168.

· Enkin MW. La necesidad de la obstetricia basada en la evidencia. Evidence based medicine. 996; 1: 132.

· Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre atención al parto normal. Guía de Práctica Clínica sobre la atención al parto normal. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del País Vasco (OSTEBA). Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia (Avalia-t). 2010. Guías de Práctica Clínica en el SNS: OSTEBA Nº 2009/01

· Johnston RA, Sidall RS. Is the usual method for preparing patients for delivery beneficial or necessary? Am J Obstet Gynecol 1922; 4:645-50.

· Perez D’Gregorio, R. (2010). Obstetric violence: A new legal term introduced in venezuela. International Journal of Gynaecology and Obstetrics: The Official Organ of the International Federation of Gynaecology and Obstetrics. 2010; 111(3): 201-202.

· Simon-Areces J, Dietrich MO, Hermes G, García-Segura LM, Arevalo MA, Horvath TL. Ucp2 Induced by Natural Birth Regulates Neuronal Differentiation of the Hippocampus and Related Adult Behavior. PLOS ONE. 2012; 7(8): 42911- e42911.


· Wismer Fries A, Ziegler T, Kurian JR, Jacoris S, Pollak D. Early experience in humans is associated with changes in neuropeptides critical for regulating social behaviour. PNAS, 2005; 102( 47): 17237-17240.

· World Health Organization. Evidence for the ten steps to successful breastfeeding. Geneva: The Organization; 1998. Web site:www.who.int/child-adolescent-health/New_Publications/NUTRITION/WHO_CHD_98.9.pdf (accessed 6 Sept 2007).
























María Berrozpe Martínez, PhD


domingo, 9 de marzo de 2014

A LAS QUE QUERÉIS PARIR: ESTAMOS EN EL SIGLO XXI Y ES HORA DE CAMBIAR EL PARADIGMA

Ya se me ha pasado, gracias a Dios, la época "activista de la maternidad perfecta" por lo que ya no voy denunciando a diestro y siniestro los comportamiento, comentarios y mentalidades que yo considero obsoletos, retrógrados, antinaturales y hasta violentos en el mundo de la maternidad. Con los años he ido aprendiendo que cada uno tiene su camino personal y nadie desde fuera puede, o al menos no debería, imponer nada. 

Lo único realmente útil es la información. Eso sí. Informar sí vale la pena porque puede hacer que mucha gente se cuestione la realidad que vive y encuentre así la motivación necesaria para cambiarla si ésta no le hace feliz. Pero la información se debe dar sin juicios añadidos porque, si no, pierde todo su poder y se convierte en simple adoctrinamiento. Y esto no siempre es fácil, desde luego, sobre todo en temas tan emocionales y primarios como todos los referentes a la maternidad: embarazo, parto, lactancia, crianza, educación...etc.

Por todo esto quisiera que el post de hoy no fuera considerado una crítica o un ataque personal a Antonia Vargas, comadrona del Hospital Materno de Málaga que ha ayudado a traer al mundo a cerca de 6.000 niños y que incluso recibió la cruz de Malta como reconocimiento de su trabajo al servicio de los demás. Ella es, por lo tanto, una profesional de enorme experiencia, reconocida y valorada por su labor, razón por la cual sus palabras, las cuales he podido leer en una entrevista publicada en el Diario Sur de Málaga, nacidas de una visión parcial, "tradicional" y patriarcal del parto y la mujer, merecen ser convenientemente respondidas, con todo el respeto y reconocimiento que ella y su labor merecen.  

Lo cierto es que me ha dado una pereza enorme escribir sobre ello. Tengo la sensación de estar repitiendo una y otra vez lo mismo desde hace 5 años, cuando nació mi tercer hijo en un parto REALMENTE respetado, acompañado, fisiológico, instintivo y feliz.  Pero si hace falta lo seguiré repitiendo. Cada vez que lea o escuche palabras como las escritas en la entrevista citada volveré a sacarlo a la luz. Creo que es imprescindible hacer visibles otros enfoques del parto, más antiguos y a la vez más actuales, para que todas las mujeres a punto de pasar esta experiencia, o las que ya lo hicieron y no se sienten felices con lo que vivieron, sepan que hay otra realidad posible. Otra realidad que se convirtieron en mi realidad aunque, obviamente, no tiene por qué ser la de ellas.

El parto de mi tercer hijo lo he explicado al detalle en bastantes ocasiones. Fue una experiencia tan intensa y reveladora que durante el puerperio no me cansaba de escribirlo y contárselo a todo el que lo quisiera escuchar. Dentro de una semana mi pequeño cumple sus cinco años y como homenaje a su nacimiento y al derecho que todas las madres y todos los bebés tenemos a tener un parto realmente respetado, voy a volver sobre este tema, esta vez respondiendo directamente a varias de las afirmaciones realizadas por Antonia Vargas.

Ahí vamos:

"A veces cerraba las puertas y le decía a la mujer: Tú no te preocupes que ni yo en la calle te voy a conocer y tú si me conoces me vas a volver la cara. Tú grita y desahógate como puedas. Porque era lo único que le podíamos hacer en aquellos tiempos. Para aliviar el dolor no había nada, sólo las palabras".

Es curioso, pero de ninguno de mis tres partos conservo un recuerdo tan vergonzoso que me obligue a girar la cara si me encuentro a las matronas que me atendieron en ellos. De hecho, la matrona que atendió mi tercer parto, Carolina, sigue siendo parte de mi vida, tenemos por ahí una cena pendiente con otras amigas y mamás atendidas por ella, hablamos de vez en cuando y tenemos contacto a través de Facebook. Y eso que hasta la caca del culete me limpió porque ya se sabe que en el momento del expulsivo, junto con el precioso bebé, siempre sale un choricillo de caca. Que se le va a hacer, bromas de la naturaleza que parece que siempre quiere recordarnos la realidad de lo que somos - puros animales - no vaya a ser que nos pongamos demasiado espirituales en estos momentos extáticos.  A pesar de los pesares no siento ninguna vergüenza de mi cuerpo y sus funciones durante el parto. Mas bien todo lo contrario. Siento un profundo orgullo por su sabiduría milenaria, por su fuerza, por su grandeza al ser capaz de reproducir el milagro de la vida entre sangre, fluidos, gemidos y posturas imposibles. Sexualidad maternal liberada. Pura Vida (con mayúsculas).

Y de todas las matronas que me han atendido fue precisamente Carolina la que me dijo las palabras más acertadas en el mejor momento. En el expulsivo - momento en el que yo estaba viviendo una verdadera disociación entre el neocortex, que me gritaba que no era todavía el momento, y el cerebro primitivo, que había comenzado las contracciones finales absolutamente independizado del neocortex el cual, aterrorizado, veía como había perdido totalmente el control sobre el cuerpo - ella dijo exactamente lo que tenía que decir para orquestar todas las partes del mi cerebro: "¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo muy bien! ¡Sigue así!".

El neocortex se relajó ("vale, lo estamos haciendo bien...... pues me rindo y le doy el control al viejo"), el dolor del expulsivo disminuyó (así que las palabras pueden ser realmente útiles frente al dolor) y el bebé salió. Ella lo recogió y volvió a decir exactamente lo que debía oír: "Aquí tienes a tu hijo". La frase más hermosa del mundo, no me diréis que no. 

Así que no necesité "gritar y desahogarme". Solo gemir y vocalizar en absoluta libertad y confianza, sintiéndome acompañada con la seguridad  de que podía "dejarme llevar" por todo mi instinto, sin vergüenzas ni cuestionamientos. Una buena comadrona da esa seguridad, que duda cabe. 

"Pues que estamos en el siglo XXI y los hospitales están hechos para algo. Y que yo a mi hijo no lo quiero menos que una que lo haya tenido en su casa".

Sí, los hospitales están hechos para tratar enfermedades. Y el parto no es ninguna enfermedad. Ahora que, reconociendo que es un momento donde las mujeres necesitamos muy especialmente sentirnos seguras y protegidas, no está mal que haya maternidades en los hospitales para los partos de riesgo y para todas las madres que todavía no hemos aprendido de lo que somos capaces, y nos enfrentamos al parto con miedo. Estoy segura de que en el futuro, a medida que el parto y la sexualidad femenina en conjunto se vayan liberando de todas las ataduras patriarcales, las mujeres cada vez parirán más en sus casas, atendidas por respetuosas y bien preparadas comadronas que pueden centrarse en ellas y exclusivamente en ellas. La mejor y más segura manera de parir. 

"El parto puede terminar bien de forma natural o si el niño tiene sufrimiento fetal hay que sacarlo como sea. Y drama, ninguno. Les recomendamos que se lo pongan al pecho, que insistan si el bebé no quiere, pero lo de darle de mamar hasta tres años no es realista".

No claro, drama ninguno. Si la intervención es realmente necesaria se hace y ya está. El drama está en las intervenciones innecesarias y en las que se podrían haber evitado con unas condiciones de seguridad, intimidad  y confianza que no se dieron. Y darlas era, en gran parte, responsabilidad de la comadrona. 

Lo de que no es realista amamantar hasta los tres años ya no requiere ni comentario. Mi niño con cinco años sigue mamando. Y lo que nos falta. Esto es muy real. 

Pero lo de que "insistan si el bebé no quiere" sí requiere comentario. Y eso porque al leerlo he visto reflejada en esta frase la denuncia de algunas madres que aseguran que les obligaron a ponerse a sus hijos al pecho aunque no quisieran, ni ellas ni los bebés. No, al pecho no te lo puedes poner cuando el bebé no quiere. Lo que hay que investigar es por qué no quiere - dado que lo instintivo es que quiera - para poder enfrentar el problema correctamente, al menos si queremos tener una mínima posibilidad de encontrarle solución. Y si el bebé no quiere, más que insistir, hay que ofrecer a la madre alternativas mientras descubrimos que pasa y le acostumbramos poco a poco al pecho, para que ella no pierda la producción, el bebé siga recibiendo su leche, y ella se sienta segura, acompañada y bien asesorada. Aquí os dejo el post de la maravillosa Eloísa, en el que explica precisamente un caso en el que el bebé no quiso, por qué no quiso y la actuación correcta para salvar la lactancia. Eso es lo que hay que hacer, y no insistir sin más aunque el bebé no quiera. 

"Las parejas vienen informadas y la mayoría la piden (la epidural). También hay algunas que se hacen las fuertes, dicen que no la quieren y luego la piden a gritos cuando a lo mejor ya no se puede. Es que es un dolor incomparable con cualquier otro".

Bueno. Pues resulta que la epidural no es la única opción para reducir, o incluso anular, el dolor. Y precisamente las parejas que vamos más informadas lo sabemos y somos las que, convenientemente tratadas, difícilmente la pediremos. Y no, no pedir la epidural no es "hacernos las fuertes". Al menos en mi caso. No pedir la epidural es ser conscientes de los riesgos que conlleva ponerla y estar informados de todas las herramientas de las que disponemos para controlar el dolor, entre las que se encuentra vivir un verdadero parto fisiológico indoloro de manera natural, que también puede pasar, aunque poca gente todavía se lo crea. El dolor de un parto "mal llevado" es realmente incomparable a ningún otro. El dolor de un parto bien acompañado, sostenido, respetado y liberado es perfectamente aguantable hasta el punto de que puede llegar a desaparecer. De mis tres partos el más doloroso fue, con diferencia, el primero en el que, dicho sea de paso, fue el único en el que me pusieron epidural. El peor dolor fue al final, antes del expulsivo, con la epidural puesta. En el tercero no tuve ni una centésima parte del dolor del primero. Sin epidural ni nada. Solo música, intimidad, seguridad y mucha mucha confianza en mi útero, al que consideré absolutamente capaz de sacar al bebé por donde debía salir.  

"Antiguamente había noches que hemos tenido hasta veinte partos para tres matronas. ¿Tú sabes lo que es eso? De decirle a mi compañera: Si la tuya no va a parir, escríbeme el informe que ha sido todo normal, que yo tengo otra".

Desde luego no es manera de atender partos. No me extraña que los partos hayan ido siempre como han ido en semejantes condiciones. Vergonzoso que ellas tuvieran que trabajar así y que las madres recibieran semejante servicio. Para que luego quieran animarnos a parir en el hospital. Yo oigo eso sobre el hospital de mi ciudad y no dudo en quedarme a parir en casa. Esas condiciones son absolutamente incompatibles con lo que cualquier mujer necesita para parir convenientemente. Y no hay más vueltas que darle. Por mucha tecnología que añadan, 3 matronas NUNCA podrán atender a 20 mujeres de parto tal y como cada mujer necesita ser atendida. Hasta que eso no cambie, no cambiará fundamentalmente nada. 

Hace casi 5 años tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida: parí a mi  tercer hijo en un precioso parto natural, respetado y casi indoloro. Desde entonces me duele mucho escuchar las malas experiencias de madres que, como yo hice con mis dos primeros hijos, se enfrentan a sus partos desde la indefensión aprendida provocada por la opresión patriarcal en la que hemos sido criadas. Que pena, de verdad, que pena. Cuantos partos robados. Cuantos traumas provocados y evitables. 

Recuerdo ahora que tras parir a mi primer hijo en un interminable parto intervenido con oxitocina sintética y epidural, cuando íbamos hacia la habitación, mi marido me preguntó si me quedaban ganas de tener más. En ese momento  pensé: "¡Dios mío! ¡Como se le ocurre preguntar eso ahora! ¡No vuelvo a pasar por esto en mi vida!" Pero año y medio después volvía a pasar por otro parto, esta vez sin epidural ni oxitocina, pero todavía doloroso por las ridículas intervenciones a las que me vi sometida (en este caso los absurdos cambios de aposento en el hospital a medida que avanzaba el parto: habitación, sala de monitores, sala de dilatación, otra vez monitores en otra sala para, finalmente, pasar al quirófano o sala de partos). De nuevo me quedé con ganas de no volver a parir nunca más, pero la vida tenía otros planes y por eso, cuando vi el tercer positivo de mi vida en un test de embarazo, supe que tenía que poner "toda la carne en el asador". Y así lo hice. 

Y lo conseguí:Tuve el parto que nos merecíamos.

Cuando me levantaba de la posición de rodillas en la que había expulsado a mi hijo, con él en brazos, en dirección a la cama donde se produciría el alumbramiento de la placenta, me sentía fuerte, pletórica, inmensamente feliz y con ganas y fuerzas para volver a parir otro bebé en ese mismo momento, si hubiera hecho falta. 

Somos muchas las madres que hemos pasado por la experiencia de un parto intervenido o incluso una cesárea y, posteriormente, más maduras, informadas, formadas y liberadas, por un hermoso parto natural respetado. Nos duele el robo de nuestro primer parto y nos sentimos orgullosas de haber sido capaces de encontrar las condiciones que hicieron posibles el otro o los otros partos. Nos entristece ser testigos de lo que se sigue haciendo a tantas mujeres y bebés en nombre de unos protocolos obsoletos que la ciencia ya no apoya. Hay muchas mujeres (y hombres) luchando activa y hasta ferozmente por que las cosas cambien. Todos mis respetos y admiración para ellas y ellos. Yo pongo mi granito de arena con mi testimonio, aunque mi objetivo ya no es convencer a nadie de nada sino, más bien, estar al alcance de la que quiere informarse profundamente sobre este tema, por si mi testimonio y mi experiencia pueden servirle para encontrar la realidad que a ella más le conviene y en la que se siente más cómoda.  


jueves, 9 de enero de 2014

SEPARACIÓN MADRE-BEBÉ: ¿COMO LLEGÓ A NORMALIZARSE EL NIDO?

Estoy leyendo un interesantísimo libro, Evolution, early experience and human development, editado por cuatro grandes investigadores en el campo de la neurología: Darcia Narvaez, Jaak Panksepp, Allan N Schore y Tracy R Gleason. Como cada capítulo es independiente de los demás, lo que hace que no sea necesario leerlo en orden, tras leer el primero, escrito por los cuatro editores, he saltado al noveno porque el tema me interesa muchísimo para la revisión científica sobre el sueño infantil. Este capítulo habla sobre el cuidado nocturno del bebé y está escrito por la conocida investigadora en sueño infantil y lactancia materna, Helen Ball, en colaboración con Charlotte K Russell

Prof. Helen Ball
Ni que decir que este capítulo, en el que Ball y Russell hablan de lactancia nocturna desde una perspectiva evolutiva muy interesante, no tiene desperdicio. De hecho el libro entero no lo tiene y me encantaría tener el tiempo necesario para devorarlo de una tirada, en lugar de ir robándole minutos al día para sumergirme en él. Pero el caso es que no lo tengo, así que me he levantado a las 4:30 de la mañana con la intención de leerme el capítulo entero antes de que se despertara la tropa a las 7:30, pero me he quedado en el segundo apartado ya que no he podido evitar la tentación de traducirlo para escribir este post y así compartirlo con todos vosotros. 

El apartado en cuestión se titula: La medicalización del nacimiento, y explica cómo llegó a normalizarse la separación del bebé de su madre tras el nacimiento. Yo encuentro interesantísimo saber el origen de nuestras costumbres. De hecho me parece fundamental tener este conocimiento para poder decidir si seguimos o no una determina tradición, y no limitarnos a hacer las cosas porque "se hacen así desde siempre" o "las hace así todo el mundo". 

Os dejo las palabras de Ball y Russell explicando lo que parecen algunas de las razones principales por las cuales se normalizó la presencia del nido en nuestros hospitales, con la consiguiente separación de la madre y el bebé cuando mas juntos deberían mantenerse.


"Una consecuencia del aumento del tamaño del cerebro seguido de una disminución de la pelvis, fue que el nacimiento se volvió una actividad peligrosa asociada a altos índices de mortalidad entre las madres y los bebés a lo largo de la historia de la humanidad (Loudon, 1993). (Comentario personal: yo creo que las causas de la alta mortalidad asociada al parto son otras, pero ya hablaremos de esto en otra ocasión. Para compartir estas palabras no necesito estar al 100% de acuerdo con sus autores.) 



Durante la era victoriana, las intervenciones dirigidas a disminuir el miedo al dolor y a la muerte durante el parto se volvieron populares (Loudon, 1993; Tew, 1995). El uso del cloroformo, el anestésico de aquella época, estaba restringido al uso hospitalario; las mujeres cada vez con más frecuencia decidían parir en los hospitales para que se les pudiera administrar este anestésico, incluso aunque las madres a las que se había anestesiado eran incapaces de atender a sus bebés mientras se recuperaban de los efectos del gas. Debido a esta incapacidad temporal de la madre, se establecieron los nidos en los hospitales, donde las enfermeras cuidarían de los bebés (Tew, 1995). Estos esfuerzos para mejorar la experiencia del parto en las mujeres tuvieron repercusiones serias e inesperadas en el cuidado temprano del bebe y la relación madre-bebé. La subsiguiente aparición de anestésicos como el sueño crepuscular o los barbitúricos intravenosos (Pitcock & Clark, 1992; Tew 1995) también incapacitaban a la mujer durante y tras el parto: la recuperación era un proceso largo y mientras tanto el cuidado del bebé era imposible. 

Estos anestésicos también afectaban a los bebés, que nacían adormilados e incapaces de responder o mamar, siendo muchos alimentados a la fuerza durante sus primeros días de vida. Incluso la capacidad para respirar se podía ver comprometida, por lo que los bebés en los nidos tenían que ser cuidadosamente monitorizados (Feldhusen, 2006). A partir de la década de los cuarenta, cuando las prácticas higiénicas y los antibióticos se introdujeron en la práctica clínica y la mortalidad en el parto declinó, la proporción de partos hospitalarios aumento exponencialmente, llegando a su máximo en 1973,cuando un 99% de todos los nacimientos en EEUU tuvo lugar en hospitales bajo el control de un médico (Nusche, 2002). La separación de la madre y el bebé tras el parto era ya una rutina. Aunque las campañas dirigidas a reducir la medicalización de los nacimientos, como las encabezadas por Grantley Dick-Reed y Fernand lamaze, redujeron el uso de narcóticos durante el parto en las décadas de los cincuenta y sesenta ( Feldhusen, 2006; Nusche, 2002; Tew, 1995); el continuo traslado de los neonatos al nido se siguió justificando con la necesidad de controlar las infecciones. Las madres ya no estaban incapacitadas para cuidar de sus bebés, pero los bebés eran llevados a "un lugar seguro" para ser puestos en observación, y se animaba a las madres a descansar tras el parto, mientras miraban a sus bebés a través de una mampara de cristal y se reencontraban con ellos solo en los momentos programados para alimentarles (Hock, Mcbride & Gnezda, 1989)." 

Como ocurre frecuentemente en nuestra cultura, y seguro que en todas las demás también, numerosas tradiciones y costumbres están todavía vigentes, a pesar de que las razones por las que en su momento fueron implantadas han desaparecido. En este caso nos referimos a la separación de la madre y el bebé tras el parto. Hoy en día las madres ya no están adormiladas por los barbitúricos o el cloroformo. Tampoco existe un riesgo real de infecciones, más bien todo lo contrario, ya que está ampliamente demostrado que el lugar más seguro y saludable para un recién nacido es sobre el pecho de su madre. Pero, a pesar de ello, la gran mayoría de hospitales y clínicas siguen separando a las madres de sus hijos nada mas nacer. Por suerte es una costumbre que está cayendo en desuso, mas en unos países que en otros, aunque lo cierto es que encuentro que lo hace a una velocidad irritantemente lenta, sobretodo teniendo en cuenta las aplastantes evidencias que nos demuestran el peligro que tiene para la salud de nuestros hijos, el éxito de las lactancias y la relación entre madre e hijo. Yo misma tuve que sufrirlo cuando parí a mi segundo hijo en el Hospital de Barcelona hace casi 7 años. Espero que en estos años hayan tenido tiempo de cambiar el protocolo.

Así pues, si alguien necesita otra razón para convencer al personal sanitario del hospital donde vas a parir, o ya has parido, de que no le separen de su bebé tras el nacimiento, aquí la tiene: las razones por las que se impuso esta costumbre ya no existen. Y si todavía se muestran reticentes podéis explicarles el experimento de los monos (que en realidad nunca se hizo tal y como se explica en este vídeo y por la red, pero es bastante parecido a otro que sí llegó a hacerse y que debo tener citado en algún lugar... de cuyo nombre no llego a acordarme. Haz click sobre la imagen para ver el vídeo)





Bibliografía:
  • Feldhusen AE. The history of mildwifery and childbrith in America: A time line. Midwife Today 2006; Retrieve May. From www.midwiferytoday.com/Articles/Timeline.Asp
  • Hock E, McBride S, Gnezda MT. Maternal separation anxiety: Mother-infant separation from the maternal perspective. Child Development 1989; 60: 173.
  • Loudon I. An international study of maternal care and maternal mortality. 1800-1950. New York, NY; Oxford University Press. 1993.
  • Nusche J. Lying in. Canadian Mediacal Association Journal. 2002; 167: 675.
  • Pitcock CD, Clark RB. From fanny to Fernand: The development of consumerism in pain control during the birth process. Ameriacan Journal of Obstretrics and Gynecology 1992; 167: 581.
  • Tew M. Safer childbirth? A critical history of maternity care. London:Chapman and Hall. 1995


jueves, 24 de enero de 2013

DIOS LE DA PAN.....................

Mi tercer parto:

Empezó rompiéndose la bolsa mucho antes de empezar las contracciones,  igual que en el primer parto pero a diferencia del segundo. En cualquier caso este detalle no tuvo más importancia que unas horas de incertidumbre por si mi ginecóloga insistía en inducir. Carolina la mantuvo a raya y pude dejarme llevar por la fuerza de mi naturaleza.

Cuando empezaron las contracciones ya estaba en mi sala de partos: una habitación relajada, suave, con una cama confortable, unas espalderas, una pelota enorme, la bañera de partos, una ducha y un retrete. Pero todo eso me sobraba, excepto la cama y el retrete, porque lo más importante lo llevé conmigo. Mi música de vida: una recopilación de mis canciones favoritas desde mi infancia. Quería que ese recorrido por la música que me había cautivado desde pequeña  nos acompañara a mi hijo y a mí en su nacimiento, en mi parto.

Fue mágico, hipnótico, extático. Las contracciones venían como olas potentes, nada dolorosas, algunas incluso placenteras. Hubo un par de horas que nos las cambiaría por nada en el mundo. Fueron increíbles. Fue una danza con la vida, con mi vida, mis recuerdos; con el futuro que salía de mi vientre. El pasado acompañó la bajada de mi hijo con sus sonidos y las imágenes y sentimientos que estos evocaban. Mi mente se perdió en ellos arropada por esas viejas canciones. Salí del tiempo y del espacio y me perdí en un ahora eterno donde mi infancia, mi adolescencia, mi vida adulta se fundían acunadas por el vaivén de las olas que traían a mi hijo al mundo.

Mi cuerpo era poderoso, eterno, inmenso. NO hubo dolor. NO hubo sufrimiento. Sólo placer y felicidad. Mi hijo estaba naciendo

Entró la comadrona y rompió el hechizo: "¡Llama a Carolina, que yo tengo una madre primeriza y no te podré atender si te pones a expulsar ahora!"

Hasta ese momento yo había abierto la puerta que lleva al parto orgásmico, había asomado la cabeza por la abertura, había estirado la mano y lo había tocado con la punta de los dedos. La llamada de atención de aquella comadrona provocó mi retirada. Volví al mundo real. Cerré la puerta. Mi cuerpo volvió a quedar bajo el control del neocórtex. Pero el camino andado ya estaba hecho y con 8 cm de dilatación sólo me quedaron 4 contracciones más, estas sí me dolieron, y el expulsivo, que también fue doloroso. 20 minutos nada más.

¿Que hubiera pasado si nadie me hubiera sacado de mi estado extático? ¿Hubiera parido totalmente sin dolor?¿Hubiera sido el expulsivo un gran orgasmo? No lo sé. Probablemente nunca lo sepa y mi camino hacia la recuperación de LA MADRE y de la maternidad completa se quede aquí, en cuanto a lo que al parto se refiere.

Pero me siento satisfecha. No cambiaría esas horas de dilatación no dolorosa, extática y placentera por nada del mundo. Cuento mi parto a diestro y siniestro para que las nuevas mamás puedan empezar desde el punto en que yo lo dejé, para que lleguen mucho más lejos. Para que se lo crean. Y me siento una privilegiada por haber podido vivir el parto que tuve.

Por todo esto me cuesta tanto entender que haya madres que, teniendo este y tantos otros testimonios al alcance de la mano, tanta información científica apoyando el parto natural, cuestionando las intervenciones innecesarias, GRITANDO los peligros de las cesáreas innecesareas, prefieran actuar desde la ignorancia y los intereses creados, a pesar de su situación privilegiada que les coloca en una posición donde tienen todas las posibilidades al alcance de la mano (y el bolsillo).

Pero este post no va dedicado a esas madres, ni siquiera a la más famosa de estos días: Shakira. No. Este post va dedicado a mi amiga Vivian Watson, autora del blog Nace Una Mamá y coautora de Una Nueva Maternidad. Resulta que Vivian no pertenece a esa clase social privilegiada y no lo tiene tan fácil para elegir el parto que quiere. Pero sí pertenece a esa otra clase de personas conscientes, inteligentes, informadas, preocupadas y ocupadas en construir un mundo y una sociedad mejores para todos. Por desgracia estas cualidades no se pagan con dinero, ya que en el fondo - y aunque no dé la felicidad - tal cual están las cosas a día de hoy, el dinero te da la libertad que necesitas para ejercer tus derechos.

Hoy  pensaba en que es una pena y que aquí podemos aplicar ese dicho de que Dios le da pan al que no tiene dientes. Y no es justo. Más que nada porque en la sociedad actual el pan no lo reparte Dios y el que más tiene no es ni de lejos el que más se lo merece por ser el que mas aporta a los demás, el que realiza un trabajo más valorado, necesario  o difícil. Por eso van las cosas como van, claro. Y evidentemente eso no lo vamos a cambiar a corto plazo. Desde luego no en las próximas semanas.

Pero lo que sí podemos hacer es echar una mano a Vivian para que tenga su parto en casa, el parto que ella y su hija se merecen. Aquí os dejo el enlace donde podéis donar dinero para que podáis ayudar a que Vivian pueda vivir el parto que consciente y libremente ha elegido tener. Creo que el parto en casa le va a costar unos 2000 euros. Ni de lejos el coste de una cesárea, pero ya veis, 2000 euros que hacen la diferencia entre tener la libertad para elegir tu parto o no tenerla.

Espero de todo corazón vuestra colaboración para que, así, con estos pequeños/grandes detalles hagamos esta sociedad de locos un poquito más justa


¡Daos prisa que ya está en la recta final!!!!!!!!!!




domingo, 23 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD!



De la mano de Liliana Castro de Fundación Camino Claro me ha llegado esta preciosa imagen de la Sagrada Familia, en donde podemos ver una escena mucho más realista de lo que ocurriría el día del nacimiento de Jesús (aunque en realidad representa un momento de la huida a Egipto),  un ser humano que dedicó su vida a enseñarnos lo único que realmente importa en esta vida, algo que es, de hecho, el origen y la finalidad de la vida entera: EL AMOR.

Esta imagen me ha hecho sumergirme en internet para encontrar un fragmento del libro La Cientificacion del Amor de Michel Odent, el cual quiero compartir con todos vosotros. Aquí os lo traigo desde el blog Junto a tu Doula:


Un recién nacido entre un asno y un buey: muchos comparten hoy esta imagen simplificada de la Navidad.

Mi visión de la Navidad está inspirada en lo que he aprendido de las mujeres que han dado a luz en la más completa intimidad, sin sentirse guiadas ni observadas. Está también inspirada en el Evangelium Jacobi Minori, es decir, el protoevangelio de Jacques le Mineur1. Este evangelio fue salvado del olvido, a mediados del siglo XIX, por el místico austríaco Jacob Sorber, autor de La infancia de Jesús2. Según estos textos, María tuvo total privacidad en el parto, porque José la dejó para ir a buscar una partera. Cuando regresó, Jesús ya había nacido. Fue sólo cuando una deslumbrante luz se atenuó, que la partera se encontró ante una escena increíble, ¡Jesús ya había encontrado el pecho de su madre! La comadrona exclamó entonces: “¿Quién ha visto jamás un niño que apenas nacido tome el pecho de su madre?” Este es un signo evidente de que cuando se convierta en Hombre, este Niño juzgará al mundo según el Amor y no según la Ley.

La nueva mirada sobre la Natividad 

El día que Jesús estuvo listo para llegar al mundo, María recibió un mensaje no verbal de humildad. Se encontró en un establo, entre otros mamíferos. Sin palabras sus compañeros la ayudaron a comprender que ese día tenía que aceptar su condición de mamífera. Tenía que sobrellevar su desventaja humana e ignorar la efervescencia de su intelecto. Tenía que segregar las mismas hormonas que otras mamíferas parturientas, a través de la misma glándula, o sea, la parte primitiva del cerebro que todos tenemos en común. 
  
El ambiente estaba idealmente adaptado a las circunstancias. María se sentía segura, por lo que su nivel de adrenalina era el más bajo posible. El trabajo de parto pudo establecerse en las mejores condiciones posibles. Habiendo percibido el mensaje de humildad y aceptado su condición de mamífera, María se encontró “en cuatro patas”. En tal postura, y en la oscuridad de la noche, se desconectó fácilmente del mundo. 


Poco después de su nacimiento, Jesús estaba en los brazos de una madre extática, tan instintiva como puede serlo una madre mamífera. En una atmósfera verdaderamente sagrada, Jesús fue bienvenido y pudo, fácil y progresivamente, eliminar las hormonas de estrés que produjo para nacer. El cuerpo de María estaba caliente. El establo también estaba cálido gracias a la presencia de los otros mamíferos. Instintivamente, María cubrió el cuerpo de su bebé con un pedazo de tela que tenía a la mano. Estaba fascinada por los ojos de su bebé y nada hubiera podido distraerla del prolongado contacto visual con Jesús. Este intercambio de miradas indujo otra oleada de oxitocina, de modo que el útero se contrajo nuevamente y envió un poco de la sangre preciosa de la placenta hacia el bebé a través del cordón umbilical y poco después salió la placenta. 

Madre e hijo se sentían completamente seguros. María, guiada por su cerebro mamífero, permaneció de rodillas un ratito después del parto. Luego de la salida de la placenta, se puso de costado, con el bebé cerca a su corazón. En seguida, Jesús comenzó a mover la cabeza, de un lado a otro, abriendo su boca en forma de O. Guiado por su sentido del olfato, se acercó cada vez más al pezón. María, que aún se encontraba en un equilibrio hormonal muy especial, y todavía muy instintiva, supo perfectamente cómo sostener a su bebé e hizo los movimientos necesarios para ayudarlo a encontrar el pecho. 

Fue así como Jesús y María transgredieron las reglas establecidas por la comunidad humana. Jesús –como un rebelde pacífico que desafió las convenciones- fue iniciado por su madre. 

Jesús mamó vigorosamente durante un largo rato. Con el apoyo de su madre, pudo salir victorioso de uno de los episodios más críticos de su vida. En pocos minutos ingresó al mundo de los microbios, se adaptó a la atmósfera, se separó de la placenta, empezó a usar sus pulmones y respiró independientemente y se adaptó a la fuerza de gravedad y a las diferencias de temperatura. ¡Jesús es un héroe! 


No había reloj en el establo. María no trató de tomar el tiempo que Jesús pasó mamando antes de dormirse. La noche siguiente, María tuvo sólo algunos episodios de sueño ligero; estaba vigilante, protectora y ansiosa de satisfacer las necesidades de la más preciosa de las criaturas terrestres. 

En los días siguientes, María aprendió a reconocer cuándo su bebé tenía necesidad de que lo meciera. Había tal sintonía entre ellos, que ella podía perfectamente adaptar el ritmo del balanceo a la demanda del bebé. Mientras lo mecía, María empezó a canturrear unas melodías a las que agregó algunas palabras. Como millones de madres, María había descubierto las canciones de cuna. Fue así como Jesús comenzó a aprender lo que es el movimiento y luego, el espacio. Fue así como Él comenzó a aprender lo que es el ritmo y luego, el tiempo. Estaba entrando progresivamente en la realidad espacio-temporal. Conforme Jesús creció, María empezó a introducir cada vez más palabras en sus canciones de cuna y así fue como Jesús aprendió su lengua materna. "

Referencias 

(1) Proto-Evangelio de Jacques 19.2 Citado en: JesúsJean Paul Roux. Fayard, París 1989, p100. 

(2) Jacob Lorber. L´enfance de Jesús ou l´évangile de Jacques. Capítulo 16 Editions Helios, Ginebra 1983. Título original : Die Jugend Jesu, Stuggart 1852. 

Extracto del Libro: La Cientificación del Amor. EL Amor y la Ciencia Capítulo 19. Hacia una convergencia Ciencias-Tradiciones. Tercer Interludio. pag. 121. Autor: Michel Odent Editorial Creavida. 1999 Facilitador: Grupo Renaciendo Mar del Plata.


Como Michel Odent, yo también creo que en la tradicional historia del nacimiento de Jesús está escondido un poderoso mensaje: el poder del parto mamífero para que el bebé pueda desarrollar todo su potencial de amar. Que durante 2000 años esta historia haya permanecido más o menos intacta no me parece una mera casualidad. Me parece importantísimo. Es como si se nos quisiera dar la clave de lo importante que es respetar el parto natural del ser humano, no renegar de nuestra condición de mamíferos y aceptarla con orgullo y humildad, para poder llegar a desarrollar todo nuestro potencia como seres humanos; como hijos de Dios, esto es, como hijos del AMOR.

Somos mamíferos. Necesitamos nacer y parir en la intimidad, la seguridad y el respeto. Necesitamos ser criados y criar piel con piel, en contacto estrecho, recibiendo y dando la leche humana de nuestros pechos. Así es como nació el mejor ser humano de la historia, el que vivió y murió por y para el AMOR. Así es como parió María, la mujer libre de pecado original, libre de la herida primal.

Y ahí está representada la diada que es la base de toda la humanidad: la madre y el/la hijo/a. 

A pesar de toda la manipulación y deformación que ha sufrido la historia y el mensaje de Jesús de Nazareth, la historia de su nacimiento sigue pasando de generación en generación mostrándonos como de un nacimiento mamífero nació el Dios del Amor.  

Os deseo de todo corazón unas Navidades rodeados y sumergidos en el AMOR. Que el AMOR fluya en vuestras vidas inundándolo todo para que os lleve de la mano hacia el renacimiento a través del cual recuperéis todo el potencial que nos es robado cuando nos imprimen en nuestra primera infancia la herida primal: el pecado original. 

martes, 7 de febrero de 2012

CARTA ABIERTA DEL DOCTOR DEXEUS..... Y MI RESPUESTA

Ante la polémica y el malestar generados por las supuestas declaraciones del doctor Dexeus publicadas en la versión digital del periódico Ara, el doctor ha escrito una carta abierta que yo reproduzco a continuación y que le agradezco profundamente porque aclara mucho el porqué de unas declaraciones tan desafortunadas.



Escrito en 6 febrero, 2012.

Este viernes 3 de febrero nos levantamos con la noticia de la muerte de Caroline Lovell, por parada cardíaca mientras alumbraba en su casa. Ante todo permítanme decir que, tanto como persona como médico, lamento profundamente su fallecimientoCaroline Lovell fue consecuente con sus ideas y entrar a debatir si hubiera sido diferente en caso de estar en un hospital no me parece productivo ni oportuno, porque desconozco exactamente lo que sucedió, así que en ningún caso he querido emitir juicios de valor sobre eso por lo que dice una nota de prensa. Quiero dejar constancia de este hecho, y dejarlo muy claro.
Seguidamente quiero pararme en la serie de situaciones que se están sucediendo después de este terrible suceso y que me han tenido como protagonista, desde luego no intencionado. Me comunican que se ha formado un grupo en facebook por mujeres que se han sentido ofendidas por unas palabras mías al respecto. Lo lamento profundamente. Hemos buscado el origen de esas palabras y resulta que se trata de la publicación de la noticia de la muerte de Caroline Lovell en la versión digital del periódico Ara, donde se publica la noticia junto a un citado de una “opinión” mía. Bien, me gustaría decir que mi “opinión” fue mucho más extensa que el resumen publicado, que sacado del contexto que proporcioné, y publicado en esa noticia tan dolorosa, es de alguna manera lógico que haya creado tanto malestar. Yo dije más que eso y desde luego con otras palabras, expliqué la evolución de la pelvis femenina a lo largo de estos miles de años, expliqué muchas más cosas, aporté datos de porqué ahora más que antes las complicaciones asociadas al parto podrían ser más peligrosas si no están en un entorno con las medidas necesarias. Muchas más cosas. El diario ha modificado alguna frase pero me comunican que no pueden re-publicar ‘verbatim’ toda mi conversación por falta de espacio. También considero que no ha sido el mejor momento para añadir ninguna valoración u opinión médica en unos momentos tan complicados.
Lo que me ha movido durante toda mi carrera, que heredé de mis predecesores, y que he procurado transmitir a todo mi equipo es que promovemos el bienestar y la salud de la mujer. Tristemente esta noticia da pie al debate de parto en hospital versus el parto en casa. En numerosas ocasiones he dado mi opinión al respecto:creo en una hospitalización racionalmente humanizada para la mujer que va a dar luz. Mis predecesores ya trabajaron por mejorar las condiciones de las parturientas a principios del siglo pasado, que favorecieron a reducir la tasa de mortalidad y las condiciones, infrahumanas, de los paritorios de la época. Así nació la Clínica Mater. Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto.
La muerte resulta un hecho natural pero es algo que como médico siempre voy a luchar por evitar, esto permítanmelo. Creo que es algo que compartimos todos los profesionales sanitarios, independientemente de su cargo, es algo que tengo en mi código deontológico. Voy a luchar siempre por evitar la muerte, cuando es evitableY por eso pienso que la mujer en un entorno hospitalario tiene más seguridad, como en cualquier otra situación, ante las complicaciones. No sólo ya por la presencia de matronas, ginecólogos, obstetras, etc sino por los medios materiales que disponemos en caso de ponerse la situación tan complicada como para intervenir y evitar lo que nadie quiere que suceda. No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé.
Pienso que en el fondo tanto a ustedes como a mí nos mueven los mismos principios: que la mujer sea libre, sea dueña de su cuerpo, de su vida, de sus decisiones. También compartimos el deseo de no tener que lamentar ninguna pérdida, ni de la madre ni del bebé. Todas las opciones deberían dialogar más allá de los medios de comunicación. Les animo a ello y si cualquier colectivo implicado estima oportuno avanzar en este diálogo donde puedan estar todos los actores de este escenario (especialistas sanitarios, mujeres embarazadas, asociaciones…), estaré encantado de aportar mi punto de vista con el único y sincero deseo de que tracemos los puntos en común que tenemos, de forma constructiva, porque estoy convencido de que los tenemos.
Un cordial saludo a todas las mujeres y, en concreto, a todas las madres.
Y aquí va mi respuesta personal al doctor Dexeus:

Estimado Dr Dexeus:

Le agradezco profundamente su carta de aclaración. Reconozco que esas supuestas declaraciones suyas publicadas en el periódico Ara me dejaron terriblemente consternada y enfadada. Que un profesional de su categoría dijera unas palabras semejantes sobre la capacidad de las mujeres para parir me hizo sentir, no sólo agredida e insultada, sino especialmente desesperanzada por que la atención al parto llegue a cambiar un día lo que realmente necesita cambiar para cubrir las verdaderas y más básicas necesidades del recién nacido y su madre. 

Me he alegrado mucho de leer en su carta frases como estas: 

" Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto."

O estas:

"No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé."

Me alegro mucho de que no dude de nuestra capacidad para parir,así como de que sea consciente de que su papel se limita a actuar en caso de complicaciones. También es cierto que, aunque no nos escribe las palabras que realmente dijo por teléfono al periodista, parece ser que por lo que nos dice en la carta y por sus palabras en otras entrevistas usted no apoya en absoluto los partos en casa. Evidentemente no voy a ser yo la que entre en debate con usted sobre las condiciones de un parto seguro, las posibilidades de que el parto se complique, el porqué se complica o el como, el cuando y el donde tratar estas complicaciones. Esto es algo que supongo debatirá usted regularmente en sus congresos y encuentros con los profesionales oportunos, y la buena disposición al diálogo que veo reflejada en la carta es más que suficiente para mí para cambiar totalmente la imagen que las palabras publicadas por el periódico Ara me habían dejado de usted, al margen de si  estamos de acuerdo o no en este punto en concreto. 

Pero ya que todo este asunto me ha dado la oportunidad de escribirle esta carta, si que me gustaría explicarle mi visión personal y lo que yo necesito para tener un buen parto. Y quiero decírselo desde mi posición de madre de tres hijos. Una mujer que podría haber sido una más de las que han pasado por sus manos. Alguien, además, que desde su primer parto ha leído mucho para informarse y no repetir los  mismos errores en los partos subsiguientes. Y quiero explicárselo a usted porque es uno de los ginecólogos con más prestigio en España, probablemente en Europa y, por lo tanto, uno de los profesionales con más poder en sus manos para que la atención al parto cambie de una vez por todas para ofrecernos a las madres y a nuestros bebés lo que realmente necesitamos. 

Mi evolución personal la publiqué y expliqué en la revista Madre Tierra (página 68). Si lo lee verá mi proceso de crecimiento desde la madre primeriza que no confía en su cuerpo y cree que la respuesta está en los profesionales que la atienden, hasta la mujer capaz de parir y disfrutar de su parto, viviendo una de las experiencias más extáticas de su vida. 

Permítame, doctor Dexeus, hacer un símil para explicar mi visión de como deberían ser y como son las intervenciones en los partos. Cada Agosto se organiza el cruce a lo ancho del lago de Zurich. Durante el mismo, una barca (o varias) de seguridad, sin entorpecer el paso a los nadadores, les vigila de cerca por si alguno tiene algún percance en medio de la travesía: desde un calambre hasta un ataque cardíaco, que todo puede ser porque el esfuerzo es considerable. Ahora imagínese que esta barca en lugar de estar cerca de los nadadores pero sin entorpecer su marcha, estuviera navegando delante de ellos, lanzándoles con su hélice agua y espuma, además de generando una corriente en contra que les evitara avanzar con fluidez. Es evidente que en estas condiciones muchísimos más nadadores necesitarán ser rescatados y los salvavidas de la barca muy orgullosos pensarán: "¡Ven!!! Es que cruzar el lago de Zurich es peligrosísimo incluso para jóvenes fuertes y sanos. Tenemos un porcentaje del 10% que se agota y casi se ahoga ¡Si no es por nosotros se nos mueren!!!"

¿Entiende lo que le quiero decir, doctor Dexeus? Creo que las intervenciones innecesarias, rutinarias y "al por mayor" que se han realizado, y desgraciadamente todavía se realizan, en los hospitales españoles no han conseguido más que entorpecer la evolución fluida del proceso de parto de muchísimas mujeres que, de otra manera, no hubieran tenido la más mínima complicación. 

Usted dice en su carta que las condiciones de los partos hospitalarios han reducido drásticamente la mortalidad materna e infantil, pero me gustaría decirle que las mujeres venimos pariendo con "barcos por delante" gran parte de nuestra historia. Al principio fueron la falta de condiciones higiénicas y la desnutrición,  que unidas a la represión sexual a la que hemos estados sometidas desde el inicio del patriarcado convirtieron nuestros partos en uno de los momentos más peligrosos y dolorosos de nuestras vidas y las de nuestros hijos. Este siglo, en los países del primer mundo, mejoraron estas condiciones higiénicas hasta el extremo de hacernos parir en condiciones de quirófano, y desapareció el problema de la desnutrición, pero la represión sexual, aunque parezca lo contrario, sigue siendo la misma y el parto sigue siendo algo más parecido a un patología que debe ser tratada que a una experiencia sexual y vital que se puede vivir y disfrutar en toda su intensidad. Yo creo que el "parirás con dolor" no lo dijo Dios. Lo dijo el hombre patriarcal. 

Hoy en día, con la misma pelvis que tenían nuestras antepasadas Homo Sapiens sapiens de hace 50.000 años, las mujeres necesitamos las mismas condiciones que ellas para parir con seguridad y, basándome en mi experiencia personal, considero que son dos:  Sensación de Seguridad e Intimidad. Cuando estas condiciones no se cumplen, hasta el parto de la mujer más sana con la pelvis más ancha de la humanidad no evolucionará como debe, entrando en una cadena de complicaciones e intervenciones que fácilmente acabarán en cesárea. 

Hablando de mi propia experiencia personal, puedo decirle que La Seguridad en mi caso, me la dieron:

1- Mi comadrona.  Mi confianza en ella es total. Si no me es imposible dejarme llevar y desconectar la parte racional de mi cerebro. Al confiar en ella, en su capacidad para reconocer lo normal de lo patológico, yo puedo dejar de preocuparme si esto va bien, si esto es normal, si me falta mucho o me falta poco. Yo desconecto el neocortex y me sumerjo en mi yo más mamífero (como en el coito). Dejo de ser la mujer racional y sólo de cuando en cuando vuelvo mi mirada hacia ella, hacia su expresión, para comprobar que está ahí, tranquila y atenta, por lo que yo puedo seguir en mi mundo y dejar a mi cuerpo hacer.  

Nuevas salas de partos del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona, 
2- El hospital. Sí, a pesar de que sé, por diversas publicaciones científicas que no voy a listar porque estoy convencidísima de que usted las conoce mucho mejor que yo, que los partos en casa en los países del primer mundo y atendidos por profesionales adecuadamente cualificados (condición que mi comadrona cumple absolutamente), son tan seguros como los hospitalarios, yo tengo ese mismo sentimiento que sé que usted comparte pero que es claramente irracional (la ciencia no lo apoya), de que en el hospital estoy más segura. La verdad es que soy una hipocondriaca de libro y sólo saber que en caso de complicaciones tengo el quirófano y sus profesionales al alcance de mi mano, me produce una inmensa tranquilidad. Pero evidentemente no me sirve cualquier hospital, no, sino uno donde sé que van a respetar mi plan de parto y que voy a ser atendida por la comadrona de mi elección. Además el hospital debe de darme una estancia donde permaneceré hasta que salga por mi propio pie y con mi niño en brazos (siempre que todo transcurra normalmente y sin complicaciones, que es lo más normal). Esta sala debe de ser una agradable réplica de una habitación cálida, confortable, con bañera de partos, silla Maya, cama (no camilla), ducha...etc. Nada que ver con un quirófano (como el quirófano en el que me vi obligada a parir mi segundo hijo, en Barcelona). Ante un hospital "convencional", donde te obligan a realizar turismo entre las diferentes salas (habitación, sala de dilatación y sala de partos),  pasas por las manos de varios profesionales nada interesados en tus necesidades de intimidad (sobretodo si tienes la mala suerte de parir cuando están tocando las doce campanadas), y te hacen pasar por el aro de sus protocolos sí o sí, prefiero tragarme mis aprensiones y parir en mi casa. 

3- Mi ginecóloga: Lo pongo en femenino porque mis tres partos han sido atendidos/supervisados por ginecólogas. Si todo marcha bien su papel es de simple permanencia en el banquillo. Pero saber que en caso de complicación van a "saltar al campo" poniéndose manos a la obra con toda su gran profesionalidad es también tremendamente tranquilizador. 

En cuanto a La Intimidad: No por ir en segundo lugar este factor es menos importante que el primero. Sin intimidad yo nunca podría "dejarme llevar" y por lo tanto tampoco dilataría ni llegaría al estado que me permitiera tener el Reflejo de Eyección Materno-Fetal (reflejo que tuve el honor de experimentar en toda su intensidad en mi tercer parto y ¡GUAU!!!!!). Poder estar sola durante la dilatación  (relativamente ya que mi compañero y mi comadrona rondaban por ahí, pero sin molestar y dejándome sola en la estancia la mayor parte del tiempo) me permitió dejar de lado vergüenzas e inhibiciones, permitiendo a mi cuerpo adoptar las posturas que me pedía (algunas imposibles de adoptar si te sientes observada y avergonzada), con más o menos ropa, en silencio o haciendo ruido. Todo esto permitió una dilatación rápida y NO DOLOROSA. Si, he dicho NO DOLOROSA.  

Cumplidos estos dos factores, estimado doctor Dexeus, le prometo con la mano en el corazón que con mi tercer hijo tuve un parto prácticamente libre de dolor (me dolieron las cuatro últimas contracciones - cuando volví en "mi" porque mi comadrona necesitó comprobar mi dilatación - y luego el expulsivo, porque me rasgué por la misma cicatriz de la rotura de mi primer parto; en total 20 minutos dolorosos, no más), en el que disfruté muchísimo y también sentí muchísimo placer. Y creo sinceramente que todas las mujeres deberían tener derecho a parir en las condiciones en las que parí yo a mi hijo pequeño: Con Seguridad e Intimidad. Cada mujer necesitará cosas diferentes para sentirse segura y en intimidad, y a todas se nos debería respetar estas dos necesidades, no como algo "extra" que se ofrece como un lujo, sino como ABSOLUTA PRIORIDAD, por el bien y la seguridad de nuestros partos. 

Cuando se ponen las condiciones óptimas para que la mujer pueda sumergirse en su parto estamos maximizando las probabilidades de que todo vaya bien y sin complicaciones mucho más que si se realizan intervenciones "preventivas" que rompen y destruyen la capacidad de la mujer para "dejarse llevar" y parir siguiendo sus más profundos y primitivos instintos. Con estas condiciones y una madre realmente perdida en su cerebro más primitivo, ni siquiera la epidural es necesaria para tener un parto sin dolor. Ya sé que le va a costar creerme, teniendo a sus espaldas miles de partos intervenidos. Pero tengo la osadía de decírselo, doctor Dexeus porque, no sólo me apoyan las estadísticas, sino porque a pesar de que sólo he vivido tres partos, los he vivido en mis propias carnes, y le aseguro que no hay experiencia más extática, intensa y apasionante que un verdadero parto fisiológico. 

Me despido de usted agradeciéndole el tiempo dedicado a leer mi carta y deseando verle en el futuro unido a los grupos de profesionales de la obstetricia que, desde diferentes posiciones, dialogan y debaten para que  nuestros partos transcurran en las condiciones óptimas para la madre y el bebé. 

Atenta y cordialmente

María Berrozpe