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viernes, 10 de junio de 2011

UNA NUEVA MATERNIDAD: entrevista a la periodista Ileana Medina Hernández sobre el movimiento social emergente de la crianza respetuosa

Os traigo desde el Blog alternativo la brillante entrevista que han hecho a la coordinadora y autora del libro "Una Nueva Maternidad": Ileana Medina Hernandez, autora del blog Tenemos Tetas.

Can-Men- 10 jun 2011




“PROPONEMOS UN CAMBIO hacia una crianza respetuosa. Derribar el último y más importante tabú que nos queda: el de creernos superiores a los niños y obligarles a cumplir nuestros deseos. Una crianza consciente que comience cuidando todo el proceso, desde la gestación”
“La “nueva maternidad” es ya el presente y el futuro. Uno de los pocos futuros posibles que alcanzo a vislumbrar es, por ejemplo, el de una ciudad llena de pequeños negocios familiares, donde la gente conozca, ame y sienta el oficio en el que trabaja, utilice materias primas cercanas y de calidad, y trabaje desde el amor y la pasión, mientras los bebés cuelgan de sus madres y los niños corretean por el negocio familiar a la vez que aprenden, se integran, y se vuelven seres humanos plenos.
El modelo intensivo de la industrialización está agotado, no es sostenible por ninguna parte. Ni ecológicamente (el mundo se deteriora como todos vemos) ni económicamente (esa es la crisis de la que hablamos), ni humanamente, pues la gente no acepta ya más ser mercancía barata en manos de políticos, empresarios y banqueros”
Ileana Medina Hernández

Es un silencio a gritos…
Miles de madres y padres han roto con el “modo automático” de criar hijos interiorizado desde hace siglos y están configurando el movimiento más revolucionario pero menos investigado y tomado en cuenta del momento: la crianza consciente y el cuestionamiento de muchos “…ismos” oficiales.
El mundo no solo se cambia desde acampadas o instituciones, sino que las raíces y las alas están dentro de nuestra casas.
Para hablarnos de esta tendencia emergente, imparable y mundial hemos entrevistado a Ileana Medina Hernández, periodista y analista de los cambios microsociales que están ocurriendo en los hogares, en las redes sociales, en los paritorios, en los parques, … y sus influencias.
Ileana es coordinadora y una de las 15 co-autoras del libro “Una nueva maternidad” en el que madres y mujeres toman la palabrapara mostrar las nuevas reglas del juego, que son estas…

1. ¿Qué es la “nueva maternidad”?


La “nueva maternidad” es un fenómeno del siglo XXI que se cuece en las casas de cada una, y se teje en Internet.
Desde cientos de blogs que crecen y crecen, páginas webs, redes sociales, foros, se puede constatar hoy un nuevo fenómeno: el de la maternidad «consciente» y la crianza «natural», una especie de m(p)aternidad posmoderna, posfeminista y ecologista, que a grandes rasgos, podría caracterizarse así:
Familias tardías, que posponen la procreación hasta más allá de la treintena, una vez alcanzados los objetivos de estabilidad laboral y personal. Estos hijos son escasos, planificados y deseados.
Cada vez mayor nivel cultural, cualificación profesional, búsqueda y contraste de información en libros, revistas, internet… en lugar del mero acatamiento de las instrucciones de un pediatra o de las abuelas.
Identificación de los males de la «pedagogía negra» y de la violencia familiar que se han perpetuado a través de generaciones, para evitar repetirlos con nuestros hijos.
Regreso al paradigma de la «crianza natural». La propia capacidad para buscar información más allá de la inmediata que aporta el entorno, la madurez sociológica de las clases medias, la reconciliación con los arquetipos de la femineidad, y el compromiso emocional de la pareja, permite una re-conexión con la fisiología, un rechazo al exceso de intervencionismo tecnológico, y una crianza más «natural», espontánea y de contacto físico: parto respetado, lactancia materna a demanda, colecho, porteo, alimentación casera cuidada, etc.
Conciencia ecológica: utilización cada vez más frecuente de alimentos eco y bio, productos de higiene naturales, pañales reutilizables, juguetes de madera, materiales orgánicos y artesanales, etc.
Madres foreras y blogueras: el uso de las nuevas tecnologías, la nueva cultura en red. El debilitamiento de las redes familiares tradicionales (madres, abuelas, hermanas, vecinas…) que vivieron la «cultura del biberón» y que no coinciden con nuestro modo de entender la maternidad, y que muchas veces viven a largas distancias, ha sido sustituido por la aparición de gran cantidad de sitios web dedicados a la maternidad, foros, blogs, redes sociales, y modos de apoyo virtual que permiten a las madres (y también padres) de similares inquietudes compartir conocimientos y experiencias, formando nuevas «tribus virtuales».
- Madres en solitario, adoptivas, homosexuales, con matrimonios sucesivos o en parejas de hecho, con modelos familiares distintos del matrimonio tradicional, y en familias nucleares muy reducidas. Parejas volcadas en el tiempo y cuidado dedicados a nosotros mismos, más interesadas en la felicidad y en el aspecto «nutricio» de la familia, que en la producción, el consumo o la moral tradicional.
Influencia política. Hoy es posible, desde dentro del sistema económico-productivo, la exigencia de nuevos derechos laborales y de nuevas formas de organización del trabajo, que permitan bajas maternales y paternales remuneradas más largas, protección de la vuelta al trabajo de las madres,más tiempo con nuestros hijos, así como una consideración social más alta de las labores de la crianza, y de cuidado en general.
-Orgullo renovado del cuerpo femenino y maternante, no como mero «mecanismo reproductor» ni como falso estereotipo de belleza, sino como sentido primario de la sociedad, como derecho femenino, y como experiencia enriquecedora y única, que no tiene por qué ser «obstáculo» para el desarrollo laboral ni intelectual de las mujeres, sino todo lo contrario. Si se hicieran las transformaciones socio-laborales necesarias, que a su vez redundan en beneficio de los bebés (o sea, de toda la sociedad y su futuro), la maternidad y la capacidad laboral e intelectual de las mujeres pueden ser perfectamente compatibles.

2. ¿Y qué tiene de “nueva” exactamente? ¿Acaso habéis descubierto algo que no sabían las madres y la sociedad durante millones de años?


Lo nuevo es la conciencia. Durante millones de años, las hembras humanas han amamantado, abrazado, porteado y sostenido a sus hijos en todas las culturas, naturalmente.
Lo nuevo es que hoy las mujeres con estudios, con puestos de trabajo cualificados, estamos ELIGIENDO criar de esta manera. A contrapelo de las políticas oficiales, e incluso contradiciendo lo que nuestras madres y abuelas hicieron con nosotras y nos dicen que hagamos.
La lactancia materna extensa, el porteo, el colecho, el respeto por los ritmos de los niños, la crianza respetuosa… la estamos eligiendo conscientemente, y para ello, muchas veces tenemos que leer y estudiar, pues la sociedad no nos lo pone fácil.
Dar un biberón o comprar un carrito cualquiera sabe, y la publicidad está por todas partes, pero para mantener la lactancia a pesar de varias mastitis (el único especialista español en mastitis humana es un veterinario, siempre lo digo para dar idea del punto en que estamos), o para aprender a usar los fulares y portabebés, hay que buscar ayuda, conocimiento, apoyo… hay que hacerlo con conciencia y con muchas ganas.

2. ¿Qué criticáis respecto a la situación de la crianza, maternidad-paternidad e infancia en el mundo actual?


Mi principal crítica es que la crianza es adultocéntrica. Quiero decir, desde el punto de vista del adulto. Todas las decisiones sobre los niños se toman desde el adulto, lo que es más cómodo o conveniente para nosotros. Y los bebés tienen unas necesidades emocionales que están bastante distante de lo que los adultos imaginamos y hemos practicado hasta el día de hoy.
La historia de la infancia a lo largo de los siglos ha sido la historia de la INFAMIA. Hasta el siglo XIX, lo “normal” era que los niños fueran abandonados, castigados, violados, abusados, explotados laboralmente, por sus propios padres y familiares.
El psiquiatra Luis Rojas Marcos, en su importante ensayo Las Semillas de la Violencia, habla de que hasta un tercio de los niños eran abandonados o asesinados por sus propios padres en el siglo XIX en Europa.


Películas como La Cinta Blanca (Alemania, 2009) o La Celebración (Dinamarca, 1998) reflejan una realidad que no era la excepción, era lo habitual hasta hace bien poco en las mejores familias.
Alice Miller ha desmenuzado las biografías de los grandes dictadores, y también de grandes artistas y literatos, y en todos ha encontrado una infancia profundamente desdichada. Era y es lo normal todavía en muchas casas.
Todos provenimos en mayor o menor grado de esas cadenas históricas de desamparo, de violencia intradoméstica… la familia ha sido la reproductora social de la violencia por excelencia.

3. ¿Y qué proponéis? ¿Realismo o utopía?


Proponemos un cambio hacia una crianza respetuosa. Derribar el último y más importante tabú que nos queda: el de creernos superiores a los niños y obligarles a cumplir nuestros deseos. Una crianza consciente que comience cuidando todo el proceso, desde la gestación.
La ciencia, con la neurobiología a la cabeza, ha demostrado en los últimos años que las primeras fases, lo que se llamado salud primal ( la vida intrauterina, el momento del nacimiento, los primeros meses y años de vida) son importantísimos para la construcción de nuestro sistema cerebral, neuronal y emocional.
El conocido divulgador científico Eduard Punset lo ha dicho con claridad: “Si mis lectores me insisten en que les diga cuál es el descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos, no tendré más remedio que responder: el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre.”


Lo que el bebé viva en esa etapa configurará su cerebro, sus redes neuronales y su sistema nervioso para el amor, la confianza, la seguridad, la paz, la autoestima… o en cambio para el miedo, la violencia, la competitividad, la lucha, la ansiedad o la depresión.
Embarazos conscientes, partos respetados, que no separen a la criatura recién nacida de la madre, lactancia materna a demanda y hasta que el niño quiera, porteo, acompañar a dormir…
El tema del sueño me parece particularmente importante.Todas las crías de animales duermen junto a sus padres y su manada. Ningún progenitor expulsa a las crías del nido para dormir. La noche es larga, oscura y llena de depredadores.
Cuando un bebé humano nace, él no tiene forma de saber que en su hermosa cuna está seguro, él se siente seguro únicamente junto a su madre y a su padre, como ha sido siempre filogenéticamente.
Mandarlo a dormir solo es decirle inconscientemente que no nos importa que muera, que lo mandamos a exponerse al peligro de los depredadores. Cada bebé humano que nace es exactamente igual que el que vivía hace millones de años en una cueva, nace con las mismas necesidades que cualquier otro primate.
El hecho de echar a los niños a dormir solos, en cunas con barrotes o incluso en su propia habitación, usando para ello a veces métodos conductistas disuasorios muy crueles, tiene necesariamente repercusiones en el futuro: miedos, terrores nocturnos, enuresis, fobias, inseguridad, baja autoestima, agresividad…Acompañarles a dormir nos permite además compensar por tantas horas diarias de separación.
No creo que sea una utopía. Basta con echar un vistazo a la “red maternal” para ver que cada vez más madres y padres intentan criar con cuerpo, compañía y respeto a las necesidades emocionales de los niños pequeños.

4. Hablas de temas que buena parte de la sociedad y autores de renombre como la intelectual feminista francesa Badinter consideran una “peligrosa ofensiva naturalista ecológica” y “una nueva forma de esclavitud”. ¿La nueva maternidad es progreso o retroceso para los derechos de las mujeres?


El “progreso” ocurre en espiral y no en línea recta. Incluso ocurre en muchas direcciones. Eso de creernos que hay una línea que nos lleva de las cavernas a un futuro luminoso era una creencia de la modernidad que ya no se sostiene, y que nos está cobrando precios muy altos en materia de salud y de destrucción del planeta.
La maternidad es, puede y debe ser UN PLACER. Y permitirnos vivir la maternidad como fuente de placer y satisfacción es por supuesto un avance en la comprensión y la plenitud de la femineidad y en los derechos de las mujeres.
Los procesos fisiológicos todos son placenteros. Gestar, parir y amamantar también lo serían en condiciones normales. Son todas fases del proceso reproductivo-sexual de la especie.
Es la represión sexual y vital de la mujer la que ha convertido el parto en doloroso, y la lactancia en un “sacrificio”.
El dolor del parto es cultural. Como sugiere la Biblia uniéndolo en un mismo versículo, está relacionado con el dominio masculino, con el patriarcado. No tiene que ver con nuestras cabezas grandes ni con la posición bípeda: cuando la mujer pare empoderada y respetada, en su hábitat, puede llegar a tener partos orgásmicos. Hay testimonios.



Al reprimir sexualmente a las mujeres desde la infancia,nuestro útero se vuelve espástico, y por eso duele. Como bien ha explicado Casilda Rodrigañez a partir de los hallazgos de varios ginecólogos y obstetras, lo que se considera hoy día como dolores normales del parto en realidad son calambres del útero contraído.
¡Todas las mujeres tenemos el útero espástico en esta sociedad represora durante milenios! Nuestra sexualidad reprimida, el miedo, la baja autoestima, y el perder costumbres como las danzas del vientre, nos desconectaron de nuestro útero. El parto horizontal, en presencia de extraños, y atemorizadas, hace lo demás.
Con la lactancia, ocurre lo mismo, está previsto por la naturaleza y por la evolución que sea fácil, natural y placentera para la mujer.
De hecho, la mujer durante el parto y la lactancia libera las mayores cotas de oxitocina y prolactina de la especie humana, y la oxitocina es la hormona del amor y el placer. Los neurotransmisores del placer se activan durante el parto y la lactancia, y está previsto por la naturaleza que así sea: ¡la maternidad sería entonces el momento de mayor plenitud y placer de las mujeres!
Nada más lejos de la esclavitud, desde mi punto de vista.

5. ¿Son los hijos el enemigo de la carrera profesional de las mujeres?


Bueno, es posible que tal como están planteadas las carreras profesionales hasta ahora, sí lo sean. Pero también podríamos hacer la pregunta a la inversa: ¿son nuestras carreras profesionales, la de mujeres y hombres, el mayor enemigo de nuestros hijos?
Las mujeres nos hemos incorporado a un mercado laboral diseñado por hombres en una época en que las mujeres nos quedábamos en casa con los niños.
Por eso, la incorporación de la mujer al trabajo ¡tiene que servir para cambiarlo! No para sacrificar a nuestras criaturas escolarizándolas durante 12 horas al día desde los 4 meses de nacidos, y con ello, perjudicando a todo el futuro de la humanidad.
Es urgente cambiar el sistema productivo-laboral y adaptarlo a las nuevas familias donde ambos miembros trabajan: jornadas de trabajo más reducidas, excedencias, horarios flexibles, trabajos en casa, trabajo en red, trabajo por objetivos, aumento de la productividad, empleos donde se pueda acudir con los niños, guarderías pequeñas en los centros de trabajo…todo lo que nos ayude a estar menos tiempo en el trabajo, y más cerca de nuestros hijos.
La esclavitud siempre ha radicado en el trabajo y no en quedarse en casa, según cuenta la historia más oficial, ¿no? La palabra trabajo proviene del latín tripalium, castigo en tres palos.

6. ¿Qué cambios están ocurriendo dentro del feminismo? ¿Y quiénes conforman este movimiento? ¿Les debe temer el Sistema?


A mí me gusta una tendencia del feminismo que se llama ECO-FEMINISMO. Pretende que pongamos la vida en el centro y que cultivemos el paradigma del cuidado. La mujer, la maternidad, los niños, la naturaleza… La protección de la naturaleza y la protección de nuestros niños, ancianos, enfermos… (que somos todos en algún momento de nuestras vidas) van unidos. El “cuidado de sí”, ese principio ético que ya cultivaban los antiguos filósofos griegos.
Se trataría de poner un poco de freno a la vida productiva alocada que llevamos, a la dinámica producción-consumo, y centrarnos, todos, hombres y mujeres, en lo verdaderamente importante: el tiempo generoso compartido con las personas que amamos. Que los trabajadores asalariados tengamos esa posibilidad: no es verdad que “la crisis” necesite que trabajemos más, “la crisis” lo que necesita es que se reparta mejor la riqueza.
Desgraciadamente el feminismo que prima en los Institutos de la Mujer y afines es lo que el sociólogo Jesús Ibañez llamó “feminismo converso”. Un feminismo que consiste en que todos, mujeres y hombres, seamos patriarcas: generales de ejército, empresarias de éxito, ministras, jefas, millonarias. Me temo que por eso triunfa en los gobiernos y en las instituciones: porque en realidad ese feminismo es funcional al patriarcado y al capitalismo. Es digamos, el colmo del patriarcado. El patriarcado asumido, interiorizado y representado por las propias mujeres.
Y no digo que no sea importante que las mujeres ocupemos puestos de poder. Pero más interesante sería que mináramos el poder, que cambiáramos las formas de ejercer el poder. QUE “FEMINIZÁRAMOS” LA SOCIEDAD, entendiendo por “feminización” unas mayores cuotas de ternura, sensibilidad, empatía, cooperación, solidaridad, justicia social…
Más interesante que llegar al poder, es prestigiar las labores de cuidado. Que nos demos cuenta de que para la sociedad en su conjunto, es más importante la labor de crianza de los niños que las labores de un Ministro o de un General, por ejemplo. Que debería ganar más –porque aporta más a la sociedad - una educadora infantil que un ejecutivo de la banca.
Ese cambio de valores es lo que yo esperaría del feminismo, y lo que sería verdaderamente un salto de progreso.

7. ¿Qué relación tiene la lactancia o lo doméstico con la Política, la ecología o la soberanía alimentaria?


Criar es hacer política. Los políticos de hoy y del mañana fueron niños criados y amados o desamados por alguien. Y en la medida en que hayan sido criados con justicia y amados suficientemente, podrán luego ejercer el poder de una manera ética y justa.
El poder lo suelen ambicionar y ostentar personas con grandes vacíos personales, que vienen de su propia infancia, y que buscan llenarlos a través de la “erótica del poder” y del dominio sobre los demás. No podemos en general esperar que desde ese vacío personal, puedan hacer algo para mejorar la sociedad.
El cambio vendrá desde lo microsocial, desde lo que cada una de las personas con conciencia hagamos en nuestra casa, en nuestras familias, en nuestro entorno inmediato.

8. ¿Tiene apoyos esta nueva tendencia o se mueve en tierra de nadie?


Aparentemente no tiene muchos apoyos. No veo hablar de esto en ningún programa de ningún partido político, ni en las escuelas, ni en las universidades, ni en los grandes medios de comunicación… Pero ES UN SILENCIO A GRITOS.
Las grandes instituciones de la época moderna (la escuela, el Parlamento, los medios de comunicación de masas…) están llamados a cambiar, y poco a poco lo vamos viendo. Han perdido credibilidad, nadie confía hoy en los políticos, nadie les cree… Vivimos como en una farsa, sosteniendo en apariencia un sistema en el que nadie realmente confía, y poco a poco, y desde abajo, eso está empezando a cambiar. Sin revoluciones violentas, sin alardes, desde la casa y la cama de cada uno, desde nuestras decisiones de compra, desde la intimidad, nos vamos haciendo más libres y más conscientes.

9. ¿Qué es el libro Una Nueva Maternidad y qué puede encontrar el lector en él?


El libro Una Nueva Maternidad es una recopilación de artículos heterogéneos, escritos no en lenguaje literario ni en jerga profesional, sino en lenguaje “blogueril”, limpio y correcto. Muy ameno y de rápida lectura, pero contundente y profundo en los contenidos, y con basamento científico.
El hilo argumental que lo une es la experiencia maternal: el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza… hemos intentado ordenarlos de modo que conforme una idea coherente de todo el proceso.
El lector encontrará en él una descripción de la maternidad vista desde adentro. Algo aparentemente tan sencillo, y sin embargo sin precedentes en la historia de la humanidad. Nunca antes madres normales habían escrito sobre la maternidad y la crianza. No es un libro escrito por psicólogos, pediatras ni gurús de la crianza, tampoco por literatas ni escritoras de renombre, sino por madres con cierto nivel cultural que nos hemos atrevido a reflexionar sobre la maternidad y sus dimensiones sociales.

10. ¿Cómo se ha parido-gestado este libro y quién está detrás?


Detrás no hay “nadie”, si se entiende por ello un encargo de una gran editorial, o a los intereses de alguna empresa.
Fue una idea de una madre bloguera, Raquel Tasa, y su marido, diseñador. Contactaron conmigo, y entre los tres nos dedicamos a convocar al resto de las madres blogueras participantes*. Cuando se lo ofrecimos a la Editorial Ob Stare, ya el libro está hecho, incluso maquetado.
Es un libro de la “tribu 2.0”, de esa tribu de mujeres y madres que, a falta de grupos reales en la vida cotidiana, nos encontramos, conversamos y sostenemos unas a otras en la red.
La blogosfera ha elevado la crianza a categoría temática de primer nivel, que no existía en los medios tradicionales. Los grandes periódicos, frente al éxito de la blogosfera maternal, han tenido que contratar también a columnistas blogueras que hablen de maternidad, pero que están lejos de alcanzar la autenticidad, frescura y profundidad que ofrece la blogosfera de madres independientes, que escriben desde el corazón en sus espacios libres y personales.

11. ¿Qué puede mostrar esta obra a la nueva generación de mujeres jóvenes?


Las mujeres –y también los hombres- jóvenes tienen que saber que sí, que es posible vivir la m(p)aternidad y nuestras carreras profesionales ambas de modo intenso. Que tenemos que exigirle al sistema esa posibilidad.
Quizás los altos índices de paro vengan a decirnos que tenemos que encontrar otros caminos, fuera del mercado laboral al uso, que nos hagan más plenos como profesionales y también como seres humanos.
La plenitud del ser humano no está en trabajar como un esclavo de sol a sol para una multinacional, para ganar un mal-sueldo que nos permita comprarnos un coche de pacotilla y pagar la gasolina a precio de oro, sin poder siquiera independizarnos de nuestros padres. Tenemos que buscar caminos alternativos, y aparecerán. Tenemos que usar la imaginación y darle un vuelco a esto, desde nuestros corazones y nuestros úteros, no desde lo que nos viene impuesto desde afuera como la única posibilidad. Porque al poder le importamos un pimiento, nadie va a hacer nada por nosotros, si no nos movemos.

12. ¿Qué puede aportar este libro a madres-familias de crianza “convencional” o con otra visión de estos temas…?


Quizás la posibilidad de pensar. Nosotras mismas venimos de familias con crianza “tradicional” y teníamos ideas muy convencionales, hasta que la maternidad y el encuentro con otras mujeres nos permitió hacer un “clic”, conectar con un conocimiento que está muy escondido, pero por suerte, cada vez menos.
Por mi experiencia en foros, blogs y redes sociales, y por la mía propia, la gran mayoría de mujeres cuando nos exponemos a estos mensajes, cuando accedemos a este tipo de lecturas, nuestro corazón nos dice que ahí está la verdad.
Si algunas prefieren evitar estos mensajes, o reaccionan de manera “virulenta” es porque se sienten impotentes –y muchas veces, injustamente culpables- ante sus propias historias de partos violentos, lactancias fracasadas, familias autoritarias, infancias desamparadas, convencionalismos sociales que creen no poder enfrentar ni evitar…
Preferimos muchas veces cerrar los ojos y no ver, ante la falta de apoyos, ante nuestra frágil autoestima, o ante nuestra propia historia vital de desamparo, que preferimos mantener en el olvido, en el inconsciente. Es duro enfrentarse de pronto a nuestras propias carencias y limitaciones.
Criar de esta manera es todo un taller de crecimiento personal, y cada uno lo hace desde el punto en que está. Pero lanzarse ¡es tan reconfortante! Una vez que el “clic” sucede, y salimos de Matrix, todo empieza a funcionar mucho mejor en nosotras mismas, con nuestros hijos, con nuestras familias. Nos damos cuenta de la fuerza interior que poseemos, y de la capacidad de ser libres que tenemos por delante.
Ojalá les dé la posibilidad de conectar mejor con su instinto, con su corazón, con sus sentimientos, y de darse cuenta de que el modo automático de criar que heredamos de nuestros padres o que nos impone la sociedad, ni siquiera es el mejor para nosotros mismos.

13. ¿Existe alguna relación entre la “nueva maternidad” y la Spanish Revolution? ¿Hay futuro para la “nueva maternidad”?


La “nueva maternidad” es ya el presente y el futuro. Uno de los pocos futuros posibles que alcanzo a vislumbrar es, por ejemplo, el de una ciudad llena de pequeños negocios familiares, donde la gente conozca, ame y sienta el oficio en el que trabaja, utilice materias primas cercanas y de calidad, y trabaje desde el amor y la pasión, mientras los bebés cuelgan de sus madres y los niños corretean por el negocio familiar a la vez que aprenden, se integran, y se vuelven seres humanos plenos.
El modelo intensivo de la industrialización está agotado, no es sostenible por ninguna parte. Ni ecológicamente (el mundo se deteriora como todos vemos) ni económicamente (esa es la crisis de la que hablamos), ni humanamente, pues la gente no acepta ya más ser mercancía barata en manos de políticos, empresarios y banqueros.

Ileana Medina Hernández
Tenemos Tetas
LAS AUTORAS DEL LIBRO “UNA NUEVA MATERNIDAD”


Enric Boix, diseñador y alma mater del libro

lunes, 21 de febrero de 2011

SOBRE LA PATRIA POTESTAD

La abogada Beatriz Beneitez ha escrito un interesantísimo comentario para el artículo: ¿Es mío? que el programa del blog le rechaba por pasarse de caracteres. Así que os lo publico como una entrada propia, ya que vale la pena leer los conocimientos y opiniones de esta gran profesional. Muchas gracias por tus palabras Beatriz.

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¿Son NUESTROS los hijos que parimos? SÍ ¿Son de NUESTRA PROPIEDAD? NO, como bien dices son NUESTRA RESPONSABILIDAD.

Eso precisamente es lo que supone la patria potestad, un conjunto de deberes y obligaciones respecto a nuestros hijos, a saber: velar por ellos, tenerlos en nuestra compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.

Además he de decir que la patria potestad viene determinada por la filiación, y esta a su vez por naturaleza (por parto) o por adopción (por auto judicial), es decir, que si no hay filiación, porque se desconoce, no hay quien se haga responsable del ejercicio de la patria potestad.

Y ahí es donde entra el "papá estado" y la "mamá administración" a hacerse cargo del ejercicio de la patria potestad de los menores que no tienen padres por naturaleza, o los tienen pero no cumplen con los deberes antes mencionados.  Y entonces se convierten en jueces y parte, porque "evaluan" la capacidad de las familias que no cumplen, y además se encargan de sustituirles en el ejercicio de las obligaciones.

Algo perverso desde mi modo de ver, además de injusto. Aquello de "quitate tú para ponerme yo" o sencillamente quitar a unos "malos" para poner a otros "buenos" decidiendo quienes son los malos y quienes los buenos, y en todo caso sin tener en cuenta realmente el interés superior del menor, dando por supuesto que lo mejor para cualquier menor es estar con su familia biológica, que cualquier familia biológica, por "mala" que sea es mejor que cualquier institución o familia de acogida o familia adoptiva. Incluso en el caso de que la madre no quiera ser eso, madre, se le convence de que sí que tiene que serlo, de que sí que puede serlo, aunque no se sepa, y se procura que asuma una maternidad muchas veces, ni buscada, ni querida, ni deseada, fruto de un embarazo imprevisto, y poniendo con ello en grave riesgo la salud, la integridad y la vida de ese menor, y todo ello basándose en un principio de propiedad del menor, de como es suyo que asuma las consecuencias, aunque no quiera, o no pueda o no sepa.

Lo tienen mal, no peor,  los menores que llegan al mundo sin avisar, sin que sus familias puedan hacerse cargo, sin que quien juzga la capacidad lo haga de forma totalmente imparcial, sin prejuicios y permitindo que sean otros los que lleven a cabo el ejercicio de una patria potestad que ellos han detectado y calificado como inadecuada. Aquí nadie, absolutamente nadie, asume los errores propios. Pero, eso sí, señala los ajenos.

Como bien dices hace años se tomaban decisiones basados en unos criterios, más o menos validos, más o menos acertados, pero en cualquier caso rápidamente y para siempre. Ahora el panorama es el opuesto, casi nadie toma decisiones, y menos aún de forma rápida y definitiva. Ahora se pasa la propiedad de los menores de las familias "malas" a las manos "buenísimas" de la administración y de ahí la mayoría ya no sale, porque el estado se apropia de los niños sin hacerlos realemente suyos, sin asumir la responsabilidd del eficaz y efectivo ejercico de las obligaciones de la patria potestad y sin dejar que otros lo hagan. Y casi siempre motivado por un miedo atroz a equivocarse, a que venga una familia "no apta" a reclamar lo que es suyo, y rueden cabezas y tengan que pagar indemnizaciones millonarias. Así pues su máximo empeño está en cumplir con los protocolos y lo mismo da el interés superior del menor, que sí sale de una familia posiblemente maltratadora o negligente, pero no por ello se le asegura otras personas - una familia - que sí se asuman su papel haciéndole "suyo", no como una propiedad, sino como lo que son: una responsabilidad.

No puedo evitarlo, soy abogada y se me nota, y siempre que hablo o escribo sobre menores y sus derechos se me viene a la cabeza el Rey Salomón, y pienso lo necesitados que estamos de muchos Salomones, que tomen decisiones drásticas, incluso dramáticas, pero al fin y al cabo definitivas sobre la "propiedad" de los niños, de forma que vean rapidamente atendidas sus necesidades y sus derechos, ya sea por una familia por naturaleza, o por adopción. Y no me olvido de las de acogida que merecen una especial mención porque en definitiva son tratadas por la administración como meros instrumentos, que mientras cumplan con la obligación de custodiar sus "propiedades" bien, pero como se "desmanden" ya no les sirven y le piden la "devolución" de la "mercancía".

En definitiva, los hijos son "propiedad" de quien puede y quiere asumir la responsabilidad, ya sea la familia por naturaleza, la familia por adopción, la familia de acogida, o la familia universal o "sociedad ideal" donde efectivamente todos los niños sean bienvenidos, y adecuadamente atendidos.

lunes, 31 de enero de 2011

LA HISTORIA DE CHUS

Hoy quiero ofreceros la historia de Chus. Hace unos meses nos "ciber-conocimos" y tuve la oportunidad de leer su experiencia como madre soltera. A raíz del artículo "Historias montadas" nos hemos vuelto a poner en contacto y le he pedido su historia para poder compartirla con todos vosotros. Una historia contada con el corazón en la mano. Muchas gracias Chus.


Relato de una Mujer que, habiendo Parido, no Llegó a Ser Madre.


Me llamo Chus. Soy una de las mal llamadas “madres biológicas” que entregó voluntariamente su bebé en adopción el mismo día de su nacimiento.

María me ha pedido mi historia para publicarla en su Blog y me ha parecido bien compartirla con vosotras, las madres.

A través del contacto con hijos adoptados, que también me han regalado sus historias, he conocido sus luchas, sus angustias, sus miedos… ¿Son los de mi hijo?. He aprendido a comprenderles, a aceptarles y a compartir su aflicción. Pero sobre todo, he ahuyentado el miedo a que un día él, el bebé que di en adopción, convertido en adulto por el transcurso tiempo, me encuentre y me mire fríamente a los ojos, no quiera comprender el por qué decidí abandonarlo, me juzgue y me condene.

Os voy a contar retazos de mi vida a fin de que, a través de mi historia, tratéis de poneros en el lugar de tantas y tantas mujeres que, como yo,  el único delito que cometimos fue quedarnos embarazadas fuera del matrimonio, ser madres solteras en una sociedad que automáticamente nos marginaba por haber tenido relaciones sexuales  fuera del sacrosanto matrimonio católico. Para nuestras familias, era una deshonra que una hija soltera se quedara embarazada, para nosotras, el rechazo y la vergüenza… Solas, perdidas, asustadas y presionadas por una sociedad hipócrita y machista: ¿fuimos libres para escoger el destino de nuestros hijos?; nuestra potestad para reflexionar y elegir, ¿se vio coartada?...   

Mi historia es tan solo una más… Mi esperanza es que comprendáis que las mujeres que entregamos a nuestros hijos en adopción no somos putas, monstruos o mujeres sin entrañas. Simplemente, nos sentimos desbordadas por la vida, cometimos el peor de los pecados en la España del nacional-catolicismo. No pudimos o no supimos hacer otra cosa.

Hace años que “salí del armario”, el día que me dije no más mentiras, no más engaños y si mi hijo me busca que me encuentre, si es lo que necesita. Pero…, comprendo a las madres biológicas que prefieren seguir en el anonimato y llevarse su secreto con ellas. Yo no soy más valiente que ellas…

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Nací el 28 de junio de 1948, la tercera de los 14 hijos que tendría mi madre,  en un pueblo de La Mancha en el seno de una familia acomodada y católica. Mi madre contaba con frecuencia que pase 3 meses llorando día y noche sin motivo aparente. Yo creo que me costó más de lo normal adaptarme a este mundo, sobre todo con el mismo nombre de mi hermana mayor muerta, María Jesús, y que nada más nacer intuí que la vida, mi vida, no iba a ser nada fácil…

Fui una niña extremadamente feliz hasta los 11 años. Por aquel entonces estaba interna en las monjas Dominicas de Pamplona. Regresé a casa unas vacaciones de Navidad y todo mi mundo se había derrumbado. Mi padre, al que yo idolatraba y del que era “su preferida”, había sufrido una transformación total. De ser un marido que adoraba  a su mujer, un padre que jugaba con sus hijos todas las horas que sus negocios le permitían, un hombre de misa y rosario (en familia) diarios…,  se convirtió en un ser solitario, distante, intransigente, amargado… y, lo que es peor aún, en un hombre que maltrataba a su mujer, mi madre. Mi madre se refugió en mi, su hija mayor. Me contaba todo lo que le decía y hacia mi padre, incluso cosas que yo aún no podía entender, que uno de mis hermanos era hijo de un Jesuita (éste había sido de joven su director espiritual y no había vuelto a verle). Me adjudicó el papel de intermediaria entre ella y mi padre porque, según creía, yo era la única que podía apaciguarle.

A partir de entonces, viví desdoblada entre el amor y el odio a mi padre, entre la comprensión y el rechazo a mi madre, entre el miedo a mi padre y la osadía de enfrentarme a él llevada por la rebeldía. Por las noches oía las blasfemias de mi padre y los rezos y lloros de mi madre. Las voces, rezos y llantos iban subiendo de tono. Yo…, estaba convencida de que mi padre en un ataque de locura nos iba a matar a todos (había leído en el periódico que ya había sucedido). Con los latidos de mi pequeño corazón desbocados, recorría las camas de mis hermanos asegurándome de que no oían los gritos nocturnos de mi padre y, si lloraban, los acunaba en mis brazos hasta que se dormían de nuevo. Después, me arrebujaba en mi cama queriendo fundirme con ella y desaparecer. Cuando, muerta de sueño, no lo soportaba más me levantaba, salía a la galería y le interpelaba a mi padre con la voz estrangulada por el miedo: “¿Es que en esta casa no se puede dormir?”. Parecía que la noche se apaciguaba.

Ya de mayor, le pregunté una vez a mi madre qué había pasado entre ella y mi padre y me relató una historia kafkiana: Un día llegó a casa una chica con una carta de uno de los curas del pueblo que le entregó directamente a mi padre. Él, al rato, salió del despacho y sin decirle nada le dio una bofetada. Por una amiga, cuyo marido recibió también una carta (y no fueron las únicas), supo el contenido de la misma: el cura les decía que sus mujeres se entendían con otros hombres…
Años después encontré un libro de citas por mi casa. Una de ellas decía: “Los matrimonios los une Dios”. Mi padre había añadido: “Y los curas los separan”.

Hice del  Colegio mi refugio, temía la llegada de las vacaciones que me hacían volver al abismo de mi hogar.

En ese Colegio donde estudiaba el Bachiller interna, la práctica habitual era la misa, el rosario, el examen de conciencia, la confesión semanal, las novenas a todos los santos imaginables, el viacrucis anual, los ejercicios espirituales… Durante los tres días de “retiro espiritual” nos prohibían hablar (yo nunca pude cumplir tal mandato); se supone que el silencio haría penetrar mejor en nuestras conciencias el reiterativo mensaje: “los pecados de la carne son los más abominables y acarrean el padecer eternamente los horribles tormentos del infierno”.  Hasta los treinta y tantos años no fui capaz de pronunciar la palabra cuerpo. Me obligaban a ducharme con camisón, me separaban de mis amigas por hablar de chicos, me castigaban por hablar durante las comidas, por salirme de la fila, por reírme a destiempo, por protestar por todo aquello que no me parecía justo o lógico, por enfrentarme a las monjas y mandarlas a la mierda…

Estudié la carrera, Asistente Social (hoy Trabajo Social)  en la Universidad de Navarra del Opus. Basta con decir que en la Cafetería los chicos se agrupaban en un lado y las chicas en otro. Era una prolongación del Colegio.

A los 20 años, terminada la carrera, en contra de la voluntad de mi padre, me fui de casa a buscar trabajo a Pamplona. Realmente huía de aquel infierno que era “mi hogar”. Trabajé cuidando niños, de “sirvienta” (así se les llamaba entonces), de camarera…Pasé hambre, hubo días que no comía  más que el trozo de pan que “le robaba” a la dueña de la pensión, me puse enferma...Una noche me desperté con las encías ensangrentadas, tenia piorrea. Así pase casi dos años.

Durante esos años inicie mi andadura sexual. No sabía nada sobre sexualidad, tenía  dudas de cómo realmente se engendraba a un hijo. Era un tema tabú en aquella época. Solo sabía lo que en mi adolescencia alguna amiga, mas espabilada que yo, me había contado entre murmullos, sobresaltos y a escondidas.  Sentí que todo aquello era sucio y repugnante. En el Colegio el mensaje había sido: Los novios que dominan sus instintos, que acumulan besos y caricias (por su puesto el acto sexual ni se nombraba) para cuando estén casados, son los únicos matrimonios felices y que no fracasan. En casa ni se hablaba del tema.

Con semejante bagaje, mi relación con los chicos oscilaba entre la atracción y el rechazo. De no permitir que me besaran o, que un chico me cogiera delicadamente por el codo para atravesar un paso de cebra (era una costumbre de la época, como la cederte su asiento en un autobús o besar la manos  de las señoras), pasé a acostarme con los chicos que me acariciaban  o eran amorosos y tiernos conmigo. Recuerdo todo esto como en una nebulosa: me tocaban, me desnudaban, me dejaba hacer… Era como si mi cuerpo no fuera el mío, como si no fuera protagonista de esos  hechos sino una espectadora. Una vez consciente de lo que había hecho, pecar, los remordimientos anclaban en esa parte que han dado en llamar alma y…, un gran vacío y tristeza me invadían...

Cansada y harta de no encontrar trabajo de Asistente Social, regresé de Pamplona a la casa de mis padres. Ahí comenzó la peor época de mi vida.                                                                                                                                

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Me quedé embarazada en enero de 1971. En ese mismo momento lo intuí.

Cuando los análisis confirmaron mi estado, el mundo cayó sobre mí y se convirtió en una obsesión el buscar soluciones para salir de esa situación. Sólo a una prima le conté lo que me pasaba.

No pensaba, no sentía, no vivía, actuaba inconscientemente impulsada por una fuerza interior que me obligaba a dar solución a un problema.

Intenté abortar. Mentí a mis padres y sola, con el dinero que me facilitaba el padre del bebé (yo no tenía trabajo), comencé una angustiosa búsqueda para encontrar a alguien que realizara abortos en la España de 1971. Busqué en Madrid,  Valencia y Barcelona. El tiempo transcurría en mi contra, aunque yo no lo sabía. Comencé una carrera contra reloj yendo y viniendo entre las tres ciudades para que al fin, un ginecólogo de la Calle Conde de Asalto de Barcelona me dijera que era demasiado tarde, que ya andaba por el cuarto mes del embarazo y peligraba mi vida. Llore, implore, suplique, ya no me importaba nada, ni morir. En vano…

De Barcelona me fui a Pamplona donde estaban mis amigos. Con los más allegados compartí mi secreto y mi mejor amiga de la época de la Universidad, del Opus por cierto, quedó encargada de buscarme un lugar donde refugiarme hasta dar a luz.  Visité a otro Ginecólogo; con cuatro  o cinco meses de embarazo, y mi desconocimiento a cuestas, aún me agarraba a la posibilidad  de que no fuera cierto, de que sólo era un mal sueño. A mí no me podía estar pasando aquello pero..., ¡si no sabía ni lo que era un orgasmo!.

Fue una de esas noches cuando por primera vez fui consciente de que dentro de mí crecía una vida. Lloré amargamente y, entre lágrimas, le susurre a mi bebé que me perdonara por lo que había hecho, por lo que iba a hacer… Fue la única vez que durante un instante, tan solo un instante, acaricié la cuna de mi hijo, mi vientre. Me sentía sola y perdida.

Volví a casa de mis padres. En el camino había dejado mi ingenuidad, mi confianza en los  hombres (me facilitarían direcciones donde poder abortar si me iba a la cama con ellos) y mi juventud. De pronto, era adulta pero sin el equilibrio emocional ni la madurez necesaria para afrontar la vida y menos aun esa situación. Era una “niña grande”, asustada, con un secreto a cuestas que me desbordaba y con pánico a que se descubriera. Sentía terror de que se enterara mi padre.

Estando ya de más de cinco meses, una infección al riñón me puso en manos de un tío mío médico al que le confesé mi secreto.  “¿Dónde está el cabrón que te ha hecho esto?, ¡lo mato!”, fue su reacción. Él sería el encargado de contarle  a mi hermano mayor (tan sólo un año más que yo) lo de mi embarazo, cuando me fuera a Pamplona, por si me pasaba algo…

Y ese tío, al que yo consideraba mi valedor, al poco de dar a luz, en la oscuridad de la sala de Rayos X, tocaba todo mi cuerpo mientras hablaba con mi madre y yo enmudecía.

Con mi hermano nunca puede hablar del tema. Lo intenté una vez y se instalo entre nosotros un silencio de muerte.

No pensaba, no sentía, no vivía, actuaba inconscientemente impulsada por una fuerza interior que me obligaba a dar solución a un problema.

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Hacia finales de junio, hilé toda una trama de mentiras  y engaños ante mis padres y me fui a Villa Teresita de Pamplona a esconder mi embarazo. Les hice creer que estaba en Barcelona haciendo un curso.

El día 12 de julio me llamo por teléfono mi hermano diciéndome que a mi padre le había dado un ataque al corazón y se moría. Ante el pavor de mi hermano, mi tío y otros tíos que ya se habían enterado de que estaba embarazada, me presenté en mi pueblo. Por suerte, más para ellos que para mí (ante la posible muerte de mi padre ya no me importaba nada), no se me notaba el embarazo.  Pasé varios días cuidando a mi padre, soportando a todas las visitas que me levantaban la chaqueta y comentaban lo que había adelgazado (luego me enteraría que ya lo sabía todo el pueblo menos mis padres), durmiendo en una descalzadora y confortando a mi padre que me confesaba que se sentía muy solo. Le abrazaba. Era el abrazo de dos soledades que nunca pudieron llegar a comprenderse.

Volví a Villa Teresita.  Durante dos meses más conviví con las monjas,  unas 15 chicas embarazadas como yo y Pura, una ex-puta que vivía permanentemente allí. Pura me acogió bajo su protección y me defendía de las burlas de las otras que se reían de mi ingenuidad. Desde entonces para mí la palabra puta significa tener un gran corazón.

Limpiábamos la casa y trabajábamos doblando bolsas de basura. Durante el tiempo de trabajo, yo…, oía y callaba. No comprendía por qué algunas de las chicas entablaban conversaciones tan intimas y desagradables, mientras las demás (excepto otras dos y yo) se carcajeaban. Al final Carmen, la superiora, me liberó del trabajo y esas horas las dedicaba a estudiar.

Las monjas nos hacían creer que la estancia en Villa Teresita era gratis. Hace unos meses, por una hija adoptada cuya madre también estuvo allí, me enteré que cobraban a los futuros padres adoptivos 250 pesetas diarias. Esta misma hija me preguntó si pasábamos hambre. No lo recuerdo, solo me acuerdo que a mí me constaba hasta tragar la comida… Después de dar a luz pesaba 10 kg. menos de antes de quedarme embarazada.

El día 4 de octubre me llamó una amiga por teléfono y encima de la mesa del despacho de la superiora, que se había ido a Madrid, leí una nota:

“En caso de parir
                                 - xx
                                 -xx
                                 - Mª Jesús
                                                  Ponerse en contacto con la Hermana Blanes”.
                                                                                                                                 

No pensaba, no sentía, no vivía, actuaba inconscientemente impulsada por una fuerza interior que me obligaba a dar solución a un problema.

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Al día siguiente, 5 de octubre de 1971, hacia las 9 de la mañana rompí aguas. Me ingresaron en en la Clínica Gortari de Pamplona, apreté los dientes y no deje salir de mi boca ni un quejido. A mí  llegaban los gritos desgarrados de “las madres decentes” con dolores de parto. Hacia la 13,15 me subieron a quirófano.

Parí.

Ese tiempo para mí se reduce a unas batas verdes que me gritan incesantemente “empuja, empuja, empuja…”; un susurro que se  escapa de mis labios, “papa yo no quería…”; un llanto, el primer llanto del hijo que ya no era mío, que nunca sentí mío, y la silueta de mi bebé que por unos segundos contemplé al incorpórame en la camilla.

Olvidé las batas gritándome y mi propio susurro. Durante años, muchos años, oí el llanto de esa silueta, el llanto de mi bebé…

 Ese 5 de octubre de 1971 aunque no dejó mi vientre estéril, me incapacitó para ser madre. ¡¡NO HE PODIDO VOLVER A TENER HIJOS!!.
                                                                                                                                 
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En los días siguientes al parto pedí, roge, implore, exigí que me devolvieran a mi bebé.  Clamaba casi a gritos, entre sollozos, que me había equivocado que yo no quería darlo en adopción. Una vez parido ya no me importaba más que tener a mi hijo, el miedo se había diluido. Me creía capaz hasta de enfrentarme a mi padre con tal de conservar a mi bebé. Nadie oyó mi lamento. Las monjas de Villa Teresita decían que era una reacción normal, que ese dolor se pasaría, que ya no se podía hacer nada. Mi bebé…, ya estaba en brazos de otra mujer.

El 15 de octubre volví a casa de mis padres. Lo de mi embarazo era la comidilla del pueblo. Se habían enterado a través de mi prima. Sólo una amiga y el hombre del que yo estaba muy enamorada por entonces (que no podía corresponderme porque había sufrido un desengaño con la novia de toda su vida) me preguntaron directamente si era cierto lo que se comentaba, a ambos se lo negué. Al padre de mi hijo, Secretario del Ayuntamiento, le había echado del pueblo el Alcalde que era uno de mis tíos. No he vuelto a verle.

Mis amigos me acogieron sin comentar nada; las señoras bien, amigas de mi madre, cuchicheaban a mi paso, algunas, cuando iba a saludarlas, me daban la espalda (desde entonces les llamo “las gallinas de mi pueblo”); el párroco quiso, a través del Coadjutor, que abandonara la Vicepresidencia de la Acción Católica ya que, una persona de mi catadura moral no podía ostentar ese cargo; a mi paso y a mis espaldas, todos murmuraban. Intenté, cara a los demás, hacer mi vida de siempre. Era un esfuerzo sobrehumano para aparentar que no había pasado nada, que solo eran habladurías de pueblo. Me ahogaba sola.

No tenía pesadillas porque no podía dormir. Fueron muchas noches en blanco en las que el reloj de la glorieta  marcaba el paso de las largas horas. Mis noches de insomnio se poblaban con el llanto de mi bebé, las sombras de la noche me traían la silueta de mi bebé, los suspiros se estrangulaban en mi garganta. Mientras, ajena a todo, mi madre dormía plácidamente en la cama de al lado.

 Los interminables días no eran mejores que las noches. Durante meses, el día no fue más que la prolongación de la noche. No podía dormir, ni comer, ni reír, ni hablar de lo único que me interesaba. Se había detenido el tiempo, todos los días para mí eran 5 de octubre.

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El 15 de mayo de 1972  comencé a trabajar en el Instituto Social de la Marina en Castellón. Era mi primer trabajo y en él me sumergí. Dejé de pensar en mi hijo, enterré mi secreto en lo más profundo de mi corazón. La angustia se iba diluyendo. Pero durante muchos años, cada 5 de  octubre, el primer llanto de mi bebé y su silueta reaparecían atormentándome.

Después de más de 3 años trabajando en el ISM, se convocaron Oposiciones Abiertas, superé las 2 primeras pruebas del proceso de selección, en la tercera, que se suponía un mero trámite para los que ya trabajábamos allí, me suspendieron. Mis compañeras que formaban parte del Tribunal no lo entendían: era el mejor trabajo monográfico que se había presentado y el informe del Delegado Provincial de Castellón era inmejorable; en base a ambos debía puntuarse. Me echaron del trabajo.

Yo sí sabía el verdadero motivo. El Vicesecretario General del ISM, se había encaprichado de mí y al negarme a acostarme con él, se vengó. 

Cuando años después saqué el Nº 1 en la Oposiciones del INSERSO, lo primero que dijo mi padre fue: “Pero…, ¿se presentaban hombres a esa Oposición?”.

Como veis, no hace tantos años, muchos hombres consideraban a las mujeres inferiores a ellos, simples objetos de desahogo sexual y  seres sobre los que ejercitar su poder.

Después  de trabajar en varias ciudades recalé en Santa Cruz de Tenerife. En la Semana Santa del 97   vivía en el Sauzal y, allá fue donde un día leí en la última página del periódico “El Mundo” las declaraciones que hacían unos hijos adoptados pertenecientes a una Asociación llamada ANDAS. ¡Dios!, creí volverme loca, entre sollozos repetía: Pero, ¿Qué he hecho?, ¿qué he hecho?... La idea de que mi hijo estuviera sufriendo a causa de mi abandono me era insoportable.

Desperté de mi letargo. Me puse en contacto con la Presidenta de ANDAS, con Villa Teresita, con el Obispado de Pamplona, con el Programa “Quién Sabe Dónde”, con todo el que creía que me podía poner en la pista de saber si mi hijo me buscaba. NADA.

Por entonces fue cuando empecé a trabajar con “mi psicólogo de turno” el tema de mi embarazo y parto. Hasta entonces todos, yo incluida, le habían dado prioridad  a las vivencias de mi niñez y adolescencia.

Por sugerencia del psicólogo  y creyendo que me podría ayudar el contárselo todo a mi padre, lo hice. Lo más suave que oí de sus labios fue que era una puta,  que le quería amargar los años que le quedaban de vida y que no creyera que ese chico, que para él no era nadie, iba a ver ni una peseta a su muerte.

- A veces he pensado que esto tuvo algo que ver con el hecho de que a su muerte, hace apenas 4 años, nos encontráramos con que había vaciado todas las cuentas y le había entregado todo el dinero a la Iglesia, a un cura (creo que luego llegó a ser Obispo de Navarra, o es aún) con la condición de que a su muerte sus hijos no viéramos ni un céntimo. En cuanto a la casa de Madrid, que quiso venderla a raíz de la muerte de mi madre en el 2003 y como es obvio no pudo, la parte de libre disposición se la dejó a los Misioneros Combonianos. Esto, y que él se sentía en la obligación de comprar  el cielo para sus hijos que nos habíamos separado de Dios, causa de todos nuestros males, junto a con el hecho de que dedicábamos mucho tiempo a la lectura. ¿Otros motivos?, no los sé…, mi hermano el mayor estuvo en todo momento a su lado, yo hasta dos años antes de su muerte, acaecida en enero del 2006, en que tuve que decir basta para conservar el equilibrio que poco a poco iba consiguiendo, mis otros hermanos hacía tiempo que no querían saber nada de él…

Ahora me rio al contar esto, pero tremendo cabreo me cogí al enterarme que todo el dinero, que no era poco, que legalmente era nuestro había ido a parar precisamente a manos de la Iglesia.-

En noviembre del 99, yo estaba pasando otro de los peores momentos de mi vida:

Uno de mis hermanos había muerto el 26 de Agosto. Estuve casi un mes viendo como se iba poco a poco y él, mi hermano, era consciente. Me pedía con frecuencia que les dijera a mis padres que quería  verlos. Por más que hice no conseguí que mi padre fuera o dejara ir a mi madre (ella  estaba imposibilitada para hacerlo por si sola) a la Residencia de Salamanca donde murió. Se lo reproché con todas mis ganas, diciéndome que yo había tenido la culpa.

Mis hermanos, cuando hablando por teléfono con ellos les decía que nuestro hermano se moría, me contestaban que yo siempre había sido una pesimista.

Años más  tarde, el optimismo de mi hermano mayor hizo que no me avisara a tiempo cuando mi madre se estaba muriendo. Como la relación con mi padre era casi ya inexistente - a raíz de un duro enfrentamiento que tuve con él durante la enfermedad de mi madre por cómo la trataba - tampoco me dijo que estaba ingresada. ¡No pude estar con mi madre los últimos días de su vida…!

Estos dos hechos precipitaron la ruptura definitiva con mi padre. Aunque, a veces, los sentimiento contradictorios de mi adolescencia volvían a aparecer. Mi padre, al  fin y al cabo, era un enfermo mental y sentía pena por él.

 Bueno, creo que he perdido el hilo de mi narración...

Os decía que, estaba pasándolo mal a causa de la muerte de mi hermano. A ello  se  fue agregando que, en el espacio de apenas dos meses, la relación con mi pareja se deterioró de tal forma que se impuso la separación; mis hermanos unos, me echaron de sus casas y de sus vidas porque decían que la muerte de nuestro hermano me había vuelto loca (la verdal es que me quedé bastante “tocada”), otros me ignoraron, sólo el menor me ayudó; dos de mis mejores amigas me fallaron (o, quizás  yo les fallara a ellas)…

En esa situación, recibo una noche la llamada de la Delegada de ANDAS en Canarias diciéndome que en una Asamblea había conocido a un chico que buscaba a su madre. Según ella era mi  hijo, todos los datos coincidían. Vivía en Alicante, creo recordar que se llamaba José Luis, casado, tenía  una hija pequeña y quería ponerse en contacto conmigo. Su madre lo único que le había dicho es que era hijo de una puta que se había escondido en Pamplona para parir y luego se había largado a su tierra…

Pase días, que se me hacían interminables, colgada del teléfono hablando con la Presidenta de ANDAS y las delegadas de Canarias y Alicante.  Me daban información contradictoria, una me remitía a la otra, un día era mi hijo y al siguiente no lo era. Yo lo único que quería es que, como intermediarias, nos facilitaran un encuentro. No hubo manera. Cuando el tema estaba más liado y yo con los nervios y la ansiedad descontrolados, me dieron el teléfono del supuesto hijo para que me pusiera en contacto con él (ellas tenían el mío). No me pareció la forma de hacer las cosas o, ¿me enmudeció otra vez el miedo?, no lo sé… Para entonces,  yo ya no podía más. Les dije que mi supuesto hijo se hiciera la prueba del ADN  y luego me la hacía yo. Nunca más se supo…

En enero del 2000 me dieron la Pensión de Invalidez para el trabajo habitual por Depresión Crónica, con lo que mis ingresos se redujeron en más de la mitad. No podíamos pagar la hipoteca de chalet. Le pedí a mi padre que me prestara 500.000 pts. No quiso.

Una noche de Febrero, agotada, dolida, sin ilusión ni esperanza alguna, me tragué todas las  pastillas contra la ansiedad y la depresión que tenía en casa. Amanecí en una Clínica.

Cuando uno baja al infierno, ya no puede más que subir…

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Sueño que algún día todas las partes implicadas en el tema de las adopciones caminemos unidas.
Gracias a los que habéis leído hasta aquí.
Gracias María, por haber hecho posible que una de las partes más denostada en el tema de la adopción, las madres que entregamos a nuestros bebés, tenga voz hoy aquí entre vosotras.