Mostrando entradas con la etiqueta padres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta padres. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de marzo de 2012

¿ES POSIBLE LA VERDADERA CONCILIACIÓN?


A través de SINA (Asociación de Apoyo a la Lactancia Materna y Crianza consciente en Valencia) me llegó esta viñeta que representa (más o menos acertadamente: yo quitaría el comentario de las sandalias) uno de mis sueños: la maternidad integrada en la vida social y laboral de las mujeres.

Pero reconozco que, de todas las ideas que suelo exponer en mis artículos sobre conciliación (como Sobre feminismo y bebes, o Eunucas de la maternidad ) esta es la que más incredulidad y controversia crea. ¿De verdad puede una mujer moderna ejercer su profesión con el niño a cuestas? y ¿De verdad vale tanto la pena hacer el esfuerzo que eso conllevaría?

Es bien sabido que si nos trasladamos unos cuantos miles de años para atrás, o echamos un vistazo a otras culturas contemporáneas de las consideradas "primitivas", vemos que las mujeres integraban e integran su maternidad en su día a día con naturalidad. Es una cuestión de supervivencia. Si hay que recolectar, cultivar, pastorear o procesar los alimentos para comer cada día, las mujeres no se pueden permitir ninguna "baja maternal", ni de 4 meses ni de dos años, y desempeñarán su tarea con el niño a cuestas,  adaptando su dinámica a la presencia del pequeño.

También en estas culturas, tal y como explica Jean Liedloff en su libro El concepto del Continumm, el bebé se integra automáticamente en la rutina de su madre sin convertirse en el centro alrededor del cual gira toda la vida de ella. Esto no significa que la criatura no sea importante para ella, o que la quiera menos de lo que nosotras queremos a nuestros hijos, todo lo contrario. Tanto es así, que siempre está presente. Pero ella sigue realizando sus actividades, aunque con el niño SIEMPRE a su lado, en su regazo y con el pecho a su alcance los primeros meses y, más tarde, cuando el niño empieza a gatear y explorar por su cuenta, siempre accesible y a la vista, para que pueda volver a ella cuando lo necesite, en busca de teta, consuelo o mimos.

¿Podemos considerar esta manera de actuar de las madres "primitivas" como la más conveniente para nuestros bebés? En palabras de la misma Jean Liedloff:

"... El nacimiento no puede considerarse un acontecimiento indicador de la terminación del bebé, como si fuera el final de una cadena de montaje, ya que algunos complementos ya han nacido en el útero y otros no funcionarán hasta más tarde. El recién nacido que llega al mundo con la placentera experiencia de haber tenido una serie de expectativas que han sido colmadas en el útero, esperará o, con más exactitud, tendrá la certeza de que sus nuevas expectativas también serán satisfechas.


¿Que ocurre a continuación? A lo largo de decenas de millones de generaciones, lo que ha ido ocurriendo es el trascendental cambio de abandonar el entorno totalmente vivo del interior del cuerpo de la madre para ir a otro entorno exterior sólo parcialmente vivo. Aunque el cuerpo de la madre, que se lo ha dado todo, siga estando ahí, así como sus acogedores brazos - desde que el ser humano tiene las manos libres al andar erguido - el bebé siente el contacto del extraño e inánime aire en su cuerpo. Pero también está preparado para esta sensación; estar en brazos de su madre es para él el lugar esperado, en lo más recóndito de su ser sabe que es su lugar, y lo que experimenta mientras está en brazos es aceptable para su continumm, satisface sus necesidades actuales y contribuye adecuadamente a su desarrollo."

(El resaltado en negrita es mío)



O sea, el habitat natural del cachorro humano es el cuerpo de su madre. Esto parece más esencial cuanto más no acercamos al momento del nacimiento, tal y como nos revela el prestigioso pediatra Nils Bergman en sus estudios sobre la reacción de los bebés prematuros según se les coloque o se les separe del pecho de su madre, o los estudios sobre la herida primal de la psicoterapeuta Nancy Verrier.

Pero también es cierto que tanto en las diferentes culturas actuales, como en muchos mas momentos a lo largo de la historia,  está y ha estado ampliamente aceptado que la figura maternal no tiene por que ser obligatoriamente la madre biológica el 100% del tiempo.  La propia Jean Liedloff escribió:

"Evidentemente, no es necesario que sea la madre biológica la que desempeñe el papel maternal de satisfacer las necesidades del bebé, ni tampoco que la madre sustitutiva sea una mujer o un adulto, excepto en el momento de alimentar al bebé..."

Según Meredith Small en su libro Nuestros hijos y nosotros: 


" Los estudios interculturales muestran también la idea de que el vínculo monotrópico (es decir, un progenitor a la vez vinculado con un bebé a la vez) es una visión limitada de las relaciones humanas. Edward Tronick y otros colegas investigadores han demostrado que un bebé pigmeo efé es atendido por varios adultos ; esta relación niño- adulto puede ser más comunitaria. Durante los primeros cuatro meses de vida estos bebés pasan la mitad de su tiempo con un adulto que no es su madre; además, los amamantan varias mujeres que estén en perido de lactancia. El bebé sabe con claridad quienes son su padres, pero tiene varios adultos de quienes depender. En un sistema social que valora la comunidad por sobre todas las cosas, este vínculo multifacético produce una estrecha red de relaciones sociales: los bebés se apegan a varios adultos y los adultos a varios bebés. "


Parece evidente que existen muchas soluciones a la hora de criar a un ser humano pero ¿Son todas igualmente convenientes? El bebé es una criatura excepcionalmente adaptable, lo que no quita que determinadas condiciones de crianza puedan producir daños irreparables. Un ejemplo extremo serían los casos documentados de bebés criados por animales y que Jean Liedloff describe en su libro:

"La capacidad que tienen los niños que se han criado entre animales de adaptarse a unas condiciones inadecuadas es mucho mayor que la capacidad de cualquier animal de adaptarse al estilo de vida de los humanos. Pero la muerte prematura de la mayoría de estos niños, el sufrimiento padecido después de haberlos capturado y su incapacidad para superponer la cultura humana a la cultura animal ya establecida y desarrollada demuestra también la profundidad con la que la cultura, una vez aprendida, se convierte en parte de la naturaleza del individuo humano."

Por lo tanto, la supervivencia del bebé no garantiza que haya sobrevivido salvaguardando todo su potencial como ser humano. Hay condiciones de crianza extremas en las que el daño provocado puede ser irreparable, ya que lo vivido en el periodo primal determina el desarrollo posterior de esta persona.

Pero ¿Todas las condiciones que se desvíen de la condición teóricamente ideal pueden producir daños?

Como ya he comentado, la neurología, la pediatría y la antropología entre otras disciplinas, nos están demostrando que las condiciones de crianza en el periodo primal determinan poderosamente la personalidad y salud del adulto. Podemos suponer que cada cultura criará a sus bebés para obtener seres humanos adultos con las características necesarias para que la mantengan a lo largo de las generaciones, tal y como vemos en el ejemplo citado por Meredith Small de los bebé efé, cuya prioridad es la generación de adultos que valoren su comunidad sobre todas las cosas. Y ya hace tiempo que Prescott descubrió que el contacto piel con piel de los bebés con sus cuidadores y el afecto con que son criados tienen una poderosa influencia en el grado de violencia que desarrolla esa sociedad.

¿Y nosotros, los dominantes y agresivos occidentales?

Como dice Michel Odent, somos el Homo sapiens superdepretator y hemos llegado a este punto a base de imprimir a fuego la herida primal en todos nuestros bebés. Pero el Homo sapiens superdepredator debe  evolucionar porque se está dirigiendo inexorablemente al trágico destino de la extinción. Es hora de dar paso al nuevo Homo sapiens ecologicus, más empático, pacífico, respetuoso con sus semejantes y con la vida entera; un ser humano capaz de desarrollar su capacidad de amar al máximo de sus posibilidades. ¿Y cual es el primer paso para llegar a desarrollarnos como ecologicus y no como superdepredator? ¿Tal vez el respeto por las necesidades primarias del bebé recién nacido, la principal de las cuales es estar en contacto continuo con el cuerpo de su madre?

En nuestra sociedad occidental patriarcal, competitiva, masificada, individulista y, en definitiva, depredadora, no es extraño que hayan triunfado los métodos de parto y crianza que fuerzan la separación entre madre y bebé, sumergiendo a la criatura en un estado de estrés crónico y obligándole a endurecerse y ser independiente cuanto antes, liberando así a su madre del ejercicio de la maternidad para poder masculinizarse lo suficiente y ser valorada social y laboralmente. Así se garantiza la formación de adultos llenos de carencias primales, con poca capacidad de empatía, inmaduros, que necesitarán depender del papá estado, que encontrarán en todas las ofertas comerciales - esas que sustentan nuestra economía de la abundancia y el exceso - unos sustitutos de lo que realmente echan de menos desde su periodo primal - la presencia, el cuerpo y el pecho de su madre - pero que ya han olvidado, dejando dentro de sí un vacío inmenso que se llenará a base de adicciones tan dispares como la comida basura o simplemente en exceso, el tabaco, el alcohol, las drogas ilegales, el trabajo a destajo, la ropa de marca, los coches deslumbrantes o la actividad sexual coital deshumanizada.

También se garantiza el desarrollo de mujeres castradas en su sexualidad maternal, incapaces de reconocer el deseo que sentimos por nuestro hijo recién nacido y capaces de ignorar sus necesidades hasta el extremo de dejarles llorar siguiendo manuales absurdos, o trabajar lejos de ellos durante más de 8 horas al día, por no hablar ya de la necesidad de "liberación" que sentimos  ante la demanda constante de nuestra cría recién nacida que debería estar dentro de nuestro útero unos meses más, pero que la evolución ha obligado a salir antes de tiempo, cuando todavía no está preparada y necesita contacto continuo con el cuerpo de su madre durante el periodo de exterogestación. Mujeres programadas para infligir la herida primal en nuestros hijos en el mismo momento de nacer.

La herida primal es nuestro pecado original. Por ella parimos con dolor. Por ella permitimos que interfieran entre nuestros hijos y nosotras. Por ella no es placentero amamantar. Por ella, necesitamos "liberarnos" de nuestros bebés para poder realizarnos como mujeres. Por ella, nuestros compañeros reclaman a la mujer coital eterna, nunca madre, siempre disponible.

La herida primal es la principal herramienta del patriarcado para someter tanto a hombres como a mujeres, y obligarles a jugar su juego y a la vez es la consecuencia del propio juego del patriarcado.

¿Cuando estaremos preparados para la primera generación libre de ella? Actualmente este momento parece lejos, pero ya se están dando los primeros pasos. Desde que en 1970 Michel Odent puso la primera piscina de partos en su maternidad, cada vez más y más profesionales de la obstetricia y la ginecología  luchan y trabajan para que las condiciones necesarias para el desarrollo de los partos humanos fisiológicos, respetuosos y orgásmicos se den por defecto para todas las parturientas y sus bebés, a la vez que se garantiza la seguridad del proceso mediante la formación de los profesionales adecuados y el acceso a la tecnología necesaria para resolver una situación patológica. Y cada día más madres y padres reivindicamos todo esto para nuestros partos.

Pero el parto sólo es el primer paso. La necesidad del bebé de estar en contacto continuo con su madre los primeros meses, el periodo de exterogestación, es una realidad demostrada desde diversas disciplinas. Y para que esto ocurra necesitamos madres sanas, libres y dispuestas a darle a su hijo lo que necesita. Para ello la maternidad no puede convertirse en una cárcel que encierra a la mujer en casa, la despoja de todo su prestigio social a la vez que destruye todas sus aspiraciones laborales, convirtiéndola en una persona totalmente dependiente económica y socialmente de su compañero.No, la solución no es la que han sufrido cientos de generaciones de mujeres patriarcales, heridas, castradas, infantilizadas, infravaloradas, cosificadas y humilladas.

La solución pasa por el reconocimiento de la maternidad, su integración en la vida pública y laboral de la madre. Y para ello hace falta un cambio radical en la sociedad y el mundo laboral que hoy por hoy prefiere ignorar la maternidad y aparcar a las criaturas en guarderías para que no molesten, cerrándose en banda al reconocimiento de las necesidades de estos bebés y sus madres.

Pero ¿Como?

Uno de las cuestiones que salieron el otro día en la presentación de nuestro libro en Zurich, fue el hecho de que si nunca hay mujeres en puestos de poder -porque se dedican a ser madres que crían a sus hijos - el sistema no va a cambiar. El problema que yo veo a este argumento es que estas mujeres, para llegar a donde están, primero han tenido que convertirse adecuadamente en la mujer patriarcal, castrada y masculinizada y, por lo tanto, cuando alcanzan este poder se limitan a jugar con las mismas reglas del juego sin tener la mínima intención de cambiar nada. Ejemplos de esto nos sobran, desgraciadamente.

Hoy por hoy lo más políticamente correcto es volver al trabajo lo antes posible tras el parto, dejando el bebé en las manos de una cuidadora toda la jornada laboral desde los 4 meses o incluso antes.  Conscientemente se desprestigian,  o directamente se ignoran, todos los estudios que demuestran la importancia de la presencia constante de la madre y la lactancia materna para los bebés de tan corta edad, a la vez que se pregonan a los cuatro vientos los pocos estudios que parecen quitarle importancia a estos factores, independientemente de su calidad, muchas veces manipulando con los titulares las verdaderas conclusiones del trabajo.

Pero, a pesar de los pesares, también hay otras mujeres y hombres que de manera no tan vistosa, día a día y como hormiguitas, van cambiando las cosas poco a poco.

Porque es posible.

El otro día tuve el honor de leer el artículo de una nueva mamá bloguera - Gemma, del blog Como una manada e investigadora de profesión - en el que nos cuenta como se llevó a su bebé de tres meses a un congreso en el que ella formaba parte del comité científico.  Gemma no ha salido en todos los medios de comunicación, como en su día salio la eurodiputada  italiana Licia Ronzulli, pero demuestra de una manera mucho más realista y sencilla como en muchas ocasiones el bebé puede disfrutar de lo que más necesita, su madre, mientras esta ejerce su profesión y cumple perfectamente con sus obligaciones profesionales.

Gemma ha demostrado que la verdadera conciliación sí es posible y, junto a ella, muchas madres cada día nos lo demuestran con su ejemplo. Sin ir mas lejos, la blogosfera está repleta de madres realmente conciliadoras. Os pongo otros ejemplos de los muchos que conozco y que yo personalmente admiro mucho por su valentía, entusiasmo y creatividad para combinar el cuidado de sus hijos con su vida profesional:

* Nohemí de Mimos y Teta, a la que vemos en la foto de al lado porteando a su tercera hija mientras da una charla en la Gerencia de Atención Primaria en Las Palmas de Gran Canarias, en el marco del punto mensual de encuentro de enfermería.

* Louma, de Amor Maternal (blog que ha ocupado el segundo puesto del ranking de wikio durante meses - yo juraría que lo he visto también el primero aunque su autora me dice que no - y sigue muy bien posicionado) que compagina el cuidado de su hijo a tiempo completo con su trabajo de escritora  y diseñadora, además de la realización de talleres virtuales y presenciales sobre crianza respetuosa y la salud bucal de los más pequeños (ella es odontóloga).

* Raquel y Enriq, él diseñador gráfico, ella escritora, puericultora y asesora de lactancia y porteo; ambos al frente de la revista Madre Tierra y de varios blogs como La casa de las Mamás, Madre Tierra, Buscando trazos y Buscando Chapas y todo combinado con la crianza de su hijo también a tiempo completo.

* Y Jesusa, nuestra doula más guerrera y comprometida, que según nos anunció ayer en FB, ya ha vuelto de Brasil a donde fue por motivos profesionales y con su pequeña Anaís bien colgadita de su cuerpo, por supuesto.

Y la lista podría continuar y continuar porque hay muchos más, madres y padres que no han querido renunciar a la crianza de sus hijos y que han luchado por compatibilizar su vida laboral con las necesidades familiares. Pero claro, ellas y ellos lo hacen a la sombra, en trabajos que no salen en los grandes medios de comunicación cada tres por cuatro y que tampoco los meterán en las listas de las grandes fortunas mundiales o en los primeros puestos de poder de los partidos políticos. Pero a pesar de pasar desapercibidos para el resto de los mortales, a pesar de que su radio de acción no es muy grande, su influencia nos hace mucho más bien a todos de lo que somos realmente conscientes.

Porque todas estas mujeres y todos estos hombres, madres y padres, nos están demostrando que incluso en las nefestas condiciones actuales, la verdadera conciliación laboral es posible.

Claro que, tal cual está la situación, tampoco es fácil. Muchas de estas familias han tenido que dar un giro de 180 grados a su vida profesional para poder ejercer la maternidad /paternidad como ellas y ellos querían. La mayoría ha sacrificado mucho poder adquisitivo. Puedo imaginarme que si las cosas hubieran sido diferentes, muchas y muchos hubieran podido seguir con sus profesiones ganando mucho más dinero y sin verse obligados a encontrar alternativas.

¿De verdad es tan imposible ejercer de ejecutiva con tu bebé de meses colgado en un fular? ¿De verdad no puedes darle el pecho mientras sigues con tu reunión? ¿No puedes escribir tus informes mientras el duerme en tu regazo? ¿No puedes atender a tus clientes mientras tu recién nacido duerme plácidamente en su fular colgadito a tu espalda o a tu pecho?

Yo creo que sí es posible, sólo hace falta un cambio de mentalidad muy grande y no sólo por parte de la sociedad, sino también por parte de los propios padres.

Por un lado la sociedad tiene que empezar a priorizar las necesidades de los más pequeños por delante de todo lo demás, considerando el cuidado y crianza de los hijos como la actividad más importante para garantizar el futuro y el bienestar de todos. Y tiene que dejar de autojustificarse, buscando argumentos por aquí y por allá para intentar justificar la institucionalización de las criaturas 10 horas al día, cinco días a la semana desde el primer día de vida.


Y por otra parte los padres tenemos que dejar de paralizarnos cuando nos llega un bebé a nuestras vidas. Dejar de considerarlo un muñeco de cristal que mejor está en su cunita, a salvo, donde no se rompa, y empezar a reconocer en él la cría de mamífero que reclama cuerpo materno las 24 horas del día.

Este cachorro humano  que necesita formar parte desde el principio de la comunidad a la que pertenece, sin que le aíslen en una habitación pintada con florecitas rosas o angelitos azules, que necesita mirar el rostro de los adultos inmersos en sus actividades diarias, y no el móvil de jirafitas girando eternamente encima de su naricilla.

En definitiva, el cachorro humano que reivindica su lugar en su comunidad desde el primer día de su vida extrauterina, reclamando que sus necesidades sean cubiertas, como merece y tiene derecho, para desarrollarse íntegramente en todo su potencial.

Por supuesto que es posible y, sobre todo, vale la pena el esfuerzo.









miércoles, 9 de noviembre de 2011

80 AÑOS



Por fin está amaneciendo un día muy especial para mi familia. Hoy mi padre cumple 80 años.

80 años.

En 80 años ha vivido tantas cosas: dos guerras, una dictadura, una democracia, las pedradas con los niños del barrio de al lado, el amor adolescente que madura hasta convertirse en eterno, la responsabilidad de sus empresas y de la confianza de su gente, la responsabilidad de su familia, el ir y venir de seres queridos, la enfermedad que amenaza al cuerpo y la satisfacción de vencerla......

Y ahora, a sus 80, la vejez sigue sin llegar, porque a pesar de que le duele un poco aquí y allá, y ya no ve tan bien, sigue siendo un hombre joven, maduro y en su punto. Mi padre representa dignamente a la tercera edad del siglo XXI, cargada de sabiduría, como sus ancestros, pero también de vitalidad, salud, fuerza y ganas de vivir.

Mi padre tiene hoy 80 años y sigue viviendo la vida desde la perspectiva del que tiene la botella medio llena. Y así seguirá, disfrutando de su mujer, de la familia, de los amigos, de su tierra con su gastronomía y su buen vino.

Y luciendo esos impresionantes ojos azules, con el mismo color del cielo en las despejadas mañanas riojanas de primavera. Ojos por los que se deja ver ese alma de bondadoso granujilla,  de tímido conquistador y de hombre sabio.

Muchas felicidades, padre inmenso y maravilloso

Te quiero mucho

Te queremos mucho


miércoles, 13 de julio de 2011

CONCILIACIÓN: ESA PALABRA IMPOSIBLE DE ENTENDER






Llevaba unos cuantos días un poco "apagada", sin inspiración, intentando encarar un informe sobre la lactancia sobre el cual no acabo de ver el enfoque, cuando ha caído en mis manos este artículo de El País: "Cuando conciliar no es una opción. La mitad de las madres madrileñas ha tenido que dejar de trabajar para cuidar de sus hijos, una interrupción en la carrera profesional que a veces se paga cara"


Todo ha sido comenzar a leerlo y encenderme. El artículo empieza con el ejemplo de Beatriz, una ingeniera forestal que lleva tres años "sin trabajar" cuidando de sus mellizos:


"Yo no valgo para esto, es un círculo vicioso en el que dejas de ser una persona interesante"


Sigue con una crítica de lo caras que son las guarderías y de que no hay plazas suficientes.


"Los servicios, aunque públicos, son caros; pero eso para quienes consiguen plaza, porque el Gobierno regional admite que la escolarización entre 0 y 3 años- que en toda España no es universal y gratuita, - alcanza solo el 50% de la demanda potencial máxima. Sindicatos y profesionales del sector calculan que unas 30.000 familias se quedan sin plaza en Madrid cada año".


Muy en la linea del ministro de trabajo Valeriano Gomez, se presenta la escolarización temprana y gratuita como la gran y única solución a los problemas de conciliación.


La opinión del sociólogo lo deja también muy claro:


"...nunca "compensa" dejar de trabajar, aunque casi cueste lo mismo pagar la atención de los niños que el sueldo que se percibe. "Cuando trabajas estás capitalizando el mercado, te estás formando, estás generando experiencia", señala."

El comentario de Nuria Manzano, secretaria de igualdad de UGT Madrid,  deja clarísimo la visión que tiene sobre el cuidado de los hijos:

"Si hay que sacrificar la carrera profesional de uno de los dos para cuidar a los hijos, lo normal es que sean ellas las que lo hagan. La diferencia salarial entre hombres y mujeres en la región es la segunda más alta de España. Ellas suelen tener peores condiciones laborales, así que es habitual que sean las que acaban cediendo".

Yo no sé a vosotras, pero el mensaje que a mí me llega de este artículo  es el siguiente: 

Querida mujer: si quieres seguir siendo útil e interesante a la sociedad ni se te ocurra dedicarte al cuidado de tus hijos. Si por una casualidad te decides a parir seres humanos - acto que, por  otra parte, necesitamos que hagas, so pena de extinguirnos todos - ¡sobretodo no abandones tu trabajo!, porque si lo haces perderás el poco valor que tienes (recuerda que tu trabajo está peor valorado que el de tu marido) y para ello, pon a la criatura cuanto antes en una guardería que, eso sí, lucharemos para que te sea lo más barata posible de modo que te compense y no te tengas que SACRIFICAR ejerciendo de madre. ¡Así de igualitarios somos! y ¡que orgullosos que estamos de serlo!

¿Por donde empiezo? Estoy que ardo por dentro.

SEÑORES Y SEÑORAS: CONCILIAR NO SIGNIFICA ABANDONAR A NUESTROS HIJOS

¿Queda alguien por ahí que quiera entender que CONCILIAR significa que una mujer pueda ser MADRE (con todas sus letras y en mayúscula) y PROFESIONAL (con todas sus letras y en mayúscula también), y también que un hombre pueda ser PADRE y PROFESIONAL (con las mismas letras y en mayúscula)?

Dejar a los niños 10 horas en una guardería desde que tienen una hora de vida o cuatro meses NO ES CONCILIACIÓN porque se está sacrificando el bienestar de la criatura. Se está sacrificando la MATERNIDAD. Se está sacrificando el derecho de la mujer a ser la madre del hijo que ha parido y el derecho del niño a tener la madre que necesita. 

Pero ¡Ojo! los que queráis acusarme de neomachista: quedarte en casa encerrada, aislada, desconectada, al cuidado en solitario de  tu hijo porque tu compañero sigue trabajando fuera sus 8, 10,12 o más horas diarias, para que al cabo de un tiempo no tengas ninguna opción de volver a tu profesión porque la maternidad te ha estigmatizado, te ha quitado valor en el mercado laboral y se ha convertido en un lastre que hunde irremediablemente tu carrera TAMPOCO ES CONCILIACIÓN. Ahora se está sacrificando la capacidad de la mujer de ofrecer a la sociedad su don, su vocación y su capacidad de trabajo en su faceta no maternal. Esta capacidad por cuyo reconocimiento hemos tenido que luchar tanto desde los comienzos de la sociedad patriarcal, empeñada en encerrarnos en casa con nuestras criaturas, convirtiéndonos en seres absolutamente dependientes de la libertad de acción del varón (hasta el punto de convertirnos en algunas épocas, en una pertenencia más). Con esta opción pierde la mujer, que ve la maternidad como una losa que le obliga a sacrificar su realización personal fuera de ella. Pierde el hijo, que se encuentra con una madre triste, amargada, enfadada y frustrada que percibe su cuidado como una carga. Pierde el padre, que renuncia a ejercer su paternidad por seguir siendo competitivo en el mundo laboral, alejándose y desvinculándose irremediablemente, no sólo de la criatura, sino también de su compañera. Y pierde la sociedad que se queda sin toda la riqueza que esta mujer podría aportarle como profesional. 

Entonces ¿Que es conciliar?

Conciliar es vivir en una sociedad donde las mujeres podamos ser MADRES y PROFESIONALES. Para ello los hombres también tendrán que conseguir su derecho a ser PADRES y PROFESIONALES y todo ello sin sacrificar las necesidades genuinas de los más desprotegidos: nuestros hijos. 


Conciliar es abrir el mundo de los adultos a nuestros niños. Dejar de tratarlos como ciudadanos de segunda que se pueden aparcar todo el día en una guardería porque "no se enteran", e integrarlos en la vida laboral, pública y social de sus padres.


Conciliar es adaptar el ritmo de la sociedad a las necesidades de nuestros hijos y no lo contrario: ignorar las necesidades de nuestros hijos cuando no se adaptan al ritmo de nuestra sociedad. 

 Todo lo que hacemos los seres humanos debería estar enfocado y centrado en las necesidades de nuestros cahorros humanos. Ellos son nuestro futuro. Es ridículo decir que estamos luchando por una sociedad más justa y mejor mientras violamos sitemáticamente las necesidades más básicas de nuestras criaturas. No se puede obviar las necesidades de madre e hijo en el parto, el papel imprescindible de la madre en los meses de exterogestación, la necesidad de cuerpo maternal y de pecho lactante, de la misma manera que tampoco se puede ignorar la necesidad de pasar tiempo, y mucho, con su padre, especialmente a partir de una cierta edad. No se puede pasar por encima de la necesidad de la familia de ESTAR TIEMPO JUNTA, de la necesidad de los padres DE EDUCAR  A SUS HIJOS, de la necesidad de los hijos de APRENDER DE SUS PADRES. No podemos actuar como si nuestros hijos no necesitaran estar la mayor parte del tiempo con nosotros, sus padres, sobretodo cuando son pequeños y sufren tanto por la separación.

Pero ignorar todo esto es exactamente lo que están haciendo estos señores y señoras que se llenan tanto la boca con la palabra conciliación. Y no, señores, no, esto de lo que ustedes hablan no es conciliar. Esto es masculinizar a la mujer y destruir la maternidad, robar los derechos del hombre a ejercer su paternidad, expulsándolos a ambos del mundo de los sentimientos y deseos para encarcelarlos en el mundo laboral. 


Y en la peor de las posiciones quedan nuestros bebés, nuestros niños. Obligados a crecer en el abandono y el desapego, unos más y otros menos, pero ninguno con todas sus necesidades primarias cubiertas, de manera que se convertirán en adultos llenos de carencias innombrables que les marcarán de por vida. 

¿Es posible una verdadera CONCILIACIÓN? Sí, estoy segura de que sí. Aunque supone un cambio social valiente y radical. Pero posible, seguro que es posible. Otra cosa es que, tal cual van las cosas, sea probable. De momento es evidente que la noción  actual de igualdad y conciliación de la gran mayoría de políticos y pensadores está lejos de ser la idónea para conseguir los verdaderos objetivos, pero ya empiezan a oírse voces cada vez más altas y más claras ofreciendo soluciones alternativas desde puntos de vista diferentes. 

Os coloco aquí una lista de artículos de madres blogueras que tratan este tema. Algunos ofrecen soluciones y otros sólo denuncian. La lista irá creciendo a medida que vaya recordando donde leí algunos de ellos y salgan, además, otro nuevos:


"Valeriano Gómez propone la Escolarización desde el Nacimiento como medida de "Conciliación". Manifestación Bloguera por la Verdadera Conciliación en España" de Louma Sader Bujana, autora del blog Amor Maternal. En este enlace encontrareis, además, todos los artículos que participaron en la manifestación bloguera convocada por las declaraciones del citado ministro. 



"Trabajo y maternidad" de Mónica de Felipe, autora del blog Grupo Maternal


"Amor, bebés, crianza y saludde Mónica de Felipe, autora del blog Grupo Maternal


"Pueden tener derechos los bebés" de Ileana Medina Hernandez, autora del blog Tenemos Tetas

"Feminismo, maternidad y política: ¡cambiemos el mundo!"  de Ileana Medina Hernandez, autora del blog Tenemos Tetas

jueves, 23 de junio de 2011

UNA TRIBU QUE ¿ PROTEGE?


Supongo que ya lo sabéis porque es la gran noticia de la blogosfera maternal:

¡Alma y Habiba están juntas!

Ya se me ha desatado un nudo que tenía en el corazón desde hace casi un mes y que me producía un dolor físico cada vez que pensaba en esta pequeña separada tan injusta y abruptamente de su madre. Pero ya pasó. Madre e hija están juntas, espero que para siempre y también espero que Habiba será ahora sostenida y protegida mientras encauza y toma las riendas de su propia vida y las de su hija. 

Pero mientras que esta batalla se ha "ganado", desgraciadamente la guerra sigue abierta. Este caso ha dejado en evidencia unas instituciones que, en teoría, tienen la responsabilidad de defender y proteger a los menores de nuestra sociedad, o sea, a nuestros hijos. Recalco:  los hijos de todos. 

En teoría estas instituciones son una herramienta que tenemos, como la gran "tribu" de millones de personas que somos, de cuidar a nuestros hijos, para que nunca estén desprotegidos pase lo que nos pase a los padres o familia biológica. Pero desgraciadamente parece que eso se queda sólo en teoría. 

El caso de Habiba y Alma me ha recordado otros casos, algunos bastante recientes, en los cuales la intervención, o falta de intervención, de estos servicios han hecho un daño al menor absolutamente inaceptable.

A la vuelta de la esquina está, por ejemplo, el caso de los gemelos de Mallorca. Es otro caso sangrante en el cual se ha separado a unos gemelos de su MADRE. Si, en este caso Maru - madre (de acogida) que he tenido el placer de conocer virtualmente a través de la web  Adoptados.org e incluso de hablar personalmente con ella por teléfono- es la madre de los gemelos. La única que estos dos pequeños, que ahora deben rondar los dos años y fueron criados por Maru desde recién nacidos, reconocen. Digan lo que digan las leyes. Diga lo que diga el juez.


Maru y su familia acogieron sin saber que iban a querer a estos pequeños como hijos propios. Supongo que les sorprendió el amor inmenso que sintieron por ellos. Supongo que no esperaban darse cuenta de que los sentimientos no entienden de leyes ni de protocolos. 

Pero lo más grave de todo: el daño infringido  a los gemelos. Dos criaturas de un año que ya tuvieron que pasar por la tragedia de ser separados de su madre biológica pero que establecieron un vínculo madre-hijos con su nueva madre de acogida. Y de nuevo son separados de la persona que más quieren en este mundo. De las personas que son sus padres y hermanos. Aquí NADIE, excepto Maru y su familia, ha mirado por el interés superior de los menores. El juez alegó que los querían demasiado. Sí, sí, que los querían demasiado. Ahí queda eso. También dijo que hay muchos padres adoptivos en lista de espera, como si esta fuera una razón de peso para destrozar a los gemelos. Aunque claro, este mismo juez opinó que los gemelos eran muy pequeños y no se iban a dar cuenta. Pone los pelos de punta. 

Mi interpretación personal de las palabras del juez: como hay muchos padres adoptivos en lista de espera lo más justo, para estos padres, es dañar gravemente a estos pequeños porque, total, no se dan cuenta,  separándolos de su madre (Maru) y su familia, ya que tenemos el derecho a hacerlo porque legalmente sólo son una "familia de acogida" que no debería quererlos como a hijos (ni los niños deberían querer a Maru y su pareja como padres, claro). 

Y yo me pregunto entonces: ¿que ventajas tienen las familias de acogida si no pueden querer a los niños  que acogen como hijos propios? ¿Que sentirá el niño acogido desde su nacimiento cuando sea consciente de que sus "hermanos" de acogimiento e hijos biológicos de sus padres de acogida,  son hijos de primera y él/ella es un hijo de segunda al que no se quiere tanto? "Si cariño, si yo te quiero, pero quiero más a fulanito que lo he parido yo ¿entiendes? Tu aquí puede que sólo estés dos días, dos años o te quedes hasta los 18 años, así que no te puedo querer tanto. Entiéndelo mi amor"

Pues yo no lo hubiera entendido de niña y tampoco lo entiendo ahora.

Lo que sí entiendo es que haya situaciones en las que niños, ya más mayorcitos y que hayan establecido el vínculo padres-hijos-hermanos con su familia biológica, necesiten vivir temporalmente con una familia de acogida, por las más diversas causas, para luego volver a vivir con su propia familia cuando la crisis haya pasado. Estos niños identifican como madre, padre y hermanos a su familia biológica, los quieren como tales y los de acogida nunca serán lo mismo. Ahí si que lo entiendo.

Pero en el caso de bebés, especialmente recién nacidos, que no han establecido ningún vínculo postnatal con su madre o familia biológica y que lo establecen con la mujer que pasa a hacerse cargo de ellos, o niños que han estado institucionalizados desde siempre y nunca han establecido un vínculo con su familia biológica, me parece aberrante que se aplique este protocolo. Estos bebés deberían pasar DIRECTAMENTE a su madre DEFINITIVA. Al menos si se quiere hacer lo  mejor para ellos.

¿Que esto puede que no sea lo mejor para la madre o familia biológica? Puede ser. En un comentario una vez alguien me dijo que  esta madre también se merece una oportunidad. Pues yo opino que si dar a esta mujer una oportunidad conlleva someter a sus hijos a continuos traumas debido a las sucesivas separaciones de sus figuras de apego, no vale la pena. Recordemos: Aquí lo que debe primar es el BIEN DEL MENOR. EL INTERÉS SUPREMO DEL MENOR. Y no creo que estar, cueste lo que cueste y tarde lo que tarde, con la familia biológica sea lo mejor para muchos menores. Tal vez sí para algunos, pero desde luego no para todos.

Es esta "segunda oportunidad" que se quiere dar a la familia biológica la razón por la cual los gemelos de Maru pasaron primero por una familia de acogida, en lugar de ir directamente a los brazos de su familia adoptiva y definitiva.  Pero los bebés no entienden de protocolos y se enamoraron de Maru como todos los hijos nos enamoramos de nuestras madres. Supongo que cuando los separaron sintieron lo mismo que la pequeña Alma, aunque nadie reconoció su dolor porque "legalmente" la persona que ellos reconocían como madre, no lo era. Bajo mi punto de vista, este caso es, si cabe, más dramático que el de Alma y Habiba, porque nadie reconoce el dolor de estos niños ni su derecho a sentirlo. Total, como dijo el juez, son pequeños y no se enteran. Pero todos los estudios sobre el apego en esta tempranísima etapa de la vida ( Sue Gerhard. "El Amor Maternal. La influencia del afecto en el desarrollo mental y emocional de bebé". Editorial Albesa 2008) indican exactamente lo contrario a lo que dice este juez tan dramáticamente mal informado. El juez que ha tenido en sus manos el destino de estos niños. 

Este sólo es un ejemplo que os explico porque he vivido un poquito más cercanamente, pero en el blog Tenemos Tetas apareció el 11 de Junio un artículo denunciando algunos otros "agujeros" en el sistema de protección de menores. Puede verse de todo: desde menores arrebatados a sus familias por las razones más peregrinas hasta menores dejados en manos de sus familias cuando SI había razones justificadas para separarlos, o menores que pasan su infancia tutelados  ante la falta de determinación del sistema para ofrecerles una familia adoptiva definitiva. Es dramático.

Yo entiendo que es muy difícil, de verdad que lo entiendo. Pero también es muy difícil montar una estación espacial y mirad, ahí está, girando sobre nuestras cabezas. No puedo creerme que nuestra capacidad dé para hacer bien unos trabajos pero no otros. Creo que ya es hora de que los responsables de este sistema defectuoso y - posiblemente - corrupto, den la cara y dejen su puesto a profesionales con la debida FORMACIÓN y MOTIVACIÓN, los cuales sean capaces de coger las riendas y dar lo mejor de sí mismos y del sistema a estos niños que se lo merecen TODO. A los que debemos TODO.

Que nunca vuelva a repetirse la situación de Habiba y Alma, ni la de los gemelos, ni la de la pequeña Alba - otro caso terrible  que no puedo menos que recordar en este contexto, como ejemplo de otro fallo con dramáticas consecuencias - y que de una vez por todas todos los menores sean hijos de todos y, en representación de esta responsabilidad colectiva, el sistema de protección de menores sea capaz de cubrir todos sus derechos. SIN FALLOS

martes, 24 de mayo de 2011

DISCIPLINA




Permitidme haceros una pregunta:

¿Que es para vosotros la disciplina?

Mi marido dice que yo, ni tengo disciplina, ni se la sé inculcar a nuestros hijos (Lógico, si no tengo yo no se la puedo inculcar).

Llevamos un par de días de morros por el asunto y al final le he dicho que os iba a utilizar de "jurado popular"

Os explico la situación:

Domingo por la mañana. Un día primaveral precioso: sol y calorcito. La familia Trapp (nosotros) nos encontramos paseando por un precioso camino a lo largo de uno de los ríos que baña la ciudad de Zürich. El plan es llegar hasta una pequeña isla en donde se encuentran unas playas junto a unas piscinas infantiles y una cafetería donde podremos comer algo. No es mucho trecho, pero considerando que vamos pedaleando con los dos niños mayores cada uno en su bicicleta, es toda una aventura. 

Los tres peques llevan casco. Los adultos no. Mi marido no se ha puesto un casco en su vida, y eso que ya he hecho los más empinados, largos y peligrosos puertos de los Alpes. El dice que la precaución es la mejor protección, y nunca conseguí convencerle de que se lo pusiera.

Yo había intentado ponerme mi casco antes de salir de casa pero me lo encontré roto. Uno de los niños (supongo) me había separado esa correa regulable que corre por el interior. Sin ella, el casco que quedaba suelto y no me servía para nada. No importaba mucho. Sólo íbamos a ir por un camino peatonal sin el menor peligro y a dos kilómetros por hora. 

De todas formas, la tarde anterior me había escapado al centro de la ciudad a comprar un casco "Junior" para mi hijo mayor. Él ya va en su bici sin ruedines y le ha cogido el gusto a las acrobacias. El casco infantil con forma de mariquita roja de puntos negros, que él mismo eligió hace un par de años, ya no lo quiere ni de broma, así que decidí comprarle uno muy aerodinámico con "look" de adulto. Le encantó porque era blanco y negro y tenía visera. Si hubiera podido hubiera dormido con él. 

Mi hijo mediano ya tenía un casco azul con unos pandas dibujados, que él mismo eligió y que lleva sin rechistar cada vez que yo lo transporto en la silla infantil de mi bicicleta. Al pequeño tuvimos que imponerle un poco el casco rojo de la mariquita, pero cuando vio que los mayores llevaban cada uno el suyo y que les hacíamos fotos, le cogió el gusto a llevarlo. Parecía la hormiga atómica. Tampoco le gustó demasiado ir sentado en la silla de niños de mi bicicleta. Renegó bastante, pero al final le cogió el gusto también y se pasó el camino hablando del río, las plantas y los patos. 

Al principio todo fue sobre ruedas. El mediano nos hacía ir a paso de tortuga. El lleva ruedines en su bici y además es extraordinariamente precavido. Cada cuesta para abajo mi marido tenía que bajar de su bicicleta para sujetarle, porque le daba miedo la sensación de que la bici se iba sola y él perdía el control. Aunque sabe frenar, con el susto que le entraba se olvidaba de los frenos, y sólo era capaz de echar los pies al suelo lloriqueando. De todas formas el camino era bastante llano y sólo nos encontramos un par de minicuestas sin importancia. Además, O es un niño tranquilo que disfrutaba pedaleando con lentitud y viendo todos los detalles de la ruta.

Lo dicho, íbamos a 2 por hora en un camino prácticamente plano y sin coches.

Yo lo vi venir varios minutos antes. El mediano empezó a echarse la mano a la cabeza intentando arrascarse, pero se topaba con el casco. Cada vez que soltaba el manillar con una mano, este se le torcía y el volvía a asustarse, echando los pies al suelo y lloriqueando. Justo en ese momento el mayor cogió velocidad y se adelantó bastante, así que yo salí detrás de él. Cuando le alcancé le pedí que esperáramos a papá y al mediano. 

Después de esperar un ratito y ver que no llegaban decidimos volver atrás y nos encontramos a mi marido de pié con el casco en la mano, mientras el mediano lloraba con desconsuelo. Había ocurrido lo que yo veía que iba a ocurrir: el niño no aguantaba más el casco. Le producía picores, le pesaba y le daba calor. Se negaba en redondo a ponérselo. Mi marido se negaba a continuar si no se lo ponía y estaba dispuesto a volver a casa echando a perder nuestro recién comenzado domingo primaveral de familia feliz en bicicleta. 

Yo salí en defensa del mediano: 

- A ver, A, se práctico. O no corre ningún peligro sin el casco porque va a dos por hora en una bici de ruedines por un camino llano y sin coches. Déjalo estar y sigamos ya.

Y ahí es donde me soltó eso de "Es que tu no tienes disciplina"

DISCIPLINA. Bendita palabra. Ese fue el detonante para comenzar, allí mismo, en medio del camino del río, una acalorada discusión (tipo español: voz elevada y mucha gesticulación, al menos por mi parte) sobre si era fundamental o no imponerle el casco a mediano. 

Mi marido argumentaba que no importaba que en ese momento en concreto el casco no fuera realmente necesario, sino que si cedía estaba "perdiendo" y no actuaba pensando en el futuro, cuando se diera la situación en la que el casco fuera realmente necesario. 

Yo argumentaba que cuando el casco fuera imprescindible  no daría marcha atrás y si el niño entonces se negaba, yo actuaría en consecuencia, cancelando lo que hubiera que cancelar.  Pero puede ser que cuando nos encontráramos con esa situación, O estuviera lo suficientemente maduro como para aceptar el casco sin rechistar, entendiendo las razones de porqué era necesario. De hecho, nunca me lo cuestionó cuando lo llevaba yo en mi propia bicicleta por la ciudad, situación en la que el casco no es negociable en absoluto. Por otra parte. ¿Como se atrevía a imponer a su hijo algo que él no cumplía? Porque como ya os he dicho, mi marido no ha llevado casco ni siquiera cuando realmente hubiera sido muy aconsejable que lo llevara. ¿O no lo es cuando bajas a más de 70 Km/hora por un puerto de montaña con coches circulando?

A toda esta réplica él empezó a echarme en cara mis otras "faltas de disciplina" como cuando el Viernes y el Sábado les dejo irse más tarde a la cama. Yo por supuesto le repliqué con los mismos argumentos:

- Era innecesario acostarse tan pronto como los otros días porque al día siguiente podían dormir más tiempo
- El no se acostaba a la misma hora y le gustaba quedarse hasta más tarde en la cama las mañanas del fin de semana. Así que ¿Que pretendía? Claro, que mamá "burradecarga" se siguiera levantando a las 6 de la mañana sábados y domingos porque unos niños que se acuestan a las 9 de la noche no se levantan a las 8 ó 9 de la mañana, no, se levantan a las 6 ó 7. ¿Y se levantaba él cuando eso ocurría????? ¡No claro!!! Para eso ya tenía a la indisciplinada de su mujer.......

Total, que di un pequeño espectáculo de "mamá española cabrada con papá alemán" a los recatados y silenciosos suizos que paseaban esa mañana a lo largo del río. Incluso solté mi filosófica frase de: "¡Yo estoy criando seres libres y no soldados de ningún ejército! ¡Yo quiero niños que sepan actuar en consecuencia y no obedeciendo a ningún absurdo concepto de disciplina!" Al final, como no nos íbamos a poner de acuerdo ni de lejos, lo dejé todo en manos de él. Le dije que él decidía: nos fastidiaba a toda la familia el Domingo precioso que íbamos a pasar, además de tener que cargar de vuelta a casa con su bicicleta, la bici de O y al propio O llorando a mares, o se bajaba del burro, dejaba a O sin casco y continuábamos a nuestra velocidad digna del Tour de Francia camino de las playas, las piscinas infantiles y la cafetería, para pasar toda la familia un domingo inolvidable y feliz.

Al final se bajo del burro, pero regañando bastante sobre mi falta de disciplina, mi ignorancia sobre lo que significa esa palabra y mi poca visión de futuro.


Acabamos pasando por encima del incidente y pasando un Domingo excelente. Los críos disfrutaron bañándose en las gélidas aguas de las piscinas y después nos tomamos unas salchichas ecológicas buenísimas. A la vuelta A fue tirando de O y su bici con un sistema improvisado con la correa de mi bolso, ya que O estaba agotado para seguir pedaleando. El mayor siguió con sus acrobacias y el pequeño se durmió en la silla de mi bicicleta. Llegamos a casa justo cuando empezó a formarse una fantástica tormenta de lluvia, truenos y relámpagos. 

Pero el asunto de la disciplina se nos ha quedado sin resolver, y ya le he dicho a A que haría un post con el incidente para conocer vuestras opiniones. Así que os agradecería mucho que participarais dándonos vuestro punto de vista. 

¿Que significa para vosotros la palabra disciplina?

¿Creéis que es necesario imponer la disciplina en la educación de vuestros hijos?

sábado, 19 de marzo de 2011

FELICIDADES PAPÁ

Felicidades papá:

Porque te quiero mucho, mucho ,mucho.

Por ser el padre que de niña envidiaban todas mis amigas.

Por ser siempre el alma de las fiestas

Por tus chistes (malísimos, sí, pero tan divertidos....)

Por tus canciones (sobretodo las zarzuelas)

Por cantarme "La paloma" cada día al despertarme para ir al colegio (con cuanto cariño lo recuerdo ahora y que rabia me daba entonces).

Por esa frase de la que siempre nos hemos reído tanto "cariño, bájate de ahí que como te vea tu madre...."

Por disfrutar con mis disfrutes

Por ser feliz con mi felicidad

Por sufrir con mis lágrimas

Por temer por mí cuando me sentías en peligro

Por intentar protegerme de todo

Por abrirme todo un abanico de posibilidades para desarrollar mi vida con tu trabajo y con tu esfuerzo

Por querer siempre lo mejor para mí

Pero sobretodo por respetar cuando mi decisión ha sido hacer lo que tu consideras que no es lo mejor para mí

Por superar tantos de tus condicionamientos patriarcales en nombre de tu amor por mí.

Por venir a Zürich un mes entero después de jurar que la próxima vez no te quedarías más de una semana

Por llorar de alegría y emoción con el nacimiento de cada uno de tus nietos

Por quererlos como los quieres

Por querernos siempre cerca

Por respetar nuestra decisión de vivir lejos

Felicidades papá. Te quiero mucho, mucho mucho: más allá de la luna, más allá del universo conocido, más allá del infinito, y eso no lo puede cambiar nada en este mundo.

Absolutamente nada.


Video: "Los ojos de mi padre" ("My father´s eyes") por Eric Clapton