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sábado, 30 de abril de 2011

ESTIMADO SEÑOR MINISTRO:



Estimado señor ministro Valeriano Gomez


No puedo evitar escribirle esta carta abierta, que usted no leerá, pero que me quema en los dedos después de leer sus últimas declaraciones en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. 


Y es que, señor ministro, no me puedo creer lo que acabo de leer. No me puedo creer que una persona en su posición haga gala de tan tremenda ignorancia sobre algo tan básico y fundamental como es la verdadera "conciliación familiar".


Porque realmente quiero creer que es ignorancia lo que le ha llevado a asegurar que: 


...."Si tuviera que elegir una sola medida por encima de todas las demás para estimular la igualdad y, al mismo tiempo, la eficiencia de una economía, la capacidad, la producción y la riqueza a medio y largo plazo, esa sería que todos los chicos pudieran estar escolarizados inmediatamente después de su nacimiento".


Y es que si no ha sido la ignorancia, si usted ha hablado perfectamente informado de las consecuencias que tendría la aplicación de sus medidas, es como para asustarse de que nuestra sociedad esté en manos de hombres así.


Toda la bibliografía, escrita por grandes profesionales de las más diversas disciplinas, que demuestra 
  • La necesidad de los hijos de estar con sus padres. 
  • La necesidad de los bebés de no romper su "continumm" y seguir con su madre, al menos en el periodo de exterogestación (los siguientes seis meses tras el parto, tal vez nueve). 
  • La necesidad de las madres de estar con sus bebés. 
  • La necesidad de los padres de estar con sus hijos. 
está a su alcance de la misma manera que ha estado al mio. Moléstese en leerla, por favor, porque una persona en su cargo debería conocerla. O al menos debería dejarse asesorar por personas que la conocen.


Yo, señor ministro, no tengo la menor intención de parir un hijo para abandonarlo inmediatamente en manos de otras personas, por gratuita y bien vista que sea esta opción. Yo, señor ministro, a pesar de haber dedicado gran parte de mi vida adulta a la investigación biomédica, quiero criar a mis hijos. Quiero darles lo que ellos necesitan: a su madre las 24 horas del día, durante el tiempo que sea necesario. Y quiero que ustedes, los políticos, me apoyen en esta opción de la misma manera que apoyan a las mujeres que no la toman. Actualmente no lo hacen y yo me siento discriminada. Actualmente me saldría más rentable dejar a mis hijos en manos desconocidas, pero subvencionadas, y dedicarme yo a seguir desarrollando mi carrera profesional, que permitir que mis hijos se críen en mis manos, no subvencionadas y encima penalizadas por tomar esta decisión. 


Yo, de verdad, no sé que pretende haciendo declaraciones como las que ha hecho. ¿Quiere hacerse el progresista? ¿El feminista? Pues yo creo que lo verdaderamente progresista serían las medidas que permitieran a los padres pasar más tiempo con sus hijos. Que las madres pudieran vivir su puerperio (al menos dos años) con sus bebés, sin sacrificar su vida profesional; y esto no es encerrando a las mujeres otra vez en casa (como piensan algunos) sino sacando a los bebés a la calle, a la vida activa de sus madres; dando facilidades para que las madres puedan desarrollar su profesión cerca de sus hijos, al alcance de sus hijos.  O sea, normalizando la maternidad, que parece que sea algo vergonzoso que sólo se puede ejercer en casa, con las cortinas echadas. Permitir que las madres que quieren estar al alcance de sus hijos las 24 horas del día puedan desarrollar su profesión. Esto sería lo realmente progresista.


¿Difícil? Seguro, dificilísimo. De hecho requiere un cambio de mentalidad tan profundo que parece una utopía. Pero, ¿Acaso usted está en donde está para hacer cosas fáciles?. ¿No debería ser su objetivo conseguir una sociedad mejor? ¿Cree que esta sociedad puede mejorar si la forman seres humanos heridos, insatisfechos  y abandonados desde que son bebés? ¿Cree de verdad que es bueno para alguien, ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo, separar a las madres de sus bebés cuando más se necesitan?


Lea, señor ministro, lea y estudie. Si lee un poquito y se informa mínimamente sobre los últimos estudios en salud primal, sobre los efectos que produce la institucionalización en los bebés,  sobre el efecto del estress en la configuración del cerebro y en la futura salud mental del bebé, se daría cuenta de la barbaridad que ha dicho. 


De verdad que quiero creer que es la ignorancia la que ha hablado a través de su boca y no la simple maldad. Quiero creer que nuestros políticos son todavía seres humanos (con sus defectos y virtudes) y no seres tan heridos que han perdido hasta su última traza de humanidad. 


Atentamente


María Berrozpe


jueves, 28 de abril de 2011

SOBRE EL "DERECHO" A SER PADRES





Llevo varias semanas dando vueltas a la cabeza con este tema. De hecho escribí un post enterito que acabé borrando; me dio miedo que fuera demasiado duro o, incluso, ofensivo. Tras escribirlo, leerlo y releerlo me dio la impresión de que me había convertido en una juez implacable con el poder de opinar sobre quien tiene derecho y quien no a ser madre o padre.


Y es que lo escribí enfadada. A mis manos habían llegado una serie de artículos que me mostraban la parte más egoísta y oscura del deseo maternal/paternal. Uno de los artículos fue el caso de un matrimonio australiano, capaz de matar a sus gemelos intrauterinos, productos de la fecundación "in vitro", porque deseaban una niña. Los mataron por ser varones.  Unos días antes, en otro artículo, pude leer las desgraciadas declaraciones de una famosa de la prensa rosa, que calificaba el amor que sentía por su hijo biológico con un 10 y el que sentía por sus gemelas - producto de un vientre de alquiler - con un 9. Y es que para esta señora el amor por un hijo biológico es mayor que por uno adoptado. Hay hijos de primera y de segunda, vamos. Todo esto se unía a comentarios que había ido leyendo en diferentes medios de comunicación, blogs de adopción y grupos de facebook, hechos por padres adoptivos que parecía que habían ganado el certificado de idoneidad en una rifa de feria. Y eso que  los adoptivos al menos tienen que superar una evaluación porque los biológico ni eso. De hecho, a la hora de la verdad es todo lo contrario: el derecho de los padres biológicos sobre sus hijos se pone muchas veces por delante del derecho de los menores a que se haga lo es mejor para ellos.


Parece que para ser padres, y padres del bebé que queremos, todo vale. Y de verdad que entiendo la injusticia que supone para muchas personas no poder concebir hijos de manera natural. Personas con un poderoso deseo maternal/paternal que serían  padres maravillosos. Personas que pueden ver como hay mujeres abortando bebés no deseados,  pariéndolos  para luego matarlos, abandonarlos o maltratarlos, mientras ellos que quieren ser padres y tienen todo lo necesario para dar a una criatura una crianza amorosa y completa, no pueden. Es muy injusto. Muy, muy injusto.


Pero eso no convierte la maternidad/paternidad en un derecho. Ni convierte en realidad la frase "el fin justifica los medios". Y los medios hoy en día son muchos y variados. A los tradicionales de la fecundación natural y la adopción, en los últimos decenios se ha unido el desarrollo de las técnicas de fecundación "in vitro". Y estas últimas han acabado de abrir la caja de Pandora.


Ahora muchas personas que no podían concebir, pueden, como si todo el mundo tuviera el "derecho" a ser padres por todos los medios y en cualquier circunstancia. Pero la posibilidad de que una mujer se quede embarazada en algunas de las situaciones en las que no hubiera sido posible de manera natural puede ser extremadamente delicado. Porque estamos hablando del inicio de la vida de un nuevo ser humano. No se trata de una técnica para salvar la vida de nadie, ni para curar a un enfermo. Se trata de una técnica que produce nuevos seres humanos (y, que yo sepa, no somos una especie en peligro de extinción).  Yo siempre he sido muy crítica con esta tecnología y de hecho no me pareció muy oportuno que  su "padre" recibiera el premio Nobel, pero reconozco que bien utilizada ofrece la oportunidad de ser padres a personas que por patologías muy concretas no pueden concebir, pero por lo demás llevan a término el embarazo sin más complicaciones que cualquier embarazo producido naturalmente. Así que, en principio, no tenemos porqué esperar ninguna consecuencia negativa para estos bebés.  Esta es su cara buena.


Pero también tiene una cara mala: la fecundación "in vitro" también ha abierto la posibilidad a que se produzca un embarazo en situaciones que, por decirlo suavemente, son éticamente muy cuestionables. Este es el caso, por ejemplo, de las mujeres que por su edad ya no son fértiles pero deciden embarcarse en la aventura a pesar de los riesgos que supone, no sólo para ellas, sino sobretodo para el futuro bebé. También es muy delicada la situación de mujeres que por la enfermedad que sufren tienen embarazos de alto riesgo que raramente llegan a término produciéndose por ello abortos repetidos o nacimientos prematuros. 


Pero para mí el premio al mal uso de la técnica se lo llevan los llamados "vientres de alquiler". Concebir un hijo en el cuerpo de una mujer que no será su madre sólo para satisfacer el deseo maternal/paternal de otras personas me parece una manera de lo más brutal de tratar la vida humana como una mercancía más.  Porque aquí se ha montado un negocio, como otro cualquiera, donde el deseo de ser padres al precio que sea y en cualquier condición se utiliza para conseguir ganancias, caiga quien caiga en el camino. Pero esto es terrible porque en este camino el que cae es un bebé humano. Una criatura completamente a merced de los adultos que deciden sobre como y cuando es concebido, como y cuando nace y en que condiciones.


En una época donde profesionales como Nils Bergman nos dicen que "lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que lo separen de su madre", o como Nancy Verrier que describió la "herida primal" sufrida por los bebés ofrecidos en adopción; donde proliferan las organizaciones de adoptados reclamando su derecho (ya legalmente reconocido) a  saber sus orígenes biológicos y, lo que es más importante, su necesidad de saberlos; parece mentira que se estén realizando miles de fecundaciones "in vitro" con esperma y/o óvulos de donantes anónimos y en algunas ocasiones en mujeres que alquilan su cuerpo para hacer de incubadoras, con lo que el bebé no tendrá ninguna posibilidad de que se le respeten dos de sus más importantes derechos:


1- El derecho a no ser separado de su madre
2- El derecho a conocer sus antecedentes biológicos


Así que a los abusos que históricamente se han cometido en el terreno de la adopción y de la maternidad/paternidad biológica, ahora tenemos que añadir los que se producen gracias a las nuevas tecnologías desarrolladas, y francamente, me dan mucho miedo. ¿Quien controlará su uso? Porque aunque algunos países tienen una legislación bastante restrictiva, en otros todo está permitido, así que con tener dinerito ya vale: consigues el niño que te interesa. ¿Quien evitará el diseño de hijos  "a la carta"? ¿Quien pondrá un límite de edad para concebir? ¿Quién valorará la diferencia entre valentía y  puro egoísmo/irresponsabilidad? ¿Quién controlará el derecho de todos los seres humanos a no ser un producto de compra/venta? ¿Quién controlará las motivaciones para engendrar estos hijos?


¿Qué sentirán en el futuro esas personas producto de un "vientre de alquiler" anónimo y de un óvulo y/o espermatozoide de origen desconocido?  ¿Son conscientes los padres que recurren a ellas de la repercusión que tendrá este origen en la vida de sus hijos? ¿Les da igual?  


Y volviendo a la pregunta inicial ¿Existe el derecho a ser padres? Yo creo que no. La maternidad/paternidad no es un derecho. El derecho a la vida y a unos padres capaces de cubrir todas sus necesidades de ser humano, lo tiene la criatura recién concebida. 


Pero nosotros, los adultos, no tenemos derecho a concebir cuando no podemos garantizar, al menos mínimamente, el cumplimiento de los derechos de nuestros hijos. De la misma manera que concebir y parir un hijo no te da el derecho a quedarte con él, como si de un bien se tratara, cuando no quieres o no  puedes cumplir con tu rol de madre/padre. Ni cualquiera puede adoptar, si no demuestra antes que está capacitado para cubrir todas las necesidades de una criatura. 


En la naturaleza lo podemos ver muy claramente: sólo dejan descendencia los mas aptos, los mejor adaptados, los más fuertes. En cualquier caso no es un derecho que tengan por defecto todos los individuos, sino que se convierte en el objetivo por el que viven y luchan y que sólo algunos consiguen. 


En la sociedad humana no es tan simple. De hecho no tienen más hijos los que más fuertes o los mejor adaptados. Parece que la naturaleza se ha desligado de la sociedad y ser capaz de concebir ya no está ligado ni al deseo de ser madre/padre ni a la capacidad de la persona para cuidar a su descendencia y asegurar su supervivencia. Por eso se dan situaciones tan críticas e injustas (unas personas que conciben muchos hijos de los que no pueden o quieren hacerse cargo y otras que no pueden concebir pero tienen todo lo necesario y más para cuidar una o más criaturas). Injustas para todos los protagonistas, pero especialmente para el bebé, que no ha pedido estar aquí, pero aquí lo han traído. 


Es un tema muy delicado y polémico. Los responsables de poner reglas y límites en todo este asunto no lo tienen nada fácil porque se trata de juzgar a las personas, a su capacidad para ser madres o padres. Yo reconozco que algunos casos (como los que he citado más arriba) me escandalizan, pero claro, yo juzgo con mis propios parámetros y ¿Quien soy yo para juzgar a nadie? ¿A sus motivaciones o a su capacidad para ser madre/padre?


¿Qué opináis vosotros? ¿Deberían existir límites a la hora de aplicar la tecnología de la misma manera que existen a la hora de adoptar un hijo? ¿Quién debería ponerlos?