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viernes, 17 de mayo de 2019

DÍAZ AYUSO Y EL EMPRENDIMIENTO DE LAS (SUPER)MADRES

Dice Isabel Diaz Ayuso, candidata del PP, que a ella le gustan mucho las mujeres que emprenden justo después de dar a luz. Como su amiga Ana, dice, que una semana después de parir ya está emprendiendo. Y no emprendiendo de manera local, no. Ana —super-Ana, si me permiten— está “emprendiendo por el mundo”. Vamos, que la tía es tan genial que su ciudad, ¡hasta su país!, se le quedan pequeños cuando se trata de emprender en pleno puerperio. Y es que, a la semana de parir, con los puntos de la episiotomía (o la cesárea) todavía frescos, el útero en plena involución, entre entuerto y entuerto, todavía perdiendo sangre nivel “Down of death”, lo mejor que podemos hacer las mujeres es ir a comprar un billete de avión para irnos por ahí, cuanto más lejos mejor, a emprender.

Lo que no deja muy claro es si tenemos que emprender con bebé o sin bebé. Porque si es sin bebé será todo mucho más fácil, donde va a parar. Y es que las podemitas ya se están encargando de que podamos escolarizar a nuestros bebés desde el minuto cero, para que nos podamos dedicar a emprender tranquilas. Por eso no entiendo muy bien cuando Diaz Ayuso acusa a las de izquierdas de “victimizar y colectivizar los sentimientos”, como si estas tuvieran alguna pretensión de apoyar a las mujeres que tenemos hijos para criarlos así, en plan mamífero, con teta a demanda y contacto las veinticuatro horas del día, tipo gorila de montaña.


Pero, señoras, ¡si remáis todas (y todos) en la misma dirección! ¿A qué viene lanzaros tanto insulto gratuito? El objetivo es separar a la criatura de su madre cuanto antes para que ella, la madre, pierda el mínimo tiempo siendo “improductiva” ¿No es cierto? Lo de menos es si emprende o se va a trabajar de cajera al Carrefur, pero el caso es que genere riqueza ya. Además, éste es el método más antiguo de la historia para conseguir una sociedad violenta. Ya lo dijo Prescott en el año 1975; cuanto menos placer corporal y menos afecto maternal a las criaturas, más violencia.  Y yo, entonces, me monto la ecuación perfecta; más violencia igual a más miedo, más miedo igual a más sumisión, más sumisión igual a más poder para los poderosos y, finalmente, más poder para los poderosos igual a la perpetuación de este sistema aberrante que nos está llevando a la especie humana hacia la extinción, a la vez que sigue enriqueciendo y llenando de privilegios a un 1% de la humanidad mientras hunde en la miseria al resto.



El caso es que cuando oí a Isabel hablando sobre su amiga Ana —super Ana, si me permiten— no pude menos que sentirme un tanto perpleja porque, oye, yo, lo que se dice emprender, siento que llevo trece largos años emprendiendo, en serio. De hecho, ni siquiera esperé una semana para empezar. ¡Yo empecé a emprender desde el minuto cero!



Emprendí tres veces una lactancia materna. Tres veces. Cuatro mastitis la primera, dos la segunda y al menos una evidente en la tercera. A día de hoy cuando pienso, oigo o digo la palabra “mastitis” me duele la teta izquierda. Fueron tres proyectos muy duros e intensos que en conjunto me llevaron nueve años. Valió la pena cada segundo invertido, eso también es verdad, y si bien no "generé riqueza" tal y como se considera convencionalmente, creo poder asegurar que ahorré a nuestro seguro médico unos cuantos miles de francos a medio y largo plazo. Y si no preguntadles a ellos, que me cobraban menos si amamantaba. Digo yo que, con lo prácticos que son los seguros de salud suizos, por algo debía de ser.



Emprendí tres veces una relación de apego. Tres veces. La segunda y la tercera intentando no interferir en el desarrollo de la anterior. Me convertí en una maga del malabarismo con el tiempo invertido a cada niño. He llegado a dar el pecho al pequeño mientras le tiró la pelota con el pie al mediano y le leo un cuento al mayor. En mis mejores momentos, además, entre párrafo y párrafo de la historia infantil era capaz de planificar la cena, hacer la lista mental de la compra y mirar de reojo el reloj a ver si llegaba la hora en la que regresaba, por fin, el padre de las criaturas.



Emprendí tres proyectos de educación. Tres proyectos. Con tres niños, cada uno diferente. Madre primeriza tres veces, me digo. Porque a dos les gusta el Kung-fu y al tercero el tiro al arco. El fútbol, por suerte, a ninguno. Pero los dos pequeños pintan y el mayor canta. A los tres se les dan bien las mates, y a ninguno le gusta especialmente la lengua, aunque tienen dos idiomas en casa y dos más en el colegio. A uno le gusta el inglés, pero odia el francés. Al otro el francés le parece precioso y el inglés muy simple. Al pequeño no le gusta ninguno hoy, y le gustan todos mañana. Quieren hablar siempre en alemán y se niegan a leer libros en español, así que aquí me tenéis escribiendo una novela con ellos para que no pierdan su (mi) amadísima lengua madre. Tengo doce horas al día, más o menos, para ofrecer a cada niño actividades y materiales que les permitan desarrollar sus talentos y superar sus dificultades. Llevo trece años inmersa en mis tres proyectos de educación, y la cosa promete porque va para largo.


Emprendí un programa de salud infantil que incluía nutrición, higiene, desarrollo cognitivo y todo lo necesario para que mis tres retoños crezcan sanos y fuertes. Fui llevando la adquisición de conocimientos teóricos en paralelo a la aplicación práctica. Muy estresante todo, especialmente las épocas en que el mayor se me ponía a 40 grados de fiebre por un catarro, el mediano pillaba tres veces la escarlatina y el pequeño se quedaba anémico porque sólo quería leche y yogur. En el tema del sueño llegué a profundizar tanto que escribí un libro fruto de la lectura de unos 600 artículos científicos (que ahora son más de mil). Pero ese libro sólo es la punta del iceberg de años estudiando intensamente todo lo que consideré relevante para la crianza de mis hijos. Al menos el proyecto del sueño, gracias al libro, los artículos y los cursos, tiene cierto reconocimiento social y económico. Pero todo el trabajo que lo sostiene es invisible. La inversión en tiempo y energía, impagable. La recompensa, en cualquier caso, ha sido inmensa porque me ha dado libertad para criar a mis hijos como realmente quiero hacerlo. Y ese era mi objetivo (y no generar dinero para las arcas del estado).


Así que, querida Isabel Díaz Ayuso, las madres somos emprendedoras por definición y no necesitamos salir de nuestro pequeño mundo para conseguirlo. Pretender que, además de en la maternidad, emprendamos en el campo laboral en plena etapa de exterogestación es, cuanto menos, maltrato y abuso contra la mujer y contra la infancia. Como estamos en una sociedad maltratadora por sistema, sobre todo contra los niños y no menos contra las mujeres, no me extraña esta normalización de la violencia por parte nuestros políticos (Prescott lo explica muy bien, como ya he comentado). Pero que no me extrañe, no significa que esté dispuesta a seguir consintiéndola.

Porque muchas mujeres en el mundo hemos emprendido o estamos emprendiendo el proyecto más importante para la sociedad: la maternidad deseada, responsable, consciente, libre y mamífera.


Y el que no quiera verlo, pues que se vaya comprando unas gafas, porque ya nos hemos hartado de ser pisoteadas por todos estos políticos que, como tú, nos ningunean.









martes, 22 de noviembre de 2011

"EUNUCAS" DE LA MATERNIDAD


Dicen que los extremos se tocan y debe de ser verdad porque en el mundo de la política hay enemigos acérrimos que, al menos en lo referente a la maternidad, van de la manita bien juntitos. Y como muestra un botón: dos mujeres de ideología política opuesta (opuestísima), a pesar de lo cual hacen gala de la misma actitud de desprecio por la maternidad: Beatriz Gimeno y Soraya Saenz de Santa María.

Tal vez haya sido casualidad, o tal vez no, que me hayan coincidido en el tiempo estas dos muestras de lo que es hoy por hoy la mujer patriarcal, la mujer castrada, la eunuca maternal del siglo XXI. Al menos me ha quedado claro que esta masculinización transciende ideologías políticas, religiosas y morales; por si todavía tenía dudas, después de quedarme sin ningún partido digno de ser votado tras estudiar las diferentes políticas de conciliación familiar que ofrecían.

Como ya ocurrió hace unos años con Carme Chacón, parece que Soraya Saenz de Santa María tiene que demostrar a los cuatro vientos que, antes que madre, es una política. Y ahí la tenemos: a los 9 días de parir, sin su hijo en brazos, celebrando la victoria electoral, y con un "muy prometedor" futuro laboral para los próximos meses como lider del equipo del PP encargado del traspaso de poderes.

Los próximos meses, que deberían ser de puerperio - esto es, recogimiento, intimidad y crianza- van a ser de vida política a tope y de trabajo duro. Lo dicho, muy prometedor. Sobretodo para ese bebé, un niño llamado Iván, que todavía no sabe por qué su madre necesita dejarle en manos ajenas (probablemente muy bien pagadas, eso sí) para salir a la calle a igualarse en dignidad y derecho con los hombres. (Sí, ya sé, tal vez lo deje con el padre. Pero me vais a permitir ser todavía más politicamente incorrecta si basándome en todo lo que he ido aprendiendo estos últimos seis años, opino que todavía no es el momento del padre y que para el bebé, hoy por hoy, lo mejor de lo mejor es estar con su madre)

Según las propias palabras de la nueva madre, su hijo va a animarle a trabajar más y mejor. Que lástima. Todas las cosas que Saenz de Santa María podría hacer realmente por el bien de su hijo y de los hijos de todas y todos, y que no va a hacer porque son labores desprestigiadas, menospreciadas y políticamente incorrectas, como amamantar al niño a demanda - sacando la teta donde se tercie y ante quien se tercie-  estar disponible para él noche y día, ir a todas partes con el bebé pegadito al cuerpo,  y en resumen: todo lo que significa ser madre a tiempo completo integrando la maternidad en su vida en lugar de dejarla en un rincón en manos de otra persona.

Y no, si yo entiendo, de verdad que lo entiendo. En la sociedad actual, tal cual están las cosas, es evidente que Saenz de Santa María ha pensado que sólo tenía dos opciones: sacrificar el ejercicio de su maternidad o sacrificar su vida política. Hoy por hoy, una política con sus objetivos y ambiciones no se puede permitir el derecho a ser la madre que su hijo necesita porque conllevaría el abandono de su prometedora carrera,  por lo que sería  calificada de machista o neo-machista, algo que al PP, desde luego, no le conviene nada. Y tampoco parece que le convenga que se den los primeros pasos para que las condiciones actuales cambien drásticamente y se abra la puerta a la verdadera conciliación. Y como no le conviene pues ella no lo ha hecho. Así parece que ganan la mujer-política y su partido. Que la mujer-madre se tenga que quedar por el camino y que un bebé vaya a tener que prescindir de lo que para él es imprescindible, no importa a nadie.

Así que, vistas las cosas, la ex-portavoz del PP ha decidido salvar su vida política y sacrificar su maternidad, lo que es una verdadera pena porque existía una tercera posibilidad que ya hemos adelantado en el párrafo anterior, tal vez demasiado atrevida: dar los primeros pasos para alcanzar la verdadera conciliación. ¡ Que forma de desperdiciar una oportunidad de oro para que una mujer con el poder de hacerlo empiece a cambiar de verdad las cosas! En lugar de eso no sólo se somete a la vieja dinámica del sistema, sino que echa por tierra las todavía insuficientes condiciones de conciliación conseguidas por años de lucha de sus predecesoras. ¿ Dieciséis  semanas? ¿Para que? ¡Yo no necesito más que nueve días!!!!!!

¿A quién le importa todo lo que disciplinas como la neuropediatría, la etnopediatría o la psicología vienen demostrando en los últimos años, sobre la necesidad de los bebés de estar con sus madres, alimentarse de su leche a demanda y sentir junto a ellos su cuerpo de día y de noche ? Si total, por aquí todavía hay gente que no se lo cree. O más bien prefiere no creérselo, no vaya a ser que tenga que replantearse su noción de lo que es feminismo e "igualdad" entre los sexos. Es más, antes de replantearse nada prefieren  echar mano de la más burda mentira para poder negar cosas que hoy en día  ya recomiendan todas las más importantes asociaciones de pediatría o la misma OMS: lactancia a demanda exclusiva hasta los 6 meses y acompañada de alimentación complementaria hasta, como mínimo, los dos años. Si algo tan básico y  ampliamente recomendado es puesto en duda, ya ni me imagino lo que opinaran sobre los estudios sobre el apego que recomiendan el contacto madre-hijo continuo día y noche o los que hablan de la herida primal que sufren los recién nacidos que son separados de sus madres.

Entre las personas que niegan estas evidencias está otra mujer que seguro que estaría aplaudiendo a Saenz Santa María y su ejemplar "conciliación" familiar", si no fuera porque le habrá repateado el hígado (y resto de órganos) la victoria por mayoría absoluta del partido de su adversaria. Beatriz Gimeno llevaba ya unas semanas deleitándonos con sus posts sobre lactancia cuando ha decidido pasar a atacar al colecho y sus defensores, sobretodo si estos defensores llevan pantalones, como nuestro Armandillo.

A Gimeno, la decisión de Saenz Santa María de poner su carrera política por delante de las necesidades (según esta primera, inexistentes) de su hijo recién nacido, debería haberle producido,como mínimo, un orgasmo feminista. Aunque lo más probable es que le haya dejado descolocada que semejante actitud tan progresista, feminista y todo lo "ista" que se le ocurra, venga de alguien perteneciente a un partido tan conservador y de derechas. Me imagino que hubiera preferido ver a la antigua portavoz del PP  con una bata de flores, los rulos puestos y el niño enganchado a la teta mientras su rostro ojeroso y lloroso revela el enorme sufrimiento al que le somete la maternidad. Pero mira por donde resulta que la derecha y la izquierda parecen darse la mano en este asunto y, como dijo mi amiga Mónica el otro día en un comentario en FB: " Soraya y Beatriz podrían ir juntas a tomar un té y hablar de maternidad ¡se iban a llevar de maravilla!"

A mí, tanto el ejemplo de "conciliación" de una, como los post sobre lactancia y colecho de la otra, sólo me producen una honda desesperanza. Desesperanza por su ceguera, por su conformismo, por su cobardía y, en definitiva, por su sometimiento al sistema. Con el agravante de que ambas van de abanderadas, de ejemplos de mujeres modernas, luchadoras y, ante todo y ante todos, profesionales y liberadas.

Lo dicho, que no importa que sean de derechas o de izquierdas, católicas o ateas, heterosexuales, bisexuales o lesbianas, madres o no madres, jóvenes o viejas....... por desgracia parece que las políticas de este país van todas juntas de la mano, al ritmo que marca la sociedad patriarcal, masculinizadas y maternalmente castradas.

Y me vais a disculpar, pero yo me niego a ser una eunuca maternal. Quiero ejercer mi maternidad en su totalidad y además, ingenua de mí, sin renunciar a todo mi potencial como mujer y persona en todos los demás aspectos. Pero por desgracia en el mundo político actual nadie me representa. Tal cual están las cosas, las mujeres en puestos de poder sólo han podido llegar ahí tras someterse a la masculinización de rigor. Y por lo que parece, una vez en el poder, no tienen la menor intención de cambiar nada.

Mientras, las otras, las que hemos decidido ser madres y nos negamos a sacrificar nuestra maternidad, nos quedamos a la sombra, sin posibilidades laborales, ni sociales ni, mucho menos, políticas. Pero como es un "error" que hemos cometido  libremente no nos queda otra que aguantarnos, porque no tenemos tiempo para la lucha política más allá de nuestros desahogos ocasionales en nuestros guerreros blogs. Desahogos que escribimos de 5 en 5 minutos a la vez que amamantamos, dormimos en brazos, preparamos meriendas, limpiamos culetes, ponemos tiriritas, abrazamos, besamos, damos algún que otro grito  y, en definitiva, estamos disponibles toda nuestra jornada - laboral y tiempo libre - para nuestros retoños.

Algo que, actualmente, es políticamente muy incorrecto.





martes, 15 de noviembre de 2011

SEÑOR GRIÑÁN ¡NO SE META EN NUESTRAS TETAS!



Escribo todavía con el pico de adrenalina inundando mis venas y arterias. Me la imagino como un maremoto que se distribuye por todos mis tejidos, aumentando mi frecuencia cardiaca, movilizando mis reservas de azúcar del hígado, contrayendo mis vasos sanguíneos, dilatando mis pupilas y haciendo que mi cerebro produzca dopamina, lo que me hace sentir peleona y exultante. Me siento como una leona a la que insultan, agreden y ofenden, a punto de atacar. Todo mi cuerpo se acaba de preparar para la lucha aunque, en lugar de liarme a zarpazos y mordiscos con alguien, como digna representante de una Homo sapiens hembra del siglo XXI, me siento delante del ordenador, donde se va desarrollar mi defensa/ataque.  Luego espero que, por el bien de mis arterias y mi corazón, mi marido llegue a tiempo para que yo pueda acabar de quemar los efectos de esta hormona con una buena carrera por el bosque, antes de que anochezca.

Hoy estoy segura de que voy a batir todos mis records de velocidad. Sólo tendré que recordar una y otra vez un párrafo que acabo de leer en El País en un artículo titulado Un feminista llamado Griñán. Y es que impresiona, encoleriza, entristece y da mucho, mucho, mucho miedo (pero que mucho, mucho, mucho y me quedo corta) que semejantes declaraciones salgan de la boca de un político, o sea, de una persona que tiene el poder en sus manos. Un poder que le hemos dado sus conciudadanos.

El párrafo en cuestión es el siguiente:

"Desde que estalló la crisis, José Antonio Griñán no ha parado de analizar, en público y en privado, sus causas y sus consecuencias. Desde todos los puntos de vista. Ayer en un encuentro con colectivos de mujeres advirtió de una las derivadas de la catástrofe económica: el de la "ridiculización" de los avances en materia de igualdad y del "retroceso en la conciencia ciudadana" de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. ¿En qué se nota? En todo, según él. En que vuelve a ponerse el acento en el "papel reproductivo de la mujer", creando en las mujeres una "mala conciencia", por ejemplo, para que opten por la lactancia materna de los hijos, algo que él describió como una forma de "canibalismo".

Francamente, yo ya no soy ni de derechas ni de izquierdas. Tengo mis ideas, que desgraciadamente no acaban de coincidir con ningún partido político (y desde luego con ninguno de los dos mayoritarios), pero si hubiera tenido la más mínima tentación de votar al PSOE, se me hubiera ido tras la lectura de semejantes insensateces.

Por suerte, gracias al milagro de internet y sus blogs, tengo la oportunidad de mandar a la nada mi respuesta a semejante desfatachez. Así al menos me quedaré más ancha que larga y quemaré parte de mi subidón de adrenalina. Así que:

Estimado señor Griñán:

No sé exactamente que idea tiene usted sobre la manera de defender a las mujeres y sus derechos, pero desde luego empeñarse en castrarnos una y otra vez siguiendo la costumbre del sistema patriarcal que usted - por lo que parece - admira y defiende tanto, no es la mejor. De hecho no es una manera en absoluto.

Esta  ""ridiculización" de los avances en materia de igualdad y del "retroceso en la conciencia ciudadana" de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres" no es fruto de esta crisis, como usted dice, no, es fruto de la concienciación de cada vez más ciudadanas y ciudadanos de que así, en guerra permanente con nuestra naturaleza y con nuestra humanidad, no podemos seguir. 

No voy a entrar aquí a profundizar sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, o sobre la necesidad de que estas diferencias se respeten y sobre los efectos que han tenido y tienen dos factores fundamentales:

1-  El dominio de uno de los sexos respecto al otro. Dominio que se aprovecha de la necesidad de la cría humana de ser engendrada, gestada y alimentada en y sobre su madre, durante su periodo primal.

2- La masculinización a la que se ve obligada la mujer patriarcal para poder igualarse en dignidad y derechos al macho de su especie, sacrificando (gran) parte de su feminidad en el proceso.

Para que se informe y profundice más en estos temas le recomendaría encarecidamente que leyera los escritos de Casilda Rodrigañez, escritora y feminista española con un amplia y esclarecedora bibliografía.

Pero lo dicho anteriormente ni siquiera es lo más vergonzoso que, por lo que parece, llegó a decir usted el otro día. Calificar en su discurso la lactancia materna como "canibalismo" para mí sería razón suficiente para que presentara su dimisión de cualquier cargo público y desapareciera de la vida política para siempre. Evidentemente esto no va a ocurrir, pero lo más triste de todo es que, tras decir semejante sin-propósito, usted siga considerándose y siga siendo considerado "feminista" y defensor de la mujer. No sé si servirá de algo que le recomiende leer artículos como el publicado hace cosa de un año en el blog de Ileana Medina, Tenemos Tetas, de la antigua  presidenta de al Liga de la Leche en francia, Claude-Suzanne Didierjean-Jouveau, donde podrá ver que la lactancia no es un cadena de esclavitud alrededor del cuello y los pechos de las madres, sino un acto de placer y de sexualidad maternal, derecho que todas las mujeres y sus hijos deberíamos tener por defecto. Tal vez una idea demasiado rompedora y revolucionaria para su pequeña visión de lo que es progreso y feminismo. 

Según usted "se vuelve a poner énfasis en el papel reproductivo de la mujer", y esto es "un retroceso". Pues mire usted: yo creo que esto no es un retroceso en absoluto. El retroceso es negar el papel reproductivo de las mujeres y hombres de esta sociedad. Este es el verdadero retroceso y lo que nos ha llevado a donde ahora estamos. Poner el acento en el papel reproductivo de la mujer y el hombre, en la necesidad de ambos de criar y cuidar a sus hijos, sería un inmenso paso hacia adelante para superar no sólo la crisis actual, sino la crisis crónica en la que estamos sumergidos como humanidad desde los orígenes del patriarcado

Que los políticos de hoy en día todavía no vean, o no quieran ver, lo evidente y vayan por ahí con ese viejo discurso del feminismo de la igualdad me pone los pelos de punta y me hunde en la desesperanza. 

Si además en el mismo artículo y tras las declaraciones del señor Griñán me encuentro las de una mujer, Rosario Valpuesta, Catedrática de Derecho Civil de la Universidad Pablo de Olavide, que rematan lo que el señor Griñán ya hirió de muerte, todavía me hundo más en la desesperanza y el miedo. Según la señora catedrática: 

"..las jóvenes de 30 años no tienen conciencia de género y las están "fastidiando con una idea de nueva maternidad" en las que trabajar y ser madre resulta incompatible."

Pues no, doctora Valpuesta, las jóvenes (discúlpeme pero a pesar de mis 41 me incluyo) de hoy en día no estamos fastidiando nada con la idea de Una Nueva Maternidad. No doctora, no. Lo que queremos es cambiar las cosas, precisamente para que trabajar y maternar a nuestros hijos no sea incompatible porque hoy por hoy, tal cual está la situación, sí lo es.

Así que de fastidiar nada de nada. Las que "fastidian" son las que tras haber sacrificado su maternidad (o el maternaje de sus hijos) por estar en puestos de poder, se dedican a dificultar que las cosas cambien, para conservar sus posiciones y evitar que la nueva generación de mujeres pueda realizarse plenamente y realizar su faceta profesional y social, a la vez que su faceta femenina y maternal. Esas sí son las que fastidian, cuando la realidad es que deberían ser el primer paso del verdadero cambio: el cambio que permita la crianza de ciudadanos sanos, libres, sin carencias primales y convenientemente destetados. Los únicos que podrían darnos un verdadero futuro como especie y como sociedad.

La ceguera y estancamiento del señor Griñán y de la doctora Valpuesta me llena de tristeza, desesperanza y miedo. Ya lo he dicho ¿Verdad? Pero es que no me cansaré de repetirlo. El problema no es lo que digan ellos, no. El problema es que parece imposible encontrar un discurso diferente con probabilidades de llegar a tener el poder necesario para cambiar las cosas. 

Y de momento hoy lo veo todo muy negro.

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Griñán y la lactancia materna. Rectificamos y nos reafirmamos.
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PD: 

En el genial artículo de Nohemí en su blog Mimos y Teta un comentarista ha colgado este audio con las declaraciones del señor Griñán en el acto por la igualdad. En él podemos escuchar que no dijo canibalismo sino talibanismo

Bueno, bajo mi punto de vista el uso de una palabra o la otra no cambia demasiado el significado de su discurso y sigue pareciéndome absolutamente insultante y vergonzoso que un político utilice semejante lenguaje refiriéndose a las recomendaciones de todas las organizaciones relacionadas con la salud de la infancia, y la salud en general, en cuanto a la alimentación del bebé se refiere. Además el audio nos permite escuchar como utiliza la lactancia y la maternidad como arma arrojadiza contra la oposición. 

Así que me reafirmo en mis palabras: esto es una vergüenza. 


lunes, 26 de septiembre de 2011

LA REVOLUCIÓN DE LAS ROSAS

Todo empezó hace un par de semanas, cuando el nuevo presidente de la SEGO, Dr Josep Maria Lailla, escribió su polémico (por decirlo suavemente) comunicado. Imagino que fue entonces cuando El parto es nuestro descubrió las ya vergonzosas y tristemente famosas viñetas, y levantó la perdiz denunciándolas en su blog.

La indignación ha corrido como la pólvora entre miles de usuarias de los servicios de ginecología y obstetricia provocando un verdadero maremoto de indignación y necesidad de acción.

Las declaraciones del presidente de la SEGO sobre las reacciones provocadas por las viñetas, lejos de apaciguar los ánimos, han acabado por consolidar este movimiento multitudinario de rechazo a la ginecología y la obstetricia mal ejercidas, anticuadas, irrespetuosas y hasta peligrosas.

¡Hasta aquí hemos llegado!

Y así ha nacido La Revolución de las Rosas. Con (nuestra revolucionaria y recién parida) Jesusa Ricoy a la cabeza, y representado por el logotipo diseñado por Belén y Pablo de Pre-papa, se ha organizado un magnífico movimiento de protesta perfectamente orquestado:

La manifestación principal será el miércoles 28 de Septiembre a las 18 horas. La idea es dejar una rosa natural o impresa, con el nombre de alguien que conozcáis que haya sido víctima de la mala praxis y de la violencia obstétrica. Puedes dejar tu rosa en tu ayuntamiento y si estás en Madrid puedes pasarte por la SEGO (Pº de la Habana, 190, bajo28036 Madrid). 

Para las que no estamos en España también se han organizado otras maneras de actuar que nos permitan participar. Podréis encontrar más información en el nuevo blog,  la nueva página de Facebook  y en  este documento

Os animo a todas a uniros esta revolución pacífica por el fin de la violencia obstétrica. 

¡Por nosotras, por nuestros bebés, y por las mujeres del futuro!