Hoy quiero compartiros un proyecto de investigación que se está llevando a cabo en la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco y cuya finalidad es valorar el llamado popularmente Método Estivill, conocido en los círculos profesionales como Extinción gradual, Llanto controlado o Consuelo controlado.
Hasta el día de hoy no existen pruebas directas publicadas en revistas científicas (revisadas por pares) que demuestren efectos negativos, y en esto se basan sus defensores para seguir recomendando su práctica, a pesar de los numerosos indicios publicados de que sí puede tener efectos nocivos significativos, especialmente a largo plazo.
Por lo tanto, considero muy necesario que desde diferentes disciplinas -y, por lo tanto, perspectivas- se siga evaluando sus efectos.
Os adjunto el e-mail que he recibido del doctor Amenabar solicitando mi colaboración en la divulgación del cuestionario y os animo encarecidamente a participar si tenéis experiencia con el método.
Estimado/a colaborador/a:
Somos un equipo de profesionales que, preocupados por la salud mental de la población infantil, estamos realizando una investigación sobre el método Estivill.
Como es sabido, en 1996 Estivill publicó el libro «Duérmete, niño», en el que presentaba un método para acabar con los supuestos problemas de sueño infantil. Su propuesta consiste en un entrenamiento progresivo, con lapsos de tiempo cada vez más prolongados, en los que los adultos han de aguantar sus deseos de atender al niño que llora a la hora de dormir. Así, noche tras noche, hasta que el niño aprende a dormirse solo.
El método Estivill, aplicado a miles y miles de niños a lo largo de los años, ha suscitado gran polémica a nivel médico, psicológico y educativo, con posiciones encontradas entre sus partidarios y sus detractores.
Para poder conocer de primera mano cómo se ha vivido la aplicación del método Estivill, se han diseñado 2 CUESTIONARIOS:
Dr. JOSÉ MARTÍN AMENABAR BEITIA Nortasuna, Balioespena eta Psikologia Tratamenduaren Saila Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico
Mucho ruido y pocas nueces. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con el polémico (y mediocre) artículo de Paul et al. que pretendía cuestionar las recomendaciones de compartir habitación lanzadas a la sociedad por la academia de pediatría más poderosa del mundo: la American Academy of Pediatrics (AAP).
Finalmente yo sigo sin entender como Pediatrics (la revista de dicha academia) ha aceptado un artículo tan limitado y mal diseñado, pero al menos la reacción de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome (el grupo de trabajo contra la muerte súbita del lactante) de dicha academia sí es digna de resaltar porque deja en evidencia la lenta pero continua consolidación de lo que yo considero como la nueva corriente multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil dentro de sus filas.
Lo que quiero decir con esto es que si hasta ahora todas las recomendaciones de la AAP sobre el sueño infantil se basaban en la "pediatría tradicional del sueño", para la cual el sueño del bebé durmiendo en solitario y sin lactancia materna es el modelo de sueño saludable, poco a poco empiezan a consolidarse los trabajos de autores que investigan desde otra perspectiva, más abierta a los conocimientos de disciplinas como la antropología y la biología evolutiva, y que nos enseñan que la manera natural de dormir del bebé humano es en íntimo contacto con su madre y, por lo tanto, ese es el modelo de sueño saludable en el que se deberían basar todas las investigaciones. Y lo mejor es que estas nuevas investigaciones empiezan a influir en el criterio de los que realizan las recomendaciones.
Hasta ahora siempre he pensado que los miembros de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome eran el ejemplo perfecto de expertos de la "vieja escuela", más que nada por su rechazo unilateral al bedsharing, o colecho con el bebé compartiendo cama. Pero he aquí que en la respuesta de dos miembros del grupo, Moon y Hauck, al artículo de Paul et al, puede leerse un avance importante hacia mi esperado cambio de paradigma. En primer lugar, se esfuerzan mucho en defender el Roomsharing, algo que me sorprende ya que utilizan argumentos antes utilizados por los que más critican su aversión al Bedsharing, como la importancia de la lactancia materna (que se ve beneficiada con la cercanía entre madre y bebé por la noche), y la incertidumbre sobre si realmente es seguro y apropiado que un bebé de 4 meses tenga un sueño consolidado, teniendo en cuenta de que las evidencias apuntan a que no lo es.
Pero la guinda del pastel es queya por segunda vez (la primera fue en la actualización de sus recomendaciones oficiales, pero muy sutilmente) abren la puerta a la posibilidad de que realizar bedsharing sea, en ciertas circunstancias, la posibilidad más segura para el bebé.
Ante la advertencia de Paul et al. de que los padres que comparten habitación con su bebé tienen más posibilidades de meterlo en su cama en algún momento de la noche, en contra de las recomendaciones de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome, y que esa es una razón de peso para sacar al bebé de la habitación lo antes posible, Moon y Hauck responden:
Esto es realmente preocupante y refuerza la necesidad de que los profesionales de la salud hablen con los padres sobre la importancia de preparar la cama de los adultos proactivamente ante la posibilidad de que se practique el Bedsharing en medio de la noche. En las recomendaciones para un sueño seguro del año 2016 se reconoce que los padres pueden llegar a dormirse con sus bebés mientras los alimentan, por lo que se recomienda que se quiten almohadas, mantas y otros equipamientos de la cama adulta si existe la posibilidad de que esto ocurra.
Esto viene de decir queante el riesgo de que los padres por compartir habitación aumenten la probabilidad de meterse al bebé en su cama, es más recomendable para la seguridad del bebé preparar la cama para que se coleche con seguridad que sacarlo de la habitación.
Y esto, conociendo el desarrollo histórico de la investigación sobre muerte súbita del lactante y las diferentes recomendaciones realizadas a lo largo del siglo XX, es un gran paso hacia el cambio de paradigma, esto es, el ejercicio de una pediatría del sueño más independiente de los prejuicios culturales, morales, religiosos y económicos y mejor informada sobre la naturaleza humana y, concretamente, la diada madre/bebé.
Os podrá parecer un avance pequeño, pero llevo tantos años leyendo artículos diseñados por y para la vieja escuela, que este paso en lo que yo considero la dirección correcta me llenan de esperanza. Así que a pesar de que Pediatrics ha aceptado esta vergüenza de artículo y, encima, la AAP le está dando bombo; a pesar de que los medios están divulgando con la falta de rigurosidad y honestidad que les caracteriza; a pesar de los pesares, que Moon y Hauck no aprovechen este trabajo para echarse directamente para atrás recomendando que el bebé duerma en otra habitación, y en lugar de ello defiendan el compartir habitación con él usando argumentos de los defensores del colecho, es una noticia estupenda.
Mi agradecimiento y admiración por todos estos investigadores como McKenna, Ball, Gettler, Blair, Bergman, Olza, etc., que hacen ciencia en contra del sistema establecido y, poquito a poquito, están consiguiendo el cambio.
Hasta ahora la Academía Americana de Pediatríalo tenía bastante claro: aunque son extraordinariamente reticentes a que el bebé humano duerma en su localización natural ―esto es, en íntimo contacto con su madre―, al menos recomendaba que durmiera con ella en la misma habitación (o que sus padre o cuidadores principales), ya que el riesgo de muerte súbita desciende muy significativamente. Y esto a pesar de su visión "tradicionalista" del sueño infantil, profundamente criticada por muchos autores que defienden un abordaje más mustidisciplinar y abierto.
Pero parece que esta concesión (a medias) a la necesidad primal de nuestras criaturas de dormir al menos cerca de su madre todo un año enterito les picaba, y ya tenían ganas de poner los límites más pronto. Porque, si no, no se entienden que en su revista principal, Pediatrics, una de las más influyentes internacionalmente (si no la más) en el mundo de la pediatría, hayan publicado un artículo tan pobre, cuestionable y sencillamente mediocre como el que saldrá en Julio de este año, y que (desgraciadamente) ya podemos encontrar on line:
Un artículo que de haber demostrado lo contrario de lo que piensan que han demostrado, por su diseño y metodología no lo publican ni en la "Revista de pediatría integral desorganizada y absurda de Villaqueteempujodeabajo"(*), pero como concluye lo que concluye no sólo ha sido publicado en una de las revistas de más factor de impacto, sino que ya está siendo divulgado a diestro y siniestro por todos los medios de comunicación con secciones dedicadas a los padres.
Y os preguntareis ¿que concluye el dichoso artículo que María está que se sube por las paredes? pues que los bebés y sus padres duermen mejor en habitaciones diferentes, y que no es necesario que duerman "todo" un año juntos porque el 90% de las muertes súbitas ocurren los 4 primeros meses.
Este mensaje a los medios les ha encantado, por supuesto, porque encenderá debates, likes y shares por doquier. Y que salga en la venerada Pediatrics le da su (inmerecido) certificado de calidad. Ya veo a ciertos divulgadores sobre el sueño frotándose las manos porque tienen otro artículo "publicado en una revista muy importante" para apoyar sus (más que muy moral y científicamente cuestionables pero extraordinariamente rentables) métodos de adiestramiento del sueño en solitario.
Pero dejadme explicar por qué este artículo es mediocre y nunca debería haber sido publicado en una revista de la categoría de Pediatrics. De hecho, os voy a explicar a fondo una sola razón. Hay más, porque el enfoque completo del trabajo es más que cuestionable, pero esta razón principal la vais a entender rápidamente y me sirve como ejemplo perfecto de lo chapuzas que son muchas veces los investigadores en sus ganas de demostrar sus hipótesis a toda costa, y de cómo los intereses culturales, sociales y hasta económicos son capaces de comprar incluso el respetado, y supuestamente objetivo e independiente, sistema de "peer review" (revisión por pares) de las publicaciones científicas.
El quid de la cuestión para mí es el siguiente: Todo el trabajo se basa en cuestionarios. No hay ni una sola medida objetiva del sueño de los bebés.
¿Y por qué es esto tan importante?
Imaginad que un científico quieren saber como cantan una muestra de niños. Si cantan fuerte o cantan bajito. Se supone que cantar fuerte es malo porque irrita las cuerdas vocales. Para saberlo, en lugar de oír cantar a todos los niños lo que hacen es preguntar a los padres. Pero los niños están divididos en dos grupos: los niños de un grupo cantan en la misma habitación que los padres y los del otro grupo en una habitación diferente. Después preguntan a los padres como han oído el canto de sus hijos, si fuerte o bajito. Los padres cuyos hijos estaban en otra habitación oyen el canto significativamente más bajito que los que tienen al niño en la misma habitación. Entonces los investigadores concluyen que los niños que cantan en una habitación separada de las de sus padres cantan más bajito, por lo que dañan menos sus cuerdas vocales. En estas circunstancias no pueden sino recomendar que los niños nunca canten cuando se encuentran en la misma habitación que sus padres.
Los autores de nuestro artículo protagonista han hecho exactamente lo mismo. Sí, así de surrealistas pueden ser algunos estudios científicos.
Tal vez penséis que ésta es una comparación exagerada (¡los niños están durmiendo, no cantando!), pero fijaos: en el estudio en cuestión los investigadores valoran el sueño infantil mediante cuestionarios a los padres para comparar la calidad del sueño entre los niños que duermen en la habitación con sus padres o en otra habitación, y llegan a la conclusión de que como los padres reportan más sueño nocturno y periodos de sueño sin interrupción más largos en los niños que duermen en otra habitación, estos realmente están durmiendo mejor, asumiendo por defecto que los padres que duermen separados de su bebé tienen la misma capacidad de valorar su sueño (en cantidad y calidad) que los padres que duermen con el bebé al lado. Y eso, señores, me parece a mí que es mucho asumir, sobre todo cuando las evidencias apuntan exactamente a lo contrario, ya que está demostrado que los padres que duermen lejos de sus hijos no tienen una apreciación realista de su sueño (o de las interrupciones del mismo: no siempre que el bebé está despierto los padres lo oyen). Por su naturaleza y objetivos este trabajo debería haber incluido obligatoriamente una medida objetiva del sueño infantil. Como mínimo la actigrafía, aunque dadas las limitaciones de esta técnica, especialmente con niños, hubiera sido mucho mejor una grabación con cámara de vídeo. Pero no lo han hecho.
Así que aunque los autores aseguran haber demostrado que los niños duermen más tiempo por la noche y periodos más largos de sueño seguido (a diferentes edades que van entre los 4 y los 12 meses, pero no quiero entrar en detalle), lo cierto es que solo han demostrado que los padres tienen esa apreciación. Claro, ellos reconocen esta limitación, pero no le dan importancia argumentando que los despertares que ocurren cuando bebé y padres comparten habitación ocasionan intervenciones no necesarias de los padres, afectando su sueño, y que es por eso por lo que los padres se quejan en la consulta del pediatra, por lo que es lo único relevante. O sea que, por delante de como duerma el niño, lo que realmente importa aquí es el sueño de los padres. Digo yo que, entonces, no pueden concluir ―tal y como hacen― que el niño duerme más y mejor, sino que los padres se enteran menos de (y por lo tanto intervienen menos en) los problemas de sueño de su hijo, y eso les permite dormir mejor. Y me pregunto por qué no dicen las cosas claras ajustándose a lo que realmente han observado. Será que vende menos esta versión más realista de sus conclusiones, ya que podría ser bastante cuestionable animar a los padres de bebés de 4, 6 o 12 meses a dormir lejos de sus hijos para que no se enteren cuando estos tienen problemas de sueño.
Hay más limitaciones y muy importantes, pero me alargaría demasiado si las analizara aquí todas. De momento os cito brevemente algunas de las preguntas abiertas con las que me deja este artículo:
¿Cómo pueden asegurar los autores que las características del sueño que supuestamente tienen los bebés que duermen en solitario son más saludables que las de los niños que comparten habitación? Sí, ya sabemos que dormir bien y lo suficiente es importante. Pero ¿cual es ese "bien" y "suficiente" para la cría humana? Porque hasta ahora no veo que se haya demostrado que un sueño consolidado a los 4 meses sea más saludable que el sueño natural de los bebés que duermen como deben, esto es, en contacto con su madre y mamando a demanda (el, espero que ya famoso, Breastsleepingde McKenna). Este artículo, por lo tanto, parte de la naturalización del sueño en solitario realizada por la pediatría del siglo XX y ya denunciada por McKenna a principios del XXI. Una vez conocida la situación no veo que los que tanto defienden esta manera antinatural de dormir se molesten en comprobar si supone realmente un beneficio en el desarrollo físico, cognitivo o emocional del bebé, más allá de si los padres duermen mejor o peor lo que, dicho sea de paso, no depende tanto de la localización del sueño como de las expectativas que la pediatría del sueño nos mete en la cabeza.
¿Como afecta a la lactancia a medio y largo plazo el sueño en solitario? Ya observan menos tomas nocturnas en los que duermen solos, lo que era esperable. Esta imposición del sueño en solitario tan temprana podría dificultar enormemente el establecimiento y continuación de la lactancia materna, tan fundamental para la salud de la diada madre/bebé. Algo muy importante a considerar si pretenden cambiar las recomendaciones oficiales sobre el sueño, especialmente porque en nuestra sociedad no se cumplen las recomendaciones oficiales sobre la duración de la lactancia materna ni de lejos. Digo yo que, para lanzar recomendaciones oficiales, no todo puede depender de que los padres duerman mejor si su hijo está en otra habitación. Porque esto nos lleva a la siguiente cuestión:
¿Qué pasa con todos esos beneficios, algunos ya descubiertos (favorece la lactancia materna, cambia la arquitectura del sueño de la madre y el bebé, para ciertos grupos de madres supone un mejor descanso, el bebé está más relajado, llora menos y se mueve menos, etc.) y otros todavía por descubrir, que son consecuencia directa del colecho entre madre y bebé? Pues pasa que en este artículo "se los pasan por el forro". O sea, los ignoran. Pero nunca debería ignorarse esta realidad tan compleja a la hora de recomendar a la población donde debe dormir sus hijos, digo yo.
Por otro lado, argumentan que como el 90% de las muertes ocurren los primeros 4 meses de vida y por eso no tiene sentido alargar más el dormir en la misma habitación con el bebé. Pero, ¿Sabemos acaso el peso que tiene el sueño en solitario como factor de riesgo en la población de bebés mayor de 4 meses? Yo no lo sé, y no sé si ellos lo saben o ni siquiera consideran la posibilidad de que poner a los bebés a dormir solos a partir de los 4 meses aumente significativamente la frecuencia de muerte (sea síndrome de la muerte súbita u otro tipo de muerte inesperada y súbita del lactante) a partir de esta edad. En cualquier caso, aunque solo un 10% de las muertes súbitas del lactante ocurran a partir de los 4 meses, si dormir en solitario aumenta significativamente el riesgo no debería ser ignorado a la hora de recomendar el sueño en solitario por la (supuesta) comodidad de los padres.
Y por último: ¿Cómo pueden seguir publicándose artículos sobre el sueño infantil tan escandalosamente sesgados por los valores culturales del sector dominante de la sociedad occidental industrializada, y que se empeñan en convertir en evidencias científicas lo que ni de lejos lo son? Ya desde el principio del artículo el sesgo cultural es inaceptable: desde la advertencia a los padres de que si no sacan a los bebés a dormir fuera de su habitación antes de los 12 meses luego les costará mucho más, hasta la exclusión intencionada del colecho en la misma superficie (bedsharing), porque va en contra de las recomendaciones de la AAP. También asumen que un factor negativo de tener al bebé en la misma habitación es que hay más probabilidades de que se lo metan en la cama, considerando este comportamiento como "de riesgo" e ignorando observaciones como la realizada en un estudio reciente de Blair, en la que podemos apreciar como a partir de los 4 meses el colecho realizado en la misma cama en condiciones seguras es un factor preventivo de muerte.
En conclusión: cuando veáis en los próximos días titulares asegurando que la evidencia científica dice que hay que sacar a los bebés de la habitación cuanto antes, no os los creáis. Están basados en un estudio mediocre, con un sesgo cultural en su diseño e interpretación inaceptable, posiblemente publicado en una revista de alto impacto por las limitaciones de un sistema, el de revisión por pares, que no escapa a la compleja realidad de la ciencia como mero producto de la sociedad que la crea y, por lo tanto, sujeta a sus determinantes culturales e intereses varios.
(*) La bromita viene a que en el mundo de las publicaciones científicas cuanto más local es una revista científica y más largo su nombre, generalmente menos impacto (y por lo tanto calidad) tiene.
Todos sabemos que en la vida hay lobos con piel de cordero, o manos de hierro con guantes de terciopelo. Pero yo todavía me sorprendo cuando encuentros casos como el que os voy a explicar hoy.
Ayer Sibylle Lüpold, enfermera, IBCLC y especialista en sueño infantil, con la que tengo el honor de colaborar profesionalmente, me preguntaba si conocía a Kel Whittaker, una profesional con extensa formación en la salud infantil fundadora de Institute of Sensitive sleep consulting (Instituto de la consultoría sensible sobre el sueño infantil).
Y no, no la conocía. Me paseé un rato por la web. Todo eran palabras de sensibilidad y respeto. Respeto por los niños y respeto por los padres. Incluso está asociada a Attachment Parenting International, y exponen sus principios así:
Ser respetuosos con los estilos de paternidad
Apoyar una relación nutritiva entre padres e hijos
Alentar la lactancia materna siempre que sea posible y apoyar la elección de la madre.
Estar actualizado sobre las recomendaciones para un sueño seguro, especialmente a la hora de apoyar a las familias que quieren colechar.
Escuchar con atención y empatizar con las familias que están pasando por momentos sensibles.
Mantener un alto nivel de profesionalidad y un profundo apoyo al cliente.
Considerar los 8 valores de la crianza con apego
Guiar a los clientes con soluciones personalizadas nacidas de la comprensión y el respeto.
Suena todo bastante aceptable, aunque hay puntos en los que tienes que asumir que hay un límite. ¿O van a apoyar y respetar a unos padres que utilizan el castigo físico y el maltrato para criar a sus hijos? En cualquier caso, si algo he aprendido en estos 12 años de maternidad, es que la crianza corporal, respetuosa o natural, no se puede imponer desde afuera, sino, si acaso, ayudar a que nazca desde dentro mediante la información y el apoyo. Además, tampoco es una entidad sencilla. Habrá muchas familias que no dan el pecho ni colechen, pero no por eso no están criando con respeto y corporalidad a sus hijos. En eso todos estamos de acuerdo. Hay tantas situaciones diferentes como familias, y lo único importante aquí es que se actúe desde el conocimiento de, y el respeto por, la naturaleza humana.
Pero unos minutos más tarde Sibylle me mandó este artículo,
En él Whittaker asegura que va a analizar las dos "corrientes" existentes dentro del sueño infantil que todos ya conocemos. En pocas palabras: los que defienden el sueño en solitario y dejar llorar para conseguirlo y los que no. Pero, a continuación, se pasa el resto del trabajo asegurándonos que llorar no estresa a los bebés, que no es malo, que las lágrimas cambian su composición según el tipo de llanto (si, yo también me he preguntado que qué importa eso en este contexto) y, por extensión, no hay nada malo en dejar llorar a los bebés para enseñarles a dormir, ya que el desarrollo de "esta habilidad de por vida", según ella, tendrá suficientes consecuencias positivas como para contrarrestar el llanto producido sólo temporalmente. También asegura algo que todos sabemos: que la privación del sueño tiene efectos negativos importantes, pero no dice nada sobre la posibilidad de que el niño, y la familia entera, duerma de maravilla en compañía. Como si el sueño saludable de todos dependiera de establecer a toda costa y cueste lo que cueste, el sueño en solitario del bebé.
Nada sobre la necesidad primaria del bebé y niño de estar en contacto con su madre y cuidadores para relajarse y dormir. Nada sobre que separar a un bebé de su madre es uno de los factores más estresantes que puede sufrir la criatura, haya o no haya llanto. Nada sobre que el colecho intencionado sólo ha demostrado, hasta el momento, efectos beneficiosos para todos. Y nada sobre que TODOS los niños sanos acaban aceptando el sueño en solitario cuando están preparados para ello. TODOS. Y esto lo demuestran numerosos artículos científicos a favor de las técnicas cognitivo conductuales. De hecho ella cita uno de los más importantes, el de Price del año 2012, en el que se demuestra que a largo plazo duermen exactamente igual los niños adiestrados y los niños control. Pero ella esto no lo dice así, sino que lo utiliza para argumentar que adiestrar no tiene efectos negativos a largo plazo, pasando por alto que tampoco tiene efectos positivos. Por lo demás, el de Price es un artículo sin capacidad para demostrar los efectos negativos (ni lo positivos), pero no voy a entrar en ello aquí.
Finalmente la estrategia evidente de todo el artículo es obvia: desviar la atención hacia el mensajero, el llanto, para hacer creer al lector que como el llanto no es malo, provocarlo tampoco lo es. Por supuesto, el llanto en sí mismo no es malo porque es un mecanismo de defensa y adaptación al estrés. Hay llantos diferentes y es evidente (y está demostrado científicamente) que todos nos sentimos mejor después de llorar que antes (sí, ella también utiliza este argumento).
Pero dejemos las cosas claras. El problema no es el llanto, el problema es provocar la situación de estrés que provoca el llanto. O que no lo provoca, porque Middlemiss, a la que Whittaker también cita, demuestra que los bebés adiestrados siguen estresados aunque ya no lloran. Por cierto, que Whittaker asegura que en el trabajo de Middlemiss los bebés se estresaban porque no les permitían a sus madres verlos, cuando lo cierto es que también se valoraba el estrés de la madre al ver a su hijo llorar o cuando lo veía supuestamente tranquilo, llegando a demostrar que cuando el bebé lloraba la madre estaba estresada (como el bebé) pero que cuando no lloraba la madre se relajaba (a diferencia del bebé), por lo que se producía una desincronización. Es precisamente esta desincronización la observación más relevante de este estudio. Imposible, por lo tanto, que sea verdad lo que asegura Whittaker, de que las madres no podían ver a sus bebés. (¿Se habrá leído el artículo?). En cualquier caso, intentaré contactar directamente con Middlemiss para que me explique este punto.
Por lo tanto, aquí lo cuestionable no es el llanto de un bebé, sino la imposición de una situación estresante para el bebé. Una imposición absolutamente incompatible con las palabras "respeto", "sensibilidad" o "empatía". Siendo conscientes de que muchas familias decidirán el sueño en solitario por múltiples razones, y respetando esta decisión, creo que es obligatorio que cualquier consultora del sueño realmente respetuosa tenga muy claro que imponer este comportamiento creando una situación de estrés aguda (que generalmente generará un fuerte estallido de llanto como manifestación del estrés sufrido, aunque no siempre) no es ni científica ni éticamente aceptable.
Por lo demás, sólo me queda destacar que en este contexto no son aplicables observaciones como la de que los bebés no siempre lloran por estrés porque un trabajo demostró que los bebés con cólicos no tenían el cortisol más alto que los bebés control. En nuestro caso creo que no hay lugar a dudas de que los bebés sí están estresados, y eso está demostrado. De hecho, repito, en esta situación Middlemiss observó que están estresados incluso aunque no lloren.
Así que mucho cuidado. Que no os hagan matar al mensajero (el llanto) mientras os cuelan el lobo (la imposición del sueño en solitario mediante una técnica conductista irrespetuosa) en el rebaño.
El sábado 12 de Noviembre tuve el inmenso placer de participar en un seminario de lactancia materna y sueño infantil con mi querida Rafi Lopez, de Dormir sin Llorar, organizado por mi también querida Isabel Fernandez de Castillo, de Terra Mater. Fue una jornada en la que tuvimos el placer de disfrutar de la compañía de diversas profesionales de la salud infantil, entre las que se encontraban pediatras, matronas, enfermeras y psicólogas además de madres y futuras madres, y un futuro padre, con los cuales se estableció una enriquecedora dinámica de debate y puesta en común de conocimientos.
Pero lo que os quiero traer aquí es una anécdota que compartió conmigo en un "aparte" una de las pediatras presentes, Lupe. Una anécdota que me pareció preciosa y reflejo de una realidad que muy pocos padres sabemos entender correctamente.
En una ocasión Lupe asistió a un bebé que había nacido con un pequeño defecto en las cuerdas vocales que no le permitía emitir ningún sonido, y mucho menos llorar. Así, cuando lloraba, su boquita permanecía en silencio aunque su carita hacía las muecas típicas de un bebé llorando. De hecho, nada más nacer, al ver sus muecas pensaron que estaba ahogándose, hasta que se dieron cuenta de que en realidad lloraba en silencio.
Por suerte este defecto era operable, y a las pocas semanas una intervención quirúrgica liberaba las cuerdas vocales del bebé y le permitía llorar y emitir sonidos con normalidad. Pero lo interesante de esta historia se produjo en el momento en que los padres traían al bebé para operarle. Según le contaron a Lupe, estaban exhaustos. Llevaban 5 semanas durmiendo por turnos ya que les daba muchísimo miedo quedarse dormidos, y que su hijo llorara y no pudiera despertarles. Así que siempre permanecía uno de guardia mirando al bebé.
Estaban impacientes por tener un bebé que PUDIERA LLORAR porque eso LES PERMITIRÍA DORMIR.
Impresionante ¿no? Yo al menos nunca vi esta realidad desde esta perspectiva y, como la gran mayoría de la gente (excepto lo que tienen bebes como el de la historia, supongo), pensaba que el llanto de mi bebé era lo que no me dejaba dormir.
Pero no. De hecho GRACIAS a que mis bebés lloraban, y podían llorar cuando me necesitaban,YO PODÍA DORMIR.
Ahí queda eso. Ahora todos a reflexionar sobre las consecuencias de enseñar a los bebés a no llorar cuando nos necesitan.
¿De verdad que tras un entrenamiento así vais a dormir tranquilos?
No nacen con intención de fastidiarnos la noche. Es una respuesta de supervivencia del cerebro
Seguramente lo habréis escuchado más de una vez. Una madre recién parida, el padre o cualquier familiar, diciendo que el bebé “es muy bueno porque duerme y come muy bien”. ¿Esto se ajusta a la realidad? ¿Significa, entonces, que un bebé que no duerme del tirón toda la noche es malo? La ciencia, la biología, como casi siempre, tiene la explicación a estos temas que tanto preocupan a los padres, especialmente a los primerizos.
Hace unos meses en la revista virtual "Qué!" salió esta entrevista al doctor Estivill. Y es precisamente "¿Qué?, ¿Quéeee?, ¡¿QUÉ!!!?????" lo que venía a mi mente cada vez que leía una de sus respuestas. Es algo que suele ocurrirme siempre que le leo, todo hay que decirlo, así que hoy, en vísperas del Día Mundial del sueño feliz, he decidido dar mis propias respuestas a las preguntas de la periodista. Respuestas basadas en cinco años de análisis y estudio de la literatura científica y divulgativa sobre el sueño infantil (más de 600 obras revisadas) y en diez años de maternidad intensiva. No soy ni médico ni directora de ninguna clínica del sueño. Soy doctora en biología, máster en investigación de la comunicación social de la ciencia, autora del Debate científico sobre la realidad del sueño infantil y madre implicada en la problemática del sueño infantil. Y, como bien han demostrado los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, dado el carácter multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil y los valores éticos y culturales implicados, mis respuestas no valen menos que las suyas. Y tú, madre o padre preocupado por los problemas de sueño de tu familia, tienes derecho a tener ambas perspectivas.
He mantenido las respuestas de Estivill para que comparéis. El que quiera comprobar quién tiene razón o está más cerca de la verdad puede consultar estas más de 600 publicaciones.
¿Cuánto tiempo de la vida de una persona se emplea durmiendo?
ESTIVILL: Una tercera parte de nuestra vida. Si llegamos a los 90 años habremos dormido 30 años. Pero dormimos 30 años para poder estar 60 despiertos.
BERROZPE: Un tercio de nuestra vida (En eso estamos de acuerdo)
Hay quien no sabe que la falta de sueño puede provocar la muerte... ¿cuál es el límite (en días) que es capaz de aguantar el ser humano sin dormir?
ESTIVILL: No hay trabajos científicos con humanos, como es natural, pero sí lo sabemos en animales. En ratones que no se les deja dormir ni un solo minuto mueren a los 7 días. Se muere antes de falta de sueño que de hambre o de sed.
BERROZPE: En principio los experimentos realizados con animales eso parecen demostrar. Pero también hay quién argumenta que los animales mueren no por la falta de sueño en sí misma, sino por el estrés que se les provoca para que no puedan dormir. Patologías humanas como el insomnio familiar fatal también parecen apoyar esta idea pero, de nuevo, como es una patología compleja que no sólo conlleva no poder dormir, es difícil saber a ciencia cierta el papel de la falta de sueño en el desenlace final.
'Duérmete niño': Su método de enseñar a dormir tiene defensores y detractores, ¿qué les diría a los que opinan que es malo para los niños?
ESTIVILL: Solo hay detractores en las redes sociales y no existen en el mundo científico. En la red solo hay opiniones personales o tendencias de moda sin fundamento. En el mundo científico no se cuestionan las normas que nosotros recomendamos; es más, tanto la Sociedad Americana de Sueño como la de Pediatría recomiendan las mismas normas. Los padres no deben consultar a internet sobre temas médicos. Es mejor que consulten con su pediatra. Internet les confundirá.
BERROZPE: En la actualidad el método tiene una fuerte oposición dentro de los mismos foros científicos. Multitud de investigadores desde diferentes disciplinas científicas consideran que existen incertidumbres sobre su efectividad real y su inocuidad, además del conflicto ético y emocional asociado, suficientes para invalidarlo. Entre estos investigadores, de prestigio internacional y asiduos autores en las revistas científicas más punteras, encontramos a McKenna, Gettler, Ball, Schore, Narvaez, Panksepp, Gleason, Jenni, Douglas, Middlemiss, Blunden, etc. Como reacción a esta realidad muchos de sus defensores, como Sadeh o Mindell, se esfuerzan en la actualidad en desarrollar técnicas alternativas que no conlleven dejar al bebé o niño llorando en su habitación.
¿A partir de qué momento el niño debe dormir solo en su propia habitación?
ESTIVILL: Es recomendable a partir de los 6 meses. Antes, es correcto que lo hagan en la habitación de los padres sobre todo si la mamá le da el pecho, por una cuestión de comodidad.
BERROZPE: No hay ningún momento específico en el que el bebé DEBA salir de la habitación de sus padres. De hecho, es lo contrario: hasta los 6 meses DEBE dormir en la habitación de sus padres, como mínimo, ya que si no está en un mayor riesgo de sufrir la muerte súbita del lactante. Algunos autores alargan este periodo de colecho recomendado hasta el año. A partir de ahí ya depende de las preferencias familiares, y no hay normas.
¿A partir de qué edad puede aplicarse su método para que sea exitoso?
ESTIVILL: En la nueva versión del 'Duérmete niño', que ha sido actualizada, ya sabemos enseñar a dormir a partir del primer día de vida. Aplicamos las rutinas adecuadas desde el nacimiento, basados en los estudios de sueño realizados en los fetos. Así evitaremos después tener que aplicar otras normas para reeducar el hábito.
BERROZPE: Nunca. La aplicación del método ha demostrado no ser necesaria porque respetando la evolución natural del sueño infantil todos los niños sanos acaban durmiendo "bien", esto es, ajustando su sueño a las exigencias ambientales. Como ya hemos dicho, forzar la aceleración de este proceso mediante una técnica que obliga al niño a llorar solo durante tiempos controlados presenta las suficientes incertidumbres como para que no sea recomendable.
¿Es compatible para un niño de pecho a demanda?
ESTIVILL: Totalmente. Nosotros recomendamos la lactancia materna a demanda, sin confundir el pecho con un chupete. En el 'Duérmete niño', versión actualizada, recomendamos normas correctas de sueño con la lactancia materna.
BERROZPE: Todo comportamiento que comprometa la proximidad nocturna entre madre y bebé, así como la sincronización física y emocional entre ambos, compromete la lactancia materna. El problema de los que opinan lo contrario es que tienen unas expectativas muy bajas a la hora de considerar lo que es una lactancia materna bien establecida y consolidada.
¿Hay que dejar llorar a los niños para que se duerman solos?
ESTIVILL: Nunca. Esto es lo que explicamos en el libro y que las personas que se lo han leído, han entendido correctamente. Los que opinan que nuestro método consiste en dejar llorar a los niños, es que no se han leído el libro.
BERROZPE: Evidentemente no. Y el método Estivill lo hace, porque ya sea 1 minuto, ya sean 20, el niño o bebé está llorando EN SOLEDAD. Y sí, me he leído el libro y he visto algún vídeo muy representativo de lo que supone el método, como el que enlazo a continuación. Y yo, mire por donde lo mire, veo que se deja al niño llorando solo.
¿Qué opina del colecho que defienden algunos pediatras como Carlos González o Rosa Jové?
ESTIVILL: No conozco a las personas que me indica. He consultado en la lista de miembros de la Sociedad Española de Sueño y no pertenecen a ella. Tampoco tengo constancia de publicaciones suyas en las revistas científicas como 'Sleep' o la Revista de la Sociedad Española de Sueño. Supongo que solo deben tener presencia en internet y no en el mundo científico. Respecto al colecho, nosotros no opinamos, sino que recomendamos lo mismo que la Sociedad Americana de Pediatría, que aconseja que no se practique.
BERROZPE: El colecho no sólo es un comportamiento actualmente aceptado dentro de la ciencia del sueño infantil y desde las más diversas disciplinas implicadas en la misma -la misma Sociedad Americana de Pediatría aconseja compartir habitación con el bebé, aunque todavía se muestra reticente a que comparta cama con un adulto-, sino que desde algunos sectores se propone un profundo cambio de paradigma al considerar que tanto el colecho como la lactancia nocturna son facetas incuestionablemente unidas al sueño del bebé. Es por eso que el reconocido mundialmente profesor de antropología James Mckenna, autor de numerosos estudios y artículos publicados en las revistas especializadas de más prestigio, ha acuñado el término Breastsleeping, esto es, sueño-al-pecho, como marco conceptual para el estudio del sueño del bebé. En el bebé humano la lactancia y el colecho son inseparables del sueño y así debería ser considerado a la hora de investigar sobre el mismo. Por cierto, el prof McKenna acaba de publicar una interesante editorial en Sleep Medicine reviews (revista con un impact factor superior a Sleep y, por supuesto, a la Revista de la sociedad española del sueño) cuya lectura recomiendo encarecidamente al doctor Estivill.
¿Con qué problemas se encontrarán, desde su punto de vista, los padres que han practicado el colecho, cuando por fin quieren dejar a los niños dormir solos?
ESTIVILL: Según los datos de las asociaciones de sueño y de pediatría, pueden haber problemas en los niños más dependientes de los padres: no quieren ir a dormir a casa de otros niños o de los abuelos, si no duermen con ellos, y pueden tener más despertares nocturnos. En los padres, los problemas son conflictos de pareja, poca comunicación, inseguridad en el momento de impartir las normas, etc.
BERROZPE: según la evidencia científica más actual, con ninguno. Más bien todo lo contrario. Los niños de las familias que practican colecho voluntario son más independientes y autónomos que los niños que duermen en solitario. Todos los efectos negativos atribuidos tradicionalmente por la pediatría del sueño al colecho sólo están relacionados con el llamado "colecho reactivo", esto es, un colecho practicado en contra de la voluntad de los padres, los cuales en muchas ocasiones se sienten hasta culpables pensando que hacen algo "malo", y sólo como reacción a los problemas de sueño. Pero cuando la familia está bien informada y se siente libre para colechar, y lo hace por voluntad y de acuerdo a sus valores, entonces no hay efectos negativos demostrados para nadie ( ni siquiera para la pareja), sino positivos.
Y si no se ha acostumbrado al niño a dormir solo desde pequeño, ¿es demasiado tarde intentarlo a partir de los 5 ó 6 años?
ESTIVILL: Nunca es tarde para enseñar un hábito. Podemos hacerlo a cualquier edad, pero lógicamente, cuanto antes se enseñe, más fácil será.
BERROZPE: (Menuda pregunta estúpida, con perdón). Todos los niños sanos acaban siendo capaces de dormir en las condiciones ambientales que exige la sociedad en la que viven, sin necesidad de forzar esta adaptación mediante técnicas conductistas. Esto está científicamente demostrado.
Para muchos padres, la hora de dormir a los niños se convierte en una auténtica pesadilla: cuentos, nanas, historias... ¡acaban ellos durmiendo a los padres! ¿Qué pautas debe seguir un niño antes de irse a dormir?
ESTIVILL:Hay que seguir unas rutinas fijas, el niño tiene que aprender a dormirse solito, con su muñeco y sus chupetes. Estas normas son las que explicamos en el libro 'Duérmete niño versión actualizada'.
BERROZPE: Un niño que da problemas para irse a dormir es que está exteriorizando una necesidad:necesitará más presencia y contacto de los padres (a los que probablemente no ve en todo el día, o ve muy poco), o tendrá miedos y conflictos internos que necesiten el apoyo del adulto para ser resueltos, o también puede tener algún problema físico real que le impida conciliar el sueño. Los reclamos y los llantos son su manera de pedirnos ayuda, y nuestra responsabilidad es dársela. Cuando identifiquemos el problema lo podremos solucionar y el niño dormirá a gusto. Si nos limitamos a dejarle llorar y a "enseñarle a dormir", el problema seguirá ahí, pero él ya no lo exteriorizará y, por lo tanto, nosotros ya no nos enteraremos de que nuestro hijo tiene un problema que necesita ayuda para solucionar.
¿Y qué es recomendable darles de cena para un buen sueño?
ESTIVILL:Hay alimentos que ayudan a tener un mejor sueño. Los hidratos de carbono, las verduras, las ensaladas y los derivados lácteos son los más indicados.
BERROZPE: yo supongo que una cena ligerita y saludable, como para todo el mundo. Pero esta pregunta yo se la pasaría a especialistas como Julio Basulto.
¿Cuántas horas al día debe dormir un niño (que va al cole) para descansar?
ESTIVILL:Alrededor de las 11 horas. En niños de hasta 5 años la siesta es imprescindible. A partir de los 5-6 años puede que no necesite la siesta. Si vemos que el niño que no la hace, llega contento al momento de la cena, come bien y está de buen humor, es que no la necesita, pero si esta irritable, de mal humor, come mal y protesta es que va corto de sueño.
BERROZPE: desde primaria hasta el final del colegio el número de horas se va reduciendo y el ciclo circadiano desplazando. Es difícil generalizar sobre cuántas horas deben dormir los niños a una edad determinada. Hoy en día muchos especialistas abogan por un estudio personalizado de cada niño, ya que hay una enorme variabilidad entre niños y cualquier generalización puede ser contraproducente. Hay niños que durmiendo 10 horas estarán faltos de sueño y otros de la misma edad que durmiendo 8 estarán perfectamente. Si un niño no presenta durante el día síntomas de haber dormido poco se puede asumir que ha dormido bien, aunque duerma 2 o 3 horas menos de lo que le han dicho en la consulta del pediatra o ha leído en la revista para padres. Si hay alguna duda lo mejor es que un especialista valore individualmente al niño para ajustar las expectativas de los padres a las necesidades del niño. Este es el abordaje seguido por el doctor Oskar Jenni del KinderSpital de Zürich, con excelentes resultados, recientemente publicados.
Es cierto. No se trata de dejarle llorar más o menos, o no dejarle llorar en absoluto. Hasta ahora, como a la mayoría de padres, lo que más me llamaba la atención del famoso Método Estivill era que el bebé podía llorar uno, dos, diez o veinte minutos. Y eso era lo que más criticaba.
Pero hace unas semanas mi percepción cambió totalmente. Fue al preparar mi defensa del trabajo fin de máster sobre Investigación Social de la Comunicación Científica en la que se me ocurrió recurrir a un vídeo que corre por You Tube sobre dicho método para explicarle al tribunal en qué consiste el método en cuentión.
El vídeo es el siguiente:
Cada vez que veía el vídeo me daba cuenta de que había algo que me estaba molestando tanto o más que el evidente dolor de la criatura, pero necesité un tiempo para identificarlo totalmente. Y entonces entendí hasta que punto, como ya dijo en su día mi querida Irene en su excelente artículo "Adiestrando Padres", el Método Estivill no trata de adiestrar niños sino en adiestrar padres. Porque en este vídeo queda clarísimo: el adiestrado es el padre.
¿Y como se adiestra a los padres? Primero hay un trabajo previo en el que el experto convence a los padres de la necesidad de aplicar el método. Después, ya en acción, se obliga al progenitor a concentrarse en una serie de normas que deben seguir, lo que provoca una desconexión con su hijo y la consiguiente desincronización entre ambos. Fijaros en el vídeo. Fijaros como Estivill, cual Voldemort con su varita mágica, va detrás del padre diciéndole ― ordenándole, de hecho― lo que debe decir exactamente. Parece que le haya mandando un Maleficio Imperus. Así el padre tiene tanto trabajo concentrándose en las palabras del experto que desconecta, literalmente, del llanto de su hijo. Bastante tiene él con seguir tantas instrucciones. Y así, el cerebro emocional, ―ese que le grita que su hijo sufre y que, por favor, lo atienda― queda supeditado al entrenamiento al que está siendo sometido el cerebro racional el cual obedece, cual soldado, las órdenes de este "experto" porque "él sabe mejor que yo lo que tengo que hacer porque habla en nombre de la ciencia". En el día a día, fuera de las cámaras de televisión y la presencia real del "experto" el papel de lanzador del maleficio lo realiza el libro o la aplicación para móviles que obliga a los padres a centrarse en un texto y en un reloj, distracción que permite así la absoluta desconexión emocional entre padres e hijos.
Una estrategia digna de las más avanzadas artes oscuras, no cabe la menor duda. Desde luego el Voldemort de Harry Potter debería enfrentarse a algunos de nuestros Mugglies. Seguro que no les supera en capacidad de manipular y supeditar voluntades.
No descubro nada nuevo. De hecho la primera fase de este tipo de técnicas de adiestramiento es siempre la "educación" de los padres. Por eso se llaman Técnicas cognitivo Conductuales. A día de hoy ya hay investigaciones que demuestran muy claramente que esta desconexión se produce. Y que este fenómeno tiene efectos nocivos para el establecimiento de la relación de apego y el correcto desarrollo de los niños también está demostrado.
Así que es cierto, el Método Estivill no consiste, principalmente, en hacer, o dejar, llorar al niño. No. Consiste en que los padres desconecten de las necesidades de su hijo para imponer una conducta que viene desde fuera. Las razones de por qué estamos dispuestos a hacerlo ya han sido analizadas en otras ocasiones (1, 2, 3). Pero es importante que seamos conscientes de este hecho.
Hace un par de días recibí la llamada de una colaboradora de vuestro programa Te doy mi Palabra, lo que consideré un verdadero honor, dada tu reputación como periodista y el alcance de tu programa. Como honor ha sido, como no, tener la ocasión de enfrentar mis palabras a las del doctor Estivill como representante de una posición contraria a la suya.
Hoy he tenido el gusto de escuchar el programa y debo reconocer que me he sentido extremadamente decepcionada por su enfoque y contenido. No me ha sorprendido la intervención del doctor Estivill el cual de nuevo, como en tantas ocasiones, me ha puesto "de los nervios" porque no entiendo como alguien con su preparación académica y experiencia profesional puede permitirse semejante falta de rigor al dirigirse al gran público. El resumen escogido por vuestro equipo de mi charla telefónica con la periodista lo considero correcto, aunque yo hubiera resaltado otros aspectos de mi discurso, como por ejemplo el concepto de Bondad de Ajuste, que considero maravilloso para conceptualizar el objetivo final a la hora de enfrentarnos a los problemas del sueño infantil-familiar, y que fue introducido en el contexto del sueño por el pediatra suizo Oscar Jenni ya en 2005. Este concepto hubiera sido imprescindible si el objetivo final de tu programa hubiera sido informar al gran público sobre la globalidad del la problemática del sueño infantil y sus soluciones. Me dio lástima que lo desaprovecharais.
Pero lo cierto es que ese no ha sido vuestro objetivo en absoluto ¿verdad? En realidad solo pretendías ridiculizar y desautorizar lo que tú consideras una opción de crianza contraria a la tuya. Y para ello no has dudado en lanzar afirmaciones que no son ciertas, espero que más como fruto de la ignorancia que de la maldad. Querida Isabel, textualmente la OMS recomienda "Seguir con la lactancia materna a demanda, con tomas frecuentes,hasta los 2 años o más." No máximo dos años como tú te empeñabas en trasmitir, sino MÍNIMO dos años, como afirmaba Laura Perales. Y esto es porque no hay ninguna razón objetiva ni científicamente validada para decir lo contrario.
Que por cierto, la entrevista se ha desarrollado con una animosidad impresionante contra la psicóloga invitada Laura Perales, la cual ha mantenido el tipo con una sensatez y solidez admirables, dadas las circunstancias. Yo creo que me hubiera enfadado, y mucho, si me veo sometida a semejante encerrona.
Podemos seguir con el hecho de que todos tus argumentos en contra del colecho y la lactancia son de índole personal, y de hecho los expones con una gran emocionalidad. Muy respetables pero poco útiles a la hora de demostrar nada. Perfectos para compartir experiencias entre amigas o utilizar en un programa dónde se compartan experiencias personales entre tertulianos, pero inútiles para sentar cátedra o dar información objetiva y científica sobre estos dos aspectos tan importantes en la crianza de nuestros hijos. Como inútiles son todas esas afirmaciones, de nuevo nacidas más de la percepción personal de la realidad que de los hechos científicamente demostrados, de María Jesús Álava Reyes asegurando que colechar es malo y ¡¿Está desaconsejado por la UNESCO?! ¿De verdad? Porque yo no he conseguido encontrar recomendaciones de la UNESCO respecto a este tema, pero sí de diversas academias de pediatría, UNICEF o la propia OMS, las cuales recomiendan compartir habitación con el bebé (lo que llaman co-sleeping), aunque algunas desaconsejan compartir la superficie dónde está acostado durante los tres primeros meses de vida (el llamado bedsharing) y otras lo aceptan siempre que se haga de manera segura. Pero lo que es el colecho, entendido como dormir con el bebé en la misma habitación (cosleeping), lo recomiendan TODAS.
Porque, Isabel, dormir con nuestros hijos, especialmente con nuestros bebés, es un derecho que ningún profesional de la salud infantil, realmente informado y formado, nos puede negar jamás. Ciertamente hay posturas encontradas respecto a compartir cama los tres primeros meses, pero no porque vayas a rodar sobre tu bebé y lo vayas a ahogar (como tú tanto temes) así a grosso modo. Simplemente practicado en ciertas condiciones aumenta el riesgo de muerte infantil (tanto SIDS como SUDI). Hubiera sido muy útil que en tu programa hablaras de las condiciones de colecho seguro, pero desgraciadamente estabas demasiado ocupada en atacar desde la subjetividad una forma de criar que tu no has practicado. Como si el resto del mundo no tuviera el derecho a mirar más allá, ya que tú no lo hiciste.
En cuanto a la afirmación de María Jesús Álava Reyes de que "una cosa es la teoría y otra la realidad" lanzada, supongo, para desautorizar toda la literatura científica que apoya esa crianza que tanto os repele (la llamada crianza con apego o, como a mí más me gusta, crianza corporal) me gustaría preguntarle exactamente a qué realidad se refiere: ¿La que ella percibe? ¿La que ella experimenta? ¿La que engloba la percepción y la experiencia de otras personas? ¿La que perciben y experimentan personas nacidas en otras culturas con otros valores y modos de vida? ¿La que pasa los filtros del método científico? ... Porque hablar de "realidad" así, a palo seco, no da demasiada información... Extrapolar su experiencia y percepción personal con unos cuantos miles de colegiales a la totalidad de la humanidad me parece, cuanto menos, atrevido. Sobre todo si es para desautorizar a los que perciben, experimentan y demuestran realidades diferentes a la "suya".
En resumen, un programa muy decepcionante. Personalmente esperaba un enfoque más informativo, neutral y liberador. Esperaba un programa respetuoso y sobre todo, riguroso. Pero resulta que os habéis limitado a repetir toda esa sarta de estupideces que nace solo Dios sabe de que parte oscura de nuestra cultura, pero desde luego no del venerado método científico: que si la lactancia es esclava, que si así sólo podemos ser madres y no "mujeres", ni trabajar, ni hacer el amor con nuestras parejas... Si no fuera por lo dañinas que son, esas afirmaciones harían hasta gracia. Pero lo cierto es que a mí no me hacen ninguna. De hecho me producen una profunda tristeza porque he vivido en carne propia el daño que hacen estos "expertos" que desde su pedestal naturalizan comportamientos nacidos de determinantes culturales que ni la evolución ni el método científico han validado nunca. Incluso he tenido que oír el ya manido "no podemos volver a las pautas de vida de nuestros antepasados pensando que todo lo que hacían era bueno y maravilloso..." ¿De verdad que pensáis que se trata de eso? ¿De verdad toda una psicóloga como María Jesús Álava Reyes está a ese nivel cuando se dirige a millones de radioyentes de toda España? Por favor. Un poco más de respeto por la población. Un poco más de rigurosidad y de seriedad. Un poco más de conocimientos sobre los temas que vais a tratar en los medios de comunicación en calidad de "expertos".
Y por último, no puedo pasar por alto tu mención a "la culpa". Gran tema el de la culpa de las madres. Hay artículos impresionantes sobre el tema en la blogosfera maternal (1 y 2). Pero Isabel, no se trata de culpar a nadie: ni a las que colechan ni a las que no, ni a las que dan el biberón ni a las que dan la teta. Se trata de liberar. Liberar mediante la información. Se trata de que todos tengamos acceso a toda la información que nos interesa, sin manipulaciones ni intereses personales, económicos o comerciales. Se trata de devolvernos nuestra responsabilidad en la crianza de nuestros hijos. Esa que algunos profesionales pretenden arrebatarnos asegurándonos que saben cómo, cuándo, cuánto y dónde deben dormir nuestros retoños, en nombre de la diosa ciencia.
Porque te diré mi gran conclusión tras la lectura de unos 700 artículos sobre el tema: Isabel, no tienen ni idea. No saben ni cómo, ni cuándo, ni cuánto, ni dónde deben dormir nuestros hijos para "dormir bien", así que no tienen ni un poquito de autoridad para hacerte hacer nada que vaya en contra de tus valores y de tu amor por ellos. La máxima autoridad eres tú. Tú con los tuyos. Yo con los míos. Y no hay más.