Mostrando entradas con la etiqueta Castigo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Castigo. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de abril de 2015

El trauma sufrido en la infancia condiciona la salud en la vida adulta

Las personas expuestas a un estrés tóxico durante su infancia tienen más posibilidades de desarrollar enfermedades graves cuando son adultos.

Existe un factor de riesgo capaz de provocar siete de las diez principales causas de muerte en Estados Unidos. Este factor de riesgo no es otro que el trauma infantil. Así lo expresó la doctora Nadine Burke Harris en la conferencia TEDex del pasado mes de Septiembre. Según el Estudio sobre experiencias Adversas en la Infancia (ACE), los traumas infantiles ―abusos físicos, emocionales o sexuales, abandono, violencia doméstica o padres que sufren una enfermedad mental, son drogodependientes, alcohólicos, han sido encarcelados o se han divorciado― tiene una repercusión significativa en la salud futura del niño, hasta el punto de triplicar el riesgo de enfermedad cardiaca o cáncer pulmonar, y reducir la esperanza de vida en 20 años.



El citado estudio fue llevado a cabo por los doctores Vince Felitti at Kaiser y Bob Anda en el Center for disease control and prevention (CDC) de Estado Unidos, y en él participaron 17500 adultos a los que se les valoró las experiencias traumáticas de su niñez mediante un formulario de diez preguntas. Por cada respuesta afirmativa el participante obtenía un punto, de manera que cuanto más puntos acumulaba más trauma había sufrido en su niñez. Así comprobaron que un 60% de la población tiene al menos 1 punto y un 12.6% ― o sea, uno de cada ocho― tiene 4 o más. Al relacionar el número de puntos con diversas enfermedades los resultados fueron preocupantes: las personas con 4 puntos o más tenían un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir enfermedad pulmonar obstructiva crónica o hepatitis que las personas con cero puntos.  Para la depresión el aumento del riesgo fue de 4.5 veces. El riesgo de suicidio aumentaba 12 veces. Una persona con 7 puntos o más tiene el triple riesgo de sufrir cáncer de pulmón y 3.5 veces más de sufrir una enfermedad isquémica cardiaca.

Pero ¿Cómo y por qué se producen estos efectos? Una de las posibles explicaciones es que el niño que está sufriendo una infancia traumática desarrollará de adulto hábitos de comportamiento no saludables como consumo de tabaco, alcohol o drogas. A día de hoy tenemos evidencias científicas de que el estrés sufrido en la niñez afecta el desarrollo de áreas cerebrales involucradas en el placer, la recompensa, el control de impulsos, la capacidad de aprendizaje y la respuesta al peligro. Estas áreas están relacionadas con el desarrollo de drogodependencias y de comportamientos de riesgo para la salud. Pero el efecto del estrés parece ir más allá y no siempre está mediado por este fenómeno. Aunque la persona no desarrolle hábitos insanos, todavía estará en peligro.

La razón es que una exposición crónica y continua al estrés durante la infancia influye en el desarrollo del llamado eje hipotalámico-hipofisario-adrenal. Esta es una cadena de reacciones diseñada para activarse ante un peligro inminente,  produciendo una respuesta adaptativa del tipo huida o ataque que puede salvarnos la vida. Como explica la doctora Nadine Burke Harris, si un día en el bosque ves un oso, la explosión hormonal causada por la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal provocará una serie de efectos en tu cuerpo, como dilatación de las pupilas o aumento de la frecuencia cardiaca, que hará que estés preparado para defenderte o huir. Esta es una reacción fisiológica perfectamente saludable cuyo objetivo es salvarte la vida.

El problema es cuando un niño crece con este mecanismo continuamente activado; por ejemplo, cuando el oso vuelve a casa cada noche. Entonces, la liberación frecuente de hormonas del estrés durante su crecimiento, una etapa especialmente sensible a este fenómeno,  produce una serie de efectos no sólo en su estructura y función cerebrales, sino también en su sistemas inmune y hormonal e, incluso, en la manera en la que se lee y transcribe su ADN. Efectos que, con el paso de los años, se traducirán en enfermedades y graves y muerte temprana.

Todos estos descubrimientos sobre las implicaciones del trauma infantil en la salud futura y los mecanismos involucrados en esta relación llevaron a la doctora Nadine Burke Harris a la creación del Center for Youth Wellness (Centro del bienestar infantil) en San Francisco. El objetivo es prevenir los efectos de una infancia traumática mediante la evaluación del estrés y el tratamiento de los niños por equipos multidisciplinares en los que se trabaja con toda la familia.

Desgraciadamente, los poderes públicos no parecen interesados en generalizar iniciativas como ésta y reconocer que el trauma infantil es una cuestión de salud pública. El problema es que piensan que la presencia de este fenómeno se limita a ciertos barrios o minorías. Pero la situación real es que está mucho más generalizado. En el estudio ACE un 70% de los participantes eran caucásicos (raza blanca) y un 70% tenían educación universitaria. Así que éste no es un problema de minorías sociales, sino de toda la sociedad. Tal y como dijo el que fue presidente de la Asociación americana de pediatría (AAP), el doctor Robert Block: “Las experiencias adversas en la niñez son la mayor amenaza no resuelta de salud pública a la que se enfrenta nuestra nación en la actualidad”.

Por estas razones la doctora Nadine Burke Harris nos exhorta hacia cambio de actitud. Ahora que la ciencia ya tiene las herramientas necesarias para enfrentarse a este problema y evitar que el trauma infantil se traduzca en la vida adulta en enfermedad grave o muerte temprana, debemos ponerlo sobre la mesa, reconocerlo y concienciarnos de su importancia. Porque  es tratable y combatible y, por lo tanto, tratarlo y combatirlo debería ser uno de nuestros principales objetivos.






viernes, 12 de abril de 2013

LA CRIANZA CON APEGO EN TELEVISIÓN DE LA MANO DE CARLOS GONZALEZ Y ELENA MAYORGA

Ayer, en TVE 2, en el programa Para Todos, hubo un pequeño "debate" sobre la crianza con apego, en el que estuvieron de invitados dos "clásicos" de su defensa: Carlos González y Elena Mayorga y una psicóloga de la linea conductista: Maria Luisa Ferrerós.

Os la pongo aquí porque vale la pena verlo (desde el minuto 03:20):



Os confieso que el día anterior estuve buscando información sobre María Luisa Ferrerós - los otros dos me son de sobra conocidos (y queridos) - y al saber que ha sido discípula de Estivill y ver algunos de sus vídeos (como este, y este) me hice una idea bastante clara de su línea de pensamiento por lo que, evidentemente, llegué a la visualización del programa con unas expectativas muy concretas de lo que diría.

Pero no. Resultó que María Luisa Ferrerós es defensora de la crianza con apego como la que más, y que su Método Ferrerós se basa, simplemente, en obedecer a tu instinto maternal (o paternal, según sea el caso, me imagino). Así que, ya sabéis. Que nadie se moleste en comprar su libro porque, francamente, no hace falta leer 200 páginas para seguir tu instinto maternal. 

En general el instinto maternal, que yo prefiero denominar deseo maternal por influencia de mis lecturas de Casilda Rodrigañez, suele ser bastante claro, y lo único que necesita para manifestarse es que el ambiente esté libre de "interferencias" intelecto-culturales, sobretodo de las generadas por los teóricos del desarrollo y la crianza de la línea conductista. 

Así que, sintiéndolo en el alma, tengo que confesar que no me lo creo. Tras ver los vídeos de esta psicóloga y leer ciertas referencias suyas y de sus libro, lo último que espero es que me esté animando a seguir mi instinto/deseo en el cuidado de mis hijos. Y lo curioso es que, por su manera de expresarse, realmente parece que todo su método se base en el respeto y el amor hacia nuestros hijos, así que me ha costado un poco identificar exactamente que me molesta tanto de sus palabras. 

Porque lo cierto es que a medida que leo todo lo referente a su método hay algo que me chirría constantemente. Ese vocabulario es mero maquillaje para camuflar una metodología que por sí misma parte de una premisa absolutamente irrespetuosa: que los niños son seres "malos" que, si pueden, se aprovecharán de nosotros [palabras textuales de la psicóloga en el programa: "a partir de los tres años hay que poner límites porque si no a los niños tu les das así (se señala la mano) y te cogen hasta aquí (se señala el hombro)"], que hay que "meter en vereda" amablemente, sin "violencia" (entendida como ataques físicos o gritos) pero ejerciendo un rígido control por nuestra parte a base de manipulación en forma de premios y castigos. Por cierto, los castigos ya no se llaman castigos a secas sino castigos educativos o, lo que es mejor, consecuencias educativas.

Si no nos dejemos engañar por todo este discurso lleno de palabras de respeto, reconocimiento de la individualidad de nuestros hijos, apego... etc reconocemos en seguida la crianza "desde arriba", base del conductismo. Por el contrario, la llamada crianza con apego o, tal vez más acertadamente, crianza repetuosa, es una crianza que se ejerce desde abajo, o sea, desde el sostenimiento y el acompañamiento. No desde el control, el dominio y la manipulación. Para entender exactamente lo que quiero decir leed este artículo maravilloso de Ileana Medina Hernández en su blog Tenemos Tetas:


Esta diferencia hace que el discurso de la Maria Luisa Ferrerós en el programa de TVE 2 Para Todos sea francamente peligroso porque confunde. Los padres que no sepan exactamente de que va todo esto pueden haberse quedado con la idea de que esta profesional defiende realmente la crianza respetuosa y no. No la defiende en absoluto. Lo que defiende es una aplicación del conductismo, o sea, la autoridad, el control, el dominio y la manipulación, todo lo respetuosamente posible. Pero la crianza respetuosa NUNCA puede partir de estas premisas.

Así que no. 

Carlos González y Elena Mayorga han intentado en varias ocasiones hacer hincapié en este hecho fundamental. Pero el formato del programa, corto y superficial, así como la capacidad de María Luisa Ferrerós para mantener el control del debate, con discursos largos, elaborados, explicativos y con un aire muy profesional, (tal vez con el consentimiento explícito del entrevistador ¿?) se lo ha puesto, desgraciadamente, muy difícil. Creo que ambos se han visto sorprendidos por la "piel de cordero" que ha cubierto casi todo el tiempo al "lobo" , aunque, por suerte, ha habido momentos donde se le han visto los colmillos: momentos aprovechados estupendamente por ambos profesionales (realmente respetuosos) para marcar distancias como es debido. 

Pero a pesar de todo me temo que el discurso maquillado de María Luisa Ferrerós ha dado una idea falsa de lo que realmente es su tendencia, la cual no pertenece en absoluto a la denominada crianza respetuosa o crianza con apego. Espero que en el futuro los grandes medios de comunicación de masas den mejores oportunidades a profesionales como Elena Mayorga, Carlos González, Ramón Soler, Rosa Jové...etc  para dejar mucho más claro lo que realmente significa criar respetuosamente a nuestros hijos. 












domingo, 15 de abril de 2012

OS INVITO A UN DEBATE

Últimamente Facebook está de los más inspirador y es que no podemos negar que nos pone en contacto a grupos de personas que nunca nos hubiéramos encontrado de otra manera, permitiendo que los temas se entremezclen y lo que en un principio parece no relacionado, acabe íntimamente ligado.

En este caso fue en un grupo que prefiere no ser mencionado en este blog, así que me reservaré su nombre por respeto a los deseos de sus componentes, donde se contaban una serie de anécdotas en donde el denominardor común era un niño llorando y enrabietado con su madre o padre por diversas razones y en diversas situaciones, a cuya ayuda acude una persona desconocida, lo que provoca malestar y rechazo en el progenitor del niño que interpreta este acto como una intromisión en su manera de educar y criar a su hijo.


Estas situaciones comentadas por estas madres me resultaron muy familiares porque casualmente no hace mucho había leído una muy semejante en este otro grupo:  "Mamá no me dejes llorar,..informaté", sólo que en este caso la que contaba la experiencia era "la desconocida" que intervenía o le hubiera gustado intervenir, ya que nos contaba como había tenido que aguantarse las ganas de coger un bebé que lloraba desconsoladamente en su carrito ante la impasibilidad de su madre. Los asiduos a este blog ya podéis imaginaros con que papel me identifico yo y lo cierto es que me hubiera gustado contar más en detalle las anécdotas, pero las madres protagonistas han considerado que haciéndolo vulneraba su intimidad, así que he decidido cambiar esta parte del artículo eliminando los ejemplos concretos que antes había escrito.


Como también podéis imaginar no me pude estar callada y aunque no llegué a expresarme con la dureza con la que me asaltaron mis pensamientos, tuve que dar mi opinión. Como posteriormente borré mis comentarios (porque con otra madre llegamos a la conclusión de que el debate era sobre crianza y poco tenía que ver con el tema del grupo), no puedo reproduciros exactamente lo que comenté, pero vine a decir que me identificaba con esos desconocidos que habían intervenido y no entendía que en lugar de estar agradecidos a ellos por preocuparse por sus hijos, les criticaran e insultaran. Que yo, después de muchas lecturas, reflexiones y hasta lágrimas, había llegado a conclusiones que me llevaban a criar de una determinada manera y no me permitían ser indiferente ante escenas como las relatadas, aunque los protagonistas fueran niños desconocidos. Y que esperaba que si un día mis hijos eran llevados a rastras por alguien en la calle, o se encontraban llorando solos, alguien se acercara para ayudarles porque existía la posibilidad, por pequeña que fuera, de que esta persona estuviera evitando una verdadera tragedia.

Las primeras respuestas a mis comentarios fueron, al menos así me parecieron a mí, bastante fuertes: me acusaron de sentirme en posesión de la verdad, de no respetar los "otros" sistemas de crianza, de querer ir dando lecciones, y de que ellas también habían leído todo lo que hay que leer de todas las corrientes y eran muy capaces de sacar sus propias conclusiones.

Mi siguiente reacción fue acudir al otro grupo, "Mamá no me dejes llorar, informaté", porque me pareció muy interesante que sus componentes entraran en el debate dando una visión y unos argumentos que, yo pensé, podían ser muy enriquecedores para todos. También, como no, lo comenté en el grupo de La Tribu 2.0. Pero desgraciadamente el primer grupo es actualmente un grupo cerrado, por lo que sólo sus miembros pueden ver su contenido, y por eso se nos ocurrió trasladar el debate a este blog para que todos podamos participar abiertamente.

Así que, en resumen, la primera anécdota contada por una mamá adoptiva nos ha abierto dos interesantes líneas de debate:

1- Por un lado está el tema de la crianza - conductismo/crianza respetuosa - que además, en este caso concreto, nos permite profundizar más en los efectos que las técnicas conductistas tienen o pueden tener en la crianza de los niños adoptados (el debate comenzó en un grupo relacionado con el mundo de la adopción). Sobre este tema en concreto sé que Mireia Long nos prepara un artículo que espero como agua de Mayo porque seguro que no tiene desperdicio.

2- Por otro lado está el tema de la intromisión de desconocidos en espacios públicos en momentos puntuales de conflicto con nuestros hijos o en situaciones de supuesto peligro. ¿Nos molesta o lo agradecemos? ¿Hasta que punto somos los adultos responsables de los niños desconocidos? ¿Como debemos reaccionar ante un niño que según nuestro criterio está siendo "maltratado" por sus padres? Y con maltrato no me refiero al maltrato grave - porque creo que aquí es evidente como reaccionaríamos todos ¿Verdad? - si no a estos comportamientos más sutiles pero basados en el abuso de autoridad del adulto y que ponen al niño en una situación de indefensión.

Os invito a los componentes de los tres grupos, y a todos los lectores de este artículo, a participar, debatir, informar y enseñarnos mucho un@s a otro@s porque creo que es importante poner estos dos temas sobre la mesa abierta y respetuosamente.

En cualquier profesión los profesionales se reúnen a debatir uno y mil aspectos regularmente. La crianza no es diferente y nosotros, los padres, somos también profesionales de la crianza, yo creo que los profesionales por excelencia, aunque no nos hayan dejado creérnoslo. Pero nunca se lee lo suficiente, ni se sabe lo suficiente y siempre todos tenemos mucho que aprender. Creo que reunirnos y debatir, aunque sea de manera virtual, es una de las cosas más enriquecedoras que podemos hacer para sacar el máximo provecho de nuestras lecturas, conocimientos y experiencias.

Así que ¡Adelante! ¿Que opináis?


----------------------------------



sábado, 7 de abril de 2012

HUMANA

El otro día tuve un conflicto con mi hijo mayor que acabó en dos nalgadas. Da igual que pasó, simplemente la situación me superó y liberó la ira acumulada en mi cerebro reptiliano. Ya serena, asustada de mi misma y de mi falta de control, acudí a mi Tribu virtual en busca de ayuda y hermandad: vía facebook les conté el desgraciado incidente, tras lo cual se  formó una interesante conversación sobre nuestra capacidad como madres humanas para controlar nuestra ira y no acabar aplicando algo que todas rechazamos en banda: El castigo físico. Y no hablo del castigo físico que duele, sino de la nalgada/colleja/palmada dada sin excesiva fuerza en el trasero, las manos, la cara o la nuca, que no produce ningún dolor físico y que está ampliamente aceptada fuera de nuestro círculo de crianza.

Hace seis años me hubiera reído de cualquiera que me hubiera dicho que ese tipo de cachete es MALTRATO.  De hecho, en un viaje por Austria que hice hace unos quince años con una tía mía, cuando nuestra guía turística nos explicaba que en ese país si un padre pega una bofetada a su hijo en la calle puede ser denunciado, dije claramente: "¡Dios mío! ¡Que exageración!"

Y es que yo había recibido mi propia dosis de esa "medicina" y ahí estaba yo, tan maja, sanota y bien educada. ¿Como no iba a estarlo si mi madre me había dado aquellos cachetes "por mi bien", "doliéndole a ella más que a mí"? Los niños Austriacos iba a ser una pandilla de malcriados sin pizca de disciplina porque ¿Como disciplinar y educar a unos hijos si no les puedes dar ni un cachete?

Han tenido que pasar varios años, tres hijos y unos cuantos libros de la gran Alice Miller para que aquellos pensamientos me produzcan una sensación de vergüenza tan grande que sólo puedo compensarla con la satisfacción que siento al haberlos superado, a pesar de lo que me ha costado y dolido esa superación.

Y es que aceptar que un cachete a un hijo es INACEPTABLE es aceptar que los cachetes que recibiste son igualmente INACEPTABLES. Y eso duele porque te hace sentir que traicionas a tus padres, ya que desenmascara la relación con tu madre o padre, dejando desnuda la verdadera intención de aquellas agresiones "blancas" (porque no producen dolor físico), pero agresiones al fin y al cabo: esos cachetes no se dan por "el bien" del hijo, no, se dan porque el adulto no tiene más recursos para resolver a su favor una situación de conflicto. El cachete muestra al hijo su situación de inferioridad física y dependencia, por lo que acaba instantáneamente con toda su resistencia, produciéndose así el final del problema. Al niño no le queda otra que llorar y aceptar. Si la madre/padre habla y contesta, el niño puede hablar y contestar. Incluso si la madre/padre grita, el niño puede gritar. Pero si la madre/padre da un cachete el niño ya no puede hacer más porque su inferioridad física es evidente, por lo que por ese camino no tiene nada que ganar pero si mucho que perder y siente miedo por su integridad física. Sí, no es exagerado, siente MIEDO por su integridad física porque aunque ese primer cachete tal vez haya sido controlado y no haya dolido, sabe que el adulto tiene la fuerza necesaria para repetirlo, esta vez más fuerte y doloroso, y dado ya uno ¿que le impide seguir dando más?

Si no ¿Por qué creéis que los cachetes acaban con el conflicto? Simplemente porque despiertan el miedo en el niño. El MIEDO A SU MADRE/PADRE, a lo que su madre/padre puede llegar a hacer. Terrible ¿no?

Y a pesar de mi convencimiento y de estas reflexiones, el otro día se me fue la mano y le di dos nalgadas a mi hijo mayor. No son las primeras que le doy, pero si son las primeras después de llegar a la conclusión de que NO SE PEGA NUNCA A LOS HIJOS. Da igual la situación, el caso es que mi rabia se adueñó de mi cerebro, tomó el control de la mano y ésta se estampó contra el trasero del niño antes de que la parte racional del cerebro inhibiera el movimiento. No fue un golpe fuerte sino relativamente suave y controlado, pero fue un acto de pura rabia, de pura impotencia. No fue por "su bien" fue por  "mi bien" porque me permitió descargarme de la rabia y resolver el conflicto instantáneamente. Tal y como sucede siempre, como sucedía conmigo de niña, ese simple acto de irracionalidad dejó claras las posiciones, madre superior/hijo inferior, madre dueña de la situación/hijo a merced de su poder.

Luego hablé con él. Me disculpé y le di las razones de porqué había perdido el control, dejando bien claro que no son excusa para mi comportamiento. También le expliqué que era así como se solucionaban esas situaciones en mi niñez con mi propia madre y que ahora, a pesar de que no quiero repetir ese patrón, cuando me he sentido al límite de mi resistencia no he podido evitar caer en el mismo comportamiento aprendido en mi infancia. Él me ha entendido porque también se le escapa la mano cuando se enfada con sus hermanos y amigos. Y hemos decidido que no nos podemos permitir nunca descargar la ira sobre otra persona, así que utilizaremos un cojín si tenemos que estallar y pegar a algo.

El otro día, cuando en nuestro muro de La Tribu contaba este episodio a mis amigas, Erika comentaba que "el cachete" es un impulso que compartimos con muchos animales que zarandean y mordisquean a sus crías cuando quieren acabar con un comportamiento inapropiado. Reflexionando sobre esto me di cuenta de que es verdad. Dar un manotazo puede llegar a ser socialmente aceptable en muchos contextos, incluso entre adultos. De hecho todos los niños pasan por una etapa en la que levantan la mano cuando tienen un desencuentro con sus compañeros de juegos, sean adultos o niños. Los niños, como el resto de mamíferos, pueden pegar, arañar o morder cuando se enfadan o quieren conseguir algo. En conclusión: el manotazo parece ser un comportamiento instintivo e innato.

Pero ¿Es eso una razón suficiente para permitirnos usar el cachete en nuestra relación con ellos? o planteando la pregunta de otra manera ¿Que particularidad(es) en esta situación hace(n) que el uso del cachete sea absolutamente INADMISIBLE?

Bajo mi punto de vista estas particularidades son:

1- Una ya la hemos comentado: la superioridad física del adulto que deja al niño sin ninguna posibilidad de defenderse. Excepto los niños muy pequeños que todavía osan pegar al adulto un manotazo cuando se enfadan, en general tienen muy claro que por ese camino no hay nada que hacer y frente al cachete sólo les queda bajar la cabeza y retirarse. Como Mireia comentaba en nuestro pequeño debate, no vamos dando coscorrones a los adultos cada vez que tenemos un conflicto, aunque yo veo que si hay una gran confianza puede llegar a estar aceptada una agresión física "blanca" (que no produce dolor, como un manotazo en el brazo por ejemplo), en momentos de mucha tensión. A veces este recurso se utiliza disfrazado de broma y juego ("je,je,je.... Ay, pero mira que es puñetero mi marido/hermana/amigo -bum, manotazo en el brazo- diciendo estas cosas de mí, je,je,je,je -grrrrrrrr-..."). Pero cuando pegamos a un niño estamos abusando de nuestra situación porque el niño no tiene ninguna posibilidad, ni física (es más débil) ni moral (si hay algo que se ve realmente horrible en esta sociedad es la agresión de los hijos a sus padres, además de que el niño depende de nosotros a todos los niveles y no se puede arriesgar a que le abandonemos) de devolvernos el golpe para defenderse y defender su posición. Un cachete es así un evidente abuso de poder.

2- Cierto que los demás mamíferos suelen usar una cierta violencia física con sus crías. Es una forma de comunicación más. Los empujones, zarandeos, mordiscos o zarpazos se utilizan para comunicar a la cría que eso no lo deben hacer, posiblemente cuando señales más sutiles o sonoras no han funcionado. Pero nosotros tenemos un recurso más: tenemos EL LENGUAJE. Nuestra capacidad de HABLAR y controlar una situación con el lenguaje, nos permite no ir dando bofetadas, empujones y mordiscos por la calle, cada vez que alguien hace algo que nos molesta o enfada. Podemos llegar a utilizar palabras muy hirientes y en tonos muy altos y agresivos en situaciones de estrés y conflicto, pero con ellas evitamos que el enfrentamiento se resuelva a golpes. Los animales también gruñen, ladran, aúllan, o mugen pero estaremos todos de acuerdo que nuestra capacidad de comunicarnos con el lenguaje supera todos esos recursos. Si queremos que nuestros hijos aprendan a resolver sus conflictos por medio del lenguaje ¿Como nos permitimos utilizar el primitivo sistema del golpe físico con ellos como herramienta de educación? ¡No tiene ningún sentido! El mensaje que les damos es: con tus iguales usa las palabras ( nosotros no pegamos a adultos y cuando ellos mismos pegan a sus amiguitos o hermanos les decimos que "no se pega") pero con los que son más débiles que tú puedes dejarte llevar y golpear (especialmente cuando seas adulto). Terrible mensaje, por cierto.

3- Cuando una leona o una loba da un mordisquillo a su cachorro dudo que lo haga porque el león de la manada la ha enfadado o está hasta las narices de la pesada de su hermana que lleva todo el día incordiándola. Supongo que lo hará porque su cachorro en ese momento le está molestando o está haciendo algo peligroso, y punto. Pero los humanos somos muy complejos y, entre otras cosas, somos capaces de acumular ira. Una ira que se guarda probablemente en la parte más primitiva de nuestro cerebro hasta que encuentra una vía de escape y entonces, como dijo Nohemí, nos convertimos en esos reptiles capaces de devorar a sus crías ¿Cuantas veces no habremos dado un cachete a nuestro hijo porque estábamos ya al borde de nuestra resistencia y no precisamente por lo que el niño haya hecho ese momento? Como bien apuntaba Mireia en nuestra conversación, nada de lo que mi hijo hizo fue ni tan grave ni en absoluto excepcional para un niño de seis años. ¿Fue aquel cachete realmente contra mi hijo, o fue contra toda una situación global que me acababa de superar? Evidentemente fue eso último. En otro momento lo que mi hijo hizo no me hubiera hecho reaccionar así. Pero pasó cuando pasó y él pagó las consecuencias de mi sobrecarga total, no de su acción. Así que el cachete no sólo fue un recurso torpe y primitivo (teniendo el lenguaje debería haberme limitado a su uso), además de un abuso de poder evidente (él ya no tenía ninguna posibilidad de defenderse dada mi superioridad física), también fue INJUSTO (no se lo merecía ya que mi reacción fue desproporcionada a la acción que lo provocó).

De esta manera estoy castigando, abusando y siendo injusta con una persona que me quiere más que a nada en el mundo y que depende de mi completamente. Y todo esto con un simple y controlado manotazo "blanco" en las nalgas.

Y sí, como mis amigas me dijeron con toda la razón,  soy humana. Por eso no soy perfecta y cometo errores. Errores que tienen sus raíces en mi propia infancia y que se han transmitido de generación en generación, perpetuando un sistema de crianza de autoridad y poder donde la justicia es arbitraria y depende del estado de ánimo del que en ese momento tiene la sartén por el mango.

Pegamos por muchas razones: porque nos pegaron, porque estamos marcadas con la herida primal o porque el cerebro reptiliano se hace con el control, con el beneplácito y el poder del cerebro superior. Razones de peso que nunca se pueden convertir en excusa. Eso me permitiría volver a caer una y otra vez, escudando mi conciencia en mis limitaciones. Aunque, por supuesto, las razones son importantes porque, como bien escribía Louma, me permiten perdonarme, ya que tampoco tiene sentido martirizarme una y otra vez con los errores que cometo, además de que debo profundizar y trabajar con ellas para terminar definitivamente con este impulso. Ileana aseguró que a medida que "vaya recolocando mis estanterías interiores", este impulso irá pasando y desapareciendo. Cuidándome, cuidando mi energía  para no llegar al límite, buscando mi alegría y felicidad interior, delegando y pidiendo ayuda... estos consejos que con sólo leerlos ya me hacen sentir mejor fueron de mi querida Cristina.

Esto, simplemente, no puede volver a pasar.No se pega simplemente porque - como dijo la pequeña de Mónica - "No está bien".

Y para eso tengo que actuar. Tengo que aprender a canalizar y controlar mi ira. También tengo que analizar de donde viene realmente, la razón de su existencia. Esa ira que hace que me porte como una miserable con las personas que más quiero en el mundo: mis propios hijos. Si alguna vez en mi vida he tenido una motivación de peso para desenmascarar y superar mis sombras es ahora. Ahora tres seres humanos que YO he traído a este mundo consciente y voluntariamente dependen de mí  para su formación en adultos sanos, equilibrados, libres y felices.

No, no hay excusa que me permita repetir los errores del pasado, por mucho que estos hayan pesado en mi propia infancia y hayan determinado la persona que soy ahora. Soy una ser humano libre y por lo tanto tengo al responsabilidad de elegir.

Y ELIJO LA SANACIÓN Y LA SUPERACIÓN

Cueste lo que cueste.