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domingo, 31 de diciembre de 2017

SOBRE PEDOFILIA Y LACTANCIA.

"Charité maternelleAutor: Edouard Alexandre Sain

Dos veces en la misma semana, dos personas ha acusado a las madres lactantes de pedófilas. Así de simple y así de tremendo. 

Una fue Pilar Aguilar en Tribuna Feminista. (Y no, no voy a poner el enlace para que, encima de publicar semejante bazofia, les suba el número de visitas a los peores artículos sobre el tema que he leído en mi vida). Pilar se refería a las madres que sienten placer al dar de mamar. La pobre ignoraba (prefiero pensar que era ignorancia porque la alternativa es que escribe por pura maldad) que el placer que siente la madre al dar de mamar es absolutamente fisiológico y una estrategia evolutiva universal que garantiza que la hembra mamífera que ha parido no va a abandonar a la delicada criatura a su suerte y, por el contrario, va a esforzarse por pasar horas ofreciendo alimento de su propio cuerpo. 

Familia de monos en el Estrecho de Gibraltar. Autor: María Berrozpe
Si la lactancia materna fuera algo desagradable y doloroso ya nos habríamos extinguido porque a nuestras antepasadas mamíferas no humanas los argumentos de la OMS sobre las bondades de la lactancia materna no les hubieran convencido en absoluto para realizar un acto que les supone un esfuerzo considerable y, encima, no recompensa de alguna manerar. Por el contrario, la vida tiene una estrategia maravillosa y fascinante para animar a los seres vivos con un sistema nervioso bien evolucionado a realizar actividades que favorecen su supervivencia: el placer. Así engendrar nuevos seres humanos, comer, defecar, cultivar las relaciones sociales amorosas y pacíficas, etc., son actividades que producen un profundo placer. Y la lactancia materna, dado su papel fundamental en la supervivencia de la nueva generación, no podía ser una excepción. Más bien todo lo contrario. Como el coito, la lactancia materna tenía que asegurarse de ser extremadamente placentera. 

Hoy en día los seres humanos hemos conseguido que para un gran número de mujeres no lo sea. Pero ahora ya tenemos un neocortex capaz de convencernos de amamantar a pesar del dolor, el estrés o el cansancio y, cuando ya tiramos la toalla, de desarrollar una leche animal adaptada que garantiza la supervivencia del bebé con daños colaterales relativamente aceptables. 

Pero este neocórtex no debería olvidar que la lactancia materna está diseñada para ser placentera. Repito: la lactancia materna saludable es placentera. Si la lactancia materna no es placentera, algo no está funcionando muy bien. 

Por lo tanto, los pezones están ahí para ser el punto de agarre del bebé o niño pequeño y hacer sentir placer a la madre cuando la criatura los coge con su boca para mamar. Como la naturaleza no da punzada sin hilo posiblemente consideró que si, además, resultan placenteros durante el coito con la pareja adulta, pues mucho mejor. Total, en placer no se debería escatimar nunca. Pero evidentemente su función primordial no era ser un juego erótico para el macho (o hembra) adulto, sino permitir al bebé y niño agarrarse a la glándula mamaria para beber su leche. 

A ver, señoras, si no perdemos la perspectiva. ¿De acuerdo?

Y de aquí paso a la siguiente acusación de pedofilia de esta semana: dos mujeres aseguraron, ante el artículo de una madre adoptiva que ha logrado amamantar a su bebé y alimentarlo en exclusiva con su leche (tras someterse a un proceso de inducción), que era un acto pedófilo, asqueroso y egoísta. Este artículo sí que os lo comparto porque es delicioso (los comentarios de las susodichas están en Facebook y ya las tengo bloqueadas, así que esos no los podéis ver), y África una de las mujeres más maravillosas que conozco. Os recomiendo compartir esta preciosa experiencia aquí:

Historia de una madre que dio el pecho a su hijo adoptado


Y yo desde mi blog, ante todo este sinsentido enfermizo solo puedo explicar que las glándulas mamarias solo necesitan el estímulo del pezón para empezar a producir leche, independientemente de si ha habido un embarazo previo. Generalmente, ante la ausencia del embarazo, al no haber experimentado el proceso de crecimiento glandular que este conlleva, no pueden producir todo lo que necesitará el bebé. Algunas madres, debido a problemas hormonales específicos, puede que nunca consigan nada de leche. Pero a pesar de todo, la lactancia materna es mucho más que sólo alimentación. Es un comportamiento complejo que ofrece al bebé seguridad, calor, regulación fisiológica y mucho, mucho, mucho amor. Decir que un bebé abandonado no puede recibir teta de su madre adoptiva porque ésta no tiene leche o porque no le ha parido y no comparte sus genes es como decir que una pareja no puede realizar el coito si no es fértil. 

Para ser madre y dar el pecho no hace falta haber parido a ese niño. Si eso fuera así miles de menores en todo el mundo estarían condenados a crecer sin madre. Y francamente, eso es inaceptable, sobre todo habiendo miles de mujeres deseosas de abrir su pecho y su corazón a estos niños, para hacerlos suyos. Una viculación materno-filial sana y absoluta puede realizarse perfectamente entre personas que no comparten filiación genética. Miles de hijos adoptados de todo el mundo somos prueba de ello. Y los otros miles de adoptados de todo el mundo que no han tenido la inmensa suerte de disfrutar de este vínculo con sus adoptantes no son prueba de que formarlo sea imposible. Sólo son prueba de que esta vinculación no siempre funciona, por lo que desde los profesionales especializados  hay que trabajar bien duro para que cada familia la logre. Los niños no se merecen menos.

Y para acabar, sólo añadir algo obvio que parece que se ignora: la lactancia materna no forma parte de la sexualidad coital. Obligar a un menor a participar en las sexualidad coital, para la que no está preparado en absoluto, es pedofilia. Ofrecer a un bebé/niño el pecho de su madre (biológica o adoptiva) es maternidad. La maternidad es parte del comportamiento sexual, pero no es coital. Decir que la lactancia materna es "pedofilia" porque produce placer es lo más terrible, injusto, sucio y enfermo que he leído en mi vida.

Y también es muy peligroso. Y por eso escribo este post. Para dejar unas cuantas cosas claras, porque los malos entendidos en este tema tienen consecuencias nefastas para los bebés y niños, y para sus madres. 

Y ahora, para acabar, sólo me queda desearos  a todos una feliz salida del año 2017 y una feliz entrada al 2018. 

¡Que tengáis un año lleno de amor!

Sobre todo ¡Mucho Amor!

Y que todos los bebés y niños del mundo lo tengan lleno de cálida, nutritiva y amorosa teta. 


Autor: Paul Cézanne

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viernes, 19 de mayo de 2017

UN BEBÉ DE SIETE MESES MUERE POR NO RECIBIR SU ALIMENTACIÓN NATURAL

En Beveren, Bélgica, un bebé de siete meses murió en el año 2014 supuestamente por el alimento que recibía, y ahora que se acerca el juicio y el caso se ha hecho público, a los medios de comunicación les ha faltado tiempo para generar los más absurdos y engañosos titulares. Desde el "Muere un bebé de 7 meses porque sus padres le aplicaron una dieta sin gluten" de la Vanguardia, hasta el "Muere un bebé con un peso de 4 kilos por la dieta sin gluten que le pusieron sus padres" de Antena 3 TV. No quiero ni pensar la congoja que han debido ocasionar a muchos padres de niños celiacos o intolerantes al gluten.

Otros hacen mención a la leche de quinoa que le daban y, los más acertados, resaltan que no tomaba leche adaptada. Estos ya van apuntando mejor, pero todavía no dan en el pleno. También me llamó especialmente la atención una artículo en el que se resaltaba que los padres se habían empecinado en alimentar a su bebé de manera "natural". Todos estos titulares y artículos parecen tener el objetivo de presentar unos padres alternativos, "hipilondios" y  antisistema, del tipo de los que no llevan a los bebés al pediatra ni le ponen vacunas y ¡ojo! dan de mamar a la criatura por lo menos hasta los 9 años (la lactancia materna no interrumpida suele venir en el pack). 

Por eso me ha llamado sobremanera la atención que en ningún artículo se hace referencia a por qué este bebé no era amamantado, ya que:

La LACTANCIA MATERNA es el único alimento realmente natural y saludable para un bebé humano de 7 meses. 

Por lo que parece, el bebé no recibía leche materna, a pesar de la imagen dada por los medios de comunicación de sus padres como una pareja practicante hasta el extremo de lo que ellos consideraban una "alimentación natural". Y digo "por lo que parece" porque la realidad es que no sabemos de qué ha muerto ese bebé ya que, francamente, si te vas a fiar de la prensa para enterarte de lo que ha ocurrido, más vale de que te mentalices de que te vas a enterar mal. Es incluso posible que su muerte no tenga nada que ver con lo que comía y que los padres en absoluto le estuvieran alimentando como describen por ahí los medios. Aquí los únicos que saben lo que realmente ha pasado son los que están tratando esta tragedia de primera mano. 

Pero en el caso de que todo haya ocurrido como lo cuentan, que el bebé de siete meses sólo estuviera recibiendo leche de quinoa y dieta sin lactosa ni gluten, lo que realmente habría matado a ese bebé no es la ausencia de gluten o de lactosa, sino la ausencia de su alimento natural: la leche materna. Lo más triste es que este hecho no ha llamado la atención de la prensa en absoluto porque no es para nada excepcional: en España, según cifras de la AEP, el porcentaje de niños que reciben lactancia materna a los 6 meses es de sólo un 47%. Esto significa que

 menos de la mitad de los bebés de 6 meses reciben su alimento natural

No sabemos la razón de por qué este bebé no tomaba leche materna: si su madre estaba imposibilitada para alimentarle o si él realmente no la toleraba (algo tan excepcional que apunta a un grave desorden digestivo que hubiera necesitado de una intervención médica inmediata e importante para su supervivencia). Afortunadamente, cuando un bebé no puede tomar leche materna de su madre hay dos opciones: la leche humana donada (en caso de que sea porque su madre no le puede dar) y la leche animal ADAPTADA (pudiendo llegar a ser leche "especialmente adaptada" para esos rarísimos casos en los que un bebé no tolera componentes de la leche humana o de los animales generalmente utilizados, como la vaca, la cabra o la oveja). La primera mejor que la segunda, pero la segunda más fácil de conseguir y todavía suficientemente buena como para permitir unos índices de supervivencia aceptables. 

Por lo que parece, ante la falta de leche materna, estos padres se negaron a alimentar a su bebé con leche de fórmula adaptada por tener un concepto muy equivocado de lo que se puede considerar "alimentación natural". Pero las leches vegetales no son "leches" y lo más parecido a su alimento natural que puede tomar un bebé humano es la leche animal adaptada. Leche adaptada, además, por profesionales de la alimentación infantil, no por la madre o el padre que en su propia casa sigue la receta ancestral de su bisabuela y le añade un poquito de aquí y diluye un poquito de allá a la leche animal de turno. Esas recetas caseras de supuesta "leche adaptada para bebés" que a veces se leen en algunos blogs, absolutamente denunciables, suelen llevarse por delante a los bebés, ahora y hace cientos de años cuando, ante la imposibilidad de alimentar a un bebé con leche humana, no había más opción e intentaban alimentarles "adaptando" leches animales o haciendo papillas varias, que generalmente acababan matando a la criatura. Algunos bebés así alimentados sobrevivían, sí, pero posiblemente lo conseguían en pésimas condiciones de salud. 

En cualquier caso, y volviendo al tema central que nos interesa, lo cierto es que  ni el gluten, ni la lactosa, ni los productos "naturales" como la leche de quinoa, han matado a esta criatura. Si las cosas han sucedido realmente como lo explica la prensa, a este bebé le ha matado: 

  • En primerísimo lugar, y aunque nadie lo mencione: la falta de leche materna
  • En segundo lugar: la no sustitución de la leche materna por una leche de fórmula adaptada (posiblemente "especialmente adaptada" a los problemas digestivos de este bebé, en caso de que los tuviera) aprobada por los organismos de salud pública. 
  • Y en tercer lugar, y en el caso de que el bebé realmente sufriera un desorden digestivo que le hubiera hecho intolerante a la leche humana o animal adaptada (de manera general), la falta de un tratamiento médico adecuado y una leche especialmente diseñada por profesionales para sus necesidades. 


Esta, creo yo, sería la información relevante que debería divulgarse. Esta es la información que yo hubiera querido leer. 

martes, 7 de marzo de 2017

INVESTIGACIÓN SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA. AYÚDANOS A CAMBIAR EL PARADIGMA.




En el marco del grupo de investigación de Lactancia Materna-Psicología Perinatal de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) [grupo creado bajo el amparo del convenio de colaboración de dicha universidad con el instituto de salud Carlos III (IMIENS)] estamos llevando a cabo una investigación sobre el sueño infantil y la lactancia materna codirigido por las doctoras Ana Lisbona, Ibone Olza y yo misma.

Buscamos padres y madres de niños y niñas para responder a un breve cuestionario. Aunque lo ideal es que sean menores de 6 años, el cuestionario puede contestarse de manera retrospectiva para aquellos niños más mayores, hasta 10 años.

Para abrir el cuestionario haz click sobre la imagen






Al finalizar el cuestionario se ofrecen una serie de consejos sobre el sueño infantil y la lactancia materna y se participa en el sorteo de un libro sobre el sueño infantil.

Los interesados en los resultados del estudio, podéis enviar un email a: amlisbona@psi.uned.es indicando en el asunto RESULTADOS SUEÑO INFANTIL

Gracias de todo corazón por tu participación




lunes, 9 de febrero de 2015

GRACIAS DOCTOR GONZALEZ CANO. Ahora, Empecemos a Debatir.

Él sabía que le íbamos a dar publicidad, que muchas de nosotras seríamos radicales, irracionales, emocionales y alocadas. Sabía que también hay gente con muchas ganas de ponerse de su lado en contra de esas "talibanas de la teta" y que muchos profesionales - esos que a la chita callando, desde sus consultas, se cargan tantas lactancias maternas día a día - le darían golpecitos en el hombro y le compadecerían por el brutal ataque de las extremistas del que estaba siendo víctima. También sabía que muchas madres se sentirían a gusto con su discurso, como no. Y es que hay dimensiones en la lactancia materna a las que no llega la ciencia basada en evidencia.

Sabía, por supuesto, que los organismos oficiales se desmarcarían de sus declaraciones y consejos, de manera tibia algunos, más tajante otros. Con eso ya contaba y ni le asusta ni molesta. Ahí están todos esos libros anti- vacuna, por ejemplo, mucho peores que el suyo y mucho más en contra de la evidencia, según su criterio. Así que, si le echan en cara el pequeño detalle de que sus palabras van en contra de todas recomendaciones sobre lactancia materna, con recordar toda la literatura de divulgación  que contiene declaraciones en contra de las recomendaciones oficiales, ya tiene suficiente. Muchos de los gurús de esas "talibanas" tienen declaraciones polémicas, como que dejar llorar a los niños produce efectos indeseables, cuando las sociedades del sueño recomiendan las técnicas de adiestramiento basadas en dejar llorar para la educación del sueño infantil. Otros incluso animan a colechar con bebés, a pesar de que las sociedades de pediatría recomiendan que estos duerman en sus cuna  por seguridad. Así que, ¡que coño! Que sean consecuentes y respeten todo o no respeten nada. 

Y luego no olvidemos la sagrada libertad de expresión. Precisamente ahora es una buen momento para recordar esa libertad de expresión que no debe ser amenazada bajo ningún concepto. No olvidemos que por defender nuestro derecho a la libertad de expresión hay gente que ha perdido la vida. Recientemente hemos vivido un triste ejemplo de ello. En este contexto, el hecho de que la presentación de su libro "tuviera" que ser cancelada por "presiones y amenazas", ha sido perfecto para recordar  los más oscuros tiempos de la dictadura. Ya se sabe que las madres lactantes somos tan amenazadoras como  la Brigada Político-Social. O tal vez más. Fíjate que podemos castigar a los insurrectos con un chorro de leche materna en plena cara. Realmente aterrador. 

Así que al final todo le salió a pedir de boca y, hoy por hoy, tal vez sea uno de los pediatras más citados en las redes sociales e, incluso, tuvo sus cinco minutos de gloria en televisión. ¿Qué más se puede pedir? Probablemente ya esté planeando un próximo libro. Tal vez sea bueno colaborar con alguna estrella muy mediática, de esas que no tienen nada que contar pero venden mucho. En este país eso puede resultar de lo más rentable. Y luego están algunos médicos con mucha experiencia en eso de escribir bestsellers con normas de adiestramiento para padres. Una colaboración con ellos tampoco sería mala idea. Esto tiene futuro. 

Yo al principio no quería sumarme a las reacciones en contra de este señor para no darle el gusto de tener más publicidad gratuita. Pero luego leí artículos fascinantes, como los escritos por blogueras como Nohemí Hervada (leed toda la serie, es altamente recomendable), Irene García Perulero (1, 2, 3), Mónica de FelipeTeresa Escudero, Pilar Martínez, u organizaciones médicas como APILAM y la AEP, y pensé que tal vez valiera la pena mirar esta situación desde otra perspectiva. 

Y es que, no lo vamos a negar, - y como muy bien apuntaba el otro día mi querida Ximena Silva (Doula en Suiza) - el doctor González Cano acaba de sacar de debajo de la alfombra todos esos prejuicios, tabúes culturales y creencias casposas, patriarcales y machistas que empañan el ejercicio de la pediatría en nuestro país y, posiblemente, en toda la cultura occidental. José María González Cano más claro no ha podido ser, y sus palabras reflejan a la perfección la imagen de la mujer sucia, imperfecta, pecaminosa, empeñada en dañar a su hijo con la leche que mana de sus pechos, poniendo en peligro la integridad física y moral de la criatura. Todo su discurso ofrece una visión de la lactancia y la maternidad como una relación incestuosa, sucia, dañina y pecaminosa.   

Y esto es lo mejor que podía pasar. Ya es hora de que se ponga toda esta porquería encima de la mesa, delante de los padres y de los profesionales, para que pueda ser convenientemente limpiada y destruida de una vez. Porque tal y como comprobamos cada día las asesoras de lactancia de todo el mundo, los pediatras que todavía van diciendo a las madres todas esas incongruencias y falacias que el doctor Gonzalez Cano expone tan abierta y claramente en su libro, son inaceptablemente numerosos, hasta el punto de que las madres realmente interesadas en defender su lactancia tienen verdaderas dificultades para encontrar un profesional coherente, bien formado e informado en el que confiar plenamente para el cuidado de la salud de su hijo. 

Y esta situación es inaceptable y debe ser cambiada ya. Y ¿Qué mejor oportunidad para cambiarla que exponerla abiertamente? Porque en teoría todos los profesionales de la pediatría deberían ceñirse a las recomendaciones de su sociedad (en este caso la AEP) en cuanto a la promoción y defensa de la lactancia materna. Es evidente que deben existir razones importante para que esto no se consiga. Difícilmente vamos a encontrar estas razones y solventarlas si no encaramos la situación abiertamente y entre todos los actores implicados: pediatras, familias, y profesionales de la lactancia materna y la nutrición infantil, todos y de todas las tendencias. 

La lactancia materna es algo más que una cuestión de salud. En nuestra cultura, por motivos históricos de sobra ya conocidos, es un tema extremadamente complejo con múltiples dimensiones - políticas, sociales, económicas, culturales, emocionales, etc... - que deben ser convenientemente consideradas a la hora de diseñar estrategias que la resguarden y defiendan. Difícilmente conseguiremos hacerlo sin poner toda la situación al descubierto, y el doctor García Cano acaba de exponer la parte escondida y extraoficial, de todo este asunto. Acaba de poner cara a toda esa multitud de pediatras que se salta a la torera la evidencia científica, y eso es bueno. De hecho es muy bueno. Es genial.

Ahora es el momento del debate. Es el momento de que los profesionales de la ciencia le recuerden los consensos a los que han llegado y el porqué de sus recomendaciones. Es el momento de que las mujeres le informemos de por qué amamantamos, de lo que sentimos al amamantar, de por qué sentimos lo que sentimos al amamantar, de por qué tenemos derecho a sentir lo que sentimos, de por qué sentir lo que sentimos es bueno, saludable, conveniente y natural, mientras que lo que el supone correcto, es en realidad enfermizo, antinatural, aberrante y producto de una cultura concreta que ha dado lugar a una sociedad sexualmente mutilada y enferma. 

Es hora de que se hable abiertamente y entre todos de sexualidad, cultura, prejuicios, salud, biología, filosofía, sociología, política, etc... Es hora de poner todas las dimensiones de la lactancia encima de la mesa: las oficiales y las extraoficiales, las claras y las oscuras, las aceptadas y las rechazadas, las conocidas y las ignoradas. 

Para alcanzar la situación que todos queremos alcanzar, que no es otra que conseguir que cada mujer madre se sienta absolutamente libre, apoyada y respaldada en su lactancia, todos los actores implicados deben ser reconocidos e invitados al debate y, que duda cabe, el doctor Gonzalez Cano es el representante de un grupo importante que no puede, ni debe, ser ignorado. 

Así que, aunque acabe con la cara llena de leche (que no de leches, porque nosotras nunca nos defendemos a leches), gracias por dar la cara doctor, y bienvenido al debate. 

Ya estamos todos presentes y preparados. Comencemos a debatir de verdad. 



















miércoles, 4 de febrero de 2015

ÉRASE UNA VEZ................

ÉRASE UNA VEZ....... UNOS MÉDICOS ENGREÍDOS Y UNA CIENCIA NADA CIENTÍFICA

Érase una vez una sociedad que decidió separar a las criaturas de sus madres para obtener adultos sumisos al sistema. Convirtió a la mujer en sucia, impura, pecadora, defectuosa y débil, consiguiendo que se sintiera incapaz de parir, incapaz de criar o incluso incapaz de vivir sin una autoridad que le marcara el camino. Una autoridad masculina, por supuesto. 

Y es que mantener la autoridad del patriarca dentro del círculo familiar y la producción de herederos sumisos al sistema imperante pasaba por romper el vínculo más inmenso, sostenedor y protector que se puede formar entre seres humanos: el que se forma entre la madre y su hijo. Y así, las mujeres que ocupaban los puestos más altos en la escala social tenían prohibido criar a sus propios hijos, los cuales eran puestos en manos de nodrizas: mujeres de casta inferior destinadas al "nada valorado" y  vergonzoso (porque suponía fluidos, piel, tetas y pezones, o sea, cuerpo femenino) acto de amamantar y criar. El parto no lo pudieron transferir a las nodrizas, porque si lo hacían el bebé no llevaría la sangre "superior"  del patriarca y su mujer. Pero consiguieron interferir con el proceso del nacimiento lo suficiente como para poner en serio peligro la vida de madre e hijo (por lo tanto convirtieron el parto en un acto peligrosísimo que el médico debe controlar sí o sí) y conseguir que la madre no protestara cuando le separaran de su bebé y se lo dieran a otra mujer para su crianza. Ni que decir tiene que los bebés morían como moscas. 

Érase  otra vez que la misma sociedad, unos siglos más tarde, decidió que la mujer podía emanciparse de su padre/marido esclavizándose en el mundo laboral. Ahora ya no fueron sólo las aristócratas, tampoco la clase media ni la clase trabajadora tendría tiempo y derecho para criar a sus hijos, y la lactancia pasó a ser un estorbo inteligentemente solucionado por un sagaz empresario que descubrió un filón de oro adaptando la leche de vaca al consumo del bebé humano. Una adaptación defectuosa que costaría la vida y la salud a millones de criaturas ( y a sus madres). 

Érase una vez más que las madres, despojadas de sus atributos y habilidades naturales para la crianza de sus hijos durante tantos siglos, convencidas de que sus cuerpos eran sucios, defectuosos e inferiores a los productos del admirado y respetado intelecto humano (másculino, para ser más concretos) volvieron la mirada hacia los "expertos" en espera de recibir instrucciones de qué hacer y cómo hacerlo con sus retoños. Porque los bebés se morían, y ellas tenían miedo. 

Y ocurrió entonces que los "expertos", como eran tan sabios porque habían estudiado tanto y les llamaban "señor doctor", consideraron que eran mucho más inteligentes que miles de años de evolución y se otorgaron la autoridad de decirles a las madres cómo criar a sus hijos. Y así, mirando el mundo desde la estrecha ventana de su propia cultura, naturalizaron las costumbres culturales y - y aquí cometieron la más grande de sus aberraciones - normativizaron dichas costumbres en nombre de la respetable ciencia médica. Llenaron así la crianza de absurdas normas "racionales" nacidas de sus propios perjuicios personales y culturales, nunca convenientemente valoradas por el verdadero método científico y la ciencia basada en evidencia, la cual va mucho más allá de las fronteras del mundo de la medicina. 

Y érase de nuevo que un tal doctor Holtz tuvo la genial idea de poner por escrito todas esas "brillanteces", dando comienzo a los que durante el siglo siguiente sería uno de los negocios más rentables del mundo editorial: la literatura de crianza para padres. Y así, las bibliotecas de todos los hogares se llenaron de reglas estrictas en cuanto a la alimentación, el sueño y la crianza en general de los niños. Normas que nadie osó poner en duda porque las escribían los expertos en nombre de la ciencia médica. Gracias a todos estos doctos volúmenes divulgativos, millones de madres en todo el mundo dejamos que nuestros pechos se hincharán hasta producirnos fiebre porque "por la noche mejor destetar cuanto antes"  o "no hay que dar antes de dos horas porque si no no hace bien la digestión", dejamos llorar a nuestros bebés en la oscuridad de sus habitaciones para que desarrollaran "buenos hábitos del sueño", millones de niños murieron porque había que "acostarlos boca abajo" y debían "dormir solos", preparamos interminables papillas que teníamos que ofrecer a los 4 o 6 meses porque nuestra leche "ya no alimentaba", y nos desesperábamos cuando nuestro bebé escupía la papilla y lloraba reclamando teta, que le negábamos en nombre de la ciencia (la de nuestro pediatra o su último bestseller). 



ÉRASE UNA VEZ................ LA REALIDAD DESCUBIERTA EN LAS POYATAS


Pero a medida que el método científico y la ciencia multidisciplinar basada en evidencia afianzaron su poder dentro de la medicina, empezó a tambalearse todo este engreído positivismo. Desde mediados del siglo XX, momento en el que cientos de grupos de investigación empezaron a poner sobre la poyata todas esas prácticas que los pediatras habían convertido en normas, fue afianzándose la idea de que la gran mayoría de ellas eran más nocivas que beneficiosas. 

Al final la verdadera ciencia desenmascaraba a la pseudociencia nacida de la miopía cultural y el engreimiento clasista, devolviendo al cuerpo maternal su lugar de honor en el nacimiento y la crianza de sus hijos: dónde mejor están los bebés es sobre el cuerpo de su madre, bebiendo de su pecho, en contacto con su piel,  o sea, siendo amados por ella

Evidentemente esta revelación provocó una verdadera crisis dentro de la sociedad en la que la crianza de los hijos había sido relegada al último rincón de lo no valorado socialmente, mientras se exigía a las mujeres una masculinización en toda regla si querían ser personajes mínimamente presentes y presentables en la comunidad. Así apareció el feminismo anti lactancia, anti-amor maternal, anti-deseo maternal y anti-cuidado de los hijos que se enfrentó, y se enfrenta, con uñas y dientes al feminismo que reclama la feminización de la sociedad, la revalorización de la crianza y del papel del cuidador y, en resumen, la priorización del cuidado y del amor por encima de la mera producción. 

Pero en esta confrontación no debería entrar el mundo de los profesionales de la ciencia, especialmente los de la ciencia de la pediatría, la psicología o la obstetricia. No a nivel profesional, se entiende. Personalmente pueden hacer, decir o escribir lo que quieran. Pero cuando actúan (escriben, hablan o tratan) como pediatras, obstetras o psicólogos deben ceñirse a las evidencias científicas aceptadas por las sociedades profesionales a las que pertenecen o por las organizaciones internacionales de mayor autoridad. 

Ciertamente, esto es más fácil de decir que de hacer, porque si algo caracteriza al mundo científico es el debate y la falta de unanimidad a la hora de considerar lo que es o no una evidencia.  Y siempre habrá temas más polémicos que otros. En algunas áreas es realmente complicado encontrar una postura mayoritaria o realmente bien fundamentada. Todavía queda mucho campo abierto por explorar y la propia ciencia reconoce que es hija de su tiempo y de la cultura que la ha creado, por lo que no se desarrolla ni libre ni por encima de los determinantes culturales. Todos sabemos que los intereses económicos y políticos también impregnan no solo la investigación científica, sino también las sociedades científicas y médicas de las diferentes disciplinas. 

Un ejemplo de un tema controvertido y polémico lo tenemos en el tema del sueño infantil, área que soporta un inmenso peso cultural y en la cual existe un enorme debate en cuanto a las recomendaciones oficiales de cómo, dónde, cuánto y cuándo deben dormir los bebés y niños. Mientras que las evidencias científicas obligan a que en ciertos temas exista ya prácticamente unanimidad de criterios, en muchos otros todavía no hay un consenso generalizado. Por ejemplo, existen tremendas controversias sobre la seguridad de colechar con los menores de 3 meses, a pesar de que hoy en día ningún profesional puede ya discutir con las evidencias en la mano el hecho de que el colecho entre padres e hijos (por encima de los tres meses de edad) es una  práctica perfectamente conveniente y saludable, teniendo que admitir que el rechazo mostrado a esta práctica por los profesionales de la pediatría del siglo pasado  tenía su origen en motivos meramente culturales. 

Cuando un tema es tan polémico a nivel de los foros científicos, el experto se encuentra con una enorme dificultad a la hora de trasmitir información correcta y honestamente en los medios de comunicación dedicados a la divulgación sobre crianza para padres. A pesar de esta dificultad, cuando un profesional saca uno de estos temas de estos foros científicos para presentárselo a los padres con el fin de dar consejos y estrategias  de crianza, lo mínimo que debería hacer es comunicar el hecho de que existen posturas contrarias perfectamente fundamentadas. Así, en el tema del sueño infantil, de un discurso en el que sólo se hablaba de las maneras de conseguir el sueño en solitario a toda costa, dominante en el siglo XX, estamos pasando a una literatura mucho más abierta y moderada, en la que el experto (pediatra o psicólogo) admite la bondad de dormir con nuestros hijos, y cuando ofrece la posibilidad de estrategias para el sueño en solitario, la mayoría de las veces éstas ya no están basadas en dejar llorar al bebé en soledad. Esta forma de comunicación estaría en concordancia con la evolución observada en la literatura científica. Desgraciadamente todavía queda bastante literatura divulgativa, remanentes del siglo XX, con posturas rígidas y obsoletas de las manos de profesionales poco dispuestos actualizarse y progresar. Pero el cambio de tendencia es ya evidente y esperanzador. 

A pesar de que por su propia naturaleza la ciencia basada en evidencia invita más al debate que a la aceptación de verdades universales, existen áreas en el mundo de la pediatría dónde encontramos una sorprendente unanimidad. Un ejemplo representativo de ello sería la lactancia materna. Y es que todos los profesionales de la salud son conscientes, o deberían serlo, de hasta que punto los determinantes culturales han obstaculizado y puesto en peligro una de las principales funciones imprescindibles para la supervivencia de nuestros bebés: el amamantamiento. La lactancia materna ha sido una de las grandes víctimas de nuestra cultura, lo que ha supuesto un evidente peligro para la salud y el bienestar de nuestros hijos, no sólo a corto plazo, sino también a medio y largo plazo. Por eso, y a pesar de las enorme implicaciones políticas, sociales, culturales y hasta emocionales que supone una política de apoyo y defensa de la misma, las evidencias científicas son tan brutales y claras a favor de la leche materna y en detrimento de la leche adaptada, que desde la medicina sólo hay un mensaje ética y moralmente aceptable: La defensa a ultranza de la lactancia materna.  

Por eso, y a pesar de ir en evidente contracción con intereses económicos y hasta políticos, a día de hoy puedo asegurar que NINGUNA sociedad médica consideraría la lactancia materna inferior a la alimentación con leche de fórmula en ningún momento del desarrollo. De la misma manera NINGUNA sociedad médica propone un momento adecuado para destetar. TODAS hablan de un tiempo MÍNIMO de lactancia. Ninguna de un tiempo máximo de lactancia. TODAS aceptan que la lactancia materna supone enormes beneficios para la madre y el bebé, beneficios que aumentan con la duración de la lactancia. Esto es un hecho. Este hecho debería ser respetado por todos los profesionales de la pediatría que escriban, hablen o traten la lactancia materna con los padres. 



ÉRASE UNA VEZ.......................... LOS NUEVOS PROFESIONALES DEL SIGLO XXI


Si esto fuera así ya podríamos cerrar esta historia con un "colorín, colorado, este cuento se ha acabado" y ponernos a "comer perdices". Pero no. Todavía no se ha acabado el cuento. La libertad de las madres para saciar las necesidades primales de nuestros hijos sigue siendo coaccionada por los profesionales de la medicina o la psicología que nos ningunean, ridiculiza, humillan y mienten descaradamente, violando brutalmente las normas más básicas de su profesión. Profesionales que descubren en temas como el sueño infantil y la lactancia materna verdaderos filones de oro de los que sacar enormes beneficios a base de transmitir la información de manera sesgada y manipulada, cuando no mintiendo directamente,  y pasándose por "el ojete del culete" (con perdón) todas las evidencias científicas, junto con las recomendaciones oficiales de los organismos de más autoridad (a los que, por otra parte, pertenecen). Para estos profesionales yo exijo la destitución de sus funciones porque no hay derecho a que los tengamos que sufrir. Son un peligro, para nuestra salud y la de nuestros hijos. Algunos de ellos ocupan posiciones de poder en hospitales públicos. Me niego a pagar con mis impuestos el sueldo de semejantes peligros públicos

Pero, gracias a Dios, también están todos estos profesionales, cada vez más numerosos, visibles y conocidos, que desde su afán de conocimiento y su amor por los pacientes luchan cada día en su consulta o desde sus libros, sus charlas y sus apariciones públicas para ofrecernos a los padres todas las alternativas, toda la información y toda su enorme experiencia. Para ellos va mi enorme agradecimiento. Y es con ellos con los que quiero terminar este post. 

José María Paricio Talayero (pediatra), Carlos Gonzalez (pediatra), Rosa Jové (Psicóloga), Leslie Power (psicóloga), Inma Marcos (matrona), Adolfo Gómez Papi (pediatra), Ibone Olza (psiquiatra infantil), Carmela Baeza (médico, IBCLC), María Jose García Robles (enfermera), Ramón Soler (psicólogo), Mónica Serrano (psicóloga), Carolina Iglesias (matrona), Montse Lapastora (psicóloga), Anna Badia (psicóloga),  Silvia Fernández Sánchez (Pediatra e IBCLC), Margarita Tomico, (pediatra e IBCLC), Marta Blanco Herranz (enfermera), Armando Bastida (enfermero), Maisa Martínez de Alegría (enfermera e IBCLC), Belén Abarca Sánchis (enfermera e IBCLC), Laura Lecumberri Esparza (matrona), Gema Sanchez Bermejo (enfermera), Jaime García Aguado (pediatra), Teresa Escudero (médico de familia), Anabel Carabantes (matrona), Clara Camacho (psicóloga), Maria Teresa Hernández Aguilar (pediatra), Antonio Oliver-Roig (matrona), Rosario Cantó García (matrona), Rocío Martín Gil (médico anestesista e IBCLC) y Choni Gómez (matrona), Maite Valera (pediatra e IBCLC), Javier Navarro (pediatra),  Rafael del Pozo (médico defamilia), Jesus Garrido García (pediatra),  José Luis Gonzalo (psicólogo), Iris Raga (psicóloga),  Katalina Legarra (matrona),  Adelina Garcia (enfermera, IBCLC),  María García Franco (enfermera),Juan José Lasarte Velillas (pediatra),  Encarnación Zapata Callejón (psicóloga), Louma Sade Bujana (odontóloga), Carolina Jiménez Yuste (odontóloga),  Irene Iglesias Rubio (odontóloga), M Jesús Pedreño García (matrona), ,Iratxe Serrano Avila (pedagoga), Mariela Cacciola (psicóloga), etc... 

Sois todos los que estáis pero no estáis todos los que sois. Afortunadamente el número de profesionales excelentes es tan numeroso que mis contactos de facebook y yo (ellos me han propuesto muchos de los nombres aquí citados) no podemos conoceros a todos. Pero quiero que sepáis que nosotros, los padres, valoramos enormemente vuestro esfuerzo, confiamos plenamente en vuestra sabiduría y nos sentimos extremadamente agradecidos de poder contar con vosotros, vuestros conocimientos y vuestra experiencia en el cuidado de la salud de nuestros hijos. Sabemos que no siempre estáis reconocidos como os merecéis. Que muchas veces habéis sido claramente maltratados por este sistema de salud con intereses más económicos y políticos que humanos. Pero nosotros os reconocemos porque ya no somos una población idiotizada y asustada que traga con todo lo que le dan. En esta sociedad de la información, una población cada vez mejor informada y formada valora vuestro esfuerzo y vuestra excelencia.

Seguimos contando con vosotros. Gracias por estar ahí. 


lunes, 27 de octubre de 2014

SÍ, ES CIERTO, ES INMORAL.............

Sí, es cierto, hay mucha inmoralidad asociada a la maternidad. 

Porque es inmoral: 


..................Que al ir a parir te traten como una enferma. Te obliguen a tumbarte y a ponerte un gotero. Te inmovilicen. Te infantilicen. Te quiten a tu bebé y ni te dejen verlo. Que no te lo pongan sobre tu piel, ni le permitan cogerte el pecho.

............... Que se lleven a tu hijo al nido, sin respetar ese continumm tan importante para el establecimiento de una lactancia exitosa y del vínculo entre madre e hijo. Que le den suplementos innecesarios. Que nadie te asesore correctamente sobre como amamantar e iniciar la lactancia de manera exitosa. Que te digan que "es normal que duela" o que tu leche "no es buena" o que "no tienes suficiente".

.................. O que te presionen a amamantar sin ofrecerte en ningún momento las herramientas necesarias para hacerlo saludablemente. Que te juzguen y te limiten a un conjunto de datos estadísticos. Que te den a entender que ellos lo saben todo y tú no sabes nada.

................. Que te dejen aislada en casa, con tu criatura recién nacida, sin vida social, con tus actividades limitadas, no porque hacerlas no sea bueno para tu bebé y para ti, sino porque es "socialmente inconveniente". Que te obliguen a separarte de tu hijo para incorporarte a tu vida social y laboral. Que esta sociedad no considere la maternidad como una de sus principales prioridades y, muy al contrario, pretenda tenerla escondida en el trastero.

................... Que te hagan sentir vergüenza por amamantar a tu hijo en medio de una comida familiar, laboral o de amigos, en medio de un supermercado, de un cine, en el asiento del autobús o en el borde de la piscina (¿Cómo dices?¿Que es "antihigiénico"? no me hagas reír, por favor............. ¿Sabes cuanta agua de la piscina ha tragado ya esa criatura que se ha bañado en ella?¿Realmente crees que la poquita que chupa del pezón de su madre le va a afectar? Y por el otro lado, ¿realmente piensas que una improbabilísima gota de leche materna que pueda caer al agua va a cambiar en absoluta el potencial infeccioso de ese agua llena de sudor, restos de pelos y piel y, probablemente, hasta pipís).

Sí, en esta sociedad hay muchos comportamientos inmorales asociados a la maternidad pero, desgraciadamente, no son los que se denuncian.

Llevamos unos día en los que he llegado a creer que la vieja "Inquisicion Española" ha salido de su tumba (será por la proximidad de Halloween) y se ha colado entre los perfiles de Facebook porque en menos de una semana han bloqueado a Alba Padrós, el blog Tenemos Tetas de Ileana Medina y a Liliana Castro de Fundación Camino Claro. A Nohemí Hervada, nuestra luchadora más empedernida por la libertad de expresión y manifestación, le han dado un aviso. 

Pues para todos estos inquisidores de pacotilla, aquí os dejo una divertida y reivindicativa canción, a ver si se os dulcifica vuestro agriado carácter de moralistas casposos.

Porque nosotras amamantamos cuándo, dónde, cómo y cuánto nuestros hijos y nosotras queramos.

¡FALTARÍA MÁS!


viernes, 14 de marzo de 2014

DECLARACIONES SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA...... QUE ROMPEN EL ALMA

Facebook está que arde.

Y no es para menos. Ayer con las poco afortunadas declaraciones de Anna Pedraza, presidenta de la Associació Catalana d'Infermeria Pediàtricasobre la incapacidad para amamantar de una madre desnutrida, declaraciones que los medios de comunicación no tardaron en aprovechar desvirtuando la lactancia materna todavía más. Y hoy con la presentación en sociedad de un Estudio sobre el Sueño de Dodot (lo que no nos han dicho es en que peer review journal saldrá o ha salido publicado) y las declaraciones, también francamente desafortunadas, del doctor Diego García Borreguero, presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES) y director del Instituto Investigaciones del sueño (IIS), según las cuales, y cito textualmente, "Un bebé debería saber dormir con un mes y medio de vida".

No voy a entretenerme demasiado en desmontar todos estos discursos ya que otros lo han hecho ya de manera brillante. Sin duda el que más respuestas ha generado hasta el momento ha sido la pifiada de la asociación de enfermeras. Diversas organizaciones pro-lactancia materna, así como IBCLCs y asesoras de lactancia, ya han hecho público su rechazo unilateral a las declaraciones que ponen en duda la capacidad de amamantar de una madre desnutrida, así como la necesidad de donar leche artificial para solventar el "problema". Me gustaría destacar aquí los artículos de Eloisa Lopez en su blog Una Maternidad Diferente: Lactancia materna y desnutrición, y de Ileana Medina en el blog Tenemos Tetas: Éramos pocos y parió la abuela (lactancia, malnutrición y crisis). También el de la periodista Gema Lendoiro en su blog Madre no Hay más que Una: ¿Por qué la leche materna sí es buena aunque la madre esté desnutrida? Igualmente destacables son el comunicado de los GALM (Grupos de Apoyo a la Lactancia Materna) Andaluces, el de La Federación Catalana de grupos de Apoyo a la Lactancia Materna y el del Comité de Lactancia Materna de La Asociación Española de Pediatría (AEP). Pero ha habido muchas más, todas diciendo más o menos lo mismo porque, francamente, no hay mucho que decir más allá de que el mejor alimento para el bebé es la leche de su madre aunque ésta esté desnutrida, y que si se quiere hacer algo a favor de la salud y bienestar de esta criatura es ayudar a la madre a alimentarse mejor, y no donar leche artificial. Mejor donemos a las madres una cesta llena de verduras, hortalizas, frutas, carnes y pescados frescos y dejémonos de leche de fórmula, por favor. Seamos sensatos. Las verdaderas razones que hacen peligrar la producción de leche de una mujer las analiza la periodista y experta en crianza Mireia Long en su artículo: "Razones por las que las españolas no tienen suficiente leche".

Esto fue ayer.  Y hoy, junto con los últimos coletazos de las declaraciones de la asociación de enfermería, he recibido en mi muro un artículo del ABC en el que el antes citado doctor Diego Garcia Borreguero, eminente neurólogo especializado en sueño y presidente de la SES, nos asegura que los bebés deben saber dormir a partir del mes y medio y que, más allá de dormir toda la noche, lo importante es que se duerman SOLOS y no MOLESTEN en TODA LA NOCHE. Este artículo me ha llegado acompañado por un programa de televisión en el que se habla de la presentación del Estudio del Sueño de DODOT, realizado precisamente en colaboración con el citado doctor. En dicho programa se presenta el colecho con el bebé como una seria amenaza contra su vida, además de considerar que fomenta un "apego excesivo" con la madre.

Siendo monitora de La Liga de la Leche y autora de El Debate Científico sobre el Sueño Infantil, llevo desde ayer con la incómoda sensación de que me tengo que pronunciar sobre todo esto aquí, en mi blog. Pero, que queréis que os diga. Estoy cansada. Estoy muy cansada. Estoy absolutamente agotada de repetir una y otra vez lo mismo con diferentes palabras. Estoy cansada de escandalizarme de la estrechez de miras de gente eminente, inteligente y con poder. Estoy hasta asustada de que esto pueda pasar y de que esté pasando. 

Porque ¿Que más puedo hacer y decir? Ante las declaraciones del doctor García Borreguero solo tengo un proyecto con más de 500 artículos especializados citados en el que se puede ver claramente el origen del sueño en solitario, su falta de fundamentos científicos, la posibilidad de que sea incluso nocivo, la bondad del colecho, su predominancia entre los mamíferos, entre los primates e incluso entre los humanos a lo largo de la historia y entre las diferentes culturas. Y con esta información en mi cabeza tengo que leer que el presidente de la Sociedad Española del Sueño declara que los bebés DEBEN dormir solos porque si no se puede producir un apego excesivo, o que deben dormir toda la noche sin molestar, solos, naturalmente (o mejor dicho, culturalmente). 

Tras leer las conclusiones de numerosos investigadores cuyos trabajos demuestran la enorme variabilidad existente en el sueño de los niños alrededor del mundo y a lo largo de la historia, tanto en el cuanto como en el como o en el donde, y la absoluta incapacidad para declarar unas costumbres mejor que otras, más saludables que otras, más convenientes que otras, tengo que leer al presidente de la SES diciendo que los niños al mes y medio ya deben dormir de un tirón toda la noche y que si a los cinco años duermen siesta son "anormales". 

Y pensar que a mis casi 44 años yo ADORO dormir una siesta cuando me lo permiten. No sabia que era tan anormal. 

Y resulta que, casualidades de la vida, hace muy poco tiempo tuve en mis manos el siguiente trabajo: 



 PNAS 2013; 110 (43): 17267–17272.  



En este trabajo los autores observaron que los niños en edad preescolar que habían dormido una siesta recordaban unas localizaciones espaciales (en un juego tipo Memory)  un 10%  mejor que los niños que no habían dormido. Este efecto se mantenía las 24 horas siguientes, a pesar de que los niños del grupo control tuvieron la oportunidad de dormir durante la noche igual que los niños que habían dormido siesta, por lo que el efecto no se puede atribuir al simple cansancio. También observaron que este efecto estaba directamente relacionado con la densidad de husos observadas durante la siesta. Ante estos resultados los autores concluyeron que el sueño bifásico (sueño nocturno y siesta) es crítico para el aprendizaje a estas edades, cuando la capacidad de almacenaje de la memoria a corto plazo es limitada y por lo tanto necesita ser consolidada con más frecuencia.

Cierto que en este estudio la edad media de los niños rondaba los 4 años (47 meses), pero tenían niños entre los 3 años (36 meses) y los cinco años y medio (67 meses). Por lo tanto es evidente que no se espera que los niños dejen de dormir la sienta a los cinco años, que se asume que es normal dormirla a los cinco años y, no solo eso, sino que dormir la siesta a esa edad tiene importantes funciones cognitivas. 

¡Toma ya! y el artículo es un PNAS, nada menos (Su factor de impacto ronda los 10. Para que os hagáis una idea, las revistas Sleep y Pediatrics rondan los 5).

Pero nuestro presidente de la SES afirma que la siesta de los niños de 5 años es ANORMAL. 

¿Hace falta comentar más?

Porque podríamos seguir hablando de que el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, nuestro principal reloj interno, no madura hasta los 3 meses así que ya me puede explicar el doctor García Borreguero en que basa su afirmación de que al mes y medio ya deben "saber dormir" ¡Hasta el doctor Estivill respetó esta barrera teórica de los tres meses en su polémica afirmación de que su método sólo se aplicaba a partir de esa edad!

Y no sigo porque me eternizo. No vale la pena. Si me pongo ahora a desmontar las afirmaciones que se hicieron sobre el colecho no acabo nunca. Rafi Lopez, autora de la ya legendaria página sobre el sueño infantil Dormir sin Llorar, ha escrito un post magnífico al que os quiero remitir si tenéis más interés sobre el tema: En respuesta a A3 noticias: El colecho es seguro. Y la guinda sobre este tema la pone Delia Carballo al denunciar una fotografía publicada por la propia SES en un cartel que anuncia El Día Mundial del Sueño 2014, en el que un padre duerme con un bebé en brazos ¡En un sofa! en unas condiciones absolutamente incompatibles con un colecho seguro. Ni que decir tiene que esta foto es una excelente prueba de la incoherencia e ignorancia de la que esta asociación hace gala en lo que al sueño infantil se refiere: Colecho seguro en el Día Mundial del SueñoY si a alguno os apetece profundizar más en las implicaciones del colecho os aconsejo leer el capítulo 4 de la revisión del sueño.

Yo, de verdad, estoy muy cansada. Cansada de repetir lo mismo una y otra vez. Cansada de comprobar la falta de rigurosidad, la estrechez de miras, la mirada sesgada y la falta de perspectiva que nos demuestran estos profesionales. Profesionales punteros en su especialidad. 

Cansada y terriblemente decepcionada. 

Y me hago la misma pregunta que se hace la periodista Gema Lendoiro:









jueves, 9 de enero de 2014

SEPARACIÓN MADRE-BEBÉ: ¿COMO LLEGÓ A NORMALIZARSE EL NIDO?

Estoy leyendo un interesantísimo libro, Evolution, early experience and human development, editado por cuatro grandes investigadores en el campo de la neurología: Darcia Narvaez, Jaak Panksepp, Allan N Schore y Tracy R Gleason. Como cada capítulo es independiente de los demás, lo que hace que no sea necesario leerlo en orden, tras leer el primero, escrito por los cuatro editores, he saltado al noveno porque el tema me interesa muchísimo para la revisión científica sobre el sueño infantil. Este capítulo habla sobre el cuidado nocturno del bebé y está escrito por la conocida investigadora en sueño infantil y lactancia materna, Helen Ball, en colaboración con Charlotte K Russell

Prof. Helen Ball
Ni que decir que este capítulo, en el que Ball y Russell hablan de lactancia nocturna desde una perspectiva evolutiva muy interesante, no tiene desperdicio. De hecho el libro entero no lo tiene y me encantaría tener el tiempo necesario para devorarlo de una tirada, en lugar de ir robándole minutos al día para sumergirme en él. Pero el caso es que no lo tengo, así que me he levantado a las 4:30 de la mañana con la intención de leerme el capítulo entero antes de que se despertara la tropa a las 7:30, pero me he quedado en el segundo apartado ya que no he podido evitar la tentación de traducirlo para escribir este post y así compartirlo con todos vosotros. 

El apartado en cuestión se titula: La medicalización del nacimiento, y explica cómo llegó a normalizarse la separación del bebé de su madre tras el nacimiento. Yo encuentro interesantísimo saber el origen de nuestras costumbres. De hecho me parece fundamental tener este conocimiento para poder decidir si seguimos o no una determina tradición, y no limitarnos a hacer las cosas porque "se hacen así desde siempre" o "las hace así todo el mundo". 

Os dejo las palabras de Ball y Russell explicando lo que parecen algunas de las razones principales por las cuales se normalizó la presencia del nido en nuestros hospitales, con la consiguiente separación de la madre y el bebé cuando mas juntos deberían mantenerse.


"Una consecuencia del aumento del tamaño del cerebro seguido de una disminución de la pelvis, fue que el nacimiento se volvió una actividad peligrosa asociada a altos índices de mortalidad entre las madres y los bebés a lo largo de la historia de la humanidad (Loudon, 1993). (Comentario personal: yo creo que las causas de la alta mortalidad asociada al parto son otras, pero ya hablaremos de esto en otra ocasión. Para compartir estas palabras no necesito estar al 100% de acuerdo con sus autores.) 



Durante la era victoriana, las intervenciones dirigidas a disminuir el miedo al dolor y a la muerte durante el parto se volvieron populares (Loudon, 1993; Tew, 1995). El uso del cloroformo, el anestésico de aquella época, estaba restringido al uso hospitalario; las mujeres cada vez con más frecuencia decidían parir en los hospitales para que se les pudiera administrar este anestésico, incluso aunque las madres a las que se había anestesiado eran incapaces de atender a sus bebés mientras se recuperaban de los efectos del gas. Debido a esta incapacidad temporal de la madre, se establecieron los nidos en los hospitales, donde las enfermeras cuidarían de los bebés (Tew, 1995). Estos esfuerzos para mejorar la experiencia del parto en las mujeres tuvieron repercusiones serias e inesperadas en el cuidado temprano del bebe y la relación madre-bebé. La subsiguiente aparición de anestésicos como el sueño crepuscular o los barbitúricos intravenosos (Pitcock & Clark, 1992; Tew 1995) también incapacitaban a la mujer durante y tras el parto: la recuperación era un proceso largo y mientras tanto el cuidado del bebé era imposible. 

Estos anestésicos también afectaban a los bebés, que nacían adormilados e incapaces de responder o mamar, siendo muchos alimentados a la fuerza durante sus primeros días de vida. Incluso la capacidad para respirar se podía ver comprometida, por lo que los bebés en los nidos tenían que ser cuidadosamente monitorizados (Feldhusen, 2006). A partir de la década de los cuarenta, cuando las prácticas higiénicas y los antibióticos se introdujeron en la práctica clínica y la mortalidad en el parto declinó, la proporción de partos hospitalarios aumento exponencialmente, llegando a su máximo en 1973,cuando un 99% de todos los nacimientos en EEUU tuvo lugar en hospitales bajo el control de un médico (Nusche, 2002). La separación de la madre y el bebé tras el parto era ya una rutina. Aunque las campañas dirigidas a reducir la medicalización de los nacimientos, como las encabezadas por Grantley Dick-Reed y Fernand lamaze, redujeron el uso de narcóticos durante el parto en las décadas de los cincuenta y sesenta ( Feldhusen, 2006; Nusche, 2002; Tew, 1995); el continuo traslado de los neonatos al nido se siguió justificando con la necesidad de controlar las infecciones. Las madres ya no estaban incapacitadas para cuidar de sus bebés, pero los bebés eran llevados a "un lugar seguro" para ser puestos en observación, y se animaba a las madres a descansar tras el parto, mientras miraban a sus bebés a través de una mampara de cristal y se reencontraban con ellos solo en los momentos programados para alimentarles (Hock, Mcbride & Gnezda, 1989)." 

Como ocurre frecuentemente en nuestra cultura, y seguro que en todas las demás también, numerosas tradiciones y costumbres están todavía vigentes, a pesar de que las razones por las que en su momento fueron implantadas han desaparecido. En este caso nos referimos a la separación de la madre y el bebé tras el parto. Hoy en día las madres ya no están adormiladas por los barbitúricos o el cloroformo. Tampoco existe un riesgo real de infecciones, más bien todo lo contrario, ya que está ampliamente demostrado que el lugar más seguro y saludable para un recién nacido es sobre el pecho de su madre. Pero, a pesar de ello, la gran mayoría de hospitales y clínicas siguen separando a las madres de sus hijos nada mas nacer. Por suerte es una costumbre que está cayendo en desuso, mas en unos países que en otros, aunque lo cierto es que encuentro que lo hace a una velocidad irritantemente lenta, sobretodo teniendo en cuenta las aplastantes evidencias que nos demuestran el peligro que tiene para la salud de nuestros hijos, el éxito de las lactancias y la relación entre madre e hijo. Yo misma tuve que sufrirlo cuando parí a mi segundo hijo en el Hospital de Barcelona hace casi 7 años. Espero que en estos años hayan tenido tiempo de cambiar el protocolo.

Así pues, si alguien necesita otra razón para convencer al personal sanitario del hospital donde vas a parir, o ya has parido, de que no le separen de su bebé tras el nacimiento, aquí la tiene: las razones por las que se impuso esta costumbre ya no existen. Y si todavía se muestran reticentes podéis explicarles el experimento de los monos (que en realidad nunca se hizo tal y como se explica en este vídeo y por la red, pero es bastante parecido a otro que sí llegó a hacerse y que debo tener citado en algún lugar... de cuyo nombre no llego a acordarme. Haz click sobre la imagen para ver el vídeo)





Bibliografía:
  • Feldhusen AE. The history of mildwifery and childbrith in America: A time line. Midwife Today 2006; Retrieve May. From www.midwiferytoday.com/Articles/Timeline.Asp
  • Hock E, McBride S, Gnezda MT. Maternal separation anxiety: Mother-infant separation from the maternal perspective. Child Development 1989; 60: 173.
  • Loudon I. An international study of maternal care and maternal mortality. 1800-1950. New York, NY; Oxford University Press. 1993.
  • Nusche J. Lying in. Canadian Mediacal Association Journal. 2002; 167: 675.
  • Pitcock CD, Clark RB. From fanny to Fernand: The development of consumerism in pain control during the birth process. Ameriacan Journal of Obstretrics and Gynecology 1992; 167: 581.
  • Tew M. Safer childbirth? A critical history of maternity care. London:Chapman and Hall. 1995


sábado, 19 de octubre de 2013

UNA HISTORIA DE LACTANCIA


Hoy quiero traeros una historia de lactancia intensa, de amor y de lucha: la historia de mi querida Irene, madre de dos niñas, la segunda de las cuales nació prematura. Creo que es un testimonio valiosísimo para todas aquellas mujeres que un día puedan enfrentarse a una situación semejante y tal vez no cuenten con las herramientas que ella tuvo en su lucha.

Doce horas después de nacer con 1100 gramos de peso, la pequeña Lara encontró la teta de su madre y se enganchó. Y esto ocurrió porque Irene tuvo la inmensa suerte de ser atendida por Ana, una enfermera a la que se le ocurrió "probar una cosa" y que consideró "un montón" de "oro líquido" los míseros 20 mililitros de calostro que Irene logró en su primera extracción con el sacaleches; y por Concha, una sabia asesora de lactancia; y por Isabel, que se preocupó de comentarle al médico que Irene andaba deprimida; y por todo un equipo médico - el del Doce de Octubre - dispuesto a apoyar y respaldar a la madre de una prematura en su lucha por establecer una exitosa lactancia materna.

Pero, sobretodo, ocurrió por esta enorme capacidad de lucha y amor de Irene. Porque se le metió entre ceja en ceja y no paró hasta conseguirlo. Porque es un ser humano capaz de enfrentarse a  lo que le venga con verdadero fuego en las entrañas

Para todas esas madres que os enfrentáis a esta situación aquí os dejo este testimonio para que os recuerde que se puede. Cueste lo que cueste, se puede.

Lara nació prematura y con muy bajo peso. Del 1,100 kg pasó a los 960 gramos en un par de días y permaneció ingresada 50 días en la Unidad de Neonatología del 12 de octubre, 27 de ellos en cuidados intensivos.

Unas doce horas después de que Lara naciera por cesárea, en cuando que me dejaron levantarme bajé a neonatos. Serían las diez o las once de la noche, el pasillo estaba oscuro, desierto y en silencio. La auxiliar del turno de noche me entregó un kit para usar los sacaleches hospitalarios y me enseñó a usar aquellos cacharros milagrosos. 10 mL de calostro saqué en el primer intento. “Qué miseria, dios mío”, pensé yo. “¡Madre mía, 10 mL! ¡Es un montón! Esto es oro líquido” me dijo la auxiliar y me lo quitó de las manos para enchufarselo a mi hija por sonda.

La enfermera, se llamaba Ana, me puso a la niña en vertical en el pecho y susurró “espera, que quiero probar una cosa”. Unas doce horas después de haber nacido, doce horas alejada de mamá y con un montón de vías y pinchazos por todo su diminuto cuerpo, Lara empezó a moverse hasta que encontró la teta. El primer agarre siempre es bueno.

27 días en los que Lara pasó de ser alimentada por sonda (en continuo primero, a razón de 1 mL a la hora los primeros días, 3 mL por hora después, más tarde de forma intermitente) a estar constantemente enganchada a la teta. Recuerdo las primeras veces, cuando la asesora de lactancia, Concha, decía “Ay, que está tragando, que nos van a regañar, yo hago como que no miro”. Y se reía.

Me recuerdo también llorando por los pasillos, recuerdo haberle dicho a Concha “es que no voy a poder” y su respuesta “¿por qué?”. Aquel “no es tan diferente” y todo el apoyo. “Me ha dicho Isabel la enfermera que estás un poco desanimada” me decía el médico un día. “Lo estás haciendo muy bien” me decía la MIR algún sábado. Y la niña en la teta. Todo el tiempo posible.

Tras una sepsis y mes y medio en el que nos quedamos sin ropa limpia y sin papel higiénico, Lara llegó a casa con 1,850 kg de peso – medio bebé – y una madre muerta de miedo que pensaba conseguir ayuda de los libros. La enfermera que acudía a las revisiones domiciliarias llegaba provista de biberones de vidrio, porque yo, enganchada al sacaleches día y noche, doné, no sé, unos 40 litros al banco de leche humana del hospital. Lo estás haciendo muy bien. Puedes. Puedes. Se puede. Día y noche, es la única garantía.

Mantener la lactancia no fue fácil. Después de darle el alta Lara estuvo ingresada otras tres veces. Una sepsis tardía, una fiebre sin foco y una insuficiencia respiratoria nos confinaron en el servicio de lactantes del 12 de octubre otro mes y medio más durante el primer año. En un box de dos por dos, sin baño, Lara y yo dormíamos en una colchoneta del IKEA que me compré para la ocasión. Teta día y noche, porque es la única garantía.

Después otro ingreso, el mío. Si no preguntas nadie te dice que no. “No tengo donde dejarla”, Lara siguió tomando teta mientras yo soltaba piedras de calcio de la vesícula biliar. Día y noche, día y noche.

Cuatro años después Lara todavía toma teta de vez en cuando, para dormir, cuando tiene pupa…aunque ya lo hace muy poco y lo agradezco, la veo saltar y moverse y sé que es lo mejor que he hecho en la vida. Lara le debe la teta al personal del 12 de octubre, pero también a su hermana. Sin experiencia y apoyo yo no lo hubiera logrado.
El 22 de noviembre, si Lara no se desteta completamente antes, se cumplirán ocho años de lactancia materna ininterrumpida. No necesito más éxitos, no quiero que me den las gracias.

Tan sólo servir de ejemplo.

Se puede. Claro que sí.