Mostrando entradas con la etiqueta Sueño Infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sueño Infantil. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de marzo de 2018

PROYECTO DE INVESTIGACIÓN PARA VALORAR LOS EFECTOS DEL MÉTODO ESTIVILL


Hoy quiero compartiros un proyecto de investigación que se está llevando a cabo en la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco y cuya finalidad es valorar el llamado popularmente Método Estivill, conocido en los círculos profesionales como Extinción gradual, Llanto controlado o Consuelo controlado.

Hasta el día de hoy no existen pruebas directas publicadas en revistas científicas (revisadas por pares) que demuestren efectos negativos, y en esto se basan sus defensores para seguir recomendando su práctica, a pesar de los numerosos indicios publicados de que sí puede tener efectos nocivos significativos, especialmente a largo plazo. 

Por lo tanto, considero muy necesario que desde diferentes disciplinas -y, por lo tanto, perspectivas- se siga evaluando sus efectos.

Os adjunto el e-mail que he recibido del doctor Amenabar solicitando mi colaboración en la divulgación del cuestionario y os animo encarecidamente a participar si tenéis experiencia con el método.

Estimado/a colaborador/a:
 
Somos un equipo de profesionales que, preocupados por la salud mental de la población infantil, estamos realizando una investigación sobre el método Estivill.
 
Como es sabido, en 1996 Estivill publicó el libro «Duérmete, niño», en el que presentaba un método para acabar con los supuestos problemas de sueño infantil. Su propuesta consiste en un entrenamiento progresivo, con lapsos de tiempo cada vez más prolongados, en los que los adultos han de aguantar sus deseos de atender al niño que llora a la hora de dormir. Así, noche tras noche, hasta que el niño aprende a dormirse solo.
 
El método Estivill, aplicado a miles y miles de niños a lo largo de los años, ha suscitado gran polémica a nivel médico, psicológico y educativo, con posiciones encontradas entre sus partidarios y sus detractores.
 
Para poder conocer de primera mano cómo se ha vivido la aplicación del método Estivill, se han diseñado 2 CUESTIONARIOS:
               
1)     PARA QUIENES EN ALGÚN MOMENTO APLICARON EL MÉTODO ESTIVILL y desean participar en nuestra investigación, pueden hacer clic en este apartado.
 
2)     PARA QUIENES EN SU INFANCIA SE LES APLICÓ EL MÉTODO ESTIVILL y desean participar en nuestra investigación, pueden hacer clic en este apartado.


Dr. JOSÉ MARTÍN AMENABAR BEITIA
Nortasuna, Balioespena eta Psikologia Tratamenduaren Saila
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico

domingo, 11 de junio de 2017

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.

Mucho ruido y pocas nueces. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con el polémico (y mediocre) artículo de Paul et al. que pretendía cuestionar las recomendaciones de compartir habitación lanzadas a la sociedad por la academia de pediatría más poderosa del mundo: la American Academy of Pediatrics (AAP).

Finalmente yo sigo sin entender como Pediatrics (la revista de dicha academia) ha aceptado un artículo tan limitado y mal diseñado, pero al menos la reacción de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome (el grupo de trabajo contra la muerte súbita del lactante) de dicha academia sí es digna de resaltar porque deja en evidencia la lenta pero continua consolidación de lo que yo considero como la nueva corriente multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil dentro de sus filas. 

Lo que quiero decir con esto es que si hasta ahora todas las recomendaciones de la AAP sobre el sueño infantil se basaban en la "pediatría tradicional del sueño", para la cual el sueño del bebé durmiendo en solitario y sin lactancia materna es el modelo de sueño saludable, poco a poco empiezan a consolidarse los trabajos de autores que investigan desde otra perspectiva, más abierta a los conocimientos de disciplinas como la antropología y la biología evolutiva, y que nos enseñan que la manera natural de dormir del bebé humano es en íntimo contacto con su madre y, por lo tanto, ese es el modelo de sueño saludable en el que se deberían basar todas las investigaciones. Y lo mejor es que estas nuevas investigaciones empiezan a influir en el criterio de los que realizan las recomendaciones.

Hasta ahora siempre he pensado que los miembros de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome eran el ejemplo perfecto de expertos de la "vieja escuela", más que nada por su rechazo unilateral al bedsharing, o colecho con el bebé compartiendo cama. Pero he aquí que en la respuesta de dos miembros del grupo, Moon y Hauck, al artículo de Paul et al, puede leerse un avance importante hacia mi esperado cambio de paradigma. En primer lugar, se esfuerzan mucho en defender el Roomsharing, algo que me sorprende ya que utilizan argumentos antes utilizados por los que más critican su aversión al Bedsharing, como la importancia de la lactancia materna (que se ve beneficiada con la cercanía entre madre y bebé por la noche), y la incertidumbre sobre si realmente es seguro y apropiado que un bebé de 4 meses tenga un sueño consolidado, teniendo en cuenta de que las evidencias apuntan a que no lo es

Pero la guinda del pastel es que ya por segunda vez (la primera fue en la actualización de sus recomendaciones oficiales, pero muy sutilmente) abren la puerta a la posibilidad de que realizar bedsharing sea, en ciertas circunstancias, la posibilidad más segura para el bebé. 

Ante la advertencia de Paul et al. de que los padres que comparten habitación con su bebé tienen más posibilidades de meterlo en su cama en algún momento de la noche, en contra de las recomendaciones de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome, y que esa es una razón de peso para sacar al bebé de la habitación lo antes posible, Moon y Hauck responden: 

Esto es realmente preocupante y refuerza la necesidad de que los profesionales de la salud hablen con los padres sobre la importancia de preparar la cama de los adultos proactivamente ante la posibilidad de que se practique el Bedsharing en  medio de la noche. En las recomendaciones para un sueño seguro del año 2016 se reconoce que los padres pueden llegar a dormirse con sus bebés mientras los alimentan, por lo que se recomienda que se quiten almohadas, mantas y otros equipamientos de la cama adulta si existe la posibilidad de que esto ocurra. 

Esto viene de decir que ante el riesgo de que los padres por compartir habitación aumenten la probabilidad de meterse al bebé en su cama, es más recomendable para la seguridad del bebé preparar la cama para que se coleche con seguridad que sacarlo de la habitación.

Y esto, conociendo el desarrollo histórico de la investigación sobre muerte súbita del lactante y las diferentes recomendaciones realizadas a lo largo del siglo XX, es un gran paso hacia el cambio de paradigma, esto es, el ejercicio de una pediatría del sueño más independiente de los prejuicios culturales, morales, religiosos y económicos y mejor informada sobre la naturaleza humana y, concretamente, la diada madre/bebé. 

Os podrá parecer un avance pequeño, pero llevo tantos años leyendo artículos diseñados por y para la vieja escuela, que este paso en lo que yo considero la dirección correcta me llenan de esperanza. Así que a pesar de que Pediatrics ha aceptado esta vergüenza de artículo y, encima, la AAP le está dando bombo; a pesar de que los medios están divulgando con la falta de rigurosidad y honestidad que les caracteriza; a pesar de los pesares, que Moon y Hauck no aprovechen este trabajo para echarse directamente para atrás recomendando que el bebé duerma en otra habitación, y en lugar de ello defiendan el compartir habitación con él usando argumentos de los defensores del colecho, es una noticia estupenda.

Mi agradecimiento y admiración por todos estos investigadores como McKenna, Ball, Gettler, Blair, Bergman, Olza, etc., que hacen ciencia en contra del sistema establecido y, poquito a poquito, están consiguiendo el cambio. 

jueves, 8 de junio de 2017

DORMIR CON EL BEBÉ: ¿SÍ O NO?


Hasta ahora la Academía Americana de Pediatría lo tenía bastante claro: aunque son extraordinariamente reticentes a que el bebé humano duerma en su localización natural ―esto es, en íntimo contacto con su madre―, al menos recomendaba que durmiera con ella en la misma habitación (o que sus padre o cuidadores principales), ya que el riesgo de muerte súbita desciende muy significativamente. Y esto a pesar de su visión "tradicionalista" del sueño infantil, profundamente criticada por muchos autores que defienden un abordaje más mustidisciplinar y abierto.

Pero parece que esta concesión (a medias) a la necesidad primal de nuestras criaturas de dormir al menos cerca de su madre todo un año enterito les picaba, y ya tenían ganas de poner los límites más pronto. Porque, si no, no se entienden que en su revista principal, Pediatrics, una de las más influyentes internacionalmente (si no la más) en el mundo de la pediatría, hayan publicado un artículo tan pobre, cuestionable y sencillamente mediocre como el que saldrá en Julio de este año, y que (desgraciadamente) ya podemos encontrar on line: 


Un artículo que de haber demostrado lo contrario de lo que piensan que han demostrado, por su diseño y metodología no lo publican ni en la "Revista de pediatría integral desorganizada y absurda de Villaqueteempujodeabajo"(*), pero como concluye lo que concluye  no sólo ha sido publicado en una de las revistas de más factor de impacto, sino que ya está siendo divulgado a diestro y siniestro por todos los medios de comunicación con secciones dedicadas a los padres.

Y os preguntareis ¿que concluye el dichoso artículo que María está que se sube por las paredes? pues que los bebés y sus padres duermen mejor en habitaciones diferentes, y que no es necesario que duerman "todo" un año juntos porque el 90% de las muertes súbitas ocurren los 4 primeros meses.

Este mensaje a los medios les ha encantado, por supuesto, porque encenderá debates, likes y shares por doquier. Y que salga en la venerada Pediatrics le da su (inmerecido) certificado de calidad. Ya veo a ciertos divulgadores sobre el sueño frotándose las manos porque tienen otro artículo "publicado en una revista muy importante" para apoyar sus (más que muy moral y científicamente cuestionables pero extraordinariamente rentables) métodos de adiestramiento del sueño en solitario. 

Pero dejadme explicar por qué este artículo es mediocre y nunca debería haber sido publicado en una revista de la categoría de Pediatrics. De hecho, os voy a explicar a fondo una sola razón. Hay más, porque el enfoque completo del trabajo es más que cuestionable, pero esta razón principal la vais a entender rápidamente y me sirve como ejemplo perfecto de lo chapuzas que son muchas veces los investigadores en sus ganas de demostrar sus hipótesis a toda costa, y de cómo los intereses culturales, sociales y hasta económicos son capaces de comprar incluso el respetado, y supuestamente objetivo e independiente, sistema de "peer review" (revisión por pares) de las publicaciones científicas.

El quid de la cuestión para mí es el siguiente: Todo el trabajo se basa en cuestionarios. No hay ni una sola medida objetiva del sueño de los bebés. 

¿Y por qué es esto tan importante?

Imaginad que un científico quieren saber como cantan una muestra de niños. Si cantan fuerte o cantan bajito. Se supone que cantar fuerte es malo porque irrita las cuerdas vocales. Para saberlo, en lugar de oír cantar a todos los niños lo que hacen es preguntar a los padres. Pero los niños están divididos en dos grupos: los niños de un grupo cantan en la misma habitación que los padres y los del otro grupo en una habitación diferente. Después preguntan a los padres como han oído el canto de sus hijos, si fuerte o bajito. Los padres cuyos hijos estaban en otra habitación oyen el canto significativamente más bajito que los que tienen al niño en la misma habitación. Entonces los investigadores concluyen que los niños que cantan en una habitación separada de las de sus padres cantan más bajito, por lo que dañan menos sus cuerdas vocales. En estas circunstancias no pueden sino recomendar que los niños nunca canten cuando se encuentran en la misma habitación que sus padres. 

Los autores de nuestro artículo protagonista han hecho exactamente lo mismo. Sí, así de surrealistas pueden ser algunos estudios científicos. 

Tal vez penséis que ésta es una comparación exagerada (¡los niños están durmiendo, no cantando!), pero fijaos: en el estudio en cuestión los investigadores valoran el sueño infantil mediante cuestionarios a los padres para comparar la calidad del sueño entre los  niños que duermen en la habitación con sus padres o en otra habitación, y llegan a la conclusión de que como los padres reportan más sueño nocturno y periodos de sueño sin interrupción más largos en los niños que duermen en otra habitación, estos realmente están durmiendo mejor, asumiendo por defecto que los padres que duermen separados de su bebé tienen la misma capacidad de valorar su sueño (en cantidad y calidad) que los padres que duermen con el bebé al lado. Y eso, señores, me parece a mí que es mucho asumir, sobre todo cuando las evidencias apuntan exactamente a lo contrario, ya que está demostrado que los padres que duermen lejos de sus hijos no tienen una apreciación realista de su sueño (o de las interrupciones del mismo: no siempre que el bebé está despierto los padres lo oyen). Por su naturaleza y objetivos este trabajo debería haber incluido obligatoriamente una medida objetiva del sueño infantil. Como mínimo la actigrafía, aunque dadas las limitaciones de esta técnica, especialmente con niños, hubiera sido mucho mejor una grabación con cámara de vídeo. Pero no lo han hecho.

Así que aunque los autores aseguran haber demostrado que los niños duermen más tiempo por la noche y periodos más largos de sueño seguido (a diferentes edades que van entre los 4 y los 12 meses, pero no quiero entrar en detalle), lo cierto es que solo han demostrado que los padres tienen esa apreciación. Claro, ellos reconocen esta limitación, pero no le dan importancia argumentando que los despertares que ocurren cuando bebé y padres comparten habitación ocasionan intervenciones no necesarias de los padres, afectando su sueño, y que es por eso por lo que los padres se quejan en la consulta del pediatra, por lo que es lo único relevante. O sea que, por delante de como duerma el niño, lo que realmente importa aquí es el sueño de los padres. Digo yo que, entonces, no pueden concluir ―tal y como hacen― que el niño duerme más y mejor, sino que los padres se enteran menos de (y por lo tanto intervienen menos en) los problemas de sueño de su hijo, y eso les permite dormir mejor. Y me pregunto por qué no dicen las cosas claras ajustándose a lo que realmente han observado. Será que vende menos esta versión más realista de sus conclusiones, ya que podría ser bastante cuestionable animar a los padres de bebés de 4, 6 o 12 meses a dormir lejos de sus hijos para que no se enteren cuando estos tienen problemas de sueño

Hay más limitaciones y muy importantes, pero me alargaría demasiado si las analizara aquí todas. De momento os cito brevemente algunas de las preguntas abiertas con las que me deja este artículo:
  1. ¿Cómo pueden asegurar los autores que las características del sueño que supuestamente tienen los bebés que duermen en solitario son más saludables que las de los niños que comparten habitación? Sí, ya sabemos que dormir bien y lo suficiente es importante. Pero ¿cual es ese "bien" y "suficiente" para la cría humana? Porque hasta ahora no veo que se haya demostrado que un sueño consolidado a los 4 meses sea más saludable que el sueño natural de los bebés que duermen como deben, esto es, en contacto con su madre y mamando a demanda (el, espero que ya famoso, Breastsleeping de McKenna). Este artículo, por lo tanto, parte de la naturalización del sueño en solitario realizada por la pediatría del siglo XX y ya denunciada por McKenna a principios del XXI. Una vez conocida la situación no veo que los que tanto defienden esta manera antinatural de dormir se molesten en comprobar si supone realmente un beneficio en el desarrollo físico, cognitivo o emocional del bebé, más allá de si los padres duermen mejor o peor lo que, dicho sea de paso, no depende tanto de la localización del sueño como de las expectativas que la pediatría del sueño nos mete en la cabeza
  2. ¿Como afecta a la lactancia a medio y largo plazo el sueño en solitario? Ya observan menos tomas nocturnas en los que duermen solos, lo que era esperable. Esta imposición del sueño en solitario tan temprana podría dificultar enormemente el establecimiento y continuación de la lactancia materna, tan fundamental para la salud de la diada madre/bebé. Algo muy importante a considerar si pretenden cambiar las recomendaciones oficiales sobre el sueño, especialmente porque en nuestra sociedad no se cumplen las recomendaciones oficiales sobre la duración de la lactancia materna ni de lejos. Digo yo que, para lanzar recomendaciones oficiales, no todo puede depender de que los padres duerman mejor si su hijo está en otra habitación. Porque esto nos lleva a la siguiente cuestión:
  3. ¿Qué pasa con todos esos beneficios, algunos ya descubiertos (favorece la lactancia materna, cambia la arquitectura del sueño de la madre y el bebé, para ciertos grupos de madres supone un mejor descanso, el bebé está más relajado, llora menos y se mueve menos, etc.) y otros todavía por descubrir, que son consecuencia directa del colecho entre madre y bebé? Pues pasa que en este artículo "se los pasan por el forro". O sea, los ignoran. Pero nunca debería ignorarse esta realidad tan compleja a la hora de recomendar a la población donde debe dormir sus hijos, digo yo. 
  4. Por otro lado, argumentan que como el 90% de las muertes ocurren los primeros 4 meses de vida y por eso no tiene sentido alargar más el dormir en la misma habitación con el bebé. Pero, ¿Sabemos acaso el peso que tiene el sueño en solitario como factor de riesgo en la población de bebés mayor de 4 meses? Yo no lo sé, y no sé si ellos lo saben o ni siquiera consideran la posibilidad de que poner a los bebés a dormir solos a partir de los 4 meses aumente significativamente la frecuencia de muerte (sea síndrome de la muerte súbita u otro tipo de muerte inesperada y súbita del lactante) a partir de esta edad. En cualquier caso, aunque solo un 10% de las muertes súbitas del lactante ocurran a partir de los 4 meses, si dormir en solitario aumenta significativamente el riesgo no debería ser ignorado a la hora de recomendar el sueño en solitario por la (supuesta) comodidad de los padres.
  5. Y por último: ¿Cómo pueden seguir publicándose artículos sobre el sueño infantil tan escandalosamente sesgados por los valores culturales del sector dominante de la sociedad occidental industrializada, y que se empeñan en convertir en evidencias científicas lo que ni de lejos lo son? Ya desde el principio del artículo el sesgo cultural es inaceptable: desde la advertencia a los padres de que si no sacan a los bebés a dormir fuera de su habitación antes de los 12 meses luego les costará mucho más, hasta la exclusión intencionada del colecho en la misma superficie (bedsharing), porque va en contra de las recomendaciones de la AAP. También asumen que un factor negativo de tener al bebé en la misma habitación es que hay más probabilidades de que se lo metan en la cama, considerando este comportamiento como "de riesgo" e ignorando observaciones como la realizada en un estudio reciente de Blair, en la que podemos apreciar como a partir de los 4 meses el colecho realizado en la misma cama en condiciones seguras es un factor preventivo de muerte. 
En conclusión: cuando veáis en los próximos días titulares asegurando que la evidencia científica dice que hay que sacar a los bebés de la habitación cuanto antes, no os los creáis. Están basados en un estudio mediocre, con un sesgo cultural en su diseño e interpretación inaceptable, posiblemente publicado en una revista de alto impacto por las limitaciones de un sistema, el de revisión por pares, que no escapa a la compleja realidad de la ciencia como mero producto de la sociedad que la crea y, por lo tanto, sujeta a sus determinantes culturales e intereses varios.

Artículo de interés:

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.












(*) La bromita viene a que en el mundo de las publicaciones científicas cuanto más local es una revista científica y más largo su nombre, generalmente menos impacto (y por lo tanto calidad) tiene. 

sábado, 3 de junio de 2017

LLORAR NO ES MALO. DEJARLES LLORAR, SÍ.



Todos sabemos que en la vida hay lobos con piel de cordero, o manos de hierro con guantes de terciopelo. Pero yo todavía me sorprendo cuando encuentros casos como el que os voy a explicar hoy.

Ayer Sibylle Lüpold, enfermera, IBCLC y especialista en sueño infantil, con la que tengo el honor de colaborar profesionalmente, me preguntaba si conocía a Kel Whittaker, una profesional con extensa formación en la salud infantil fundadora de Institute of Sensitive sleep consulting (Instituto de la consultoría sensible sobre el sueño infantil). 


Y no, no la conocía. Me paseé un rato por la web. Todo eran palabras de sensibilidad y respeto. Respeto por los niños y respeto por los padres. Incluso está asociada a Attachment Parenting International, y exponen sus principios así: 

  1. Ser respetuosos con los estilos de paternidad
  2. Apoyar una relación nutritiva entre padres e hijos 
  3. Alentar la lactancia materna siempre que sea posible y apoyar la elección de la madre. 
  4. Estar actualizado sobre las recomendaciones para un sueño seguro, especialmente a la hora de apoyar a las familias que quieren colechar. 
  5. Escuchar con atención y empatizar con las familias que están pasando por momentos sensibles. 
  6. Mantener un alto nivel de profesionalidad y un profundo apoyo al cliente. 
  7. Considerar los 8 valores de la crianza con apego 
  8. Guiar a los clientes con soluciones personalizadas nacidas de la comprensión y el respeto. 
Suena todo bastante aceptable, aunque hay puntos en los que tienes que asumir que hay un límite. ¿O van a apoyar y respetar a unos padres que utilizan el castigo físico y el maltrato para criar a sus hijos? En cualquier caso, si algo he aprendido en estos 12 años de maternidad, es que la crianza corporal, respetuosa o natural, no se puede imponer desde afuera, sino, si acaso, ayudar a que nazca desde dentro mediante la información y el apoyo. Además, tampoco es una entidad sencilla. Habrá muchas familias que no dan el pecho ni colechen, pero no por eso no están criando con respeto y corporalidad a sus hijos. En eso todos estamos de acuerdo. Hay tantas situaciones diferentes como familias, y lo único importante aquí es que se actúe desde el conocimiento de, y el respeto por, la naturaleza humana. 

Pero unos minutos más tarde Sibylle me mandó este artículo, 


y se me cayó la venda de los ojos. 

En él Whittaker asegura que va a analizar las dos "corrientes" existentes dentro del sueño infantil que todos ya conocemos. En pocas palabras: los que defienden el sueño en solitario y dejar llorar para conseguirlo y los que no. Pero, a continuación, se pasa el resto del trabajo asegurándonos que llorar no estresa a los bebés, que no es malo, que las lágrimas cambian su composición según el tipo de llanto (si, yo también me he preguntado que qué importa eso en este contexto) y, por extensión, no hay nada malo en dejar llorar a los bebés para enseñarles a dormir, ya que el desarrollo de "esta habilidad de por vida", según ella, tendrá suficientes consecuencias positivas como para contrarrestar el llanto producido sólo temporalmente. También asegura algo que todos sabemos: que la privación del sueño tiene efectos negativos importantes, pero no dice nada sobre la posibilidad de que el niño, y la familia entera, duerma de maravilla en compañía. Como si el sueño saludable de todos dependiera de establecer a toda costa y cueste lo que cueste, el sueño en solitario del bebé. 

Nada sobre la necesidad primaria del bebé y niño de estar en contacto con su madre y cuidadores para relajarse y dormir. Nada sobre que separar a un bebé de su madre es uno de los factores más estresantes que puede sufrir la criatura, haya o no haya llanto. Nada sobre que el colecho intencionado sólo ha demostrado, hasta el momento, efectos beneficiosos para todos. Y nada sobre que TODOS los niños sanos acaban aceptando el sueño en solitario cuando están preparados para ello. TODOS. Y esto lo demuestran numerosos artículos científicos a favor de las técnicas cognitivo conductuales. De hecho ella cita uno de los más importantes, el de Price del año 2012, en el que se demuestra que a largo plazo duermen exactamente igual los niños adiestrados y los niños control. Pero ella esto no lo dice así, sino que lo utiliza para argumentar que adiestrar no tiene efectos negativos a largo plazo, pasando por alto que tampoco tiene efectos positivos. Por lo demás, el de Price es un artículo sin capacidad para demostrar los efectos negativos (ni lo positivos), pero no voy a entrar en ello aquí. 

Finalmente la estrategia evidente de todo el artículo es obvia: desviar la atención hacia el mensajero, el llanto, para hacer creer al lector que como el llanto no es malo, provocarlo tampoco lo es. Por supuesto, el llanto en sí mismo no es malo porque es un mecanismo de defensa y adaptación al estrés. Hay llantos diferentes y es evidente (y está demostrado científicamente) que todos nos sentimos mejor después de llorar que antes (sí, ella también utiliza este argumento). 

Pero dejemos las cosas claras. El problema no es el llanto, el problema es provocar la situación de estrés que provoca el llanto. O que no lo provoca, porque Middlemiss, a la que Whittaker también cita, demuestra que los bebés adiestrados siguen estresados aunque ya no lloran. Por cierto, que Whittaker asegura que en el trabajo de Middlemiss los bebés se estresaban porque no les permitían a sus madres verlos, cuando lo cierto es que también se valoraba el estrés de la madre al ver a su hijo llorar o cuando lo veía supuestamente tranquilo, llegando a demostrar que cuando el bebé lloraba la madre estaba estresada (como el bebé) pero que cuando no lloraba la madre se relajaba (a diferencia del bebé), por lo que se producía una desincronización. Es precisamente esta desincronización la observación más relevante de este estudio. Imposible, por lo tanto, que sea verdad lo que asegura Whittaker, de que las madres no podían ver a sus bebés. (¿Se habrá leído el artículo?). En cualquier caso, intentaré contactar directamente con Middlemiss para que me explique este punto. 

Por lo tanto, aquí lo cuestionable no es el llanto de un bebé, sino la imposición de una situación estresante para el bebé. Una imposición absolutamente incompatible con las palabras "respeto", "sensibilidad" o "empatía". Siendo conscientes de que muchas familias decidirán el sueño en solitario por múltiples razones, y respetando esta decisión, creo que es obligatorio que cualquier consultora del sueño realmente respetuosa tenga muy claro que imponer este comportamiento creando una situación de estrés aguda (que generalmente generará un fuerte estallido de llanto como manifestación del estrés sufrido, aunque no siempre) no es ni científica ni éticamente aceptable. 

Por lo demás, sólo me queda destacar que en este contexto no son aplicables observaciones como la de que los bebés no siempre lloran por estrés porque un trabajo demostró que los bebés con cólicos no tenían el cortisol más alto que los bebés control. En nuestro caso creo que no hay lugar a dudas de que los bebés sí están estresados, y eso está demostrado. De hecho, repito, en esta situación Middlemiss observó que están estresados incluso aunque no lloren. 

Así que mucho cuidado. Que no os hagan matar al mensajero (el llanto) mientras os cuelan el lobo (la imposición del sueño en solitario mediante una técnica conductista irrespetuosa) en el rebaño. 




martes, 7 de marzo de 2017

INVESTIGACIÓN SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA. AYÚDANOS A CAMBIAR EL PARADIGMA.




En el marco del grupo de investigación de Lactancia Materna-Psicología Perinatal de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) [grupo creado bajo el amparo del convenio de colaboración de dicha universidad con el instituto de salud Carlos III (IMIENS)] estamos llevando a cabo una investigación sobre el sueño infantil y la lactancia materna codirigido por las doctoras Ana Lisbona, Ibone Olza y yo misma.

Buscamos padres y madres de niños y niñas para responder a un breve cuestionario. Aunque lo ideal es que sean menores de 6 años, el cuestionario puede contestarse de manera retrospectiva para aquellos niños más mayores, hasta 10 años.

Para abrir el cuestionario haz click sobre la imagen






Al finalizar el cuestionario se ofrecen una serie de consejos sobre el sueño infantil y la lactancia materna y se participa en el sorteo de un libro sobre el sueño infantil.

Los interesados en los resultados del estudio, podéis enviar un email a: amlisbona@psi.uned.es indicando en el asunto RESULTADOS SUEÑO INFANTIL

Gracias de todo corazón por tu participación




miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL MÉTODO ESTIVILL

Hoy sólo quiero deciros que lo que puede verse en este vídeo no es

ni ética,

ni moral,

ni emocional,

ni humana

ni por mucho que algunos se empeñen en creer lo contrario científicamente

aceptable

Y que una cultura capaz de tratar así a sus niños, una cultura que normaliza el comportamiento de esta madre en nombre de la autoridad científica, está muy enferma. 

Por favor, esto es grave.

De verdad, muy grave.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

EL BEBÉ QUE NO PODÍA LLORAR....... Y LOS PADRES QUE NO PODÍAN DORMIR


El sábado 12 de Noviembre tuve el inmenso placer de participar en un seminario de lactancia materna y sueño infantil con mi querida Rafi Lopez, de Dormir sin Llorar, organizado por mi también querida Isabel Fernandez de Castillo, de Terra Mater. Fue una jornada en la que tuvimos el placer de disfrutar de la compañía de diversas profesionales de la salud infantil, entre las que se encontraban pediatras, matronas, enfermeras y psicólogas además de madres y futuras madres, y un futuro padre, con los cuales se estableció una enriquecedora dinámica de debate y puesta en común de conocimientos. 

Pero lo que os quiero traer aquí es una anécdota que compartió conmigo en un "aparte" una de las pediatras presentes, Lupe. Una anécdota que me pareció preciosa y reflejo de una realidad que muy pocos padres sabemos entender correctamente. 

En una ocasión Lupe asistió a un bebé que había nacido con un pequeño defecto en las cuerdas vocales que no le permitía emitir ningún sonido, y mucho menos llorar. Así, cuando lloraba, su boquita permanecía en silencio aunque su carita hacía las muecas típicas de un bebé llorando. De hecho, nada más nacer, al ver sus muecas pensaron que estaba ahogándose, hasta que se dieron cuenta de que en realidad lloraba en silencio. 

Por suerte este defecto era operable, y a las pocas semanas una intervención quirúrgica liberaba las cuerdas vocales del bebé y le permitía llorar y emitir sonidos con normalidad. Pero lo interesante de esta historia se produjo en el momento en que los padres traían al bebé para operarle. Según le contaron a Lupe, estaban exhaustos. Llevaban 5 semanas durmiendo por turnos ya que les daba muchísimo miedo quedarse dormidos, y que su hijo llorara y no pudiera despertarles. Así que siempre permanecía uno de guardia mirando al bebé.

Estaban impacientes por tener un bebé que PUDIERA LLORAR porque eso LES PERMITIRÍA DORMIR.

Impresionante ¿no? Yo al menos nunca vi esta realidad desde esta perspectiva y, como la gran mayoría de la gente (excepto lo que tienen bebes como el de la historia, supongo), pensaba que el llanto de mi bebé era lo que no me dejaba dormir.

Pero no. De hecho GRACIAS a que mis bebés lloraban, y podían llorar cuando me necesitaban,YO PODÍA DORMIR.

Ahí queda eso. Ahora todos a reflexionar sobre las consecuencias de enseñar a los bebés a no llorar cuando nos necesitan. 

¿De verdad que tras un entrenamiento así vais a dormir tranquilos?

jueves, 4 de agosto de 2016

LA VERDADERA RAZÓN POR LA QUE LOS BEBÉS NO QUIEREN DORMIR SOLOS


No nacen con intención de fastidiarnos la noche. Es una respuesta de supervivencia del cerebro




Seguramente lo habréis escuchado más de una vez. Una madre recién parida, el padre o cualquier familiar, diciendo que el bebé “es muy bueno porque duerme y come muy bien”. ¿Esto se ajusta a la realidad? ¿Significa, entonces, que un bebé que no duerme del tirón toda la noche es malo? La ciencia, la biología, como casi siempre, tiene la explicación a estos temas que tanto preocupan a los padres, especialmente a los primerizos. 


lunes, 15 de febrero de 2016

MÉTODO ESTIVILL. NO SE TRATA DE DEJARLE LLORAR.

Es cierto. No se trata de dejarle llorar más o menos, o no dejarle llorar en absoluto. Hasta ahora, como a la mayoría de padres, lo que más me llamaba la atención del famoso Método Estivill era que el bebé podía llorar uno, dos, diez o veinte minutos. Y eso era lo que más criticaba.

Pero hace unas semanas mi percepción cambió totalmente. Fue al preparar mi defensa del trabajo fin de máster sobre Investigación Social de la Comunicación Científica en la que se me ocurrió recurrir a un vídeo que corre por You Tube sobre dicho método para explicarle al tribunal en qué consiste el método en cuentión.

El vídeo es el siguiente:



Cada vez que veía el vídeo me daba cuenta de que había algo que me estaba molestando tanto o más que el evidente dolor de la criatura, pero necesité un tiempo para identificarlo totalmente. Y entonces entendí hasta que punto, como ya dijo en su día mi querida Irene en su excelente artículo "Adiestrando Padres", el Método Estivill no trata de adiestrar niños sino en adiestrar padres. Porque en este vídeo queda clarísimo: el adiestrado es el padre.

¿Y como se adiestra a los padres? Primero hay un trabajo previo en el que el experto convence a los padres de la necesidad de aplicar el método. Después, ya en acción, se obliga al progenitor a concentrarse en una serie de normas que deben seguir, lo que provoca una desconexión con su hijo y la consiguiente desincronización entre ambos. Fijaros en el vídeo. Fijaros como Estivill, cual Voldemort con su varita mágica, va detrás del padre diciéndole  ordenándole, de hecho lo que debe decir exactamente. Parece que le haya mandando un Maleficio Imperus. Así el padre tiene tanto trabajo concentrándose en las palabras del experto que desconecta, literalmente, del llanto de su hijo. Bastante tiene él con seguir tantas instrucciones. Y así, el cerebro emocional, ese que le grita que su hijo sufre y que, por favor, lo atienda queda supeditado al entrenamiento al que está siendo sometido el cerebro racional el cual obedece, cual soldado, las órdenes de este "experto" porque "él sabe mejor que yo lo que tengo que hacer porque habla en nombre de la ciencia". En el día a día, fuera de las cámaras de televisión y la presencia real del "experto" el papel de lanzador del maleficio lo realiza el libro o la aplicación para móviles que obliga a los padres a centrarse en un texto y en un reloj, distracción que permite así la absoluta desconexión emocional entre padres e hijos.

Una estrategia digna de las más avanzadas artes oscuras, no cabe la menor duda. Desde luego el Voldemort de Harry Potter debería enfrentarse a algunos de nuestros Mugglies. Seguro que no les supera en capacidad de manipular y supeditar voluntades.

No descubro nada nuevo. De hecho la primera fase de este tipo de técnicas de adiestramiento es siempre la "educación" de los padres. Por eso se llaman Técnicas cognitivo Conductuales. A día de hoy ya hay investigaciones que demuestran muy claramente que esta desconexión se produce. Y que este fenómeno tiene efectos nocivos para el establecimiento de la relación de apego y el correcto desarrollo de los niños también está demostrado.

Así que es cierto, el Método Estivill no consiste, principalmente, en hacer, o dejar, llorar al niño. No. Consiste en que los padres desconecten de las necesidades de su hijo para imponer una conducta que viene desde fuera. Las razones de por qué estamos dispuestos a hacerlo ya han sido analizadas en otras ocasiones (1, 2, 3). Pero es importante que seamos conscientes de este hecho.

domingo, 18 de octubre de 2015

CARTA ABIERTA A ISABEL GEMIO



Estimada Isabel:

Hace un par de días recibí la llamada de una colaboradora de vuestro programa Te doy mi Palabra, lo que consideré un verdadero honor, dada tu reputación como periodista y el alcance de tu programa. Como honor ha sido, como no, tener la ocasión de enfrentar mis palabras a las del doctor Estivill como representante de una posición contraria a la suya. 

Hoy he tenido el gusto de escuchar el programa y debo reconocer que me he sentido extremadamente decepcionada por su enfoque y contenido. No me ha sorprendido la intervención del doctor Estivill el cual de nuevo, como en tantas ocasiones, me ha puesto "de los nervios" porque no entiendo como alguien con su preparación académica y experiencia profesional puede permitirse semejante falta de rigor al dirigirse al gran público. El resumen escogido por vuestro equipo de mi charla telefónica con la periodista lo considero correcto, aunque yo hubiera resaltado otros aspectos de mi discurso, como por ejemplo el concepto de Bondad de Ajuste, que considero maravilloso para conceptualizar el objetivo final a la hora de enfrentarnos a los problemas del sueño infantil-familiar, y que fue introducido en el contexto del sueño por el pediatra suizo Oscar Jenni ya en 2005. Este concepto hubiera sido imprescindible si el objetivo final de tu programa hubiera sido informar al gran público sobre la globalidad del la problemática del sueño infantil y sus soluciones. Me dio lástima que lo desaprovecharais. 

Pero lo cierto es que ese no ha sido vuestro objetivo en absoluto ¿verdad? En realidad solo pretendías ridiculizar y desautorizar lo que tú consideras una opción de crianza contraria a la tuya. Y para ello no has dudado en lanzar afirmaciones que no son ciertas, espero que más como fruto de la ignorancia que de la maldad. Querida Isabel, textualmente la OMS recomienda "Seguir con la lactancia materna a demanda, con tomas frecuentes, hasta los 2 años o más." No máximo dos años como tú te empeñabas en trasmitir, sino MÍNIMO dos años, como afirmaba Laura Perales. Y esto es porque no hay ninguna razón objetiva ni científicamente validada para decir lo contrario.  

Que por cierto, la entrevista se ha desarrollado con una animosidad impresionante contra la psicóloga invitada Laura Perales, la cual ha mantenido el tipo con una sensatez y solidez admirables, dadas las circunstancias. Yo creo que me hubiera enfadado, y mucho, si me veo sometida a semejante encerrona.

Podemos seguir con el hecho de que todos tus argumentos en contra del colecho y la lactancia son de índole personal, y de hecho los expones con una gran emocionalidad. Muy respetables pero poco útiles a la hora de demostrar nada. Perfectos para compartir experiencias entre amigas o utilizar en un programa dónde se compartan experiencias personales entre tertulianos, pero inútiles para sentar cátedra o dar información objetiva y científica sobre estos dos aspectos tan importantes en la crianza de nuestros hijos. Como inútiles son todas esas afirmaciones, de nuevo nacidas más de la percepción personal de la realidad que de los hechos científicamente demostrados, de María Jesús Álava Reyes asegurando que colechar es malo y ¡¿Está desaconsejado por la UNESCO?! ¿De verdad? Porque yo no he conseguido encontrar recomendaciones de la UNESCO respecto a este tema, pero sí de diversas academias de pediatría, UNICEF o la propia OMS, las cuales recomiendan compartir habitación con el bebé (lo que llaman co-sleeping), aunque algunas desaconsejan compartir la superficie dónde está acostado durante los tres primeros meses de vida (el llamado bedsharing) y otras lo aceptan siempre que se haga de manera segura. Pero lo que es el colecho, entendido como dormir con el bebé en la misma habitación (cosleeping), lo recomiendan TODAS. 

Porque, Isabel, dormir con  nuestros hijos, especialmente con nuestros bebés, es un derecho que ningún profesional de la salud infantil, realmente informado y formado, nos puede negar jamás. Ciertamente hay posturas encontradas respecto a compartir cama los tres primeros meses, pero no porque vayas a rodar sobre tu bebé y lo vayas a ahogar (como tú tanto temes) así a grosso modo. Simplemente practicado en ciertas condiciones aumenta el riesgo de muerte infantil (tanto SIDS como SUDI). Hubiera sido muy útil que en tu programa hablaras de las condiciones de colecho seguro, pero desgraciadamente estabas demasiado ocupada en atacar desde la subjetividad una forma de criar que tu no has practicado. Como si el resto del mundo no tuviera el derecho a mirar más allá, ya que tú no lo hiciste. 

En cuanto a la afirmación de María Jesús Álava Reyes de que "una cosa es la teoría y otra la realidad" lanzada, supongo, para desautorizar toda la literatura científica que apoya esa crianza que tanto os repele (la llamada crianza con apego o, como a mí más me gusta, crianza corporal) me gustaría preguntarle exactamente a qué realidad se refiere: ¿La que ella percibe? ¿La que ella experimenta? ¿La que engloba la percepción y la experiencia de otras personas? ¿La que perciben y experimentan personas nacidas en otras culturas con otros valores y modos de vida? ¿La que pasa los filtros del método científico? ... Porque hablar de "realidad" así, a palo seco, no da demasiada información... Extrapolar su experiencia y percepción personal con unos cuantos miles de colegiales a la totalidad de la humanidad me parece, cuanto menos, atrevido. Sobre todo si es para desautorizar a los que perciben, experimentan y demuestran realidades diferentes a la "suya".

En resumen, un programa muy decepcionante. Personalmente esperaba un enfoque más informativo, neutral y liberador. Esperaba un programa respetuoso y sobre todo, riguroso. Pero resulta que os habéis limitado a repetir toda esa sarta de estupideces que nace solo Dios sabe de que parte oscura de nuestra cultura, pero desde luego no del venerado método científico: que si la lactancia es esclava, que si así sólo podemos ser madres y no "mujeres", ni trabajar, ni hacer el amor con nuestras parejas... Si no fuera por lo dañinas que son, esas afirmaciones harían hasta gracia. Pero lo cierto es que a mí no me hacen ninguna. De hecho me producen una profunda tristeza porque he vivido en carne propia el daño que hacen estos "expertos" que desde su pedestal naturalizan comportamientos nacidos de determinantes culturales que ni la evolución ni el método científico han validado nunca. Incluso he tenido que oír el ya manido "no podemos volver a las pautas de vida de nuestros antepasados pensando que todo lo que hacían era bueno y maravilloso..." ¿De verdad que pensáis que se trata de eso? ¿De verdad toda una psicóloga como María Jesús Álava Reyes está a ese nivel cuando se dirige a millones de radioyentes de toda España? Por favor. Un poco más de respeto por la población. Un poco más de rigurosidad y de seriedad. Un poco más de conocimientos sobre los temas que vais a tratar en los medios de comunicación en calidad de "expertos". 

Y por último, no puedo pasar por alto tu mención a "la culpa". Gran tema el de la culpa de las madres. Hay artículos impresionantes sobre el tema en la blogosfera maternal (1 y 2). Pero Isabel, no se trata de culpar a nadie: ni a las que colechan ni a las que no, ni a las que dan el biberón ni a las que dan la teta. Se trata de liberar. Liberar mediante la información. Se trata de que todos tengamos acceso a toda la información que nos interesa, sin manipulaciones ni intereses personales, económicos o comerciales. Se trata de devolvernos nuestra responsabilidad en la crianza de nuestros hijos. Esa que algunos profesionales pretenden arrebatarnos asegurándonos que saben cómo, cuándo, cuánto y dónde deben dormir nuestros retoños, en nombre de la diosa ciencia.

Porque te diré mi gran conclusión tras la lectura de unos 700 artículos sobre el tema: Isabel, no tienen ni idea. No saben ni cómo, ni cuándo, ni cuánto, ni dónde deben dormir nuestros hijos para "dormir bien", así que no tienen ni un poquito de autoridad para hacerte hacer nada que vaya en contra de tus valores y de tu amor por ellos. La máxima autoridad eres tú. Tú con los tuyos. Yo con los míos. Y no hay más. 

El mensaje final es así de simple. 




lunes, 12 de octubre de 2015

¿SABES POR QUÉ QUIERES QUE TU HIJO DUERMA SOLO?

¿Te has planteado alguna vez por qué quieres que tu hijo duerma solo? ¿Has pensado en ello esas noches terribles en las que haces veinte viajes entre su habitación y la tuya? ¿O mientras esperas los 5 minutos que el método Estivill te obliga a esperar "por su bien"?

Estás ahí, luchando contra viento y marea, que no son otros que los instintos más básicos de tu hijo y tus propias emociones. Emperrado, obstinado, obcecado en que para que duerma bien, para que todos durmáis bien, tu  hijo a su cama y vosotros a la vuestra.

Pero... ¡Espera! Para un momento. Mira a tu hijo. Mírale a los ojos. Pero de verdad. Céntrate absolutamente en él. Escúchalo. Siéntelo. Olvidaté de que mañana te tienes que levantar pronto. Olvídate de todos tus planes para el jueves que viene y de todos tus problemas del martes pasado. Olvídate de todo menos de él. Mira el enorme esfuerzo que está haciendo para mantanerte a su lado. 

¿Lo ves? ¿Lo oyes (¿Lo escuchas)? ¿lo sientes?




¡Venga ya! ¿De verdad te crees esa patraña de que no llora por verdadero "dolor" sino sólo para manipularte? ¿De verdad crees que un niño solloza de esa manera, hasta vomitar, sin sentir "dolor" y por puro capricho? ¿De verdad te tragas que todo eso es NORMAL?

¡Pues sí que estás desconectado tío! desconectado de tu hijo pero, sobre todo, desconectado de ti mismo.

Así que ponte las pilas y ¡Reconéctate! Déjate sentir lo que tu naturaleza quiere que sientas. ¡Atrévete a enfrentarte a tus verdaderos sentimientos! 

Te dijeron que estaba científicamente demostrado, ya lo sé. Te dijeron que era por su bien, ya lo sé. Te dijeron que no le hacías ningún daño. Bueno, pues te estaban mintiendo. La realidad es que no pueden garantizarte ninguna de esas afirmaciones. Y eso, si lo piensas con cuidado, es algo que tú ya sabes o, al menos, sospechas. Porque en la crianza de tu hijo no sólo interviene tu parte más racional, no. En realidad trabaja muy duro tu cerebro emocional. Y está muy bien que así sea. La evolución tenía que asegurarse de que amáramos a nuestros hijos hasta la mismísima locura para asegurar su supervivencia. Y por eso cuando le oyes llorar detrás de la puerta cerrada de su habitación SABES perfectamente que lo estás haciendo mal. Que lo estás haciendo fatal. Y una parte de tu cerebro debe bloquear a la otra a base de mentiras para evitar que entres corriendo y corras a cogerlo en brazos, abrazarlo, protegerlo y jurarle que nunca, nunca, nunca más le dejarás así de solo.

Bueno, pues siento quitarte esa defensa. Resulta que ahora la ciencia, ¡oh! ¡sorpresa!, ya no lo ve tan claro. Ya no ve tan claro que no sea malo. Ya no ve tan claro que sea efectivo. Ya no ve tan claro que sea necesario.

Porque, volviendo a la pregunta inicial, ¿Sabes por qué quieres que duerma solo? ¿Te lo has planteado alguna vez? 

Pues yo te lo voy a a decir: por razones que ya no existen. Existieron, tal vez, pero ya no existen. Al menos la gran mayoría de ellas. Te voy a poner algunos ejemplo basándome en la tabla que publicó James McKenna en una revisión publicada en el año 2007 y de la que puedes ver a continuación una copia extraída de la web El debate Científico Sobre la realidad del Sueño Infantil (capítulo 3).


  1. Noción de pecado original, necesidad de imponer autodisciplina y miedo a malcriar. Bueno, pues no te preocupes. Hace siglos no se habían hecho los experimentos que se han hecho hoy en día demostrando que los niños que duermen con sus padres ni son más malcriados ni tienen menos autodisciplina que los que duermen solos. Lo de "pecado original" supongo que no vale la pena ni comentarlo ¿verdad? Creo que en ese aspecto la religión católica ha avanzado bastante, también. En cualquier caso no creo que el pecado original tenga ninguna relación con el colecho.
  2. Miedo a que los bebés o niños fueran testigos de las actividades sexuales de los adultos. Miedo al afecto y al contacto físico. Eterno tabú es el sexo.  Lo es la sexualidad coital, pero ya ni te cuento la sexualidad maternal. Esa de la que habla Casilda Rodrigañez y que el blog Tenemos Tetas refleja tan bien en su post Crianza Corporal. Por lo demás, hoy en día se ha estudiado el desarrollo de la sexualidad de los niños que colechan y son perfectamente saludables. Vamos, que dormir con sus progenitores no supone ningún trauma en ningún aspecto (1,2).
  3. Valores que favorecen el individualismo, la independencia, la autonomía, la autodisciplina y la autosuficiencia. De nuevo, los estudios no ven que los niños que colechan sean menos independientes que los que no lo hacen. De hecho es más bien todo lo contrario (3). 
  4. Un desplazamiento del poder de decisión de los padres hacia figuras externas como expertos en crianza o pediatras. Los conocimientos de la  “autoridad médica” desplazan a los conocimientos que los padres tienen de sus hijos. Afortunadamente vivimos en la sociedad de la información. Ya pocos quedan que crean que el médico es un Dios con la verdad absoluta en su mano y soluciones para todo. Ahora somos dolorosamente conscientes, años de experiencias nos lo han demostrado, que el médico, su ciencia y su método científico son tan vulnerables e inexactos como cualquier hijo de vecino. Sí. Ya hemos bajado a la ciencia de su pedestal. Ahora sabemos, o deberíamos saber, que los mayores expertos en la crianza de nuestros hijos somos nosotros, porque nosotros somos los que más los amamos. Es hora de que reconozcamos esa responsabilidad con todas sus consecuencias.
  5. Énfasis sobre la naturaleza “romántica” de la diada “marido-mujer”, relación conyugal que excluye a los hijos. Venga ¿de verdad no se os ocurren otros espacios y momentos para disfrutar de vuestra relación sexual? ¿Que no es tan cómodo como en la cama sin tener que planear dónde o cuándo hacerlo o moverse a otra estancia para ello? Ya ¿Y? Por esa mínima incomodidad vas a despreciar toda la magia familiar que despierta el colecho. Bueno, pues tú verás, pero es una pena. Ellos crecen muy rápido, te lo garantizo, y no estarán ni en tu cama ni en tu casa por mucho tiempo. Cómo hoy en día se hacen estudios de todo tipo, me alegro mucho de poder afirmar que hay estudios que demuestran que el colecho no influye en la vida marital (4,5)
  6. Énfasis sobre la superioridad de la tecnología sobre el cuerpo de la madre y lo que proviene del mismo (leche de vaca adaptada en lugar de leche materna), utilización de objetos y columpios como estímulos, sustituyendo el contacto con el cuerpo de la madre. Cambio de la lactancia materna por lactancia artificial. Estas dos razones las pongo juntas porque una es consecuencia de la otra. ¿Recordáis aquellos tiempos, en nuestra propia infancia, cuándo el pediatra hizo que nuestra madre nos diera leche de fórmula porque era "mejor"? No, evidentemente no lo recordáis, pero sabéis que ocurrió así. Pues supongo que ya sabéis que ahora la pediatría es plenamente consciente de la superioridad de la leche materna. Han hecho falta unos cuantos dólares y euros invertidos en investigación, pero así es. A lo mejor también habéis oído que algunos neonatólogos han observado que el cuerpo de la madre es más eficaz que la incubadora para mantener estable al bebé prematuro. Y para mantener estable al no prematuro también. De repente la ciencia del sueño infantil se ha hecho consciente de una realidad muy incómoda: ningún método científico ha demostrado que el sueño en solitario sea mejor que el colecho y ¡Ay! (que esto pica), a lo mejor es peor y estamos aquí obligando a los padres a "enseñar" a sus hijos a dormir solos pensando que así duermen "bien" y no tenemos ni puñetera idea de si realmente así duermen "bien"
Si tu eras uno de estos padres que, como yo, estaba emperrado en que su hijo durmiera solo sin plantearse el porqué, aquí te dejo tus razones. Como ves, ya no existen. Ahora, si te apetece, ya puedes juntar un par de camas grandes en un dormitorio de la casa y poneros a dormir allí todos juntos sin el menor remordimiento. 

Si, por el contrario, eres uno de esos que tiene sus propias razones basadas en profundas convicciones y valores personales, enhorabuena. Nunca te sentirás tan borrego como yo me sentí el día en el que me di cuenta de que nuestro hijo y nosotros estábamos sufriendo en vano porque en realidad no existía ninguna razón para no permitirle hacer lo que necesitaba: dormir con nosotros.


Otros artículos sobre el tema:

Por qué el Método Estivill Tiene Adeptos de Ileana Medina Hernandez.
¿Por qué Tengo que Dormir Solito? de María Berrozpe

viernes, 2 de octubre de 2015

CUIDADO CON EL COLECHO....


Sí, cuidado con el colecho ...

Porque no es que nunca te los sacarás de la cama, no. Resulta que Estivill y todos aquellos viejos "maestros" del sueño infantil tenían sus razones para advertirnos contra el colecho, pero nos engañaron y no es que el colecho sea malo, porque así nunca serán independientes o nunca te los sacarás de encima y todo eso...

Que va...

En realidad es todo lo contrario. En realidad lo malo del colecho es que un día se acaba y sí, aunque tu recuperas tu intimidad y tu espacio, la cama se queda muy vacía... Y eso, sorprendentemente, duele. 

Un día deciden que prefieren su espacio y su intimidad. Y tú te alegras porque así te permiten recuperar los tuyos. Pero luego, en la noche, los echas de menos. Vaya si los echas de menos. Y recuerdas ese olor infantil, esos cuerpecillos cálidos buscando tu regazo. Y te das cuenta de que ha pasado otra etapa más y de que comienza una nueva. Primero se acabó la teta y luego se acabó el colecho. Paso a paso, hacia la independencia.

Todavía hay que nutrirlos mucho, pero ellos ya vuelan con sus alas. Ya no necesitan tu leche y ya no te necesitan de noche. Quieren volar solos y sus saltos cada vez son más grandes. Y está bien. Está muy bien. Han llegado a este punto de manera natural y saludable, sin llantos ni métodos ridículos para enseñarles a dormir solos. El único esfuerzo ha sido la ruptura de ridículas normas culturales. Pero preferimos eso a romper con su naturaleza y sus necesidades primales. Y ahora nos alegramos infinitamente por la decisión tomada. Ahora duermen "toda la noche" con un saludable sueño consolidado y no temen a la oscuridad, ni a dormir solos. Tampoco se despiertan al mínimo ruido ni necesitan una oscuridad completa. En definitiva, son personas de sueño fácil y saludable que amanecen descansados y felices. 

Vamos, que tienen lo que Estivill consideraría "buenos hábitos de sueño". Aunque lo han conseguido por un camino absolutamente opuesto al que él propone. No ha hecho falta forzar nada ni hacer llorar a nadie. Simplemente nos dejamos llevar y llegamos a dónde quisimos. Debe de ser que la naturaleza es muy sabia y, como dormir es muy importante, pone las cosas fáciles. Tampoco hace falta romperse la cabeza ni ser especialista en biología evolutiva o antropología para verlo. Eso sí, hace falta mirar más allá de la limitada pediatría del sueño y pasar olímpicamente de ella y sus destructivos métodos. 

Aunque ahora duele, claro. Después de 9 años durmiendo con ellos ver la cama vacía da penita. Ver que ya no te necesitan por la noche, que ya no buscan tu contacto para dormirse y que prefieren su espacio y su intimidad. La pena de acabar una etapa junto con la satisfacción de comenzar una nueva. Como siempre, sentimientos encontrados. 

¿Sería, en realidad, de este dolor del que Estivill y los suyos quería protegernos?

Así, que sí: cuidado con el colecho. Porque un día ellos prefieren su propia cama y entonces tú tienes el peligro de sufrir "Insomnio por síndrome del nido vacío". Pero vamos, que no es para tanto porque dura poco. Un par de noches. Luego se te pasa y empiezas a disfrutar el lujo de tener una cama de casi cuatro metros y de dormir más estirado que una estrella de mar. Por no hablar de la intimidad de pareja que sí, les daré el gusto a los tradicionalistas recalcitrantes y diré que también se agradece recuperarla (1). De hecho se recupera fresca y renovada después de este paréntesis dedicado a la paternidad intensiva. 

Empieza una nueva etapa para toda la familia y estamos dispuestos a disfrutar de todas sus nuevas ventajas, aunque no podamos evitar que un poquito duela porque, por fin, se nos acabó el colecho. 

C'est la vie.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

(1) Dados los comentarios escritos a este post me parece necesario aclarar que, evidentemente, no llevamos 9 años sin relaciones sexuales. Éstas  -explicaré para aquellos que tienen tan poquita imaginación que ni se lo plantean-  pueden sacarse sin demasiada problemática de la cama familiar con niños (porque la cama familiar no siempre tiene a los niños dentro, se entiende ¿no?, y cuando los tiene, no hay más que trasladar la intimidad a otra estancia de la casa, mientras los peques duermen como benditos).

¿De verdad hay gente tan limitada por su propia cultura que ni eso es capaz de deducir? ¿Gente tan cerrada a la realidad global de la especie humana que se cree que una pareja que duerme con sus hijos en una gran cama familiar no tiene en absoluto "intimidad"?

Pobres. Ni os dais cuenta de todo lo que os estáis perdiendo. 

domingo, 23 de agosto de 2015

AQUELLOS OTROS BENEFICIOS DEL COLECHO


"Te quiero mil veces mil millones"

Esas han sido hoy las primeras palabras matutinas de mi hijo pequeño, tras abrir los ojos y verme tumbada y medio dormida a su lado. Después se ha acurrucado entre mis brazos. Yo estaba acostada de lado y, detrás de mí, todavía dormía el mayor. A los pocos minutos se ha despertado y ha buscado mi contacto. Todavía medio dormido  ha alargado el brazo por encima de mi cuerpo para acariciar la mejilla del pequeño, acurrucado frente a mí. Luego me ha pedido que me volviera para apoyar su cabeza en mi pecho. Nos hemos quedado así un ratito hasta que ambos han decidido que les apetecía levantarse. Hoy es Domingo, y eso hay que aprovecharlo.

De repente he recordado que en medio de la noche el mayor, entre sueños, ha soltado "¿A dónde me llevas? ¿A dónde me llevas?" Por alguna razón eso me ha inquietado ¿Qué estará soñando? ¿Tendrá miedo de que alguien lo lleve a alguna parte? Tengo que preguntarle a ver si recuerda....... No es raro que en medio de la noche alguno hable dormido. A veces son muy divertidos. Mezclan idiomas y se inventan nuevos e incomprensibles. No deja de tener algo de misterio. Muchas veces sus preocupaciones y miedos se intuyen en esos discursos nocturnos. 

Hace algunas noches tuvimos trifulca con el mediano, que se acostó llorando. Estaba muy enfadado. Cómo el enfado era conmigo se acurrucó entre los brazos de su padre para dormirse. A los pocos minutos me buscó en la penumbra y - todavía enfadado, eso seguro- se agarró a uno de mis brazos. El mensaje es claro: no importa hasta que punto llegue nuestro disgusto. Nuestro amor siempre es más grande. 

Desde que colechamos toda la familia hay un detalle que me llama poderosamente la atención: la necesidad de contacto de mis hijos. Incluso en pleno verano, con la habitación a casi 30 grados, ellos buscan el contacto para dormirse. Y yo, acostumbrada a dormir sola, en completa oscuridad y silencio, he tenido que sufrir años de "re-programación" para descansar adecuadamente en una cama de 4 metros con tres niños y un adulto más. Y, no lo voy a negar, no ha sido fácil. Tal vez os preguntéis entonces que qué necesidad de pasar por ello. Cómo bien dice el famoso doctor Estivill, la familia solo duerme junta cuando no tiene posibilidades de dormir separada. Al menos los hijos de los padres. Las parejas sí que duermen juntas, tengan o no posibilidades de lo contrario. Es la norma en nuestra cultura y no hacerlo se ve raro y es generalmente criticado.

Pero el caso es que, para mí, la necesidad de re-programación empezó ya con el matrimonio, antes de los niños. Dormir con mi marido ya me supuso una enorme adaptación porque cualquier ruidito ya me molestaba. Pero lo hice, porque quería dormir con él y además era el comportamiento socialmente aceptado. Nadie me aconsejó que durmiera en otra cama, más bien todo lo contrario. Mi madre lleva 60 años durmiendo con mi padre, un hombre cuyos ronquidos se oyen desde la calle (con las ventanas cerradas). Cuándo hace años le aconsejábamos que se fuera a dormir a otra habitación, que así no podía seguir ya que los ronquidos de mi padre parecían incurables, ella decía que nunca haría tal cosa. Que dormir juntos le daba al matrimonio ese espacio diario de intimidad y reconciliación imprescindible para el amor. Con los años mi madre se ha ido quedando sorda, y yo creo que ha sido pura adaptación de supervivencia: sin oír se puede vivir, sin dormir no.

El caso es que, cuando llegaron los niños y empezaron las excursiones nocturnas entre su habitación y la nuestra, decidimos que mantener esa ridícula situación de habitaciones separadas no era nada práctico, así que nos pusimos todos en una. Y sí, de aguantar los ruiditos, ronquidos y pataditas de mi marido pasé a aguantar los de mi marido y uno, dos o tres niños, depende de la época, además de las continuas demandas de teta de alguno de ellos (de los niños, quiero decir). Lo curioso es que si comentaba entonces mis problemas de sueño todos me aconsejaban sacar a los niños, pero nadie sacar al marido. 

¿Y por qué? Entonces venían los argumentos sobre la necesidad de este espacio de intimidad y reconciliación de la pareja. Y es cierto. La pareja pierde espacio. Mucho. Aunque puedas practicar el sexo en el resto de la casa y escaparte de la cama familiar en cuanto los peques se duermen, en el día a día la cama familiar ya no es compatible con la cama matrimonial y todo lo que supone, más allá incluso de las sagradas relaciones sexuales.

Pero de lo que nadie habla es de un espacio para la intimidad y reconciliación familiar. Y eso es lo que nosotros hemos descubierto en nuestro colecho. Porque durante el día hay muchos roces, riñas, tensiones, estrés, etc... poco tiempo para abrazos, caricias y palabras a media voz. Ese momento llega al anochecer, entre la suavidad de las sábanas de nuestra megacama de casi 4 metros. Y cuando llega la hora de acostarse, con los peques bañados y "empijamados", tras los últimos saltos acrobáticos entre almohadas nos tumbamos juntos, con un libro de Sams (en alemán) o de Harry Potter (en español) entre las manos. Con un niño a cada lado, mientras el tercero se queja de que no tiene sitio y el padre se queja de que ninguno quiere con él. Y tras apagar la luz viene el acurrucamiento colectivo, la suavidad de su olor infantil, el abandono a la seguridad de su presencia. Es el momento en el que sientes que están bien, están seguros ahí, a tu lado. Que no los quieres en ninguna otra parte. El que se acostó enfadado recibe un "arrascamiento" de espalda extra. El mayor rodea al pequeño con su brazo para reconfortarlo. Allí, a tres niños de distancia, el padre de las criaturas. Muy cansados ambos y con pocas ganas de escarqueos sexuales. Posiblemente  él con la testoterona por los suelos de tanto colechar y yo con la prolactina por las nubes de tanta lactancia. No importa, es el momento de mater/paternar. No durará mucho más porque ellos crecen rápido y el día menos pensado los tendremos fuera de nuestra enorme cama, y de nuestra casa, viviendo su propia vida. 

Es el colecho familiar el que me ha mostrado una gran realidad: para dormir bien lo único que necesitas realmente es sentirte seguro. Todo lo demás son programaciones culturales. No ciencia, ni siquiera ciencia médica. Esta afirmación tiene un enorme sentido desde el punto de vista de la biología y conllevaría un cambio radical en el abordaje de la medicina del sueño. Pero como dudo que esos doctos especialistas estén interesados en nada que no esté "metodocientíficamente" demostrado, seguirán intentando curar el insomnio de la soledad y la inseguridad a base  pastillas o técnicas conductistas. 

Y yo lo siento en el alma por todos esos niños que serán programados para dormirse solos, en completa oscuridad y silencio, como lo fui yo, y que en el futuro, ante la necesidad de seguridad y proximidad de sus propios hijos, no tendrán más opción que elegir entre una dolorosa re-programación (para ser capaces de descansar en compañía de ruidos, patadas y lactancia) o repetir un patrón impuesto por determinantes culturales cambiantes y caducos que difícilmente cubre las necesidades afectivas más profundas del ser humano.