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viernes, 22 de noviembre de 2019

LA CIENCIA DEL SIGLO XIX EN LAS GUÍAS PARA PADRES DEL SIGLO XXI


El 19 de noviembre del 2019 la Comunidad de Madrid nos comunica lo que parece una estupenda noticia: el Hospital Niño Jesús publica la primera guía práctica para padres sobre Trastornos del comportamiento de niños y adolescentes, en la que se explica cómo reconocer estos trastornos, qué son, qué hacer y cómo prevenirlos. 

Teniendo en cuenta de que es una guía publicada este mismo año, el 2019, uno podría esperar que sus consejos y recomendaciones estuvieran basados en las más rigurosa y actualizada ciencia basada en evidencia. Y si bien yo no he entrado a analizar la mayor parte de esta publicación, tengo que decir que para el tema que a mí me incumbe, el sueño infantil, esto no es así.

En realidad, es todo lo contrario. Leer el capítulo de Trastornos de sueño hace llorar los ojos de cualquier especialista en sueño infantil realmente actualizado. De hecho, parece un copypaste de los manuales de crianza más anticuados y casposos que uno puede encontrar en la literatura sobre crianza. El mensaje trasmitido es tan arcaico que me quemaban los dedos por la necesidad de decirles a sus autores:
¿Cómo os atrevéis?
¿Cómo os atrevéis a escribir estas palabras a los padres? ¿Cómo os atrevéis a recomendarles cosas como las que siguen?

  • No acunes ni mezas a tu bebé para ir a dormir.
  • No le duermas en brazos.
  • No interpretes el despertar de tu bebé como hambre, sed o miedo.
  • Si se despierta no le cojas ni le des de comer, se acostumbrará a ello.
  • Para muchos niños dormir es una pérdida de tiempo, se niegan o se inventan necesidades y te llama, no cedas, si lo haces le estás enseñando malos hábitos.
  • Si al llevarle a su cama llora desesperadamente cada noche, déjale en su cuna o cama y sal del cuarto.
  • No entres en la habitación, es teatro, espera al menos cinco minutos. Si al entrar se calla, no le cojas ni le hables, sal diciendo “ahora a dormir”.
  • Si se despierta cada noche y te reclama para que le duermas, déjale llorar 30 minutos. Después entra para comprobar que está bien, algunos vomitan del enfado. No le hables, no le cojas, sal de la habitación y dices “ahora a dormir”.
  • Así durante tres periodos de media hora. Antes del tercer día tu hijo no te reclamará, habrá aprendido a dormir sin tu ayuda.

No hay ni un mínimo de evidencia científica que respalde vuestras recomendaciones. Es vergonzoso. Es denunciable. Estáis haciendo apología del maltrato infantil. El trabajo es tan burdo y zafio que ni siquiera concretáis sobre las edades de los niños (o bebés) a cuyos padres va dirigido vuestro mensaje. ¿Con que autoridad estáis diciendo a un padre que no interprete el llanto de su bebé por la noche como hambre o sed si no sabéis ni la edad que tiene? ¿Cómo os atrevéis a asegurar a todos los padres que leerán vuestra guía que el problema de su hijo es un problema “de hábitos” y mala educación? ¿Es que acaso habéis confirmado (por telepatía por lo que parece) que ese bebé o niño que llora no sufre una verdadera patología, desorden o problema que requiera la inmediata intervención de sus padres? ¿Es que acaso habéis dado claves para que los padres puedan confirmarlo? En absoluto. Os habéis limitado a asumir que ese niño que llora, o ese bebé que llora, no merece ser escuchado porque “es teatro”. Un mensaje SORPRENDENTEMENTE IRRESPONSABLE.

Por cierto, la última afirmación es, para la gran mayoría de niños, mentira. 

Que un hospital como el Niño Jesús haya permitido que una guía con este mensaje vea la luz en pleno año 2019 es desesperanzador. Es tirar a la basura medio siglo de investigación científica. Una ciencia imposible de resumir aquí, pero que cualquiera que ose dar recomendaciones a los padres debería conocer. Yo hice una humilde recopilación en el libro Dulces Sueños (Alianza 2016). Les recomiendo que, al menos, lean eso. Pero si quieren estar realmente informados les comparto encantada los 1300 artículos sobre sueño infantil (y áreas relacionadas) que tengo en una carpeta de Dropbox.

Así podrán aprender que la medicina del sueño infantil ha naturalizado el sueño en solitario, creando toda una serie de normas sin ninguna base científica ni médica sobre cómo y dónde deben dormir los niños. Pero muchos profesionales, afortunadamente, han desenmascarado esta naturalización y abogan por un abordaje más integral y objetivo de los problemas del sueño infantil. Aprenderán también que la manera natural de dormir del bebé/niño humano es colechando con sus cuidadores, principalmente su madre. Y podrán comprobar que para un sector cada vez más important, todos los profesionales e de la pediatría del sueño, y la ciencia del sueño en general, esa es la manera más saludable de hacerlo. Aprenderán que para muchos niños sus consejos pueden ser extraordinariamente contraproducentes y, de hecho, no mejoran en absoluto sus problemas de “insomnio infantil”. Para otros tal vez no supongan una respuesta tóxica al estrés, porque son más resilientes, pero les expone a un sufrimiento inútil, porque no hay ninguna razón médica por la que sus padres no deban cumplir su único deseo: dormir con ellos. Y si los padres están de acuerdo, entonces no hay problema de sueño ni hay sufrimiento. Y esto ustedes ni lo nombran.  

Hace ya cinco años la psiquiatra infantil Ibone Olza escribió un texto que se llegó a viralizar por la red. Se llamaba Desmontando a Estivill.  En él se puede leer:

Me he sentido desolada al ver esas secuelas que Estivill insistentemente niega, y que a veces tienen la forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia. Cuando se ha conseguido que una madre o un padre desatiendan el llanto de su bebé dejándole sólo en otra habitación, cuando ya se ha producido esa primera quiebra, la confianza en los demás, la bondad, la empatía del niño o niña se pueden ver mermadas de por vida.Desmontando a Estivill. Ibone Olza MD 2012


Desde aquí quiero hacer una llamada para la inmediata retirada y revisión de esta guía. Nada así debería ser publicado sin haber demostrado la absoluta ausencia de efectos nocivos del sueño en solitario impuesto de una manera tan burda como aconsejan estos autores.

Y para finalizar quiero hacer otra llamada a mis lectores a participar en un proyecto de investigación llevado a cabo en la universidad del País Vasco, liderado por el doctor José Martín Amenabar, y que pretende evaluar los efectos de uno de los métodos más populares para forzar el sueño en solitario en nuestros niños: el Llanto Controlado, más conocido en nuestro país como Método Estivill. Para que en el futuro los profesionales del sueño infantil puedan tratar con éxito los desórdenes del sueño de nuestros hijos es absolutamente imprescindible la realización de trabajos como este. Si no, no avanzaremos nada. Los niños seguirán necesitando dormir con nosotros, los pediatras nos seguirán obligando a dejarles durmiendo solos (a pesar de las faltas de evidencia científica) y los padres seguiremos llorando, detrás de una puerta cerrada, escuchando el llanto de nuestro hijo, con el alma rota… y todo absolutamente por y para nada.

Aquí encontraréis los cuestionarios:


¡Animaros a participar!


Además, todos los profesionales de la salud infantil y la educación estáis invitados a firmar un manifiesto preparado con la intención de ser enviado a las autoridades del Hospital Niño Jesús. Aquí lo tenéis:

Manifiesto en respuesta a la Guía para Padres «Trastornos del comportamiento de niños y adolescentes» del Hospital Niño Jesús de Madrid


lunes, 12 de octubre de 2015

¿SABES POR QUÉ QUIERES QUE TU HIJO DUERMA SOLO?

¿Te has planteado alguna vez por qué quieres que tu hijo duerma solo? ¿Has pensado en ello esas noches terribles en las que haces veinte viajes entre su habitación y la tuya? ¿O mientras esperas los 5 minutos que el método Estivill te obliga a esperar "por su bien"?

Estás ahí, luchando contra viento y marea, que no son otros que los instintos más básicos de tu hijo y tus propias emociones. Emperrado, obstinado, obcecado en que para que duerma bien, para que todos durmáis bien, tu  hijo a su cama y vosotros a la vuestra.

Pero... ¡Espera! Para un momento. Mira a tu hijo. Mírale a los ojos. Pero de verdad. Céntrate absolutamente en él. Escúchalo. Siéntelo. Olvidaté de que mañana te tienes que levantar pronto. Olvídate de todos tus planes para el jueves que viene y de todos tus problemas del martes pasado. Olvídate de todo menos de él. Mira el enorme esfuerzo que está haciendo para mantanerte a su lado. 

¿Lo ves? ¿Lo oyes (¿Lo escuchas)? ¿lo sientes?




¡Venga ya! ¿De verdad te crees esa patraña de que no llora por verdadero "dolor" sino sólo para manipularte? ¿De verdad crees que un niño solloza de esa manera, hasta vomitar, sin sentir "dolor" y por puro capricho? ¿De verdad te tragas que todo eso es NORMAL?

¡Pues sí que estás desconectado tío! desconectado de tu hijo pero, sobre todo, desconectado de ti mismo.

Así que ponte las pilas y ¡Reconéctate! Déjate sentir lo que tu naturaleza quiere que sientas. ¡Atrévete a enfrentarte a tus verdaderos sentimientos! 

Te dijeron que estaba científicamente demostrado, ya lo sé. Te dijeron que era por su bien, ya lo sé. Te dijeron que no le hacías ningún daño. Bueno, pues te estaban mintiendo. La realidad es que no pueden garantizarte ninguna de esas afirmaciones. Y eso, si lo piensas con cuidado, es algo que tú ya sabes o, al menos, sospechas. Porque en la crianza de tu hijo no sólo interviene tu parte más racional, no. En realidad trabaja muy duro tu cerebro emocional. Y está muy bien que así sea. La evolución tenía que asegurarse de que amáramos a nuestros hijos hasta la mismísima locura para asegurar su supervivencia. Y por eso cuando le oyes llorar detrás de la puerta cerrada de su habitación SABES perfectamente que lo estás haciendo mal. Que lo estás haciendo fatal. Y una parte de tu cerebro debe bloquear a la otra a base de mentiras para evitar que entres corriendo y corras a cogerlo en brazos, abrazarlo, protegerlo y jurarle que nunca, nunca, nunca más le dejarás así de solo.

Bueno, pues siento quitarte esa defensa. Resulta que ahora la ciencia, ¡oh! ¡sorpresa!, ya no lo ve tan claro. Ya no ve tan claro que no sea malo. Ya no ve tan claro que sea efectivo. Ya no ve tan claro que sea necesario.

Porque, volviendo a la pregunta inicial, ¿Sabes por qué quieres que duerma solo? ¿Te lo has planteado alguna vez? 

Pues yo te lo voy a a decir: por razones que ya no existen. Existieron, tal vez, pero ya no existen. Al menos la gran mayoría de ellas. Te voy a poner algunos ejemplo basándome en la tabla que publicó James McKenna en una revisión publicada en el año 2007 y de la que puedes ver a continuación una copia extraída de la web El debate Científico Sobre la realidad del Sueño Infantil (capítulo 3).


  1. Noción de pecado original, necesidad de imponer autodisciplina y miedo a malcriar. Bueno, pues no te preocupes. Hace siglos no se habían hecho los experimentos que se han hecho hoy en día demostrando que los niños que duermen con sus padres ni son más malcriados ni tienen menos autodisciplina que los que duermen solos. Lo de "pecado original" supongo que no vale la pena ni comentarlo ¿verdad? Creo que en ese aspecto la religión católica ha avanzado bastante, también. En cualquier caso no creo que el pecado original tenga ninguna relación con el colecho.
  2. Miedo a que los bebés o niños fueran testigos de las actividades sexuales de los adultos. Miedo al afecto y al contacto físico. Eterno tabú es el sexo.  Lo es la sexualidad coital, pero ya ni te cuento la sexualidad maternal. Esa de la que habla Casilda Rodrigañez y que el blog Tenemos Tetas refleja tan bien en su post Crianza Corporal. Por lo demás, hoy en día se ha estudiado el desarrollo de la sexualidad de los niños que colechan y son perfectamente saludables. Vamos, que dormir con sus progenitores no supone ningún trauma en ningún aspecto (1,2).
  3. Valores que favorecen el individualismo, la independencia, la autonomía, la autodisciplina y la autosuficiencia. De nuevo, los estudios no ven que los niños que colechan sean menos independientes que los que no lo hacen. De hecho es más bien todo lo contrario (3). 
  4. Un desplazamiento del poder de decisión de los padres hacia figuras externas como expertos en crianza o pediatras. Los conocimientos de la  “autoridad médica” desplazan a los conocimientos que los padres tienen de sus hijos. Afortunadamente vivimos en la sociedad de la información. Ya pocos quedan que crean que el médico es un Dios con la verdad absoluta en su mano y soluciones para todo. Ahora somos dolorosamente conscientes, años de experiencias nos lo han demostrado, que el médico, su ciencia y su método científico son tan vulnerables e inexactos como cualquier hijo de vecino. Sí. Ya hemos bajado a la ciencia de su pedestal. Ahora sabemos, o deberíamos saber, que los mayores expertos en la crianza de nuestros hijos somos nosotros, porque nosotros somos los que más los amamos. Es hora de que reconozcamos esa responsabilidad con todas sus consecuencias.
  5. Énfasis sobre la naturaleza “romántica” de la diada “marido-mujer”, relación conyugal que excluye a los hijos. Venga ¿de verdad no se os ocurren otros espacios y momentos para disfrutar de vuestra relación sexual? ¿Que no es tan cómodo como en la cama sin tener que planear dónde o cuándo hacerlo o moverse a otra estancia para ello? Ya ¿Y? Por esa mínima incomodidad vas a despreciar toda la magia familiar que despierta el colecho. Bueno, pues tú verás, pero es una pena. Ellos crecen muy rápido, te lo garantizo, y no estarán ni en tu cama ni en tu casa por mucho tiempo. Cómo hoy en día se hacen estudios de todo tipo, me alegro mucho de poder afirmar que hay estudios que demuestran que el colecho no influye en la vida marital (4,5)
  6. Énfasis sobre la superioridad de la tecnología sobre el cuerpo de la madre y lo que proviene del mismo (leche de vaca adaptada en lugar de leche materna), utilización de objetos y columpios como estímulos, sustituyendo el contacto con el cuerpo de la madre. Cambio de la lactancia materna por lactancia artificial. Estas dos razones las pongo juntas porque una es consecuencia de la otra. ¿Recordáis aquellos tiempos, en nuestra propia infancia, cuándo el pediatra hizo que nuestra madre nos diera leche de fórmula porque era "mejor"? No, evidentemente no lo recordáis, pero sabéis que ocurrió así. Pues supongo que ya sabéis que ahora la pediatría es plenamente consciente de la superioridad de la leche materna. Han hecho falta unos cuantos dólares y euros invertidos en investigación, pero así es. A lo mejor también habéis oído que algunos neonatólogos han observado que el cuerpo de la madre es más eficaz que la incubadora para mantener estable al bebé prematuro. Y para mantener estable al no prematuro también. De repente la ciencia del sueño infantil se ha hecho consciente de una realidad muy incómoda: ningún método científico ha demostrado que el sueño en solitario sea mejor que el colecho y ¡Ay! (que esto pica), a lo mejor es peor y estamos aquí obligando a los padres a "enseñar" a sus hijos a dormir solos pensando que así duermen "bien" y no tenemos ni puñetera idea de si realmente así duermen "bien"
Si tu eras uno de estos padres que, como yo, estaba emperrado en que su hijo durmiera solo sin plantearse el porqué, aquí te dejo tus razones. Como ves, ya no existen. Ahora, si te apetece, ya puedes juntar un par de camas grandes en un dormitorio de la casa y poneros a dormir allí todos juntos sin el menor remordimiento. 

Si, por el contrario, eres uno de esos que tiene sus propias razones basadas en profundas convicciones y valores personales, enhorabuena. Nunca te sentirás tan borrego como yo me sentí el día en el que me di cuenta de que nuestro hijo y nosotros estábamos sufriendo en vano porque en realidad no existía ninguna razón para no permitirle hacer lo que necesitaba: dormir con nosotros.


Otros artículos sobre el tema:

Por qué el Método Estivill Tiene Adeptos de Ileana Medina Hernandez.
¿Por qué Tengo que Dormir Solito? de María Berrozpe

viernes, 2 de octubre de 2015

CUIDADO CON EL COLECHO....


Sí, cuidado con el colecho ...

Porque no es que nunca te los sacarás de la cama, no. Resulta que Estivill y todos aquellos viejos "maestros" del sueño infantil tenían sus razones para advertirnos contra el colecho, pero nos engañaron y no es que el colecho sea malo, porque así nunca serán independientes o nunca te los sacarás de encima y todo eso...

Que va...

En realidad es todo lo contrario. En realidad lo malo del colecho es que un día se acaba y sí, aunque tu recuperas tu intimidad y tu espacio, la cama se queda muy vacía... Y eso, sorprendentemente, duele. 

Un día deciden que prefieren su espacio y su intimidad. Y tú te alegras porque así te permiten recuperar los tuyos. Pero luego, en la noche, los echas de menos. Vaya si los echas de menos. Y recuerdas ese olor infantil, esos cuerpecillos cálidos buscando tu regazo. Y te das cuenta de que ha pasado otra etapa más y de que comienza una nueva. Primero se acabó la teta y luego se acabó el colecho. Paso a paso, hacia la independencia.

Todavía hay que nutrirlos mucho, pero ellos ya vuelan con sus alas. Ya no necesitan tu leche y ya no te necesitan de noche. Quieren volar solos y sus saltos cada vez son más grandes. Y está bien. Está muy bien. Han llegado a este punto de manera natural y saludable, sin llantos ni métodos ridículos para enseñarles a dormir solos. El único esfuerzo ha sido la ruptura de ridículas normas culturales. Pero preferimos eso a romper con su naturaleza y sus necesidades primales. Y ahora nos alegramos infinitamente por la decisión tomada. Ahora duermen "toda la noche" con un saludable sueño consolidado y no temen a la oscuridad, ni a dormir solos. Tampoco se despiertan al mínimo ruido ni necesitan una oscuridad completa. En definitiva, son personas de sueño fácil y saludable que amanecen descansados y felices. 

Vamos, que tienen lo que Estivill consideraría "buenos hábitos de sueño". Aunque lo han conseguido por un camino absolutamente opuesto al que él propone. No ha hecho falta forzar nada ni hacer llorar a nadie. Simplemente nos dejamos llevar y llegamos a dónde quisimos. Debe de ser que la naturaleza es muy sabia y, como dormir es muy importante, pone las cosas fáciles. Tampoco hace falta romperse la cabeza ni ser especialista en biología evolutiva o antropología para verlo. Eso sí, hace falta mirar más allá de la limitada pediatría del sueño y pasar olímpicamente de ella y sus destructivos métodos. 

Aunque ahora duele, claro. Después de 9 años durmiendo con ellos ver la cama vacía da penita. Ver que ya no te necesitan por la noche, que ya no buscan tu contacto para dormirse y que prefieren su espacio y su intimidad. La pena de acabar una etapa junto con la satisfacción de comenzar una nueva. Como siempre, sentimientos encontrados. 

¿Sería, en realidad, de este dolor del que Estivill y los suyos quería protegernos?

Así, que sí: cuidado con el colecho. Porque un día ellos prefieren su propia cama y entonces tú tienes el peligro de sufrir "Insomnio por síndrome del nido vacío". Pero vamos, que no es para tanto porque dura poco. Un par de noches. Luego se te pasa y empiezas a disfrutar el lujo de tener una cama de casi cuatro metros y de dormir más estirado que una estrella de mar. Por no hablar de la intimidad de pareja que sí, les daré el gusto a los tradicionalistas recalcitrantes y diré que también se agradece recuperarla (1). De hecho se recupera fresca y renovada después de este paréntesis dedicado a la paternidad intensiva. 

Empieza una nueva etapa para toda la familia y estamos dispuestos a disfrutar de todas sus nuevas ventajas, aunque no podamos evitar que un poquito duela porque, por fin, se nos acabó el colecho. 

C'est la vie.


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(1) Dados los comentarios escritos a este post me parece necesario aclarar que, evidentemente, no llevamos 9 años sin relaciones sexuales. Éstas  -explicaré para aquellos que tienen tan poquita imaginación que ni se lo plantean-  pueden sacarse sin demasiada problemática de la cama familiar con niños (porque la cama familiar no siempre tiene a los niños dentro, se entiende ¿no?, y cuando los tiene, no hay más que trasladar la intimidad a otra estancia de la casa, mientras los peques duermen como benditos).

¿De verdad hay gente tan limitada por su propia cultura que ni eso es capaz de deducir? ¿Gente tan cerrada a la realidad global de la especie humana que se cree que una pareja que duerme con sus hijos en una gran cama familiar no tiene en absoluto "intimidad"?

Pobres. Ni os dais cuenta de todo lo que os estáis perdiendo. 

domingo, 23 de agosto de 2015

AQUELLOS OTROS BENEFICIOS DEL COLECHO


"Te quiero mil veces mil millones"

Esas han sido hoy las primeras palabras matutinas de mi hijo pequeño, tras abrir los ojos y verme tumbada y medio dormida a su lado. Después se ha acurrucado entre mis brazos. Yo estaba acostada de lado y, detrás de mí, todavía dormía el mayor. A los pocos minutos se ha despertado y ha buscado mi contacto. Todavía medio dormido  ha alargado el brazo por encima de mi cuerpo para acariciar la mejilla del pequeño, acurrucado frente a mí. Luego me ha pedido que me volviera para apoyar su cabeza en mi pecho. Nos hemos quedado así un ratito hasta que ambos han decidido que les apetecía levantarse. Hoy es Domingo, y eso hay que aprovecharlo.

De repente he recordado que en medio de la noche el mayor, entre sueños, ha soltado "¿A dónde me llevas? ¿A dónde me llevas?" Por alguna razón eso me ha inquietado ¿Qué estará soñando? ¿Tendrá miedo de que alguien lo lleve a alguna parte? Tengo que preguntarle a ver si recuerda....... No es raro que en medio de la noche alguno hable dormido. A veces son muy divertidos. Mezclan idiomas y se inventan nuevos e incomprensibles. No deja de tener algo de misterio. Muchas veces sus preocupaciones y miedos se intuyen en esos discursos nocturnos. 

Hace algunas noches tuvimos trifulca con el mediano, que se acostó llorando. Estaba muy enfadado. Cómo el enfado era conmigo se acurrucó entre los brazos de su padre para dormirse. A los pocos minutos me buscó en la penumbra y - todavía enfadado, eso seguro- se agarró a uno de mis brazos. El mensaje es claro: no importa hasta que punto llegue nuestro disgusto. Nuestro amor siempre es más grande. 

Desde que colechamos toda la familia hay un detalle que me llama poderosamente la atención: la necesidad de contacto de mis hijos. Incluso en pleno verano, con la habitación a casi 30 grados, ellos buscan el contacto para dormirse. Y yo, acostumbrada a dormir sola, en completa oscuridad y silencio, he tenido que sufrir años de "re-programación" para descansar adecuadamente en una cama de 4 metros con tres niños y un adulto más. Y, no lo voy a negar, no ha sido fácil. Tal vez os preguntéis entonces que qué necesidad de pasar por ello. Cómo bien dice el famoso doctor Estivill, la familia solo duerme junta cuando no tiene posibilidades de dormir separada. Al menos los hijos de los padres. Las parejas sí que duermen juntas, tengan o no posibilidades de lo contrario. Es la norma en nuestra cultura y no hacerlo se ve raro y es generalmente criticado.

Pero el caso es que, para mí, la necesidad de re-programación empezó ya con el matrimonio, antes de los niños. Dormir con mi marido ya me supuso una enorme adaptación porque cualquier ruidito ya me molestaba. Pero lo hice, porque quería dormir con él y además era el comportamiento socialmente aceptado. Nadie me aconsejó que durmiera en otra cama, más bien todo lo contrario. Mi madre lleva 60 años durmiendo con mi padre, un hombre cuyos ronquidos se oyen desde la calle (con las ventanas cerradas). Cuándo hace años le aconsejábamos que se fuera a dormir a otra habitación, que así no podía seguir ya que los ronquidos de mi padre parecían incurables, ella decía que nunca haría tal cosa. Que dormir juntos le daba al matrimonio ese espacio diario de intimidad y reconciliación imprescindible para el amor. Con los años mi madre se ha ido quedando sorda, y yo creo que ha sido pura adaptación de supervivencia: sin oír se puede vivir, sin dormir no.

El caso es que, cuando llegaron los niños y empezaron las excursiones nocturnas entre su habitación y la nuestra, decidimos que mantener esa ridícula situación de habitaciones separadas no era nada práctico, así que nos pusimos todos en una. Y sí, de aguantar los ruiditos, ronquidos y pataditas de mi marido pasé a aguantar los de mi marido y uno, dos o tres niños, depende de la época, además de las continuas demandas de teta de alguno de ellos (de los niños, quiero decir). Lo curioso es que si comentaba entonces mis problemas de sueño todos me aconsejaban sacar a los niños, pero nadie sacar al marido. 

¿Y por qué? Entonces venían los argumentos sobre la necesidad de este espacio de intimidad y reconciliación de la pareja. Y es cierto. La pareja pierde espacio. Mucho. Aunque puedas practicar el sexo en el resto de la casa y escaparte de la cama familiar en cuanto los peques se duermen, en el día a día la cama familiar ya no es compatible con la cama matrimonial y todo lo que supone, más allá incluso de las sagradas relaciones sexuales.

Pero de lo que nadie habla es de un espacio para la intimidad y reconciliación familiar. Y eso es lo que nosotros hemos descubierto en nuestro colecho. Porque durante el día hay muchos roces, riñas, tensiones, estrés, etc... poco tiempo para abrazos, caricias y palabras a media voz. Ese momento llega al anochecer, entre la suavidad de las sábanas de nuestra megacama de casi 4 metros. Y cuando llega la hora de acostarse, con los peques bañados y "empijamados", tras los últimos saltos acrobáticos entre almohadas nos tumbamos juntos, con un libro de Sams (en alemán) o de Harry Potter (en español) entre las manos. Con un niño a cada lado, mientras el tercero se queja de que no tiene sitio y el padre se queja de que ninguno quiere con él. Y tras apagar la luz viene el acurrucamiento colectivo, la suavidad de su olor infantil, el abandono a la seguridad de su presencia. Es el momento en el que sientes que están bien, están seguros ahí, a tu lado. Que no los quieres en ninguna otra parte. El que se acostó enfadado recibe un "arrascamiento" de espalda extra. El mayor rodea al pequeño con su brazo para reconfortarlo. Allí, a tres niños de distancia, el padre de las criaturas. Muy cansados ambos y con pocas ganas de escarqueos sexuales. Posiblemente  él con la testoterona por los suelos de tanto colechar y yo con la prolactina por las nubes de tanta lactancia. No importa, es el momento de mater/paternar. No durará mucho más porque ellos crecen rápido y el día menos pensado los tendremos fuera de nuestra enorme cama, y de nuestra casa, viviendo su propia vida. 

Es el colecho familiar el que me ha mostrado una gran realidad: para dormir bien lo único que necesitas realmente es sentirte seguro. Todo lo demás son programaciones culturales. No ciencia, ni siquiera ciencia médica. Esta afirmación tiene un enorme sentido desde el punto de vista de la biología y conllevaría un cambio radical en el abordaje de la medicina del sueño. Pero como dudo que esos doctos especialistas estén interesados en nada que no esté "metodocientíficamente" demostrado, seguirán intentando curar el insomnio de la soledad y la inseguridad a base  pastillas o técnicas conductistas. 

Y yo lo siento en el alma por todos esos niños que serán programados para dormirse solos, en completa oscuridad y silencio, como lo fui yo, y que en el futuro, ante la necesidad de seguridad y proximidad de sus propios hijos, no tendrán más opción que elegir entre una dolorosa re-programación (para ser capaces de descansar en compañía de ruidos, patadas y lactancia) o repetir un patrón impuesto por determinantes culturales cambiantes y caducos que difícilmente cubre las necesidades afectivas más profundas del ser humano.    




jueves, 11 de junio de 2015

SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA

Fuente: asociacionsina.org
Que el lugar en dónde duerme el bebé, o mejor dicho, si duerme cerca o lejos de mamá, afecta a la lactancia materna es un hecho perfectamente comprobado. Numerosos estudios han demostrado ya que el colecho con la madre favorece la lactancia materna. 

Lo que parece que no está tan claro  según los investigadores del sueño Hauck y Moon, ambos miembros del comité de expertos encargado de hacer las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) sobre dónde y cómo deben dormir los bebés es si el colecho entendido como compartir cama afecta de manera diferente al colecho entendido como compartir habitación (pero no cama). A mí me parece evidente que va a afectar y, al igual que investigadores como Bartick y Smith, opino que las actuales recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) (en las cuales se desaconseja el colecho entendido como compartir cama y se alienta a poner al bebé en su cuna y no en la cama de los padres aunque, eso sí, en la misma habitación que ellos)  interfieren con el establecimiento de la lactancia materna. Pero Hauck y Moon aluden a la falta de estudios comparando los dos tipos de colecho (compartiendo cama y compartiendo sólo habitación, pero no cama) para dudar del cuestionamiento a sus recomendaciones. 

Ante las afirmaciones de estos dos científicos a mí me ha picado el gusanillo de la curiosidad y dada la alucinantemente buena respuesta que obtuve con el primer cuestionario - estamos ya a menos de 100 respuestas para tener ¡3000! - me he animado a hacer otro mucho más cortito y sencillo con el fin de elucidar si compartir cama o no compartir cama afecta a la duración de la lactancia materna. 

Así que me animo a pasaros este pequeño cuestionario y a pediros, de nuevo, vuestra colaboración. En este caso necesito que seáis madres o padres de niños que ya hayan cumplido los 2 años. No hay límite superior de edad, de hecho me interesa los que ya tengáis niños que se han destetado de manera natural a los 5, 6, 7 o más años de edad. 

Muchísimas gracias de nuevo a todos. No veáis lo que estoy disfrutando con estas investigaciones. En cuanto haya trabajado con los datos os haré llegar los resultados. 





viernes, 22 de mayo de 2015

EL SUEÑO INFANTIL Y LOS LÍMITES DE LA CIENCIA.

En el año 2009 un grupo de investigadores sobre el sueño infantil publicaron un estudio titulado Sleep and sleep ecology in the first 3 years: a web-based study. (Sueño y ecología del sueño durante los primeros 3 años: un estudio basado en la web). Entre los autores se encuentran dos de los más prestigiosos en este campo: Avi Sadeh y Jodi Mindell, ambos defensores de las técnicas de adiestramiento para el sueño en solitario y con numerosos estudios a sus espaldas valorando su efectividad. Los dos son también consejeros sobre el sueño infantil en una conocida marca de productos infantiles y han participado en estudios financiados por esta empresa (1, 2) para valorar la efectividad de sus productos diseñados para favorecer el sueño de los bebés y niños. 

Pero a lo que vamos: el artículo citado se basaba en la distribución de un cuestionario diseñado por Sadeh (y perfectamente validado por la comunidad científica, tal y como debe hacerse con los cuestionarios) mediante la página web BabyCentre.com. Contestaron 5006 familias. Sus observaciones fueron que la lactancia, el compartir habitación, llevar al niño a la cama de los padres o las rutinas irregulares a la hora de ir a dormir se asociaban a mayores despertares nocturnos. Finalmente concluyeron que el comportamiento de los padres a la hora de dormir a los niños estaba profundamente relacionado con la consolidación del sueño de los mismos y, por lo tanto, era una buena diana para las intervenciones clínicas. O sea, los pediatras deben enseñar a los padres lo que deben o no deben hacer a la hora de dormir a sus hijos. 

Un año más tarde Mindell y Sadeh volvieron a publicar juntos un estudio en el que aplicaban el mismo cuestionario, de nuevo a través de la página web BabyCenter, a los padres de 29.287 bebés distribuidos por 17 países, los cuales dividieron en caucásicos (PC) y asiáticos (PS). Con este trabajo pretendían dar una visión intercultural del sueño infantil a la pediatría del sueño. En este caso concluyeron que en los países asiáticos se colechaba más, los padres acompañaban más y los niños dormían peor. 

Este mismo año los mismos dos autores publican otro artículo con la misma muestra internacional y el mismo cuestionario en el que vuelven a concluir que el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir, así como el colecho, predicen un sueño de peor calidad en los niños. 

En el año 2011 ambos investigadores participan en un nuevo trabajo sobre la misma muestra con el mismo cuestionario. Vuelven a hacer hincapié en la nocividad del colecho y el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir y la necesidad de educar a los padres para que enseñen a sus hijos a dormirse y dormir solos. 

¿Por qué os explico todo esto?

Pues porque estos trabajos han servido de argumentación a muchos defensores del sueño en solitario para asegurar que el colecho no es conveniente y que es necesario aplicar técnicas cognitivo conductuales (como el método Estivill, por ejemplo) para mentalizar a los padres de la necesidad de enseñar a los niños a dormirse solos. Así desde páginas webs, artículos de divulgación en periódicos y revistas, o desde la misma consulta del pediatra, los padres han recibido el mensaje de que no duerman con sus hijos, no los duerman o ayuden a dormir y les enseñen a dormir solos. Y lo peor es que reciben este mensaje como avalado por la ciencia. Esto es lo que la ciencia dice, por lo tanto esto es lo que hay que hacer. 

"Demostrado científicamente" es la nueva "Palabra de Dios".

Pero lo cierto es que estos artículos no demuestran en absoluto que los niños que colechan duermen peor, o que colechar con nuestros hijos sea malo para su sueño. Y esto es así debido a las limitaciones de estos estudios, las cuales no suelen tomarse en cuenta cuando se pregonan sus conclusiones a la sociedad, pero que tienen importantes implicaciones a la hora de interpretar correctamente la relevancia real de las mismas. 

La primera limitación importante es la propia naturaleza del cuestionario aplicado. Para empezar es un cuestionario diseñado por científicos occidentales que toman el sueño en solitario como referencia, por lo que adolece de un importante sesgo cultural (aunque posiblemente hayan tratado de evitarlo). Los padres que colechéis habitualmente con vuestros hijos, que tengáis como nosotros una enorme cama familiar, os daréis cuenta de que no es fácil contestar a algunas preguntas, porque si te preguntan si el niño duerme en su propia cama y tú ni te has planteado montar la cuna del bebé, puedes decir que sí, porque su "propia cama" es también vuestra cama y vuestra cama no es sólo la "cama de los padres" ¿no?  Así, mis hijos duermen en su "propia" cama que es la "cama de los padres" y también "con sus hermanos"................... por lo que me va a ser difícil elegir una sola opción en algunas preguntas. También es posible que, como a mí, no os sea fácil cuantificar las veces que se despierta por la noche o en que consisten el ritual a la hora de ir a dormir si no sueles tener uno establecido que repites cada noche o, al menos, la mayoría de las noches. Ayer mis hijos cenaron, se ducharon y se acostaron, pero antes de ayer se ducharon primero, cenaron, hicieron deberes o jugaron un poquito y se acostaron. Unos días ven la tele mientras cenan, y otros no lo hacen. Los días de buen tiempo de primavera y verano intento que salgan a la calle hasta la misma hora de acostarse, por lo que se duchan en el último momento y luego ¡rapidito a la cama! En nuestra familia tenemos todo menos un "ritual" porque aunque intento que se lea un poco siempre antes de dormir, dudo que lo consiga la mayoría de los días. 

La segunda limitación es el medio de distribución del cuestionario. La página web BabyCenter.com tiene un público determinado y no es una representación al azar de la población mundial. Este sesgo puede ser incluso mayor en los países asiáticos, dónde precisamente las familias que podrán dedicarse a visitar webs como la citada (por tener acceso a internet, por ejemplo, lo que ya supone un cierto nivel económico y cultural determinado que no es el mayoritario en muchos de ellos) son las más "occidentalizadas". 

Un rápido vistazo a la web en cuestión nos muestra una visión de la crianza y del sueño infantil con un enorme sesgo occidental, dónde lo normal es el sueño en solitario y la excepción el colecho, aunque en los últimos años la participación de profesionales como el antropólogo James McKenna en alguno de sus artículos ha dado espacio a comportamientos alternativos. 

Bajo mi punto de vista ésta es la limitación más importantes. Una prueba de su importancia, precisamente, la descubrí en uno de los artículos, el único que muestra los datos (en forma de gráfica)  sobre la percepción del sueño infantil como problema de cada país. En la gráfica 1 de dicho artículo se puede ver que los 3 únicos países asiáticos que no muestran una mayor percepción del sueño infantil como problema que los países caucásicos son Vietnam, Tailandia y Japón. Curiosamente en Vietnam y Tailandia -los que menos percepción tienen del sueño infantil como problema de todo el conjunto de países- ¡el cuestionario se distribuyó en mano y no a través de BabyCenter! Un dato que no incluyen en ese artículo pero sí en otro de la serie (¿Mala intención en la omisión? prefiero pensar que no). Que Japón sea también una excepción es muy representativo ya que es la única cultura no occidental pero tan rica e industrializada como occidente -por lo que la población con acceso a internet e interés en este tipo de webs no tiene que ser específicamente la más rica o con más influencia occidental- y que sigue teniendo el colecho como forma de dormir mayoritaria. 

Cuando estaba analizando estos trabajos para incluirlos en la revisión bibliográfica "El debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil" se me ocurrió que sería interesante ver cuales serían los resultados si el cuestionario utilizado en estos estudios lo responden mis contactos de Facebook o los lectores de este blog. Al igual que lo que ocurre con BabyCenter.com, esta muestra tampoco es representativa de la población general y también está sesgada. Pero mi hipótesis es que el sesgo es diferente ya que la gran mayoría de la misma seremos padres con tendencia a pertenecer a la llamada crianza respetuosa y, por lo tanto, con más tendencia a colechar con nuestros hijos por voluntad propia (y no como reacción a los problemas de sueño) y rechazo a las técnicas de adiestramiento, especialmente las basadas en dejar llorar. 

¿Observaremos en nuestra muestra esta relación positiva entre los problemas del sueño y la intervención de los padres a la hora de dormir o el colecho? Mi hipótesis es que no. 

¿Queréis ayudarme a comprobarlo?

Para ello sólo tenéis que contestar el cuestionario traducido que encontraréis en el enlace que os adjunto. 

Os doy de antemano mil gracias por vuestra colaboración. Vamos a intentar demostrar que los artículos de Sadeh y Mindell tienen un sesgo cultural inaceptable que lleva a unas conclusiones no generalizables ni aplicables a la realidad del sueño de las familias, y mucho menos a nivel mundial. 









domingo, 7 de diciembre de 2014

¡QUE VIVA LA REVOLUCIÓN!

THOMAS S. KUHN
Hace unos días publiqué en este blog y en la revista Naukas, ciencia, escepticismo y humor una artículo como respuesta al escrito por Jesus Rosino en la misma revista, en el cual hacía un análisis de la ciencia del sueño infantil desde la perspectiva de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). En dicho artículo aplicaba la clasificación de Kuhn de Ciencia Normal (CN) y Ciencia Revolucionaria (CR) (entendiéndose la primera como la ciencia que sigue el status quo o paradigma dominante sin llegar nunca a cambiarloy la segunda como la que provoca el cambio, como solución a la crisis que provocan las contradicciones que se van acumulando en la CN) a la realidad actual de la ciencia del sueño infantil.  De esta manera consideré como CN al que, como muy bien dice Rosino, es el status quo dominante en la pediatría del sueño: el bebé/niño que debe dormir en solitario, un número determinado de horas seguidas por la noche, sin despertar a sus padres y autoconsolándose tras cada despertar nocturno. Basándose en esta premisa diseñan sus investigaciones importantes profesionales de la pediatría del sueño como Mindell, Sadeh o Hiscock.

La CR del sueño infantil, la que realizan investigadores como McKenna, Ball o Douglas, sería la que parte de la base de que el colecho y la necesidad del bebé/niño de la presencia y el consuelo de sus padres para dormirse es un comportamiento natural y saludable del cachorro humano que debemos respetar. La CR, por lo tanto, se cuestiona las mismísimas bases de la CN dominante, aspirando a cambiar el paradigma establecido. En los últimos años hemos podido observar como esta CR es defendida y compartida por un número creciente de profesionales de la medicina, psicólogos y padres, al mismo tiempo que va ganando terreno en el cerrado mundo de la publicaciones científicas revisadas por pares. 

El día de su publicación más de 400 personas compartieron mi artículo en Facebook, lo que para mí es todo un honor. Y, entre los compartidos, la amiga de una amiga mía dejó un comentario que me encantó. Desgraciadamente he olvidado dónde lo vi exactamente, quién fue la autora (por favor si lees este post y quieres que te nombre, dímelo) y cuales fueron las palabras textuales, pero más o menos vino a decir que le había hecho gracia mi aplicación de la teoría de Kuhn  a la ciencia del sueño infantil, y el hecho de que considerara a los mimos "revolucionarios".

Y lo cierto es que yo ni me había dado cuenta, pues usaba el término Ciencia Revolucionaría en el contexto de Kuhn, lo que me había hecho obviar su significado. Pero esta mujer tenía toda la razón. Dormir a nuestros hijos siguiendo nuestro instinto se puede considerar un acto revolucionario a todos los niveles, en cuanto a que va en contra de la costumbre culturalmente establecida de obligarlos a dormir solos aplicando todos los medios necesarios para conseguirlo. La ciencia que ampara este comportamiento es evidentemente revolucionaria, apliquemos o no los criterios de Kuhn, porque rompe el enfoque y la dinámica de la ciencia tradicional del sueño infantil. Y todo esto me ha llevado a recordar que no es la primera vez que parir y criar a nuestros hijos siguiendo nuestras tendencias naturales se considera revolucionario. No hay más que recordar artículos ya legendarios como "La Revolución Calostral" de Ileana Medina, La nueva Revolución, El Cambio Pacífico, de Ramón Soler y Helena Mayorga, o este otro más reciente de Ester Massó Guijarro: La Lactancia Materna como Catalizador de Revolución Social Feminista (o Apretando lasClavijas al Feminismo Patriarcal): Calostro, Cuerpo y Cuidadoo convocatorias como la Revolución Blanca de Nohemí Hervada y la Revolución de las Rosas de Jesusa Ricoy. También me vinieron a la mente frases legendarias como "La lactancia materna es un acto político de insumisión" de Isabel Aler, el blog La Revolución del Amor", de Leslie Powell, y el ya legendario libro "La Revolución del Nacimiento", de Isabel Fernandez del Castillo.  

Así que, aunque está muy bien que el abordaje multidiciplinar de los estudios CTS nos permita asentar en sólidas bases teóricas la contextualización de la ciencia del sueño infantil, no es que con ello yo haya descubierto la pólvora, ni mucho menos, ya que tampoco es imprescindible para reflejar una realidad ampliamente intuida ya por muchos. Y es que la palabra REVOLUCIÓN está indiscutiblemente asociada a la crianza corporal, amorosa, libre, y deseosa, en la teoría y en la práctica. Gestar, parir y criar cómo nos pide el cuerpo es REVOLUCIONARIO. Y la ciencia que ampara este comportamiento es ciencia REVOLUCIONARIA porque rompe con el status quo dominante de la Ciencia Normal, nacida en el marco cultural de la sociedad occidental; esa misma ciencia que, asentada en sus principios culturales nunca demostrados ni validados por su venerado método científico, nos ha estado obligando a parir tumbadas de espalda, separarnos de nuestros recién nacidos, alimentarlos con leche de vaca, o ponerlos a dormir lejos de nuestros cuerpos (nos dijeron que boca abajo pero, como morían más bebés, después nos dijeron que boca arriba, y al final admitieron que mejor en nuestra misma habitación, aunque siguieron asegurando que mejor en una cuna, claro; lo contrario sería un cambio de paradigma que abandonaría el confortable territorio de la CN y, sobretodo, de los determinantes culturales) entre otros muchos comportamientos claramente aberrantes para la naturaleza de nuestra especie. 

La naturaleza de nuestra especie. Palabras peligrosas para utilizar en un debate, ya que te arriesgas a que te tachen de "naturalista", y te recuerden que lo natural no siempre es lo mejor, para luego pedirte que hagas lo que ellos nunca hicieron: demostrar científicamente que tu desviación del paradigma dominante actual es mejor, olvidándose de algo tan obvio como que cuando se produzco el cambio de paradigma que llevó a cambiar el comportamiento natural, nadie se paró a demostrar con el método científico en la mano qué era lo mejor, o qué efectos finales tenía esa desviación. Pondría los pelos de punta saber la cifra exacta de bebés que han muerto por culpa de dormir solos, boca abajo y no recibir lactancia materna. Sobre los partos intervenidos, mejor ya ni hablar. Seguramente también pondría lo pelos de punta conocer las secuelas que arrastramos de los nacimientos traumáticos, la herida primal y la pedagogía negra, todos y cada uno de los individuos de esta sociedad enferma y sin futuro, en caso de tener una ciencia capaz de sacarlas a la luz. 

Y en este punto me gustaría hacer un pequeño inciso ¿Significa lo dicho anteriormente que todo lo aportado por la cultura y la ciencia tiene que ser desechado frente a lo natural? ¿Debemos, por ejemplo, dejar de usar gafas para la presbicia porque el envejecimiento del ojo "es natural"? No. No se trata de un asunto de todo o nada, sino de valorar correctamente, cuantitativa y cualitativamente, la dosis de cultura y ciencia que conviene a nuestra naturaleza. Se trata de encontrar la bondad de ajuste, esto es, esas condiciones culturales que permitan que nos desarrollemos y vivamos lo más saludablemente posible.  No todo lo natural es lo mejor pero, evidentemente, todo lo cultural tampoco es obligatoriamente mejor que lo natural. Parece mentira que sea necesario aclarar semejantes puntos, pero por los argumentos esgrimidos por algunos defensores a ultranza del status quo, veo que sí que lo es. 

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Es verdad, (mejor considerarlo gracioso que terriblemente dramático aplicando el sabio principio de reírse por no llorar) en esta sociedad nuestra hay circunstancias en las que los MIMOS a nuestros bebés son REVOLUCIONARIOS. Cuestionar la autoridad de la fría (y limitada) ciencia basada en evidencia para dirigir la crianza de nuestros hijos es REVOLUCIONARIO. Salirse del camino marcado por la cultura que creó esa ciencia es REVOLUCIONARIO. Cantar a los cuatro vientos las limitaciones de su creación es REVOLUCIONARIO. Reclamar nuestro derecho y nuestra libertad a respetar lo que somos y cómo somos es REVOLUCIONARIO. 

Y es que, no lo neguemos, el amor maternal libre es revolucionario. El deseo maternal es REVOLUCIONARIO. La maternidad no sometida ni a la ciencia ni a la cultura es REVOLUCIONARIA. Porque es LIBRE, INSUMISA, PRIMITIVA, FEMENINA, EMOCIONAL............

 INCONTROLABLE. 

Pues ¡Que caray! que los que quieran sigan en sus trece defendiendo a capa y espada su querido Status Quo, yo no necesito más argumentos, ni científicos, ni pseudocientíficos, ni moralistas, ni valientes, ni cobardes, porque por lo que a mí respecta:

¡QUE VIVA LA REVOLUCIÓN!





Y tú,

 ¿Te atreves a unirte a nuestra revolución?

viernes, 3 de octubre de 2014

¿POR QUÉ TENGO QUE DORMIR SOLITO?

Pocos temas hay tan controvertidos en la literatura científica sobre el sueño infantil como la relación entre la muerte súbita del lactante (o SIDS por sus siglas en inglés: Sudden Infant Death Syndrome) y el compartir cama con el bebé. Si visitáis el capítulo 4 de El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil, podréis comprobar que existen cientos de artículo tratando de elucidar si el colecho, entendido como compartir cama, es, por sí mismo y en ausencia de otros factores, un riesgo que aumenta la probabilidad de SIDS. 

Lo curioso es que, a pesar de la falta de evidencias sólidas que apoyen la hipótesis de que practicar colecho seguro (esto es, compartir cama con un bebé respetando unas ciertas condiciones de seguridad) aumenta su riesgo de morir (sea por SIDS o sea por estrangulamiento o ahogo) diversos profesionales - entre los que destacan los miembros de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome (compuesta por John KattwinkelFern R. HauckRachel Y. MoonMichael MalloyMarian Willinger) de la Academia Americana de Pediatría (AAP) - se sienten con la autoridad suficiente como para lanzar recomendaciones unilaterales en contra del "compartir cama" que generan campañas tan agresivas como esta: 




Esta campaña ya es antigua y ya generó un caliente debate en los foros científicos y de crianza. Lo que me ha hecho volver a ella y traer aquí estas fotos ha sido un trabajo recientemente publicado en la prestigiosa revista Pediatrics, dirigido por Rachel Y. Moon, miembro de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome. y que ha generado un comunicado de la AAP con este sugerente título: 


"Compartir cama se mantiene como el factor de riesgo más importante para las muertes de bebés durante el sueño"


Además de artículos de divulgación en los que se afirma que:


"Compartir cama con bebes de 0-4 meses es extremadamente peligroso"

Estos mensajes tan unilaterales y rotundos me han llenado de sorpresa porque precisamente acababa yo de leer un (excelente) artículo del doctor Blair, en el que afirma todo lo contrario. Este estudio, realizado con el fin de profundizar en este delicado tema solventando algunas de las limitaciones de otro polémico trabajo de Capenter (publicado en el año 2013 en la gran BMJ), trata mucho más rigurosamente las variables estudiadas por Carpenter, llegando a la conclusión de que no sólo el compartir cama con el bebé en un ambiente seguro no aumenta el riesgo a ninguna edad, sino que además tiende a disminuirlo en los bebes mayores de tres meses. 

Claro que Blair publica en Plos One, que no es ni Pediatrics ni BMJ en cuanto a factor de impacto, aunque es una revista que ha demostrado tener de los revisores más rigurosos de la literatura cientifica. Pero como de momento el factor de impacto es lo que prima, la publicación de Blair no tendrá la repercusión en los medios de divulgación que pueden tener los artículos de Carpenter o Moon.  (El problema, digo yo, es que Pediatrics es la revista de la AAP, así que dudo que reciba con agrado el mensaje de Blair..... pero ese es otro tema que tal vez deba ser tratado en otra ocasión).

El caso es que leyendo el articulo dirigido por Moon me he quedado bastante alucinada: un trabajo que pretende elucidar los riesgos del "compartir cama" en ningún momento se molesta en estudiar esas variables que REALMENTE influyen en el riesgo que representa este comportamiento. 

Para empezar, su definición de "compartir cama" es surrealista: 

"Bed-sharing was defined as the infant sleeping on the same surface with a person or animal"

"Compartir cama se define como el bebé durmiendo en la misma superficie con una persona o animal"


Si leéis el apartado de Colecho y SIDS del Capítulo 4 de la revisión del sueño infantil podréis comprobar que los estudios del profesor McKenna y la doctora Helen Ball entre otros, destacan la importancia de que el colecho se realice entre MADRE y BEBÉ, además de hacer hincapié en el efecto protector de la lactancia materna, ya que influye de manera determinante en la postura de la madre respecto a su hijo. También veréis que estos y otros investigadores defensores del colecho advierten de la importancia de que el bebé (sobretodo los primeros meses de vida) no comparta cama con niños más mayores, varios adultos o incluso con el padre. Por lo tanto: el colecho de los bebés pequeños no es comparable cuando se realiza con la madre a cuando se realiza con otras personas. Y ya ni entro en el tema de los animales. 

Segundo agujero negro del artículo: la definición de "cama de adulto". Según estos autores

"Adult bed included adult bed, waterbed, adult mattress, bunk bed, child’s bed, sofa bed, and air mattress".

"Cama de Adulto incluye camas de agua, colchones de adulto, camas infantiles, sofá-camas y colchones de aire"

De nuevo os remito al apartado de Colecho y SIDS del Capítulo 4 para que comprobéis como dentro de las condiciones de "colecho seguro" no están incluidas ni las peligrosas camas de agua, ni, muy especialmente, los sofás, los cuales son considerados por Blair uno de los mayores factores de riesgo. No sé si el término sofá-cama podemos extrapolarlo a sofá sin más, pero yo creo que sí porque es evidente que un sofá-cama difícilmente tendrá esas condiciones de seguridad imprescindibles para el colecho seguro, y que implican que la superficie sea firme y los bordes estén protegidos para que el bebé nunca pueda quedar atrapado o caerse. Como otro de los requisitos es que la cama sea lo suficientemente amplia, creo que también deberíamos descartar la cama infantil. En cuanto a los colchones de aire, creo que se les puede aplicar el mismo principio que a los de agua y considerarlos extremadamente peligrosos. 

Por lo tanto, no es de extrañar que una investigación realizada en semejantes condiciones llegue a la conclusión de que compartir cama con el bebé menor de 3 meses es peligrosísimo. No puedo evitar imaginarme a un pequeño recién nacido durmiendo sobre un colchón de agua, con un gran danés a un lado y un padre borracho al otro. Así, sí: el colecho es insegurisísimo. El milagro es que no haya salido inseguro después de los 3 meses de edad también, porque en semejantes condiciones creo que hasta un adolescente estaría en peligro. 

Este trabajo no tiene ninguna posibilidad de valorar el riesgo real de lo que los especialistas llaman colecho seguro. Y sólo un trabajo que pueda hacerlo debería permitirse lanzar mensajes tan rotundos a la población. Porque demonizar el colecho seguro puede tener terribles consecuencias para la salud de nuestros bebés. El habitat natural del recién nacido es el cuerpo de su madre. Dormir con su madre en unas condiciones de seguridad perfectamente controladas es lo mejor para el bebé, su sueño, su desarrollo y el establecimiento de la lactancia que, como bien sabemos, es uno de los mayores protectores de la SIDS. No podemos olvidar tampoco el riesgo que supone que los agotados padres se duerman con el bebé en brazos en sillones y sofás durante las tomas nocturnas, porque tuvieron miedo de meterse al bebé en la cama. Muertes en estas condiciones han sido descritas y creo que no deben ignorarse. 

Los estudios que valoran el riesgo del colecho planeado con anterioridad, practicado de manera habitual y en condiciones de seguridad no han encontrado que aumente el riesgo de SIDS. Los mensajes sensacionalistas derivados de trabajos sesgados, incompletos, nada rigurosos y bastante mediocres (por mucho que sean un Pediatrics) sólo pueden hacer daño. Me sorprende esta enorme falta de responsabilidad por parte de los profesionales que actúan así y no entiendo con que finalidad lo hacen. 

Así que no, pequeño mío, no tienes que dormir solito. Puedes dormir aquí, bien cerquita del pecho de tu madre. Que yo te cuido, te alimento, te abrazo, te acurruco....... te protejo mientras duermes. Y lo hago porque quiero, porque me lo pide el cuerpo, porque me lo pides tú y porque la ciencia, la buena ciencia, no encuentra nada en contra, más bien todo lo contrario.