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domingo, 31 de diciembre de 2017

SOBRE PEDOFILIA Y LACTANCIA.

"Charité maternelleAutor: Edouard Alexandre Sain

Dos veces en la misma semana, dos personas ha acusado a las madres lactantes de pedófilas. Así de simple y así de tremendo. 

Una fue Pilar Aguilar en Tribuna Feminista. (Y no, no voy a poner el enlace para que, encima de publicar semejante bazofia, les suba el número de visitas a los peores artículos sobre el tema que he leído en mi vida). Pilar se refería a las madres que sienten placer al dar de mamar. La pobre ignoraba (prefiero pensar que era ignorancia porque la alternativa es que escribe por pura maldad) que el placer que siente la madre al dar de mamar es absolutamente fisiológico y una estrategia evolutiva universal que garantiza que la hembra mamífera que ha parido no va a abandonar a la delicada criatura a su suerte y, por el contrario, va a esforzarse por pasar horas ofreciendo alimento de su propio cuerpo. 

Familia de monos en el Estrecho de Gibraltar. Autor: María Berrozpe
Si la lactancia materna fuera algo desagradable y doloroso ya nos habríamos extinguido porque a nuestras antepasadas mamíferas no humanas los argumentos de la OMS sobre las bondades de la lactancia materna no les hubieran convencido en absoluto para realizar un acto que les supone un esfuerzo considerable y, encima, no recompensa de alguna manerar. Por el contrario, la vida tiene una estrategia maravillosa y fascinante para animar a los seres vivos con un sistema nervioso bien evolucionado a realizar actividades que favorecen su supervivencia: el placer. Así engendrar nuevos seres humanos, comer, defecar, cultivar las relaciones sociales amorosas y pacíficas, etc., son actividades que producen un profundo placer. Y la lactancia materna, dado su papel fundamental en la supervivencia de la nueva generación, no podía ser una excepción. Más bien todo lo contrario. Como el coito, la lactancia materna tenía que asegurarse de ser extremadamente placentera. 

Hoy en día los seres humanos hemos conseguido que para un gran número de mujeres no lo sea. Pero ahora ya tenemos un neocortex capaz de convencernos de amamantar a pesar del dolor, el estrés o el cansancio y, cuando ya tiramos la toalla, de desarrollar una leche animal adaptada que garantiza la supervivencia del bebé con daños colaterales relativamente aceptables. 

Pero este neocórtex no debería olvidar que la lactancia materna está diseñada para ser placentera. Repito: la lactancia materna saludable es placentera. Si la lactancia materna no es placentera, algo no está funcionando muy bien. 

Por lo tanto, los pezones están ahí para ser el punto de agarre del bebé o niño pequeño y hacer sentir placer a la madre cuando la criatura los coge con su boca para mamar. Como la naturaleza no da punzada sin hilo posiblemente consideró que si, además, resultan placenteros durante el coito con la pareja adulta, pues mucho mejor. Total, en placer no se debería escatimar nunca. Pero evidentemente su función primordial no era ser un juego erótico para el macho (o hembra) adulto, sino permitir al bebé y niño agarrarse a la glándula mamaria para beber su leche. 

A ver, señoras, si no perdemos la perspectiva. ¿De acuerdo?

Y de aquí paso a la siguiente acusación de pedofilia de esta semana: dos mujeres aseguraron, ante el artículo de una madre adoptiva que ha logrado amamantar a su bebé y alimentarlo en exclusiva con su leche (tras someterse a un proceso de inducción), que era un acto pedófilo, asqueroso y egoísta. Este artículo sí que os lo comparto porque es delicioso (los comentarios de las susodichas están en Facebook y ya las tengo bloqueadas, así que esos no los podéis ver), y África una de las mujeres más maravillosas que conozco. Os recomiendo compartir esta preciosa experiencia aquí:

Historia de una madre que dio el pecho a su hijo adoptado


Y yo desde mi blog, ante todo este sinsentido enfermizo solo puedo explicar que las glándulas mamarias solo necesitan el estímulo del pezón para empezar a producir leche, independientemente de si ha habido un embarazo previo. Generalmente, ante la ausencia del embarazo, al no haber experimentado el proceso de crecimiento glandular que este conlleva, no pueden producir todo lo que necesitará el bebé. Algunas madres, debido a problemas hormonales específicos, puede que nunca consigan nada de leche. Pero a pesar de todo, la lactancia materna es mucho más que sólo alimentación. Es un comportamiento complejo que ofrece al bebé seguridad, calor, regulación fisiológica y mucho, mucho, mucho amor. Decir que un bebé abandonado no puede recibir teta de su madre adoptiva porque ésta no tiene leche o porque no le ha parido y no comparte sus genes es como decir que una pareja no puede realizar el coito si no es fértil. 

Para ser madre y dar el pecho no hace falta haber parido a ese niño. Si eso fuera así miles de menores en todo el mundo estarían condenados a crecer sin madre. Y francamente, eso es inaceptable, sobre todo habiendo miles de mujeres deseosas de abrir su pecho y su corazón a estos niños, para hacerlos suyos. Una viculación materno-filial sana y absoluta puede realizarse perfectamente entre personas que no comparten filiación genética. Miles de hijos adoptados de todo el mundo somos prueba de ello. Y los otros miles de adoptados de todo el mundo que no han tenido la inmensa suerte de disfrutar de este vínculo con sus adoptantes no son prueba de que formarlo sea imposible. Sólo son prueba de que esta vinculación no siempre funciona, por lo que desde los profesionales especializados  hay que trabajar bien duro para que cada familia la logre. Los niños no se merecen menos.

Y para acabar, sólo añadir algo obvio que parece que se ignora: la lactancia materna no forma parte de la sexualidad coital. Obligar a un menor a participar en las sexualidad coital, para la que no está preparado en absoluto, es pedofilia. Ofrecer a un bebé/niño el pecho de su madre (biológica o adoptiva) es maternidad. La maternidad es parte del comportamiento sexual, pero no es coital. Decir que la lactancia materna es "pedofilia" porque produce placer es lo más terrible, injusto, sucio y enfermo que he leído en mi vida.

Y también es muy peligroso. Y por eso escribo este post. Para dejar unas cuantas cosas claras, porque los malos entendidos en este tema tienen consecuencias nefastas para los bebés y niños, y para sus madres. 

Y ahora, para acabar, sólo me queda desearos  a todos una feliz salida del año 2017 y una feliz entrada al 2018. 

¡Que tengáis un año lleno de amor!

Sobre todo ¡Mucho Amor!

Y que todos los bebés y niños del mundo lo tengan lleno de cálida, nutritiva y amorosa teta. 


Autor: Paul Cézanne

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viernes, 19 de mayo de 2017

UN BEBÉ DE SIETE MESES MUERE POR NO RECIBIR SU ALIMENTACIÓN NATURAL

En Beveren, Bélgica, un bebé de siete meses murió en el año 2014 supuestamente por el alimento que recibía, y ahora que se acerca el juicio y el caso se ha hecho público, a los medios de comunicación les ha faltado tiempo para generar los más absurdos y engañosos titulares. Desde el "Muere un bebé de 7 meses porque sus padres le aplicaron una dieta sin gluten" de la Vanguardia, hasta el "Muere un bebé con un peso de 4 kilos por la dieta sin gluten que le pusieron sus padres" de Antena 3 TV. No quiero ni pensar la congoja que han debido ocasionar a muchos padres de niños celiacos o intolerantes al gluten.

Otros hacen mención a la leche de quinoa que le daban y, los más acertados, resaltan que no tomaba leche adaptada. Estos ya van apuntando mejor, pero todavía no dan en el pleno. También me llamó especialmente la atención una artículo en el que se resaltaba que los padres se habían empecinado en alimentar a su bebé de manera "natural". Todos estos titulares y artículos parecen tener el objetivo de presentar unos padres alternativos, "hipilondios" y  antisistema, del tipo de los que no llevan a los bebés al pediatra ni le ponen vacunas y ¡ojo! dan de mamar a la criatura por lo menos hasta los 9 años (la lactancia materna no interrumpida suele venir en el pack). 

Por eso me ha llamado sobremanera la atención que en ningún artículo se hace referencia a por qué este bebé no era amamantado, ya que:

La LACTANCIA MATERNA es el único alimento realmente natural y saludable para un bebé humano de 7 meses. 

Por lo que parece, el bebé no recibía leche materna, a pesar de la imagen dada por los medios de comunicación de sus padres como una pareja practicante hasta el extremo de lo que ellos consideraban una "alimentación natural". Y digo "por lo que parece" porque la realidad es que no sabemos de qué ha muerto ese bebé ya que, francamente, si te vas a fiar de la prensa para enterarte de lo que ha ocurrido, más vale de que te mentalices de que te vas a enterar mal. Es incluso posible que su muerte no tenga nada que ver con lo que comía y que los padres en absoluto le estuvieran alimentando como describen por ahí los medios. Aquí los únicos que saben lo que realmente ha pasado son los que están tratando esta tragedia de primera mano. 

Pero en el caso de que todo haya ocurrido como lo cuentan, que el bebé de siete meses sólo estuviera recibiendo leche de quinoa y dieta sin lactosa ni gluten, lo que realmente habría matado a ese bebé no es la ausencia de gluten o de lactosa, sino la ausencia de su alimento natural: la leche materna. Lo más triste es que este hecho no ha llamado la atención de la prensa en absoluto porque no es para nada excepcional: en España, según cifras de la AEP, el porcentaje de niños que reciben lactancia materna a los 6 meses es de sólo un 47%. Esto significa que

 menos de la mitad de los bebés de 6 meses reciben su alimento natural

No sabemos la razón de por qué este bebé no tomaba leche materna: si su madre estaba imposibilitada para alimentarle o si él realmente no la toleraba (algo tan excepcional que apunta a un grave desorden digestivo que hubiera necesitado de una intervención médica inmediata e importante para su supervivencia). Afortunadamente, cuando un bebé no puede tomar leche materna de su madre hay dos opciones: la leche humana donada (en caso de que sea porque su madre no le puede dar) y la leche animal ADAPTADA (pudiendo llegar a ser leche "especialmente adaptada" para esos rarísimos casos en los que un bebé no tolera componentes de la leche humana o de los animales generalmente utilizados, como la vaca, la cabra o la oveja). La primera mejor que la segunda, pero la segunda más fácil de conseguir y todavía suficientemente buena como para permitir unos índices de supervivencia aceptables. 

Por lo que parece, ante la falta de leche materna, estos padres se negaron a alimentar a su bebé con leche de fórmula adaptada por tener un concepto muy equivocado de lo que se puede considerar "alimentación natural". Pero las leches vegetales no son "leches" y lo más parecido a su alimento natural que puede tomar un bebé humano es la leche animal adaptada. Leche adaptada, además, por profesionales de la alimentación infantil, no por la madre o el padre que en su propia casa sigue la receta ancestral de su bisabuela y le añade un poquito de aquí y diluye un poquito de allá a la leche animal de turno. Esas recetas caseras de supuesta "leche adaptada para bebés" que a veces se leen en algunos blogs, absolutamente denunciables, suelen llevarse por delante a los bebés, ahora y hace cientos de años cuando, ante la imposibilidad de alimentar a un bebé con leche humana, no había más opción e intentaban alimentarles "adaptando" leches animales o haciendo papillas varias, que generalmente acababan matando a la criatura. Algunos bebés así alimentados sobrevivían, sí, pero posiblemente lo conseguían en pésimas condiciones de salud. 

En cualquier caso, y volviendo al tema central que nos interesa, lo cierto es que  ni el gluten, ni la lactosa, ni los productos "naturales" como la leche de quinoa, han matado a esta criatura. Si las cosas han sucedido realmente como lo explica la prensa, a este bebé le ha matado: 

  • En primerísimo lugar, y aunque nadie lo mencione: la falta de leche materna
  • En segundo lugar: la no sustitución de la leche materna por una leche de fórmula adaptada (posiblemente "especialmente adaptada" a los problemas digestivos de este bebé, en caso de que los tuviera) aprobada por los organismos de salud pública. 
  • Y en tercer lugar, y en el caso de que el bebé realmente sufriera un desorden digestivo que le hubiera hecho intolerante a la leche humana o animal adaptada (de manera general), la falta de un tratamiento médico adecuado y una leche especialmente diseñada por profesionales para sus necesidades. 


Esta, creo yo, sería la información relevante que debería divulgarse. Esta es la información que yo hubiera querido leer. 

martes, 7 de marzo de 2017

INVESTIGACIÓN SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA. AYÚDANOS A CAMBIAR EL PARADIGMA.




En el marco del grupo de investigación de Lactancia Materna-Psicología Perinatal de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) [grupo creado bajo el amparo del convenio de colaboración de dicha universidad con el instituto de salud Carlos III (IMIENS)] estamos llevando a cabo una investigación sobre el sueño infantil y la lactancia materna codirigido por las doctoras Ana Lisbona, Ibone Olza y yo misma.

Buscamos padres y madres de niños y niñas para responder a un breve cuestionario. Aunque lo ideal es que sean menores de 6 años, el cuestionario puede contestarse de manera retrospectiva para aquellos niños más mayores, hasta 10 años.

Para abrir el cuestionario haz click sobre la imagen






Al finalizar el cuestionario se ofrecen una serie de consejos sobre el sueño infantil y la lactancia materna y se participa en el sorteo de un libro sobre el sueño infantil.

Los interesados en los resultados del estudio, podéis enviar un email a: amlisbona@psi.uned.es indicando en el asunto RESULTADOS SUEÑO INFANTIL

Gracias de todo corazón por tu participación




sábado, 4 de marzo de 2017

QUE NO TE ENGAÑEN. TU BEBÉ NO MURIÓ POR TU CULPA.

Fuente de la imagen: La Demajagua

Hoy leo en los blogs de Consulta de Lactancia y Lact App sobre el dramático caso de un bebé supuestamente muerto por deshidratación debido a la hipogalactia de su madre y, como a cualquier asesora de lactancia, el tratamiento que se le ha dado en los medios me produce nauseas y un "cabreo" (con perdón) difícilmente controlable. Pero, además, en esta noticia hay algo terriblemente dramático que duele hasta físicamente: el sentimiento de culpa que destila cada una de las palabras de la madre en el artículo original, que no os enlazo porque paso de dar visibilidad a una fundación dedicada a desacreditar la lactancia materna, como es Fed ist Best, en cuya web la madre del bebé hizo público su caso 5 años después de que sucediera. 

Así que desde este blog, mi casa, necesito expresar  mi dolor por esta madre, y explicarle que no, 

que le han engañado, 

que la culpa no fue suya,

ni de lejos.

Querida Jillian, ellos, el personal sanitario que te atendió en el postparto, son los único culpables. Ellos tenían la responsabilidad de controlar el establecimiento de la lactancia, y deberían haber estado preparados para identificar los signos de alarma de que el bebé se estaba deshidratando. La más novata de las monitoras de La Liga de La Leche lo debería estar, así que asumo que los profesionales con más razón. Nunca deberían haberte dado el alta en las condiciones en las que te la dieron, y que no profundizaran en hechos como que tu bebé no mojaba los suficientes pañales, o que lloraba todo el rato a pesar de estar en tus brazos mamando a demanda bien enganchado al pecho, no tiene perdón y es absolutamente incomprensible.

Querida Jillian, la lactancia materna no tuvo la culpa, como el hecho de que un corazón lata no tiene la culpa de un paro cardíaco. La lactancia materna es lo natural, es el comportamiento de base, es para un bebé como respirar con sus  pulmones, que su sangre sea impulsada por su corazón o que sus riñones produzcan su pipí. Lo normal es que los bebés nazcan y todo esto funcione bien. Pero en un pequeño porcentaje no lo hace, y por eso parimos acompañadas de personal sanitario que, en teoría, está preparado para reconocer las señales que indican que algún órgano - los pulmones, el corazón o el pecho de la madre- no funciona bien, e intervenir a tiempo para que no se produzcan males mayores. 

Por eso, si un bebé nace con problemas cardíacos, renales o pulmonares, el personal sanitario debería estar entrenado para advertirlo y darle lo antes posible el apoyo tecnológico necesario para que continúe viviendo. Pero entenderás que a nadie se le ocurre que, nada más nacer, cada criatura sea conectada a un aparato de diálisis o a un corazón externo "por si acaso". Así que ese "mejor consejo que te dieron"  en el hospital al que llevasteis a vuestro bebé tras la parada cardiaca, de que "siempre hay que dar un biberón de leche artificial tras la toma para asegurarnos de que el bebé se está alimentando bien" fue un consejo nefasto y ni de lejos el mejor que se puede dar. Porque eso es mentira. Lo que hay que hacer es saber reconocer las señales que te indican que el bebé se alimenta bien o no se alimenta bien (como se reconoce si un bebé está sano o, por el contrario, sufre insuficiencia cardiaca o renal) y, sólo en el caso de que no se esté alimentando bien, intervenir. 

Pero dar un biberón a todos los bebés "por defecto" va en contra de su salud y está absolutamente demostrado que el mal que produciría semejante acción no compensa este supuesto efecto preventivo, que en realidad no es tal porque, te aseguro y te repito, cualquier profesional medianamente competente debería ser capaz de reconocer un bebé de tres días en proceso de deshidratación mucho antes de que se produzcan daños graves o irreparables. 

Así que, querida Jillian, la culpa no fue tuya. Tú hiciste lo que tenías que hacer: Darle el pecho a demanda. Recibiste consejos nefastos, entre los cuales está ese tan peligroso que normaliza el llanto de los bebés. Porque no, no es normal que un bebé en brazos de su madre y amamantado a demanda llore. En esta cultura en la que lo normal es que el bebé sea y se mantenga separado de su madre y alimentado a no-demanda, hemos normalizado su llanto hasta un nivel francamente peligroso, porque el llanto es una señal de alarma y te aseguro que no es "normal". Si un bebé llora hay que mirar por qué. Si un bebé llora continuamente al segundo día de vida a pesar de estar en brazos de su madre y mamando correctamente y, encima, tiene signos de deshidratación (¡como que no mojó ningún pañal!!!!!), NO ES NORMAL, hay que analizar a ese bebé y esa madre con más profundidad y, desde luego, no se le puede dar el alta.

Fuente de la imagen: MadresHoy
Y cuando la lactancia no funciona se debe intervenir, por supuesto. Claro, que la leche artificial debería ser la última opción. La primera, tras el pecho de su madre, es la leche humana donada. Por eso sería importante conseguir que en todos los hospitales con maternidad hubiera un buen banco de leche. En una sociedad con una cultura de la lactancia bien establecida esto sería lo normal. Como también sería normal tener profesionales capaces de identificar un bebé deshidratado y desnutrido durante los primeros días de vida debido a problemas reales con la lactancia, y diferenciarlo de las falsas alarmas continuas que hoy en día hacen que un número innecesario de bebés reciban lactancia mixta desde el nacimiento. En la nuestra, evidentemente, no lo es. 

Y encima, que en lugar de que esta tragedia sirva para llamar la atención sobre la falta de formación en lactancia materna de los profesionales, haya por ahí una fundación (una tal Fed is Best, en "honor" a la campaña Breast is Best que pretenden desacreditar) dispuesta a utilizaros, divulgando vuestra tragedia de manera sesgada e interesada con la única finalidad de desacreditar la lactancia materna exclusiva y conseguir que todos los bebés reciban lactancia mixta (serían muchos beneficios económicos, ¿verdad? ¡Guau!!! seguro que las compañías de alimentación infantil lo notarían) es descorazonador e inaceptable. Con todas las vidas que se ha llevado la alimentación con leche artificial por delante, no hay derecho, no hay derecho y no hay derecho a que todavía se cuestione una verdad incuestionable:

LO MEJOR PARA EL BEBÉ HUMANO ES LA LECHE HUMANA

Y punto. El que se atreva a decir lo contrario debería ser denunciado y condenado, igual que condenaríamos a cualquier loco que propusiera conectar a los bebés sanos a una máquina de diálisis por si sus riñones no funcionan, o porque así nos evitamos complicaciones y es más fácil.

Así que en memoria de todos los bebés que han muerto por culpa de la falta de leche materna humana, debido a la pérdida de la cultura de la lactancia que tanto esfuerzo nos está costando recuperar, yo reclamo:

La existencia de profesionales REALMENTE bien formados en lactancia materna.

La existencia de bancos de leche humana en cada hospital y centro sanitario con maternidad.

Y, ya puestos, pena de cárcel para los fundadores de esa impresentable fundación Fed ist Best y todo el que ose poner en peligro la vida de más bebés a base de desinformar a la población. 


lunes, 3 de octubre de 2016

SOBRE TETAS CANÍBALES Y DISPARATES DIVULGATIVOS



Yo lo entiendo, de verdad que lo entiendo. 

Entiendo que es necesario poner titulares que atraigan a la gente. Que es necesario encontrar temas que atraigan a la gente. Que es necesario escribir un artículo al mes, o a la semana o al día, (porque si no, no llego a fin de mes). Que uno es periodista (o no), que tal vez no sabe mucho sobre el tema, pero le han dicho que escriba sobre él y, encima, no tiene tiempo para informarse. 

Que sí, que lo entiendo. Pero que hay cosas que no se hacen y superan mi nivel de comprensión. Y poner como titular que Los pechos se comen a sí mismos tras la lactancia es de esas cosas que no se hacen. Y dar a entender en un artículo escandalosamente falto de rigurosidad que la lactancia puede estar relacionada positivamente con el cáncer de mama, tampoco se hace. 

En primer lugar, porque ambas cosas son mentira. Y en segundo lugar,  porque decenas, si no cientos o miles, de mujeres que sienten el cáncer de mama como una amenazadora sombra en su vida -porque su propia madre o hermana lo sufrió o lo sufre, porque ven la lucha diaria de una amiga o, simplemente, porque son unas hipocondriacas aprensivas como yo misma- están, desde que tuvieron la mala suerte de poner un ojo en semejante desatino, llenas de dudas sobre si amamantar es un peligro para sus pechos porque han leído a un iluminado que dice que "Las mujeres presentan un riesgo elevado de sufrir cáncer de mama agresivo entre los cinco y los diez años posteriores a la lactancia, y la teoría hasta ahora ha sido que el proceso posterior a la lactancia podría alimentar el crecimiento del cáncer."

Vamos a ver, alma de cántaro (sí tú, Daniel Ventura. El mismo que firma el "artículo" en cuestión), si enmendamos los errores uno por uno y por el camino bien-informamos a todas las madres deseosas de amamantar a sus hijos sin miedo al cáncer:

PRIMER DISPARATE: Cuando la lactancia termina, los pechos de la mujer comienzan a devorarse a sí mismos.

Fuente de la imagen Nasreen et al 2016
Pues no, la verdad, y que manera tan feísima de titular un mecanismo tan elegante e inteligente como el descrito por Nasreen y colaboradores. Cuando la lactancia termina, todas esas células que se produjeron durante el embarazo (EMBARAZO. Fíjate bien que esto es importante; ya verás por qué más adelante), como ya no son necesarias, entran en un proceso de muerte controlada llamada APOPTOSIS, también considerado un suicidio celular. Es un mecanismo ampliamente utilizado por el cuerpo para deshacerse de todas esas células  que, por lo que sea, ya no son necesarias. La principal característica de la apoptosis es que es una muerte controlada que no produce inflamación ni daño en los tejidos circundantes, a diferencia de la NECROSIS, que es una muerte descontrolada y dañina. Cuando una célula entra en apoptosis otras se encargaran de deshacerse de sus restos, generalmente "fagocitando" los mismos. Los barrenderos profesionales de nuestro cuerpo suelen ser los macrófagos, como su propio nombre indica, pero en el caso del pecho, y debido a que se tiene que eliminar hasta un 90% de la masa de tejido utilizada para la lactancia, las propias células epiteliales mamarias se encargan de fagocitar a sus compañeras apoptóticas, porque el número de macrófagos presente no sería suficiente como para evitar que todos estos desechos celulares fueran liberados al lumen del conducto y causasen inflamación. 

Un mecanismo inteligente y muy interesante para una bióloga celular como yo, ya que conlleva que diferentes proteínas cambien de función (durante la lactancia hacen una función secretora y durante la involución pasan a tener una función en la fagocitosis). La novedad del artículo de Nasreen citado anteriormente  (que no de Naylor, como tu afirmas; Naylor solo hace un corto comentario en el mismo número de la revista), es que parece que todo está orquestado por Rac-1, ya que las células deficientes en Rac-1 no consiguen fagocitar convenientemente a sus compañeras muertas, por lo que los cuerpos apoptóticos se liberan al lumen y producen una respuesta inflamatoria que activa los macrófagos, lo que tiene como consecuencia un daño al tejido e inflamación del árbol epitelial. Por lo tanto, según los autores, Rac-1 es responsable de que esta involución se haga sin daño para los tejidos, dejando la mama preparada para volver a comenzar el ciclo de la lactancia en el próximo embarazo. 

Todo esto es interesántisimo, y a mí se me ha caído la baba viendo las estupendas fotografías con microscopios óptico, confocal (¡¡¡¡Ay!!!! Microscopio confocal!!! lo adoro!!!!) y electrónico. Es un artículo muy bonito... pero, y siento desilusionarte, sin la más mínima relevancia social. Ahora te diré por qué.

SEGUNDO DISPARATE: El proceso, identificado por un equipo dirigido por el biólogo australiano Mathew Naylor, ocurre a nivel celular y puede ser, según el artículo publicado recientemente en la prestigiosa revista Cell, un avance significativo en la comprensión del cáncer de mama.

Vale, más que disparates son errores, pero es que ¡No das una! En primer lugar, la investigación a la que te refieres ha sido publicada por Akhar, Li, Mironov y Streuli, siendo este último el director del proyecto, y el primero el "currante" oficial (dícese del becario o "precario" pre o post doctoral que está a pie de poyata haciendo los experimentos, o la mayoría de ellos, y que finalmente escribe el artículo). Este grupo de investigación está afincado en Reino Unido. Matthew J. Naylor está en Australia y sí, escribe sobre el artículo de Akhar en el mismo número de la revista, pero no dirige el proyecto, que  yo pueda ver, tal y como tu afirmas. Más me parece a mí que es un experto en el tema (su laboratorio investiga sobre los reguladores de la muerte celular transcripcionales y de la matriz celular) al que la revista ha pedido un comentario sobre el mismo, o a él le ha apetecido publicarlo. En cualquier caso, no es el que ha caracterizado el mecanismo descrito en el artículo citado. 

Y tampoco ambos artículos (el original y el comentario) se han publicado en Cell (¡Madre mía! Ni en eso te has molestado en informarte). Están en Developmental Cell (Factor de impacto 9), que no está nada mal, pero no es CELL (Factor de impacto cerca de 29).

Y por último: las repercusiones que este descubrimiento tienen o no tienen en el cáncer de mama, tal y como afirma Naylor (que yo haya leído, en el artículo original ni tocan el tema), están por ver. Por lo tanto, REPITO, un estudio muy interesante para los foros especializados pero sin ninguna relevancia social. ¿Cómo se te ocurrió utilizarlo para un artículo en el Huffington Post?

TERCER (Y PEOR) DISPARATE: Las mujeres presentan un riesgo elevado de sufrir cáncer de mama agresivo entre los cinco y los diez años posteriores a la lactancia.

No cariño: AL EMBARAZO: En palabras textuales de Naylor: 

Women have an increased risk of developing breast cancer for the first 5-10 years following PREGNANCY

PREGNANCY, esto es, EM-BA-RA-ZO.

Y por qué esto es tan importante. Porque tu error ha hecho creer a cientos, tal vez miles, de madres que por dar el pecho van a tener un riesgo mayor de tener cáncer de mama. Y no. El riesgo habrá aumentado simplemente por embarazarse porque es durante el embarazo, ya desde el primer trimestre, cuando se produce el crecimiento de los tejidos implicados en la producción y conducción de leche: conductos, alvéolos, lobulillos y lóbulos.  Es en este momento de intensa proliferación celular cuando puede aumentar el riesgo de cáncer de mama, ya que los tejidos en proliferación son más vulnerables a la producción de mutaciones que puedan dar lugar a células malignas. Por el contrario, un tejido bien diferenciado y ocupado en "sus labores", como es le caso del pecho que está dando de mamar, pocas ganas tiene de proliferar y mutar. No le queda ni tiempo ni energía. 

Por lo que dice el artículo de Naylor, el segundo momento donde POTENCIALMENTE (lo que significa que todavía no está demostrado) puede aumentar el riesgo es la involución, ya que si se acaba produciendo inflamación, o ésta se realiza de manera defectuosa, TAL VEZ (no se sabe a ciencia cierta) aumente el riesgo. Pero este riesgo no está en absoluto relacionado (y mucho menos POSITIVAMENTE RELACIONADO) con la lactancia. Cuando una mujer se queda embarazada las glándulas mamarias van a aumentar y luego involucionar, independientemente de si entre ambos procesos ha dado o no de mamar. Y es precisamente el dar de mamar lo que se ha demostrado sin lugar a dudas como un factor que PREVIENE el cáncer de mama. 

Por otra parte, y a pesar de que el riesgo de cáncer de mama aumente en este periodo de 5 a 10 años tras el embarazo, según Helewa y colaboradores, considerando el riesgo total durante toda la vida, éste todavía es menor en la mujer que ha tenido hijos que en la mujer que no se ha quedado embarazada nunca (nulípara).  

Mira si cambia el mensaje cuando se empieza a añadir este tipo de información relevante ¿Verdad?

Así que con tu pésimo ejemplo de divulgación estás dando a las mujeres exactamente el mensaje contrario a la realidad. LA LACTANCIA MATERNA ES UN FACTOR PREVENTIVO EN EL CÁNCER DE MAMA. Esa es la realidad. 

Y es que todo este proceso de crecimiento de la glándula mamaria en el embarazo e involución posterior tiene como objetivo único la lactancia materna. Cuando esta no ocurre, es evidente que hay más probabilidades de que algo no se realice correctamente. La falta de lactancia materna tras el embarazo y parto, o los destetes tempranos y bruscos, que generalmente sí producen inflamación, posiblemente puedan estar relacionados con un aumento del riesgo. Pero ¡OJO! Que estas afirmaciones también son hipótesis, de ahí que no pare de usar el condicional. De momento la única certeza es que la lactancia es un factor preventivo del cáncer de mama, incluso en las condiciones en las que se realiza predominantemente en nuestra sociedad occidental (destetes tempranos, pocos hijos y muy tarde, etc.).

Una lactancia "natural" (de varios años) seguida por un destete paulatino que da tiempo a las células a ir limpiando el material apoptótico de manera paulatina y sin traumas, muy posiblemente conlleve una disminución del riesgo de cáncer de mama muy significativa. Teniendo en cuenta que en nuestra sociedad este tipo de lactancias "prolongadas" y naturales son excepcionales, esto está todavía por  investigar y demostrar. Pero a mi no me sorprendería nada que estas evidencias aparecieran en un futuro cercano, ahora que la lactancia materna está recibiendo el apoyo unánime que merece por parte de las organizaciones y autoridades sanitarias, a pesar de los intereses económicos de ciertas empresas alimentarias y las meteduras de pata de algunos sectores de los medios de comunicación. 


jueves, 11 de junio de 2015

SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA

Fuente: asociacionsina.org
Que el lugar en dónde duerme el bebé, o mejor dicho, si duerme cerca o lejos de mamá, afecta a la lactancia materna es un hecho perfectamente comprobado. Numerosos estudios han demostrado ya que el colecho con la madre favorece la lactancia materna. 

Lo que parece que no está tan claro  según los investigadores del sueño Hauck y Moon, ambos miembros del comité de expertos encargado de hacer las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) sobre dónde y cómo deben dormir los bebés es si el colecho entendido como compartir cama afecta de manera diferente al colecho entendido como compartir habitación (pero no cama). A mí me parece evidente que va a afectar y, al igual que investigadores como Bartick y Smith, opino que las actuales recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) (en las cuales se desaconseja el colecho entendido como compartir cama y se alienta a poner al bebé en su cuna y no en la cama de los padres aunque, eso sí, en la misma habitación que ellos)  interfieren con el establecimiento de la lactancia materna. Pero Hauck y Moon aluden a la falta de estudios comparando los dos tipos de colecho (compartiendo cama y compartiendo sólo habitación, pero no cama) para dudar del cuestionamiento a sus recomendaciones. 

Ante las afirmaciones de estos dos científicos a mí me ha picado el gusanillo de la curiosidad y dada la alucinantemente buena respuesta que obtuve con el primer cuestionario - estamos ya a menos de 100 respuestas para tener ¡3000! - me he animado a hacer otro mucho más cortito y sencillo con el fin de elucidar si compartir cama o no compartir cama afecta a la duración de la lactancia materna. 

Así que me animo a pasaros este pequeño cuestionario y a pediros, de nuevo, vuestra colaboración. En este caso necesito que seáis madres o padres de niños que ya hayan cumplido los 2 años. No hay límite superior de edad, de hecho me interesa los que ya tengáis niños que se han destetado de manera natural a los 5, 6, 7 o más años de edad. 

Muchísimas gracias de nuevo a todos. No veáis lo que estoy disfrutando con estas investigaciones. En cuanto haya trabajado con los datos os haré llegar los resultados. 





lunes, 9 de febrero de 2015

GRACIAS DOCTOR GONZALEZ CANO. Ahora, Empecemos a Debatir.

Él sabía que le íbamos a dar publicidad, que muchas de nosotras seríamos radicales, irracionales, emocionales y alocadas. Sabía que también hay gente con muchas ganas de ponerse de su lado en contra de esas "talibanas de la teta" y que muchos profesionales - esos que a la chita callando, desde sus consultas, se cargan tantas lactancias maternas día a día - le darían golpecitos en el hombro y le compadecerían por el brutal ataque de las extremistas del que estaba siendo víctima. También sabía que muchas madres se sentirían a gusto con su discurso, como no. Y es que hay dimensiones en la lactancia materna a las que no llega la ciencia basada en evidencia.

Sabía, por supuesto, que los organismos oficiales se desmarcarían de sus declaraciones y consejos, de manera tibia algunos, más tajante otros. Con eso ya contaba y ni le asusta ni molesta. Ahí están todos esos libros anti- vacuna, por ejemplo, mucho peores que el suyo y mucho más en contra de la evidencia, según su criterio. Así que, si le echan en cara el pequeño detalle de que sus palabras van en contra de todas recomendaciones sobre lactancia materna, con recordar toda la literatura de divulgación  que contiene declaraciones en contra de las recomendaciones oficiales, ya tiene suficiente. Muchos de los gurús de esas "talibanas" tienen declaraciones polémicas, como que dejar llorar a los niños produce efectos indeseables, cuando las sociedades del sueño recomiendan las técnicas de adiestramiento basadas en dejar llorar para la educación del sueño infantil. Otros incluso animan a colechar con bebés, a pesar de que las sociedades de pediatría recomiendan que estos duerman en sus cuna  por seguridad. Así que, ¡que coño! Que sean consecuentes y respeten todo o no respeten nada. 

Y luego no olvidemos la sagrada libertad de expresión. Precisamente ahora es una buen momento para recordar esa libertad de expresión que no debe ser amenazada bajo ningún concepto. No olvidemos que por defender nuestro derecho a la libertad de expresión hay gente que ha perdido la vida. Recientemente hemos vivido un triste ejemplo de ello. En este contexto, el hecho de que la presentación de su libro "tuviera" que ser cancelada por "presiones y amenazas", ha sido perfecto para recordar  los más oscuros tiempos de la dictadura. Ya se sabe que las madres lactantes somos tan amenazadoras como  la Brigada Político-Social. O tal vez más. Fíjate que podemos castigar a los insurrectos con un chorro de leche materna en plena cara. Realmente aterrador. 

Así que al final todo le salió a pedir de boca y, hoy por hoy, tal vez sea uno de los pediatras más citados en las redes sociales e, incluso, tuvo sus cinco minutos de gloria en televisión. ¿Qué más se puede pedir? Probablemente ya esté planeando un próximo libro. Tal vez sea bueno colaborar con alguna estrella muy mediática, de esas que no tienen nada que contar pero venden mucho. En este país eso puede resultar de lo más rentable. Y luego están algunos médicos con mucha experiencia en eso de escribir bestsellers con normas de adiestramiento para padres. Una colaboración con ellos tampoco sería mala idea. Esto tiene futuro. 

Yo al principio no quería sumarme a las reacciones en contra de este señor para no darle el gusto de tener más publicidad gratuita. Pero luego leí artículos fascinantes, como los escritos por blogueras como Nohemí Hervada (leed toda la serie, es altamente recomendable), Irene García Perulero (1, 2, 3), Mónica de FelipeTeresa Escudero, Pilar Martínez, u organizaciones médicas como APILAM y la AEP, y pensé que tal vez valiera la pena mirar esta situación desde otra perspectiva. 

Y es que, no lo vamos a negar, - y como muy bien apuntaba el otro día mi querida Ximena Silva (Doula en Suiza) - el doctor González Cano acaba de sacar de debajo de la alfombra todos esos prejuicios, tabúes culturales y creencias casposas, patriarcales y machistas que empañan el ejercicio de la pediatría en nuestro país y, posiblemente, en toda la cultura occidental. José María González Cano más claro no ha podido ser, y sus palabras reflejan a la perfección la imagen de la mujer sucia, imperfecta, pecaminosa, empeñada en dañar a su hijo con la leche que mana de sus pechos, poniendo en peligro la integridad física y moral de la criatura. Todo su discurso ofrece una visión de la lactancia y la maternidad como una relación incestuosa, sucia, dañina y pecaminosa.   

Y esto es lo mejor que podía pasar. Ya es hora de que se ponga toda esta porquería encima de la mesa, delante de los padres y de los profesionales, para que pueda ser convenientemente limpiada y destruida de una vez. Porque tal y como comprobamos cada día las asesoras de lactancia de todo el mundo, los pediatras que todavía van diciendo a las madres todas esas incongruencias y falacias que el doctor Gonzalez Cano expone tan abierta y claramente en su libro, son inaceptablemente numerosos, hasta el punto de que las madres realmente interesadas en defender su lactancia tienen verdaderas dificultades para encontrar un profesional coherente, bien formado e informado en el que confiar plenamente para el cuidado de la salud de su hijo. 

Y esta situación es inaceptable y debe ser cambiada ya. Y ¿Qué mejor oportunidad para cambiarla que exponerla abiertamente? Porque en teoría todos los profesionales de la pediatría deberían ceñirse a las recomendaciones de su sociedad (en este caso la AEP) en cuanto a la promoción y defensa de la lactancia materna. Es evidente que deben existir razones importante para que esto no se consiga. Difícilmente vamos a encontrar estas razones y solventarlas si no encaramos la situación abiertamente y entre todos los actores implicados: pediatras, familias, y profesionales de la lactancia materna y la nutrición infantil, todos y de todas las tendencias. 

La lactancia materna es algo más que una cuestión de salud. En nuestra cultura, por motivos históricos de sobra ya conocidos, es un tema extremadamente complejo con múltiples dimensiones - políticas, sociales, económicas, culturales, emocionales, etc... - que deben ser convenientemente consideradas a la hora de diseñar estrategias que la resguarden y defiendan. Difícilmente conseguiremos hacerlo sin poner toda la situación al descubierto, y el doctor García Cano acaba de exponer la parte escondida y extraoficial, de todo este asunto. Acaba de poner cara a toda esa multitud de pediatras que se salta a la torera la evidencia científica, y eso es bueno. De hecho es muy bueno. Es genial.

Ahora es el momento del debate. Es el momento de que los profesionales de la ciencia le recuerden los consensos a los que han llegado y el porqué de sus recomendaciones. Es el momento de que las mujeres le informemos de por qué amamantamos, de lo que sentimos al amamantar, de por qué sentimos lo que sentimos al amamantar, de por qué tenemos derecho a sentir lo que sentimos, de por qué sentir lo que sentimos es bueno, saludable, conveniente y natural, mientras que lo que el supone correcto, es en realidad enfermizo, antinatural, aberrante y producto de una cultura concreta que ha dado lugar a una sociedad sexualmente mutilada y enferma. 

Es hora de que se hable abiertamente y entre todos de sexualidad, cultura, prejuicios, salud, biología, filosofía, sociología, política, etc... Es hora de poner todas las dimensiones de la lactancia encima de la mesa: las oficiales y las extraoficiales, las claras y las oscuras, las aceptadas y las rechazadas, las conocidas y las ignoradas. 

Para alcanzar la situación que todos queremos alcanzar, que no es otra que conseguir que cada mujer madre se sienta absolutamente libre, apoyada y respaldada en su lactancia, todos los actores implicados deben ser reconocidos e invitados al debate y, que duda cabe, el doctor Gonzalez Cano es el representante de un grupo importante que no puede, ni debe, ser ignorado. 

Así que, aunque acabe con la cara llena de leche (que no de leches, porque nosotras nunca nos defendemos a leches), gracias por dar la cara doctor, y bienvenido al debate. 

Ya estamos todos presentes y preparados. Comencemos a debatir de verdad. 



















miércoles, 4 de febrero de 2015

ÉRASE UNA VEZ................

ÉRASE UNA VEZ....... UNOS MÉDICOS ENGREÍDOS Y UNA CIENCIA NADA CIENTÍFICA

Érase una vez una sociedad que decidió separar a las criaturas de sus madres para obtener adultos sumisos al sistema. Convirtió a la mujer en sucia, impura, pecadora, defectuosa y débil, consiguiendo que se sintiera incapaz de parir, incapaz de criar o incluso incapaz de vivir sin una autoridad que le marcara el camino. Una autoridad masculina, por supuesto. 

Y es que mantener la autoridad del patriarca dentro del círculo familiar y la producción de herederos sumisos al sistema imperante pasaba por romper el vínculo más inmenso, sostenedor y protector que se puede formar entre seres humanos: el que se forma entre la madre y su hijo. Y así, las mujeres que ocupaban los puestos más altos en la escala social tenían prohibido criar a sus propios hijos, los cuales eran puestos en manos de nodrizas: mujeres de casta inferior destinadas al "nada valorado" y  vergonzoso (porque suponía fluidos, piel, tetas y pezones, o sea, cuerpo femenino) acto de amamantar y criar. El parto no lo pudieron transferir a las nodrizas, porque si lo hacían el bebé no llevaría la sangre "superior"  del patriarca y su mujer. Pero consiguieron interferir con el proceso del nacimiento lo suficiente como para poner en serio peligro la vida de madre e hijo (por lo tanto convirtieron el parto en un acto peligrosísimo que el médico debe controlar sí o sí) y conseguir que la madre no protestara cuando le separaran de su bebé y se lo dieran a otra mujer para su crianza. Ni que decir tiene que los bebés morían como moscas. 

Érase  otra vez que la misma sociedad, unos siglos más tarde, decidió que la mujer podía emanciparse de su padre/marido esclavizándose en el mundo laboral. Ahora ya no fueron sólo las aristócratas, tampoco la clase media ni la clase trabajadora tendría tiempo y derecho para criar a sus hijos, y la lactancia pasó a ser un estorbo inteligentemente solucionado por un sagaz empresario que descubrió un filón de oro adaptando la leche de vaca al consumo del bebé humano. Una adaptación defectuosa que costaría la vida y la salud a millones de criaturas ( y a sus madres). 

Érase una vez más que las madres, despojadas de sus atributos y habilidades naturales para la crianza de sus hijos durante tantos siglos, convencidas de que sus cuerpos eran sucios, defectuosos e inferiores a los productos del admirado y respetado intelecto humano (másculino, para ser más concretos) volvieron la mirada hacia los "expertos" en espera de recibir instrucciones de qué hacer y cómo hacerlo con sus retoños. Porque los bebés se morían, y ellas tenían miedo. 

Y ocurrió entonces que los "expertos", como eran tan sabios porque habían estudiado tanto y les llamaban "señor doctor", consideraron que eran mucho más inteligentes que miles de años de evolución y se otorgaron la autoridad de decirles a las madres cómo criar a sus hijos. Y así, mirando el mundo desde la estrecha ventana de su propia cultura, naturalizaron las costumbres culturales y - y aquí cometieron la más grande de sus aberraciones - normativizaron dichas costumbres en nombre de la respetable ciencia médica. Llenaron así la crianza de absurdas normas "racionales" nacidas de sus propios perjuicios personales y culturales, nunca convenientemente valoradas por el verdadero método científico y la ciencia basada en evidencia, la cual va mucho más allá de las fronteras del mundo de la medicina. 

Y érase de nuevo que un tal doctor Holtz tuvo la genial idea de poner por escrito todas esas "brillanteces", dando comienzo a los que durante el siglo siguiente sería uno de los negocios más rentables del mundo editorial: la literatura de crianza para padres. Y así, las bibliotecas de todos los hogares se llenaron de reglas estrictas en cuanto a la alimentación, el sueño y la crianza en general de los niños. Normas que nadie osó poner en duda porque las escribían los expertos en nombre de la ciencia médica. Gracias a todos estos doctos volúmenes divulgativos, millones de madres en todo el mundo dejamos que nuestros pechos se hincharán hasta producirnos fiebre porque "por la noche mejor destetar cuanto antes"  o "no hay que dar antes de dos horas porque si no no hace bien la digestión", dejamos llorar a nuestros bebés en la oscuridad de sus habitaciones para que desarrollaran "buenos hábitos del sueño", millones de niños murieron porque había que "acostarlos boca abajo" y debían "dormir solos", preparamos interminables papillas que teníamos que ofrecer a los 4 o 6 meses porque nuestra leche "ya no alimentaba", y nos desesperábamos cuando nuestro bebé escupía la papilla y lloraba reclamando teta, que le negábamos en nombre de la ciencia (la de nuestro pediatra o su último bestseller). 



ÉRASE UNA VEZ................ LA REALIDAD DESCUBIERTA EN LAS POYATAS


Pero a medida que el método científico y la ciencia multidisciplinar basada en evidencia afianzaron su poder dentro de la medicina, empezó a tambalearse todo este engreído positivismo. Desde mediados del siglo XX, momento en el que cientos de grupos de investigación empezaron a poner sobre la poyata todas esas prácticas que los pediatras habían convertido en normas, fue afianzándose la idea de que la gran mayoría de ellas eran más nocivas que beneficiosas. 

Al final la verdadera ciencia desenmascaraba a la pseudociencia nacida de la miopía cultural y el engreimiento clasista, devolviendo al cuerpo maternal su lugar de honor en el nacimiento y la crianza de sus hijos: dónde mejor están los bebés es sobre el cuerpo de su madre, bebiendo de su pecho, en contacto con su piel,  o sea, siendo amados por ella

Evidentemente esta revelación provocó una verdadera crisis dentro de la sociedad en la que la crianza de los hijos había sido relegada al último rincón de lo no valorado socialmente, mientras se exigía a las mujeres una masculinización en toda regla si querían ser personajes mínimamente presentes y presentables en la comunidad. Así apareció el feminismo anti lactancia, anti-amor maternal, anti-deseo maternal y anti-cuidado de los hijos que se enfrentó, y se enfrenta, con uñas y dientes al feminismo que reclama la feminización de la sociedad, la revalorización de la crianza y del papel del cuidador y, en resumen, la priorización del cuidado y del amor por encima de la mera producción. 

Pero en esta confrontación no debería entrar el mundo de los profesionales de la ciencia, especialmente los de la ciencia de la pediatría, la psicología o la obstetricia. No a nivel profesional, se entiende. Personalmente pueden hacer, decir o escribir lo que quieran. Pero cuando actúan (escriben, hablan o tratan) como pediatras, obstetras o psicólogos deben ceñirse a las evidencias científicas aceptadas por las sociedades profesionales a las que pertenecen o por las organizaciones internacionales de mayor autoridad. 

Ciertamente, esto es más fácil de decir que de hacer, porque si algo caracteriza al mundo científico es el debate y la falta de unanimidad a la hora de considerar lo que es o no una evidencia.  Y siempre habrá temas más polémicos que otros. En algunas áreas es realmente complicado encontrar una postura mayoritaria o realmente bien fundamentada. Todavía queda mucho campo abierto por explorar y la propia ciencia reconoce que es hija de su tiempo y de la cultura que la ha creado, por lo que no se desarrolla ni libre ni por encima de los determinantes culturales. Todos sabemos que los intereses económicos y políticos también impregnan no solo la investigación científica, sino también las sociedades científicas y médicas de las diferentes disciplinas. 

Un ejemplo de un tema controvertido y polémico lo tenemos en el tema del sueño infantil, área que soporta un inmenso peso cultural y en la cual existe un enorme debate en cuanto a las recomendaciones oficiales de cómo, dónde, cuánto y cuándo deben dormir los bebés y niños. Mientras que las evidencias científicas obligan a que en ciertos temas exista ya prácticamente unanimidad de criterios, en muchos otros todavía no hay un consenso generalizado. Por ejemplo, existen tremendas controversias sobre la seguridad de colechar con los menores de 3 meses, a pesar de que hoy en día ningún profesional puede ya discutir con las evidencias en la mano el hecho de que el colecho entre padres e hijos (por encima de los tres meses de edad) es una  práctica perfectamente conveniente y saludable, teniendo que admitir que el rechazo mostrado a esta práctica por los profesionales de la pediatría del siglo pasado  tenía su origen en motivos meramente culturales. 

Cuando un tema es tan polémico a nivel de los foros científicos, el experto se encuentra con una enorme dificultad a la hora de trasmitir información correcta y honestamente en los medios de comunicación dedicados a la divulgación sobre crianza para padres. A pesar de esta dificultad, cuando un profesional saca uno de estos temas de estos foros científicos para presentárselo a los padres con el fin de dar consejos y estrategias  de crianza, lo mínimo que debería hacer es comunicar el hecho de que existen posturas contrarias perfectamente fundamentadas. Así, en el tema del sueño infantil, de un discurso en el que sólo se hablaba de las maneras de conseguir el sueño en solitario a toda costa, dominante en el siglo XX, estamos pasando a una literatura mucho más abierta y moderada, en la que el experto (pediatra o psicólogo) admite la bondad de dormir con nuestros hijos, y cuando ofrece la posibilidad de estrategias para el sueño en solitario, la mayoría de las veces éstas ya no están basadas en dejar llorar al bebé en soledad. Esta forma de comunicación estaría en concordancia con la evolución observada en la literatura científica. Desgraciadamente todavía queda bastante literatura divulgativa, remanentes del siglo XX, con posturas rígidas y obsoletas de las manos de profesionales poco dispuestos actualizarse y progresar. Pero el cambio de tendencia es ya evidente y esperanzador. 

A pesar de que por su propia naturaleza la ciencia basada en evidencia invita más al debate que a la aceptación de verdades universales, existen áreas en el mundo de la pediatría dónde encontramos una sorprendente unanimidad. Un ejemplo representativo de ello sería la lactancia materna. Y es que todos los profesionales de la salud son conscientes, o deberían serlo, de hasta que punto los determinantes culturales han obstaculizado y puesto en peligro una de las principales funciones imprescindibles para la supervivencia de nuestros bebés: el amamantamiento. La lactancia materna ha sido una de las grandes víctimas de nuestra cultura, lo que ha supuesto un evidente peligro para la salud y el bienestar de nuestros hijos, no sólo a corto plazo, sino también a medio y largo plazo. Por eso, y a pesar de las enorme implicaciones políticas, sociales, culturales y hasta emocionales que supone una política de apoyo y defensa de la misma, las evidencias científicas son tan brutales y claras a favor de la leche materna y en detrimento de la leche adaptada, que desde la medicina sólo hay un mensaje ética y moralmente aceptable: La defensa a ultranza de la lactancia materna.  

Por eso, y a pesar de ir en evidente contracción con intereses económicos y hasta políticos, a día de hoy puedo asegurar que NINGUNA sociedad médica consideraría la lactancia materna inferior a la alimentación con leche de fórmula en ningún momento del desarrollo. De la misma manera NINGUNA sociedad médica propone un momento adecuado para destetar. TODAS hablan de un tiempo MÍNIMO de lactancia. Ninguna de un tiempo máximo de lactancia. TODAS aceptan que la lactancia materna supone enormes beneficios para la madre y el bebé, beneficios que aumentan con la duración de la lactancia. Esto es un hecho. Este hecho debería ser respetado por todos los profesionales de la pediatría que escriban, hablen o traten la lactancia materna con los padres. 



ÉRASE UNA VEZ.......................... LOS NUEVOS PROFESIONALES DEL SIGLO XXI


Si esto fuera así ya podríamos cerrar esta historia con un "colorín, colorado, este cuento se ha acabado" y ponernos a "comer perdices". Pero no. Todavía no se ha acabado el cuento. La libertad de las madres para saciar las necesidades primales de nuestros hijos sigue siendo coaccionada por los profesionales de la medicina o la psicología que nos ningunean, ridiculiza, humillan y mienten descaradamente, violando brutalmente las normas más básicas de su profesión. Profesionales que descubren en temas como el sueño infantil y la lactancia materna verdaderos filones de oro de los que sacar enormes beneficios a base de transmitir la información de manera sesgada y manipulada, cuando no mintiendo directamente,  y pasándose por "el ojete del culete" (con perdón) todas las evidencias científicas, junto con las recomendaciones oficiales de los organismos de más autoridad (a los que, por otra parte, pertenecen). Para estos profesionales yo exijo la destitución de sus funciones porque no hay derecho a que los tengamos que sufrir. Son un peligro, para nuestra salud y la de nuestros hijos. Algunos de ellos ocupan posiciones de poder en hospitales públicos. Me niego a pagar con mis impuestos el sueldo de semejantes peligros públicos

Pero, gracias a Dios, también están todos estos profesionales, cada vez más numerosos, visibles y conocidos, que desde su afán de conocimiento y su amor por los pacientes luchan cada día en su consulta o desde sus libros, sus charlas y sus apariciones públicas para ofrecernos a los padres todas las alternativas, toda la información y toda su enorme experiencia. Para ellos va mi enorme agradecimiento. Y es con ellos con los que quiero terminar este post. 

José María Paricio Talayero (pediatra), Carlos Gonzalez (pediatra), Rosa Jové (Psicóloga), Leslie Power (psicóloga), Inma Marcos (matrona), Adolfo Gómez Papi (pediatra), Ibone Olza (psiquiatra infantil), Carmela Baeza (médico, IBCLC), María Jose García Robles (enfermera), Ramón Soler (psicólogo), Mónica Serrano (psicóloga), Carolina Iglesias (matrona), Montse Lapastora (psicóloga), Anna Badia (psicóloga),  Silvia Fernández Sánchez (Pediatra e IBCLC), Margarita Tomico, (pediatra e IBCLC), Marta Blanco Herranz (enfermera), Armando Bastida (enfermero), Maisa Martínez de Alegría (enfermera e IBCLC), Belén Abarca Sánchis (enfermera e IBCLC), Laura Lecumberri Esparza (matrona), Gema Sanchez Bermejo (enfermera), Jaime García Aguado (pediatra), Teresa Escudero (médico de familia), Anabel Carabantes (matrona), Clara Camacho (psicóloga), Maria Teresa Hernández Aguilar (pediatra), Antonio Oliver-Roig (matrona), Rosario Cantó García (matrona), Rocío Martín Gil (médico anestesista e IBCLC) y Choni Gómez (matrona), Maite Valera (pediatra e IBCLC), Javier Navarro (pediatra),  Rafael del Pozo (médico defamilia), Jesus Garrido García (pediatra),  José Luis Gonzalo (psicólogo), Iris Raga (psicóloga),  Katalina Legarra (matrona),  Adelina Garcia (enfermera, IBCLC),  María García Franco (enfermera),Juan José Lasarte Velillas (pediatra),  Encarnación Zapata Callejón (psicóloga), Louma Sade Bujana (odontóloga), Carolina Jiménez Yuste (odontóloga),  Irene Iglesias Rubio (odontóloga), M Jesús Pedreño García (matrona), ,Iratxe Serrano Avila (pedagoga), Mariela Cacciola (psicóloga), etc... 

Sois todos los que estáis pero no estáis todos los que sois. Afortunadamente el número de profesionales excelentes es tan numeroso que mis contactos de facebook y yo (ellos me han propuesto muchos de los nombres aquí citados) no podemos conoceros a todos. Pero quiero que sepáis que nosotros, los padres, valoramos enormemente vuestro esfuerzo, confiamos plenamente en vuestra sabiduría y nos sentimos extremadamente agradecidos de poder contar con vosotros, vuestros conocimientos y vuestra experiencia en el cuidado de la salud de nuestros hijos. Sabemos que no siempre estáis reconocidos como os merecéis. Que muchas veces habéis sido claramente maltratados por este sistema de salud con intereses más económicos y políticos que humanos. Pero nosotros os reconocemos porque ya no somos una población idiotizada y asustada que traga con todo lo que le dan. En esta sociedad de la información, una población cada vez mejor informada y formada valora vuestro esfuerzo y vuestra excelencia.

Seguimos contando con vosotros. Gracias por estar ahí. 


viernes, 14 de marzo de 2014

DECLARACIONES SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA...... QUE ROMPEN EL ALMA

Facebook está que arde.

Y no es para menos. Ayer con las poco afortunadas declaraciones de Anna Pedraza, presidenta de la Associació Catalana d'Infermeria Pediàtricasobre la incapacidad para amamantar de una madre desnutrida, declaraciones que los medios de comunicación no tardaron en aprovechar desvirtuando la lactancia materna todavía más. Y hoy con la presentación en sociedad de un Estudio sobre el Sueño de Dodot (lo que no nos han dicho es en que peer review journal saldrá o ha salido publicado) y las declaraciones, también francamente desafortunadas, del doctor Diego García Borreguero, presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES) y director del Instituto Investigaciones del sueño (IIS), según las cuales, y cito textualmente, "Un bebé debería saber dormir con un mes y medio de vida".

No voy a entretenerme demasiado en desmontar todos estos discursos ya que otros lo han hecho ya de manera brillante. Sin duda el que más respuestas ha generado hasta el momento ha sido la pifiada de la asociación de enfermeras. Diversas organizaciones pro-lactancia materna, así como IBCLCs y asesoras de lactancia, ya han hecho público su rechazo unilateral a las declaraciones que ponen en duda la capacidad de amamantar de una madre desnutrida, así como la necesidad de donar leche artificial para solventar el "problema". Me gustaría destacar aquí los artículos de Eloisa Lopez en su blog Una Maternidad Diferente: Lactancia materna y desnutrición, y de Ileana Medina en el blog Tenemos Tetas: Éramos pocos y parió la abuela (lactancia, malnutrición y crisis). También el de la periodista Gema Lendoiro en su blog Madre no Hay más que Una: ¿Por qué la leche materna sí es buena aunque la madre esté desnutrida? Igualmente destacables son el comunicado de los GALM (Grupos de Apoyo a la Lactancia Materna) Andaluces, el de La Federación Catalana de grupos de Apoyo a la Lactancia Materna y el del Comité de Lactancia Materna de La Asociación Española de Pediatría (AEP). Pero ha habido muchas más, todas diciendo más o menos lo mismo porque, francamente, no hay mucho que decir más allá de que el mejor alimento para el bebé es la leche de su madre aunque ésta esté desnutrida, y que si se quiere hacer algo a favor de la salud y bienestar de esta criatura es ayudar a la madre a alimentarse mejor, y no donar leche artificial. Mejor donemos a las madres una cesta llena de verduras, hortalizas, frutas, carnes y pescados frescos y dejémonos de leche de fórmula, por favor. Seamos sensatos. Las verdaderas razones que hacen peligrar la producción de leche de una mujer las analiza la periodista y experta en crianza Mireia Long en su artículo: "Razones por las que las españolas no tienen suficiente leche".

Esto fue ayer.  Y hoy, junto con los últimos coletazos de las declaraciones de la asociación de enfermería, he recibido en mi muro un artículo del ABC en el que el antes citado doctor Diego Garcia Borreguero, eminente neurólogo especializado en sueño y presidente de la SES, nos asegura que los bebés deben saber dormir a partir del mes y medio y que, más allá de dormir toda la noche, lo importante es que se duerman SOLOS y no MOLESTEN en TODA LA NOCHE. Este artículo me ha llegado acompañado por un programa de televisión en el que se habla de la presentación del Estudio del Sueño de DODOT, realizado precisamente en colaboración con el citado doctor. En dicho programa se presenta el colecho con el bebé como una seria amenaza contra su vida, además de considerar que fomenta un "apego excesivo" con la madre.

Siendo monitora de La Liga de la Leche y autora de El Debate Científico sobre el Sueño Infantil, llevo desde ayer con la incómoda sensación de que me tengo que pronunciar sobre todo esto aquí, en mi blog. Pero, que queréis que os diga. Estoy cansada. Estoy muy cansada. Estoy absolutamente agotada de repetir una y otra vez lo mismo con diferentes palabras. Estoy cansada de escandalizarme de la estrechez de miras de gente eminente, inteligente y con poder. Estoy hasta asustada de que esto pueda pasar y de que esté pasando. 

Porque ¿Que más puedo hacer y decir? Ante las declaraciones del doctor García Borreguero solo tengo un proyecto con más de 500 artículos especializados citados en el que se puede ver claramente el origen del sueño en solitario, su falta de fundamentos científicos, la posibilidad de que sea incluso nocivo, la bondad del colecho, su predominancia entre los mamíferos, entre los primates e incluso entre los humanos a lo largo de la historia y entre las diferentes culturas. Y con esta información en mi cabeza tengo que leer que el presidente de la Sociedad Española del Sueño declara que los bebés DEBEN dormir solos porque si no se puede producir un apego excesivo, o que deben dormir toda la noche sin molestar, solos, naturalmente (o mejor dicho, culturalmente). 

Tras leer las conclusiones de numerosos investigadores cuyos trabajos demuestran la enorme variabilidad existente en el sueño de los niños alrededor del mundo y a lo largo de la historia, tanto en el cuanto como en el como o en el donde, y la absoluta incapacidad para declarar unas costumbres mejor que otras, más saludables que otras, más convenientes que otras, tengo que leer al presidente de la SES diciendo que los niños al mes y medio ya deben dormir de un tirón toda la noche y que si a los cinco años duermen siesta son "anormales". 

Y pensar que a mis casi 44 años yo ADORO dormir una siesta cuando me lo permiten. No sabia que era tan anormal. 

Y resulta que, casualidades de la vida, hace muy poco tiempo tuve en mis manos el siguiente trabajo: 



 PNAS 2013; 110 (43): 17267–17272.  



En este trabajo los autores observaron que los niños en edad preescolar que habían dormido una siesta recordaban unas localizaciones espaciales (en un juego tipo Memory)  un 10%  mejor que los niños que no habían dormido. Este efecto se mantenía las 24 horas siguientes, a pesar de que los niños del grupo control tuvieron la oportunidad de dormir durante la noche igual que los niños que habían dormido siesta, por lo que el efecto no se puede atribuir al simple cansancio. También observaron que este efecto estaba directamente relacionado con la densidad de husos observadas durante la siesta. Ante estos resultados los autores concluyeron que el sueño bifásico (sueño nocturno y siesta) es crítico para el aprendizaje a estas edades, cuando la capacidad de almacenaje de la memoria a corto plazo es limitada y por lo tanto necesita ser consolidada con más frecuencia.

Cierto que en este estudio la edad media de los niños rondaba los 4 años (47 meses), pero tenían niños entre los 3 años (36 meses) y los cinco años y medio (67 meses). Por lo tanto es evidente que no se espera que los niños dejen de dormir la sienta a los cinco años, que se asume que es normal dormirla a los cinco años y, no solo eso, sino que dormir la siesta a esa edad tiene importantes funciones cognitivas. 

¡Toma ya! y el artículo es un PNAS, nada menos (Su factor de impacto ronda los 10. Para que os hagáis una idea, las revistas Sleep y Pediatrics rondan los 5).

Pero nuestro presidente de la SES afirma que la siesta de los niños de 5 años es ANORMAL. 

¿Hace falta comentar más?

Porque podríamos seguir hablando de que el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, nuestro principal reloj interno, no madura hasta los 3 meses así que ya me puede explicar el doctor García Borreguero en que basa su afirmación de que al mes y medio ya deben "saber dormir" ¡Hasta el doctor Estivill respetó esta barrera teórica de los tres meses en su polémica afirmación de que su método sólo se aplicaba a partir de esa edad!

Y no sigo porque me eternizo. No vale la pena. Si me pongo ahora a desmontar las afirmaciones que se hicieron sobre el colecho no acabo nunca. Rafi Lopez, autora de la ya legendaria página sobre el sueño infantil Dormir sin Llorar, ha escrito un post magnífico al que os quiero remitir si tenéis más interés sobre el tema: En respuesta a A3 noticias: El colecho es seguro. Y la guinda sobre este tema la pone Delia Carballo al denunciar una fotografía publicada por la propia SES en un cartel que anuncia El Día Mundial del Sueño 2014, en el que un padre duerme con un bebé en brazos ¡En un sofa! en unas condiciones absolutamente incompatibles con un colecho seguro. Ni que decir tiene que esta foto es una excelente prueba de la incoherencia e ignorancia de la que esta asociación hace gala en lo que al sueño infantil se refiere: Colecho seguro en el Día Mundial del SueñoY si a alguno os apetece profundizar más en las implicaciones del colecho os aconsejo leer el capítulo 4 de la revisión del sueño.

Yo, de verdad, estoy muy cansada. Cansada de repetir lo mismo una y otra vez. Cansada de comprobar la falta de rigurosidad, la estrechez de miras, la mirada sesgada y la falta de perspectiva que nos demuestran estos profesionales. Profesionales punteros en su especialidad. 

Cansada y terriblemente decepcionada. 

Y me hago la misma pregunta que se hace la periodista Gema Lendoiro: