domingo, 14 de agosto de 2011

NOSOTROS, REFLEJOS DE NUESTRA INFANCIA


En la revista Mujer Hoy, del diario La Rioja, ha salido publicado un artículo firmado por la escritora y periodista Julia Navarro y que he leído hoy, entre dar la crema solar a un niño, poner el bañador a otro y convencer al tercero para que bajemos a la playa. Un artículo que, así leído, rápido y un poco en diagonal, me ha dejado mal sabor de boca.

¿Por qué?

Tal vez porque a medida que leía solo recibía un mensaje: disciplina a tu hijo para que no nos moleste. El niño bien educado es el niño que no molesta.

Os explico el porqué de mi impresión. La periodista nos relata tres anécdotas vividas por ella misma, donde nos muestra a unos niños supuestamente maleducados que molestan a los demás ante la indiferencia de sus padres. Su mensaje es: estos niños son maleducados porque sus padres les dejan serlo, porque no les ponen límites ni les disciplinan.


Lo siento, pero no he podido más que pensar, “¡Mira!, otra más” Otra persona, adulta, que mira el mundo desde sus alturas, desde sus intereses y sus necesidades, sin hacer el mínimo intento de entender y conocer lo que se esconde en el interior de esa realidad que a ella le resulta “tan molesta”. Otra persona, adulta, que construye su realidad basándose en sus propias carencias afectivas, aquellas que echaron raíces en su infancia, cuando todo eran imposiciones, límites insuperables, miedos y falta de atención y amor. Otra persona, adulta, que no está dispuesta a cambiar nada y que prefiere perpetuar todo un sistema de crianza adultocéntrico e infantifóbica para seguir “honrando a su padre y a su madre” (Alice Miller, "El cuerpo nunca miente". Ensayos TusQuets. 2009) y no ver su propio dolor y su propio infierno personal. Ahoguemos la infancia de nuestros hijos como ahogaron la nuestra. ¡Si señores!, que no cambie nada, no vaya a ser que realmente cambiemos el mundo.

Me vais a permitir hacer mi lectura personal de las tres situaciones descritas por la señora Navarro.


En la primera se encuentra en la terraza de un restaurante. Nos describe como una niña, de unos seis años, se comporta de manera maleducada y ruidosa molestando a los demás, ante la indiferencia de sus padres y un hermano que sólo juega a las maquinitas. Ante la situación que describe no puedo menos que estar de acuerdo en que esos padres no están actuando correctamente, pero mi lectura de lo que ella describe es muy distinta y, por lo tanto, no creo que lo que ella espera - una regañina de la madre (tal vez reforzada por algún cachete) - sea la solución. Yo aquí veo dos hijos reaccionando a la indiferencia y falta de atención de sus padres. El niño, ya de unos doce años según la periodista, ha asumido que haga lo que haga no va a recibir lo que necesita, así que, ya en camino de convertirse en un adulto “estandar”, consigue un buen sustituto de la atención de sus padres: su vídeo juego. La niña no, la niña es todavía lo suficientemente pequeña y mantiene la esperanza de no pasar toda la cena ignorada, por lo que hace todo lo que está en su mano para que al menos su madre le preste un poco de atención. Como lo que funciona es el mal comportamiento, pues se porta mal.

Si la señora Navarro en lugar de una niña maleducada se hubiera encontrado una situación prácticamente igual: una mesa donde los dos padres comen y tal vez charlan entre ellos, mientras dos hijos se mantienen quietecitos y sin decir palabra, absolutamente fuera de la conversación de sus padres pero calladitos y sin molestar; probablemente no hubiera encontrado ninguna razón para escribir sobre ello. Para ella, esta situación hubiera sido lo normal y deseable.

Pero a mi, hoy por hoy (lo siento, demasiada Alice Miller en mi mesilla de noche) me hubiera dolido igual, porque en el drama de esta anécdota lo de menos es el comportamiento de la niña. No, el drama principal son dos hijos que no reciben la atención que necesitan. Y ahora que me explique la señora Navarro como reaccionaria ella si hoy en día se ve obligada a cenar con tres personas (a las que por cierto, quiere muchísimo) que la ignoran sistemáticamente toda la cena, no la incluyen en su conversación y hablan entre ellas, mientras esperan que se mantenga calladita y sin molestar a nadie. Evidentemente no se pondría a tirar los espaguetis a diestro y siniestro, ni a hacer ruidos con el plato. No, ya no, como la adulta que es ahora tiene otros recursos y, al menos, puede coger su bolso y marcharse cuando le de la gana. Eso sí, posiblemente muy dolida.

Pero lo cierto es que a la señora Navarro esto no le ocurrirá nunca porque los adultos no nos hacemos estas cosas entre nosotros, aunque sí asumimos que hacérselo a un niño es normal. Evidentemente es lo que nos hicieron a nosotros y aceptar que esta situación es injusta y ofensiva requiere mucha reflexión para salir fuera de la trampa de nuestra propia infancia.

Yo aquí no veo unos padres que deban regañar a sus hija, sino que deberían abrir los ojos y decir, “si hija, lo siento, os estamos ignorando y ofendiendo a tu hermano y a ti. Vamos a cambiar de actitud y a partir de ahora vamos a disfrutar de esta cena – y de esta vida, porque dudo de que el problema se limita a una esporádica cena - como la familia de cuatro miembros humanos que somos”.

Tal vez las próximas veces que la señora Navarro vaya a un restaurante le apetezca observar desde esta perspectiva a las familias con hijos analizando en que situación los niños, no sólo se portan mejor, sino que también parecen más felices. Tal vez a la señora Navarro el próximo artículo se lo inspire la falta de felicidad de un niño y no su capacidad para molestarla a ella.


Segunda anécdota: un niño de unos cuatro años que va tirando arena a la gente en la playa. Totalmente de acuerdo: es un comportamiento que se tiene que corregir. Tal vez hubiera bastado con que, en el momento en el que el niño le molestó, ella le hubiera informado amablemente de que le estaba molestando y de que le podía hacer incluso daño si le metía arena a los ojos. Posiblemente compartir esta información hubiera sido suficiente para que el niño cambiara su comportamiento. Tal vez los padres del niño, en ese momento, andaban liados y no controlaron la situación a tiempo. Parece ser que la madre se disculpó, pero a la señora Navarro esta disculpa le supo a poco ¿Esperaría tal vez un buen bofetón al niño delante de ella? ¿O que, al menos, lo agarrara violentamente del brazo mientras se lo llevaba medio arrastrando hacia su sombrilla? ¿No es posible que la madre, tras disculparse a las personas molestadas, hablara con el niño sin enfados ni escenas violentas para informarle de lo inadecuado de su acción? ¿Entiende, señora Navarro, que los niños no pueden ser conscientes de las consecuencias de todas sus acciones y por eso experimentan, necesitando muchas veces que nosotros marquemos el camino para evitar situaciones peligrosas o inaceptables? ¿Ha oído alguna vez, señora Navarro, que para criar un niño hace falta un pueblo entero? Tal vez, si considera este punto de vista, la próxima vez que un ser humano pequeñito haga delante de usted algo no ya inapropiado, sino claramente peligroso, ejerza su parte de responsabilidad que como adulto del “pueblo” le corresponde y, tratándole con el mismo respeto con el que trataría a cualquier igual, le informe de lo que sea necesario. 


Pero la tercera anécdota es, con mucho, la que más me ha irritado. Resulta que a la señora Navarro y a algunas otras personas - adultas - les resultaba inaceptable el ruido que media docena de niños hacían con unas trompetas. Y ahora yo me pregunto que si esta escena hubiera sido protagonizada por las mismas trompetas pero por seis adultos vestido de “la Roja” y tras ganar la selección española de football el campeonato mundial el verano pasado, la señora Navarro también hubiera escrito un artículo sobre lo inadecuado de andar molestando a la gente cuando unos cuantos están felices y celebrando algo. O tal vez si las mismas trompetas las hubieran llevado un grupo de chicas, adultas, todas disfrazadas de conejito en la típica despedida de soltera. Entonces, creo yo que ese señor - que según cuenta la señora Navarro, tuvo que abandonar el escenario de los hechos – no se hubiera levantado de su sitio ni con una grúa (a pesar del ruido).

Pero no, los protagonistas eran un grupo de chiquillos. ¿Celebraban algo? ¿Sabe la razón del barullo? No, claro, eso no importa. Los adultos podemos saltarnos todas las normas más básicas de urbanidad y educación por los más peregrinos motivos sin que ello ni extrañe ni moleste a nadie.  Incluso en ocasiones, como esta misma madrugada en el pueblo donde veraneo, está permitido a cualquier hora de la noche y durante las 24horas del día. Por supuesto que los adultos tenemos buenos motivos para armar jaleo y molestar a todo el mundo, incluyendo a los pobres críos que intentan conciliar el sueño en una habitación cerrada a cal y canto en pleno Agosto, y en donde todavía se cuela el estruendo de la música techno de sus muy bien educados conciudadanos mayores de edad. Pero ellos, nuestros niños, nunca tienen ninguna buena razón para andar molestando a la gente que, tal vez, la misma noche anterior no les dejaba dormir con su ruidosa juerga nocturna. Y eso que ellos se divierten a una hora razonable. Pero ni con esas. Ellos a callar y si están felices y tienen algo que celebrar que lo hagan en silencio, faltaría más. 

Ahora imagínese, señora Navarro,  que el barullo de esa media docena de niños con trompetas era debido a que los pequeños celebraban que uno de sus coleguitas acababa de superar un cancer infantil (por poner un ejemplo), o que sus padres habían vuelto de un país en guerra sanos y salvos (por poner otro). Claro, que no tiene por que ser tan extremo. Un campeonato de football o una despedida de soltera tampoco lo es. Tal vez sólo estaban celebrando la alegría de estar todos juntos y de que sus padres les hubieran comprado las trompetas. Eso si es cosa de niños: vivir cada segundo de la vida como si fuera la experiencia más intensa del mundo entero y disfrutándola (o sufriéndola) en toda su plenitud. Creo que a nosotros, lo adultos, nos quitaron esa capacidad “a golpes” psicológicos o, incluso, físicos (Allice Miller. "El drama del niño dotado". Fábula TusQuets. 2009; o "Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño". Ensayos TusQuets. 2009).

Vivimos en una sociedad en la que los niños no caben, no hay sitio para ellos, nos molestan. Nos molestan en el horario laboral y nos molestan fuera de él. No soportamos ver su capacidad para denunciar la injusticia, su necesidad de aprendizaje constante (y nuestra responsabilidad en el mismo), su alegría incontrolable que les hace amar y aprovechar cada segundo de la vida. Y una sociedad donde sus niños no tiene cabida, donde se les destruye la infancia para que se amolden y se conviertan en adultos que perpetúen este sistema enfermo, es una sociedad sin esperanza. Como dice Ileana Medina Hernandez en su blog Tenemos Tetas


"Una sociedad "niño-fóbica", construida de espaldas a la infancia, donde los niños no tienen cabida en los hoteles, ni en los restaurantes, ni en los aviones, ni en los centros de trabajo, ni en nuestra habitación, ni en nuestras vidas... es una sociedad fascista y suicida. (Y luego nos preguntamos por qué hay fracaso escolar, generación ni-ni, violencia adolescente, etc...)"

O Vivian Watson en Nace una Mamá:

"El gran error está en considerar a los niños como ciudadanos «de segunda». No pensamos en ellos como personas, con los mismos derechos que los adultos. Toda persona tiene derecho a ser escuchada y tomada en cuenta. Los niños, los bebés, también. De hecho, y dado que son más débiles, nuestra consideración hacia ellos debería ser mucho mayor."

Señora Navarro, recapacite sobre su artículo porque es un artículo muy triste donde una mujer adulta deja al descubierto la intolerancia, el abandono y el dolor que sufrió en su propia niñez. Una intolerancia, un abandono y un dolor que la han dejado ciega y dispuesta a repetir los mismos patrones adultocétrico, infantifóbicos y patriarcales a la siguiente generación. Al próximo niño que la moleste mírele con atención, a ver si descubre al pequeño ser humano que intenta comunicarse con usted y lo que quiere decirle. Nos hemos convertido en extraterrestres para nuestros propios niños los cuales intentan comunicarse con nosotros, los adultos, con todos los recursos que tienen a su alcance. Y como, desgraciadamente, no lo consiguen, dejarán de intentarlo (como el adolescente del vídeo juego de la primera anécdota) como la cría de elefante atada a un poste que no puede derribar y que, una vez adulta, cuando con un mínimo esfuerzo podría soltarse y ser libre, se mantiene atada sin moverse, encadenada a los recuerdos de su infancia.

32 comentarios:

  1. Me has dejado atónita con esta reflexión, no puedo estar más de acuerdo y a la vez triste de que "especialistas" como la que mencionas estén tan legitimados en nuestras sociedades. Afortunadamente tú tienes la mente y los recursos en conocimiento para ir más allá, pero seguramente, gran parte de quienes leyeron ese artículo habrán dicho: "¡Cuánta verdad!". Es una camino largo pero ya estamos en marcha.
    Saludos!

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  2. Fantástica reflexión. Un abrazo.

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  3. Gracias Adriana y Covadonga. Lo cierto es que estas reflexiones, al menos si sales del círculo de lectores de blogs como este, no son muy populares. Evidentemente la gente no está interesada en ir "más allá". Mirad los comentarios al artículo que cito. Son para echarse a llorar......

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  4. Maravilloso y certero post.. ojala lo leyeran todas las señoras navarro de este mundo.

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  5. Me ha encantado esta reflexión. Estoy totalmente de acuerdo con ella. Ojalá, como dice mi tocaya, lo leyensen todos "los navarro" que pululan por ahí.
    Escribí una entrada sobre el elefante encadenado. Me parece tan triste...
    Como siempre, tengo esperanza en que esta visión negativa de l@s niñ@s cambie, y así quizas nos vaya mejor.

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  6. Hola María,
    Me gusta la asociación que has hecho con los hinchas de futbol o los verbeneros, ya me gustaría a mí que el nivel de ruido y de “asalvajamiento” de estos fuera tan solo el doble que el de los “niños trompeteros”. Pero dios me libre de decirles nada porque son ADULTOS y si me molestan sus pitidos, su música o sus jaranas nocturnas es que soy una intolerante y una rancia.

    Increible que el de la Sra. Navarro sea el pensamiento predominante, que juzguemos a los niños con una severidad que no somos capaces de aplicarnos a nosotros mismos.
    Me he ido a leer el artículo que has enlazado y los comentarios son “aún mejores” que el artículo. ¡que tristeza!

    No soy partidaria de dejar que los niños hagan lo que quieran, creo que parte de nuestra responsabilidad como padres enseñarles a vivir en sociedad. Pero o estoy muy perdida o vivir en sociedad no significa no ser tenido en cuenta, no ser mirado o tratado con cariño y respeto, no significa estarse quieto en una esquina sin moverse, sin hacer ruido, sin molestar… esto es más bien estar muerto.
    ¿es que ya nadie recuerda lo que era ser niño?
    O es que estamos tan acostumbrados a los niños de las series americanas que se nos ha olvidado lo que es un niño real con su entusiasmo, sus risas, sus llantos, sus juegos… y si, a ratos, sus prontos y su mal humor, pero ¿de esos ratos no tenemos todos?
    Abrazos pensativos!

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  7. Una excelente respuesta a un artículo el cual en mi opinión nunca debiera haberse publicado.

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  8. Pues a mi me parece que lo único que has hecho es enmascarar la mala educación de unos niños con un árticulo rimbombante lleno de palabras fátuas,(ves yo tambien se).
    Esto es como si a la víctima de una violación la decimos que la culpa es suya porque en su infancia no la enseñaron a decir no al sexo.
    Hay niños muuuuuuuuuuuuuuuuy mal educados,que molestan en grados astronómicos ante la indiferencia de padres que pasan absolutamente de ellos.La culpa de los padres evidentemente,pero no por ello los niños dejan de ser molestos.
    Quizá usted a sus hijos también los ignora y se siente mejor culpando a las victimas de su mala educación en vez de buscar su culpa,en fin allá cada cual....
    Y con lo de la trompetita,de unos pensaria que son niños molestos,y de los otros que sonadultos molestos,punto.
    Yo educo a mi hijo,le enseño a ser feliz,nunca me ha molestado,ni me ha estorbado,desde que nació va conmigo a todas partes,ha tenido una infancia superfeliz,y completísima,ha ido ha restaurantes,hoteles,museos y teatros y jamás,jamás me ha montado un pollo en público y nadie se ha sentido molestado por el.Y se comportaba como un niño,ilusionado,asombrado y curioso,preguntando y riendo,no se ponia a dar patadas a la gente, ni a gritar ni a romper los objetos que habia a su alrededor.
    Asi que no de usted clases de educación cuando está claro que por algún trauma de su infancia no tiene muy claro lo que es.
    Ah,por cierto,nunca he tenido que amenazar ni dar un tortazo a mi hijo,con el razonamiento le ha bastado.

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  9. El articulo me ha dejado alucinada. Pero que educación es esa? Que les están enseñando? A ser cohibidos, a no tener autoestima, a no saber defenderse y acatar todo lo que les dicen. Donde esta el dialogo, la Comunicacion, y lo mas importante, donde esta el RESPETO!!

    Abrazos respetuosos, Marga

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  10. Gracias a todos por vuestros comentarios.

    "Aprendiendo de mis peques", "delos duendes Zahories", MaGIA, Nuria, Elena, Caroles.... me alegro de que compartáis mi punto de vista y nos entendamos :o)

    Anónimo (¿POr qué las críticas destructivas y ofensivas siempre son anónimos?) Por partes que me pierdo en tu comentario ....

    - Me alegro de que sepas palabras fátuas y rimbombantes. Yo creo que hablo sencillo y clarito

    - Tu comparación con la violación me parece absolutamente fuera de lugar. No merece ni comentario, creo.... al menos yo no tengo nada que decir al respecto

    - Un niño nace con la tendencia a vivir en sociedad. Si recibe el amor y la atención adecuados desarrollará esa tendencia siguiendo el ejemplo de sus padres y demás adultos que le rodean. Esa es mi conclusión por mi propia experiencia y por las lecturas de mis últimos años. Pero en una sociedad donde ni siquiera se reconocen las necesidades más básicas de los niños desde recién nacidos, donde todo se diseña desde el punto de vista de los adultos,ignorando sistemáticamente las necesidades de los más pequeños, donde reverenciamos el sacrificio y el dolor como método de vida y crianza......... ahí es donde aparecen los niños maleducados..... porque no puedes meter un gorrión en una trampa de ratones y esperar que crezca sano y feliz.

    - Creo que mis hijos han molestado en contadísimas ocasiones a la gente. En general me dicen que con lo pequeños que son y siendo tres tan seguidos, que majos y que bien se portan..... yo ignorarlos NUNCA, lo que no signifique que no cometa errores, que los cometo. Mi mayor errore es caer en el conductismo una y otra vez intentándo dominarlos desde mi posición de poder, asfixiando su desarrollo propio...... lucho cada segundo de mi vida contra esta tendencia tan arraigada.....

    - Me alegro muchísimo de que usted de a su hijo lo que necesita y sea de verdad tan feliz. Enohorabuena.

    - No intento dar clases de educación a nadie. Sólo denunciar una actitud que me parece injusta por adultocéntrica. Me hubiera gustado que la señora Navarro hiciera otra lectura de las tres situaciones, simplemente, en lugar de centrarse tanto en su propio bienestar.

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  11. Ah, y otra cosa, anónimo, si lee a Alice Millar tal vez comprenda el porqué TODOS, pacticamente sin excepción, tenemos traumas infantiles............

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  12. Otra lectura recomendadapara anónimo. Este de Jean Liedloff: "el concepto del continuum" Podrá ver como otra cultura de adultos educados, respetuosos y pacíficos educa a sus hijos

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  13. A Anónimo.
    Verá usted. Los niños molestan porque sus padres no los miran como ellos necesitan. Un niño con unos padres entregados y responsables que respetan y acompañan no van dando patadas a la gente, no tiran cosas, no molestan. Y si lo intenta hacer, en seguida se para la cosa.

    Otra cosa son los adultos a los que la visión de un niño haciendo cosas de niños les resulta desagradable. A los adultos nos estorban los niños porque viven en el presente, están llenos de energía y curiosidad y nos recuerdan (sin proponérselo) que estamos muertos. Los adultos no podemos vivir porque estamos enjaulados en nuestra mente y nuestros dolores enterrados de la infancia.
    Saludos.

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  14. El post espectacular.. el comentario de "anónimo" que tristeza y que cobardía no dar la cara para escribir de esa manera.

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  15. Mónica,¡pero cuanto te quiero! :o) En cuatro palabras imposible dejar las cosas más claras!!!!!

    Zary, muchas gracias..... y sí, una pena que generalmente los comentarios de crítica destructiva, que no constructiva los cuales son siempre bienvenidos (aquí y en otros blogs), vengan de anónimos.

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  16. Hola María,
    Si te apetece pásate por mi casita a recoger un regalito
    http://crianzacorporal.blogspot.com/2011/08/premi-ando.html
    Abrazos veraniegos!

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  17. Maria me encanto la reflexion, aunque es una lastima que sea tan necesaria de hacer.

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  18. Pues yo leí también el artículo y no he sacado estas mismas conclusiones, creo que los niños no tienen nunca el derecho de molestar a los demás como tampoco lo tenemos los adultos, la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, solo así se puede vivir en sociedad. Los padres tenemos el deber de educar a los niños. Un saludo.

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  19. MaGia, gracias por tu premio... perdona el retraso en recogerlo pero ahora me paso.

    Mica, gracias, si que es una lástima que escritoras del pretigio de J Navarro escriban cosas así

    María, gracias por tu comentario. En principio nadie tiene el derecho de molestar a nadie, pero habría que ver exactamente que es molestar ¿no? Porque hay gente que se molesta con la sola visión de un niño corriendo o un perro jugando con su dueño en un parque, mientras que otros consideran que no molestan en absoluto cuando te tiran el humo de su cigarro a la cara en una terraza de verano. Los niños son niños y como tales van desarrollando su capacidad de vivir en sociedad. Nosotros, sus padres, les vamos guiando. Y no sólo nosotros, también el resto de su familia y comunidad. Un niño criado con el amor y la atención necesarios, de manera que todas sus necesidades, no sólo físicas sino también afectivas (o tal vez sea lo mismo) estén perfectamente cubiertas, no molestará nunca a adultos ni niños sanos, equilibrados y satisfechos........ El problema está:

    - Por un lado cuando los pequeños no reciben lo que necesitan y recurren al mal comportamiento como estrategia de supervivencia,

    - y por el otro cuando los adultos somos el resultado de una crianza llena de carencias que nos impide aceptar el comportamiento natural del niño o, al menos, hacer una lectura más empática de un mal comportamiento.

    Lo que no me ha gustado de este artículo ha sido esa posición de pobre víctima adulta de la autora. Si los mismo hechos los hubiera explicado desde la visión de unos niños que no son atendidos correctamente, hubiera sido muy muy diferente. Al menos para el caso del restaurante o el de la playa. Pero el de los niños con trompetas me mantengo en mis trece: el día que los adultos REALMENTE nos preocupemos de NO MOLESTAR NUNCA, entonces podremos exigirlo a los más pequeños. Pero hoy por hoy eso es impensable. Podríamos empezar manteniendo el silencio a las horas en las que los peques duermen, para dejarles dormir... pero no.... por Dios, no.... nosotros nos tenemos que divertir!!!! :o(

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  20. Cierto que el concepto de molestar es subjetivo pero cuando una niña de seis años tira unos spaguetti que caen sobre una tercera persona y un niño lanza arena a los viandantes creo que sí están molestando.
    Entiendo lo que quieres decir y en parte te doy la razón pero sigo creyendo que la escritora en realidad no quiere con su artículo cargar las tintas sobre los niños sino sobre sus padres precisamente, que no están guiando adecuadamente a sus hijos...

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  21. María M, visto desde unos padres que ya están dentro del mundo de la crianza con apego puede ser que tengas razón. Pero la gran mayoría de padres y adultos en general lo interpretan, no como una demostración de las carencias afectivas de los niños que realmente son "maleducados", sino como falta de "disciplina", la cual requiere ser aplicada con métodos conductistas de adiestramiento y con el único fin de que los niños no molesten, en lugar de centrarse en solucionar el verdadero problema de fondo, muchísimo más grave. En este artículo se presenta el comportamiento molesto del niño como el mal principal y no como una herramienta del pequeño para llamar la atención sobre sus carencias afectivas, de atención o incluso cariño, de sus padres.

    Me gustaría leer, por ejemplo, la lectura que una laura Gutman o una Rosa Jové hubieran hecho de estas tres anécdotas..... seguro que el tono del artículo hubiera sido radicalmente diferente.

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  22. No conocía tu blog.... me ha encantado!
    a partir de ahora lo seguiré.
    Emma

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  23. Muchísimas gracias Emma, bienvenida!!!!

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  24. Será que Julia Navarro como escritora me gusta mucho, pero sinceramente he leído su artículo y no lo encuentro tan horroroso. No me ha parecido que su análisis de las anécdotas que relata sea adultocéntrico, ni que abogue por el "cachete educativo" (oxímoron donde los haya) para resolver este tipo de situaciones.
    Opino que si pretendemos criar con respeto también debemos enseñar a respetar, y que los padres a los que hacen referencia están haciendo un flaco favor a sus hijos y al resto de la sociedad.
    Por otra parte, coincido contigo en tu última reflexión, desgraciadamente la corriente mayoritaria tiende a confundir pasotismo con permisivismo y a achacar cualquier problema a la falta de disciplina (esta última, entendida como despliegue de autoridad vertical, al estilo militar).

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  25. Después de haberlo leído, yo también lo he interpretado de una manera diferente. A mí el artículo me parece una crítica a los padres que "pasan" de sus hijos. Si un niño está acompañado y tiene interacción con sus padres o los adultos que están a su alrededor, no hace lo que estos niños. Que sí, son molestos. El que algunos adultos tengan comportamiento similares no les hace menos molestos. No tiene nada que ver con la disciplina y sí con la educación, que es ejemplo y atención.

    Por ejemplo, hace años una de mis familiares solía permitir que su hija hiciera cosas que molestaban a otros bañistas en la playa: tirar arena, pisotear las toallas, quitarles los juguetes a otros niños, etc. Cuando estaba conmigo, no sucedía. Por qué? Porque yo jugaba con ella todo el tiempo y así estaba distraída. Un niño aburrido es un niño que se porta mal.

    María.

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  26. me cuerdo de una vez cuando era niño en la calle , bueno , yo le hice gestos con la mano , "desde la acera , claro" vueno pues va y y me dice la profesora , no te molestes eres un niño no te va , hacer nadie caso.

    se trata a los niños como objetos molestos "a mi me trataron fatal".

    yo por eso a mis padres no les tengo ningun respeto "el respeto se gana" un padre por ser padre no tiene por que ser respetado , por ser el padre lo mismo se aplica a las madres.

    y el por favor , nuestros padres nos dicen , niño pide eso por favor , madre mia ni a mis padres , ni a mis tios , ni a mis abuelos , nunca les he oido pedir por favor , a menos que fuera para quedar vien delante de "otros adultos". y si les dices que te lo pidan por favor y sin tono borde o de superioridad se , sienten ofendios.

    pd; un niño curioso es un niño lleno de vida y curiosidad que hay que , respetar y cuidar.

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  27. perdon por las faltas del mensaje anterior , je lo digo por 2he tenido faltas patadas" je.

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  28. Hermosa respuesta al lamentable artículo de la señora Navarro.

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  29. Hola,
    De tantos blogs dematernidad este no lo conocía.Lo vengo a conocer ahora con este articlo fabuloso. No dejo de coinicidr en todos los puntos. Ánónimo; yo fui una niña muy bien "educada",nunca me pasé de la raya,jamás armé un berrinche, fui a teatros, cines, exposiciones,conferencias desde que tengo uso de razón. Fuí la envidia de muchos padres que querían hijos cómo yo. El orgullo de mi madre que veía en mi buena educación un modelo. Tuve los limites muy claros desde muy pequeña y tampoco recibí maltrato. Nunca tuve el coraje de marcar un desacuerdo porque en ese entonces mi autoestima dependía de mi buen comportamiento ante los ojos de mi madre. Siempre con la argumentación ella fue capaz de dar vuelta algo que en mis adentros yo concebía cómo cierto. Hoy soy madre, y me fascina la libertad con la que mi niña no inhibe sus desacuerdos. No le temo a los berrinches porque creoo que con el uso de la palabra ella podrá de a poco explicar sus desacuerdos. Veo día a día la gran capacidad de libertad de dá la crianza con apego. Es cierto la libertad de los niños asusta. Pero no crio ni pienso criar nunca para la obediencia. Creo firmemente que ha sido uno de los grandes males de la historia. Por obediencia a corrido mucha sangre. Una abrazo. Alicia.

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  30. Me ha encantado esta entrada, Maria. Y las aportaciones ;)

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