Lo he intentado y no ha podido ser. Parece la frase de un fracaso ¿vedad? Pero en este caso no. En este caso ha ganado el deseo maternal contra un mundo de falsos mitos sobre por qué mi pequeño M necesita ir a la guardería (aquí Kinder-krippe) para:
- Socializar. Como si tener dos hermanos mayores, amigos en el parque y adultos varios alrededor todo el día en casa, el vecindarío, el supermercado y el tranvía, no sirviera para socializar a nadie.
- No estar tan apegado a mami. Pues parece que esto tampoco es necesario siendo todavía tan pequeño. Evidentemente mi niño necesita más tiempo para "des-apegarse" de mí. 2 años y medio sólo es un "ya tan mayor" en esta sociedad de madres con las manos atadas, que tienen que renunciar a maternar a sus hijos para poder traer un sueldo a casa, no sólo para llegar a fin de mes, sino también para no convertirse en seres-objetos dependientes de su pareja, para no perder valor social y laboral, para no ser "neomachistas", para seguir sintiéndose activas y realizadas.
- Tener tiempo para mí misma. Sí, es cierto, me gustaría tener unas horas a solas para hacer todas esas importantísimas cosas que tengo que hacer y que veremos como hago con Marcus a mi lado, especialmente si ahora, tras el trauma de nuestro experimento en la guardería, no consiente en separarse de mi ni siquiera dejándolo en casa con alguien de confianza (cosa que, en general, hacía bastante contento).
- Tiene que aprender suizo-alemán antes del preescolar. Eso no vendría mal, es cierto. Pero en este aspecto me ha reconfortado mucho la experiencia personal de mi amiga Louma (Amor Maternal). Os cuento un secreto de ella: ¿Sabéis que el español no es su primera lengua? Pues sí. Y a pesar de eso escribe como los ángeles; no en vano su blog está el segundo en el ranking de wikio y es citado entre los mejores blogs del 2011. Y además del español habla tres o cuatro lenguas más. Así que creo que hago bien en seguir su consejo de relajarme porque el niño aprenderá por inmersión en la cultura, en la calle, en el parque, con sus hermanos y amiguitos.
Hoy ha sido mi último día en el infructuoso intento de llevar a M a la misma guardería que fueron sus hermanos mayores desde el año y medio de edad. Tres semanas de adaptación que no han funcionado. Los últimos dos días me obligué a dejarlo en manos de una cuidadora, llorando. El primer día me fui a pasear al campus de la universidad, intentando relajarme. Pero cuando otra mamá, que se pasó media horita con su nena antes de irse, me llamó para decirme que M seguía llorando, me fui corriendo a buscarle. Lo encontré medio interesado por un juego, medio llorando a ratitos. Desde luego contento no. Yo diría que alerta y esperando el primer despiste de la cuidadora para correr escaleras abajo a buscarme.
Hoy ya iba con el "no" en la boca desde que se ha levantado. "No gutta, mami, no gutta" era su respuesta a mi intento de convencerle de que se quedaría con la profe, que se lo pasaría fenomenal, que tendría muchos nenes y juguetes para jugar.........
"No gutta, mami, no gutta".
Lo he dejado llorando pero esta vez no me he ido. Me he quedado en el vestidor. Los gritos de mi hijo eran desgarradores: "Nooooo querooo ahiiii, ahiii nooooo". He llegado a salir a la calle, desde donde seguía oyendo su llanto por las ventanas abiertas del edificio.
"Queroooo Mamiiiii"
Entonces se me ha roto algo en el alma..... y se acabó. Ante la mirada de desaprobación de una de las cuidadoras - que intentaba decirme desde la ventana, por señas, que me fuera tranquila - he vuelto a entrar. He cogido a M y, de repente, la que se ha echado a llorar he sido yo. La cuidadora que tenía a M me ha dado un abrazo (¡que mona!) y me ha soltado un discurso en suizo-alemán del que he entendido la mitad (entre mi berrinche y el de mi hijo cualquiera entendía nada). Me ha venido a decir algo así que si no estamos preparados no pasa nada, que lo dejemos de momento y volvamos dentro de unos meses. Y nos hemos ido para no volver, porque dentro de unos meses ya no estaremos aquí, de todas formas.
Sigo con unas ganas de llorar enormes. Son una mezcla de culpabilidad y alivio. Lloro por mis hijos mayores, por lo que les hice pasar para que se adaptaran a algo que no necesitaban. Ni necesitaban ellos ni necesitaba yo. Lloro de alivio porque por fin "salí de matrix", porque M se ha librado, porque estoy madurando y creciendo, porque - por fin - estoy empezando a estar conectada con mis hijos desde mis entrañas, desde mi alma, desde mi "útero".
El Miércoles escribí a mi tribu virtual más cercana (las autoras del libro), para que me echaran un cable y me lo echaron: me liberaron, validando y abriendo la puerta a mis verdaderos deseos. Mónica (Grupo maternal) me dijo lo que necesitaba oír (leer, más bien). Leer su post sobre este tema en concreto me abrió los ojos a mi empecinamiento por hacer "lo que se esperaba que hiciera", o sea, llevar al peque a la Kinder-krippe porque sus hermanos también fueron. Vivian y Cristina vinieron a decirme lo mismo que Louma y Mónica: que me escuchara a mi misma para saber lo que realmente quería hacer.
Es en estos detalles en los que me doy cuenta de lo valiosas que son mis compañeras de maternidad. Ahora me voy a llamar a otro par de amigas y a mi madre, a contarles mi experiencia, a llorar un poco más si me hace falta. Sólo dentro de una red sostenedora y acompañante podemos las madres abandonarnos a nuestro deseo de fusión con nuestros hijos, para proveerlos de todo el amor primal que necesitan y en el que se sustentará su futura vida afectiva.
Sé que M no va a perder nada por no ir a la Kinder-krippe, y en cambio va a ganar mucho si respeto su necesidad o deseo de seguir fusionado conmigo un tiempo más. Sé que un día él sólo decidirá individualizarse del todo, querrá dejar mi pecho y mi regazo y, sólo entonces, yo abriré los brazos para dejarle ir. Pero mientras llega en ese momento seguiré disponible para él, como él necesita y quiere, como yo necesito y quiero.
Mientras necesite sostenerse en mi abrazo, lo sostendré. Cuando me pida que abra los brazos, los abriré.
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