"Las opiniones en contra de todo lo que nosotros enseñamos en los libros solo están en Internet. No hay un solo artículo científico ni una sola controversia y crítica en las sociedades y el mundo científico. (Esto es, simplemente, una mentira como un elefante de grande). No he inventado nada: mi mérito es saber poner en palabras sencillas lo que la ciencia ha ido descubriendo. Internet no es un foro científico: cualquiera pueda hacer de médico o de periodista. Mi actitud es siempre la misma: no entrar en controversia con esas opiniones" (Por supuesto, señor doctor, porque se está quedando sin argumentos. Así mejor no debatir).
En la entrevista que cito primero, además, riza el rizo señalándonos que todas las sociedades médicas en relación con el tema (de pediatría y del sueño) dan estos estudios por buenos y le apoyan. De hecho, las cortantes e inexactas respuestas del doctor Estivill hablan por sí solas sobre la actitud defensiva de su autor, así como sobre su falta de argumentos convincentes para defender su postura y su método. No hace falta molestarse en demostrar su falta de rigor pero como yo no me sé estar ni quieta ni callada, me he ido a comprobar algunas de sus respuestas.
Mis primeros "ojos como platos en cara de incredulidad absoluta" han sido ante esta respuesta a la pregunta de si es bueno que los niños duerman en la misma cama que los padres:
| "Los datos científicos publicados y aceptados por las sociedades científicas no recomiendan su práctica. Entre ellas se encuentran la Sociedad Americana del sueño, la sociedad Española de Sueño, la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad Española de Pediatría. De todas ellas soy miembro activo y es allí donde comunicamos nuestros trabajos" |
"La manera de dormir de los mamíferos se ha visto determinada, tras miles de años de adaptación, para garantizar su supervivencia. Los humanos, al ser los más dependientes durante el primer año de vida, muestran conductas encaminadas a fortalecer la relación con su cuidador, casi siempre la madre. Ésta representa la fuente de alimento, calor, protección, consuelo y soporte a las necesidades del recién nacido. El hecho de que el bebé se despierte con facilidad y llore en solicitud de alimento y estimulo, disminuye el riesgo de que sufra bajadas del azúcar corporal (hipoglucemia) y asfixia (apnea). Por otro lado, la leche materna facilita que el niño coja el sueño, en parte porque contiene triptófano, una sustancia que actúa en el cerebro como inductor del sueño.
En toda la historia de la humanidad los niños han dormido con sus padres. Esta práctica se llama colecho cuando se comparte la misma cama. El contacto continuo favorece el desarrollo del vínculo afectivo, el bienestar del bebé, el desarrollo neuronal y la capacidad de respuestas adecuadas ante situaciones de estrés. Estudios recientes demuestran que la cercanía del niño y la madre facilita el mantenimiento de la lactancia materna y que ésta tiene un efecto protector frente al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. También se sabe que el colecho es mas frecuente en los niños alimentados al pecho que en los que reciben lactancia artificial.
Conforme maduran las funciones fisiológicas del niño va cambiando su manera de dormir. A medida que se hacen mayores, los bebés se despierten más por la noche (no menos, como muchos piensan). Cuando el niño tiene alrededor de un año de edad, el grado de desarrollo alcanzado por su cerebro le permite tener pesadillas que le despiertan asustado y a veces agitado. En ese momento, el niño busca refugio y consuelo junto a sus padres, en quienes tiene depositada su confianza afectiva. Hay que conocer los patrones normales de sueño para aceptarlos mejor. También hay que saber que no hay soluciones mágicas para evitar los despertares nocturnos y que el sentido común debe primar.
La decisión de dormir con sus hijos debe ser una opción de los padres. Tal decisión va ligada a la cultura y a los deseos de cada familia sobre la relación con sus hijos. A los profesionales de la salud, médicos, pediatras y enfermeras les corresponde reforzar este tipo de práctica, dando información sobre ciertas circunstancias que pueden acarrear mayor riesgo para los niños si se practica el colecho, principalmente entre los menores de 6 meses de edad, en este sentido se deben establecer las siguientes recomendaciones:
- El niño debe dormir siempre boca arriba.
- Siempre debe dormir sobre una superficie firme, sin almohadones, cojines ni peluches.
- Evitar arropar al niño en exceso (mantas o frazadas gruesas).
- No dormir en la misma cama si los padres fuman.
- Tampoco se debe practicar colecho si los padres consumen alcohol, drogas o medicamentos que disminuyan su capacidad de respuesta.
Si concurre alguna de estas circunstancias el niño debe dormir en la misma habitación de los padres con la cuna al lado de la cama o en una cuna tipo "side-car" (superficie independiente adosada a la cama de los padres)."
Yo no sé vosotros, pero por aquí no veo por ningún lado ese rechazo unilateral al colecho que declara el doctor. Lo cierto es que, si leemos la primera entrevista que cito, no son precisamente las respuestas del doctor Estivill las que más se ajusta a estas recomendaciones, sino las del doctor Carlos Gonzalez.
Sigamos. Me pica la curiosidad y me voy a ver lo que la Academia Americana de Pediatría recomienda.
Según he podido leer en un articulo del año 2005 y en una actualización del mismo publicada en el año 2011 - ambos publicadas en Pediatrics - la Academia Americana de Pediatría hace una clara diferenciación entre compartir habitación con el bebé o room-sharing y compartir cama, o bed-sharing, ambos llamados colecho en español (o co-sleeping en inglés). En ambos artículo recomienda compartir habitación mientras que desaconseja compartir cama, todo ello como medida preventiva de la muerte súbita del lactante y haciendo referencia a bebés menores de 6 meses (en el primer artículo citado hablan de bebés menores de 11 semanas). Ni una palabra sobre bebés mayores de seis meses o niños de varios años.
Cito textualmente:
"There is evidence that this arrangement decreases the risk of SIDS by as much as 50%, and is safer than bedsharing or solitary sleeping (when the infant is in a separate room)."
"Hay evidencia de que este arreglo disminuye el riesgo de muerte súbita hasta en el 50%, y es más seguro que compartir cama o dormir en solitario".
O sea, que la manera más segura de dormir para un bebé menor de seis meses es en la habitación de sus padres aunque no en su cama. Así que el doctor Estivill parte de razón sí tiene, pero se olvida de puntualizar de que lo desaconseja en un rango de edad muy concreto por su supuesta, y todavía muy controvertida, relación con la muerte súbita del lactante, además de que a la vez aconseja compartir habitación, dato que debería ser de extrema importancia para el autor de "Duermete niño".
Pero ¿Y para niños más mayores? Yo no he conseguido encontrar ninguna recomendación, ni a favor ni en contra del colecho en ninguna de las dos sociedades de pediatría. Si alguno de vosotros sabe más que yo os agradecería que me informarais. Lo que sí he encontrado en las recomendaciones de ambas sociedades son referencias a los beneficios del colecho, algo que el doctor ignora absolutamente cuando, ante la pregunta de la entrevistadora:
El doctor responde:
Esto no es cierto. Tal y como citan ambos artículos de Pediatrics, el colecho ha demostrado importantes efectos positivos sobre la lactancia y la relación madre-bebé. Estas son las referencias:
* Mosko S, Richard C, McKenna J. Infant arousals during mother-infant bed sharing: implications for infant sleep and sudden infant death syndrome research. Pediatrics. 1997;100:841– 849
* McKenna JJ, Mosko SS, Richard CA. Bedsharing promotes breastfeeding. Pediatrics. 1997;100:214 –219
Y lo mismo puede decirse sobre lo escrito por el Comité de Lactancia Materna de la Sociedad Española de Pediatría que, además de lo anterior, añaden como efectos beneficiosos mayor bienestar del bebé y mejor desarrollo neuronal. Se atreven incluso a decir que el efecto beneficioso que tiene el colecho facilitando la lactancia materna podría facilitar la prevención de la muerte súbita, tema que, como ya hemos indicado anteriormente, según la AAP hoy en día todavía es extremadamente controvertido. Tal y como dice Horsley et al en su artículo: Benefits and harms associated with the practice of bed sharing: a systematic review. Arch Pediatr Adolesc Med. 2007 Mar;161(3):237-45.
"Las evidencias sugieren de manera consistente que puede haber una asociación entre colecho (entendido como compartir cama) y el síndrome de la muerte súbita del lactante entre los fumadores, pero la evidencia no es tan consistente entre los no fumadores. Esto no quiere decir que no exista asociación entre colecho y muerte súbita del lactante entre los no fumadores, sino que los datos actuales no establecen esta asociación de manera consistente".
Las conclusiones que yo saco de todo lo leído es que las recomendaciones de las dos sociedades de pediatría son clarísimas a la hora de recomendar que el bebé duerma en la misma habitación de sus padres, lo más al alcance de su madre posible, pero la AAP desaconseja que duerma en la misma superficie que su madre porque las evidencias sobre su relación con la muerte súbita del lactante son conflictivas y existen situaciones muy claras de riesgo, que tal vez no sean fáciles de controlar si se recomienda abiertamente a todo el mundo compartir cama con su bebé. A mí me parece muy esclarecedor el hecho de que existen sociedades donde el colecho (entendido como compartir cama) está ampliamente difundido y el porcentaje de muerte súbita es más bajo que el nuestro (podéis leer una referencia a este tema en el artículo citado de Pediatrics). Esto me indica que el peligro no es el colecho en sí, sino las circunstancias que rodean el sueño del adulto. Por eso, en nuestra sociedad de camas altas, con almohadas, colchas y colchones blandos, (sin ignorar, además, el elevado número de adultos obesos y consumidores de alcohol, tabaco o diferentes drogas y medicamentos más minoritarios pero también presentes), el colecho con los bebés menores de seis meses puede resultar controvertido y resulta más seguro poner al bebé en una superficie adaptada a su cuerpo y a su capacidad de movimiento, como es la cuna (que bien puede ser del tipo sidecar).
Hasta aquí estamos hablando del colecho con bebés menores de seis meses. Pero el colecho puede practicarse con hijos más mayores, hasta que ellos deciden dormir en su propia cama o habitación individual. Frente a esta situación el doctor Estivill también tiene unas cortantes e increíbles respuestas:
¿Es más seguro para los niños dormir solos que con sus padres?
Los datos publicados muestran menos problemas de todo tipo en niños que han aprendido a dormir solos.
¿Provoca el colecho falta de autonomía y una mayor dependencia en los niños?
Los datos científicos así lo indican.
Me encantaría que alguna vez el doctor Estivill se molestara en citar las fuentes bibliográficas en las que se apoya. Lo cierto es que me es complicadillo tener tiempo durante el día para hacer búsquedas bibliográficas serias y por la noche estoy que me caigo de sueño. Pero como no me creo:
1- que los estudios en que basa su defensa Estivill sean tan infalibles;
2- No existan estudios que demuestren lo contrario;
me pongo a ello y prometo una segunda parte de este post hablando de las recomendaciones del mundo científico sobre el colecho con bebés y niños mayores de seis meses.
¡Hasta la vista!
Me encantaría que alguna vez el doctor Estivill se molestara en citar las fuentes bibliográficas en las que se apoya. Lo cierto es que me es complicadillo tener tiempo durante el día para hacer búsquedas bibliográficas serias y por la noche estoy que me caigo de sueño. Pero como no me creo:
1- que los estudios en que basa su defensa Estivill sean tan infalibles;
2- No existan estudios que demuestren lo contrario;
me pongo a ello y prometo una segunda parte de este post hablando de las recomendaciones del mundo científico sobre el colecho con bebés y niños mayores de seis meses.
¡Hasta la vista!





