Mostrando entradas con la etiqueta Seguridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Seguridad. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de febrero de 2012

SOBRE LAS AGUDAS RESPUESTAS DEL DOCTOR ESTIVILL CUANDO SE LE PREGUNTA SOBRE EL COLECHO.

Cada vez que leo declaraciones de doctor Eduardo Estivill se me llevan todos los demonios y hasta que no escribo un post analizando y desenmascarando sus verdades a medias no me quedo tranquila. En este caso se trata de una entrevista publicada en la web Desarrollo Infantil, en donde el doctor Eduardo Estivill y el doctor Carlos Gonzalez dan su opinión sobre el colecho. Cuando la leí me recordó a otra entrevista publicada en El País hace unos cuatro meses, en la que Estivill sigue la misma estrategia: basar la defensa de su método en los supuestos e infalibles estudios científicos que demuestran que su sistema es lo mejor de lo mejor para nuestros hijos, a la vez que menosprecia e ignora los que no le dan la razón, mintiendo descaradamente al respecto.

"Las opiniones en contra de todo lo que nosotros enseñamos en los libros solo están en Internet. No hay un solo artículo científico ni una sola controversia y crítica en las sociedades y el mundo científico. (Esto es, simplemente, una mentira como un elefante de grande). No he inventado nada: mi mérito es saber poner en palabras sencillas lo que la ciencia ha ido descubriendo. Internet no es un foro científico: cualquiera pueda hacer de médico o de periodista. Mi actitud es siempre la misma: no entrar en controversia con esas opiniones" (Por supuesto, señor doctor, porque se está quedando sin argumentos. Así mejor no debatir).

En la entrevista que cito primero, además, riza el rizo señalándonos que todas las sociedades médicas en relación con el tema (de pediatría y del sueño) dan estos estudios por buenos y le apoyan. De hecho, las cortantes e inexactas respuestas del doctor Estivill hablan por sí solas sobre la actitud defensiva  de su autor, así como sobre su falta de argumentos convincentes para defender su postura y su método. No hace falta molestarse en demostrar su falta de rigor pero como yo no me sé estar ni quieta ni callada, me he ido a comprobar algunas de sus respuestas.

Mis primeros "ojos como platos en cara de incredulidad absoluta" han sido ante esta respuesta a la pregunta de si es bueno que los niños duerman en la misma cama que los padres: 

"Los datos científicos publicados y aceptados por las sociedades científicas no recomiendan su práctica. Entre ellas se encuentran la Sociedad Americana del sueño, la sociedad Española de Sueño, la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad Española de Pediatría. De todas ellas soy miembro activo y es allí donde comunicamos nuestros trabajos"

Me he ido directa a la página web de la Sociedad Española de Pediatría y allí he podido leer su recomendación completa:

"La manera de dormir de los mamíferos se ha visto determinada, tras miles de años de adaptación, para garantizar su supervivencia. Los humanos, al ser los más dependientes durante el primer año de vida, muestran conductas encaminadas a fortalecer la relación con su cuidador, casi siempre la madre. Ésta representa la fuente de alimento, calor, protección, consuelo y soporte a las necesidades del recién nacido. El hecho de que el bebé se despierte con facilidad y llore en solicitud de alimento y estimulo, disminuye el riesgo de que sufra bajadas del azúcar corporal (hipoglucemia) y asfixia (apnea). Por otro lado, la leche materna facilita que el niño coja el sueño, en parte porque contiene triptófano, una sustancia que actúa en el cerebro como inductor del sueño.


En toda la historia de la humanidad los niños han dormido con sus padres. Esta práctica se llama colecho cuando se comparte la misma cama. El contacto continuo favorece el desarrollo del vínculo afectivo, el bienestar del bebé, el desarrollo neuronal y la capacidad de respuestas adecuadas ante situaciones de estrés. Estudios recientes demuestran que la cercanía del niño y la madre facilita el mantenimiento de la lactancia materna y que ésta tiene un efecto protector frente al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. También se sabe que el colecho es mas frecuente en los niños alimentados al pecho que en los que reciben lactancia artificial.


Conforme maduran las funciones fisiológicas del niño va cambiando su manera de dormir. A medida que se hacen mayores, los bebés se despierten más por la noche (no menos, como muchos piensan). Cuando el niño tiene alrededor de un año de edad, el grado de desarrollo alcanzado por su cerebro le permite tener pesadillas que le despiertan asustado y a veces agitado. En ese momento, el niño busca refugio y consuelo junto a sus padres, en quienes tiene depositada su confianza afectiva. Hay que conocer los patrones normales de sueño para aceptarlos mejor. También hay que saber que no hay soluciones mágicas para evitar los despertares nocturnos y que el sentido común debe primar.


La decisión de dormir con sus hijos debe ser una opción de los padres. Tal decisión va ligada a la cultura y a los deseos de cada familia sobre la relación con sus hijos. A los profesionales de la salud, médicos, pediatras y enfermeras les corresponde reforzar este tipo de práctica, dando información sobre ciertas circunstancias que pueden acarrear mayor riesgo para los niños si se practica el colecho, principalmente entre los menores de 6 meses de edad, en este sentido se deben establecer las siguientes recomendaciones:


- El niño debe dormir siempre boca arriba.
- Siempre debe dormir sobre una superficie firme, sin almohadones, cojines ni peluches.
- Evitar arropar al niño en exceso (mantas o frazadas gruesas).
- No dormir en la misma cama si los padres fuman.
- Tampoco se debe practicar colecho si los padres consumen alcohol, drogas o medicamentos que    disminuyan su capacidad de respuesta.


Si concurre alguna de estas circunstancias el niño debe dormir en la misma habitación de los padres con la cuna al lado de la cama o en una cuna tipo "side-car" (superficie independiente adosada a la cama de los padres)."

Yo no sé vosotros, pero por aquí no veo por ningún lado ese rechazo unilateral al colecho que declara el doctor. Lo cierto es que, si leemos la primera entrevista que cito, no son precisamente las respuestas del doctor Estivill las que más se ajusta a estas recomendaciones, sino las del doctor Carlos Gonzalez.

Sigamos. Me pica la curiosidad y me voy a ver lo que la Academia Americana de Pediatría recomienda.

Según he podido leer en un articulo del año 2005 y en una actualización del mismo publicada en el año 2011 - ambos publicadas en Pediatrics - la Academia Americana de Pediatría hace una clara diferenciación entre compartir habitación con el bebé o room-sharing y compartir cama, o bed-sharing, ambos llamados colecho en español (o co-sleeping en inglés). En ambos artículo recomienda compartir habitación mientras que desaconseja compartir cama, todo ello como medida preventiva de la muerte súbita del lactante y haciendo referencia a bebés menores de 6 meses (en el primer artículo citado hablan de bebés menores de 11 semanas). Ni una palabra sobre bebés mayores de seis meses o niños de varios años.

Cito textualmente:

"There is evidence that this arrangement decreases the risk of SIDS by as much as 50%, and is safer than bedsharing or solitary sleeping (when the infant is in a separate room)."

"Hay evidencia de que este arreglo disminuye el riesgo de muerte súbita hasta en el 50%, y es más seguro que compartir cama o dormir en solitario". 

O sea, que la manera más segura de dormir para un bebé menor de seis meses es en la habitación de sus padres aunque no en su cama. Así que el doctor Estivill parte de razón sí tiene,  pero se olvida de puntualizar de que lo desaconseja en un rango de edad muy concreto por su supuesta, y todavía muy controvertida, relación con la muerte súbita del lactante, además de que a la vez aconseja compartir habitación, dato que debería ser de extrema importancia para el autor de "Duermete niño". 

Pero ¿Y para niños más mayores? Yo no he conseguido encontrar ninguna recomendación, ni a favor ni en contra del colecho en ninguna de las dos sociedades de pediatría. Si alguno de vosotros sabe más que yo os agradecería que me informarais. Lo que sí he encontrado en las recomendaciones de ambas sociedades son referencias a los beneficios del colecho, algo que el doctor ignora absolutamente cuando, ante la pregunta de la entrevistadora: 
Perjuicios o beneficios del colecho.

El doctor responde: 

No hay trabajos científicos que muestren beneficios. Sólo inconvenientes.


Esto no es cierto. Tal y como citan ambos artículos de Pediatrics, el colecho ha demostrado importantes efectos positivos sobre la lactancia y  la relación madre-bebé. Estas son las referencias:

* Mosko S, Richard C, McKenna J. Infant arousals during mother-infant bed sharing: implications for infant sleep and sudden infant death syndrome research. Pediatrics. 1997;100:841– 849

* McKenna JJ, Mosko SS, Richard CA. Bedsharing promotes breastfeeding. Pediatrics. 1997;100:214 –219

Y lo mismo puede decirse sobre lo escrito por el Comité de Lactancia Materna de la Sociedad Española de Pediatría que, además de lo anterior, añaden como efectos beneficiosos mayor bienestar del bebé y mejor desarrollo neuronal. Se atreven incluso a decir que el efecto beneficioso que tiene el colecho facilitando la lactancia materna podría facilitar la prevención de la muerte súbita, tema que, como ya hemos indicado anteriormente, según la AAP hoy en día todavía es extremadamente controvertido. Tal y como dice Horsley et al en su artículo: Benefits and harms associated with the practice of bed sharing: a systematic review. Arch Pediatr Adolesc Med. 2007 Mar;161(3):237-45.

"Evidence consistently suggests that there may be an association between bed sharing and sudden infant death syndrome (SIDS) among smokers (however defined), but the evidence is not as consistent among nonsmokers. This does not mean that no association between bed sharing and SIDS exists among nonsmokers, but that existing data do not convincingly establish such an association."

"Las evidencias sugieren de manera consistente que puede haber una asociación entre colecho (entendido como compartir cama) y el síndrome de la muerte súbita del lactante entre los fumadores, pero la evidencia no es tan consistente entre los no fumadores. Esto no quiere decir que no exista asociación entre colecho y muerte súbita del lactante entre los no fumadores, sino que los datos actuales no establecen esta asociación de manera consistente".

Las conclusiones que yo saco de todo lo leído es que las recomendaciones de las dos sociedades de pediatría son clarísimas a la hora de recomendar que el bebé duerma en la misma habitación de sus padres, lo más al alcance de su madre posible, pero la AAP desaconseja que duerma en la misma superficie que su madre porque las evidencias sobre su relación con la muerte súbita del lactante son conflictivas y existen situaciones muy claras de riesgo, que tal vez no sean fáciles de controlar si se recomienda abiertamente a todo el mundo compartir cama con su bebé. A mí me parece muy esclarecedor el hecho de que existen sociedades donde el colecho (entendido como compartir cama) está ampliamente difundido y el porcentaje de muerte súbita es más bajo que el nuestro (podéis leer una referencia a este tema en el artículo citado de Pediatrics). Esto me indica que el peligro no es el colecho en sí, sino las circunstancias que rodean el sueño del adulto. Por eso, en nuestra sociedad de camas altas, con almohadas, colchas y colchones blandos, (sin ignorar, además, el elevado número de adultos obesos y consumidores de alcohol, tabaco o diferentes drogas y medicamentos más minoritarios pero también presentes), el colecho con los bebés menores de seis meses puede resultar controvertido y resulta más seguro poner al bebé en una superficie adaptada a su cuerpo y a su capacidad de movimiento, como es la cuna (que bien puede ser del tipo sidecar).   

Hasta aquí estamos hablando del colecho con bebés menores de seis meses. Pero el colecho puede practicarse con hijos más mayores, hasta que ellos deciden dormir en su propia cama o habitación individual. Frente a esta situación el doctor Estivill también tiene unas cortantes e increíbles respuestas:

¿Es más seguro para los niños dormir solos que con sus padres?

 Los datos publicados muestran menos problemas de todo tipo en niños que han aprendido a dormir solos.

 ¿Provoca el colecho falta de autonomía y una mayor dependencia en los niños?

Los datos científicos así lo indican.


Me encantaría que alguna vez el doctor Estivill se molestara en citar las fuentes bibliográficas en las que se apoya. Lo cierto es que me es complicadillo tener tiempo durante el día para hacer búsquedas bibliográficas serias y por la noche estoy que me caigo de sueño. Pero como no me creo:

1- que los estudios en que basa su defensa Estivill sean tan infalibles;
2- No existan estudios que demuestren lo contrario;

me pongo a ello y prometo una segunda parte de este post hablando de las recomendaciones del mundo científico sobre el colecho con bebés y niños mayores de seis meses.

¡Hasta la vista!

martes, 7 de febrero de 2012

CARTA ABIERTA DEL DOCTOR DEXEUS..... Y MI RESPUESTA

Ante la polémica y el malestar generados por las supuestas declaraciones del doctor Dexeus publicadas en la versión digital del periódico Ara, el doctor ha escrito una carta abierta que yo reproduzco a continuación y que le agradezco profundamente porque aclara mucho el porqué de unas declaraciones tan desafortunadas.



Escrito en 6 febrero, 2012.

Este viernes 3 de febrero nos levantamos con la noticia de la muerte de Caroline Lovell, por parada cardíaca mientras alumbraba en su casa. Ante todo permítanme decir que, tanto como persona como médico, lamento profundamente su fallecimiento. Caroline Lovell fue consecuente con sus ideas y entrar a debatir si hubiera sido diferente en caso de estar en un hospital no me parece productivo ni oportuno, porque desconozco exactamente lo que sucedió, así que en ningún caso he querido emitir juicios de valor sobre eso por lo que dice una nota de prensa. Quiero dejar constancia de este hecho, y dejarlo muy claro.
Seguidamente quiero pararme en la serie de situaciones que se están sucediendo después de este terrible suceso y que me han tenido como protagonista, desde luego no intencionado. Me comunican que se ha formado un grupo en facebook por mujeres que se han sentido ofendidas por unas palabras mías al respecto. Lo lamento profundamente. Hemos buscado el origen de esas palabras y resulta que se trata de la publicación de la noticia de la muerte de Caroline Lovell en la versión digital del periódico Ara, donde se publica la noticia junto a un citado de una “opinión” mía. Bien, me gustaría decir que mi “opinión” fue mucho más extensa que el resumen publicado, que sacado del contexto que proporcioné, y publicado en esa noticia tan dolorosa, es de alguna manera lógico que haya creado tanto malestar. Yo dije más que eso y desde luego con otras palabras, expliqué la evolución de la pelvis femenina a lo largo de estos miles de años, expliqué muchas más cosas, aporté datos de porqué ahora más que antes las complicaciones asociadas al parto podrían ser más peligrosas si no están en un entorno con las medidas necesarias. Muchas más cosas. El diario ha modificado alguna frase pero me comunican que no pueden re-publicar ‘verbatim’ toda mi conversación por falta de espacio. También considero que no ha sido el mejor momento para añadir ninguna valoración u opinión médica en unos momentos tan complicados.
Lo que me ha movido durante toda mi carrera, que heredé de mis predecesores, y que he procurado transmitir a todo mi equipo es que promovemos el bienestar y la salud de la mujer. Tristemente esta noticia da pie al debate de parto en hospital versus el parto en casa. En numerosas ocasiones he dado mi opinión al respecto:creo en una hospitalización racionalmente humanizada para la mujer que va a dar luz. Mis predecesores ya trabajaron por mejorar las condiciones de las parturientas a principios del siglo pasado, que favorecieron a reducir la tasa de mortalidad y las condiciones, infrahumanas, de los paritorios de la época. Así nació la Clínica Mater. Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto.
La muerte resulta un hecho natural pero es algo que como médico siempre voy a luchar por evitar, esto permítanmelo. Creo que es algo que compartimos todos los profesionales sanitarios, independientemente de su cargo, es algo que tengo en mi código deontológico. Voy a luchar siempre por evitar la muerte, cuando es evitable. Y por eso pienso que la mujer en un entorno hospitalario tiene más seguridad, como en cualquier otra situación, ante las complicaciones. No sólo ya por la presencia de matronas, ginecólogos, obstetras, etc sino por los medios materiales que disponemos en caso de ponerse la situación tan complicada como para intervenir y evitar lo que nadie quiere que suceda. No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé.
Pienso que en el fondo tanto a ustedes como a mí nos mueven los mismos principios: que la mujer sea libre, sea dueña de su cuerpo, de su vida, de sus decisiones. También compartimos el deseo de no tener que lamentar ninguna pérdida, ni de la madre ni del bebé. Todas las opciones deberían dialogar más allá de los medios de comunicación. Les animo a ello y si cualquier colectivo implicado estima oportuno avanzar en este diálogo donde puedan estar todos los actores de este escenario (especialistas sanitarios, mujeres embarazadas, asociaciones…), estaré encantado de aportar mi punto de vista con el único y sincero deseo de que tracemos los puntos en común que tenemos, de forma constructiva, porque estoy convencido de que los tenemos.
Un cordial saludo a todas las mujeres y, en concreto, a todas las madres.
Y aquí va mi respuesta personal al doctor Dexeus:

Estimado Dr Dexeus:

Le agradezco profundamente su carta de aclaración. Reconozco que esas supuestas declaraciones suyas publicadas en el periódico Ara me dejaron terriblemente consternada y enfadada. Que un profesional de su categoría dijera unas palabras semejantes sobre la capacidad de las mujeres para parir me hizo sentir, no sólo agredida e insultada, sino especialmente desesperanzada por que la atención al parto llegue a cambiar un día lo que realmente necesita cambiar para cubrir las verdaderas y más básicas necesidades del recién nacido y su madre. 

Me he alegrado mucho de leer en su carta frases como estas: 

" Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto."

O estas:

"No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé."

Me alegro mucho de que no dude de nuestra capacidad para parir,así como de que sea consciente de que su papel se limita a actuar en caso de complicaciones. También es cierto que, aunque no nos escribe las palabras que realmente dijo por teléfono al periodista, parece ser que por lo que nos dice en la carta y por sus palabras en otras entrevistas usted no apoya en absoluto los partos en casa. Evidentemente no voy a ser yo la que entre en debate con usted sobre las condiciones de un parto seguro, las posibilidades de que el parto se complique, el porqué se complica o el como, el cuando y el donde tratar estas complicaciones. Esto es algo que supongo debatirá usted regularmente en sus congresos y encuentros con los profesionales oportunos, y la buena disposición al diálogo que veo reflejada en la carta es más que suficiente para mí para cambiar totalmente la imagen que las palabras publicadas por el periódico Ara me habían dejado de usted, al margen de si  estamos de acuerdo o no en este punto en concreto. 

Pero ya que todo este asunto me ha dado la oportunidad de escribirle esta carta, si que me gustaría explicarle mi visión personal y lo que yo necesito para tener un buen parto. Y quiero decírselo desde mi posición de madre de tres hijos. Una mujer que podría haber sido una más de las que han pasado por sus manos. Alguien, además, que desde su primer parto ha leído mucho para informarse y no repetir los  mismos errores en los partos subsiguientes. Y quiero explicárselo a usted porque es uno de los ginecólogos con más prestigio en España, probablemente en Europa y, por lo tanto, uno de los profesionales con más poder en sus manos para que la atención al parto cambie de una vez por todas para ofrecernos a las madres y a nuestros bebés lo que realmente necesitamos. 

Mi evolución personal la publiqué y expliqué en la revista Madre Tierra (página 68). Si lo lee verá mi proceso de crecimiento desde la madre primeriza que no confía en su cuerpo y cree que la respuesta está en los profesionales que la atienden, hasta la mujer capaz de parir y disfrutar de su parto, viviendo una de las experiencias más extáticas de su vida. 

Permítame, doctor Dexeus, hacer un símil para explicar mi visión de como deberían ser y como son las intervenciones en los partos. Cada Agosto se organiza el cruce a lo ancho del lago de Zurich. Durante el mismo, una barca (o varias) de seguridad, sin entorpecer el paso a los nadadores, les vigila de cerca por si alguno tiene algún percance en medio de la travesía: desde un calambre hasta un ataque cardíaco, que todo puede ser porque el esfuerzo es considerable. Ahora imagínese que esta barca en lugar de estar cerca de los nadadores pero sin entorpecer su marcha, estuviera navegando delante de ellos, lanzándoles con su hélice agua y espuma, además de generando una corriente en contra que les evitara avanzar con fluidez. Es evidente que en estas condiciones muchísimos más nadadores necesitarán ser rescatados y los salvavidas de la barca muy orgullosos pensarán: "¡Ven!!! Es que cruzar el lago de Zurich es peligrosísimo incluso para jóvenes fuertes y sanos. Tenemos un porcentaje del 10% que se agota y casi se ahoga ¡Si no es por nosotros se nos mueren!!!"

¿Entiende lo que le quiero decir, doctor Dexeus? Creo que las intervenciones innecesarias, rutinarias y "al por mayor" que se han realizado, y desgraciadamente todavía se realizan, en los hospitales españoles no han conseguido más que entorpecer la evolución fluida del proceso de parto de muchísimas mujeres que, de otra manera, no hubieran tenido la más mínima complicación. 

Usted dice en su carta que las condiciones de los partos hospitalarios han reducido drásticamente la mortalidad materna e infantil, pero me gustaría decirle que las mujeres venimos pariendo con "barcos por delante" gran parte de nuestra historia. Al principio fueron la falta de condiciones higiénicas y la desnutrición,  que unidas a la represión sexual a la que hemos estados sometidas desde el inicio del patriarcado convirtieron nuestros partos en uno de los momentos más peligrosos y dolorosos de nuestras vidas y las de nuestros hijos. Este siglo, en los países del primer mundo, mejoraron estas condiciones higiénicas hasta el extremo de hacernos parir en condiciones de quirófano, y desapareció el problema de la desnutrición, pero la represión sexual, aunque parezca lo contrario, sigue siendo la misma y el parto sigue siendo algo más parecido a un patología que debe ser tratada que a una experiencia sexual y vital que se puede vivir y disfrutar en toda su intensidad. Yo creo que el "parirás con dolor" no lo dijo Dios. Lo dijo el hombre patriarcal. 

Hoy en día, con la misma pelvis que tenían nuestras antepasadas Homo Sapiens sapiens de hace 50.000 años, las mujeres necesitamos las mismas condiciones que ellas para parir con seguridad y, basándome en mi experiencia personal, considero que son dos:  Sensación de Seguridad e Intimidad. Cuando estas condiciones no se cumplen, hasta el parto de la mujer más sana con la pelvis más ancha de la humanidad no evolucionará como debe, entrando en una cadena de complicaciones e intervenciones que fácilmente acabarán en cesárea. 

Hablando de mi propia experiencia personal, puedo decirle que La Seguridad en mi caso, me la dieron:

1- Mi comadrona.  Mi confianza en ella es total. Si no me es imposible dejarme llevar y desconectar la parte racional de mi cerebro. Al confiar en ella, en su capacidad para reconocer lo normal de lo patológico, yo puedo dejar de preocuparme si esto va bien, si esto es normal, si me falta mucho o me falta poco. Yo desconecto el neocortex y me sumerjo en mi yo más mamífero (como en el coito). Dejo de ser la mujer racional y sólo de cuando en cuando vuelvo mi mirada hacia ella, hacia su expresión, para comprobar que está ahí, tranquila y atenta, por lo que yo puedo seguir en mi mundo y dejar a mi cuerpo hacer.  

Nuevas salas de partos del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona, 
2- El hospital. Sí, a pesar de que sé, por diversas publicaciones científicas que no voy a listar porque estoy convencidísima de que usted las conoce mucho mejor que yo, que los partos en casa en los países del primer mundo y atendidos por profesionales adecuadamente cualificados (condición que mi comadrona cumple absolutamente), son tan seguros como los hospitalarios, yo tengo ese mismo sentimiento que sé que usted comparte pero que es claramente irracional (la ciencia no lo apoya), de que en el hospital estoy más segura. La verdad es que soy una hipocondriaca de libro y sólo saber que en caso de complicaciones tengo el quirófano y sus profesionales al alcance de mi mano, me produce una inmensa tranquilidad. Pero evidentemente no me sirve cualquier hospital, no, sino uno donde sé que van a respetar mi plan de parto y que voy a ser atendida por la comadrona de mi elección. Además el hospital debe de darme una estancia donde permaneceré hasta que salga por mi propio pie y con mi niño en brazos (siempre que todo transcurra normalmente y sin complicaciones, que es lo más normal). Esta sala debe de ser una agradable réplica de una habitación cálida, confortable, con bañera de partos, silla Maya, cama (no camilla), ducha...etc. Nada que ver con un quirófano (como el quirófano en el que me vi obligada a parir mi segundo hijo, en Barcelona). Ante un hospital "convencional", donde te obligan a realizar turismo entre las diferentes salas (habitación, sala de dilatación y sala de partos),  pasas por las manos de varios profesionales nada interesados en tus necesidades de intimidad (sobretodo si tienes la mala suerte de parir cuando están tocando las doce campanadas), y te hacen pasar por el aro de sus protocolos sí o sí, prefiero tragarme mis aprensiones y parir en mi casa. 

3- Mi ginecóloga: Lo pongo en femenino porque mis tres partos han sido atendidos/supervisados por ginecólogas. Si todo marcha bien su papel es de simple permanencia en el banquillo. Pero saber que en caso de complicación van a "saltar al campo" poniéndose manos a la obra con toda su gran profesionalidad es también tremendamente tranquilizador. 

En cuanto a La Intimidad: No por ir en segundo lugar este factor es menos importante que el primero. Sin intimidad yo nunca podría "dejarme llevar" y por lo tanto tampoco dilataría ni llegaría al estado que me permitiera tener el Reflejo de Eyección Materno-Fetal (reflejo que tuve el honor de experimentar en toda su intensidad en mi tercer parto y ¡GUAU!!!!!). Poder estar sola durante la dilatación  (relativamente ya que mi compañero y mi comadrona rondaban por ahí, pero sin molestar y dejándome sola en la estancia la mayor parte del tiempo) me permitió dejar de lado vergüenzas e inhibiciones, permitiendo a mi cuerpo adoptar las posturas que me pedía (algunas imposibles de adoptar si te sientes observada y avergonzada), con más o menos ropa, en silencio o haciendo ruido. Todo esto permitió una dilatación rápida y NO DOLOROSA. Si, he dicho NO DOLOROSA.  

Cumplidos estos dos factores, estimado doctor Dexeus, le prometo con la mano en el corazón que con mi tercer hijo tuve un parto prácticamente libre de dolor (me dolieron las cuatro últimas contracciones - cuando volví en "mi" porque mi comadrona necesitó comprobar mi dilatación - y luego el expulsivo, porque me rasgué por la misma cicatriz de la rotura de mi primer parto; en total 20 minutos dolorosos, no más), en el que disfruté muchísimo y también sentí muchísimo placer. Y creo sinceramente que todas las mujeres deberían tener derecho a parir en las condiciones en las que parí yo a mi hijo pequeño: Con Seguridad e Intimidad. Cada mujer necesitará cosas diferentes para sentirse segura y en intimidad, y a todas se nos debería respetar estas dos necesidades, no como algo "extra" que se ofrece como un lujo, sino como ABSOLUTA PRIORIDAD, por el bien y la seguridad de nuestros partos. 

Cuando se ponen las condiciones óptimas para que la mujer pueda sumergirse en su parto estamos maximizando las probabilidades de que todo vaya bien y sin complicaciones mucho más que si se realizan intervenciones "preventivas" que rompen y destruyen la capacidad de la mujer para "dejarse llevar" y parir siguiendo sus más profundos y primitivos instintos. Con estas condiciones y una madre realmente perdida en su cerebro más primitivo, ni siquiera la epidural es necesaria para tener un parto sin dolor. Ya sé que le va a costar creerme, teniendo a sus espaldas miles de partos intervenidos. Pero tengo la osadía de decírselo, doctor Dexeus porque, no sólo me apoyan las estadísticas, sino porque a pesar de que sólo he vivido tres partos, los he vivido en mis propias carnes, y le aseguro que no hay experiencia más extática, intensa y apasionante que un verdadero parto fisiológico. 

Me despido de usted agradeciéndole el tiempo dedicado a leer mi carta y deseando verle en el futuro unido a los grupos de profesionales de la obstetricia que, desde diferentes posiciones, dialogan y debaten para que  nuestros partos transcurran en las condiciones óptimas para la madre y el bebé. 

Atenta y cordialmente

María Berrozpe



sábado, 1 de octubre de 2011

NUESTRO BAUTISMO..... DE PUNTOS


Ayer llegó el gran día. Ese que me vengo temiendo desde que me pusieron a V en brazos tras el parto. Ese que todos los padres saben que pasará sí o sí alguna vez en la vida de sus retoños.

Si hoy tuviera yo que dar un premio Nobel, se lo daría al médic@, curander@ o modist@ que se le ocurrió un buen día suturar una herida profunda en un ser humano.

Ayer V recibió los primeros puntos de su vida. Fue en la pierna. Más concretamente en la cara interio-posterior del muslo derecho. La razón: la estocada de un grifo de fuente con complejo de toro Ratón. ¿Como acabó el grifo en el interior del muslo de V? Ese es un misterio para el que todavía nadie, ni el mismo V, hemos encontrado una explicación convincente. Parece ser, según versión del accidentado, que estaba encima de un muro con la intención de dar un doble mortal con tres vueltas hacia adelante y dos hacia atrás y caer en medio de unas plantas. Pero se despistó: su amigo E saludó en ese momento (de concentración extrema) a otro niño, el se sobresaltó, desvió por un segundo la vista de las plantas objetivo, y acabo con el grifo incrustado en el muslo.

Cuando vino hacia mí gritando y llorando algo me dijo que aquella vez el dolor era diferente. Y eso que al principio no vi mucho. He pasado alrededor de 5 años de mi vida (desde que V anda) recibiendo a mis niños cuando me vienen accidentados y llorosos con una mano tapando la parte más inverosímil de su cuerpo, sintiendo que esos 3 segundos (lo que me cuesta en quitarles la mano o encontrar el punto golpeado)  que tardo en comprobar que la parte en cuestión sigue en su sitio (aunque un poco maltrecha ), son una eternidad; pero siempre con el feliz resultado de que la cosa nunca ha llegado a mayores y todo se cura con el culito de la rana y un beso.

Por eso ayer tenía la certeza consciente de que, como siempre, todo quedaría en un susto (aunque una parte de mi inconsciente me decía lo contrario): por un momento quité la mano de V de donde se presionaba y sólo vi el pantalón íntegro. Pero había visto un punto equivocado. Dos centímetros más atrás un enorme siete en la tela dejaba entrever un boquete en su pierna. Boquete que dejaba ver con claridad todas las capas del muslo hasta ¿el hueso? Al menos el tejido adiposo se veía con claridad e incluso colgaba por los laterales de la herida. Se me subió el estómago a la garganta y tuve la  certeza de que el gran día había llegado: nos estrenaríamos con los puntos.

A partir de ahí todo fue como la seda. Estaba en el parque con dos amigas que en seguida se pusieron en marcha. Tere sacó una megatirita para proteger el boquete hasta que llegáramos al médico. Paqui me llevó a la consulta pediátrica que, por suerte, estaba a dos minutos del parque. A Tere la dejamos con la chiquillería restante, excepto mi pequeño M y la pequeña de Paqui, que nos los llevamos porque tienen la curiosa capacidad de desaparecer de golpe aunque no les quites la vista de encima. En la consulta, una amabilísima pediatra nos informó que semejante herida sólo podían coserla en el hospital, pero nos hizo una cura de urgencia y nos llamó un taxi.

Creo que el taxi no tardó ni tres minutos. Y en menos de 10 minutos más estaba en la puerta de urgencias. No pasaría ni un cuarto de hora cuando V ya estaba en su camilla, con dos parches anestésicos en la parte posterior de cada mano y yo con tres cuentos infantiles sobre mis piernas. A partir de ahí a esperar a que la anestesia le hiciera efecto en las manos para que al ponerle la vía no le doliera. Espera que fue amenizada por la lectura de los tres cuentos un par de veces cada uno.

Médic@ y enfermer@s fueron un amor de amabilidad y cariño por mí y por el niño. A mi petición de hablar en inglés (en semejante estado nervioso me bloqueo totalmente y entender el suizo-alemán es para mí como intentar entender chino mandarín) no sólo no tuvieron ningún problema, sino que una doctora incluso se dirigió a nosotros en español. Cuando pregunté si podía estar en todo el proceso con mi niño, me dijeron que "por supuesto". Sólo el momento exacto de coserle, cuando V dormía plácidamente por efecto del anestésico que le metieron por la vía, me pidieron muy amablemente que saliera porque me podía desmayar si veía al médico cosiendo el boquete en directo. Estoy casi segura de que si me hubiera resistido un poquito hubieran accedido, pero decidí que con semejante trato y teniendo en cuenta que V estaba rodeado de 2 enfermeras, un anestesista y el médico "sastre", no valía la pena ponerles en un compromiso y mejor esperaba fuera. En escasos 10 minutos el boquete estaba cosido y recosido y protegido por un apósito. V dormía tranquilo, roncando y todo.

Mi marido llegó al hospital cuando todo había pasado y yo esperaba a que V se despertara, cosa que hizo media horita más tarde, un poco lloroso y mareado. Al volver a casa nos pasamos por la de mi amiga Paqui para recoger a mis otros dos niños y nos la encontramos en compañía de Tere, que tuvo el detallazo de quedarse con ella para no dejarla sola con tanta chiquillería. Me encontré a los dos pequeños cenados y satisfechos.

Es absolutamente incalculable el valor de poder dejar a tus otros hijos en unas manos de confianza cuando tienes que correr a urgencias con uno de ellos. Cuando yo abandoné el parque en el taxi rumbo al hospital, Tere y Paqui se llevaron a toda la chiquillería (3 de Paqui, 2 míos  y una de Tere) a casa de Paqui y allí esperaron juntas hasta más de las diez y media a que volviéramos. Paqui incluso quería que los dejara a dormir para que fuéramos más tranquilos. Sé que estas cosas pasan y pueden pasar hoy a uno de mis niños y mañana a otro de los suyos y que yo también me quedaría con sus peques el tiempo que hiciera falta y encantada de la vida porque los adoro. Pero cuando lo hacen contigo y con tus hijos sientes que nunca se lo vas a poder agradecer lo suficiente.

Hoy me siento tan arropada y querida por estas amigas maravillosas con las que cuentas sin pensarlo para superar estos imprevistos y que siempre están ahí, dispuestas a echar una mano donde haga falta y a quien haga falta. Sin ellas, que duda cabe de que la experiencia de ayer hubiera sido muchísimo más traumática tanto para V como para sus hermanos. Gracias a ellas todo se resolvió con suavidad y eficazmente. Por la noche me encontré en casa con mis tres niños, uno un poco dolorido, pero los tres relajados y dispuestos a dormir como lirones. Y todo gracias a que yo pude centrarme en V para que pasara todo el proceso sintiéndose amparado y protegido por su madre, mientras O y M se sentían seguros, tranquilos y felices en manos de Paqui  y Tere.

Estoy muy orgullosa de mis amigas, y estoy muy orgullosa de mis tres hijos. Los tres estuvieron a la altura de las circunstancias de una manera que me dejó impresionada.

V tenía miedo, por supuesto. Lloró porque le dolía, y se asustó mucho cuando me oyó decir que esa herida había que coserla, que nos íbamos al hospital. Pero en todo momento demostró mucha confianza en mí. Yo no le mentí nunca y los doctores también hablaron con el tomándole en cuenta como la persona que es, sin ignorarle en la toma de decisiones como es costumbre hacer con los niños.

O se quedó sin rechistar cuando, con V herido y sentado en la sillita y M colgado en el mei tai, me fui volando a la consulta del pediatra. Se quedó con Tere sin protestar ni un poquito, algo que hubiera sido  normal en otras circunstancias, y luego me dijeron que se había portado de maravilla. Por la noche me lo encontré con ganas de seguir en casa de Paqui un ratito más, pero no rechistó cuando le dije que era tarde y ya nos íbamos. Se durmió en el coche y ahora todavía duerme.

Pero el que más me llegó al corazón fue M, que con sus dos añitos demostró un madurez y una empatía impresionantes. Se mantuvo colgado a mi espalda todo el tiempo que duró la cura en la pediatra y hasta que llegó el taxi. Sólo una vez me pidió bajar, cuando vio la consulta llena de juguetes, pero ante mi negativa no volvió a insistir. Cualquiera que conozca mínimamente a M sabrá lo excepcional de esa falta de insistencia. Y luego, cuando llegó el taxi y Paqui me convenció para que se lo dejara a ella......... me quedé impresionada: Al ver que lo descargaba y oír mis palabras explicándole como tenía que quedarse con Paqui y Tere porque yo tenía que ir con V al hospital a ver al doctor para que le curara, porque V se había hecho mucha pupa, se echó a llorar pero a la vez iba repitiendo

"vale, mami"

"si mami"

Que una criatura tan pequeña fuera capaz de asumir así su dolor ante la separación, aceptar la situación dándome su bendición para que me fuera a pesar de su miedo y tristeza, me dejó con el orgullo más doloroso que he sentido en mi vida. Esas palabras dichas entre lágrimas fueron para mí la certeza de que mi hijo, a pesar de ser tan pequeño, era capaz de hacerse cargo de su papel en esa situación y estar a la altura  a pesar de sus propios sentimientos.

Parece ser que lloró un poquito durante aquellas horas, pero en general se mantuvo tranquilo. Cuando llegamos a recogerlos por la noche se me abrazó con fuerza y me preguntó

"¿Ya no te machas sin mí, eh?????, Macus con mami ¿Sí?"

Una vez en el coche costó unos minutos sentarle en su silla de seguridad porque necesitó estar un poquito en brazos de su papi. Pero cuando vio que ya salíamos se dejo colocar tranquilamente.

Así que al próximo conductista que intente defender las bondades de sus métodos e intente convencerme de que estoy criando unos seres egoístas, malcriados y egocéntrico se va encontrar con que, sin el menor escrúpulo, le voy a estampar su propio nuevo libro en las narizotas. Supongo que sabéis a quién me refiero ¿No?........ pero de eso ya hablaremos con más detalle en el siguiente post.

De momento hoy nos vamos a pasar un sábado familiar a la selva tropical del zoo de Zurich, donde mis niños se han ganado un tucán y dos loros (de peluche) por comportarse ayer como tres superhéroes capaces de enfrentarse a los imprevistos apoyando a los adultos en la resolución de las urgencias y conflictos.

Y para acabar os cuento lo que V me dijo cuando le señalé que hacer locuras puede traer consecuencias como las que acabábamos de vivir:

"No te preocupes mami. Nunca volveré a saltar desde un muro que tenga un grifo. A partir de ahora saltaré sólo desde los muros que no tengan grifos"

Ya estoy mucho más tranquila.

¡Que paséis un buen fin de semana!



martes, 24 de mayo de 2011

DISCIPLINA




Permitidme haceros una pregunta:

¿Que es para vosotros la disciplina?

Mi marido dice que yo, ni tengo disciplina, ni se la sé inculcar a nuestros hijos (Lógico, si no tengo yo no se la puedo inculcar).

Llevamos un par de días de morros por el asunto y al final le he dicho que os iba a utilizar de "jurado popular"

Os explico la situación:

Domingo por la mañana. Un día primaveral precioso: sol y calorcito. La familia Trapp (nosotros) nos encontramos paseando por un precioso camino a lo largo de uno de los ríos que baña la ciudad de Zürich. El plan es llegar hasta una pequeña isla en donde se encuentran unas playas junto a unas piscinas infantiles y una cafetería donde podremos comer algo. No es mucho trecho, pero considerando que vamos pedaleando con los dos niños mayores cada uno en su bicicleta, es toda una aventura. 

Los tres peques llevan casco. Los adultos no. Mi marido no se ha puesto un casco en su vida, y eso que ya he hecho los más empinados, largos y peligrosos puertos de los Alpes. El dice que la precaución es la mejor protección, y nunca conseguí convencerle de que se lo pusiera.

Yo había intentado ponerme mi casco antes de salir de casa pero me lo encontré roto. Uno de los niños (supongo) me había separado esa correa regulable que corre por el interior. Sin ella, el casco que quedaba suelto y no me servía para nada. No importaba mucho. Sólo íbamos a ir por un camino peatonal sin el menor peligro y a dos kilómetros por hora. 

De todas formas, la tarde anterior me había escapado al centro de la ciudad a comprar un casco "Junior" para mi hijo mayor. Él ya va en su bici sin ruedines y le ha cogido el gusto a las acrobacias. El casco infantil con forma de mariquita roja de puntos negros, que él mismo eligió hace un par de años, ya no lo quiere ni de broma, así que decidí comprarle uno muy aerodinámico con "look" de adulto. Le encantó porque era blanco y negro y tenía visera. Si hubiera podido hubiera dormido con él. 

Mi hijo mediano ya tenía un casco azul con unos pandas dibujados, que él mismo eligió y que lleva sin rechistar cada vez que yo lo transporto en la silla infantil de mi bicicleta. Al pequeño tuvimos que imponerle un poco el casco rojo de la mariquita, pero cuando vio que los mayores llevaban cada uno el suyo y que les hacíamos fotos, le cogió el gusto a llevarlo. Parecía la hormiga atómica. Tampoco le gustó demasiado ir sentado en la silla de niños de mi bicicleta. Renegó bastante, pero al final le cogió el gusto también y se pasó el camino hablando del río, las plantas y los patos. 

Al principio todo fue sobre ruedas. El mediano nos hacía ir a paso de tortuga. El lleva ruedines en su bici y además es extraordinariamente precavido. Cada cuesta para abajo mi marido tenía que bajar de su bicicleta para sujetarle, porque le daba miedo la sensación de que la bici se iba sola y él perdía el control. Aunque sabe frenar, con el susto que le entraba se olvidaba de los frenos, y sólo era capaz de echar los pies al suelo lloriqueando. De todas formas el camino era bastante llano y sólo nos encontramos un par de minicuestas sin importancia. Además, O es un niño tranquilo que disfrutaba pedaleando con lentitud y viendo todos los detalles de la ruta.

Lo dicho, íbamos a 2 por hora en un camino prácticamente plano y sin coches.

Yo lo vi venir varios minutos antes. El mediano empezó a echarse la mano a la cabeza intentando arrascarse, pero se topaba con el casco. Cada vez que soltaba el manillar con una mano, este se le torcía y el volvía a asustarse, echando los pies al suelo y lloriqueando. Justo en ese momento el mayor cogió velocidad y se adelantó bastante, así que yo salí detrás de él. Cuando le alcancé le pedí que esperáramos a papá y al mediano. 

Después de esperar un ratito y ver que no llegaban decidimos volver atrás y nos encontramos a mi marido de pié con el casco en la mano, mientras el mediano lloraba con desconsuelo. Había ocurrido lo que yo veía que iba a ocurrir: el niño no aguantaba más el casco. Le producía picores, le pesaba y le daba calor. Se negaba en redondo a ponérselo. Mi marido se negaba a continuar si no se lo ponía y estaba dispuesto a volver a casa echando a perder nuestro recién comenzado domingo primaveral de familia feliz en bicicleta. 

Yo salí en defensa del mediano: 

- A ver, A, se práctico. O no corre ningún peligro sin el casco porque va a dos por hora en una bici de ruedines por un camino llano y sin coches. Déjalo estar y sigamos ya.

Y ahí es donde me soltó eso de "Es que tu no tienes disciplina"

DISCIPLINA. Bendita palabra. Ese fue el detonante para comenzar, allí mismo, en medio del camino del río, una acalorada discusión (tipo español: voz elevada y mucha gesticulación, al menos por mi parte) sobre si era fundamental o no imponerle el casco a mediano. 

Mi marido argumentaba que no importaba que en ese momento en concreto el casco no fuera realmente necesario, sino que si cedía estaba "perdiendo" y no actuaba pensando en el futuro, cuando se diera la situación en la que el casco fuera realmente necesario. 

Yo argumentaba que cuando el casco fuera imprescindible  no daría marcha atrás y si el niño entonces se negaba, yo actuaría en consecuencia, cancelando lo que hubiera que cancelar.  Pero puede ser que cuando nos encontráramos con esa situación, O estuviera lo suficientemente maduro como para aceptar el casco sin rechistar, entendiendo las razones de porqué era necesario. De hecho, nunca me lo cuestionó cuando lo llevaba yo en mi propia bicicleta por la ciudad, situación en la que el casco no es negociable en absoluto. Por otra parte. ¿Como se atrevía a imponer a su hijo algo que él no cumplía? Porque como ya os he dicho, mi marido no ha llevado casco ni siquiera cuando realmente hubiera sido muy aconsejable que lo llevara. ¿O no lo es cuando bajas a más de 70 Km/hora por un puerto de montaña con coches circulando?

A toda esta réplica él empezó a echarme en cara mis otras "faltas de disciplina" como cuando el Viernes y el Sábado les dejo irse más tarde a la cama. Yo por supuesto le repliqué con los mismos argumentos:

- Era innecesario acostarse tan pronto como los otros días porque al día siguiente podían dormir más tiempo
- El no se acostaba a la misma hora y le gustaba quedarse hasta más tarde en la cama las mañanas del fin de semana. Así que ¿Que pretendía? Claro, que mamá "burradecarga" se siguiera levantando a las 6 de la mañana sábados y domingos porque unos niños que se acuestan a las 9 de la noche no se levantan a las 8 ó 9 de la mañana, no, se levantan a las 6 ó 7. ¿Y se levantaba él cuando eso ocurría????? ¡No claro!!! Para eso ya tenía a la indisciplinada de su mujer.......

Total, que di un pequeño espectáculo de "mamá española cabrada con papá alemán" a los recatados y silenciosos suizos que paseaban esa mañana a lo largo del río. Incluso solté mi filosófica frase de: "¡Yo estoy criando seres libres y no soldados de ningún ejército! ¡Yo quiero niños que sepan actuar en consecuencia y no obedeciendo a ningún absurdo concepto de disciplina!" Al final, como no nos íbamos a poner de acuerdo ni de lejos, lo dejé todo en manos de él. Le dije que él decidía: nos fastidiaba a toda la familia el Domingo precioso que íbamos a pasar, además de tener que cargar de vuelta a casa con su bicicleta, la bici de O y al propio O llorando a mares, o se bajaba del burro, dejaba a O sin casco y continuábamos a nuestra velocidad digna del Tour de Francia camino de las playas, las piscinas infantiles y la cafetería, para pasar toda la familia un domingo inolvidable y feliz.

Al final se bajo del burro, pero regañando bastante sobre mi falta de disciplina, mi ignorancia sobre lo que significa esa palabra y mi poca visión de futuro.


Acabamos pasando por encima del incidente y pasando un Domingo excelente. Los críos disfrutaron bañándose en las gélidas aguas de las piscinas y después nos tomamos unas salchichas ecológicas buenísimas. A la vuelta A fue tirando de O y su bici con un sistema improvisado con la correa de mi bolso, ya que O estaba agotado para seguir pedaleando. El mayor siguió con sus acrobacias y el pequeño se durmió en la silla de mi bicicleta. Llegamos a casa justo cuando empezó a formarse una fantástica tormenta de lluvia, truenos y relámpagos. 

Pero el asunto de la disciplina se nos ha quedado sin resolver, y ya le he dicho a A que haría un post con el incidente para conocer vuestras opiniones. Así que os agradecería mucho que participarais dándonos vuestro punto de vista. 

¿Que significa para vosotros la palabra disciplina?

¿Creéis que es necesario imponer la disciplina en la educación de vuestros hijos?

lunes, 10 de enero de 2011

CON NIÑOS EN EL AVIÓN



Llevo tiempo con ganas de escribir sobre el poco interés que ponen las líneas aéreas en la seguridad de los niños y los bebés en los aviones. Al menos, esa es mi impresión.

Me explico: Hasta los dos años de edad los bebés deben de ir en el regazo de sus padres. En Swiss nos dan un pequeño cinturón que se une al nuestro, pero en otras líneas aéreas no dan nada de nada. Si tienes suerte, tal vez  puedas utilizar tu silla de seguridad del grupo 0, pero para eso tiene que haber asientos libres. La mayoría de las veces esto no ocurre y no te queda más remedio que despegar, volar y aterrizar con tu bebé en brazos, sin ningún tipo de protección adicional. Parece ser que algunas compañías proporcionan un capazo, aunque yo nunca he visto ninguno. Comprar un billete para el bebé, para así asegurarte un asiento para la silla de seguridad, es imposible -al menos si lo haces por internet- ya que al preguntarte la fecha de nacimiento y  ver que es menor de dos años no le asignan asiento.

No puedo entender como se considera seguro que un bebé viaje en avión con la única sujección de los brazos de un adulto, al menos en los momentos de despegar, aterrizar y durante las turbulencias. Es cierto que en un accidente aéreo en toda regla no hay  muchas posibilidades de sobrevivir, pero también pueden ocurrir movimientos bruscos que, sin tener mayor importancia para un adulto, pongan en serio peligro la integridad de un bebé que no está convenientemente sujeto. Las turbulencias pueden ser tremendas y si te pillan por sorpresa y no estas sujetando correctamente a tu hijo, este podría golpearse con el asiento delantero, o incluso con el techo del avión.

Pero lo peor es a partir de los dos años. El niño ya tiene que ir sentado en el asiento de adulto, agarrado por el cinturón de seguridad. ¿Problemas? Varios:

1-     En general, hasta que el crío tiene unos cinco años, se pierde en el enorme asiento y queda mal sentado y mal agarrado.
2-     Si todavía anda más cerca de los dos años que de los tres, es posible que no quiera sentarse sólo, sobretodo si está algo asustado y se siente inseguro en lo que para él es un enorme sillón.
3-     Quitarse el cinturón no sólo es facilísimo, sino también tremendamente atractivo para una criatura aburrida de esperar a que despeguen de una vez.
4-     La mesita plegable es también extraordinariamente atractiva, sobretodo para abrirla y cerrarla cien veces.

Podríais decirme que ahí está la mamá para controlar el comportamiento del pequeño, pero os aseguro que es bastante complicado hacerlo cuando tienes al hermano pequeño, menor de dos años, en el regazo. Si además el susodicho es, además de menor de dos años, mayor de 12 meses, es bastante difícil que la madre en cuestión tenga la mínima posibilidad de moverse mínimamente en el reducidísimo espacio que queda entre ellos y el asiento de delante, cuyo ocupante suele tener el detallazo de, además, reclinarse para echarse un sueñecito. Sueñecito que posiblemente no consiga, ya que será zarandeado inmisericordemente por un bebé angustiado (por la falta de espacio) que es a su vez estrujado por una madre histérica que intenta evitar que el hermano mediano se abra la cabeza con la mesita plegable o se quite el cinturón en pleno aterrizaje.

Ayer volvimos de España y hoy estoy destrozada. El viaje es muy largo: cinco horas de coche y una hora y veinte de avión. Lo peor, con diferencia: el avión. Y eso que V ya se porta como un bendito. El pobre, aunque se aburra como una ostra, está calladito y tranquilo y se conforma con hacer cien veces la simpleza de puzzle que le da la azafata. Pero O y M son otro cantar. Si me toca el gordo de la lotería, ambos se duermen. Creo que ha ocurrido una vez. Si me toca sólo el reintegro, se duerme uno de los dos. El resultado es que yo estoy medio inmovilizada sujetando a un niño dormido mientras intento controlar el comportamiento del otro con el brazo libre. Lo peor es ver al padre dormir tranquilamente en el asiento del otro lado del pasillo. Y no es que él no quiera ayudar, no, es que los dos enanos “quieren con mami” y claro……. No hay más remedio. 

Ayer tuvimos escenita en el aterrizaje. Y es que yo, no lo voy a negar, tengo los nervios a flor de piel en los aviones. Sí, lo reconozco, me da miedo volar. En mi vida de soltera me ponía nerviosilla (si había turbulencias pasaba a “nerviosa”) pero desde que vuelo con mis hijos me pongo histérica. Si el avión se mueve demasiado entro en estado de shock-camuflado: por dentro estoy muerta de terror mientras sonrío a los peques e intento montar la simpleza de puzzle que nos dio la azafata.

Ayer ocurrió algo que para una persona normal hubiera sido una nimiedad de la que reírse y que a mí me puso en “estado de alerta” el resto del vuelo. Alguién encendió la megafonía antes de  que el piloto estuviera preparado y se le oyó claramente decir “Scheiße”,o sea, “mierda”

¡¿Mierda?¿ ¡¿Porqueeeee?!

¿Por que se le había caído el café en los pantalones? O ¿Por que el motor izquierdo no funcionaba?

Ya me quedé cavilando sobre la palabrita el resto del vuelo, con el corazón "encogío". Mientras, M dormía en mis brazos enganchado a la teta, y yo intentaba controlar a O que estaba especialmente revoltoso.

Llegó el momento del aterrizaje. El avión se movía bastante mientras bajaba. Yo intentaba controlar mi pánico y que M no se despertara. Entonces O decide que se quiere soltar.

“¡No! O ¡NO! ¡Ahora no!!! ¡Estamos aterrizando”!!!!!”
“ Pero quero coger ese paletito rojo del suolooooo” “mamiii”
“¡NOOOOO! ¡NI SE TE OCURRA SOLTARTE AHORA!”

Pero se soltó y se bajó del asiento. Lo cogí con la mano libre por la espalda de la camisa, y lo subí en vilo otra vez a su asiento. Mientras, el pequeño se despertó asustado por mis gritos y estrujado por mis movimientos bruscos. O se me revolvía como una lagartija y no podía ponerle otra vez el cinturón.

Entonces le di la bofetada. Fue una bofetada pequeñita, dada con la punta de los dedos, pero bofetada al fin y al cabo. Al menos O se quedó helado (nunca le había pegado) y tras echarse a llorar con un desconsuelo que partía el alma, se dejó atar. Una azafata vino en mi ayuda para explicarle a O lo enfadadísimo que estaría el capitán si se enteraba de que se había soltado. O la escuchaba entre sollozos. El resto del aterrizaje estuvo quieto y tranquilo. Yo me quedé pensando si la bofetada era realmente necesaria y con una congoja que ni sé. Se me pasó hasta el miedo por las turbulencias.

Entonces ocurrió algo que nunca me había pasado. Tras tocar tierra el avión dio un frenazo terrible que me puso el corazón y el estómago en la garganta. La gente se miró con aprensión. Los dos mayores quedaron literalmente colgados de sus cinturones y yo necesité bastante fuerza para evitar que M se me estampara con el asiento de delante. Parece ser que el piloto había tocado tierra muy tarde y por eso necesitó frenar con tanta fuerza (al menos eso me contó mi marido). El caso es que si O hubiera estado suelto se hubiera pegado un golpe bastante más fuerte que mi bofetada.

Y yo me pregunto ¿No sería posible que los aviones tuvieran asientos adaptados para menores donde estos quedaran mejor sentados y mejor sujetos que en el asiento para adultos? Al fin y al cabo todos compramos los billetes con bastante antelación y no debería ser tan difícil tener los adaptadores necesarios según el número de niños.

Yo nunca he tenido problemas de disciplina en el coche. Creo que eso es porque desde el principio ellos ya se notan bien sentados y sujetos y no se plantean que pueda ser diferente. En cambio, en el avión les parece que eso de estar sentado y atado es opcional, y es mucho más difícil convencerles de que lo deben de hacer por su seguridad. Unos buenos adaptadores con una buena sujeción cambiarían mucho las cosas.

¿Qué opináis vosotros? ¿Cuál es vuestra experiencia viajando en avión con los niños? ¿Qué pediríais a las compañías aéreas?