Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de noviembre de 2019

LA CIENCIA DEL SIGLO XIX EN LAS GUÍAS PARA PADRES DEL SIGLO XXI


El 19 de noviembre del 2019 la Comunidad de Madrid nos comunica lo que parece una estupenda noticia: el Hospital Niño Jesús publica la primera guía práctica para padres sobre Trastornos del comportamiento de niños y adolescentes, en la que se explica cómo reconocer estos trastornos, qué son, qué hacer y cómo prevenirlos. 

Teniendo en cuenta de que es una guía publicada este mismo año, el 2019, uno podría esperar que sus consejos y recomendaciones estuvieran basados en las más rigurosa y actualizada ciencia basada en evidencia. Y si bien yo no he entrado a analizar la mayor parte de esta publicación, tengo que decir que para el tema que a mí me incumbe, el sueño infantil, esto no es así.

En realidad, es todo lo contrario. Leer el capítulo de Trastornos de sueño hace llorar los ojos de cualquier especialista en sueño infantil realmente actualizado. De hecho, parece un copypaste de los manuales de crianza más anticuados y casposos que uno puede encontrar en la literatura sobre crianza. El mensaje trasmitido es tan arcaico que me quemaban los dedos por la necesidad de decirles a sus autores:
¿Cómo os atrevéis?
¿Cómo os atrevéis a escribir estas palabras a los padres? ¿Cómo os atrevéis a recomendarles cosas como las que siguen?

  • No acunes ni mezas a tu bebé para ir a dormir.
  • No le duermas en brazos.
  • No interpretes el despertar de tu bebé como hambre, sed o miedo.
  • Si se despierta no le cojas ni le des de comer, se acostumbrará a ello.
  • Para muchos niños dormir es una pérdida de tiempo, se niegan o se inventan necesidades y te llama, no cedas, si lo haces le estás enseñando malos hábitos.
  • Si al llevarle a su cama llora desesperadamente cada noche, déjale en su cuna o cama y sal del cuarto.
  • No entres en la habitación, es teatro, espera al menos cinco minutos. Si al entrar se calla, no le cojas ni le hables, sal diciendo “ahora a dormir”.
  • Si se despierta cada noche y te reclama para que le duermas, déjale llorar 30 minutos. Después entra para comprobar que está bien, algunos vomitan del enfado. No le hables, no le cojas, sal de la habitación y dices “ahora a dormir”.
  • Así durante tres periodos de media hora. Antes del tercer día tu hijo no te reclamará, habrá aprendido a dormir sin tu ayuda.

No hay ni un mínimo de evidencia científica que respalde vuestras recomendaciones. Es vergonzoso. Es denunciable. Estáis haciendo apología del maltrato infantil. El trabajo es tan burdo y zafio que ni siquiera concretáis sobre las edades de los niños (o bebés) a cuyos padres va dirigido vuestro mensaje. ¿Con que autoridad estáis diciendo a un padre que no interprete el llanto de su bebé por la noche como hambre o sed si no sabéis ni la edad que tiene? ¿Cómo os atrevéis a asegurar a todos los padres que leerán vuestra guía que el problema de su hijo es un problema “de hábitos” y mala educación? ¿Es que acaso habéis confirmado (por telepatía por lo que parece) que ese bebé o niño que llora no sufre una verdadera patología, desorden o problema que requiera la inmediata intervención de sus padres? ¿Es que acaso habéis dado claves para que los padres puedan confirmarlo? En absoluto. Os habéis limitado a asumir que ese niño que llora, o ese bebé que llora, no merece ser escuchado porque “es teatro”. Un mensaje SORPRENDENTEMENTE IRRESPONSABLE.

Por cierto, la última afirmación es, para la gran mayoría de niños, mentira. 

Que un hospital como el Niño Jesús haya permitido que una guía con este mensaje vea la luz en pleno año 2019 es desesperanzador. Es tirar a la basura medio siglo de investigación científica. Una ciencia imposible de resumir aquí, pero que cualquiera que ose dar recomendaciones a los padres debería conocer. Yo hice una humilde recopilación en el libro Dulces Sueños (Alianza 2016). Les recomiendo que, al menos, lean eso. Pero si quieren estar realmente informados les comparto encantada los 1300 artículos sobre sueño infantil (y áreas relacionadas) que tengo en una carpeta de Dropbox.

Así podrán aprender que la medicina del sueño infantil ha naturalizado el sueño en solitario, creando toda una serie de normas sin ninguna base científica ni médica sobre cómo y dónde deben dormir los niños. Pero muchos profesionales, afortunadamente, han desenmascarado esta naturalización y abogan por un abordaje más integral y objetivo de los problemas del sueño infantil. Aprenderán también que la manera natural de dormir del bebé/niño humano es colechando con sus cuidadores, principalmente su madre. Y podrán comprobar que para un sector cada vez más important, todos los profesionales e de la pediatría del sueño, y la ciencia del sueño en general, esa es la manera más saludable de hacerlo. Aprenderán que para muchos niños sus consejos pueden ser extraordinariamente contraproducentes y, de hecho, no mejoran en absoluto sus problemas de “insomnio infantil”. Para otros tal vez no supongan una respuesta tóxica al estrés, porque son más resilientes, pero les expone a un sufrimiento inútil, porque no hay ninguna razón médica por la que sus padres no deban cumplir su único deseo: dormir con ellos. Y si los padres están de acuerdo, entonces no hay problema de sueño ni hay sufrimiento. Y esto ustedes ni lo nombran.  

Hace ya cinco años la psiquiatra infantil Ibone Olza escribió un texto que se llegó a viralizar por la red. Se llamaba Desmontando a Estivill.  En él se puede leer:

Me he sentido desolada al ver esas secuelas que Estivill insistentemente niega, y que a veces tienen la forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia. Cuando se ha conseguido que una madre o un padre desatiendan el llanto de su bebé dejándole sólo en otra habitación, cuando ya se ha producido esa primera quiebra, la confianza en los demás, la bondad, la empatía del niño o niña se pueden ver mermadas de por vida.Desmontando a Estivill. Ibone Olza MD 2012


Desde aquí quiero hacer una llamada para la inmediata retirada y revisión de esta guía. Nada así debería ser publicado sin haber demostrado la absoluta ausencia de efectos nocivos del sueño en solitario impuesto de una manera tan burda como aconsejan estos autores.

Y para finalizar quiero hacer otra llamada a mis lectores a participar en un proyecto de investigación llevado a cabo en la universidad del País Vasco, liderado por el doctor José Martín Amenabar, y que pretende evaluar los efectos de uno de los métodos más populares para forzar el sueño en solitario en nuestros niños: el Llanto Controlado, más conocido en nuestro país como Método Estivill. Para que en el futuro los profesionales del sueño infantil puedan tratar con éxito los desórdenes del sueño de nuestros hijos es absolutamente imprescindible la realización de trabajos como este. Si no, no avanzaremos nada. Los niños seguirán necesitando dormir con nosotros, los pediatras nos seguirán obligando a dejarles durmiendo solos (a pesar de las faltas de evidencia científica) y los padres seguiremos llorando, detrás de una puerta cerrada, escuchando el llanto de nuestro hijo, con el alma rota… y todo absolutamente por y para nada.

Aquí encontraréis los cuestionarios:


¡Animaros a participar!


Además, todos los profesionales de la salud infantil y la educación estáis invitados a firmar un manifiesto preparado con la intención de ser enviado a las autoridades del Hospital Niño Jesús. Aquí lo tenéis:

Manifiesto en respuesta a la Guía para Padres «Trastornos del comportamiento de niños y adolescentes» del Hospital Niño Jesús de Madrid


jueves, 1 de marzo de 2018

PROYECTO DE INVESTIGACIÓN PARA VALORAR LOS EFECTOS DEL MÉTODO ESTIVILL


Hoy quiero compartiros un proyecto de investigación que se está llevando a cabo en la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco y cuya finalidad es valorar el llamado popularmente Método Estivill, conocido en los círculos profesionales como Extinción gradual, Llanto controlado o Consuelo controlado.

Hasta el día de hoy no existen pruebas directas publicadas en revistas científicas (revisadas por pares) que demuestren efectos negativos, y en esto se basan sus defensores para seguir recomendando su práctica, a pesar de los numerosos indicios publicados de que sí puede tener efectos nocivos significativos, especialmente a largo plazo. 

Por lo tanto, considero muy necesario que desde diferentes disciplinas -y, por lo tanto, perspectivas- se siga evaluando sus efectos.

Os adjunto el e-mail que he recibido del doctor Amenabar solicitando mi colaboración en la divulgación del cuestionario y os animo encarecidamente a participar si tenéis experiencia con el método.

Estimado/a colaborador/a:
 
Somos un equipo de profesionales que, preocupados por la salud mental de la población infantil, estamos realizando una investigación sobre el método Estivill.
 
Como es sabido, en 1996 Estivill publicó el libro «Duérmete, niño», en el que presentaba un método para acabar con los supuestos problemas de sueño infantil. Su propuesta consiste en un entrenamiento progresivo, con lapsos de tiempo cada vez más prolongados, en los que los adultos han de aguantar sus deseos de atender al niño que llora a la hora de dormir. Así, noche tras noche, hasta que el niño aprende a dormirse solo.
 
El método Estivill, aplicado a miles y miles de niños a lo largo de los años, ha suscitado gran polémica a nivel médico, psicológico y educativo, con posiciones encontradas entre sus partidarios y sus detractores.
 
Para poder conocer de primera mano cómo se ha vivido la aplicación del método Estivill, se han diseñado 2 CUESTIONARIOS:
               
1)     PARA QUIENES EN ALGÚN MOMENTO APLICARON EL MÉTODO ESTIVILL y desean participar en nuestra investigación, pueden hacer clic en este apartado.
 
2)     PARA QUIENES EN SU INFANCIA SE LES APLICÓ EL MÉTODO ESTIVILL y desean participar en nuestra investigación, pueden hacer clic en este apartado.


Dr. JOSÉ MARTÍN AMENABAR BEITIA
Nortasuna, Balioespena eta Psikologia Tratamenduaren Saila
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico

domingo, 11 de junio de 2017

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.

Mucho ruido y pocas nueces. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con el polémico (y mediocre) artículo de Paul et al. que pretendía cuestionar las recomendaciones de compartir habitación lanzadas a la sociedad por la academia de pediatría más poderosa del mundo: la American Academy of Pediatrics (AAP).

Finalmente yo sigo sin entender como Pediatrics (la revista de dicha academia) ha aceptado un artículo tan limitado y mal diseñado, pero al menos la reacción de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome (el grupo de trabajo contra la muerte súbita del lactante) de dicha academia sí es digna de resaltar porque deja en evidencia la lenta pero continua consolidación de lo que yo considero como la nueva corriente multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil dentro de sus filas. 

Lo que quiero decir con esto es que si hasta ahora todas las recomendaciones de la AAP sobre el sueño infantil se basaban en la "pediatría tradicional del sueño", para la cual el sueño del bebé durmiendo en solitario y sin lactancia materna es el modelo de sueño saludable, poco a poco empiezan a consolidarse los trabajos de autores que investigan desde otra perspectiva, más abierta a los conocimientos de disciplinas como la antropología y la biología evolutiva, y que nos enseñan que la manera natural de dormir del bebé humano es en íntimo contacto con su madre y, por lo tanto, ese es el modelo de sueño saludable en el que se deberían basar todas las investigaciones. Y lo mejor es que estas nuevas investigaciones empiezan a influir en el criterio de los que realizan las recomendaciones.

Hasta ahora siempre he pensado que los miembros de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome eran el ejemplo perfecto de expertos de la "vieja escuela", más que nada por su rechazo unilateral al bedsharing, o colecho con el bebé compartiendo cama. Pero he aquí que en la respuesta de dos miembros del grupo, Moon y Hauck, al artículo de Paul et al, puede leerse un avance importante hacia mi esperado cambio de paradigma. En primer lugar, se esfuerzan mucho en defender el Roomsharing, algo que me sorprende ya que utilizan argumentos antes utilizados por los que más critican su aversión al Bedsharing, como la importancia de la lactancia materna (que se ve beneficiada con la cercanía entre madre y bebé por la noche), y la incertidumbre sobre si realmente es seguro y apropiado que un bebé de 4 meses tenga un sueño consolidado, teniendo en cuenta de que las evidencias apuntan a que no lo es. 

Pero la guinda del pastel es que ya por segunda vez (la primera fue en la actualización de sus recomendaciones oficiales, pero muy sutilmente) abren la puerta a la posibilidad de que realizar bedsharing sea, en ciertas circunstancias, la posibilidad más segura para el bebé. 

Ante la advertencia de Paul et al. de que los padres que comparten habitación con su bebé tienen más posibilidades de meterlo en su cama en algún momento de la noche, en contra de las recomendaciones de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome, y que esa es una razón de peso para sacar al bebé de la habitación lo antes posible, Moon y Hauck responden: 

Esto es realmente preocupante y refuerza la necesidad de que los profesionales de la salud hablen con los padres sobre la importancia de preparar la cama de los adultos proactivamente ante la posibilidad de que se practique el Bedsharing en  medio de la noche. En las recomendaciones para un sueño seguro del año 2016 se reconoce que los padres pueden llegar a dormirse con sus bebés mientras los alimentan, por lo que se recomienda que se quiten almohadas, mantas y otros equipamientos de la cama adulta si existe la posibilidad de que esto ocurra. 

Esto viene de decir que ante el riesgo de que los padres por compartir habitación aumenten la probabilidad de meterse al bebé en su cama, es más recomendable para la seguridad del bebé preparar la cama para que se coleche con seguridad que sacarlo de la habitación.

Y esto, conociendo el desarrollo histórico de la investigación sobre muerte súbita del lactante y las diferentes recomendaciones realizadas a lo largo del siglo XX, es un gran paso hacia el cambio de paradigma, esto es, el ejercicio de una pediatría del sueño más independiente de los prejuicios culturales, morales, religiosos y económicos y mejor informada sobre la naturaleza humana y, concretamente, la diada madre/bebé. 

Os podrá parecer un avance pequeño, pero llevo tantos años leyendo artículos diseñados por y para la vieja escuela, que este paso en lo que yo considero la dirección correcta me llenan de esperanza. Así que a pesar de que Pediatrics ha aceptado esta vergüenza de artículo y, encima, la AAP le está dando bombo; a pesar de que los medios están divulgando con la falta de rigurosidad y honestidad que les caracteriza; a pesar de los pesares, que Moon y Hauck no aprovechen este trabajo para echarse directamente para atrás recomendando que el bebé duerma en otra habitación, y en lugar de ello defiendan el compartir habitación con él usando argumentos de los defensores del colecho, es una noticia estupenda.

Mi agradecimiento y admiración por todos estos investigadores como McKenna, Ball, Gettler, Blair, Bergman, Olza, etc., que hacen ciencia en contra del sistema establecido y, poquito a poquito, están consiguiendo el cambio. 

jueves, 8 de junio de 2017

DORMIR CON EL BEBÉ: ¿SÍ O NO?


Hasta ahora la Academía Americana de Pediatría lo tenía bastante claro: aunque son extraordinariamente reticentes a que el bebé humano duerma en su localización natural ―esto es, en íntimo contacto con su madre―, al menos recomendaba que durmiera con ella en la misma habitación (o que sus padre o cuidadores principales), ya que el riesgo de muerte súbita desciende muy significativamente. Y esto a pesar de su visión "tradicionalista" del sueño infantil, profundamente criticada por muchos autores que defienden un abordaje más mustidisciplinar y abierto.

Pero parece que esta concesión (a medias) a la necesidad primal de nuestras criaturas de dormir al menos cerca de su madre todo un año enterito les picaba, y ya tenían ganas de poner los límites más pronto. Porque, si no, no se entienden que en su revista principal, Pediatrics, una de las más influyentes internacionalmente (si no la más) en el mundo de la pediatría, hayan publicado un artículo tan pobre, cuestionable y sencillamente mediocre como el que saldrá en Julio de este año, y que (desgraciadamente) ya podemos encontrar on line: 


Un artículo que de haber demostrado lo contrario de lo que piensan que han demostrado, por su diseño y metodología no lo publican ni en la "Revista de pediatría integral desorganizada y absurda de Villaqueteempujodeabajo"(*), pero como concluye lo que concluye  no sólo ha sido publicado en una de las revistas de más factor de impacto, sino que ya está siendo divulgado a diestro y siniestro por todos los medios de comunicación con secciones dedicadas a los padres.

Y os preguntareis ¿que concluye el dichoso artículo que María está que se sube por las paredes? pues que los bebés y sus padres duermen mejor en habitaciones diferentes, y que no es necesario que duerman "todo" un año juntos porque el 90% de las muertes súbitas ocurren los 4 primeros meses.

Este mensaje a los medios les ha encantado, por supuesto, porque encenderá debates, likes y shares por doquier. Y que salga en la venerada Pediatrics le da su (inmerecido) certificado de calidad. Ya veo a ciertos divulgadores sobre el sueño frotándose las manos porque tienen otro artículo "publicado en una revista muy importante" para apoyar sus (más que muy moral y científicamente cuestionables pero extraordinariamente rentables) métodos de adiestramiento del sueño en solitario. 

Pero dejadme explicar por qué este artículo es mediocre y nunca debería haber sido publicado en una revista de la categoría de Pediatrics. De hecho, os voy a explicar a fondo una sola razón. Hay más, porque el enfoque completo del trabajo es más que cuestionable, pero esta razón principal la vais a entender rápidamente y me sirve como ejemplo perfecto de lo chapuzas que son muchas veces los investigadores en sus ganas de demostrar sus hipótesis a toda costa, y de cómo los intereses culturales, sociales y hasta económicos son capaces de comprar incluso el respetado, y supuestamente objetivo e independiente, sistema de "peer review" (revisión por pares) de las publicaciones científicas.

El quid de la cuestión para mí es el siguiente: Todo el trabajo se basa en cuestionarios. No hay ni una sola medida objetiva del sueño de los bebés. 

¿Y por qué es esto tan importante?

Imaginad que un científico quieren saber como cantan una muestra de niños. Si cantan fuerte o cantan bajito. Se supone que cantar fuerte es malo porque irrita las cuerdas vocales. Para saberlo, en lugar de oír cantar a todos los niños lo que hacen es preguntar a los padres. Pero los niños están divididos en dos grupos: los niños de un grupo cantan en la misma habitación que los padres y los del otro grupo en una habitación diferente. Después preguntan a los padres como han oído el canto de sus hijos, si fuerte o bajito. Los padres cuyos hijos estaban en otra habitación oyen el canto significativamente más bajito que los que tienen al niño en la misma habitación. Entonces los investigadores concluyen que los niños que cantan en una habitación separada de las de sus padres cantan más bajito, por lo que dañan menos sus cuerdas vocales. En estas circunstancias no pueden sino recomendar que los niños nunca canten cuando se encuentran en la misma habitación que sus padres. 

Los autores de nuestro artículo protagonista han hecho exactamente lo mismo. Sí, así de surrealistas pueden ser algunos estudios científicos. 

Tal vez penséis que ésta es una comparación exagerada (¡los niños están durmiendo, no cantando!), pero fijaos: en el estudio en cuestión los investigadores valoran el sueño infantil mediante cuestionarios a los padres para comparar la calidad del sueño entre los  niños que duermen en la habitación con sus padres o en otra habitación, y llegan a la conclusión de que como los padres reportan más sueño nocturno y periodos de sueño sin interrupción más largos en los niños que duermen en otra habitación, estos realmente están durmiendo mejor, asumiendo por defecto que los padres que duermen separados de su bebé tienen la misma capacidad de valorar su sueño (en cantidad y calidad) que los padres que duermen con el bebé al lado. Y eso, señores, me parece a mí que es mucho asumir, sobre todo cuando las evidencias apuntan exactamente a lo contrario, ya que está demostrado que los padres que duermen lejos de sus hijos no tienen una apreciación realista de su sueño (o de las interrupciones del mismo: no siempre que el bebé está despierto los padres lo oyen). Por su naturaleza y objetivos este trabajo debería haber incluido obligatoriamente una medida objetiva del sueño infantil. Como mínimo la actigrafía, aunque dadas las limitaciones de esta técnica, especialmente con niños, hubiera sido mucho mejor una grabación con cámara de vídeo. Pero no lo han hecho.

Así que aunque los autores aseguran haber demostrado que los niños duermen más tiempo por la noche y periodos más largos de sueño seguido (a diferentes edades que van entre los 4 y los 12 meses, pero no quiero entrar en detalle), lo cierto es que solo han demostrado que los padres tienen esa apreciación. Claro, ellos reconocen esta limitación, pero no le dan importancia argumentando que los despertares que ocurren cuando bebé y padres comparten habitación ocasionan intervenciones no necesarias de los padres, afectando su sueño, y que es por eso por lo que los padres se quejan en la consulta del pediatra, por lo que es lo único relevante. O sea que, por delante de como duerma el niño, lo que realmente importa aquí es el sueño de los padres. Digo yo que, entonces, no pueden concluir ―tal y como hacen― que el niño duerme más y mejor, sino que los padres se enteran menos de (y por lo tanto intervienen menos en) los problemas de sueño de su hijo, y eso les permite dormir mejor. Y me pregunto por qué no dicen las cosas claras ajustándose a lo que realmente han observado. Será que vende menos esta versión más realista de sus conclusiones, ya que podría ser bastante cuestionable animar a los padres de bebés de 4, 6 o 12 meses a dormir lejos de sus hijos para que no se enteren cuando estos tienen problemas de sueño. 

Hay más limitaciones y muy importantes, pero me alargaría demasiado si las analizara aquí todas. De momento os cito brevemente algunas de las preguntas abiertas con las que me deja este artículo:
  1. ¿Cómo pueden asegurar los autores que las características del sueño que supuestamente tienen los bebés que duermen en solitario son más saludables que las de los niños que comparten habitación? Sí, ya sabemos que dormir bien y lo suficiente es importante. Pero ¿cual es ese "bien" y "suficiente" para la cría humana? Porque hasta ahora no veo que se haya demostrado que un sueño consolidado a los 4 meses sea más saludable que el sueño natural de los bebés que duermen como deben, esto es, en contacto con su madre y mamando a demanda (el, espero que ya famoso, Breastsleeping de McKenna). Este artículo, por lo tanto, parte de la naturalización del sueño en solitario realizada por la pediatría del siglo XX y ya denunciada por McKenna a principios del XXI. Una vez conocida la situación no veo que los que tanto defienden esta manera antinatural de dormir se molesten en comprobar si supone realmente un beneficio en el desarrollo físico, cognitivo o emocional del bebé, más allá de si los padres duermen mejor o peor lo que, dicho sea de paso, no depende tanto de la localización del sueño como de las expectativas que la pediatría del sueño nos mete en la cabeza. 
  2. ¿Como afecta a la lactancia a medio y largo plazo el sueño en solitario? Ya observan menos tomas nocturnas en los que duermen solos, lo que era esperable. Esta imposición del sueño en solitario tan temprana podría dificultar enormemente el establecimiento y continuación de la lactancia materna, tan fundamental para la salud de la diada madre/bebé. Algo muy importante a considerar si pretenden cambiar las recomendaciones oficiales sobre el sueño, especialmente porque en nuestra sociedad no se cumplen las recomendaciones oficiales sobre la duración de la lactancia materna ni de lejos. Digo yo que, para lanzar recomendaciones oficiales, no todo puede depender de que los padres duerman mejor si su hijo está en otra habitación. Porque esto nos lleva a la siguiente cuestión:
  3. ¿Qué pasa con todos esos beneficios, algunos ya descubiertos (favorece la lactancia materna, cambia la arquitectura del sueño de la madre y el bebé, para ciertos grupos de madres supone un mejor descanso, el bebé está más relajado, llora menos y se mueve menos, etc.) y otros todavía por descubrir, que son consecuencia directa del colecho entre madre y bebé? Pues pasa que en este artículo "se los pasan por el forro". O sea, los ignoran. Pero nunca debería ignorarse esta realidad tan compleja a la hora de recomendar a la población donde debe dormir sus hijos, digo yo. 
  4. Por otro lado, argumentan que como el 90% de las muertes ocurren los primeros 4 meses de vida y por eso no tiene sentido alargar más el dormir en la misma habitación con el bebé. Pero, ¿Sabemos acaso el peso que tiene el sueño en solitario como factor de riesgo en la población de bebés mayor de 4 meses? Yo no lo sé, y no sé si ellos lo saben o ni siquiera consideran la posibilidad de que poner a los bebés a dormir solos a partir de los 4 meses aumente significativamente la frecuencia de muerte (sea síndrome de la muerte súbita u otro tipo de muerte inesperada y súbita del lactante) a partir de esta edad. En cualquier caso, aunque solo un 10% de las muertes súbitas del lactante ocurran a partir de los 4 meses, si dormir en solitario aumenta significativamente el riesgo no debería ser ignorado a la hora de recomendar el sueño en solitario por la (supuesta) comodidad de los padres.
  5. Y por último: ¿Cómo pueden seguir publicándose artículos sobre el sueño infantil tan escandalosamente sesgados por los valores culturales del sector dominante de la sociedad occidental industrializada, y que se empeñan en convertir en evidencias científicas lo que ni de lejos lo son? Ya desde el principio del artículo el sesgo cultural es inaceptable: desde la advertencia a los padres de que si no sacan a los bebés a dormir fuera de su habitación antes de los 12 meses luego les costará mucho más, hasta la exclusión intencionada del colecho en la misma superficie (bedsharing), porque va en contra de las recomendaciones de la AAP. También asumen que un factor negativo de tener al bebé en la misma habitación es que hay más probabilidades de que se lo metan en la cama, considerando este comportamiento como "de riesgo" e ignorando observaciones como la realizada en un estudio reciente de Blair, en la que podemos apreciar como a partir de los 4 meses el colecho realizado en la misma cama en condiciones seguras es un factor preventivo de muerte. 
En conclusión: cuando veáis en los próximos días titulares asegurando que la evidencia científica dice que hay que sacar a los bebés de la habitación cuanto antes, no os los creáis. Están basados en un estudio mediocre, con un sesgo cultural en su diseño e interpretación inaceptable, posiblemente publicado en una revista de alto impacto por las limitaciones de un sistema, el de revisión por pares, que no escapa a la compleja realidad de la ciencia como mero producto de la sociedad que la crea y, por lo tanto, sujeta a sus determinantes culturales e intereses varios.

Artículo de interés:

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.












(*) La bromita viene a que en el mundo de las publicaciones científicas cuanto más local es una revista científica y más largo su nombre, generalmente menos impacto (y por lo tanto calidad) tiene. 

domingo, 29 de enero de 2017

¿CRIANZA CON APEGO?...¡CHORRADAS!


"Crianza con apego", dicen algunos. Otros la han llamado "Crianza natural", "Crianza respetuosa" o, el término que siempre me ha gustado a mí más pero que es el que menos se oye, "Crianza corporal".

Y esto viene a cuento de un artículo que no he tenido más remedio que acabar leyendo, porque al final mi admirada y querida Elena López me etiquetó en una publicación de Facebook, con el fin de pedirme información sobre el último párrafo del susodicho, en el cual la periodista y doctora en biología (sí, bióloga, como Ana Obregon, ya sabéis), Marta Palomo, cargaba contra el colecho poniendo como ejemplo de certeza científica uno de los artículos más polémicos y criticados de los últimos años en los foros científicos sobre el tema. 

A mí este tipo de artículos divulgativos me dan ya demasiada pereza. Últimamente ni los leo y, cuando lo hago, lo hago en diagonal. Me los sé de memoria porque todos dicen lo mismo. Encima, esta semana ya ha habido dos en la misma línea. El otro fue el escrito Luz Sanchez Mellado reclamando su derecho a no ser una madre mamífera. Se montó toda una guerra dialéctica en twitter y facebook, con sus bajas incluidas. 


El caso es crear un debate donde realmente no lo hay.

No me malinterpretéis. Debate sobre crianza hay. Por supuesto. Pero lo que pretenden "debatir" con este tipo de escritos no es algo realmente discutible, porque son realidades suficientemente comprobadas, con y sin el método científico. 

Y es que, hoy por hoy, yo creo que nadie puede poner en duda que:
  1. Somos mamíferos
  2. Somos primates
  3. Nuestros hijos tienen las necesidades de cualquier cría mamífera y primate. Esto es:
    1. Gestarse dentro del útero de su madre y nacer mediante un proceso fisiológico, no patológico, perfectamente orquestado por ambos organismos, el de la madre y el del hijo, que requiere un ambiente íntimo y tranquilo donde puedan producirse y actuar las hormonas implicadas en el proceso
    2. Tras el nacimiento, y durante la etapa de exterogestación, seguir en contacto con su madre, siendo alimentado a demanda por la leche segregada por las glándulas mamarias de esta última, las 24 horas del día.
    3. Crecer en un ambiente social que le permita ir desarrollando su individualidad, saliendo lentamente de su hábitat natural, el cuerpo de su madre, para integrarse en su grupo social, con el apoyo y el sostén de otros adultos y la compañía de otros bebés y niños. En el caso de la mayoría de culturas humanas, pero no en todas, el padre biológico del bebé suele tener aquí un papel fundamental. En el resto de primates hay variabilidad respecto al papel del padre. 

Esta es una realidad universal fuera de cualquier debate. Por lo tanto, criar a nuestros recién nacidos tal y como se describe en el párrafo anterior debería ser, simplemente, CRIAR. Ni criar con apego, ni criar respetuosamente. Porque no es una moda. Es la crianza por defecto. Es la crianza básica. Y no hace falta meter a Dios en la ecuación y convertir esto en una religión, como hace Marta Palomo. Para nada. Basta con tener unos conocimientos mínimos de biología básica, (la zoología, la antropología, la neurología, la etnología y la etología tampoco molestan) algo que yo esperaría de una doctora en dicha ciencia, pero, por lo que parece, nunca se sabe. Reconozco que yo también tengo mis lagunas, para que nos vamos a engañar (preguntadme cualquier cosa, la más básica, sobre, por ejemplo, botánica, como "¿que es el xilema?", y lo veréis). A lo mejor esto lo tengo claro porque llevo 11 años de maternidad y me he documentado mucho sobre el tema. Tanto, que hasta me atrevo a escribir sobre él. 

La que necesitaría un adjetivo descriptivo detrás es la "otra" forma de crianza. Esa que ha ido imponiendo la sociedad occidental en los últimos (3 ó 4 ) siglos, y que considerando que la primera se venía practicando, digamos, desde hace unos 130.000 años (por poner como origen la aparición del Homo sapiens sapiens), sí que podría ser considerada una "moda". Esta "otra" forma de criar se caracteriza por:
  1. Las intervenciones externas en el parto que obstaculizan en proceso natural, generando un riesgo significativo que se resuelve a base de más intervenciones.
  2. La separación inmediata del bebé de su madre tras el nacimiento, llegando a impedir el necesario e importantísimo latchment, lo que obstaculiza el inicio y establecimiento de la lactancia materna, con la consiguiente necesidad de alimentar al bebé con biberón y leche adaptada de otra especie animal.
  3. La imposibilidad para el bebé y su madre de permanecer en contacto físico durante la exterogestación debido a:
    1. La exclusión del bebé de la gran mayoría de actividades sociales de la madre (laborales, recreativas, etc...), lo que suele obligar a las madres a elegir entre el mundo de la maternidad o su vida social entre adultos.
    2. La pérdida absoluta de la cultura del porteo, por lo que las madres dejan a sus bebés en diferentes superficies (cochecitos, hamaquitas, cunas, etc.), separadas de sus cuerpos, cuando quieren realizar otras tareas.
    3. La imposición del sueño en solitario del bebé.
    4. La pérdida absoluta de la cultura de lactancia, con la normalización de la leche adaptada y la alimentación complementaria demasiado temprana. 
    5. La igualación de los roles de la madre y el padre EN LA INFANCIA TEMPRANA, en contra de la biología de los miembros de la triada (madre, padre e hijo).
Sin entrar a evaluar la conveniencia o no de estos comportamientos ―esto es, si suponen una ventaja adaptativa de nuestro poderoso neocortex, o todo lo contrario― creo que no me podéis negar que de ser una MODA o de necesitar un adjetivo, es esta forma de criar, tan nueva y poco natural, la que lo es y lo necesita. Y recalco, aquí no pretendo juzgarla ni juzgar si esta forma de hacer las cosas es necesaria o no en determinadas circunstancias. Aquí estoy hablando de otra cosa, y espero que me permitáis centrarme en ello. Con este artículo sólo (estimado Pérez Reverte, lo siento, pero el "solo" sin acento no me gusta) pretendo poner en evidencia que la CRIANZA es la que es, y no la "otra".

Por lo tanto, propongo varios términos para esta forma alternativa de criar, tan excepcional tanto en la historia como en las culturas humanas:

Crianza occidentalizada,
Crianza Industrializada,
Crianza artificial,
Crianza con distancia
...

Admito sugerencias

Y, por lo demás, una vez que todos estamos bien informados y sabemos que la situación es tal cual la he descrito, cada madre y cada padre, como adulto inteligente y responsable, decide como criar a su hijo dentro de sus circunstancias particulares, que difícilmente pueden ser tan bien valoradas desde fuera como lo son por los propios protagonistas. 

jueves, 11 de junio de 2015

SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA MATERNA

Fuente: asociacionsina.org
Que el lugar en dónde duerme el bebé, o mejor dicho, si duerme cerca o lejos de mamá, afecta a la lactancia materna es un hecho perfectamente comprobado. Numerosos estudios han demostrado ya que el colecho con la madre favorece la lactancia materna. 

Lo que parece que no está tan claro  ―según los investigadores del sueño Hauck y Moon, ambos miembros del comité de expertos encargado de hacer las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) sobre dónde y cómo deben dormir los bebés― es si el colecho entendido como compartir cama afecta de manera diferente al colecho entendido como compartir habitación (pero no cama). A mí me parece evidente que va a afectar y, al igual que investigadores como Bartick y Smith, opino que las actuales recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP) (en las cuales se desaconseja el colecho entendido como compartir cama y se alienta a poner al bebé en su cuna y no en la cama de los padres aunque, eso sí, en la misma habitación que ellos)  interfieren con el establecimiento de la lactancia materna. Pero Hauck y Moon aluden a la falta de estudios comparando los dos tipos de colecho (compartiendo cama y compartiendo sólo habitación, pero no cama) para dudar del cuestionamiento a sus recomendaciones. 

Ante las afirmaciones de estos dos científicos a mí me ha picado el gusanillo de la curiosidad y dada la alucinantemente buena respuesta que obtuve con el primer cuestionario - estamos ya a menos de 100 respuestas para tener ¡3000! - me he animado a hacer otro mucho más cortito y sencillo con el fin de elucidar si compartir cama o no compartir cama afecta a la duración de la lactancia materna. 

Así que me animo a pasaros este pequeño cuestionario y a pediros, de nuevo, vuestra colaboración. En este caso necesito que seáis madres o padres de niños que ya hayan cumplido los 2 años. No hay límite superior de edad, de hecho me interesa los que ya tengáis niños que se han destetado de manera natural a los 5, 6, 7 o más años de edad. 

Muchísimas gracias de nuevo a todos. No veáis lo que estoy disfrutando con estas investigaciones. En cuanto haya trabajado con los datos os haré llegar los resultados. 





viernes, 22 de mayo de 2015

EL SUEÑO INFANTIL Y LOS LÍMITES DE LA CIENCIA.

En el año 2009 un grupo de investigadores sobre el sueño infantil publicaron un estudio titulado Sleep and sleep ecology in the first 3 years: a web-based study. (Sueño y ecología del sueño durante los primeros 3 años: un estudio basado en la web). Entre los autores se encuentran dos de los más prestigiosos en este campo: Avi Sadeh y Jodi Mindell, ambos defensores de las técnicas de adiestramiento para el sueño en solitario y con numerosos estudios a sus espaldas valorando su efectividad. Los dos son también consejeros sobre el sueño infantil en una conocida marca de productos infantiles y han participado en estudios financiados por esta empresa (1, 2) para valorar la efectividad de sus productos diseñados para favorecer el sueño de los bebés y niños. 

Pero a lo que vamos: el artículo citado se basaba en la distribución de un cuestionario diseñado por Sadeh (y perfectamente validado por la comunidad científica, tal y como debe hacerse con los cuestionarios) mediante la página web BabyCentre.com. Contestaron 5006 familias. Sus observaciones fueron que la lactancia, el compartir habitación, llevar al niño a la cama de los padres o las rutinas irregulares a la hora de ir a dormir se asociaban a mayores despertares nocturnos. Finalmente concluyeron que el comportamiento de los padres a la hora de dormir a los niños estaba profundamente relacionado con la consolidación del sueño de los mismos y, por lo tanto, era una buena diana para las intervenciones clínicas. O sea, los pediatras deben enseñar a los padres lo que deben o no deben hacer a la hora de dormir a sus hijos. 

Un año más tarde Mindell y Sadeh volvieron a publicar juntos un estudio en el que aplicaban el mismo cuestionario, de nuevo a través de la página web BabyCenter, a los padres de 29.287 bebés distribuidos por 17 países, los cuales dividieron en caucásicos (PC) y asiáticos (PS). Con este trabajo pretendían dar una visión intercultural del sueño infantil a la pediatría del sueño. En este caso concluyeron que en los países asiáticos se colechaba más, los padres acompañaban más y los niños dormían peor. 

Este mismo año los mismos dos autores publican otro artículo con la misma muestra internacional y el mismo cuestionario en el que vuelven a concluir que el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir, así como el colecho, predicen un sueño de peor calidad en los niños. 

En el año 2011 ambos investigadores participan en un nuevo trabajo sobre la misma muestra con el mismo cuestionario. Vuelven a hacer hincapié en la nocividad del colecho y el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir y la necesidad de educar a los padres para que enseñen a sus hijos a dormirse y dormir solos. 

¿Por qué os explico todo esto?

Pues porque estos trabajos han servido de argumentación a muchos defensores del sueño en solitario para asegurar que el colecho no es conveniente y que es necesario aplicar técnicas cognitivo conductuales (como el método Estivill, por ejemplo) para mentalizar a los padres de la necesidad de enseñar a los niños a dormirse solos. Así desde páginas webs, artículos de divulgación en periódicos y revistas, o desde la misma consulta del pediatra, los padres han recibido el mensaje de que no duerman con sus hijos, no los duerman o ayuden a dormir y les enseñen a dormir solos. Y lo peor es que reciben este mensaje como avalado por la ciencia. Esto es lo que la ciencia dice, por lo tanto esto es lo que hay que hacer. 

"Demostrado científicamente" es la nueva "Palabra de Dios".

Pero lo cierto es que estos artículos no demuestran en absoluto que los niños que colechan duermen peor, o que colechar con nuestros hijos sea malo para su sueño. Y esto es así debido a las limitaciones de estos estudios, las cuales no suelen tomarse en cuenta cuando se pregonan sus conclusiones a la sociedad, pero que tienen importantes implicaciones a la hora de interpretar correctamente la relevancia real de las mismas. 

La primera limitación importante es la propia naturaleza del cuestionario aplicado. Para empezar es un cuestionario diseñado por científicos occidentales que toman el sueño en solitario como referencia, por lo que adolece de un importante sesgo cultural (aunque posiblemente hayan tratado de evitarlo). Los padres que colechéis habitualmente con vuestros hijos, que tengáis como nosotros una enorme cama familiar, os daréis cuenta de que no es fácil contestar a algunas preguntas, porque si te preguntan si el niño duerme en su propia cama y tú ni te has planteado montar la cuna del bebé, puedes decir que sí, porque su "propia cama" es también vuestra cama y vuestra cama no es sólo la "cama de los padres" ¿no?  Así, mis hijos duermen en su "propia" cama que es la "cama de los padres" y también "con sus hermanos"................... por lo que me va a ser difícil elegir una sola opción en algunas preguntas. También es posible que, como a mí, no os sea fácil cuantificar las veces que se despierta por la noche o en que consisten el ritual a la hora de ir a dormir si no sueles tener uno establecido que repites cada noche o, al menos, la mayoría de las noches. Ayer mis hijos cenaron, se ducharon y se acostaron, pero antes de ayer se ducharon primero, cenaron, hicieron deberes o jugaron un poquito y se acostaron. Unos días ven la tele mientras cenan, y otros no lo hacen. Los días de buen tiempo de primavera y verano intento que salgan a la calle hasta la misma hora de acostarse, por lo que se duchan en el último momento y luego ¡rapidito a la cama! En nuestra familia tenemos todo menos un "ritual" porque aunque intento que se lea un poco siempre antes de dormir, dudo que lo consiga la mayoría de los días. 

La segunda limitación es el medio de distribución del cuestionario. La página web BabyCenter.com tiene un público determinado y no es una representación al azar de la población mundial. Este sesgo puede ser incluso mayor en los países asiáticos, dónde precisamente las familias que podrán dedicarse a visitar webs como la citada (por tener acceso a internet, por ejemplo, lo que ya supone un cierto nivel económico y cultural determinado que no es el mayoritario en muchos de ellos) son las más "occidentalizadas". 

Un rápido vistazo a la web en cuestión nos muestra una visión de la crianza y del sueño infantil con un enorme sesgo occidental, dónde lo normal es el sueño en solitario y la excepción el colecho, aunque en los últimos años la participación de profesionales como el antropólogo James McKenna en alguno de sus artículos ha dado espacio a comportamientos alternativos. 

Bajo mi punto de vista ésta es la limitación más importantes. Una prueba de su importancia, precisamente, la descubrí en uno de los artículos, el único que muestra los datos (en forma de gráfica)  sobre la percepción del sueño infantil como problema de cada país. En la gráfica 1 de dicho artículo se puede ver que los 3 únicos países asiáticos que no muestran una mayor percepción del sueño infantil como problema que los países caucásicos son Vietnam, Tailandia y Japón. Curiosamente en Vietnam y Tailandia -los que menos percepción tienen del sueño infantil como problema de todo el conjunto de países- ¡el cuestionario se distribuyó en mano y no a través de BabyCenter! Un dato que no incluyen en ese artículo pero sí en otro de la serie (¿Mala intención en la omisión? prefiero pensar que no). Que Japón sea también una excepción es muy representativo ya que es la única cultura no occidental pero tan rica e industrializada como occidente -por lo que la población con acceso a internet e interés en este tipo de webs no tiene que ser específicamente la más rica o con más influencia occidental- y que sigue teniendo el colecho como forma de dormir mayoritaria. 

Cuando estaba analizando estos trabajos para incluirlos en la revisión bibliográfica "El debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil" se me ocurrió que sería interesante ver cuales serían los resultados si el cuestionario utilizado en estos estudios lo responden mis contactos de Facebook o los lectores de este blog. Al igual que lo que ocurre con BabyCenter.com, esta muestra tampoco es representativa de la población general y también está sesgada. Pero mi hipótesis es que el sesgo es diferente ya que la gran mayoría de la misma seremos padres con tendencia a pertenecer a la llamada crianza respetuosa y, por lo tanto, con más tendencia a colechar con nuestros hijos por voluntad propia (y no como reacción a los problemas de sueño) y rechazo a las técnicas de adiestramiento, especialmente las basadas en dejar llorar. 

¿Observaremos en nuestra muestra esta relación positiva entre los problemas del sueño y la intervención de los padres a la hora de dormir o el colecho? Mi hipótesis es que no. 

¿Queréis ayudarme a comprobarlo?

Para ello sólo tenéis que contestar el cuestionario traducido que encontraréis en el enlace que os adjunto. 

Os doy de antemano mil gracias por vuestra colaboración. Vamos a intentar demostrar que los artículos de Sadeh y Mindell tienen un sesgo cultural inaceptable que lleva a unas conclusiones no generalizables ni aplicables a la realidad del sueño de las familias, y mucho menos a nivel mundial. 









viernes, 3 de abril de 2015

El trauma sufrido en la infancia condiciona la salud en la vida adulta

Las personas expuestas a un estrés tóxico durante su infancia tienen más posibilidades de desarrollar enfermedades graves cuando son adultos.

Existe un factor de riesgo capaz de provocar siete de las diez principales causas de muerte en Estados Unidos. Este factor de riesgo no es otro que el trauma infantil. Así lo expresó la doctora Nadine Burke Harris en la conferencia TEDex del pasado mes de Septiembre. Según el Estudio sobre experiencias Adversas en la Infancia (ACE), los traumas infantiles ―abusos físicos, emocionales o sexuales, abandono, violencia doméstica o padres que sufren una enfermedad mental, son drogodependientes, alcohólicos, han sido encarcelados o se han divorciado― tiene una repercusión significativa en la salud futura del niño, hasta el punto de triplicar el riesgo de enfermedad cardiaca o cáncer pulmonar, y reducir la esperanza de vida en 20 años.



El citado estudio fue llevado a cabo por los doctores Vince Felitti at Kaiser y Bob Anda en el Center for disease control and prevention (CDC) de Estado Unidos, y en él participaron 17500 adultos a los que se les valoró las experiencias traumáticas de su niñez mediante un formulario de diez preguntas. Por cada respuesta afirmativa el participante obtenía un punto, de manera que cuanto más puntos acumulaba más trauma había sufrido en su niñez. Así comprobaron que un 60% de la población tiene al menos 1 punto y un 12.6% ― o sea, uno de cada ocho― tiene 4 o más. Al relacionar el número de puntos con diversas enfermedades los resultados fueron preocupantes: las personas con 4 puntos o más tenían un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir enfermedad pulmonar obstructiva crónica o hepatitis que las personas con cero puntos.  Para la depresión el aumento del riesgo fue de 4.5 veces. El riesgo de suicidio aumentaba 12 veces. Una persona con 7 puntos o más tiene el triple riesgo de sufrir cáncer de pulmón y 3.5 veces más de sufrir una enfermedad isquémica cardiaca.

Pero ¿Cómo y por qué se producen estos efectos? Una de las posibles explicaciones es que el niño que está sufriendo una infancia traumática desarrollará de adulto hábitos de comportamiento no saludables como consumo de tabaco, alcohol o drogas. A día de hoy tenemos evidencias científicas de que el estrés sufrido en la niñez afecta el desarrollo de áreas cerebrales involucradas en el placer, la recompensa, el control de impulsos, la capacidad de aprendizaje y la respuesta al peligro. Estas áreas están relacionadas con el desarrollo de drogodependencias y de comportamientos de riesgo para la salud. Pero el efecto del estrés parece ir más allá y no siempre está mediado por este fenómeno. Aunque la persona no desarrolle hábitos insanos, todavía estará en peligro.

La razón es que una exposición crónica y continua al estrés durante la infancia influye en el desarrollo del llamado eje hipotalámico-hipofisario-adrenal. Esta es una cadena de reacciones diseñada para activarse ante un peligro inminente,  produciendo una respuesta adaptativa del tipo huida o ataque que puede salvarnos la vida. Como explica la doctora Nadine Burke Harris, si un día en el bosque ves un oso, la explosión hormonal causada por la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal provocará una serie de efectos en tu cuerpo, como dilatación de las pupilas o aumento de la frecuencia cardiaca, que hará que estés preparado para defenderte o huir. Esta es una reacción fisiológica perfectamente saludable cuyo objetivo es salvarte la vida.

El problema es cuando un niño crece con este mecanismo continuamente activado; por ejemplo, cuando el oso vuelve a casa cada noche. Entonces, la liberación frecuente de hormonas del estrés durante su crecimiento, una etapa especialmente sensible a este fenómeno,  produce una serie de efectos no sólo en su estructura y función cerebrales, sino también en su sistemas inmune y hormonal e, incluso, en la manera en la que se lee y transcribe su ADN. Efectos que, con el paso de los años, se traducirán en enfermedades y graves y muerte temprana.

Todos estos descubrimientos sobre las implicaciones del trauma infantil en la salud futura y los mecanismos involucrados en esta relación llevaron a la doctora Nadine Burke Harris a la creación del Center for Youth Wellness (Centro del bienestar infantil) en San Francisco. El objetivo es prevenir los efectos de una infancia traumática mediante la evaluación del estrés y el tratamiento de los niños por equipos multidisciplinares en los que se trabaja con toda la familia.

Desgraciadamente, los poderes públicos no parecen interesados en generalizar iniciativas como ésta y reconocer que el trauma infantil es una cuestión de salud pública. El problema es que piensan que la presencia de este fenómeno se limita a ciertos barrios o minorías. Pero la situación real es que está mucho más generalizado. En el estudio ACE un 70% de los participantes eran caucásicos (raza blanca) y un 70% tenían educación universitaria. Así que éste no es un problema de minorías sociales, sino de toda la sociedad. Tal y como dijo el que fue presidente de la Asociación americana de pediatría (AAP), el doctor Robert Block: “Las experiencias adversas en la niñez son la mayor amenaza no resuelta de salud pública a la que se enfrenta nuestra nación en la actualidad”.

Por estas razones la doctora Nadine Burke Harris nos exhorta hacia cambio de actitud. Ahora que la ciencia ya tiene las herramientas necesarias para enfrentarse a este problema y evitar que el trauma infantil se traduzca en la vida adulta en enfermedad grave o muerte temprana, debemos ponerlo sobre la mesa, reconocerlo y concienciarnos de su importancia. Porque  es tratable y combatible y, por lo tanto, tratarlo y combatirlo debería ser uno de nuestros principales objetivos.






lunes, 9 de febrero de 2015

GRACIAS DOCTOR GONZALEZ CANO. Ahora, Empecemos a Debatir.

Él sabía que le íbamos a dar publicidad, que muchas de nosotras seríamos radicales, irracionales, emocionales y alocadas. Sabía que también hay gente con muchas ganas de ponerse de su lado en contra de esas "talibanas de la teta" y que muchos profesionales - esos que a la chita callando, desde sus consultas, se cargan tantas lactancias maternas día a día - le darían golpecitos en el hombro y le compadecerían por el brutal ataque de las extremistas del que estaba siendo víctima. También sabía que muchas madres se sentirían a gusto con su discurso, como no. Y es que hay dimensiones en la lactancia materna a las que no llega la ciencia basada en evidencia.

Sabía, por supuesto, que los organismos oficiales se desmarcarían de sus declaraciones y consejos, de manera tibia algunos, más tajante otros. Con eso ya contaba y ni le asusta ni molesta. Ahí están todos esos libros anti- vacuna, por ejemplo, mucho peores que el suyo y mucho más en contra de la evidencia, según su criterio. Así que, si le echan en cara el pequeño detalle de que sus palabras van en contra de todas recomendaciones sobre lactancia materna, con recordar toda la literatura de divulgación  que contiene declaraciones en contra de las recomendaciones oficiales, ya tiene suficiente. Muchos de los gurús de esas "talibanas" tienen declaraciones polémicas, como que dejar llorar a los niños produce efectos indeseables, cuando las sociedades del sueño recomiendan las técnicas de adiestramiento basadas en dejar llorar para la educación del sueño infantil. Otros incluso animan a colechar con bebés, a pesar de que las sociedades de pediatría recomiendan que estos duerman en sus cuna  por seguridad. Así que, ¡que coño! Que sean consecuentes y respeten todo o no respeten nada. 

Y luego no olvidemos la sagrada libertad de expresión. Precisamente ahora es una buen momento para recordar esa libertad de expresión que no debe ser amenazada bajo ningún concepto. No olvidemos que por defender nuestro derecho a la libertad de expresión hay gente que ha perdido la vida. Recientemente hemos vivido un triste ejemplo de ello. En este contexto, el hecho de que la presentación de su libro "tuviera" que ser cancelada por "presiones y amenazas", ha sido perfecto para recordar  los más oscuros tiempos de la dictadura. Ya se sabe que las madres lactantes somos tan amenazadoras como  la Brigada Político-Social. O tal vez más. Fíjate que podemos castigar a los insurrectos con un chorro de leche materna en plena cara. Realmente aterrador. 

Así que al final todo le salió a pedir de boca y, hoy por hoy, tal vez sea uno de los pediatras más citados en las redes sociales e, incluso, tuvo sus cinco minutos de gloria en televisión. ¿Qué más se puede pedir? Probablemente ya esté planeando un próximo libro. Tal vez sea bueno colaborar con alguna estrella muy mediática, de esas que no tienen nada que contar pero venden mucho. En este país eso puede resultar de lo más rentable. Y luego están algunos médicos con mucha experiencia en eso de escribir bestsellers con normas de adiestramiento para padres. Una colaboración con ellos tampoco sería mala idea. Esto tiene futuro. 

Yo al principio no quería sumarme a las reacciones en contra de este señor para no darle el gusto de tener más publicidad gratuita. Pero luego leí artículos fascinantes, como los escritos por blogueras como Nohemí Hervada (leed toda la serie, es altamente recomendable), Irene García Perulero (1, 2, 3), Mónica de Felipe, Teresa Escudero, Pilar Martínez, u organizaciones médicas como APILAM y la AEP, y pensé que tal vez valiera la pena mirar esta situación desde otra perspectiva. 

Y es que, no lo vamos a negar, - y como muy bien apuntaba el otro día mi querida Ximena Silva (Doula en Suiza) - el doctor González Cano acaba de sacar de debajo de la alfombra todos esos prejuicios, tabúes culturales y creencias casposas, patriarcales y machistas que empañan el ejercicio de la pediatría en nuestro país y, posiblemente, en toda la cultura occidental. José María González Cano más claro no ha podido ser, y sus palabras reflejan a la perfección la imagen de la mujer sucia, imperfecta, pecaminosa, empeñada en dañar a su hijo con la leche que mana de sus pechos, poniendo en peligro la integridad física y moral de la criatura. Todo su discurso ofrece una visión de la lactancia y la maternidad como una relación incestuosa, sucia, dañina y pecaminosa.   

Y esto es lo mejor que podía pasar. Ya es hora de que se ponga toda esta porquería encima de la mesa, delante de los padres y de los profesionales, para que pueda ser convenientemente limpiada y destruida de una vez. Porque tal y como comprobamos cada día las asesoras de lactancia de todo el mundo, los pediatras que todavía van diciendo a las madres todas esas incongruencias y falacias que el doctor Gonzalez Cano expone tan abierta y claramente en su libro, son inaceptablemente numerosos, hasta el punto de que las madres realmente interesadas en defender su lactancia tienen verdaderas dificultades para encontrar un profesional coherente, bien formado e informado en el que confiar plenamente para el cuidado de la salud de su hijo. 

Y esta situación es inaceptable y debe ser cambiada ya. Y ¿Qué mejor oportunidad para cambiarla que exponerla abiertamente? Porque en teoría todos los profesionales de la pediatría deberían ceñirse a las recomendaciones de su sociedad (en este caso la AEP) en cuanto a la promoción y defensa de la lactancia materna. Es evidente que deben existir razones importante para que esto no se consiga. Difícilmente vamos a encontrar estas razones y solventarlas si no encaramos la situación abiertamente y entre todos los actores implicados: pediatras, familias, y profesionales de la lactancia materna y la nutrición infantil, todos y de todas las tendencias. 

La lactancia materna es algo más que una cuestión de salud. En nuestra cultura, por motivos históricos de sobra ya conocidos, es un tema extremadamente complejo con múltiples dimensiones - políticas, sociales, económicas, culturales, emocionales, etc... - que deben ser convenientemente consideradas a la hora de diseñar estrategias que la resguarden y defiendan. Difícilmente conseguiremos hacerlo sin poner toda la situación al descubierto, y el doctor García Cano acaba de exponer la parte escondida y extraoficial, de todo este asunto. Acaba de poner cara a toda esa multitud de pediatras que se salta a la torera la evidencia científica, y eso es bueno. De hecho es muy bueno. Es genial.

Ahora es el momento del debate. Es el momento de que los profesionales de la ciencia le recuerden los consensos a los que han llegado y el porqué de sus recomendaciones. Es el momento de que las mujeres le informemos de por qué amamantamos, de lo que sentimos al amamantar, de por qué sentimos lo que sentimos al amamantar, de por qué tenemos derecho a sentir lo que sentimos, de por qué sentir lo que sentimos es bueno, saludable, conveniente y natural, mientras que lo que el supone correcto, es en realidad enfermizo, antinatural, aberrante y producto de una cultura concreta que ha dado lugar a una sociedad sexualmente mutilada y enferma. 

Es hora de que se hable abiertamente y entre todos de sexualidad, cultura, prejuicios, salud, biología, filosofía, sociología, política, etc... Es hora de poner todas las dimensiones de la lactancia encima de la mesa: las oficiales y las extraoficiales, las claras y las oscuras, las aceptadas y las rechazadas, las conocidas y las ignoradas. 

Para alcanzar la situación que todos queremos alcanzar, que no es otra que conseguir que cada mujer madre se sienta absolutamente libre, apoyada y respaldada en su lactancia, todos los actores implicados deben ser reconocidos e invitados al debate y, que duda cabe, el doctor Gonzalez Cano es el representante de un grupo importante que no puede, ni debe, ser ignorado. 

Así que, aunque acabe con la cara llena de leche (que no de leches, porque nosotras nunca nos defendemos a leches), gracias por dar la cara doctor, y bienvenido al debate. 

Ya estamos todos presentes y preparados. Comencemos a debatir de verdad.