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viernes, 5 de julio de 2019

NO ME QUITÉIS LA PALABRA MADRE


Hace cosa de cinco días, a eso de las dos de la madrugada, estaba yo inmersa en mis ciclos de sueño, cuando una señal ambiental me subió en cuestión de segundos al estado de vigilia. Era la tos de mi hijo pequeño, que duerme en una habitación compartida con sus hermanos al otro lado de la casa. 

Otro segundo más y ya estaba yo, tambaleante y mareada por despertar tan abruptamente (por el estado en que me encontraba yo juraría que salía del sueño profundo), al lado del desastre. Mi niño había vomitado en el suelo del dormitorio, del pasillo y del baño. Al lado de la habitación de mis hijos está el despacho de la familia. En el despacho estaba mi marido, mirando la pantalla del ordenador con unos auriculares puestos. El bendito padre no había movido un dedo mientras su retoño vomitaba por media casa. No se había enterado. 

Esta anécdota solo es un copito de nieve en la punta del iceberg que muestra que una cosa es ser madre y otra es ser padre. La conexión que tenemos las madres con nuestros hijos es única y a veces parece cosa de magia. ¿Quién de nosotras no se ha despertado en medio de la noche unos segundos antes de que el bebé comenzara a reclamar? ¿O que me decís de esas madres que han salvado la vida de sus bebés al despertar de repente porque la criatura había dejado de respirar? 

Para un bebé la madre es absolutamente fundamental e irreemplazable. Cuando siente que le separan de ella siente un terror de muerte. "El hábitat del recién nacido es el cuerpo de su madre". Y punto. No hay nada más que argumentar por aquí.Y el cuerpo de la madre sigue siendo una parte muy importante del hábitat del bebé mayor y del niño en esta época en la que va cruzando el puente desde su madre hacia la sociedad, puente que en la mayoría de los casos es la relación con el padre. Las relaciones de los hijos con su madre y con su padre nunca serán iguales, tengan la edad que tengan. Cada una es única e irreemplazable.

MAMÁ es el puerto seguro. Es el lugar donde las tempestades de la vida dejan de dar miedo. El refugio de todos los refugios. Yo tengo cuarenta y nueve años y sigo sintiendo esa seguridad infinita entre los brazos de mi madre. A mi padre lo adoro, por supuesto. Pero mi madre es mi madre. Imposible igualar ambas funciones.

Por eso, ante el comunicado de la Liga de la Leche en apoyo a los hombres transexuales, que yo apoyo al 99% me gustaría hacerles llegar una puntualización por ese 1% con el que discrepo.

No me quitéis la palabra MADRE.

Porque un bebé necesita una madre y tiene derecho a una madre. Me da igual que esa madre tenga pene o barba, pero tiene que ser su madre. No su padre. El padre, el rol de padre, es otra cosa muy diferente y nunca puede sustituir a la madre. Una madre gesta, pare y amamanta. Un padre no. 

Desde el punto de vista del bebé, la persona que le pare, en la que habita tras el parto y de la que recibe su alimento, es su madre. Y la conexión fisiológica que se establece entre el cuerpo del bebé y su madre es única e incuestionable. Si el cuerpo de la madre es el de un hombre transexual, será una madre hombre transexual. Pero es una madre. No es un padre, porque ser padre es otra cosa. Y si ser madre es una función femenina, pues este hombre transexual está realizando una función femenina. Esta es la realidad, y yo no puedo comprender por qué esto puede ser un problema para las personas que no se identifican con el binarismo mayoritario. Lo cierto es que, en este contexto, que algo sea masculino o femenino no me parece lo más relevante. Lo importante aquí es el rol que ejerce esta persona respecto al bebé.

En el caso de la adopción, el bebé, que ha sufrido el terrible trauma de la pérdida de su madre biológica, lo que más necesita en este mundo es "Un pecho donde habitar". Me da igual que este pecho sea peludo o no, o pertenezca a un humano macho, hembra o hermafrodita, trans o cis. Pero tiene que ser el pecho de su nueva madre. Su madre, no su padre. 

El patriarcado se basa en la muerte de la madre. Somos la sociedad que somos porque hemos matado a LA MADRE. Desde que descubrí esta realidad trabajo duro para revertir esta situación y resucitar esta figura fundamental en la vida de nuestras criaturas. La evidencia de que lo que más necesita un bebé humano para prosperar y crecer de manera saludable es una madre me ha hecho querer centrar este debate, no en el género o identidad sexual de la persona que pare al bebé, sino en el rol que realmente tiene. Si miramos esta situación desde la perspectiva del bebé, nos damos cuenta de que la identidad de género de la persona que le ha parido es irrelevante. Para él es su madre porque la biología de ambos así lo determina. 

Por eso, nunca, bajo ningún concepto, pienso renunciar a la palabra MADRE.

La madre es sagrada, es imprescindible, es irreemplazable. Y así lo deberíamos entender todos los adultos que queremos tener hijos. 

Y por eso quisiera plantear esta situación desde esta reflexión: la gran mayoría de mujeres y muchos hombres transexuales podemos parir y podemos amamantar, esto es, podemos ser madres. Una vez que  un hombre trans ha gestado, parido y amamantado a su hijo ya es su madre, porque la conexión fisiológica entre ambos así lo determina. El papel de madre no desaparece y uno no se convierte en padre simplemente por su identificación con el género masculino en el resto de facetas de su vida, especialmente cuando su cuerpo ha ejercido de madre durante toda la etapa primal. 

Y en los caso de adopción, concretamente en los de una pareja sin mujer, uno de los hombres tendrá que asumir este papel maternal, con  todo lo que esto conlleva. Porque si no, el bebé será huérfano de madre, y esta carencia se cobra un precio muy alto.


viernes, 17 de mayo de 2019

DÍAZ AYUSO Y EL EMPRENDIMIENTO DE LAS (SUPER)MADRES

Dice Isabel Diaz Ayuso, candidata del PP, que a ella le gustan mucho las mujeres que emprenden justo después de dar a luz. Como su amiga Ana, dice, que una semana después de parir ya está emprendiendo. Y no emprendiendo de manera local, no. Ana —super-Ana, si me permiten— está “emprendiendo por el mundo”. Vamos, que la tía es tan genial que su ciudad, ¡hasta su país!, se le quedan pequeños cuando se trata de emprender en pleno puerperio. Y es que, a la semana de parir, con los puntos de la episiotomía (o la cesárea) todavía frescos, el útero en plena involución, entre entuerto y entuerto, todavía perdiendo sangre nivel “Down of death”, lo mejor que podemos hacer las mujeres es ir a comprar un billete de avión para irnos por ahí, cuanto más lejos mejor, a emprender.

Lo que no deja muy claro es si tenemos que emprender con bebé o sin bebé. Porque si es sin bebé será todo mucho más fácil, donde va a parar. Y es que las podemitas ya se están encargando de que podamos escolarizar a nuestros bebés desde el minuto cero, para que nos podamos dedicar a emprender tranquilas. Por eso no entiendo muy bien cuando Diaz Ayuso acusa a las de izquierdas de “victimizar y colectivizar los sentimientos”, como si estas tuvieran alguna pretensión de apoyar a las mujeres que tenemos hijos para criarlos así, en plan mamífero, con teta a demanda y contacto las veinticuatro horas del día, tipo gorila de montaña.


Pero, señoras, ¡si remáis todas (y todos) en la misma dirección! ¿A qué viene lanzaros tanto insulto gratuito? El objetivo es separar a la criatura de su madre cuanto antes para que ella, la madre, pierda el mínimo tiempo siendo “improductiva” ¿No es cierto? Lo de menos es si emprende o se va a trabajar de cajera al Carrefur, pero el caso es que genere riqueza ya. Además, éste es el método más antiguo de la historia para conseguir una sociedad violenta. Ya lo dijo Prescott en el año 1975; cuanto menos placer corporal y menos afecto maternal a las criaturas, más violencia.  Y yo, entonces, me monto la ecuación perfecta; más violencia igual a más miedo, más miedo igual a más sumisión, más sumisión igual a más poder para los poderosos y, finalmente, más poder para los poderosos igual a la perpetuación de este sistema aberrante que nos está llevando a la especie humana hacia la extinción, a la vez que sigue enriqueciendo y llenando de privilegios a un 1% de la humanidad mientras hunde en la miseria al resto.



El caso es que cuando oí a Isabel hablando sobre su amiga Ana —super Ana, si me permiten— no pude menos que sentirme un tanto perpleja porque, oye, yo, lo que se dice emprender, siento que llevo trece largos años emprendiendo, en serio. De hecho, ni siquiera esperé una semana para empezar. ¡Yo empecé a emprender desde el minuto cero!



Emprendí tres veces una lactancia materna. Tres veces. Cuatro mastitis la primera, dos la segunda y al menos una evidente en la tercera. A día de hoy cuando pienso, oigo o digo la palabra “mastitis” me duele la teta izquierda. Fueron tres proyectos muy duros e intensos que en conjunto me llevaron nueve años. Valió la pena cada segundo invertido, eso también es verdad, y si bien no "generé riqueza" tal y como se considera convencionalmente, creo poder asegurar que ahorré a nuestro seguro médico unos cuantos miles de francos a medio y largo plazo. Y si no preguntadles a ellos, que me cobraban menos si amamantaba. Digo yo que, con lo prácticos que son los seguros de salud suizos, por algo debía de ser.



Emprendí tres veces una relación de apego. Tres veces. La segunda y la tercera intentando no interferir en el desarrollo de la anterior. Me convertí en una maga del malabarismo con el tiempo invertido a cada niño. He llegado a dar el pecho al pequeño mientras le tiró la pelota con el pie al mediano y le leo un cuento al mayor. En mis mejores momentos, además, entre párrafo y párrafo de la historia infantil era capaz de planificar la cena, hacer la lista mental de la compra y mirar de reojo el reloj a ver si llegaba la hora en la que regresaba, por fin, el padre de las criaturas.



Emprendí tres proyectos de educación. Tres proyectos. Con tres niños, cada uno diferente. Madre primeriza tres veces, me digo. Porque a dos les gusta el Kung-fu y al tercero el tiro al arco. El fútbol, por suerte, a ninguno. Pero los dos pequeños pintan y el mayor canta. A los tres se les dan bien las mates, y a ninguno le gusta especialmente la lengua, aunque tienen dos idiomas en casa y dos más en el colegio. A uno le gusta el inglés, pero odia el francés. Al otro el francés le parece precioso y el inglés muy simple. Al pequeño no le gusta ninguno hoy, y le gustan todos mañana. Quieren hablar siempre en alemán y se niegan a leer libros en español, así que aquí me tenéis escribiendo una novela con ellos para que no pierdan su (mi) amadísima lengua madre. Tengo doce horas al día, más o menos, para ofrecer a cada niño actividades y materiales que les permitan desarrollar sus talentos y superar sus dificultades. Llevo trece años inmersa en mis tres proyectos de educación, y la cosa promete porque va para largo.


Emprendí un programa de salud infantil que incluía nutrición, higiene, desarrollo cognitivo y todo lo necesario para que mis tres retoños crezcan sanos y fuertes. Fui llevando la adquisición de conocimientos teóricos en paralelo a la aplicación práctica. Muy estresante todo, especialmente las épocas en que el mayor se me ponía a 40 grados de fiebre por un catarro, el mediano pillaba tres veces la escarlatina y el pequeño se quedaba anémico porque sólo quería leche y yogur. En el tema del sueño llegué a profundizar tanto que escribí un libro fruto de la lectura de unos 600 artículos científicos (que ahora son más de mil). Pero ese libro sólo es la punta del iceberg de años estudiando intensamente todo lo que consideré relevante para la crianza de mis hijos. Al menos el proyecto del sueño, gracias al libro, los artículos y los cursos, tiene cierto reconocimiento social y económico. Pero todo el trabajo que lo sostiene es invisible. La inversión en tiempo y energía, impagable. La recompensa, en cualquier caso, ha sido inmensa porque me ha dado libertad para criar a mis hijos como realmente quiero hacerlo. Y ese era mi objetivo (y no generar dinero para las arcas del estado).


Así que, querida Isabel Díaz Ayuso, las madres somos emprendedoras por definición y no necesitamos salir de nuestro pequeño mundo para conseguirlo. Pretender que, además de en la maternidad, emprendamos en el campo laboral en plena etapa de exterogestación es, cuanto menos, maltrato y abuso contra la mujer y contra la infancia. Como estamos en una sociedad maltratadora por sistema, sobre todo contra los niños y no menos contra las mujeres, no me extraña esta normalización de la violencia por parte nuestros políticos (Prescott lo explica muy bien, como ya he comentado). Pero que no me extrañe, no significa que esté dispuesta a seguir consintiéndola.

Porque muchas mujeres en el mundo hemos emprendido o estamos emprendiendo el proyecto más importante para la sociedad: la maternidad deseada, responsable, consciente, libre y mamífera.


Y el que no quiera verlo, pues que se vaya comprando unas gafas, porque ya nos hemos hartado de ser pisoteadas por todos estos políticos que, como tú, nos ningunean.









jueves, 29 de noviembre de 2018

SÍ, TÚ PARES, PERO ESTÁS LUCHANDO PARA QUE OTROS DECIDAN POR TI.



“Nosotras parimos nosotras decidimos”, dicen.

Ya, pero es que en los vientres de alquiler el asunto no va así. En realidad, con esta frase estáis ayudando a promocionar todo lo contrario. Porque hoy en día, no sé si os habéis dado cuenta, podéis ceder a vuestros bebés a quién os dé la gana en cualquier momento, más o menos. Quiero decir, que si tú quieres quedarte embarazada de un tío para luego darle la custodia total de este niño, puedes. Y ya. Lo que pasa es que nadie te puede obligar a cumplir con este compromiso si, tras gestar y parir a la criatura, te echas para atrás. Por eso, porque los vientres de alquiler están prohibidos, si tú decides quedarte embarazada de un hombre para cederle la custodia del bebé tras el parto, la que tiene la sartén por el mango eres tú. Claro que yo encuentro tremendo que seas capaz de algo así, eso no te lo puedo negar. Pero bueno, la realidad es la que es, y como tu pares, pues tu decides. 

Y eso a ellos no les conviene, supongo que te habrás dado cuenta. Que vosotras paráis y ellos decidan es su verdadero objetivo. Y con “ellos” me refiero a los que tienen el dinero, ergo los que se sienten con el derecho a tener la sartén por el mango. Ellos quieren que, por ley, vosotras tengáis que abortar si ellos lo deciden, vosotras tengáis que someteros a una cesárea si ellos lo deciden, vosotras tengáis que adelantar o inducir el parto si ellos lo deciden, vosotras tengáis que darles el bebé por las buenas o por las malas, porque ellos así lo han decidido.

Así que no, queridas. Si permitimos este tipo de publicidad, en realidad estamos permitiendo que se consolide una gran mentira: que los vientres de alquiler no suponen la compraventa de seres humanos y la prostitución de la mujer. Porque es eso. No os engañéis. No os dejéis engañar. Que a estas alturas alguien crea que la maternidad subrogada “altruista” va a cubrir ni una milésima parte de la demanda de bebés, o que las mujeres que lo hacen en la actualidad lo hacen por “libre elección” y sin presiones de ningún tipo, o que todo este proceso no afecta en absoluto a la criatura, no es que sea ingenuo, es que es mala persona. Es fuerte decirlo así, pero yo ya estoy harta de ir con medias tintas. Es imposible creerse tanta ignorancia sin un ápice maldad egoísta de por medio. 

Ser padres no es un derecho. Nunca me cansaré de repetirlo. Y lo siento en el alma, porque sé que es durísimo aceptar que no se puede tener hijos. Pero es que el derecho lo tienen los bebés. Derecho a ser concebidos, gestados y criados en las mejores condiciones posibles. Y si bien hay circunstancias en las que es imposible cumplir estos requisitos, y la sociedad debe hacer todo lo posible para arreglar la situación y garantizar que se cumplan, permitir que se estén concibiendo nuevas vidas humanas solo por puro beneficio económico para unos y cumplimiento de deseos para otros, me parece una de las mayores hipocresías que he visto en mi vida.  Y es que la misma sociedad que por un lado se echa las manos a la cabeza porque en los años negros de dictaduras  y fundamentalismos, un sector influyente se dedicó a “salvar” bebés de mujeres “perdidas” dándolos a familias “de bien”, por el otro permite que se  vayan colgando carteles para promocionar la legalidad de la compraventa de criaturas humanas y la explotación de sus madres (porque sí, son sus madres, desde el punto de vista del bebé, del cuerpo de la mujer y de la naturaleza entera, ellas son sus madres). Y, encima, intentan hacernos creer que esta campaña sale de las “numerosísimas” mujeres que altruistamente estarían dispuestas a gestar una criatura para otros, tan orgullosas ellas de su “superpoder”.



Pues no, no cuela. Sólo da asco y enfada. Enfada muchísimo. 

Aquí y ahora los vientres de alquiler son ilegales. Señores gobernantes, sean consecuentes con esto y actúen acorde a esta realidad. Ya saben, el que hace algo ilegal multa o cárcel. Nadie permitiría publicidad heroína o cocaína por las calles ¿verdad? Pues eso.

Y vosotras, ese grupo de mujeres dispuestas a gestar y a regalar a su criatura por altruismo, o  a venderla por puro dinero, si es que realmente existís y no sois sólo un sucio truco de marketing, quiero deciros que no hace falta que gastéis tanta energía en campañas. Ya os digo que no tiene sentido. Solo lucháis para que se recorten, todavía mucho más, vuestros escasos derechos.



Otros post que te pueden interesar sobre este tema:

En otras webs:

Maternidad subrogada: vosotras parís, nosotros decidimos de Patricia Merino.
Y en ente blog:

¿QUIERES REGULAR LA MATERNIDAD SUBROGADA?

¿Y QUIÉN ERES TÚ PARA...?

ADOPCIÓN Y MATERNIDAD SUBROGADA: INCOMPARABLES

UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

jueves, 28 de abril de 2016

LA MATERNIDAD SUBROGADA EN TELEVISIÓN


Estoy enfadada. Muy enfadada. No debería escribir con semejante cabreo dentro, pero como llevo ya dos días y no se me pasa, más vale que lo suelte y que sea lo que Dios quiera. 

Todo ha comenzado con la visualización del programa Estando Contigo donde Irene García Perulero y Gema Lendoiro participaron con la sana intención de debatir sobre un tema tan controvertido y de implicaciones tan profundas como es la maternidad subrogada, esto es, la gestación de bebés en el útero de mujeres que reciben dinero a cambio de este servicio. 

Estoy muy enfadada con Tamara Gorro, quien convirtió todo el programa en un bochornoso espectáculo telebasurero, en el cual se dedicó a repartir insultos a diestro y siniestro, menospreciar a la ciencia (sí, esa misma ciencia gracias a la cual ella es madre, por cierto) e insultar a la inteligencia de los televidentes. Bueno, a la de algunos. Por lo que he leído en los comentarios de su muro de FB, también los hay que han sido engañados por su capacidad interpretativa de celébriti televisiva. Pero cómo puede alguien comportarse y tratar así un tema tan íntimamente ligado a su propia maternidad, es algo que ni entiendo ahora ni creo que llegue a entender nunca. 

Porque evidentemente ha sido un engaño, y de los gordos. Puro "espectáculo televisivo" ¿Verdad Tamara? Lástima que las otras dos invitadas fueran con la sana intención de desarrollar un debate serio. Me pregunto donde acaba la "televisión" en vuestra vida, (la de las celébritis, se entiende), si os queda algo a salvo de la infección de "telebasuritis" que parecéis sufrir.

Y me pregunto si sería posible salvar los medios audiovisuales de esta dinámica de amarillisismo barato para el mejor postor. A mí esto sí que me da vergüenza, y no el hecho de que haya mucha gente como Irene, Gema o yo misma que, consciente de las profundas implicaciones éticas, biológicas, médicas, sociales, económicas, políticas y filosóficas que conlleva la maternidad subrogada, consideramos necesario un debate serio, profundo y riguroso que incluya a todos los actores implicados -un verdadero ejercicio de gobernanza- antes de aprobar cualquier legislación al respecto. 

"Hay gente que no quiere la felicidad de los demás" repitió hasta la saciedad la señora Gorro. Pues sí. Hay gente que no queremos la felicidad de nadie a cualquier precio, ni siquiera la nuestra. Y somos muchos los que consideramos que hay un mundo más allá de nuestro propio ego y nuestras propias necesidades. Hay mucha gente que a la hora de plantearse ser padres pone por delante de su propio deseo el interés, la salud y el bienestar de la criatura que traerá al mundo. Gente que no está dispuesta a cumplir su voluntad "a toda costa y caiga quién caiga". Gente que no está dispuesta a hipotecar sus valores y sus principios en aras de cumplir incluso el más preciado de sus sueños. 

Y por favor, dejad ya esa película rosa-disney sobre mujeres millonarias con tres carreras universitarias, dos doctorados y un máster (1), dispuestas a gestar una criatura en su vientre para hacer felices a unos desconocidos, porque no cuela, de verdad. No cuela nada. 

Y si bien admito que existirán situaciones donde la verdadera y más profunda razón que tenga una mujer para gestar en su vientre un bebé del que no será madre -a pesar de todos los efectos nocivos comprobados (tanto para la madre como para el bebé) e incertidumbres asociadas al proceso- sea puro amor y puro altruismo, éstas son y serán muy minoritarias porque, no nos engañemos, dudo que de manera espontánea aparezcan todas la mujeres altruistas que serían necesarias para cubrir la demanda de úteros en caso de que el asunto se hiciera legal en España de la noche a la mañana. Dice El País que 800 parejas acuden cada año al extranjero buscando madres de alquiler. Seguro que si fuera legal este número se dispararía. Demasiado altruismo veo yo que se espera de una sociedad que mantiene miles de personas, mujeres embarazadas, parturientas, bebés, niños, enfermos y ancianos, en un campo de concentración a las puertas de Europa. No, el altruismo es un factor que en esta ecuación es muy, muy, muy minoritario. Los intereses económicos son y serán siempre los dominantes. No nos engañemos, por favor. Y en cualquier caso, ya lo dije antes y lo vuelvo a decir ahora: cuidado con lo que se considera "altruismo" y "acción humanitaria", porque lo que es así considerado hoy, puede descubrirse mañana como la mayor de las infamias.

Al lado de la cara rosa-disney que algunos pretenden presentar como única realidad -y que como ya he admitido, no digo que no exista- tenemos todo un abanico de rostros de la maternidad subrogada mucho más sórdidos, dolorosos, controvertidos y médica y éticamente cuestionables. Esos, aunque muchos no quieran verlos, también están ahí, deben ser puestos sobre la mesa y considerados a la hora de diseñar una legislación.

Legislación que debería tener como principal objetivo la protección del menor que va a ser producto de este procedimiento. Algo que en la actualidad no es una realidad. Ahora, en los países donde es legal, los más protegidos son los futuros padres. En todos los casos y países, el menor corre un serio peligro de acabar siendo un producto desechado en tierra de nadie: abandonado en un orfanato de mala muerte en el país de origen de la madre gestante en el mejor de los casos, o en un cubo de basura de la clínica abortiva de turno en el peor. Que hay "futuros padres" capaces de fecundar varios "úteros" para quedarse con el mejor producto es también una cruda realidad. Que hay "futuros padres" que se han echado para atrás en medio del embarazo porque sus circunstancias han cambiado, es otra puñetera realidad.  

Y en cuanto a las madres gestantes, (MADRES, sí, porque cuando una mujer tiene un bebé en su útero, para ese bebé ella es su MADRE, la única que conoce y siente hasta que les separen), admito que tal vez exista esa talentosa y millonaria profesional (la de las tres carreras y el doctorado) con ganas de pasar 9 meses vomitando y con los tobillos hinchados para que una desconocida pueda hacer realidad su necesidad de ser madre. Pero habrá una, no mil. De las otras 999 un número significativo saldrá de las "granjas" de madres de la india, donde alquilan su útero para comprar una casa mejor para su familia. O de mujeres como Sinaida (ver el primer vídeo del enlace), que esperaba poder comprarse un piso con lo ganado y acabó sin dinero y una boca más que alimentar, en su piso viejo, claro. 

Esta cara ya no gusta tanto ¿verdad? esta cara ya no es tan agradable de mirar de frente cuando todo tu cuerpo está inundado de instinto mater/paternal. Pero es necesario ponerla sobre la mesa y mirarla. Mirarla, aceptarla y, por favor, no volver a ignorarla ni a negarla. 

Y, desde luego, tener un mínimo de vergüenza y dignidad para no convertir en un espectáculo telebasurero una realidad tan importante como el necesario debate social sobre la maternidad subrogada. 





(1) Esta es una pequeña ironía que me permito dado mi alto nivel de adrenalina, debido a que Tamara Gorro dijo que no sabía cuantas carreras tenía la mujer que gestó a su hija. Muchas, por lo que pareció. Más que las que pudieran tener Gema o Irene, en todo caso. Mejor transformar la mala leche que me invade en humor, aunque maldita la gracia que me hace. 

viernes, 23 de octubre de 2015

LAS SIETE FASES DE MI MATERNIDAD

1ª FASE: FASE ALELADA


Todavía no he sido madre y creo que:

  • Los especialistas son los que más saben (y yo no sé nada). Haré lo que diga mi ginecóloga, por supuesto. Y luego, sin rechistar, lo que diga el pediatra.
  • ¿Qué es exactamente una comadrona?
  • Daré el pecho "si puedo". Pero probablemente no pueda porque a mi alrededor casi nadie ha podido. Sobre esa amiga que me dijeron que le daba teta a su hija de 3 años: Dios mío, que exagerada es. Eso no es normal.
  • Con biberón se crían igual o casi igual. No es para tanto
  • Ante la llegada del bebé hay que preparar (por orden de importancia)
    • La habitación. Con capazo para los 3 primeros meses y cuna para el resto.
    • El cochecito
    • La bañera
    • El cambiador
    • Los bibes, el esterilizador, los chupetes. etc...
    • Bomba para sacarme leche
    • ¿Sistema de porteo? No sé... pongamos opcional.
    • Imprescindible el móvil de la cuna con un audio de Mozart y latidos del corazón.
  • Un cachete a tiempo es imprescindible en cualquier crianza... Si es que hay gente que es muy exagerada. A mí me dieron y aquí estoy, tan bien educada. 
  • La letra con sangre entra
  • La maternidad es sacrificio.


2ª FASE: FASE DE CRISIS AGUDA

Ha nacido mi primer hijo. Nada del apartado anterior me sirve. Nada funciona. Esto es un caos.
  • Hice lo que me dijeron en el parto pero acabé con epidural y pariendo tumbada. Dicen que ha sido un parto ejemplar. Yo me siento extenuada y con la sensación de que aquí ha fallado algo importante. 
  • El bebé no puede ni ver su capazo (debe de tener pinchos, o chinchetas... o tal vez queme). Sólo quiere estar en mis brazos, pero yo tengo cosas que hacer y no puedo con él encima.
  • El bebé no valora la música de Mozart ni los latidos del corazón del móvil sobre su cuna (¡desagradecido!).
  • Mi gran objetivo del día es que el bebé se duerma para yo dejarlo y poder hacer cosas. Me paso el día con expectativas que no se cumplen. Estoy desesperada.
  • No consigo darle de mamar según lo que me han recomendado en la clínica (no antes de dos horas, x minutos en cada pecho). Me congestiono. El bebé llora... ¿de hambre? ¿Si yo estoy congestionada por qué llora mi bebé de hambre?
  • Llegan consejos de todas partes, todos contradictorios. Nada de lo que hago parece satisfacer a mi hijo. Es una lucha continua entre lo que yo quiero y lo que él quiere. 
  • La maternidad no puede ser esto. Me hundo. Nos hundimos.


3ª FASE: FASE DE ILUMINACIÓN

Leo. Leo mucho. Empiezo por Carlos González y Rosa Jové. Sigo con Michel Odent y Laura Gutman. Me atrevo con Casilda Rodrigañez. Voy complementando con Meredith Small, Jean Liedloff, Margot Sunderland, etc... Poco a poco abandono la literatura divulgativa y me sumerjo en los artículos originales de las revistas científicas (Narvaez, Panksepp, Schore, Olza, McKenna, Ball, Bergman, etc...).

Ahora lo veo claro. Nuestra cultura es incompatible con nuestra biología. Lo hacemos todo mal. Maternar debería ser un enorme placer y no lo es porque la cultura no nos deja.

Todo es culpa del patriarcado.


4ª FASE: FASE MESIÁNICA

Ahora que ya sé como ser la madre perfecta quiero compartirlo con el mundo. Quiero que todas las madres sepan también ser así de perfectas. Así salvaremos la humanidad.

Las que se niegan a abrir los ojos a esta aplastante revelación son unas malas madres. Lo hacen por puro egoísmo.

Pero no importa, voy a abrirles los ojos aunque sea a la fuerza. Yo estoy de parte de los bebés. Siempre de parte de los bebés.



5ª FASE: FASE DEL DARME DE NARICES CON LA REALIDAD

Tengo toda la teoría en la cabeza pero la práctica, en el día a día, no me sale:
  • La lactancia es más dolorosa que plancentera a pesar de "cumplir" con todas las normas de una lactancia placentera (a demanda, sin límites, día y noche, etc...). Las mastitis recurrentes no ayudan, precisamente.
  • Me muero por estar con mis hijos, y me muero por separarme de ellos. Me siento culpable.
  • Colechamos y dormimos mejor. Pero sigue siendo duro porque yo estaba "programada" para dormir en solitario. Una no cambia un condicionante así de la noche a la mañana
  • Quiero que coman sano y que solo tomen mi leche. Pero acabo dando potitos de vez en cuando, papillas porque es más fácil, galletas y bollería porque ¿Quién consigue no dárselos nunca? La leche de vaca también es muy socorrida, aunque seguro que sería mucho más sano darles a los tres de la mía durante el resto de su niñez. Pero es que no doy más de mí. 
  • No se pega, pero se me escaparon dos cachetes. Nunca más. No se grita, pero estoy afónica de tanto hacerlo. No se cría mediante el "ordeno y mando", pero el sargento O´neil se moriría de envidia si me viera ejerciendo mi "ejemplar" maternidad en los momentos culminantes del día.
  • Mis hijos pasan parte del día frente a la tele o con el ordenador. Y cuando esto ocurre yo no siempre estoy trabajando, no... a veces lo hago para poder ver mi serie favorita en mi ordenador (shhhhhhhhh).
  • Soy una madre, no mala, malísima.
Pero lo peor es que en medio de mi fracaso:
  • Aquellas "madres esclavas de la cultura" que tengo entre mis conocidas, de  biberón (voluntario, se entiende), sueño en solitario y guardería, son mucho mejores que yo con sus hijos en otras mil facetas en las que yo fracaso estrepitosamente: algunas son más pacientes y no gritan nunca, otras más dedicadas y no pierden tiempo de estar con sus hijos viendo series de televisión, y la mayoría cocinan mejor. 

6ª FASE: FASE DE "PERO... ¿QUE ESTOY HACIENDO?"

Vale, no soy la madre perfecta que pretendía ser. Imposible cumplir con todas las expectativas que me había autoimpuesto. Y este estado de frustración continua no ayuda nada. Es totalmente destructivo. 

¿Qué está fallando? ¿Por qué cuando intento practicar una maternidad que en teoría está más en armonía con nuestra naturaleza humana que la tradicional de nuestra cultura,  me cuesta tanto?

Pues porque he cambiado los determinantes culturales por los científicos. No me he liberado, sólo he cambiado de "autoridad". Porque el ejercicio de la maternidad no se puede dominar a base de normas externas, vengan de dónde vengan. Cuando hacemos algo -ya sea dar el pecho o dejar al bebé en una guardería para ir a trabajar, aplicar el método Estivill o darle de mamar 10 veces por la noche a los 3 años- y lo hacemos porque desde fuera una presunta autoridad (científica o cultural) nos dice que es lo que DEBEMOS hacer, y nosotros acallamos nuestro deseo íntimo y personal (que es en realidad la única voz que deberíamos escuchar) para adaptarnos a esa normativa externa, fracasamos y, lo que es peor, sufrimos. 

He cometido una enorme incongruencia tratando de liberar mi maternidad de las normas culturales atándola con las normas "naturales".

Y encima estoy pretendiendo cambiar el comportamiento de otras madres ¡A LA FUERZA! con un discurso de "si no haces esto le estás haciendo daño". El mismo que utilizan "los otros", los malos, los pro-Estivill y Supernani. Me he convertido en una pseudo-Estivill o en una pseudo-Supernany que en vez hacer sentir culpables a los padres por no enseñar a dormir a sus hijos en solitario del tirón o no disciplinar a sus hijos con la silla de pensar les hace sentir culpables por hacerlo. 

Dice mi amiga Mónica que eso es VIOLENCIA. Quiero mucho a Mónica y tengo mucho respeto por su criterio. No me ha hecho falta reflexionar demasiado sobre sus palabras para llegar a la conclusión de que tiene más razón que un santo. Y además añade: 

" ....no podemos "salvar"  a los niños hiriendo a sus madres y padres"

Por supuesto que no. Parece obvio, pero creo que estas palabras son muy necesarias en nuestro círculo de presunta crianza respetuosa, natural, o como la queráis llamar. Las repito:

....no podemos "salvar"  a los niños hiriendo a sus madres y padres"

Es que no podemos, ni debemos, salvar a nadie.

¿Quién coño(1) nos creemos que somos?


7ª FASE: FASE DE ACEPTACIÓN

Soy una madre imperfecta que quiere a sus hijos con locura. A veces consigo hacer lo que creo que es mejor para ellos y otras no. A veces me doy cuenta de que me he equivocado y que lo que creía mejor en realidad no lo es. A veces cambio sobre la marcha y me equivoco todavía más. A veces el cambio repara los daños anteriores. A veces hasta hago bien las cosas. 

A veces me siento muy culpable y entonces me doy cuenta de que así tampoco arreglo nada. Así que me saco de encima la culpabilidad e intento hacerlo mejor a partir de entonces. A veces consigo hacerlo mejor. Otras veces no. 

Ahora sé que muchas normas de crianza tradicionales no tienen bases sólidas, nacieron en condiciones que ya no existen y ahora dañan más que benefician. Ahora puedo librarme de ellas. Pero eso no significa que tenga que atarme a normas nuevas. Ahora, simplemente, puedo barajar más posibilidades para solucionar problemas. Pero mi solución no tiene por qué ser tu solución.

Ahora sé que, a pesar de todo lo que he leído y de mi formación académica, no soy nadie para decirte a ti como debes criar a tu hijo. Perdóname, porque un día pensé que sí lo era. 

Lo que sí puedo hacer es ofrecerte mis conocimientos sobre el tema, pero no como nuevas normas a las que debas someterte. Yo te los pongo sobre la mesa. Tu coges lo que a ti te va bien. Si me preguntas si el biberón es igual que la lactancia materna te diré que no; si me preguntas si me parece que el método Estivill es bueno, también te diré que no. Pero espero que tu no des de mamar porque lo que yo he dicho te OBLIGA a dar de mamar o que coleches porque te sientes obligada a colechar. Piensa que lo que yo he dicho es una variable más de todas las que necesitas considerar a la hora de decidir si das de mamar o no, si enseñas a tu bebé a dormir solo o no. Incluso si practicas mi odiado método Estivill o no

Yo no "calzo tus zapatos" así que ¿quien soy yo para juzgarte? o ¿tú para juzgarme a mí?

Yo no puedo cargar con la responsabilidad de tus decisiones. Ni Estivill, ni Supernany, ni Carlos Gonzalez ni Rosa Jové, ni ningún experto, lo pretenda o no lo pretenda (que algunos lo pretenden). La decisión final es, siempre, responsabilidad tuya. Como respecto a mis hijos es mía y de su padre. 

Ahora solo aspiro a que mi trabajo, que consiste en informarte de lo que la ciencia dice sobre la biología de la crianza mediante la divulgación científica, te ayude a escucharte y a liberarte de aquellos que pretendían atarte con una supuesta autoridad que en realidad no tienen.  Espero que cada vez que me leas o me escuches mi mensaje te aporte algo positivo, te ayude a reflexionar sobre eso que tenías en la cabeza y te abra nuevas posibilidades de actuación. 

Pero, por favor, no tomes mis palabras como nuevas cadenas. Aunque, en realidad, gran parte de la responsabilidad para que eso no suceda es mía, lo sé. Tengo que conseguir trasmitir esta información de manera que no te haga sentir culpable y que no te obligue a hacer nada que realmente no sientas que quieres hacer. 

No es fácil, te lo aseguro, pero estoy trabajando duramente en ello. 


(1) Con perdón. No me gusta utilizar palabras malsonantes en mis escritos, pero a veces salen del alma y son imprescindibles para darle a la frase el sentimiento que tengo.