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domingo, 9 de marzo de 2014

A LAS QUE QUERÉIS PARIR: ESTAMOS EN EL SIGLO XXI Y ES HORA DE CAMBIAR EL PARADIGMA

Ya se me ha pasado, gracias a Dios, la época "activista de la maternidad perfecta" por lo que ya no voy denunciando a diestro y siniestro los comportamiento, comentarios y mentalidades que yo considero obsoletos, retrógrados, antinaturales y hasta violentos en el mundo de la maternidad. Con los años he ido aprendiendo que cada uno tiene su camino personal y nadie desde fuera puede, o al menos no debería, imponer nada. 

Lo único realmente útil es la información. Eso sí. Informar sí vale la pena porque puede hacer que mucha gente se cuestione la realidad que vive y encuentre así la motivación necesaria para cambiarla si ésta no le hace feliz. Pero la información se debe dar sin juicios añadidos porque, si no, pierde todo su poder y se convierte en simple adoctrinamiento. Y esto no siempre es fácil, desde luego, sobre todo en temas tan emocionales y primarios como todos los referentes a la maternidad: embarazo, parto, lactancia, crianza, educación...etc.

Por todo esto quisiera que el post de hoy no fuera considerado una crítica o un ataque personal a Antonia Vargas, comadrona del Hospital Materno de Málaga que ha ayudado a traer al mundo a cerca de 6.000 niños y que incluso recibió la cruz de Malta como reconocimiento de su trabajo al servicio de los demás. Ella es, por lo tanto, una profesional de enorme experiencia, reconocida y valorada por su labor, razón por la cual sus palabras, las cuales he podido leer en una entrevista publicada en el Diario Sur de Málaga, nacidas de una visión parcial, "tradicional" y patriarcal del parto y la mujer, merecen ser convenientemente respondidas, con todo el respeto y reconocimiento que ella y su labor merecen.  

Lo cierto es que me ha dado una pereza enorme escribir sobre ello. Tengo la sensación de estar repitiendo una y otra vez lo mismo desde hace 5 años, cuando nació mi tercer hijo en un parto REALMENTE respetado, acompañado, fisiológico, instintivo y feliz.  Pero si hace falta lo seguiré repitiendo. Cada vez que lea o escuche palabras como las escritas en la entrevista citada volveré a sacarlo a la luz. Creo que es imprescindible hacer visibles otros enfoques del parto, más antiguos y a la vez más actuales, para que todas las mujeres a punto de pasar esta experiencia, o las que ya lo hicieron y no se sienten felices con lo que vivieron, sepan que hay otra realidad posible. Otra realidad que se convirtieron en mi realidad aunque, obviamente, no tiene por qué ser la de ellas.

El parto de mi tercer hijo lo he explicado al detalle en bastantes ocasiones. Fue una experiencia tan intensa y reveladora que durante el puerperio no me cansaba de escribirlo y contárselo a todo el que lo quisiera escuchar. Dentro de una semana mi pequeño cumple sus cinco años y como homenaje a su nacimiento y al derecho que todas las madres y todos los bebés tenemos a tener un parto realmente respetado, voy a volver sobre este tema, esta vez respondiendo directamente a varias de las afirmaciones realizadas por Antonia Vargas.

Ahí vamos:

"A veces cerraba las puertas y le decía a la mujer: Tú no te preocupes que ni yo en la calle te voy a conocer y tú si me conoces me vas a volver la cara. Tú grita y desahógate como puedas. Porque era lo único que le podíamos hacer en aquellos tiempos. Para aliviar el dolor no había nada, sólo las palabras".

Es curioso, pero de ninguno de mis tres partos conservo un recuerdo tan vergonzoso que me obligue a girar la cara si me encuentro a las matronas que me atendieron en ellos. De hecho, la matrona que atendió mi tercer parto, Carolina, sigue siendo parte de mi vida, tenemos por ahí una cena pendiente con otras amigas y mamás atendidas por ella, hablamos de vez en cuando y tenemos contacto a través de Facebook. Y eso que hasta la caca del culete me limpió porque ya se sabe que en el momento del expulsivo, junto con el precioso bebé, siempre sale un choricillo de caca. Que se le va a hacer, bromas de la naturaleza que parece que siempre quiere recordarnos la realidad de lo que somos - puros animales - no vaya a ser que nos pongamos demasiado espirituales en estos momentos extáticos.  A pesar de los pesares no siento ninguna vergüenza de mi cuerpo y sus funciones durante el parto. Mas bien todo lo contrario. Siento un profundo orgullo por su sabiduría milenaria, por su fuerza, por su grandeza al ser capaz de reproducir el milagro de la vida entre sangre, fluidos, gemidos y posturas imposibles. Sexualidad maternal liberada. Pura Vida (con mayúsculas).

Y de todas las matronas que me han atendido fue precisamente Carolina la que me dijo las palabras más acertadas en el mejor momento. En el expulsivo - momento en el que yo estaba viviendo una verdadera disociación entre el neocortex, que me gritaba que no era todavía el momento, y el cerebro primitivo, que había comenzado las contracciones finales absolutamente independizado del neocortex el cual, aterrorizado, veía como había perdido totalmente el control sobre el cuerpo - ella dijo exactamente lo que tenía que decir para orquestar todas las partes del mi cerebro: "¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo muy bien! ¡Sigue así!".

El neocortex se relajó ("vale, lo estamos haciendo bien...... pues me rindo y le doy el control al viejo"), el dolor del expulsivo disminuyó (así que las palabras pueden ser realmente útiles frente al dolor) y el bebé salió. Ella lo recogió y volvió a decir exactamente lo que debía oír: "Aquí tienes a tu hijo". La frase más hermosa del mundo, no me diréis que no. 

Así que no necesité "gritar y desahogarme". Solo gemir y vocalizar en absoluta libertad y confianza, sintiéndome acompañada con la seguridad  de que podía "dejarme llevar" por todo mi instinto, sin vergüenzas ni cuestionamientos. Una buena comadrona da esa seguridad, que duda cabe. 

"Pues que estamos en el siglo XXI y los hospitales están hechos para algo. Y que yo a mi hijo no lo quiero menos que una que lo haya tenido en su casa".

Sí, los hospitales están hechos para tratar enfermedades. Y el parto no es ninguna enfermedad. Ahora que, reconociendo que es un momento donde las mujeres necesitamos muy especialmente sentirnos seguras y protegidas, no está mal que haya maternidades en los hospitales para los partos de riesgo y para todas las madres que todavía no hemos aprendido de lo que somos capaces, y nos enfrentamos al parto con miedo. Estoy segura de que en el futuro, a medida que el parto y la sexualidad femenina en conjunto se vayan liberando de todas las ataduras patriarcales, las mujeres cada vez parirán más en sus casas, atendidas por respetuosas y bien preparadas comadronas que pueden centrarse en ellas y exclusivamente en ellas. La mejor y más segura manera de parir. 

"El parto puede terminar bien de forma natural o si el niño tiene sufrimiento fetal hay que sacarlo como sea. Y drama, ninguno. Les recomendamos que se lo pongan al pecho, que insistan si el bebé no quiere, pero lo de darle de mamar hasta tres años no es realista".

No claro, drama ninguno. Si la intervención es realmente necesaria se hace y ya está. El drama está en las intervenciones innecesarias y en las que se podrían haber evitado con unas condiciones de seguridad, intimidad  y confianza que no se dieron. Y darlas era, en gran parte, responsabilidad de la comadrona. 

Lo de que no es realista amamantar hasta los tres años ya no requiere ni comentario. Mi niño con cinco años sigue mamando. Y lo que nos falta. Esto es muy real. 

Pero lo de que "insistan si el bebé no quiere" sí requiere comentario. Y eso porque al leerlo he visto reflejada en esta frase la denuncia de algunas madres que aseguran que les obligaron a ponerse a sus hijos al pecho aunque no quisieran, ni ellas ni los bebés. No, al pecho no te lo puedes poner cuando el bebé no quiere. Lo que hay que investigar es por qué no quiere - dado que lo instintivo es que quiera - para poder enfrentar el problema correctamente, al menos si queremos tener una mínima posibilidad de encontrarle solución. Y si el bebé no quiere, más que insistir, hay que ofrecer a la madre alternativas mientras descubrimos que pasa y le acostumbramos poco a poco al pecho, para que ella no pierda la producción, el bebé siga recibiendo su leche, y ella se sienta segura, acompañada y bien asesorada. Aquí os dejo el post de la maravillosa Eloísa, en el que explica precisamente un caso en el que el bebé no quiso, por qué no quiso y la actuación correcta para salvar la lactancia. Eso es lo que hay que hacer, y no insistir sin más aunque el bebé no quiera. 

"Las parejas vienen informadas y la mayoría la piden (la epidural). También hay algunas que se hacen las fuertes, dicen que no la quieren y luego la piden a gritos cuando a lo mejor ya no se puede. Es que es un dolor incomparable con cualquier otro".

Bueno. Pues resulta que la epidural no es la única opción para reducir, o incluso anular, el dolor. Y precisamente las parejas que vamos más informadas lo sabemos y somos las que, convenientemente tratadas, difícilmente la pediremos. Y no, no pedir la epidural no es "hacernos las fuertes". Al menos en mi caso. No pedir la epidural es ser conscientes de los riesgos que conlleva ponerla y estar informados de todas las herramientas de las que disponemos para controlar el dolor, entre las que se encuentra vivir un verdadero parto fisiológico indoloro de manera natural, que también puede pasar, aunque poca gente todavía se lo crea. El dolor de un parto "mal llevado" es realmente incomparable a ningún otro. El dolor de un parto bien acompañado, sostenido, respetado y liberado es perfectamente aguantable hasta el punto de que puede llegar a desaparecer. De mis tres partos el más doloroso fue, con diferencia, el primero en el que, dicho sea de paso, fue el único en el que me pusieron epidural. El peor dolor fue al final, antes del expulsivo, con la epidural puesta. En el tercero no tuve ni una centésima parte del dolor del primero. Sin epidural ni nada. Solo música, intimidad, seguridad y mucha mucha confianza en mi útero, al que consideré absolutamente capaz de sacar al bebé por donde debía salir.  

"Antiguamente había noches que hemos tenido hasta veinte partos para tres matronas. ¿Tú sabes lo que es eso? De decirle a mi compañera: Si la tuya no va a parir, escríbeme el informe que ha sido todo normal, que yo tengo otra".

Desde luego no es manera de atender partos. No me extraña que los partos hayan ido siempre como han ido en semejantes condiciones. Vergonzoso que ellas tuvieran que trabajar así y que las madres recibieran semejante servicio. Para que luego quieran animarnos a parir en el hospital. Yo oigo eso sobre el hospital de mi ciudad y no dudo en quedarme a parir en casa. Esas condiciones son absolutamente incompatibles con lo que cualquier mujer necesita para parir convenientemente. Y no hay más vueltas que darle. Por mucha tecnología que añadan, 3 matronas NUNCA podrán atender a 20 mujeres de parto tal y como cada mujer necesita ser atendida. Hasta que eso no cambie, no cambiará fundamentalmente nada. 

Hace casi 5 años tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida: parí a mi  tercer hijo en un precioso parto natural, respetado y casi indoloro. Desde entonces me duele mucho escuchar las malas experiencias de madres que, como yo hice con mis dos primeros hijos, se enfrentan a sus partos desde la indefensión aprendida provocada por la opresión patriarcal en la que hemos sido criadas. Que pena, de verdad, que pena. Cuantos partos robados. Cuantos traumas provocados y evitables. 

Recuerdo ahora que tras parir a mi primer hijo en un interminable parto intervenido con oxitocina sintética y epidural, cuando íbamos hacia la habitación, mi marido me preguntó si me quedaban ganas de tener más. En ese momento  pensé: "¡Dios mío! ¡Como se le ocurre preguntar eso ahora! ¡No vuelvo a pasar por esto en mi vida!" Pero año y medio después volvía a pasar por otro parto, esta vez sin epidural ni oxitocina, pero todavía doloroso por las ridículas intervenciones a las que me vi sometida (en este caso los absurdos cambios de aposento en el hospital a medida que avanzaba el parto: habitación, sala de monitores, sala de dilatación, otra vez monitores en otra sala para, finalmente, pasar al quirófano o sala de partos). De nuevo me quedé con ganas de no volver a parir nunca más, pero la vida tenía otros planes y por eso, cuando vi el tercer positivo de mi vida en un test de embarazo, supe que tenía que poner "toda la carne en el asador". Y así lo hice. 

Y lo conseguí:Tuve el parto que nos merecíamos.

Cuando me levantaba de la posición de rodillas en la que había expulsado a mi hijo, con él en brazos, en dirección a la cama donde se produciría el alumbramiento de la placenta, me sentía fuerte, pletórica, inmensamente feliz y con ganas y fuerzas para volver a parir otro bebé en ese mismo momento, si hubiera hecho falta. 

Somos muchas las madres que hemos pasado por la experiencia de un parto intervenido o incluso una cesárea y, posteriormente, más maduras, informadas, formadas y liberadas, por un hermoso parto natural respetado. Nos duele el robo de nuestro primer parto y nos sentimos orgullosas de haber sido capaces de encontrar las condiciones que hicieron posibles el otro o los otros partos. Nos entristece ser testigos de lo que se sigue haciendo a tantas mujeres y bebés en nombre de unos protocolos obsoletos que la ciencia ya no apoya. Hay muchas mujeres (y hombres) luchando activa y hasta ferozmente por que las cosas cambien. Todos mis respetos y admiración para ellas y ellos. Yo pongo mi granito de arena con mi testimonio, aunque mi objetivo ya no es convencer a nadie de nada sino, más bien, estar al alcance de la que quiere informarse profundamente sobre este tema, por si mi testimonio y mi experiencia pueden servirle para encontrar la realidad que a ella más le conviene y en la que se siente más cómoda.  


miércoles, 8 de agosto de 2012

ARTEFACTOS PATRIARCALES: LA ESCLAVITUD DE LA TETA FRENTE A LA LIBERTAD DE LA MUJER CASTRADA.

¡Ya estamos!

Esta mañana me he levantado prontito y al abrir el FB me he encontrado un nuevo post de Jesusa Ricoy en contestación a un artículo de El País escrito por la psicóloga Gloria Hurtado. No me he podido resistir a la mala idea de seguir el enlace que me proporcionaba Jesusa y que me ha llevado al artículo en cuestión. Mala manera de comenzar el día.


Ayer ya tuve un tropezón al acabarlo, cuando un post de Alba Padró me llevo a  otra "joya" literaria antilactancia escrita por Adriana Abenia, actriz y presentadora. 


Ambos escritos pueden enmarcarse dentro de todas esas reacciones inútiles para crear polémica sobre un tema que no la admite (1), pero mientras que Adriana Albenia es una atriz-presentadora sin la menor autoridad en este tema, lo que le da cierta libertad para escribir todas las tonterías que se le pasen por la cabeza, Gloria Hurtado es Psicóloga y feminista, lo que convierte en un gravísimo ataque a la lactancia y la maternidad frases como: 


La campaña prolactancia es muy importante, ni mas faltaba, pero no se puede ‘invisibilizar’ a la mujer madre para ponerla ‘al servicio’ de su hijo, ni desconocer el mundo psicológico donde la dependencia de un hijo a través de la lactancia hasta los dos años puede causar problemas insospechados."


"Tener un hijo no puede convertirse en una esclavitud donde la cultura patriarcal la ‘obliga’ a olvidarse de sí misma para que su hijo ‘la use’ cada que se le antoje. La lactancia impuesta es, psicológicamente, uno de los factores que más rechazo causa porque la maternidad vuelve a ser la cadena con la que se ‘detiene’ el mundo femenino. ¡Un hijo no puede ‘secuestrar’ a su madre a través de la lactancia!"


"¿Ayuda esa actitud a la lactancia? Qué injusta y patriarcal me suena la campaña prolactancia sin tener en cuenta a la mujer, su deseo, su necesidad, su ilusión y su propia vida. Si se piensa que un hijo es el rey de la casa y que todo gire en torno a él, ¿no fomentamos acaso la cultura de niños y adolescentes ‘igualados’ donde sus padres y el mundo ‘les deben’ porque siempre se satisfizo todos sus deseos? No sólo nos ‘alimentamos’ de leche materna. También el ánimo, la actitud y el respeto por la mujer-madre, se convierten en saludables vitaminas para el crecimiento integral."


¿Invisivilizar a la madre para ponerla al servicio de su hijo? ¿Que la cultura patriarcal - esta es especialmente impresionante - OBLIGA a la mujer a olvidarse de sí misma "para que su hijo la use"? ¿Que la campaña pro-lactancia es PATRIARCAL porque no tiene en cuenta EL DESEO de la mujer?


Me he quedado absolutamente impresionada. Todo el artículo se limita a un sólo concepto: la mujer esclava porque se ve obligada a amamantar por esos pediatras (hombres) tan patriarcales al "señor" "amo" y "opresor" que es su hijo. Que manera de tergiversarlo todo. Que manera de no entender NADA. Que manera de dañar, vapulear, ignorar y PATRIARCALIZAR nuestra sexualidad femenina. Que manera de venderse al patriarcado y contribuir a nuestra castración. 


No sé si será posible hacerle entender a la señora psicóloga Gloria Hurtado, y a todas las Glorias Hurtado y Adrianas Albenia que pululan por periódicos y revistas, que la lactancia es parte de nuestra sexualidad y por lo tanto nadie puede obligarnos a amamantar, de la misma manera que nadie puede obligarnos a tener un hijo o tener una relación coital. Pero, por eso mismo, es algo a lo que nosotras y nuestros hijos TENEMOS DERECHO. Un derecho que actualmente tenemos que defender con uñas y dientes PORQUE EL PATRIARCADO NOS LO HA ROBADO. 


El patriarcado, señora Gloria Hurtado, no es que nos esté obligando ahora a amamantar, no, sino que nos está obligando a maternar en unas condiciones en las que es imposible desarrollar nuestra sexualidad maternal. El patriarcado, señora Gloria Hurtado,  ha matado a la madre. No lo digo yo. Lo dice la gran Casilda Rodrigañez que no tengo ni idea de que licenciatura o doctorado tiene (o si tiene alguno) pero en la que he descubierto una lucidez, una genialidad, un realismo y un capacidad de ver, comprender y analizar que me han llenado de confianza y pura felicidad al poner palabras a mis sentimientos y deseos. 


Todo el artículo de la psicóloga está sumergido en el patriarcado: madre "al servicio" del niño, madre "esclavizada", madre "obligada", mujer "secuestrada".... todos conceptos de dominio, poder, servidumbre y dominación. ¡Patriarcado puro y duro!


¿Como hacer entender a estas mujeres castradas que la sexualidad maternal existe? ¿Como hacerles entender que les han robado una parte de sí mismas, a ellas y a sus hijos? ¿Como hacerles entender que la entrega al ser amado no es ni servidumbre ni sacrifico y que es mutua? ¿Como hacerles entender que el deseo maternal satisfecho es puro placer para la madre y para la criatura? ¿Como hacerles entender que una de las herramientas más potente del patriarcado para establecer su domino ha sido precisamente la castración de la sexualidad maternal?


¿Pueden, por favor, dejad de hablar de esclavitudes, secuestros, obligaciones y servidumbres y pasad directamente a trabajar para conseguir unas condiciones donde las mujeres decidamos libremente ser o no madres y, las que decidimos ser madres, podamos serlo y ejercerlo PLENAMENTE en una sociedad que reconozca y respete nuestra sexualidad y nuestro deseo maternal?


A todas/todos estas/estos periodistas, psicólogos y psicólogas, pediatras, psiquiatras y hasta actrices, actores o presentadores de radio y televisión, que tan interesados están en "liberarnos" atacando la lactancia materna e ignorando nuestra sexualidad maternal: ¿Les importaría dar de una vez un paso hacia adelante para salir del debate inútil que no lleva a ningún sitio y así conseguir avanzar en la dirección que todos necesitamos?







Precisamente y hablando sobre sensualidad y placer os recomiendo leer el último post de Ser Mamás: "Lactancia: la otra liberación"


Y, justo hoy, Ileana de Tenemos Tetas ha publicado un post  que llevo esperando desde hace tiempo, al que  tenía muchas ganas y que enlaza perfectamente con este post mío de hoy: "Por qué el método Estivill tiene adeptos" ¡No os lo perdáis!

Y por supuesto, a nuestras queridas Dra Pastelina y Lady Vaga se lo han puesto en bandeja de plata. Si queréis reíros con ganas os invito a leer sus últimos post: "Hacer el amor con equilibrio" y "De tetas, fluidos y derrapes mentales".

viernes, 22 de junio de 2012

NUESTRA SEXUALIDAD FEMENINA AL COMPLETO

Hace algunos años una amiga de mi madre, madre a su vez de una vieja amiga mía, me comentaba que su hija había decidido parir por cesárea y dar el biberón porque no soportaba los dolores de parto y la lactancia le resultaba terrible. Esta conversación no se me va de la cabeza. En su momento no dije nada ¿Que iba a decir? imposible explicar con palabras lo que esta mujer y su bebé se iban a perder.

Hay cosas que no se pueden explicar, que no se pueden enseñar, que no podemos hacer llegar al que no quiere o no está preparado para saberlas. Cada persona tiene que llegar a ellas siguiendo su propio proceso. Para mí, el descubrimiento de mi sexualidad maternal fue un proceso personal de autoexploración, de inmersión en mi naturaleza humana y femenina que, si bien fue ayudado por información llegada desde afuera, nació y creció dentro de mí cuando yo le dejé hacerlo.

¿Cual fue el primer paso? Ahora no sabría decirlo. Tal vez no hubo un sólo primer paso sino pasos claves que fueron redirigiendo mi camino. Desde luego convertirme en madre marcó el principio de un proceso de metamorfosis y cambio. La sensación continua de frustración y carencia que me inundó en mi primer puerperio fue el impulso que me obligó a tomar un determinado camino.Un camino que no tenía marcha atrás:


El descubrimiento de mi deseo maternal.

Yo deseaba a mi hijo y este deseo era un sentimiento tan real, fisiológico y espiritual como ese deseo, aceptado y conocido, por realizar el coito con mi compañero; ese deseo coital que me llevó a la siguiente y desconocida fase de mi sexualidad femenina: la maternal. Pero el cambio de fase no fue reconocido, ni por mí ni por mi entorno. Al menos no en toda su inmensidad ya que quedó reducido a 40 días de ridícula cuarentena.

Y esto no es una afirmación filosófica sino fisiológica. Las hormonas me dan la razón. El aumento de la prolactina tras el parto se asegura de que el efecto de la oxitocina sobre nuestro deseo sexual coital se convierta en deseo maternal, o sea, de que todo nuestro deseo se dirija hacia nuestra criatura.


Y en mi fase de sexualidad maternal yo deseaba estar con mi hijo continuamente, cogerle, abrazarle, besarle, AMAMANTARLE, acariciarle, protegerle, mirarle, dormirnos brazados y tenerlo lo más cerca posible de mí. Y todo ello de la misma manera con la que deseaba a su padre: sin normas, sin tiempos, sin reglas, con aceptación y naturalidad.

Pero mientras que todo el mundo me entendía cuando años atrás me enamoré de mi marido y quería verle a todas horas, tocarle, besarle, dormir a su lado y hacer el amor con él, parece que nadie entendía una necesidad semejante por mi recién nacido y, en lugar de respetar mi Deseo Maternal, me llenaron de normas absurdas que lo acallaron convirtiendo mi maternidad en una lucha entre lo que mi hijo necesitaba y deseaba y lo que yo pensaba que quería y estaba dispuesta a darle.

Me convencieron de que estaba triste, estresada y decaída porque no tenía tiempo para mí, porque no podía descansar, porque necesitaba "mi espacio". Ese espacio sagrado en nuestra sociedad de individualidades que sólo permitimos que sea violado para realizar el coito.

Me convencieron de que la ayuda que necesitaba era para cuidar a mi hijo, y no para cuidarnos a los dos y mantener un entorno propicio para que él y yo nos mantuviéramos unidos tal y como necesitábamos estar.

Me convencieron y me convencí. Hasta que harta de mastitis, ansiedad y lloros de él y míos abrí los ojos y me tiré al mar de la maternidad guiada por el deseo.

Pero no fue un visto y no visto. No fue fácil. La liberación no es en un instante, sino un proceso largo lleno de conflictos, contigo misma y con el entorno. Vivir en toda su plenitud el deseo maternal en nuestras condiciones sociales es ir contracorriente y conlleva continuas críticas de tu entorno, cercano y no cercano porque para opinar sobre la vida privada de los demás siempre hay tiempo. Y si no aquí tenéis una muestra de las frases que he tenido que oír en estos últimos años, algunas de gente muy querida para mí:

- "¿Duermes con ellos? ¿Y que pasa con la intimidad de pareja?". (Pues que cuando nos interese la trasladaremos a otra estancia de la casa.)

- "Es normal que llore al dejarlo en la guardería. Luego estará tan contento y se le pasará en unos días" (Claro, nadie aguanta llorando eternamente. Se adaptará, no le queda otra, pero lo que a mí me preocupa es a que precio.)

- " Mételos en su cama aunque lloren. Hay que acostumbrarlos a dormir a su hora y solos" (Sin comentario)

- "Los niños ya son mayores para dormir con vosotros. No es bueno para vosotros ni para ellos" (Y se quedó tan ancho)

- "Lo que nunca puedes hacer es dejar de cuidar tu vida de pareja" (Ya, pero es que ahora tenemos una "vida de familia")

- "Ya puedes empezar a cuidarte que tu marido va a mirar a otras" (Pues va a ser que mi cuerpo post-embarazo me encanta, con sus pechos llenos de leche y mi barriga fofa.)

- "Aquí tienes el lubrificante vaginal" ( Al finalizar la revisión de los 40 días tras el parto. Yo ni había comentado nada ni había pedido ningún lubrificante)

-"¿Todavía dando teta? ¡Pero si este bebé debe rondar ya el año!"

- "¡Dios mío! ¡El año pasado me sorprendiste pero es que verte dando teta este año a un niño tan grande!!!!! ¿Hasta cuando? ¿Hasta que vaya a la mili/tenga novia/vaya a la universidad?" (Yo a esto, que ya es un clásico, suelo contestar que para entonces estará prendidito a las tetas de otra)

-  "Yo cada año me voy unos días/una semana con mi marido a solas. Es FUNDAMENTAL." (¿Y por qué yo no me siento capaz de separarme ni 24 horas de mis hijos? ¿Será que tengo una "psicopatología en mi forma de ser"?)

Son demasiadas generaciones de patriarcado donde la pareja es todavía "sagrada", a pesar de que la unión ha dejado de ser "hasta que la muerte os separe" (combinación que complica muchísimo la vida de los hijos, pero esto sería tema por sí mismo para otro post). Pero el cambio en el concepto de pareja que ha habido en las últimas décadas en España, o en la sociedad occidental en general, no ha variado demasiado lo fundamental: el núcleo de la familia y, por lo tanto, el pilar de la sociedad, es la pareja. Así se hace imprescindible protegerla de todo aquello que amenace su estabilidad o interfiera con su intimidad, y entre estas cosas están los hijos. Y esto dificulta de manera asombrosa que nosotras podamos liberarnos y dejarnos llevar por nuestro deseo maternal en toda su plenitud. Hace falta unos compañeros muy maduros, muy generosos, con sus propias sombras y carencias muy superadas, capaces de acompañarnos en este proceso sin sentirse celosos, dados de lado, abandonados o "sin sus necesidades cubiertas".

En su lugar la mayoría de mujeres nos encontramos con compañeros que reclaman la atención que recibían antes de convertirse en padres. Reclaman a la mujer que éramos y en la fase sexual que les satisface a ellos y no al bebé. Y nosotras, que no queremos perderlos, nos sentimos culpables porque tras los cuarenta días de rigor todavía no les deseamos como antes, porque nuestros deseos van en otra dirección y necesitamos perdernos en ellos como nos perdimos en el pasado en el deseo por el padre de nuestro hijo. Y nos esforzamos por cambiar de fase cuando todavía ni nosotras ni nuestros bebés estamos preparadas.

A veces ni nos permitimos entrar en la fase de sexualidad maternal y directamente ni empezamos a amamantar, o convertimos el amamantamiento en una tortura al intentar controlarlo con el neocortex, como si se tratara de un simple medio de alimentar a nuestro hijo en lugar de un comportamiento derivado de nuestro deseo maternal y, por lo tanto, de un acto sexual maternal. Así a los 40 días estaremos de nuevo dispuestas a realizar el coito. Las que amamantamos, intentaremos acallar los gritos de nuestro cuerpo que nos pide que todavía no es el momento, no es la fase correcta para ese ahora, e iremos a la farmacia a comprar lubrificantes vaginales no vaya a ser que él no quede satisfecho (si no nos lo ha dado antes nuestro ginecólogo por iniciativa propia). Así nos hundimos en un satisfacer a otros: a nuestro hijo (que por otra parte es lo que nos pide el cuerpo) y a nuestro hombre (que es lo que la sociedad encuentra "normal"). Pero satisfacer a los dos parece imposible y el que va a salir perdiendo es, indiscutiblemente, el niño.

Mandaremos a nuestro hijo a dormir a otra cama para que no interfiera en nuestra intimidad de pareja. Le impondremos horarios para que no interfiera en nuestra rutina de pareja. Le mandaremos unos días a casa de los tíos o los abuelos para que nos deje espacio "para vivir" la pareja.

Luego nos asombraremos de que la maternidad/paternidad sea tan complicada, los hijos tan difíciles y la vida tan cuesta arriba. Pero eso es "lo normal".

Porque el problema no es que la pareja se considere "sagrada", que para mí si lo es, sino que a la unión de la madre con su hijo no se le considere también, porque lo es y de una manera mucho más intensa, si se me permite decirlo.

Desde su concepción madre e hijo son uno sólo, ligados por la fisiología y por el deseo del uno por el otro de manera recíproca. Tras el nacimiento, el bebé sigue sintiéndose parte de su madre y la madre tiene todo el arsenal biológico necesario para satisfacer este sentimiento/necesidad del bebé. Esto es parte de nuestra sexualidad humana, de la de todos. Todos hemos sido bebés y hemos estado en esta fase. Las mujeres que nos convertimos en madres vivimos también la otra parte de la diada. No será hasta pasados unos meses que el bebé descubrirá que es un ser independiente de su madre y empezará a crear vínculos con el resto, empezando con su padre (si ejerce como tal) y siguiendo por las personas (familia o no) más cercanas. Pero toda la vida afectiva de este niño se cimentará en la relación primal con su madre.

Por eso creo que es tan importante y fundamental respetar la sexualidad maternal que protege y desarrolla el vínculo madre-hijo. En esta sociedad la sexualidad maternal no existe. Como dice Casilda Rodrigañez en su libro "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente", han matado a La Madre. La madre deseosa que cubre los deseos de sus hijos, criando seres humanos libres de carencias, ha desaparecido. Y las consecuencias de eso son lo que vivimos ahora. Ni más ni menos. Para bien y para mal.

Por eso, teniendo en cuenta que la humanidad no va precisamente por buen camino, vale la pena replantearse esta situación y empezar a recolocar los cimientos de la nueva generación.

Tenemos que resucitar a La Madre que satisface los deseos primales de sus hijos y creo que eso pasa obligatoriamente por el reconocimiento de la existencia de la SEXUALIDAD MATERNAL. Nos han robado una parte muy importante de nuestra sexualidad y, por lo tanto, de nuestra identidad. Parece que pocas somos conscientes y, muy desgraciadamente, en esta sociedad de "mujeres liberadas" se venden más libros de Elisabeth Badinter o Eduard Estivill (Que bajo mi punto de vista son ramas de las mismas raíces) que de Casilda Rodrigañez o Michel Odent.

Pero es evidente que vamos abriendo los ojos y cambiando poco a poco. Basta con leer este fantástico artículo de nuestra mamá bloguera de 38 años y un día escrito como respuesta al tan poco acertado de Bebes y Mas La sexualidad en el postparto para ver que cada vez somos más reclamando nuestro derecho a vivir nuestra sexualidad al completo en lugar de la versión reducida (en perpetua fase coital) que el patriarcado nos quiere vender.