sábado, 5 de julio de 2014

EL SUEÑO INFANTIL ¿UN CONFLICTO DE INTERESES? (II)

UNA REALIDAD COMPLEJA NO SE DEBE SIMPLIFICAR


Como he explicado en el post anterior, el profesor David Haig ha publicado un artículo en el que presenta la hipótesis de que los despertares nocturnos durante la segunda mitad del primer año de vida de los bebés tienen como objetivo retrasar en lo posible un embarazo en la madre, a pesar de que comprometen el bienestar de la madre y del hijo al no permitirles un sueño más consolidado. Y es que, para Haig, la evolución natural no busca la salud, el bienestar o la felicidad de los individuos, sino simplemente la idoneidad para que sobrevivan y se reproduzcan. Acusa a los investigadores que estudian el sueño infantil desde una perspectiva evolutiva de mezclar los conceptos salud e idoneidad, y considera que adaptar nuestro comportamiento al considerado "instintivo" tal y como, según él, promueven dichos profesionales, no nos garantiza que sea más saludable o nos haga más felices. 

Estas provocadoras palabras de Haig han suscitado varias respuestas, entre las que se encuentra la de uno de los principales estudiosos del sueño infantil, el antropólogo profesor James McKenna, el cual en una publicación titulada Night Waking among Breastfeeding Mothers and Infants. Conflict, Congruence or Both?agradece al autor su trabajo y admite que le ha llevado a reflexionar profundamente sobre el tema. Reflexión que ha dado como resultado una respuesta meticulosa y fulminante ya que McKenna tiene una amplia experiencia en la investigación del sueño de la madre y del bebé desde su laboratorio del sueño en la Universidad de Notredam (Indiana). Y es precisamente esta experiencia la que le lleva a afirmar que :
"Difícilmente la perspectiva de Haig puede pasar por encima de lo que la ciencia empírica ha demostrado que son factores críticos, funciones y procesos fisiológicos interdependientes, posiblemente gobernados por múltiples genes y que seguramente explican mucho mejor los despertares nocturnos de los bebés".

Además de McKenna, la doctora en antropología Katie Hindeespecialista en el estudio de la lactancia materna desde el punto de vista evolutivo, también responde en su artículo Essential tensions in infant rearing con fuertes argumentos que cuestionan la hipótesis de Haig. Otras respuestas (1 y 2) provienen del biólogo evolucionista (y poeta) Jon F Wilkins y del neurólogo Patrick McNamara pero, a diferencia de McKenna y Hinde, no cuestionan lo establecido por Haig sino que más bien se limitan a ofrecer y complementar la hipótesis de Haig con sus puntos de vista basados en sus propias especialidades. McNamara introduce los conceptos de apego seguro e inseguro y su influencia en el número de despertares nocturnos, así como en la arquitectura del sueño, y Wilkins profundiza un poco más en el concepto de conflicto intergeneracional y sus consecuencias. Como Haig, considera los despertares nocturnos como un efecto colateral innecesario y nocivo, absolutamente prescindibles en el momento en el que alargar el intervalo entre nacimientos ya no supone una ventaja evolutiva.

En este artículo me centraré principalmente en los argumentos de McKenna y Hinde ya que son los que abren debate sobre lo establecido por Haig. Un debate interesante e intenso en el que cada investigador expone su "parte del elefante" con la intención de profundizar un poco más en el conocimiento de todos estos temas tan complejos, y todavía llenos de misterios, como son el sueño, el desarrollo infantil y la evolución humana.


1- ¿Quién Despierta a Quién?


McKenna basa su respuesta en su larga carrera profesional, durante la cual ha realizado numerosas observaciones, directamente con vídeos infrarrojos y/o electroencefalograma, de las diversas circunstancias en las que los bebés se despiertan por la noche. Esta amplia experiencia obtenida con este tipo de metodología le ha permitido apreciar fenómenos que otros investigadores del sueño infantil ignoran, ya que por su sutileza pasan desapercibidos cuando se utilizan técnicas más fáciles de manejar pero menos directas y sensibles, como la actigrafía, los diarios de sueño o las encuestas.

Una de sus observaciones que más cuestiona los argumentos de Haig es que, además del hecho de que el bebé no siempre se despierta para mamar (a veces un simple susurro o un toquecito son suficientes para que sigan durmiendo), él no es el único responsable de los despertares nocturnos cuando colecha. En el 40% de los despertares observados la madre se despertaba 2 segundos antes que su hijo, por lo tanto, se puede suponer que fueron provocados por ella. Además, las causas que los motivan son diversas: desde la termoregulación (en ambientes cálidos se despiertan más) hasta los patrones de respiración (las apneas inducen despertares y son más frecuentes en unas fases del sueño que en otras). Y es que existe una exquisita sincronía en el comportamiento, la arquitectura del sueño, los patrones respiratorios y la temperatura corporal del bebé con los eventos fisiológicos y comportamentales de la madre.

Desde el cuerpo de su madre el bebé recibe toda una serie de señales que le mantienen en un sueño que le permite despertarse con facilidad, y es interesante observar como, durante el colecho, el cuerpo del bebé se orienta hacia su madre durante un 100% de la noche. McKenna opina que gracias a esta gran sensibilidad por las señales que emanan del cuerpo de su madre el bebé es capaz de despertarse cuando es necesario, manteniéndose más tiempo en los estadios de sueño I y II y no en los más profundos, como hacemos los adultos, lo que será imprescindible para evitar la muerte si  se encuentra en una situación potencialmente peligrosa para su vida en este periodo de inmadurez, como, por ejemplo, una apnea prolongada. Esta compleja interrelación entre la madre y el bebé mientras ambos duermen lleva a McKenna a afirmar que los despertares nocturnos cumplen lo que Myron Hofer denominó efectos reguladores ocultospiedra angular del trabajo de McKenna y que pueden conllevar también beneficios ocultos.

Por lo tanto, McKenna especula con la posibilidad de que las madres hayan evolucionado para provocar también los despertares nocturnos, ya que así aumentan las posibilidades de supervivencia de sus bebés, además de que, gracias a las tomas frecuentes, su propia salud también se beneficia (recordemos que la lactancia protege a la mujer de enfermedades como el cáncer de mama y ovario). Esto le lleva a afirmar que uno de los grandes retos para la hipótesis de Haig va a ser encontrar en ella un lugar  para todos esos otros beneficios demostrados de las tomas nocturnas, tanto para la madre como para el bebé.

La doctora Katie Hinde presenta otra posible explicación a los numerosos despertares nocturnos al resaltar el hecho de que se ha observado que aumentan hacia los 6 meses de vida, coincidiendo en el tiempo con la introducción de la alimentación complementaria. Esto le lleva a proponer que cambios en el aparato digestivo del bebé provoquen un estado de incomodidad y ansiedad que afecte la calidad de su sueño. Resalta, además, el hecho de que existen especies de primates en los que se observan también despertares y tomas nocturnas, pero en los que la lactancia no está relacionada con la inhibición de la ovulación. Todo ello le lleva a afirmar que la hipótesis de Haig de que el objetivo principal de las tomas nocturnas es inhibir la ovulación debe tomarse, cuanto menos, con precaución.


2- La Lactancia Materna: No solo Ocurre por la Noche.


Otro factor importante a tener en cuenta, según McKenna, es que la lactancia es una actividad que se da las 24 horas del día y que la frecuencia con la que maman los bebés por la noche sufre una enorme variabilidad y es dependiente de la dinámica diurna. No se puede analizar la lactancia nocturna sin considerar la diurna. Por lo tanto, los requerimientos metabólicos y de crecimiento de los bebés y la disposición y habilidad de su madre para cubrirlos deben ser analizados a lo largo de las 24 horas del día si se quiere comprender detalladamente el papel que tiene la lactancia materna nocturna en el incremento del intervalo entre nacimientos.


3- La Composicion de la Leche Humana No Solo Depende de la Madre y Sí es lo Mejor para Nuestros Bebés


La hipótesis presentada por Haig de que las propiedades soporíferas de la leche materna demuestran el interés de la madre por que el bebé consolide su sueño ya que su intervalo entre nacimientos óptimo es más corto que el del bebé - y que le lleva a cuestionar que la leche materna sea lo mejor para el bebé - también ha suscitado las respuestas de Hinde y McKenna.

Hinde cuestiona las palabras de Haig con el argumento de que la cantidad y composición de la leche materna no solo depende de la madre, sino también del bebé, el cual puede influir sobre ambas por medio de las tomas. De hecho, el bebé puede influir en la producción de leche futura ya desde la época prenatal mediante el envío de señales que traspasan la placenta.

Ante la afirmación de Haig de que la leche humana está diseñada para digerirse lentamente y producir así el sueño, McKenna señala  que en realidad ésta es mucho mas rápidamente digerida por el bebé que la leche de vaca adaptada, la cual por sus propiedades no solo dificulta el tránsito intestinal sino que incluso produce una cierta inflamación en el intestino. Al final del artículo, McKenna resalta el hecho de que cada año 720 bebés mueren en nuestra sociedad occidental por no ser amamantados. Esto nos demuestra que, a día de hoy e incluso en nuestra rica sociedad industrializada dotada de las mejores leches adaptadas, la leche humana sigue siendo lo mejor para garantizar la supervivencia de nuestros bebés, y además nos lleva a considerar que, dado que el efecto protector de la misma es del tipo dosis/respuesta (cuanto más continuas sean las tomas y más leche se consuma más protegidos están el bebé y su madre), ésta no es sino una evidencia más de los múltiples beneficios que suponen para madre e hijo despertarse a realizar tomas por la noche.


4- El Conflicto Intragenómico 


En cuanto al conflicto intragenómico entre los genes maternos y paternos, McKenna señala que para sostener esta hipótesis sería de gran valor la existencia de evidencias empíricas de que, en estos niños que sufren los síndromes de Prader-Willis y Angelman, los genes paternos promueven los despertares y los maternos un sueño consolidado. Y es que existe una enorme variabilidad en la manifestación de síntomas de estas enfermedades en los individuos afectados, por lo que McKenna, tras leer diversas revisiones sobre este tema, se pregunta si hay suficientes evidencias como para asegurar que este patrón de comportamiento se cumple en el número de casos suficiente como para hacer una generalización. También cuestiona la posibilidad de deducir la función normal de unos genes a partir de unas patologías tan complicadas. Por lo tanto, considera que estos desórdenes genéticos son evidencias débiles de la función adaptativa del ADN, sobretodo cuando  producen numerosos efectos y dan pocas pruebas sobre la función real de los genes implicados.


5- El Papel de la Cultura: ¿Qué es "Dormir Mal?


Otra de las críticas de McKenna va dirigida al hecho de que Haig ha descartado totalmente las influencias culturales. La percepción de lo que es o no es un sueño "problemático" o de los "costes" que tienen los despertares nocturnos para la madre tiene una evidente base cultural que no puede ser obviada. Por ejemplo, en nuestra cultura occidental las expectativas de los padres respecto al sueño de sus hijos son producto de una ideología social que nada tiene que ver con la naturaleza del bebé. Este fenómeno, junto a la imposición cultural de poner a los bebés a dormir en solitario, determina nuestra visión del sueño infantil como difícil y problemático incluso antes de tener a nuestro hijo en nuestros brazos. Una visión que no es compartida por la mayoría de culturas en las cuales nunca se ha cuestionado ni debatido el dónde o cómo debe dormir un bebé. También hay que resaltar el hecho de que el sueño consolidado adulto de nuestra cultura no es una característica universal, tal y como apunta Hinde en su respuesta. La expectativa de que madre e hijo deben dormir toda la noche es, sin duda, un artefacto cultural.

Todo esto lleva a McKenna a afirmar que en nuestra cultura muy probablemente el comportamiento infantil durante el sueño es mucho más problemático de lo que la evolución ha determinado y de lo que sería en otras condiciones.


6- Salud versus Idoneidad. Conflicto Intergeneracional.


En un punto importante McKenna si está de acuerdo con Haig: la evolución no siempre va a maximizar la supervivencia del bebé ya que la supervivencia de cada hijo no siempre conlleva el mayor éxito reproductivo de los padres. De hecho McKenna opina que su punto de vista no excluye obligatoriamente el de Haig y admite que ambas partes tienen su parte de razón. Argumenta que mientras un comportamiento determinado no reduzca la idoneidad, puede tener funciones beneficiosas, o incluso oportunísticamente beneficiosas, que complementen el objetivo inicial o incluso lo reemplacen. De esta manera, si un bebé puede retrasar la llegada de un hermano, asegurándose los recursos para su supervivencia en exclusiva por más tiempo, los despertares nocturnos tendrán un valor añadido al resto de beneficios.

Por lo tanto McKenna no niega en absoluto la existencia de un conflicto intergeneracional entre madre e hijo y no está idealizando lo que Bowlby llamó Ambiente de Adaptación Evolutiva (Environment of Evolutionary Adaptedness, o EEA), ni espera que toda la sociedad occidental vuelva a la vida del pleistoceno para vivir feliz y en armonía, tal y como le acusa Haig en su artículo. De hecho, el propio McKenna incorpora el concepto de compensación y la teoría de la historia de la vida en sus estudios sobre el sueño de las madres y los bebés.

Por su parte Hinde introduce el concepto de Ambiente Adaptativo Relevante (Adaptively Relevant Enviroment, ARE), definido por Irons en 1998, y que en este contexto se definiría como  todo el conjunto de interacciones con su madre y su comunidad que permiten al bebé recibir lo necesario para su supervivencia, como la alimentación, la termoregulación y el apoyo socioemocional. Resalta que es precisamente de noche cuando las crías primates pueden maximizar este contacto debido a la ausencia de las actividades diurnas. A pesar de que los humanos nos movemos en un ambiente muy alejado de nuestro EEA, todos los bebés de todas las culturas necesitan desarrollarse en su ARE, pero en nuestra sociedad existen importantes divergencias con este último, como puede ser en el uso de leche adaptada o el sueño en solitario. Este hecho, sin duda, altera tanto la coordinación como el conflicto entre madre e hijo, aumentando la magnitud de los problemas en el sueño de la madre.


7- Del Dicho al Hecho


Finalmente, McKenna hace hincapié en la dificultad que supone dar el salto entre el mundo de la investigación y las recomendaciones dirigidas a toda la sociedad. De hecho, se considera uno de los mayores críticos de la tendencia actual que presentan las autoridades médicas a simplificar lo complejo por medio de recomendaciones generales para todo el mundo, al estilo "one-size-fit-all". Según McKenna, esta costumbre ha puesto muchos bebés en peligro en el pasado y lo sigue haciendo en el presente, a pesar de que es innegable que la pediatría occidental también ha salvado muchas vidas, sobretodo en otros dominios.

Esto ha sido debido principalmente a que el bebé durmiendo en solitario y alimentado por biberón de leche adaptada es el sujeto modelo de sueño saludable que se estudia en los laboratorios del sueño de la sociedad occidental industrializada. Pero a día de hoy un 77% de las madres amamanta a su bebé, lo que por sí mismo invalida este modelo de desarrollo del sueño infantil basado en los bebés alimentados con biberón. Y no podemos olvidar que los determinantes culturales forzaron al mundo de la pediatría a recomendar unos cambios en absoluto respaldados por el método científico, como son:
  • Del colecho al sueño en solitario
  • De la lactancia materna a la alimentación a base de leche adaptada
  • De poner al bebé a dormir sobre su espalda a ponerle a dormir sobre su barriga
Cada uno de estos cambios está independientemente asociado con la muerte súbita e inesperada del infante (sudden unexpected death of an infant, SUDI), y McKenna estima que han provocado unas 400.000 muertes de bebés. 

Por lo tanto, para McKenna, la confluencia de datos sobre evolución, interculturales e interespecíficos sirve como un poderoso punto de partida para hacernos preguntas nunca antes hechas sobre el sueño infantil y los arreglos para dormir en la sociedad occidental industrializada. Pero toda estas ideas y observaciones basadas en la evolución en ningún momento son el punto final que nos determine como usar lo aprendido. Lo más importante es que los padres deben ser empoderados y ellos, y únicamente de ellos, tienen el derecho a tomar decisiones basadas en una información completa y neutral, y no filtrada por unas instituciones médicas que deciden lo que deben o no deben saber

McKenna termina su publicación haciendo referencia al "muy aislado" comité de 7 personas de la Academia Americana de Pediatría que publica las recomendaciones sobre como poner a dormir a los bebés, deseando que fueran más sensibles a las razones que llevan a los padres a decidir colechar con sus hijos, dado que dicho comité desaconsejo el colecho (entendido como compatir superficie para dormir, no solo habitación) sin ofrecer alternativas como el colecho seguro o la cuna sidecar.

En resumen: para McKenna o para Hinde, los despertares nocturnos son un comportamiento complejo que no puede ser estudiado fuera de su contexto cultural. Aunque es evidente que la frecuencia de las tomas, día y noche, influye en el intervalo entre nacimientos, los despertares nocturnos son un fenómeno mucho más complejo que el presentado por Haig, con múltiples propósitos y causas y que conllevan asociados numerosos beneficios ocultos. Por lo tanto, cualquier recomendación sobre el sueño infantil basada en unas recomendaciones generales (del tipo "one size must fit all") nacidas de la simplificación forzada de una realidad compleja, no solo será muy probablemente inapropiada, sino que puede llegar a ser incluso peligrosa.

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viernes, 4 de julio de 2014

EL SUEÑO INFANTIL ¿UN CONFLICTO DE INTERESES? (I)

LOS DESPERTARES NOCTURNOS DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL CONFLICTO INTERGENERACIONAL.


Hace unas semanas llegó a mis manos un artículo publicado en enero de este año por David Haig en la revista Evolution, Medicine and Public Health, y que llamó mi atención por su peculiar mirada sobre el sueño infantil desde la biología evolutiva. Concretamente interpretaba los múltiples despertares nocturnos de los bebés durante la segunda mitad de su primer año de vida como una adaptación para conseguir retrasar la ovulación de la madre y, con ello, el siguiente embarazo y la llegada de un hermano pequeño; hecho que en ciertas condiciones ancestrales, todavía presentes actualmente en algunas culturas de la tierra, disminuiría significativamente las posibilidades de supervivencia del hijo mayor. 

Lo cierto es que cuando leí el resumen del artículo sentí cierta incredulidad, y pensé que esto no dejaba de ser una teoría más nacida del limitado punto de vista de un especialista que todo lo mira desde los límites de su especialidad. Algo que sigo pensando, porque ya sabemos que cada especialidad científica suele limitarse a palpar e interpretar su "parte del elefante" y que solo una visión interdisciplinar puede acercarnos mínimamente a la realidad. Pero, a pesar de todo, reconozco que leer cuidadosamente el artículo completo me ha hecho reflexionar profundamente sobre las bases de mi filosofía y mis creencias sobre crianza, y siento que esta nueva visión, a pesar de ser contraria a la mía, me ha enriquecido y ayudado a asentar mis propias conclusiones en bases más sólidas. 

Y por lo que parece no he sido la única "removida" por las palabras de Haig. El artículo ha generado un rico debate en el cual cabe destacar la participación de uno de los profesionales más emblemáticos e influyentes dentro del mundo científico del sueño infantil, el profesor James McKenna, que es además uno de los más populares y queridos internacionalmente dentro del mundo de la "crianza respetuosa".

No puedo menos que sospechar que algunos profesionales de la pediatría utilizan argumentos semejantes a los de Haig para apoyar sus tratamientos contra el Insomnio Infantil por Hábitos Incorrectos de cara a los padres, tanto desde sus consultas como desde los medios de comunicación de masas. Por eso me ha parecido interesante traeros este artículo y el debate que ha suscitado. Como va a ser largo lo dividiré en tres artículos. En el primero os explico el artículo original de Haig. En el segundo profundizaré en la respuesta de McKenna y de otra antropóloga, la doctora Katie Hinde. Y en el tercero expondré mis propias conclusiones, además de algunas de las contra-respuestas de Haig a los dos antropologos citados anteriormente. 

Interpretar los despertares nocturnos de los bebés como un intento de retrasar al máximo el siguiente embarazo de la madre no es nuevo. Como el mismo Haig informa en su artículo, en el año 1987 Bluntor Jones y da Costa ya publicaron un artículo presentando esta hipótesis. Evidentemente, con esta aproximación no pretendían decir que el bebé tuviera conscientemente la intención de evitar que su madre ovulara para retrasar el siguiente embarazo. Lo que ocurre es que, en los albores de la humanidad, los bebés que se despertaban más y mamaban más tenían madres que ovulaban más tarde, retrasando así el siguiente embarazo y aumentando no solo sus posibilidades de supervivencia sino también de tener descendencia y de pasar este comportamiento a sus hijos. 

Esta capacidad anticonceptiva de la lactancia materna era ya un hecho ampliamente conocido en el momento en que salió esta publicación, pero Bluntor Jones y da Costa sacaron a la luz un detalle importante: el intervalo entre nacimientos óptimo es más corto para los padres que para los hijos. Dicho con otras palabras: el intervalo entre nacimientos que mejor garantiza la supervivencia de cada hijo no es el mismo que el que mejor garantiza el mayor número de descendientes vivos a los padres. Esto significa que existe un conflicto intergeneracional entre los intereses de ambos: un conflicto de intereses que puede llegar a resolverse con una situación que no sea la más óptima y saludable para alguna o ninguna de las dos partes, pero que mantenga el equilibrio y permita que el sistema funcione. 

Se puede llegar así a sacrificar salud y bienestar por idoneidad (la palabra utilizada en inglés es "fitness"). En este caso en concreto, en el contexto de los despertares nocturnos de los bebés, Haig opina que el niño está sacrificando un sueño más consolidado, lo que actualmente algunos consideran más saludable para su desarrollo cognitivo y su salud en general, por retrasar todo lo posible la ovulación de su madre, retrasando así la llegada de un nuevo hermano. Por su parte, a la madre le interesa que el bebé tenga un sueño lo más consolidado posible, por lo que utiliza todas las herramientas que tiene a su alcance, como por ejemplo la composición de la leche materna nocturna que favorece el sueño. Esta linea de pensamiento anima a Haig a hacer una afirmación extremadamente polémica: No hay ninguna garantía de que la leche materna sea el alimento ideal para el bebé, ya que estaría diseñada para favorecer los intereses de la madre, los cuales no son necesariamente los mismos que los del bebé, a pesar de que haya un solapamiento importante. 

El hecho de que los bebés alimentados con biberón de leche adaptada, o que los que son adiestrados a no recibir leche materna humana por la noche, tengan un sueño más consolidado que los bebés alimentados a demanda con leche humana por la noche, es prueba para Haig de su teoría. Según su razonamiento este fenómeno seria interpretado como la inactividad facultativa de una función no efectiva: el bebé ya no reclama por la noche porque esta acción no produce el efecto deseado, esto es, consumir leche humana para retrasar la ovulación de la madre. Los bebés alimentados con leche adaptada consolidan su sueño porque sus reclamos - esto es, su sacrificio del sueño consolidado - no sirve para retrasar la ovulación. Los bebés adiestrados a no recibir lactancia materna por la noche consolidan su sueño porque aunque se despierten no van a recibir lactancia materna y por eso este comportamiento no es útil para retrasar la ovulación. 

A parte de este conflicto intergeneracional, Haig describe también un conflicto intragenómico - esto es, entre los genes de origen paterno y los de origen materno - dentro del mismo bebé. Para defender su visión se basa en dos síndromes, cada uno consecuencia de la delección total o parcial de genes en el cromosoma 15:
  • El Síndrome de Prader-Willi. Resultado de una delección en el cromosoma 15 paterno y en el cual uno de los síntomas que tienen los bebés afectados es que no maman con efectividad y duermen en exceso.
  • El Síndrome de Angelman: Resultado de una delección en el cromosoma 15 materno. Los bebés afectados tienen un sueño inquieto con muchos despertares nocturnos.
Ambos síndromes son para Haig prueba de como los genes maternos inducirían un sueño más consolidado, entrando en conflicto con los genes paternos que favorecerían los despertares nocturnos. Por lo tanto los genes de origen paterno serían seleccionados para favorecer intervalos entre nacimientos más largos que los genes de origen materno. La competición entre ambos tipos de genes hace a Haig suponer que la maduración del sueño infantil desde un sueño más inestable a uno más profundo y consolidado no es un proceso precisamente armonioso ya que sería el resultado del conflicto generado por los diferentes genes. Conflicto que disminuiría con el tiempo a medida que el bebé madura y aprende a dormir todo la noche. Por lo tanto, la arquitectura del sueño infantil solo sería como una especie de caos estructural resultado de la puesta en común de planes contradictorios.

No hace falta decir que con este artículo Haig lanza una bomba a las bases de la que hoy en día llamamos "crianza natural", cuyos cimientos son precisamente el respeto por los comportamientos considerados "instintivos" tanto en los hijos como en los padres, y que se basa en disciplinas como la medicina evolutiva o la pediatría evolutiva. Y la onda expansiva no solo afecta al sueño infantil, sino a todos los niveles de esta filosofía, incluida la hasta ahora intocable lactancia materna. Según Haig, la escuela de pediatría evolutiva ignora sistemáticamente las consideraciones que conllevan estos conflictos intergeneracional e intragenómico porque según ella las necesidades de los hijos y las respuestas de los padres estarían diseñadas por la selección natural para maximizar la probabilidad de supervivencia del hijo y, con ello, el éxito reproductivo de los padres. Pero Haig nos dice que esto no es así ya que las condiciones que maximizan la idoneidad para padres e hijos no son las mismas

En el contexto del sueño infantil todo esto lleva a Haig a afirmar que, aunque es cierto que las condiciones actuales en las que ponemos a dormir a los niños en la sociedad occidental están lejos de las que han existido durante gran parte de la evolución humana del sueño, y aunque ciertamente debemos preguntarnos si estas diferencias tienen consecuencias para la salud de los niños, sería irresponsable recomendar cambiarlas basándonos en esta discordancia sin evidencias epidemiológicas de los daños causados. Porque, según él, la discordancia entre las dos condiciones solo será problema si produce una patología. 

Haig finaliza su artículo haciendo referencia a lo que Bowlby denominó como Ambiente de Adaptación Evolutiva (Environment of Evolutionary Adaptedness, o EEA). Con este término Bolwby definió lo que sería el ambiente en el cual una especie ha evolucionado y que, por lo tanto, es el que determina lo que finalmente ha llegado a ser. Según este científico, cada sistema biológico trabajará de manera eficaz solo en este ambiente y ninguna característica de una especie, ya sea su morfología, fisiología o comportamiento, puede ser comprendida o discutida de manera inteligente si no es en relación con su EEA. 

Para Haig, identificar el EEA con el ambiente idóneo que produce un máximo bienestar mezcla los conceptos de idoneidad y salud. Haig opina que no evolucionamos para estar sanos y ser felices, sino que evolucionamos para ser idóneos, y seremos más o menos felices, tristes, amables, crueles, generosos, o rencorosos según estas características nos acerquen al estado de máxima idoneidad. 

Según sus propias palabras:
"Podemos aspirar a quedarnos con las adaptaciones más positivas de nuestro repertorio mientras desechamos las negativas, y podemos aspirar como colectivo a la salud y el bienestar. No hay un paraíso perdido en perfecta harmonía entre madre e hijo. Lo que era lo mejor para uno no era lo mejor para el otro. Ellos nunca fueron un único cuerpo y una sola carne. Los conflictos genéticos dentro de la familia son parte de nuestra herencia biológica, tanto como el amor y el cuidado de nuestros niños". (La negrita es mía). 
En resumen: Haig considera que el comportamiento instintivo no lleva obligatoriamente a una situación más saludable o feliz ya que la evolución trabaja para lograr un equilibrio dentro de los conflictos entre las diferentes partes. Por lo tanto, para este científico, basarse en que un comportamiento es instintivo para defenderlo, o considerar que un comportamiento alejado del instintivo es por defecto pernicioso, no tendría sentido si no se ha demostrado previamente que esta situación produce una patología.

Y hasta aquí mi presentación del trabajo del profesor David Haig. En el próximo post os presentaré la respuesta de dos de sus colegas. Uno es el profesor James McKenna, antropólogo y director del Laboratorio del Comportamiento del Sueño de la Madre y el Bebé de la Universidad de Notre Dame (Indiana, USA), al que seguro que todos conocéis por su defensa del colecho y sus estudios sobre el sueño de la madre y su hijo. Y la otra es la doctora en antropología Katie Hinde, profesora asistente en la Universidad de Harvard con una amplia experiencia en la investigación sobre lactancia y evolución.

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domingo, 23 de marzo de 2014

JUNTOS

Una conversación con un amigo me ha llevado hasta estos dos vídeos.

¿Nos perdonamos???

Todavía no es tarde

Juntos podemos conseguir todo lo que nos propongamos

Somos la humanidad









viernes, 21 de marzo de 2014

INFORMANDO AL DÓCTOR ESTIVILL

"Lady Blogger with Her Maid", after Vermeer. Por Mike Licht, NotionsCapital.com


Estimado doctor Estivill:

Acabo de ver una entrevista publicada en Informativos. net el 19 de Marzo del año 2014 en la que la periodista Gema Castellano le pregunta por las críticas que recibe su método y usted, de nuevo, como hace años tuve la desgracia de leer y escuchar, vuelve a decir que estas críticas solo están en internet.

Comparto aquí el vídeo de la misma por si alguno de los lectores de este blog quiere comprobar mis palabras:




También acabo de ver su respuesta a la última pregunta del encuentro digital que ha publicado la revista Vogue. La única que se refiere al sueño infantil. Algo muy curioso porque: 
  1. Usted es famoso en el mundo del sueño precisamente por sus libros sobre el sueño infantil.
  2. Sé de buena tinta que decenas de personas le mandaron preguntas sobre este tema. Eso sí, con claras críticas (aunque respetuosas) en su contenido.
Y su respuesta es, cuanto menos, insultante. Sigue afirmando que: 

"...todo lo que hemos publicado en nuestros libros son normas científicas ratificadas por múltiples estudios. Si deseais ver estas referencias bibliográficas podéis consultar nuestro libro DUERMETE NIÑO, VERSIÓN ACTUALIZADA. Allí, además de explicar estas rutinas clásicas que son las mismas que recomienda la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad americana del Sueño, enseñamos cómo adquirir buenas rutinas desde el momento del nacimiento.
 (...)
 "Sobretodo no hagáis caso de las opiniones de internet. En internet hay algunos comentarios personales, sin ningún fundamento científico que solo os confundirán."

Así que, como veo que sigue usted sin informarse correctamente sobre este aspecto, he decido traer aquí, a mi blog - que ciertamente pertenece a ese infravalorado (por usted) mundo de internet - unos cuantos ejemplos de las críticas a su metodología publicadas en las revistas científicas, esto es (como usted muy bien sabe), en las peer review journals o revistas revisadas por pares. 

Evidentemente estas revistas también están en internet. Hoy en día toda la información relevante del planeta tiene altísimas probabilidades de estar en internet. Ya sé que con su comentario de "solo están en internet" se refiere a la blogosfera maternal y de crianza. Pues va a ser que no, doctor Estivill. Las críticas contra su método están en muchos sitios, muchos de ellos tan importantes como las revistas especializadas de mayor factor de impacto. 

Ahora mismo se lo demuestro.

Prof. Darcia Narvaez
Empezaré por la profesora Darcia Narvaez que en un libro publicado junto a Panksepp, Schore y Gleason (Narvaez et al, 2013) (y que no está en internet), nos hace un excelente resumen de las las investigaciones sobre los efectos nocivos del estrés en el cerebro de los bebés. Según explica, es un error cultural muy común, originario parcialmente de la tradición conductista, considerar un comportamiento de crianza aceptable e incluso apropiado el dejar a los niños llorar para que aprendan a dormir solos. Cuando los niños se dejan llorar sin el consuelo de sus cuidadores sus cerebros se inundan con hormonas del estrés potencialmente neurotóxicas, como el cortisol (Blunt Bugental et al, 2003;  Gunnar & Donzella, 2002). Los opiáceos endógenos cerebrales, responsables de la sensación de bienestar, disminuyen con la tristeza (Zubieta et al, 2003) y los circuitos de dolor físico se activan (Eisenberger et al, 2003Panksepp, 2003). Sabemos que los bebés de seis meses ya son capaces de producir una respuesta de estrés anticipatoria, basada en sus expectativas de como van a ser tratados por sus padres (Haley et al, 2011). Con el tiempo, cuando estas experiencias son frecuentes y duraderas, la respuesta al estrés del cerebro puede verse afectada y producirse un exceso de sensibilidad y actividad (Anishman et al, 1998), produciendo una predisposición a la depresión clínica y la ansiedad (Barbas et al, 2003De Kloet et al, 2005Watt & Panksepp, 2009), malos resultados en la salud física y mental y envejecimiento prematuro y mortalidad (Preston & Waal, 2002). Un sentimiento de angustia persistente y frecuente durante los periodos sensibles de la infancia temprana reduce la expresión de los genes del ácido gamma-aminobutírico (GABA), lo que produce desórdenes de ansiedad y depresión a la vez que aumenta el riesgo de consumo de alcohol como respuesta de alivio al estrés (Caldji et al, 2000Hsu et al, 2003). La desregulación emocional crónica sienta las bases para psicopatologías mas graves ( Cole et al, 1994Panksepp & Watt, 2011), especialmente la depresión. La desregulación emocional en la infancia está relacionada con patologías mentales posteriores, incluyendo la propensión a la violencia (Davidson et al, 2000). El estrés que produce un apego inseguro rompe el funcionamiento emocional, compromete las habilidades sociales y puede promover una inclinación emocional permanente hacia una actitud de auto-defensa ansiosa (Henry & Wang, 1998Schore, 2009).

Sigo.


Wendy Middlemiss, PhD
Ahora le pongo un ejemplo más puntual. En un estudio recientemente publicado en Early Human Development (factor de impacto entre 2 y 2.4), Middlemiss y colaboradores (Middlemiss et al, 2012) examinaron los componentes fisiológicos y conductuales de las interacciones madre-hijo durante su participación en un programa de entrenamiento del sueño. En este contexto demostraron que tras tres días de adiestramiento se producía una desincronización significativa en los niveles de cortisol entre las madres y sus bebés. Mientras que los niveles de cortisol de los bebés no cambiaban a pesar de que dejaban de llorar, el de sus madres disminuía significativamente en cuanto sus hijos ya no lloraban. También observaron que, a pesar de que los niveles de cortisol eran iguales en los bebés durante los tres días de adiestramiento, estos lloraban significativamente más el primer día que el tercero. Esto nos demuestra que la falta de llanto no se relaciona con una disminución real del estrés que sufre el niño, tal y como ya habían apuntado anteriormente otros autores como Margot Sunderlan en su libro "La ciencia de Ser Padres", libro convenientemente publicado, traducido a numerosos idiomas, que no está en internet, y que además consta de unas 500 referencias bibliográficas, si no recuerdo mal (Sunderland, 2006).

Y sigo, no se preocupe que material no me falta. 

Me parece muy interesante el hecho de que a día de hoy ya nadie ponga en duda la compleja interrelación entre las emociones y el sueño, y numerosas investigaciones demuestran que no sólo el estrés, sino también emociones como el enfado o la soledad influyen muy negativamente en el mismo (Baglioni et al, 2010Vandekerckhove & Cluydts, 2010Kahn et al, 2013). Hatzinger ha demostrado, en una muestra de niños de 5 años, que una  alta actividad basal del eje HPA  y una secreción de cortisol elevada en respuesta al estrés están asociados a un sueño de peor calidad y, aunque su diseño experimental no permite determinar la dirección de esta interrelación, los estudios en adultos apuntan a que la desregulación del eje HPA precede a los problemas de sueño (Hatzinger et al, 2008). 

Como interesante es la información obtenida por los estudiosos de la filogenia del sueño sobre el efecto que el estrés tiene sobre la arquitectura del mismo. Está ampliamente demostrado que las aves que se sienten en peligro de depredación duermen menos y se despiertan con más frecuencia pasando más tiempo en sueño unihemisférico que en sueño bihemisférico. De la misma manera, los estudios realizados sobre ratas demuestran que el mismo tipo de estrés produce un retraso en el sueño, el sueño NREM disminuye su duración (no el numero de episodios) y el sueño REM disminuye el número de episodios (pero no su duración), especialmente al principio del sueño (Capellini et al, 2010). Cuando se administran glucocorticoides tanto en el modelo humano como animal se producen alteraciones importantes de la arquitectura del sueño. En ambos se observa una actividad en el EEG típica de la vigilia, pero mientras que en humanos se observa que el sueño NREM de ondas lentas disminuye, en animales éste aumenta, a la vez que lo hace el periodo de latencia antes del sueño (Hurtado-Alvarado et al, 2013).

Teniendo en cuenta que los bebés y niños a los que se les está aplicando su técnica se duermen llorando, - por lo tanto, absolutamente estresados - y tras haberse demostrado que incluso los que dejan de llorar siguen estresados, ésta es una información a tener en cuenta. ¿No le parece?

Claro, me puede argumentar que estas últimas críticas son muy indirectas e inespecíficas. Que no son críticas, vamos. Pero el caso es que las hay bien directas también. De hecho el primer ejemplo que he citado, las de la doctora Narvaez, creo que no dejan lugar a dudas. Pero hay más. Por ejemplo este artículo de los doctores Blunden, Thompson y Dawson, del que ya he hablado en otra ocasión pero que vale la pena poner de nuevo encima de la mesa: 

Blunden SL, Thompson KR, Dawson D. Behavioural sleep treatments and night time crying in infants: challenging the status quo. Sleep Med Rev 2011; 15: 327-334.

En él los autores cuestionan la necesidad de aplicar este tipo de tratamiento a los niños. Este artículo me parece sumamente interesante, no solo por su calidad (a parte del prestigio de sus autores, el factor de impacto de la revista es 8.7. Nada despreciable), sino por la respuesta que generó a cargo de Sadeh, Mindell y Owens, que como usted bien sabrá son investigadores punteros en el área del sueño infantil. Seguro que los conoce porque están muy en su linea: siempre han sido defensores del sueño en solitario y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo. Seguro que conoce su colaboración con J&J: esta conocida empresa de productos infantiles parece estar financiando gran parte de sus estudios a la vez que ellos participan en la promoción de sus productos mediante el diseño de un algoritmo en la página web de dicha empresa utilizando el cuestionario diseñado por Sadeh (BISQ: Brief infant sleep questionary) y los criterios propios de su corriente de pensamiento para diseñar los consejos dirigidos a las familias. Consejos que invariablemente contienen uno en concreto: aplicar una rutina de sueño tipo masaje y baño (con los productos de J&J, claro). Lo sé porque hice el cuestionario. Las respuestas que recibí tendrán en su día el post correspondiente. Se lo merecen.

Pero volviendo al tema que nos concierne, que me estoy yendo por las ramas, Sadeh, Mindell y Owens rebatieron la publicación de Blunden y colaboradores con el siguiente artículo:

Sadeh A, Mindell JA, Owens J. Why care about sleep of infants and their parents? Sleep Medicine Reviews 2011; 15: 335-337.

El artículo es una defensa a ultranza del sueño en solitario de los niños y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo pero, cuidado, ya no todas las técnicas de adiestramiento al mismo nivel. En uno de sus párrafos los autores afirman que:

"One of the main claims raised by Blunden et al. is that clinical interventions for infant sleep problems encourage parents to ignore their crying infants during the night and that this may seriously compromise infant-parent attachment security. (....) However, it should be emphasized that the vast majority of modern behavioral interventions are based on some degree of continued caregiver response to the infant throughout the sleep initiation or resumption process. Some methods recommend continuous presence of the parents next to the infant crib during the process or throughout the night.".

Vaya, resulta que actualmente la mayoría de los métodos ya no se basan en "dejar llorar" solo al bebé (ni poco, ni mucho) e incluso muchos recomiendan la presencia continua de los padres durante la noche. Y ésta es una razón que esgrimen estos autores como defensa de las técnicas de adiestramiento: que ya no son lo que eran

No sé si se da cuenta, doctor Estivill, pero estos tres monstruos de la investigación del sueño infantil (porque lo son, no hay más que mirar sus curriculums y su influencia en la Academía Americana de Pediatría), están retirando disimuladamente su apoyo al método llamado "extinción controlada" o "llanto controlado", o sea, su método. Cierto que siguen en sus trece: siguen defendiendo el sueño en solitario como objetivo exclusivo de la clínica del sueño. Pero reconózcalo doctor Estivill, incluso para ellos el "llanto controlado" está obsoleto y ya no pertenece a la "vasta mayoría de técnicas actuales". Porque evidentemente este método no se basa en el acompañamiento continuo del bebé/niño. Y luego está el esfuerzo por diseñar alternativas. El propio Sadeh desarrolló el llamado "camping out", que podríamos traducir como "método de retirada" (y que asumo que es al que se refieren en el párrafo antes citado de su artículo). Por no hablar del "Huggie-Puppie", también diseñado por él y que, bajo mi punto de vista, tiene importantes connotaciones. A pesar de que a mí siguen sin gustarme, sobretodo el primero, he de reconocer que hay un cambio fundamental: el bebé ya no llora solo sino que se permite la presencia continua de sus padres, incluso toda la noche. Incluso en su versión mas estricta, en la cual el bebé no debe ser cogido, solo acompañado, ya supone una diferencia fundamental: no está solo. 

Y que quiere que le diga. Es cuestión de tiempo. El método "de retirada" ya tiene una versión suavizada publicada por Blunden. Y el futuro, yo no sé usted, pero yo lo veo claro: el objetivo de la clínica del sueño debe ser conseguir la bondad de ajuste, y no el sueño en solitario a toda costa. Supongo que habrá leído a Oskar Jenni (Jenni & O´Connors, 2006; Jenni & LeBourgeois, 2011). Ya ve, más investigadores que cuestiona su método desde las revistas científicas, no sólo en internet. 

¿Más ejemplos? Pues aquí le dejo este folleto del que ya he hablado hace un par de días en mi blog, y en el que veinte profesionales de la pediatría, la psicología y la enfermería hablan en contra de los métodos basados en dejar llorar y nos dan sus razones de por qué lo hacen. Y tampoco está en internet (bueno, en internet lo he puesto yo con el permiso de su autora, Sybille Lupold, pero el folleto, está impreso en cinco idiomas y repartido por el mundo real)


Y, como punto final, también quisiera añadir aquí las declaraciones en contra de su método realizadas por la Australian Association for Infant Mental Health. Estas sí están en internet, pero no solo en internet, y considerando que son las declaraciones de una asociación como la citada creo que hay que tomarlas en consideración, estén donde estén.

Podría seguir, doctor Estivill. Pero creo que con remitirle al "Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil", ya es suficiente. Sé que conoce el proyecto. Sé que le pone en jaque mate. No lo va  a reconocer. No pasa nada. La gente no es tonta. 

Tal vez estemos heridos, tal vez estemos llenos de carencias.... 

pero no somos tontos.

sábado, 15 de marzo de 2014

LOS NIÑOS NOS NECESITAN TAMBIÉN POR LA NOCHE

Es evidente que el tema del sueño infantil preocupa a las familias. La entrevista que me hizo Gema Lendoiro, publicada en el ABC bajo el título: Los niños no Aprenden a Dormir. No Haga Llorar a sus Hijos batió el récord de lecturas y hasta ahora ha sido compartido en Facebook 53.668 veces (15 de Marzo del 2014 a las 18:30 de la tarde). En este momento, y a pesar de que fue publicado hace más de un mes, vuelve a estar en la lista de los diez artículos más leídos del periódico.

También parece evidente que se está produciendo un cambio de mentalidad importante que empieza en el mundo de la investigación del sueño infantil  y termina en los propios padres. Y una prueba de ello puede ser el hecho de que la entrevista  al presidente de la Sociedad Española del Sueño, el doctor Diego García Borreguero, titulada Un Bebé debería saber Dormir con Mes y Medio de Vidapublicada en el mismo periódico, lleva compartida en facebook solo 270 veces (cuando la de Gema Lendoiro llevaba más de 10.000 tras permanecer las mismas horas en el aire)  y en este momento está en la posición 196 de la lista de los más leídos, a pesar de ser reciente. Conclusión: las declaraciones del doctor García Borreguero ni interesan ni convencen a las familias que buscan información sobre el sueño infantil. Las mías sí. Y, evidentemente, no es porque las haya hecho yo. De hecho yo diría que es A PESAR de que las he hecho yo, una doctora en biología desconocida, presidenta de nada, pero que esgrime una herramienta incuestionables: más de 500 artículos científicos recopilados en una revisión centrada exclusivamente en el debate científico sobre el sueño infantil. 

Estoy segura de que dentro de unos años los métodos basados en dejar llorar ya ni siquiera serán una alternativa, a pesar de que los medios de comunicación siguen difundiendo las declaraciones de profesionales afines a los mismos. Pero somos muchos los que desde nuestras diferentes profesiones y posiciones, cada uno llegando hasta donde puede llegar, vamos denunciando esta situación intolerablemente sesgada e irracional que nos llegaba desde una parte bastante dominante de la pediatría del sueño. 

Nuestros niños no se merecían eso. Nosotros tampoco.

Hoy  os quiero traer aquí el trabajo de una mujer estupenda que se ha puesto como objetivo informar a la sociedad de las alternativas a los métodos basados en el llanto que pretenden "enseñar" a dormir a los niños. Ella es Sibylle Lüpold, autora del libro Ich Will bei euch schlafen (Quiero dormir cerca de vosotros), enfermera, monitora de La Liga de la Leche Suiza y IBCLC en formación. Sibylle ha escrito un folleto que recopila la opinión sobre los métodos basados en dejar llorar de 20 expertos en salud infantil. Entre ellos se encuentran dos que seguro que conocéis: Carlos Gonzalez y Rosa Jové. 

En un principio el folleto se editó en alemán e inglés (tal vez también en italiano y francés, pero de eso no estoy segura). Ahora tenemos la suerte de contar con su versión en español. He tenido el gusto y el honor de echar una mano en la traducción de este estupendo trabajo y os lo quiero traer aquí por si os es de utilidad. Tenéis la versión normal y  la versión para imprimir. Podéis imprimir y divulgar todo lo que queráis. Las únicas condiciones son: 
  • Si vais a venderlos el precio debe de ser únicamente para cubrir gastos. Siempre sin ánimo de lucro.
  • Se debe respetar toda la información de folleto. No se puede cambiar nada.
  • Se debe respetar la autoría.
Y aquí os dejo los enlaces:






viernes, 14 de marzo de 2014

DECLARACIONES SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA...... QUE ROMPEN EL ALMA

Facebook está que arde.

Y no es para menos. Ayer con las poco afortunadas declaraciones de Anna Pedraza, presidenta de la Associació Catalana d'Infermeria Pediàtricasobre la incapacidad para amamantar de una madre desnutrida, declaraciones que los medios de comunicación no tardaron en aprovechar desvirtuando la lactancia materna todavía más. Y hoy con la presentación en sociedad de un Estudio sobre el Sueño de Dodot (lo que no nos han dicho es en que peer review journal saldrá o ha salido publicado) y las declaraciones, también francamente desafortunadas, del doctor Diego García Borreguero, presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES) y director del Instituto Investigaciones del sueño (IIS), según las cuales, y cito textualmente, "Un bebé debería saber dormir con un mes y medio de vida".

No voy a entretenerme demasiado en desmontar todos estos discursos ya que otros lo han hecho ya de manera brillante. Sin duda el que más respuestas ha generado hasta el momento ha sido la pifiada de la asociación de enfermeras. Diversas organizaciones pro-lactancia materna, así como IBCLCs y asesoras de lactancia, ya han hecho público su rechazo unilateral a las declaraciones que ponen en duda la capacidad de amamantar de una madre desnutrida, así como la necesidad de donar leche artificial para solventar el "problema". Me gustaría destacar aquí los artículos de Eloisa Lopez en su blog Una Maternidad Diferente: Lactancia materna y desnutrición, y de Ileana Medina en el blog Tenemos Tetas: Éramos pocos y parió la abuela (lactancia, malnutrición y crisis). También el de la periodista Gema Lendoiro en su blog Madre no Hay más que Una: ¿Por qué la leche materna sí es buena aunque la madre esté desnutrida? Igualmente destacables son el comunicado de los GALM (Grupos de Apoyo a la Lactancia Materna) Andaluces, el de La Federación Catalana de grupos de Apoyo a la Lactancia Materna y el del Comité de Lactancia Materna de La Asociación Española de Pediatría (AEP). Pero ha habido muchas más, todas diciendo más o menos lo mismo porque, francamente, no hay mucho que decir más allá de que el mejor alimento para el bebé es la leche de su madre aunque ésta esté desnutrida, y que si se quiere hacer algo a favor de la salud y bienestar de esta criatura es ayudar a la madre a alimentarse mejor, y no donar leche artificial. Mejor donemos a las madres una cesta llena de verduras, hortalizas, frutas, carnes y pescados frescos y dejémonos de leche de fórmula, por favor. Seamos sensatos. Las verdaderas razones que hacen peligrar la producción de leche de una mujer las analiza la periodista y experta en crianza Mireia Long en su artículo: "Razones por las que las españolas no tienen suficiente leche".

Esto fue ayer.  Y hoy, junto con los últimos coletazos de las declaraciones de la asociación de enfermería, he recibido en mi muro un artículo del ABC en el que el antes citado doctor Diego Garcia Borreguero, eminente neurólogo especializado en sueño y presidente de la SES, nos asegura que los bebés deben saber dormir a partir del mes y medio y que, más allá de dormir toda la noche, lo importante es que se duerman SOLOS y no MOLESTEN en TODA LA NOCHE. Este artículo me ha llegado acompañado por un programa de televisión en el que se habla de la presentación del Estudio del Sueño de DODOT, realizado precisamente en colaboración con el citado doctor. En dicho programa se presenta el colecho con el bebé como una seria amenaza contra su vida, además de considerar que fomenta un "apego excesivo" con la madre.

Siendo monitora de La Liga de la Leche y autora de El Debate Científico sobre el Sueño Infantil, llevo desde ayer con la incómoda sensación de que me tengo que pronunciar sobre todo esto aquí, en mi blog. Pero, que queréis que os diga. Estoy cansada. Estoy muy cansada. Estoy absolutamente agotada de repetir una y otra vez lo mismo con diferentes palabras. Estoy cansada de escandalizarme de la estrechez de miras de gente eminente, inteligente y con poder. Estoy hasta asustada de que esto pueda pasar y de que esté pasando. 

Porque ¿Que más puedo hacer y decir? Ante las declaraciones del doctor García Borreguero solo tengo un proyecto con más de 500 artículos especializados citados en el que se puede ver claramente el origen del sueño en solitario, su falta de fundamentos científicos, la posibilidad de que sea incluso nocivo, la bondad del colecho, su predominancia entre los mamíferos, entre los primates e incluso entre los humanos a lo largo de la historia y entre las diferentes culturas. Y con esta información en mi cabeza tengo que leer que el presidente de la Sociedad Española del Sueño declara que los bebés DEBEN dormir solos porque si no se puede producir un apego excesivo, o que deben dormir toda la noche sin molestar, solos, naturalmente (o mejor dicho, culturalmente). 

Tras leer las conclusiones de numerosos investigadores cuyos trabajos demuestran la enorme variabilidad existente en el sueño de los niños alrededor del mundo y a lo largo de la historia, tanto en el cuanto como en el como o en el donde, y la absoluta incapacidad para declarar unas costumbres mejor que otras, más saludables que otras, más convenientes que otras, tengo que leer al presidente de la SES diciendo que los niños al mes y medio ya deben dormir de un tirón toda la noche y que si a los cinco años duermen siesta son "anormales". 

Y pensar que a mis casi 44 años yo ADORO dormir una siesta cuando me lo permiten. No sabia que era tan anormal. 

Y resulta que, casualidades de la vida, hace muy poco tiempo tuve en mis manos el siguiente trabajo: 



 PNAS 2013; 110 (43): 17267–17272.  



En este trabajo los autores observaron que los niños en edad preescolar que habían dormido una siesta recordaban unas localizaciones espaciales (en un juego tipo Memory)  un 10%  mejor que los niños que no habían dormido. Este efecto se mantenía las 24 horas siguientes, a pesar de que los niños del grupo control tuvieron la oportunidad de dormir durante la noche igual que los niños que habían dormido siesta, por lo que el efecto no se puede atribuir al simple cansancio. También observaron que este efecto estaba directamente relacionado con la densidad de husos observadas durante la siesta. Ante estos resultados los autores concluyeron que el sueño bifásico (sueño nocturno y siesta) es crítico para el aprendizaje a estas edades, cuando la capacidad de almacenaje de la memoria a corto plazo es limitada y por lo tanto necesita ser consolidada con más frecuencia.

Cierto que en este estudio la edad media de los niños rondaba los 4 años (47 meses), pero tenían niños entre los 3 años (36 meses) y los cinco años y medio (67 meses). Por lo tanto es evidente que no se espera que los niños dejen de dormir la sienta a los cinco años, que se asume que es normal dormirla a los cinco años y, no solo eso, sino que dormir la siesta a esa edad tiene importantes funciones cognitivas. 

¡Toma ya! y el artículo es un PNAS, nada menos (Su factor de impacto ronda los 10. Para que os hagáis una idea, las revistas Sleep y Pediatrics rondan los 5).

Pero nuestro presidente de la SES afirma que la siesta de los niños de 5 años es ANORMAL. 

¿Hace falta comentar más?

Porque podríamos seguir hablando de que el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, nuestro principal reloj interno, no madura hasta los 3 meses así que ya me puede explicar el doctor García Borreguero en que basa su afirmación de que al mes y medio ya deben "saber dormir" ¡Hasta el doctor Estivill respetó esta barrera teórica de los tres meses en su polémica afirmación de que su método sólo se aplicaba a partir de esa edad!

Y no sigo porque me eternizo. No vale la pena. Si me pongo ahora a desmontar las afirmaciones que se hicieron sobre el colecho no acabo nunca. Rafi Lopez, autora de la ya legendaria página sobre el sueño infantil Dormir sin Llorar, ha escrito un post magnífico al que os quiero remitir si tenéis más interés sobre el tema: En respuesta a A3 noticias: El colecho es seguro. Y la guinda sobre este tema la pone Delia Carballo al denunciar una fotografía publicada por la propia SES en un cartel que anuncia El Día Mundial del Sueño 2014, en el que un padre duerme con un bebé en brazos ¡En un sofa! en unas condiciones absolutamente incompatibles con un colecho seguro. Ni que decir tiene que esta foto es una excelente prueba de la incoherencia e ignorancia de la que esta asociación hace gala en lo que al sueño infantil se refiere: Colecho seguro en el Día Mundial del SueñoY si a alguno os apetece profundizar más en las implicaciones del colecho os aconsejo leer el capítulo 4 de la revisión del sueño.

Yo, de verdad, estoy muy cansada. Cansada de repetir lo mismo una y otra vez. Cansada de comprobar la falta de rigurosidad, la estrechez de miras, la mirada sesgada y la falta de perspectiva que nos demuestran estos profesionales. Profesionales punteros en su especialidad. 

Cansada y terriblemente decepcionada. 

Y me hago la misma pregunta que se hace la periodista Gema Lendoiro:









domingo, 9 de marzo de 2014

A LAS QUE QUERÉIS PARIR: ESTAMOS EN EL SIGLO XXI Y ES HORA DE CAMBIAR EL PARADIGMA

Ya se me ha pasado, gracias a Dios, la época "activista de la maternidad perfecta" por lo que ya no voy denunciando a diestro y siniestro los comportamiento, comentarios y mentalidades que yo considero obsoletos, retrógrados, antinaturales y hasta violentos en el mundo de la maternidad. Con los años he ido aprendiendo que cada uno tiene su camino personal y nadie desde fuera puede, o al menos no debería, imponer nada. 

Lo único realmente útil es la información. Eso sí. Informar sí vale la pena porque puede hacer que mucha gente se cuestione la realidad que vive y encuentre así la motivación necesaria para cambiarla si ésta no le hace feliz. Pero la información se debe dar sin juicios añadidos porque, si no, pierde todo su poder y se convierte en simple adoctrinamiento. Y esto no siempre es fácil, desde luego, sobre todo en temas tan emocionales y primarios como todos los referentes a la maternidad: embarazo, parto, lactancia, crianza, educación...etc.

Por todo esto quisiera que el post de hoy no fuera considerado una crítica o un ataque personal a Antonia Vargas, comadrona del Hospital Materno de Málaga que ha ayudado a traer al mundo a cerca de 6.000 niños y que incluso recibió la cruz de Malta como reconocimiento de su trabajo al servicio de los demás. Ella es, por lo tanto, una profesional de enorme experiencia, reconocida y valorada por su labor, razón por la cual sus palabras, las cuales he podido leer en una entrevista publicada en el Diario Sur de Málaga, nacidas de una visión parcial, "tradicional" y patriarcal del parto y la mujer, merecen ser convenientemente respondidas, con todo el respeto y reconocimiento que ella y su labor merecen.  

Lo cierto es que me ha dado una pereza enorme escribir sobre ello. Tengo la sensación de estar repitiendo una y otra vez lo mismo desde hace 5 años, cuando nació mi tercer hijo en un parto REALMENTE respetado, acompañado, fisiológico, instintivo y feliz.  Pero si hace falta lo seguiré repitiendo. Cada vez que lea o escuche palabras como las escritas en la entrevista citada volveré a sacarlo a la luz. Creo que es imprescindible hacer visibles otros enfoques del parto, más antiguos y a la vez más actuales, para que todas las mujeres a punto de pasar esta experiencia, o las que ya lo hicieron y no se sienten felices con lo que vivieron, sepan que hay otra realidad posible. Otra realidad que se convirtieron en mi realidad aunque, obviamente, no tiene por qué ser la de ellas.

El parto de mi tercer hijo lo he explicado al detalle en bastantes ocasiones. Fue una experiencia tan intensa y reveladora que durante el puerperio no me cansaba de escribirlo y contárselo a todo el que lo quisiera escuchar. Dentro de una semana mi pequeño cumple sus cinco años y como homenaje a su nacimiento y al derecho que todas las madres y todos los bebés tenemos a tener un parto realmente respetado, voy a volver sobre este tema, esta vez respondiendo directamente a varias de las afirmaciones realizadas por Antonia Vargas.

Ahí vamos:

"A veces cerraba las puertas y le decía a la mujer: Tú no te preocupes que ni yo en la calle te voy a conocer y tú si me conoces me vas a volver la cara. Tú grita y desahógate como puedas. Porque era lo único que le podíamos hacer en aquellos tiempos. Para aliviar el dolor no había nada, sólo las palabras".

Es curioso, pero de ninguno de mis tres partos conservo un recuerdo tan vergonzoso que me obligue a girar la cara si me encuentro a las matronas que me atendieron en ellos. De hecho, la matrona que atendió mi tercer parto, Carolina, sigue siendo parte de mi vida, tenemos por ahí una cena pendiente con otras amigas y mamás atendidas por ella, hablamos de vez en cuando y tenemos contacto a través de Facebook. Y eso que hasta la caca del culete me limpió porque ya se sabe que en el momento del expulsivo, junto con el precioso bebé, siempre sale un choricillo de caca. Que se le va a hacer, bromas de la naturaleza que parece que siempre quiere recordarnos la realidad de lo que somos - puros animales - no vaya a ser que nos pongamos demasiado espirituales en estos momentos extáticos.  A pesar de los pesares no siento ninguna vergüenza de mi cuerpo y sus funciones durante el parto. Mas bien todo lo contrario. Siento un profundo orgullo por su sabiduría milenaria, por su fuerza, por su grandeza al ser capaz de reproducir el milagro de la vida entre sangre, fluidos, gemidos y posturas imposibles. Sexualidad maternal liberada. Pura Vida (con mayúsculas).

Y de todas las matronas que me han atendido fue precisamente Carolina la que me dijo las palabras más acertadas en el mejor momento. En el expulsivo - momento en el que yo estaba viviendo una verdadera disociación entre el neocortex, que me gritaba que no era todavía el momento, y el cerebro primitivo, que había comenzado las contracciones finales absolutamente independizado del neocortex el cual, aterrorizado, veía como había perdido totalmente el control sobre el cuerpo - ella dijo exactamente lo que tenía que decir para orquestar todas las partes del mi cerebro: "¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo muy bien! ¡Sigue así!".

El neocortex se relajó ("vale, lo estamos haciendo bien...... pues me rindo y le doy el control al viejo"), el dolor del expulsivo disminuyó (así que las palabras pueden ser realmente útiles frente al dolor) y el bebé salió. Ella lo recogió y volvió a decir exactamente lo que debía oír: "Aquí tienes a tu hijo". La frase más hermosa del mundo, no me diréis que no. 

Así que no necesité "gritar y desahogarme". Solo gemir y vocalizar en absoluta libertad y confianza, sintiéndome acompañada con la seguridad  de que podía "dejarme llevar" por todo mi instinto, sin vergüenzas ni cuestionamientos. Una buena comadrona da esa seguridad, que duda cabe. 

"Pues que estamos en el siglo XXI y los hospitales están hechos para algo. Y que yo a mi hijo no lo quiero menos que una que lo haya tenido en su casa".

Sí, los hospitales están hechos para tratar enfermedades. Y el parto no es ninguna enfermedad. Ahora que, reconociendo que es un momento donde las mujeres necesitamos muy especialmente sentirnos seguras y protegidas, no está mal que haya maternidades en los hospitales para los partos de riesgo y para todas las madres que todavía no hemos aprendido de lo que somos capaces, y nos enfrentamos al parto con miedo. Estoy segura de que en el futuro, a medida que el parto y la sexualidad femenina en conjunto se vayan liberando de todas las ataduras patriarcales, las mujeres cada vez parirán más en sus casas, atendidas por respetuosas y bien preparadas comadronas que pueden centrarse en ellas y exclusivamente en ellas. La mejor y más segura manera de parir. 

"El parto puede terminar bien de forma natural o si el niño tiene sufrimiento fetal hay que sacarlo como sea. Y drama, ninguno. Les recomendamos que se lo pongan al pecho, que insistan si el bebé no quiere, pero lo de darle de mamar hasta tres años no es realista".

No claro, drama ninguno. Si la intervención es realmente necesaria se hace y ya está. El drama está en las intervenciones innecesarias y en las que se podrían haber evitado con unas condiciones de seguridad, intimidad  y confianza que no se dieron. Y darlas era, en gran parte, responsabilidad de la comadrona. 

Lo de que no es realista amamantar hasta los tres años ya no requiere ni comentario. Mi niño con cinco años sigue mamando. Y lo que nos falta. Esto es muy real. 

Pero lo de que "insistan si el bebé no quiere" sí requiere comentario. Y eso porque al leerlo he visto reflejada en esta frase la denuncia de algunas madres que aseguran que les obligaron a ponerse a sus hijos al pecho aunque no quisieran, ni ellas ni los bebés. No, al pecho no te lo puedes poner cuando el bebé no quiere. Lo que hay que investigar es por qué no quiere - dado que lo instintivo es que quiera - para poder enfrentar el problema correctamente, al menos si queremos tener una mínima posibilidad de encontrarle solución. Y si el bebé no quiere, más que insistir, hay que ofrecer a la madre alternativas mientras descubrimos que pasa y le acostumbramos poco a poco al pecho, para que ella no pierda la producción, el bebé siga recibiendo su leche, y ella se sienta segura, acompañada y bien asesorada. Aquí os dejo el post de la maravillosa Eloísa, en el que explica precisamente un caso en el que el bebé no quiso, por qué no quiso y la actuación correcta para salvar la lactancia. Eso es lo que hay que hacer, y no insistir sin más aunque el bebé no quiera. 

"Las parejas vienen informadas y la mayoría la piden (la epidural). También hay algunas que se hacen las fuertes, dicen que no la quieren y luego la piden a gritos cuando a lo mejor ya no se puede. Es que es un dolor incomparable con cualquier otro".

Bueno. Pues resulta que la epidural no es la única opción para reducir, o incluso anular, el dolor. Y precisamente las parejas que vamos más informadas lo sabemos y somos las que, convenientemente tratadas, difícilmente la pediremos. Y no, no pedir la epidural no es "hacernos las fuertes". Al menos en mi caso. No pedir la epidural es ser conscientes de los riesgos que conlleva ponerla y estar informados de todas las herramientas de las que disponemos para controlar el dolor, entre las que se encuentra vivir un verdadero parto fisiológico indoloro de manera natural, que también puede pasar, aunque poca gente todavía se lo crea. El dolor de un parto "mal llevado" es realmente incomparable a ningún otro. El dolor de un parto bien acompañado, sostenido, respetado y liberado es perfectamente aguantable hasta el punto de que puede llegar a desaparecer. De mis tres partos el más doloroso fue, con diferencia, el primero en el que, dicho sea de paso, fue el único en el que me pusieron epidural. El peor dolor fue al final, antes del expulsivo, con la epidural puesta. En el tercero no tuve ni una centésima parte del dolor del primero. Sin epidural ni nada. Solo música, intimidad, seguridad y mucha mucha confianza en mi útero, al que consideré absolutamente capaz de sacar al bebé por donde debía salir.  

"Antiguamente había noches que hemos tenido hasta veinte partos para tres matronas. ¿Tú sabes lo que es eso? De decirle a mi compañera: Si la tuya no va a parir, escríbeme el informe que ha sido todo normal, que yo tengo otra".

Desde luego no es manera de atender partos. No me extraña que los partos hayan ido siempre como han ido en semejantes condiciones. Vergonzoso que ellas tuvieran que trabajar así y que las madres recibieran semejante servicio. Para que luego quieran animarnos a parir en el hospital. Yo oigo eso sobre el hospital de mi ciudad y no dudo en quedarme a parir en casa. Esas condiciones son absolutamente incompatibles con lo que cualquier mujer necesita para parir convenientemente. Y no hay más vueltas que darle. Por mucha tecnología que añadan, 3 matronas NUNCA podrán atender a 20 mujeres de parto tal y como cada mujer necesita ser atendida. Hasta que eso no cambie, no cambiará fundamentalmente nada. 

Hace casi 5 años tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida: parí a mi  tercer hijo en un precioso parto natural, respetado y casi indoloro. Desde entonces me duele mucho escuchar las malas experiencias de madres que, como yo hice con mis dos primeros hijos, se enfrentan a sus partos desde la indefensión aprendida provocada por la opresión patriarcal en la que hemos sido criadas. Que pena, de verdad, que pena. Cuantos partos robados. Cuantos traumas provocados y evitables. 

Recuerdo ahora que tras parir a mi primer hijo en un interminable parto intervenido con oxitocina sintética y epidural, cuando íbamos hacia la habitación, mi marido me preguntó si me quedaban ganas de tener más. En ese momento  pensé: "¡Dios mío! ¡Como se le ocurre preguntar eso ahora! ¡No vuelvo a pasar por esto en mi vida!" Pero año y medio después volvía a pasar por otro parto, esta vez sin epidural ni oxitocina, pero todavía doloroso por las ridículas intervenciones a las que me vi sometida (en este caso los absurdos cambios de aposento en el hospital a medida que avanzaba el parto: habitación, sala de monitores, sala de dilatación, otra vez monitores en otra sala para, finalmente, pasar al quirófano o sala de partos). De nuevo me quedé con ganas de no volver a parir nunca más, pero la vida tenía otros planes y por eso, cuando vi el tercer positivo de mi vida en un test de embarazo, supe que tenía que poner "toda la carne en el asador". Y así lo hice. 

Y lo conseguí:Tuve el parto que nos merecíamos.

Cuando me levantaba de la posición de rodillas en la que había expulsado a mi hijo, con él en brazos, en dirección a la cama donde se produciría el alumbramiento de la placenta, me sentía fuerte, pletórica, inmensamente feliz y con ganas y fuerzas para volver a parir otro bebé en ese mismo momento, si hubiera hecho falta. 

Somos muchas las madres que hemos pasado por la experiencia de un parto intervenido o incluso una cesárea y, posteriormente, más maduras, informadas, formadas y liberadas, por un hermoso parto natural respetado. Nos duele el robo de nuestro primer parto y nos sentimos orgullosas de haber sido capaces de encontrar las condiciones que hicieron posibles el otro o los otros partos. Nos entristece ser testigos de lo que se sigue haciendo a tantas mujeres y bebés en nombre de unos protocolos obsoletos que la ciencia ya no apoya. Hay muchas mujeres (y hombres) luchando activa y hasta ferozmente por que las cosas cambien. Todos mis respetos y admiración para ellas y ellos. Yo pongo mi granito de arena con mi testimonio, aunque mi objetivo ya no es convencer a nadie de nada sino, más bien, estar al alcance de la que quiere informarse profundamente sobre este tema, por si mi testimonio y mi experiencia pueden servirle para encontrar la realidad que a ella más le conviene y en la que se siente más cómoda.