domingo, 14 de agosto de 2011

NOSOTROS, REFLEJOS DE NUESTRA INFANCIA


En la revista Mujer Hoy, del diario La Rioja, ha salido publicado un artículo firmado por la escritora y periodista Julia Navarro y que he leído hoy, entre dar la crema solar a un niño, poner el bañador a otro y convencer al tercero para que bajemos a la playa. Un artículo que, así leído, rápido y un poco en diagonal, me ha dejado mal sabor de boca.

¿Por qué?

Tal vez porque a medida que leía solo recibía un mensaje: disciplina a tu hijo para que no nos moleste. El niño bien educado es el niño que no molesta.

Os explico el porqué de mi impresión. La periodista nos relata tres anécdotas vividas por ella misma, donde nos muestra a unos niños supuestamente maleducados que molestan a los demás ante la indiferencia de sus padres. Su mensaje es: estos niños son maleducados porque sus padres les dejan serlo, porque no les ponen límites ni les disciplinan.


Lo siento, pero no he podido más que pensar, “¡Mira!, otra más” Otra persona, adulta, que mira el mundo desde sus alturas, desde sus intereses y sus necesidades, sin hacer el mínimo intento de entender y conocer lo que se esconde en el interior de esa realidad que a ella le resulta “tan molesta”. Otra persona, adulta, que construye su realidad basándose en sus propias carencias afectivas, aquellas que echaron raíces en su infancia, cuando todo eran imposiciones, límites insuperables, miedos y falta de atención y amor. Otra persona, adulta, que no está dispuesta a cambiar nada y que prefiere perpetuar todo un sistema de crianza adultocéntrico e infantifóbica para seguir “honrando a su padre y a su madre” (Alice Miller, "El cuerpo nunca miente". Ensayos TusQuets. 2009) y no ver su propio dolor y su propio infierno personal. Ahoguemos la infancia de nuestros hijos como ahogaron la nuestra. ¡Si señores!, que no cambie nada, no vaya a ser que realmente cambiemos el mundo.

Me vais a permitir hacer mi lectura personal de las tres situaciones descritas por la señora Navarro.


En la primera se encuentra en la terraza de un restaurante. Nos describe como una niña, de unos seis años, se comporta de manera maleducada y ruidosa molestando a los demás, ante la indiferencia de sus padres y un hermano que sólo juega a las maquinitas. Ante la situación que describe no puedo menos que estar de acuerdo en que esos padres no están actuando correctamente, pero mi lectura de lo que ella describe es muy distinta y, por lo tanto, no creo que lo que ella espera - una regañina de la madre (tal vez reforzada por algún cachete) - sea la solución. Yo aquí veo dos hijos reaccionando a la indiferencia y falta de atención de sus padres. El niño, ya de unos doce años según la periodista, ha asumido que haga lo que haga no va a recibir lo que necesita, así que, ya en camino de convertirse en un adulto “estandar”, consigue un buen sustituto de la atención de sus padres: su vídeo juego. La niña no, la niña es todavía lo suficientemente pequeña y mantiene la esperanza de no pasar toda la cena ignorada, por lo que hace todo lo que está en su mano para que al menos su madre le preste un poco de atención. Como lo que funciona es el mal comportamiento, pues se porta mal.

Si la señora Navarro en lugar de una niña maleducada se hubiera encontrado una situación prácticamente igual: una mesa donde los dos padres comen y tal vez charlan entre ellos, mientras dos hijos se mantienen quietecitos y sin decir palabra, absolutamente fuera de la conversación de sus padres pero calladitos y sin molestar; probablemente no hubiera encontrado ninguna razón para escribir sobre ello. Para ella, esta situación hubiera sido lo normal y deseable.

Pero a mi, hoy por hoy (lo siento, demasiada Alice Miller en mi mesilla de noche) me hubiera dolido igual, porque en el drama de esta anécdota lo de menos es el comportamiento de la niña. No, el drama principal son dos hijos que no reciben la atención que necesitan. Y ahora que me explique la señora Navarro como reaccionaria ella si hoy en día se ve obligada a cenar con tres personas (a las que por cierto, quiere muchísimo) que la ignoran sistemáticamente toda la cena, no la incluyen en su conversación y hablan entre ellas, mientras esperan que se mantenga calladita y sin molestar a nadie. Evidentemente no se pondría a tirar los espaguetis a diestro y siniestro, ni a hacer ruidos con el plato. No, ya no, como la adulta que es ahora tiene otros recursos y, al menos, puede coger su bolso y marcharse cuando le de la gana. Eso sí, posiblemente muy dolida.

Pero lo cierto es que a la señora Navarro esto no le ocurrirá nunca porque los adultos no nos hacemos estas cosas entre nosotros, aunque sí asumimos que hacérselo a un niño es normal. Evidentemente es lo que nos hicieron a nosotros y aceptar que esta situación es injusta y ofensiva requiere mucha reflexión para salir fuera de la trampa de nuestra propia infancia.

Yo aquí no veo unos padres que deban regañar a sus hija, sino que deberían abrir los ojos y decir, “si hija, lo siento, os estamos ignorando y ofendiendo a tu hermano y a ti. Vamos a cambiar de actitud y a partir de ahora vamos a disfrutar de esta cena – y de esta vida, porque dudo de que el problema se limita a una esporádica cena - como la familia de cuatro miembros humanos que somos”.

Tal vez las próximas veces que la señora Navarro vaya a un restaurante le apetezca observar desde esta perspectiva a las familias con hijos analizando en que situación los niños, no sólo se portan mejor, sino que también parecen más felices. Tal vez a la señora Navarro el próximo artículo se lo inspire la falta de felicidad de un niño y no su capacidad para molestarla a ella.


Segunda anécdota: un niño de unos cuatro años que va tirando arena a la gente en la playa. Totalmente de acuerdo: es un comportamiento que se tiene que corregir. Tal vez hubiera bastado con que, en el momento en el que el niño le molestó, ella le hubiera informado amablemente de que le estaba molestando y de que le podía hacer incluso daño si le metía arena a los ojos. Posiblemente compartir esta información hubiera sido suficiente para que el niño cambiara su comportamiento. Tal vez los padres del niño, en ese momento, andaban liados y no controlaron la situación a tiempo. Parece ser que la madre se disculpó, pero a la señora Navarro esta disculpa le supo a poco ¿Esperaría tal vez un buen bofetón al niño delante de ella? ¿O que, al menos, lo agarrara violentamente del brazo mientras se lo llevaba medio arrastrando hacia su sombrilla? ¿No es posible que la madre, tras disculparse a las personas molestadas, hablara con el niño sin enfados ni escenas violentas para informarle de lo inadecuado de su acción? ¿Entiende, señora Navarro, que los niños no pueden ser conscientes de las consecuencias de todas sus acciones y por eso experimentan, necesitando muchas veces que nosotros marquemos el camino para evitar situaciones peligrosas o inaceptables? ¿Ha oído alguna vez, señora Navarro, que para criar un niño hace falta un pueblo entero? Tal vez, si considera este punto de vista, la próxima vez que un ser humano pequeñito haga delante de usted algo no ya inapropiado, sino claramente peligroso, ejerza su parte de responsabilidad que como adulto del “pueblo” le corresponde y, tratándole con el mismo respeto con el que trataría a cualquier igual, le informe de lo que sea necesario. 


Pero la tercera anécdota es, con mucho, la que más me ha irritado. Resulta que a la señora Navarro y a algunas otras personas - adultas - les resultaba inaceptable el ruido que media docena de niños hacían con unas trompetas. Y ahora yo me pregunto que si esta escena hubiera sido protagonizada por las mismas trompetas pero por seis adultos vestido de “la Roja” y tras ganar la selección española de football el campeonato mundial el verano pasado, la señora Navarro también hubiera escrito un artículo sobre lo inadecuado de andar molestando a la gente cuando unos cuantos están felices y celebrando algo. O tal vez si las mismas trompetas las hubieran llevado un grupo de chicas, adultas, todas disfrazadas de conejito en la típica despedida de soltera. Entonces, creo yo que ese señor - que según cuenta la señora Navarro, tuvo que abandonar el escenario de los hechos – no se hubiera levantado de su sitio ni con una grúa (a pesar del ruido).

Pero no, los protagonistas eran un grupo de chiquillos. ¿Celebraban algo? ¿Sabe la razón del barullo? No, claro, eso no importa. Los adultos podemos saltarnos todas las normas más básicas de urbanidad y educación por los más peregrinos motivos sin que ello ni extrañe ni moleste a nadie.  Incluso en ocasiones, como esta misma madrugada en el pueblo donde veraneo, está permitido a cualquier hora de la noche y durante las 24horas del día. Por supuesto que los adultos tenemos buenos motivos para armar jaleo y molestar a todo el mundo, incluyendo a los pobres críos que intentan conciliar el sueño en una habitación cerrada a cal y canto en pleno Agosto, y en donde todavía se cuela el estruendo de la música techno de sus muy bien educados conciudadanos mayores de edad. Pero ellos, nuestros niños, nunca tienen ninguna buena razón para andar molestando a la gente que, tal vez, la misma noche anterior no les dejaba dormir con su ruidosa juerga nocturna. Y eso que ellos se divierten a una hora razonable. Pero ni con esas. Ellos a callar y si están felices y tienen algo que celebrar que lo hagan en silencio, faltaría más. 

Ahora imagínese, señora Navarro,  que el barullo de esa media docena de niños con trompetas era debido a que los pequeños celebraban que uno de sus coleguitas acababa de superar un cancer infantil (por poner un ejemplo), o que sus padres habían vuelto de un país en guerra sanos y salvos (por poner otro). Claro, que no tiene por que ser tan extremo. Un campeonato de football o una despedida de soltera tampoco lo es. Tal vez sólo estaban celebrando la alegría de estar todos juntos y de que sus padres les hubieran comprado las trompetas. Eso si es cosa de niños: vivir cada segundo de la vida como si fuera la experiencia más intensa del mundo entero y disfrutándola (o sufriéndola) en toda su plenitud. Creo que a nosotros, lo adultos, nos quitaron esa capacidad “a golpes” psicológicos o, incluso, físicos (Allice Miller. "El drama del niño dotado". Fábula TusQuets. 2009; o "Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño". Ensayos TusQuets. 2009).

Vivimos en una sociedad en la que los niños no caben, no hay sitio para ellos, nos molestan. Nos molestan en el horario laboral y nos molestan fuera de él. No soportamos ver su capacidad para denunciar la injusticia, su necesidad de aprendizaje constante (y nuestra responsabilidad en el mismo), su alegría incontrolable que les hace amar y aprovechar cada segundo de la vida. Y una sociedad donde sus niños no tiene cabida, donde se les destruye la infancia para que se amolden y se conviertan en adultos que perpetúen este sistema enfermo, es una sociedad sin esperanza. Como dice Ileana Medina Hernandez en su blog Tenemos Tetas


"Una sociedad "niño-fóbica", construida de espaldas a la infancia, donde los niños no tienen cabida en los hoteles, ni en los restaurantes, ni en los aviones, ni en los centros de trabajo, ni en nuestra habitación, ni en nuestras vidas... es una sociedad fascista y suicida. (Y luego nos preguntamos por qué hay fracaso escolar, generación ni-ni, violencia adolescente, etc...)"

O Vivian Watson en Nace una Mamá:

"El gran error está en considerar a los niños como ciudadanos «de segunda». No pensamos en ellos como personas, con los mismos derechos que los adultos. Toda persona tiene derecho a ser escuchada y tomada en cuenta. Los niños, los bebés, también. De hecho, y dado que son más débiles, nuestra consideración hacia ellos debería ser mucho mayor."

Señora Navarro, recapacite sobre su artículo porque es un artículo muy triste donde una mujer adulta deja al descubierto la intolerancia, el abandono y el dolor que sufrió en su propia niñez. Una intolerancia, un abandono y un dolor que la han dejado ciega y dispuesta a repetir los mismos patrones adultocétrico, infantifóbicos y patriarcales a la siguiente generación. Al próximo niño que la moleste mírele con atención, a ver si descubre al pequeño ser humano que intenta comunicarse con usted y lo que quiere decirle. Nos hemos convertido en extraterrestres para nuestros propios niños los cuales intentan comunicarse con nosotros, los adultos, con todos los recursos que tienen a su alcance. Y como, desgraciadamente, no lo consiguen, dejarán de intentarlo (como el adolescente del vídeo juego de la primera anécdota) como la cría de elefante atada a un poste que no puede derribar y que, una vez adulta, cuando con un mínimo esfuerzo podría soltarse y ser libre, se mantiene atada sin moverse, encadenada a los recuerdos de su infancia.

sábado, 6 de agosto de 2011

LAS OTRAS CARAS DE LA REALIDAD

Como suele ocurrir en el mundo del periodismo, a la gran mayoría de los medios de comunicación sólo les interesa presentar una de las múltiples caras de la realidad. En general prefieren la más dramática, escandalosa, o la que mejor venda la noticia, para así aumentar los índices de audiencia, vender más ejemplares, y tener jugosos argumentos para seriales televisivos y novelas dramáticas.

Esto es lo que está ocurriendo desde hace más de un año con lo que a todos les ha gustado llamar como el caso de  "Los niños robados". Las adopciones irregulares tramitadas durante los años del franquismo hasta bien entrados los ochenta se presentan como una tremenda mafia organizada que se aprovechaba de las jóvenes solteras embarazadas (y no tan jóvenes ni solteras) para "vender" a sus bebés a matrimonios "pudientes".

Yo siempre he encontrado que esta visión es muy parcial, sin que ello conlleve que no acepte que, efectivamente, habrá casos en los que se ajuste a la realidad (aunque de momento sigue sin demostrarse ni un robo a matrimonios). Pero lo cierto es que también existe otra realidad: la de aquellas jóvenes que no tenían la menor intención de quedarse con la criatura. Que hubieran abortado si hubieran podido o llegado a tiempo. Que nunca quisieron a ese bebé. Que la  supuesta "mafia" les vino de maravilla para deshacerse del problema rápida y discretamente, además de con una cierta garantía de que ese bebé no volvería a entrar en sus vidas, cosa que ellas, incluso hoy en día, esperan que no ocurra nunca.

 Hoy me he encontrado, por fin, con el testimonio de una de esas mujeres, embarazada de forma inesperada a los 16 años a finales de la década de los 70, y que utilizó los trámites de sor María Valbuena para dar a su hijo en adopción. Podéis leer su testimonio en el blog de mi amiga Xiao La maternidad toda una aventura. Según escribe Xiao, Sara (nombre ficticio) no se arrepiente de nada (si acaso, de no haber podido abortar porque "hubiera sido más cómodo") y nunca se sintió madre de ese bebé. Ella siguió adelante tras el parto, hizo una carrera, se casó y vivió su vida de una manera que nunca hubiera podido de verse obligada a ser madre cuando no quería ni estaba preparada para serlo.

Ella no es ni un monstruo, ni una egoísta. Ella es una mujer que ejerció su derecho a no ser madre porque no quería serlo, y para ello cedió a su hijo a otra madre que si lo deseaba. Y ya está, sin más dramatismos de por medio. Ella estaría dispuesta a contarle todo a este no-hijo suyo, aunque preferiría que no entrara ahora en su vida "por la puerta de atrás" ya que ya no tiene ni sentimientos, ni sitio para él.

Para muchos adoptados encontrarse con una madre biológica así puede ser muy duro, sobretodo para aquellos que buscan la Madre que la adopción no consiguió darles. No es mi caso. Lo cierto es que yo siempre he sentido que la mía debió de ser una Sara. A lo mejor no es que yo realmente lo sepa, sino que es lo que yo quisiera que fuese: encontrar una mujer que hubiera rehecho su vida y que no sintiera nada por mí sería un gran alivio, ya que yo nunca podría sentir amor de hija por otra mujer que no sea mi madre. Encontrarme con una desconocida que me reclama como madre, siendo yo incapaz de devolverle el sentimiento que ella espera, me resultaría muy doloroso.

Y tal vez por esa certeza o deseo, tampoco busco. Porque no quiero entrar en la vida de nadie "por la puerta de atrás".  No puedo negar que me gustaría saber todo lo sucedido, el porqué de mi concepción y los acontecimientos que llevaron a mi nacimiento, pero no necesito una relación con ella. Ella tomó su decisión, a la que tenía derecho, y yo estoy viva. Además, desde mi segundo día de vida tuve lo más importante para un recién nacido: una Madre. No fue la que yo al nacer conocía y esperaba, y tal vez eso me produjo una herida primal, pero desde luego fue un mal menor comparado con el hecho de ser criada por una mujer que, a pesar de haberme gestado y parido, no se sentía mi madre ni deseaba serlo.

Desde aquí quiero agradecerle a Xiao por transmitirnos el testimonio de Sara. Este no lo encontraremos nunca en los periódicos, ni en los reality-shows, ni como argumento de seriales televisivos o novelas dramáticas. La Saras prefieren seguir con su vida, olvidarse de aquel error del pasado y ni por casualidad se pondrían ahora a dar su testimonio a diestro y siniestro. Por eso parece que no existen. Pero lo cierto es que, no sólo existen, sino que yo estoy convencida de que son la gran mayoría. Y a pesar de eso, la prensa y la televisión seguirán mostrándonos una sola cara de la realidad, la que más vende, da más ganancias y mejor les queda en las telenovelas.

viernes, 5 de agosto de 2011

YO TAMBIÉN TENGO UN SUEÑO.........

Escribo llorando tras leer el último artículo publicado en el blog Criando Amando Y me pregunto ¿Que cuernos nos pasa? ¿Como puede ser que medio planeta viva intentando adelgazar y destruyendo miles de toneladas de alimentos sobrantes mientras el otro medio se muere de hambre?

¡SE MUERE DE HAMBRE!

Es que ni nos imaginamos lo que eso significa, nosotros, que la mayoría de las noches nos vamos a la cama con el estómago pesado (Ayyy por que habré cenado tanto...), que estamos preocupados porque el peque hoy "no cenó nada" (aunque desayunó los choco krispies y sí, después picó pan con tomate, y se tomó una vaso de leche y unas galletas y ¡Ah!!! sí , melocotón y sandía después de  medio plato de arroz.....).

Nosotros, que nos morimos de puro gordos. Que nos enferman nuestros excesos.

Ayer, tras la cena, mi madre y yo tuvimos una sonora discusión (como son nuestras discusiones, siempre sonoras) porque ella le dijo a uno de mis hijos eso de "cómete todo porque no vamos a tirar comida, que hay muchos niños muriéndose de hambre" Y yo le dije que si mi hijo se lo come todo y nosotros no tiramos esos 25 mililitros de leche sobrante o esas dos croquetas esos niños se iban a estar muriendo igualmente, y ya vale con ese estúpido y trágico argumento que hemos oído ya ni sé la de generaciones de niños sobrealimentados. Como si sobrealimentarnos nosotros fuera la solución al hambre de ellos.

Ayer me enfadé con mi madre, conmigo misma, con todos nosotros - ciudadanos adultos del primer y tercer mundo - con nuestra ceguera y nuestra ignorancia voluntarias. Me enfadé por los convencionalismos y paternalismos de una sociedad rica frente a una parte de la humanidad que lucha por sobrevivir en unas condiciones insuperables. Condiciones que entre todos hemos creado y creamos día a día. Entre TODOS.

Lo que está ocurriendo en Somalia no es nuevo. Esta situación es crónica y se ha enquistado en un planeta donde unos están muy muy gordos y otros se mueren literalmente de hambre. Donde unos van al gimnasio y se gastan millonadas en adelgazar, y otros se mueren literalmente de hambre. Donde unos producen muchísimo más de lo que consumen y otros, repito,  SE MUEREN LITERALMENTE DE HAMBRE. Y mientras, en los países donde la gente se muere literalmente de hambre, una minoría de aprovechados saca tajada de las ayudas internacionales para sus guerras, conflictos y ambiciones, ciegos y sordos al dolor, la miseria y el hambre que les rodea.

Según UNICEF en Somalia hay ahora QUINIENTOS MIL niños en PELIGRO INMINENTE DE MUERTE.

QUINIENTOS MIL.

Y los engreídos-y-muy-orgullosos-de-nosotros-mismos bien alimentado occidentales fundamos ONG o grupos religiosos que en nombre de nuestra cultura o nuestro Dios, muy caritativamente, tratan de ayudar a esos pobres niños que se mueren literalmente de hambre. Pero ¿que queréis que os diga? Hace tiempo que dar el donativo de turno a una ONG  o a la iglesia  me deja con la sensación de no haber hecho nada o, al menos, muy poca cosa. Desde niña vengo oyendo y viendo que los "negritos de África" se mueren de hambre y viendo y oyendo como desde aquí la gente "caritativa" se preocupa y les mandamos dinero (sobrante que va a para ¿a donde?), y comida (sobrante y ¿¿caducada??) y medicamentos (caducados) y gafas (usadas). En el colegio había varias campañas al año, y allí íbamos las niñas, uniformadas y regordetas, cargadas con nuestra ropa (vieja), nuestros juguetes (viejos), o un sobrecito con dinero de nuestros papás (¿que porcentaje del patrimonio familiar?????).....

Pero, no. No quiero menospreciar en este post la labor de las ONG o de la iglesia, ni las aportaciones pequeñas y grandes que millones de personas hacemos cada día con la convicción sincera de que ayudamos. Seguro que han salvado de la hambruna a miles de seres humanos. Pero evidentemente en esto no está la solución definitiva porque allí, niños y adultos siguen muriéndose de hambre y de miseria y estas ayudas no pueden llegar a todos los confines del espacio y del tiempo. Aunque supongo que aquí podemos aplicar esta frase que leí en Facebook, en "El Faro" que decía:

EL MAYOR DE LOS ERRORES ESTRIBA EN NO HACER NADA
PORQUE SÓLO PUEDES HACER POCO.
Sidney Smith


Pero lo cierto es que yo añadiría: vale, vayamos haciendo poco, pero mientras tanto no nos durmamos en los laureles, ni nos sintamos demasiado satisfechos, porque hay que encontrar estrategias para poder hacer mucho, sino TODO, de una puñetera vez.

Lo cierto es que me siento impotente cuando veo que ni las ONG, ni las donaciones, ni el porcentaje que dedican los países ricos a los pobres, ni nada de nada de lo que se hace desde aquí, acaba con la tragedia que sucede allá. Hagamos lo que hagamos continúa la hambruna alimentada por las guerras y la corrupción del tercer mundo, junto con el dominio aplastante y sofocante del primer mundo, y las catástrofes naturales en un planeta enfermo de civilización occidental. Una civilización que se ha extendido como un melanoma maligno a base de conquistas, colonizaciones, expoliaciones y destrucción. Una civilización que está poniendo en jaque-mate al ecosistema necesario para su propia supervivencia, para la supervivencia de la humanidad entera.

Y luego también me cuestiono ¿Pero es cierto que los occidentales, con nuestros derechos humanos, nuestra búsqueda del bienestar y la igualdad de todos, nuestras libertades, nuestra tecnología, nuestra ciencia y nuestro arte, somos tan malos?

Y entonces leo noticias sobre las guerras tribales en África, por ejemplo, sobre la extrema crueldad de sus soldados capaces de violar mujeres y niños, matando a destajo incluso a bebés, o lesionándolos gravemente amputándoles miembros, provocando con sus guerras la miseria y la muerte de miles de sus propios conciudadanos ¿Es esto culpa de occidente?

Desde luego parece evidente que esta situación tan dramática se produce porque muchos actores están interpretando muy mal su papel. Aquí no hay un único culpable. Ciertamente occidente, o el llamado primer mundo -  con nuestro complejo de superioridad, ayudando a esas culturas "inferiores" y "atrasadas", dándoles comida por un lado mientras, por el otro, expoliamos su tierra, sus recursos, su cultura y sus posibilidades de autosuficiencia - tenemos una parte muy importante de la culpa. Pero los propios habitantes del "tercer mundo" - algunos de los cuales se han subido al carro de la corrupción y la explotación de sus conciudadanos, destrozando vidas, encendiendo guerras y arruinando su tierra con el único objetivo de enriquecerse - también. Y en medio de todo quedan estos niños, los únicos que no son culpables de nada pero que lo están pagando todo, y todas esas buenas personas que, a pesar de su buena voluntad y sus grandes capacidades, se han quedado sin recursos, y con las manos atadas, incapaces de salir adelante. Y entre estas personas están estas madres y estos padres que tienen que ver morir a sus hijos en sus brazos, incapaces de hacer nada por ellos. Madres y padres, mujeres y hombres, que no necesitan  caridad, sólo JUSTICIA. Sólo que les dejen en paz, que les dejen trabajar en su tierra y por su familia. Que no les roben para luego darles limosna.

Pero, sobretodo, los niños.  Estos niños famélicos y desnutridos, que no tiene cubiertos sus derechos más fundamentales. Como individuo adulto de la humanidad ¿No soy yo también responsable de su bienestar? No puedo hacer nada más que algunas donaciones, me digo, confiando en que el dinero se invierta en los que lo necesitan y se les den cosas que realmente les ayude. Pequeñas donaciones que no dejan de ser microgotas de justicia, que no caridad, porque darle a alguien algo a lo que tiene derecho no es caridad, es justicia.Y si luego, en mi día a día, consumo comida o compro bienes que contribuyen a su miseria ¿Debo sentirme culpable si no puedo evitarlo? ¿Debo sentirme culpable a miles de kilómetros de ellos, sin estar segura de hasta que punto les afecta mi nivel de vida? ¿Debo sentirme culpable si la sequía (o los huracanes, o las lluvias torrenciales) es en parte producto de un cambio climático que la excesiva industrialización, que por otra parte es la base de mi bienestar, ha contribuido a provocar?

No sé hasta que punto debo sentirme culpable pero lo cierto es que cuando veo estas fotos de niños en un estado de extrema desnutrición, me siento muy culpable. Impotente y, sí, responsable. ¿Que puedo hacer por ellos? Seguramente, por el niño de la foto, nada. Lo más probable es que ya esté muerto, pienso. Y entonces se me encoje el alma porque tanto dolor me resulta inimaginable.

Dan ganas de traerlos, ¿Verdad? Como tantas veces he oído a las parejas que quieren ser padres y se encuentran sumergidas en los inacabables trámites de la adopción: ¡Con todos los niños que hay muriéndose de hambre y nosotros aquí, con todo lo que podemos darles!!!! Y es difícil no caer en la tentación de sentir que eso sería lo mejor para ellos y, regodeándonos en nuestra ceguera, queremos traernos aquí a estos niños, pensando que se criarán mejor en nuestra riqueza porque no se morirán de hambre, y tendrán los mejores colegios y la mejor bicicleta. Pero los acostaremos en su cuna de lazos azules o rosas con el móvil de abejitas girando sobre sus caritas asustadas, mientras ellos extrañan el cuerpo delgado y los pechos llenos de leche de aquella madre hambrienta, violada y destruida por la guerra y la miseria, que tuvo que abandonarlos para darles una posibilidad de sobrevivir. No, ahí tampoco está la solución.

La solución, evidentemente, es complejísima porque, si no, me imagino que ya no habría nadie muriéndose de hambre en un mundo que seguro que tiene recursos suficientes para garantizar la alimentación de toda su humanidad. Parece que una historia de dominio e imperialismo de una parte del mundo sobre la otra nos ha dejado en herencia la actual situación política y social en los países del tercer mundo, sumergidos en la corrupción y las guerras. Actualmente, desde el primer mundo podemos dedicar todo el dinero que queramos a solucionar los problemas del tercero, que si en ellos no hay unos gobiernos honestos dispuestos a mantener la paz y a trabajar por el bien de sus ciudadanos, no conseguiremos más que alimentarlos y armarlos a ellos, los corruptos, y a sus ejércitos, para que continúen con sus guerras, mientras nuestro objetivo: esos niños famélicos y moribundos, siguen muriendo como moscas en brazos de sus esqueléticas madre

Yo, como Martin Luther King en su día, también tengo un sueño. Imagino una humanidad que pone  las necesidades de sus bebés, de sus niñas y niños, por delante de todo lo demás y por encima de todas sus diferencias culturales o religiosas. Un mundo donde todas las sociedades priorizarán el bienestar de los más pequeños. Si la ayuda al tercer mundo fuera primordialmente dedicada a alimentar y educar a las familias para que sus niños crezcan satisfechos y sin carencias, dentro de su propia familia, de su propia cultura, de su propia gente y en su propia  tierra; entonces, seguramente, las siguientes generaciones dejarían de necesitar ayuda externa para sacar su comunidad y su país adelante.  Claro que, para esto, los adultos del tercer mundo de hoy en día deberían permitirlo dejando de lado, no sólo  la corrupción y las guerras, sino también muchas conductas aceptadas tradicionalmente que ignoran absolutamente los derechos humanos más fundamentales, y que tanta miseria e injusticia están generando.  Y supongo que muchas culturas tendrían que aprender a respetar a sus niños y sus necesidades tanto como tenemos que aprender nosotros, los occidentales, que también andamos bastante cojos en este aspecto.

Y el primer mundo debería dejar respirar al tercero sin asfixiarlo, ni dominarlo, ni expoliarlo. Respetándolo y valorándolo de igual a igual. Los occidentales somos una gran cultura y hemos conseguido cosas muy buenas. Podemos aportar mucho de manera respetuosa y aceptando también que tenemos mucho que aprender. También nos toca compensar algunos graves abusos y errores del pasado.

En este planeta hay recursos para todos. ¿Conseguiremos algún día algo tan maravilloso como que nadie pase hambre en ningún rincón del mundo? Somos una especie que ha logrado logros maravillosos, ¿Tan difícil es ponernos de acuerdo para cuidar de nuestros niños? ¿De todos nuestros niños?

Sueño con un mundo donde ningún niño esté en las condiciones en las que se encuentran estos pequeños de las fotos. Sueño con un mundo en el que a cada criatura que nace se le respeten todos sus derechos. Sueño con un mundo de seres humanos amorosos, empáticos, libres y capaces de sacar la humanidad y su hogar - el planeta tierra - adelante durante generaciones y generaciones de paz y felicidad global.

Si, yo también tengo un sueño......... y estoy segura de que tú lo compartes.......

Seamos esa gran tribu mundial que, por encima de todas sus diferencias prioriza el cuidado de sus niños.

¿Vamos a poner todos nuestro pequeño o gran granito de arena para conseguirlo?

Podemos  empezar con lo de siempre: nuestra pequeña ayuda económica. Aquí tenéis el enlace de UNICEF donde podéis contribuir. Pero no nos quedemos ahí porque "hacer poco" o "no hacer suficiente" no es el objetivo.

lunes, 1 de agosto de 2011

UNOS MOSTRUOS SUPERSANOS ................Y MAMÍFEROS


Hace poco más de un año  me enteré de que el famoso cardiólogo catalán Valentín Fuster acababa de fundar SHE (Science, Health and Education), una fundación cuyo objetivo era enseñar a los niños a llevar una alimentación sana basada en frutas y verduras, con el objetivo de prevenir la aparición de las enfermedades cardiovasculares desde sus orígenes, esto es, desde la más tierna infancia. Teniendo en cuenta que este tipo de enfermedades son la principal causa de muerte en los países del primer mundo, a la vez que aumentan descontroladamente en los del tercero, la idea del doctor Fuster me pareció acertadísima, y  me encantó que un científico de su prestigio dedicara tanto esfuerzo y tiempo a la infancia, con el objetivo de conseguir en el futuro adultos más sanos y, por ende, más felices.

Pero desde que conocí la fundación SHE tengo una "espinita"clavada, y esta no es otra que la ausencia de la lactancia materna en un proyecto cuyo principal objetivo es la prevención  de unas enfermedades cuya tendencia a sufrirlas se desarrolla silenciosamente desde  la época prenatal. Entiendo que tal vez el doctor Fuster haya querido centrarse en una población infantil en edad escolar, ya que el objetivo de la fundación, tal y como indica su nombre, es la educación. Pero, por otro lado, creo que la manera en que una persona es alimentada durante los dos o tres primeros años de su vida - con especial importancia de los primeros seis meses en los que la lactancia, o la leche de fórmula, debería ser la única fuente de nutrientes - no puede pasar desapercibida en un proyecto cuyo objetivo es la prevención.

Como esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna he decidido retomar este tema que tenía aparcado para unirme al carnaval de blogs organizado por Amor Maternal, para celebrarla e invitar a la reflexión acerca de todas las dimensiones en las cuales podemos concebir la lactancia materna, todos los ámbitos de la vida en los cuales puede afectar tanto al ser humano, como a la sociedad, al planeta, las relaciones interpersonales, etc.

He empezado dedicando unas horitas a sumergirme en el Medline buscando los últimos trabajos de investigación que profundicen en el papel de la lactancia materna en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares futuras. Como suele ocurrir cuando buscas trabajos originales y revisiones sobre un tema en concreto en las revistas científicas especializadas, hay resultados para todos los gustos: desde un efecto beneficioso(1, *, *,*,*, *,*,*,*,*,*,*,*,*, *,*) pasando por ningún efecto (*,*,*,*) o incluso un efecto negativo (*,*,*,). Esta diversidad de resultados no me sorprende en absoluto dada la gran variabilidad de criterios a la hora de definir lactancia materna a demanda y exclusiva  y su duración, así como las limitaciones asociadas a los estudios estadísticos realizados en poblaciones humanas. En cualquier caso, la tendencia general de la gran mayoría de estos trabajos, y especialmente de los de mejor calidad o de los realizados en modelos animales (que permiten un diseño experimental que, por motivos de ética, no es posible aplicar en poblaciones humanas), apunta a que la lactancia materna tiene un efecto beneficioso a la hora de prevenir el desarrollo de los factores de riesgo que en el futuro se asociaran a este tipo de enfermedades (*, 1), como son la hipertensión (*,*), la hiperlipemia (*), la diabetes (*) o la obesidad (*,*,*,*,*,*) no sólo en el bebé, sino también en su madre (*,*).

En la relación lactancia-obesidad en doctor Manuel Bueno, pediatra, investigador y profesor emérito de la Universidad de Zaragoza, ofreció recientemente en el periódico El País una entrevista que he conocido gracias a un artículo publicado en el blog Tenemos tetas, y en el que hizo las siguientes declaraciones:

"Aparte de los componentes nutricionales beneficiosos que ya se han investigado, se ha descubierto que también contiene microcomponentes y que posee un efecto protector que sensibiliza a las células de la grasa para que no la almacenen. Este es un aspecto muy novedoso que cuenta con marcadores genéticos.

....la OMS.... habla de un tiempo mínimo de cuatro meses de alimentación exclusiva, aunque no existe ninguna contraindicación para seguir más tiempo ...... Las mamás esquimales les dan el pecho a sus hijos hasta los tres años y sus índices de obesidad son muy bajos."

Supongo que los componentes de los que habla el doctor Bueno son, entre otros, la leptina (*), la adiponectina (*), el factor de crecimiento tipo insulina -I (IGF-I) y la ghrelina, además de  hormonas descubiertas más recientemente como la obestatina y la resistina, las cuales están involucradas en la regulación del apetito y del equilibrio energético (*, *). Parece ser, por lo que apuntan los trabajos que relacionan obesidad y alimentación con leche de fórmula, que la leche materna no tiene sólo la calidad y cantidad de nutrientes adecuados para cubrir las necesidades del lactante (*), sino que además todas las hormonas antes citadas van a ayudar a que la criatura (alimentada realmente a demanda) coma exactamente lo que necesita, ni más ni menos y sin sobrealimentarse. Las diferencias entre las curvas de crecimiento entre los bebés amamantados y los alimentados con biberón parecen mostrar una clara sobrealimentación de estos últimos; sobrealimentación que se traduce en un  aumento de peso excesivo el cual, tal y como apuntan muchos estudios, podría estar relacionado con una tendencia futura a la obesidad, la diabetes o las dislipemias (*,*,*).

Y es que a medida que vamos descubriendo los diferentes componentes de la leche materna, y a la vez que elucidamos sus funciones, no podemos más que asombrarnos de este líquido perfecto, diseñado en exclusiva para nuestras crías humanas por miles de años de evolución, desde los primeros mamíferos allá por el triásico. Tal y como dice el doctor Jose María Patricio Talayero en el libro "Lactancia Materna: guía para la profesión médica" de la Asociación Española de Pediatría:

"En torno al inicio del siglo XX se inicia el mayor experimento a gran escala en una especie animal y sin comprobaciones previas de los posibles resultados: a la especie humana se le cambia su forma de alimentación inicial: centenares de miles de niños pasan a ser alimentados con leche modificada de una especia distinta. Las consecuencias, que no se previeron, han sido desastrosas en el mundo expoliado (miles de muertos por infecciones y desnutrición) y muy graves y posiblemente no del todo conocidas en las sociedades enriquecidas de la tierra (aumento de enfermedades infecciosas e inmunitarias, de consultas médicas y de hospitalizaciones). Aún queriendo y con más conocimientos, no es fácil enmendar el yerro producido: en efecto, más de una generación de mujeres no han amamantado a sus hijos, interrumpiéndose la transmisión de conocimientos intergeneracional, perdiéndose una cultura."

Por todo esto, desde este blog escrito por una doctora en Biología que hizo su tesis precisamente en el mundo de la investigación Cardiovascular (*), pero sobretodo por una madre que lee y estudia y se toma su maternidad como una profesión que requiere formación continuada y nueva información constante, me gustaría hacer una llamada al doctor Fuster y a todos los profesionales que se preocupan de nuestra infancia y de sus hábitos alimenticios, para prevenir enfermedades que, en el futuro, cuando sean ya adultos, mermarán muchísimo su calidad de vida y su longevidad. Me gustaría pedirles que no ignoren la importancia de la lactancia materna en la salud de nuestros niños. Porque la lactancia materna es mucho más que leche: es toda una "filosofía" de nutrición con consecuencias para toda la vida.

En apariencia puede parecer estupendo que los niños aprendan que tienen  que comer más frutas y verduras y menos galletas, siguiendo el ejemplo de sus héroes favoritos pero, bien mirado, también es una pena que necesiten hacerlo. Si el bebé humano, cuando nace, es capaz de pedir exactamente lo que necesita y recibirlo del pecho de su madre ¿En que momento de nuestro desarrollo perdemos esta capacidad innata para comer lo que nos conviene y en la cantidad adecuada? Tal vez sea porque, por motivos puramente culturales y nada científicos, desde recién nacidos obligamos a nuestros bebés a tomar los biberones que el pediatra de turno ha estipulado y a las horas que ha determinado, independientemente de si tenían hambre o no. Los que estuvieron alimentados a pecho se vieron obligados a crecer según unas curvas que, como ya se ha demostrado, no correspondían en absoluto al ritmo natural de crecimiento de los niños sanos amamantados, por lo que una gran mayoría recibió suplementos de leche artificial que no necesitaban, o sufrieron un adelanto, también innecesario, en la introducción de sólidos. Después les hemos metido las papillas multicarnes-multicereales-miltifrutas y cargadas de galletas azucaradas porque "así lo comen mejor" y tenían que comer una cucharadita "por mamá" otra "por la abuelita" y otra "por la vecina del tercero" y la última "si querían bajar al parque". Así les lanzamos el mensaje de que lo que su cuerpo les pide lo tienen que ignorar para adaptarse a nuestros requerimientos. En las fiestas de cumpleaños y en las ocasiones especiales les atiborramos a "chuches" y bebidas gasificadas o pseudozumos repletos de todo menos fruta. Y luego nos extraña que  relacionen placer con comida basura.

Que diferente sería si desde el momento de su nacimiento empezáramos una dinámica totalmente distinta en la que el bebé toma lo que quiere y cuando quiere, algo sólo posible con la lactancia materna a demanda. No forzamos la introducción de sólidos, sino que le vamos ofreciendo comida sana y adaptada a sus capacidades hasta que él muestra interés y poquito a poco la va probando. Alimentos sanos, poco o nada procesados, que van educando sus tendencias alimentarias mientras su principal fuente de nutrición sigue siendo la lactancia materna. Así es mucho más probable que lleguemos a criar un niño que come de todo, más o menos (creo que nadie en este mundo "come de todo". Todos tenemos nuestras preferencias y, seguramente, estas tendrán una base biológica que debería ser respetada), siempre sano, siempre ajustándose a las necesidades de su cuerpo en las cantidades que realmente necesita, porque ha aprendido a escucharse y dar importancia a lo que su cuerpo le pide. Sabe cuando está saciado y cuando tiene hambre y de que (2).

Aunque, evidentemente, no es el único factor implicado, en la lactancia materna está la semilla de los buenos hábitos alimentarios. No la ignore en su proyecto, doctor Fuster. Hábleles de su importancia a los habitantes de Barrio Sésamo - sus aliados en esta aventura - para que ellos se lo digan a los niños, los futuros padres de una nueva generación.

¿Que tal si convierte a estos divertidos personajes en verdaderos MAMÍMEROS?


BIBLIOGRAFÍA IMPRESA

1- Ruth A. Lawrence, Robert M. Lawrence. Lactancia Materna: Una guía para la profesión médica. Editorial Elservier Mosby, 2007.

2- Carlos González. Mi niño no me come.Editorial Temas de Hoy, Octubre 2004.




lunes, 25 de julio de 2011

DESDE NESTLE: CONSEJOS PARA PADRES SOBRE EL SUEÑO DE NUESTROS HIJOS

Ayer mismo, de la mano de mi gran amiga Carolina, llegó hasta mi ordenador este vídeo de Nestlé sobre como deberían dormir nuestros hijos. Por favor, no dejéis de leer su  artículo sobre el mismo, sobretodo si os queréis reír con ganas a la vez que leéis algo muchísimo más provechoso que el vídeo en cuestión para el bien del sueño de vuestros hijos.




Impresionante: en sólo seis minutos Nestlé ha conseguido resumir todos los mitos sobre el sueño infantil de nuestra sociedad occidental, y aconsejar a los padres todo lo que las últimas investigaciones sobre sueño, psicología, neurología y desarrollo infantil, desaconsejan.

Pero vayamos por partes.

El vídeo empieza resaltando la importancia de dormir bien para los niños. Durante el sueño, dice una agradable voz en off, no sólo se descansa, sino que también es un momento de restauración y maduración cerebral  además de hacerse la digestión. Hasta ahora - a pesar de no encontrar la relación especial entre hacer la digestión y el dormir (digo yo que la digestión también se hace despierto y no por estar dormido te pones a hacerla automáticamente aunque no hayas comido) -  nada que objetar.

Pero pronto viene la primera frase de Premio Nobel en crianza:  

Para que tu bebé crezca sano y fuerte es IMPRESCINDIBLE que APRENDA A DORMIR BIEN.

Pues no, no es imprescindible que el bebé aprenda a dormir bien porque EL BEBÉ SABE DORMIR BIEN. Otra cosa es que, en las condiciones en las que se encuentre, pueda o le dejen. Pero dormir, señor@s de Nestlé, dormir lo hace desde el vientre materno. Los últimos estudios parecen indicar que ya desde el séptimo mes de embarazo el feto tiene dos fases de sueño. El sueño de los seres humanos evoluciona durante toda la vida, desde el vientre materno hasta la muerte, y por eso no se le puede exigir el patrón de sueño de un adulto joven a un bebé o a un anciano. Pero dormir, lo que se dice dormir, sabemos hacerlo todos desde antes de nacer, igual que sabemos respirar, comer, movernos o cualquier otra función vital. A dormir no se enseña ni se aprende. Simplemente todos sabemos dormir, aunque nuestro sueño evoluciona con el tiempo.

 A continuación el vídeo sigue explicando como evoluciona el sueño a medida que el bebé crece. Toda la explicación está convenientemente acompañada de imágenes de madres que ponen  a sus bebés a dormir solos, en una cuna y en una habitación individual. Parece que esta es la única opción recomendable y que todas las demás - dormir con el niño en la misma cama, o poner su cuna en nuestra habitación - o no existen o son perjudiciales; cuando lo cierto es que cada vez más profesionales abogan por el colecho como la manera más sana y natural para el sueño familiar, en las familias con bebés y niños pequeños. A parte de esto, un fallo que he encontrado bastante importante: en el ejemplo del quinto mes la mamá pone a dormir al bebé con el babero, detalle que, según mi punto de vista, es bastante peligroso porque el lazo alrededor del cuello podría apretarse y asfixiar al bebé, sobretodo si está sólo y lejos de la supervisión de un adulto.

Al acabar las explicaciones viene lo que yo llamo "el adoctrinamiento". La voz en off asegura que los hábitos del sueño deben de enseñarse desde el nacimiento. Ahora entiendo las imágenes iniciales: este vídeo no va de como enseñar a dormir a los bebés (cosa que, como ya he dicho, es imposible porque ellos ya saben), sino de como enseñarles/obligarles a dormir solos. Con las palabras "los hábitos del sueño deben enseñarse" Nestlé manda a los padres el mensaje de que para que su hijo duerma como debe (o sea, SOLO), ahora y (sobretodo) en el futuro, deben forzar la educación del sueño interviniendo de una manera "dolorosa" y que conlleve "sacrificios". Desgraciadamente este mensaje no sólo lo manda Nestlé, sino toda la sociedad en su conjunto: desde muchos programas de televisión en los cuales se pretende tratar la crianza y "educación" de nuestros hijos, hasta muchos libros y revistas teóricamente especializados en sueño o crianza, o incluso nuestro propio pediatra personal o el personal de la guardería de nuestros hijos.

El vídeo continúa asegurando que para que el bebé pueda tener un sueño reparador necesita sentirse cómodo y querido, tener unas rutinas adecuadas, un ambiente relajado y realizar una actividad tranquila antes de ir a dormir. Estoy totalmente de acuerdo con todas estas afirmaciones, aunque tal vez me sobren un poco las "rutinas adecuadas", pero desde luego tampoco me molestan. No es que yo haga exactamente lo mismo cada día antes de ir a dormir, pero sí que hago cosas parecidas, más o menos en el mismo orden, la mayoría de los días. No lo hago para que me ayude a dormir. Lo hago porque es lo más cómodo y práctico. Lo mismo ocurre con mis hijos: suelen ducharse, cenar, jugar un rato, lavarse los dientes y ¡A la cama! con mami.

 Pero volvamos al vídeo. A partir de este punto lanza una serie de "consejos" que a mí me harían hasta gracia,  si no fuera por las dramáticas consecuencias que tienen para miles de niños cuyos padres los tratarán de seguir a rajatabla.  Dicen que es importante que el bebé aprenda a dormir solo, que no se duerma en brazos, procurar que no se duerma en nuestra cama o que no se duerma en el sofá. También los padres nos tenemos que turnar para llevarlo a la cama y así evitar asociaciones y que se acostumbre a los dos. En un parrafito de nada, Nestlé nos echa por tierra algo tan fundamental como la lactancia materna a demanda ¿Por qué? Pues porque dormir a tu hijo al pecho cada noche es, o debería ser,  algo rutinario y normal en el bebé y niño amamantado. De hecho, esta toma nocturna es la que más se suele mantener en las lactancias prolongadas y suele ser la última que desaparece antes de el niño sea completamente destetado. Dormir el niño al pecho ha sido la manera natural de dormir a nuestros hijos desde los comienzos de la humanidad. Lo cierto es que sigue siendo la manera de dormir al niño en la mayoría de las culturas actuales. Entonces ¿Por qué nuestros niños occidentales del siglo XXI van a ser la excepción a la regla y van a ser los únicos que se vayan a dormir tan felices lejos de su madre, o del pecho de su madre, y encima solos en su habitación? Por supuesto no lo son, y aquí está el origen de estos supuestos problemas de sueño, curiosamente tan comunes en nuestra población infantil.

Y precisamente estos temidos "problemas del sueño" son lo que trata el vídeo a continuación. Comienzan con el llanto de un niño que, por supuesto, está durmiendo sólo en la oscuridad de su habitación. La voz en off nos sigue aleccionando: estos problemas del sueño son muy comunes en la población infantil y pueden alterar la vida familiar (o sea, la de los padres). Sus causas: la salida de los dientes, alteraciones en la dieta o miedo a estar solo. Que curioso que la causa principal, la que origina el 99.99% de los lloros nocturnos, la deje para el final y sin darle la más mínima importancia.

Pero la peor frase está por llegar: "es importante que el bebé aprenda que no siempre sus sollozos son causa de la atención de sus padres" ¡Voilá!, el lobo se quitó la piel de cordero. ¿Por qué esto es tan importante? Claro, porque si el bebé está convencido de que todos sus llantos son respetados y atendidos por sus padres, será una criatura sana, equilibrada, feliz y sin carencias y, posiblemente, se convertirá en un adulto dificilmente manejable, sugestionable y manipulable. Y ¿Conseguirían vender tanta leche de fórmula, tanta comida procesada en potitos, o incluso tantas maquinitas de café Nespresso, a una población de adultos que dan de mamar a sus hijos a demanda, que son sensibles y conocedores de las verdaderas necesidades de sus hijos  y que, rizando el rizo,  no son ellos mismos adictos al café (Ni a nada, porque no necesitan rellenar sus carencias con adicciones)?

Pero siguiendo con lo nuestro, si el bebé se despierta por la noche - nos dice la agradabilísima voz en  off - hay que comprobar que está bien, sin hacer ruido ni encender la luz (¿Esperaría Nestle que si no nos da este consejo íbamos a atender a nuestro hijo a ritmo de salsa y tirando cohetes?) y, si no han pasado dos horas desde la última toma, no darle nada. En fin, al menos nos deja cogerle en brazos.

Aquí está otra de sus pataditas a la lactancia materna a demanda, ¿Por qué no podemos darle la teta si no han pasado dos horas de la última toma? No hay NINGUNA RAZÓN para no poder hacerlo. Ninguna, excepto el deseo de cargarse precisamente la lactancia materna a demanda. ¿Será eso lo que a Nestlé, uno de los más importantes fabricantes de leches de fórmula del mundo, le interesa? Cuantas madres irán perdiendo leche o renunciarán a la lactancia tras sufrir congestión y mastitis, por seguir este tan " bien intencionado" consejo de Nestlé (y por desgracia también de pediatras, comadronas, enfermeras, familiares, amigas y vecinas varias)?

Yo, que he sufrido las consecuencias de este consejo en mis carnes (especialmente las de mis pechos) y en las de mi hijo mayor, y con la autoridad que me confiere el ser monitora de La Liga de la Leche, desde aquí os lo digo que, salvo excepciones tan excepcionales que no vale la pena pararnos en ellas porque lo más probable es que nunca os ocurran, no hay ninguna razón objetiva, ni válida, ni demostrada científicamente que evite que le des el pecho a tu hijo para calmarlo y dormirlo cuando llora por la noche, haga el tiempo que haga desde la última toma. Ni 5 minutos, ni dos horas ni cuatro. Si tu hijo quiere mamar, tu teta será tu mejor herramienta para que se calme y se vuelva a dormir. Si él no quiere mamar, entonces habrá que buscar otras soluciones a su llanto, pero cuando se calma al pecho es evidente que sólo te necesitaba a ti, aunque no fuera siempre por sed de leche, sino por hambre de "cuerpo de mamá", lo que no le quita importancia ni validez a su necesidad. 

A partir de ahí y tras unos cuatro consejos en la línea que ya hemos visto, Nestlé da por finalizado el vídeo con su eslogan final:  

Empieza bien, crece sano  

Curiosa frase para coronar un vídeo cuya finalidad es enseñar a los niños a DORMIR SOLOS (que no a dormir porque, como ya hemos dicho, ese conocimiento ya lo llevamos "de serie" todos los seres humanos) pero no por el bien del niño, que dormiría tan feliz y sanamente en la cama junto a sus padres( o al menos en la misma habitación que ellos) sino por enjaularlo y adaptarlo a las costumbres y requerimientos de nuestra sociedad occidental, a la que ya se han ajustado los deseos y costumbres de sus padres. Y que, además, le da una patada, en el trasero y en toda regla, a la lactancia materna a demanda (la única lactancia que se puede mantener en el tiempo, porque si la lactancia no es a demanda es imposible mantener los niveles de producción de leche adecuados), prohibiendo que sea la madre la que se acueste con su bebé al pecho para dormirlo - como generalmente ocurre cuando el bebé es amamantado a demanda - bajo la  amenaza de que, si no sigue estos consejos, su hijo nunca podrá dormir bien para tener ese sueño reparador que le permita crecer sano y fuerte.

Estimados señor@s responsables de Nestlé y su vídeo: seguir los consejos del mismo no es empezar bien para crecer sano. A lo único que nos ayudará su vídeo es a "empezar bien" una vida dedicada al consumo de leche adaptada y complementos varios que intenten sustituir, sin conseguirlo, la presencia y el cuerpo de mamá, de manera especialmente importante los primeros 48 meses, y también de papá más tarde, a partir de los dos años.

Un buen comienzo en esta vida, para crecer sano, es tener acceso al pecho de mamá desde el mismo momento del nacimiento y que este acceso  NUNCA sea restringido, y mucho menos por ridículas normas impuestas por profesionales que quieren seguir cegados por las viejas tradiciones occidentales y bajo amenazas infundadas de terribles males que no existen. 

Estimad@s señores de Nestlé, ya sé que los consejos más actuales de muchos de los mejores especialistas en nutrición, sueño o crianza en general, no son muy acordes con sus intereses económicos. Pero por favor, absténganse de lanzar consejos desfasados, inútiles y hasta dañinos, sólo porque benefician sus propios intereses. Esto no es moralmente aceptable. Si no van a filmar vídeos bien asesorados y realmente educativos, no filmen vídeos, y no se dediquen  a engañar a los padres obligándolos a hacer cosas que sólo les benefician a ustedes y a sus ventas de productos, pero que son claramente perjudiciales para sus hijos, e incluso para ellos mismos.

Señor@s de Nestlé, desearía que dejaran de actuar como si los años no hubieran pasado y los ignorantes consumidores siguiéramos creyéndonos los mitos de siempre sobre la lactancia materna y la nutrición infantil, como si la generación del biberón no fuera a dar paso a las generaciones de la teta, como si la crianza corporal no fuera a imponerse en la próximas generaciones. Lo cierto es que si pusieran el interés de sus clientes por encima del interés económico, si produjeran y vendieran pensando siempre en lo mejor para los seres humanos a los que atienden, entonces SÍ serían una gran empresa pionera en productos infantiles y mucho más. Ahora sólo son un gigante "aplastatodo" acusado de matar a miles de niños tanto en los países del tercer mundo como en los del primero. Desde aquí quiero pedirles que CAMBIEN, que se limiten a lo que se tienen que limitar, no se metan donde no se tienen que meter, apoyen lo que deben de apoyar por encima de cualquier interés económico y que, en definitiva, SE HUMANICEN. Por que con la existencia de empresas limpias, honestas, que producan lo que realmente nuestros hijos y nosotros necesitamos, de manera respetuosa con sus propios trabajadores y con el medio ambiente, ganamos todos.

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miércoles, 13 de julio de 2011

CONCILIACIÓN: ESA PALABRA IMPOSIBLE DE ENTENDER






Llevaba unos cuantos días un poco "apagada", sin inspiración, intentando encarar un informe sobre la lactancia sobre el cual no acabo de ver el enfoque, cuando ha caído en mis manos este artículo de El País: "Cuando conciliar no es una opción. La mitad de las madres madrileñas ha tenido que dejar de trabajar para cuidar de sus hijos, una interrupción en la carrera profesional que a veces se paga cara"


Todo ha sido comenzar a leerlo y encenderme. El artículo empieza con el ejemplo de Beatriz, una ingeniera forestal que lleva tres años "sin trabajar" cuidando de sus mellizos:


"Yo no valgo para esto, es un círculo vicioso en el que dejas de ser una persona interesante"


Sigue con una crítica de lo caras que son las guarderías y de que no hay plazas suficientes.


"Los servicios, aunque públicos, son caros; pero eso para quienes consiguen plaza, porque el Gobierno regional admite que la escolarización entre 0 y 3 años- que en toda España no es universal y gratuita, - alcanza solo el 50% de la demanda potencial máxima. Sindicatos y profesionales del sector calculan que unas 30.000 familias se quedan sin plaza en Madrid cada año".


Muy en la linea del ministro de trabajo Valeriano Gomez, se presenta la escolarización temprana y gratuita como la gran y única solución a los problemas de conciliación.


La opinión del sociólogo lo deja también muy claro:


"...nunca "compensa" dejar de trabajar, aunque casi cueste lo mismo pagar la atención de los niños que el sueldo que se percibe. "Cuando trabajas estás capitalizando el mercado, te estás formando, estás generando experiencia", señala."

El comentario de Nuria Manzano, secretaria de igualdad de UGT Madrid,  deja clarísimo la visión que tiene sobre el cuidado de los hijos:

"Si hay que sacrificar la carrera profesional de uno de los dos para cuidar a los hijos, lo normal es que sean ellas las que lo hagan. La diferencia salarial entre hombres y mujeres en la región es la segunda más alta de España. Ellas suelen tener peores condiciones laborales, así que es habitual que sean las que acaban cediendo".

Yo no sé a vosotras, pero el mensaje que a mí me llega de este artículo  es el siguiente: 

Querida mujer: si quieres seguir siendo útil e interesante a la sociedad ni se te ocurra dedicarte al cuidado de tus hijos. Si por una casualidad te decides a parir seres humanos - acto que, por  otra parte, necesitamos que hagas, so pena de extinguirnos todos - ¡sobretodo no abandones tu trabajo!, porque si lo haces perderás el poco valor que tienes (recuerda que tu trabajo está peor valorado que el de tu marido) y para ello, pon a la criatura cuanto antes en una guardería que, eso sí, lucharemos para que te sea lo más barata posible de modo que te compense y no te tengas que SACRIFICAR ejerciendo de madre. ¡Así de igualitarios somos! y ¡que orgullosos que estamos de serlo!

¿Por donde empiezo? Estoy que ardo por dentro.

SEÑORES Y SEÑORAS: CONCILIAR NO SIGNIFICA ABANDONAR A NUESTROS HIJOS

¿Queda alguien por ahí que quiera entender que CONCILIAR significa que una mujer pueda ser MADRE (con todas sus letras y en mayúscula) y PROFESIONAL (con todas sus letras y en mayúscula también), y también que un hombre pueda ser PADRE y PROFESIONAL (con las mismas letras y en mayúscula)?

Dejar a los niños 10 horas en una guardería desde que tienen una hora de vida o cuatro meses NO ES CONCILIACIÓN porque se está sacrificando el bienestar de la criatura. Se está sacrificando la MATERNIDAD. Se está sacrificando el derecho de la mujer a ser la madre del hijo que ha parido y el derecho del niño a tener la madre que necesita. 

Pero ¡Ojo! los que queráis acusarme de neomachista: quedarte en casa encerrada, aislada, desconectada, al cuidado en solitario de  tu hijo porque tu compañero sigue trabajando fuera sus 8, 10,12 o más horas diarias, para que al cabo de un tiempo no tengas ninguna opción de volver a tu profesión porque la maternidad te ha estigmatizado, te ha quitado valor en el mercado laboral y se ha convertido en un lastre que hunde irremediablemente tu carrera TAMPOCO ES CONCILIACIÓN. Ahora se está sacrificando la capacidad de la mujer de ofrecer a la sociedad su don, su vocación y su capacidad de trabajo en su faceta no maternal. Esta capacidad por cuyo reconocimiento hemos tenido que luchar tanto desde los comienzos de la sociedad patriarcal, empeñada en encerrarnos en casa con nuestras criaturas, convirtiéndonos en seres absolutamente dependientes de la libertad de acción del varón (hasta el punto de convertirnos en algunas épocas, en una pertenencia más). Con esta opción pierde la mujer, que ve la maternidad como una losa que le obliga a sacrificar su realización personal fuera de ella. Pierde el hijo, que se encuentra con una madre triste, amargada, enfadada y frustrada que percibe su cuidado como una carga. Pierde el padre, que renuncia a ejercer su paternidad por seguir siendo competitivo en el mundo laboral, alejándose y desvinculándose irremediablemente, no sólo de la criatura, sino también de su compañera. Y pierde la sociedad que se queda sin toda la riqueza que esta mujer podría aportarle como profesional. 

Entonces ¿Que es conciliar?

Conciliar es vivir en una sociedad donde las mujeres podamos ser MADRES y PROFESIONALES. Para ello los hombres también tendrán que conseguir su derecho a ser PADRES y PROFESIONALES y todo ello sin sacrificar las necesidades genuinas de los más desprotegidos: nuestros hijos. 


Conciliar es abrir el mundo de los adultos a nuestros niños. Dejar de tratarlos como ciudadanos de segunda que se pueden aparcar todo el día en una guardería porque "no se enteran", e integrarlos en la vida laboral, pública y social de sus padres.


Conciliar es adaptar el ritmo de la sociedad a las necesidades de nuestros hijos y no lo contrario: ignorar las necesidades de nuestros hijos cuando no se adaptan al ritmo de nuestra sociedad. 

 Todo lo que hacemos los seres humanos debería estar enfocado y centrado en las necesidades de nuestros cahorros humanos. Ellos son nuestro futuro. Es ridículo decir que estamos luchando por una sociedad más justa y mejor mientras violamos sitemáticamente las necesidades más básicas de nuestras criaturas. No se puede obviar las necesidades de madre e hijo en el parto, el papel imprescindible de la madre en los meses de exterogestación, la necesidad de cuerpo maternal y de pecho lactante, de la misma manera que tampoco se puede ignorar la necesidad de pasar tiempo, y mucho, con su padre, especialmente a partir de una cierta edad. No se puede pasar por encima de la necesidad de la familia de ESTAR TIEMPO JUNTA, de la necesidad de los padres DE EDUCAR  A SUS HIJOS, de la necesidad de los hijos de APRENDER DE SUS PADRES. No podemos actuar como si nuestros hijos no necesitaran estar la mayor parte del tiempo con nosotros, sus padres, sobretodo cuando son pequeños y sufren tanto por la separación.

Pero ignorar todo esto es exactamente lo que están haciendo estos señores y señoras que se llenan tanto la boca con la palabra conciliación. Y no, señores, no, esto de lo que ustedes hablan no es conciliar. Esto es masculinizar a la mujer y destruir la maternidad, robar los derechos del hombre a ejercer su paternidad, expulsándolos a ambos del mundo de los sentimientos y deseos para encarcelarlos en el mundo laboral. 


Y en la peor de las posiciones quedan nuestros bebés, nuestros niños. Obligados a crecer en el abandono y el desapego, unos más y otros menos, pero ninguno con todas sus necesidades primarias cubiertas, de manera que se convertirán en adultos llenos de carencias innombrables que les marcarán de por vida. 

¿Es posible una verdadera CONCILIACIÓN? Sí, estoy segura de que sí. Aunque supone un cambio social valiente y radical. Pero posible, seguro que es posible. Otra cosa es que, tal cual van las cosas, sea probable. De momento es evidente que la noción  actual de igualdad y conciliación de la gran mayoría de políticos y pensadores está lejos de ser la idónea para conseguir los verdaderos objetivos, pero ya empiezan a oírse voces cada vez más altas y más claras ofreciendo soluciones alternativas desde puntos de vista diferentes. 

Os coloco aquí una lista de artículos de madres blogueras que tratan este tema. Algunos ofrecen soluciones y otros sólo denuncian. La lista irá creciendo a medida que vaya recordando donde leí algunos de ellos y salgan, además, otro nuevos:


"Valeriano Gómez propone la Escolarización desde el Nacimiento como medida de "Conciliación". Manifestación Bloguera por la Verdadera Conciliación en España" de Louma Sader Bujana, autora del blog Amor Maternal. En este enlace encontrareis, además, todos los artículos que participaron en la manifestación bloguera convocada por las declaraciones del citado ministro. 



"Trabajo y maternidad" de Mónica de Felipe, autora del blog Grupo Maternal


"Amor, bebés, crianza y saludde Mónica de Felipe, autora del blog Grupo Maternal


"Pueden tener derechos los bebés" de Ileana Medina Hernandez, autora del blog Tenemos Tetas

"Feminismo, maternidad y política: ¡cambiemos el mundo!"  de Ileana Medina Hernandez, autora del blog Tenemos Tetas