viernes, 22 de mayo de 2015

EL SUEÑO INFANTIL Y LOS LÍMITES DE LA CIENCIA.

En el año 2009 un grupo de investigadores sobre el sueño infantil publicaron un estudio titulado Sleep and sleep ecology in the first 3 years: a web-based study. (Sueño y ecología del sueño durante los primeros 3 años: un estudio basado en la web). Entre los autores se encuentran dos de los más prestigiosos en este campo: Avi Sadeh y Jodi Mindell, ambos defensores de las técnicas de adiestramiento para el sueño en solitario y con numerosos estudios a sus espaldas valorando su efectividad. Los dos son también consejeros sobre el sueño infantil en una conocida marca de productos infantiles y han participado en estudios financiados por esta empresa (1, 2) para valorar la efectividad de sus productos diseñados para favorecer el sueño de los bebés y niños. 

Pero a lo que vamos: el artículo citado se basaba en la distribución de un cuestionario diseñado por Sadeh (y perfectamente validado por la comunidad científica, tal y como debe hacerse con los cuestionarios) mediante la página web BabyCentre.com. Contestaron 5006 familias. Sus observaciones fueron que la lactancia, el compartir habitación, llevar al niño a la cama de los padres o las rutinas irregulares a la hora de ir a dormir se asociaban a mayores despertares nocturnos. Finalmente concluyeron que el comportamiento de los padres a la hora de dormir a los niños estaba profundamente relacionado con la consolidación del sueño de los mismos y, por lo tanto, era una buena diana para las intervenciones clínicas. O sea, los pediatras deben enseñar a los padres lo que deben o no deben hacer a la hora de dormir a sus hijos. 

Un año más tarde Mindell y Sadeh volvieron a publicar juntos un estudio en el que aplicaban el mismo cuestionario, de nuevo a través de la página web BabyCenter, a los padres de 29.287 bebés distribuidos por 17 países, los cuales dividieron en caucásicos (PC) y asiáticos (PS). Con este trabajo pretendían dar una visión intercultural del sueño infantil a la pediatría del sueño. En este caso concluyeron que en los países asiáticos se colechaba más, los padres acompañaban más y los niños dormían peor. 

Este mismo año los mismos dos autores publican otro artículo con la misma muestra internacional y el mismo cuestionario en el que vuelven a concluir que el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir, así como el colecho, predicen un sueño de peor calidad en los niños. 

En el año 2011 ambos investigadores participan en un nuevo trabajo sobre la misma muestra con el mismo cuestionario. Vuelven a hacer hincapié en la nocividad del colecho y el acompañamiento de los padres a la hora de ir a dormir y la necesidad de educar a los padres para que enseñen a sus hijos a dormirse y dormir solos. 

¿Por qué os explico todo esto?

Pues porque estos trabajos han servido de argumentación a muchos defensores del sueño en solitario para asegurar que el colecho no es conveniente y que es necesario aplicar técnicas cognitivo conductuales (como el método Estivill, por ejemplo) para mentalizar a los padres de la necesidad de enseñar a los niños a dormirse solos. Así desde páginas webs, artículos de divulgación en periódicos y revistas, o desde la misma consulta del pediatra, los padres han recibido el mensaje de que no duerman con sus hijos, no los duerman o ayuden a dormir y les enseñen a dormir solos. Y lo peor es que reciben este mensaje como avalado por la ciencia. Esto es lo que la ciencia dice, por lo tanto esto es lo que hay que hacer. 

"Demostrado científicamente" es la nueva "Palabra de Dios".

Pero lo cierto es que estos artículos no demuestran en absoluto que los niños que colechan duermen peor, o que colechar con nuestros hijos sea malo para su sueño. Y esto es así debido a las limitaciones de estos estudios, las cuales no suelen tomarse en cuenta cuando se pregonan sus conclusiones a la sociedad, pero que tienen importantes implicaciones a la hora de interpretar correctamente la relevancia real de las mismas. 

La primera limitación importante es la propia naturaleza del cuestionario aplicado. Para empezar es un cuestionario diseñado por científicos occidentales que toman el sueño en solitario como referencia, por lo que adolece de un importante sesgo cultural (aunque posiblemente hayan tratado de evitarlo). Los padres que colechéis habitualmente con vuestros hijos, que tengáis como nosotros una enorme cama familiar, os daréis cuenta de que no es fácil contestar a algunas preguntas, porque si te preguntan si el niño duerme en su propia cama y tú ni te has planteado montar la cuna del bebé, puedes decir que sí, porque su "propia cama" es también vuestra cama y vuestra cama no es sólo la "cama de los padres" ¿no?  Así, mis hijos duermen en su "propia" cama que es la "cama de los padres" y también "con sus hermanos"................... por lo que me va a ser difícil elegir una sola opción en algunas preguntas. También es posible que, como a mí, no os sea fácil cuantificar las veces que se despierta por la noche o en que consisten el ritual a la hora de ir a dormir si no sueles tener uno establecido que repites cada noche o, al menos, la mayoría de las noches. Ayer mis hijos cenaron, se ducharon y se acostaron, pero antes de ayer se ducharon primero, cenaron, hicieron deberes o jugaron un poquito y se acostaron. Unos días ven la tele mientras cenan, y otros no lo hacen. Los días de buen tiempo de primavera y verano intento que salgan a la calle hasta la misma hora de acostarse, por lo que se duchan en el último momento y luego ¡rapidito a la cama! En nuestra familia tenemos todo menos un "ritual" porque aunque intento que se lea un poco siempre antes de dormir, dudo que lo consiga la mayoría de los días. 

La segunda limitación es el medio de distribución del cuestionario. La página web BabyCenter.com tiene un público determinado y no es una representación al azar de la población mundial. Este sesgo puede ser incluso mayor en los países asiáticos, dónde precisamente las familias que podrán dedicarse a visitar webs como la citada (por tener acceso a internet, por ejemplo, lo que ya supone un cierto nivel económico y cultural determinado que no es el mayoritario en muchos de ellos) son las más "occidentalizadas". 

Un rápido vistazo a la web en cuestión nos muestra una visión de la crianza y del sueño infantil con un enorme sesgo occidental, dónde lo normal es el sueño en solitario y la excepción el colecho, aunque en los últimos años la participación de profesionales como el antropólogo James McKenna en alguno de sus artículos ha dado espacio a comportamientos alternativos. 

Bajo mi punto de vista ésta es la limitación más importantes. Una prueba de su importancia, precisamente, la descubrí en uno de los artículos, el único que muestra los datos (en forma de gráfica)  sobre la percepción del sueño infantil como problema de cada país. En la gráfica 1 de dicho artículo se puede ver que los 3 únicos países asiáticos que no muestran una mayor percepción del sueño infantil como problema que los países caucásicos son Vietnam, Tailandia y Japón. Curiosamente en Vietnam y Tailandia -los que menos percepción tienen del sueño infantil como problema de todo el conjunto de países- ¡el cuestionario se distribuyó en mano y no a través de BabyCenter! Un dato que no incluyen en ese artículo pero sí en otro de la serie (¿Mala intención en la omisión? prefiero pensar que no). Que Japón sea también una excepción es muy representativo ya que es la única cultura no occidental pero tan rica e industrializada como occidente -por lo que la población con acceso a internet e interés en este tipo de webs no tiene que ser específicamente la más rica o con más influencia occidental- y que sigue teniendo el colecho como forma de dormir mayoritaria. 

Cuando estaba analizando estos trabajos para incluirlos en la revisión bibliográfica "El debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil" se me ocurrió que sería interesante ver cuales serían los resultados si el cuestionario utilizado en estos estudios lo responden mis contactos de Facebook o los lectores de este blog. Al igual que lo que ocurre con BabyCenter.com, esta muestra tampoco es representativa de la población general y también está sesgada. Pero mi hipótesis es que el sesgo es diferente ya que la gran mayoría de la misma seremos padres con tendencia a pertenecer a la llamada crianza respetuosa y, por lo tanto, con más tendencia a colechar con nuestros hijos por voluntad propia (y no como reacción a los problemas de sueño) y rechazo a las técnicas de adiestramiento, especialmente las basadas en dejar llorar. 

¿Observaremos en nuestra muestra esta relación positiva entre los problemas del sueño y la intervención de los padres a la hora de dormir o el colecho? Mi hipótesis es que no. 

¿Queréis ayudarme a comprobarlo?

Para ello sólo tenéis que contestar el cuestionario traducido que encontraréis en el enlace que os adjunto. 

Os doy de antemano mil gracias por vuestra colaboración. Vamos a intentar demostrar que los artículos de Sadeh y Mindell tienen un sesgo cultural inaceptable que lleva a unas conclusiones no generalizables ni aplicables a la realidad del sueño de las familias, y mucho menos a nivel mundial. 









miércoles, 29 de abril de 2015

QUERIDA MADRE, TE EQUIVOCAS

"Es trágico que los padres peguen a sus hijos para 
evitar sentir lo que sus padres hacían con ellos".
Alice Miller. 




QUERIDA MADRE:

Te equivocas.

Y mira que si algo he aprendido estos diez últimos años es a no decir esas palabras a ninguna otra madre. En serio. 

Pero hay excepciones. Ésta es una de ellas y te escribo esta carta motivada por todos esos comentarios a tu vídeo que te convierten poco menos que en la madre del año.

Porque tu comportamiento, de madre del año, nada de nada. Incluso es evidente que no sólo te equivocas ahora. Te equivocaste hace años. Aunque eso me duele más decírtelo porque poco remedio tiene ya. Pero tal vez valga la pena sacarlo a la luz por todas esas madres que te alaban y tienen bebés y niños pequeños en su regazo.

Te equivocaste ya en la primera bofetada, porque evidentemente la del vídeo no lo es.

Te equivocaste cada vez que le gritaste, le faltaste al respeto, le humillaste, le insultaste, le ninguneaste y te ensañaste con él, como lo has hecho ahora. Me dirás que qué sé yo de tu vida y tu crianza, pero es que el vídeo dice muchas cosas, de verdad, demasiadas. Muchas cosas del pasado y muchas cosas del futuro, desgraciadamente. 

Te equivocaste, y él aprendió a gritar, atacar, faltar al respeto, ningunear, humillar, insultar y ensañarse con otros debajo de un pasamontañas. Ahora está convencido de que es una mierda que no vale nada fuera de  la autoridad de la pandilla de turno. Que el mundo está plagado de enemigos y que todo se consigue mediante la violencia.

Es así de sencillo. Lo demuestra la vida. Incluso lo demuestra la ciencia, por si no me quieres creer a mí, que parece que hoy en día lo que la ciencia demuestra es palabra de Dios.  Y es que Tracy Afifi, una investigadora con numerosas publicaciones dentro del campo de la salud y el trauma infantil, así lo afirmó en un estudio publicado en la prestigiosa Pediatrics en el año 2012. En este trabajo, Afifi y sus colaboradores concluyen que:
"El castigo físico, en ausencia de maltrato, está asociado con el desarrollo de desórdenes del estado de ánimo, trastorno de ansiedad, abusos de sustancias/drogodependencia y desórdenes de la personalidad en la población general. 

Ya ves todo lo que pueden ocasionar esas bofetadas. Tus bofetadas. A tu hijo. 

Y si bien es casi seguro que no vas a leer mi carta, espero que al menos la lean algunos de los que sólo tienen alabanzas para tu actuación. Por si les puedo hacer replantearse su juicio y mirar el vídeo desde otra perspectiva: la del niño criado bajo el yugo de la pedagogía negra

Te equivocas, querida madre, no eres digna de alabanza. Eres digan de compasión. Porque seguro que adoras a tu hijo, como todas adoramos a los nuestros, pero la vida no te ha debido de ofrecer ni los conocimientos ni las herramientas necesarios para salir de ese pozo negro de agresión y violencia. Y has hecho daño a tu hijo. Mucho daño. A la vista está.  

Como dice Alice Miller: 
" La tragedia de las personas bien educadas es que, al llegar a la edad adulta, no podrán darse cuenta de lo que les hicieron ni de lo que ellos mismos hacen, si de niños no les permitieron darse cuenta de nada"
Es evidente que tú debes de ser de esas personas bien educadas y todavía no te has dado cuenta de nada. Me pregunto si tu hijo tendrá la oportunidad de hacerlo. 

Deseo con todo el corazón que sí lo haga, que todavía no sea demasiado tarde y sea capaz de romper esa cadena trans-generacional de violencia en la que está sumergida tu familia, tu sociedad, como las mías propias.  

Por su bien. Por tu bien. Por mi bien. Por el bien de mis hijos. Por el bien de todos. 

viernes, 3 de abril de 2015

El trauma sufrido en la infancia condiciona la salud en la vida adulta

Las personas expuestas a un estrés tóxico durante su infancia tienen más posibilidades de desarrollar enfermedades graves cuando son adultos.

Existe un factor de riesgo capaz de provocar siete de las diez principales causas de muerte en Estados Unidos. Este factor de riesgo no es otro que el trauma infantil. Así lo expresó la doctora Nadine Burke Harris en la conferencia TEDex del pasado mes de Septiembre. Según el Estudio sobre experiencias Adversas en la Infancia (ACE), los traumas infantiles ―abusos físicos, emocionales o sexuales, abandono, violencia doméstica o padres que sufren una enfermedad mental, son drogodependientes, alcohólicos, han sido encarcelados o se han divorciado― tiene una repercusión significativa en la salud futura del niño, hasta el punto de triplicar el riesgo de enfermedad cardiaca o cáncer pulmonar, y reducir la esperanza de vida en 20 años.



El citado estudio fue llevado a cabo por los doctores Vince Felitti at Kaiser y Bob Anda en el Center for disease control and prevention (CDC) de Estado Unidos, y en él participaron 17500 adultos a los que se les valoró las experiencias traumáticas de su niñez mediante un formulario de diez preguntas. Por cada respuesta afirmativa el participante obtenía un punto, de manera que cuanto más puntos acumulaba más trauma había sufrido en su niñez. Así comprobaron que un 60% de la población tiene al menos 1 punto y un 12.6% ― o sea, uno de cada ocho― tiene 4 o más. Al relacionar el número de puntos con diversas enfermedades los resultados fueron preocupantes: las personas con 4 puntos o más tenían un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir enfermedad pulmonar obstructiva crónica o hepatitis que las personas con cero puntos.  Para la depresión el aumento del riesgo fue de 4.5 veces. El riesgo de suicidio aumentaba 12 veces. Una persona con 7 puntos o más tiene el triple riesgo de sufrir cáncer de pulmón y 3.5 veces más de sufrir una enfermedad isquémica cardiaca.

Pero ¿Cómo y por qué se producen estos efectos? Una de las posibles explicaciones es que el niño que está sufriendo una infancia traumática desarrollará de adulto hábitos de comportamiento no saludables como consumo de tabaco, alcohol o drogas. A día de hoy tenemos evidencias científicas de que el estrés sufrido en la niñez afecta el desarrollo de áreas cerebrales involucradas en el placer, la recompensa, el control de impulsos, la capacidad de aprendizaje y la respuesta al peligro. Estas áreas están relacionadas con el desarrollo de drogodependencias y de comportamientos de riesgo para la salud. Pero el efecto del estrés parece ir más allá y no siempre está mediado por este fenómeno. Aunque la persona no desarrolle hábitos insanos, todavía estará en peligro.

La razón es que una exposición crónica y continua al estrés durante la infancia influye en el desarrollo del llamado eje hipotalámico-hipofisario-adrenal. Esta es una cadena de reacciones diseñada para activarse ante un peligro inminente,  produciendo una respuesta adaptativa del tipo huida o ataque que puede salvarnos la vida. Como explica la doctora Nadine Burke Harris, si un día en el bosque ves un oso, la explosión hormonal causada por la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal provocará una serie de efectos en tu cuerpo, como dilatación de las pupilas o aumento de la frecuencia cardiaca, que hará que estés preparado para defenderte o huir. Esta es una reacción fisiológica perfectamente saludable cuyo objetivo es salvarte la vida.

El problema es cuando un niño crece con este mecanismo continuamente activado; por ejemplo, cuando el oso vuelve a casa cada noche. Entonces, la liberación frecuente de hormonas del estrés durante su crecimiento, una etapa especialmente sensible a este fenómeno,  produce una serie de efectos no sólo en su estructura y función cerebrales, sino también en su sistemas inmune y hormonal e, incluso, en la manera en la que se lee y transcribe su ADN. Efectos que, con el paso de los años, se traducirán en enfermedades y graves y muerte temprana.

Todos estos descubrimientos sobre las implicaciones del trauma infantil en la salud futura y los mecanismos involucrados en esta relación llevaron a la doctora Nadine Burke Harris a la creación del Center for Youth Wellness (Centro del bienestar infantil) en San Francisco. El objetivo es prevenir los efectos de una infancia traumática mediante la evaluación del estrés y el tratamiento de los niños por equipos multidisciplinares en los que se trabaja con toda la familia.

Desgraciadamente, los poderes públicos no parecen interesados en generalizar iniciativas como ésta y reconocer que el trauma infantil es una cuestión de salud pública. El problema es que piensan que la presencia de este fenómeno se limita a ciertos barrios o minorías. Pero la situación real es que está mucho más generalizado. En el estudio ACE un 70% de los participantes eran caucásicos (raza blanca) y un 70% tenían educación universitaria. Así que éste no es un problema de minorías sociales, sino de toda la sociedad. Tal y como dijo el que fue presidente de la Asociación americana de pediatría (AAP), el doctor Robert Block: “Las experiencias adversas en la niñez son la mayor amenaza no resuelta de salud pública a la que se enfrenta nuestra nación en la actualidad”.

Por estas razones la doctora Nadine Burke Harris nos exhorta hacia cambio de actitud. Ahora que la ciencia ya tiene las herramientas necesarias para enfrentarse a este problema y evitar que el trauma infantil se traduzca en la vida adulta en enfermedad grave o muerte temprana, debemos ponerlo sobre la mesa, reconocerlo y concienciarnos de su importancia. Porque  es tratable y combatible y, por lo tanto, tratarlo y combatirlo debería ser uno de nuestros principales objetivos.






lunes, 9 de febrero de 2015

GRACIAS DOCTOR GONZALEZ CANO. Ahora, Empecemos a Debatir.

Él sabía que le íbamos a dar publicidad, que muchas de nosotras seríamos radicales, irracionales, emocionales y alocadas. Sabía que también hay gente con muchas ganas de ponerse de su lado en contra de esas "talibanas de la teta" y que muchos profesionales - esos que a la chita callando, desde sus consultas, se cargan tantas lactancias maternas día a día - le darían golpecitos en el hombro y le compadecerían por el brutal ataque de las extremistas del que estaba siendo víctima. También sabía que muchas madres se sentirían a gusto con su discurso, como no. Y es que hay dimensiones en la lactancia materna a las que no llega la ciencia basada en evidencia.

Sabía, por supuesto, que los organismos oficiales se desmarcarían de sus declaraciones y consejos, de manera tibia algunos, más tajante otros. Con eso ya contaba y ni le asusta ni molesta. Ahí están todos esos libros anti- vacuna, por ejemplo, mucho peores que el suyo y mucho más en contra de la evidencia, según su criterio. Así que, si le echan en cara el pequeño detalle de que sus palabras van en contra de todas recomendaciones sobre lactancia materna, con recordar toda la literatura de divulgación  que contiene declaraciones en contra de las recomendaciones oficiales, ya tiene suficiente. Muchos de los gurús de esas "talibanas" tienen declaraciones polémicas, como que dejar llorar a los niños produce efectos indeseables, cuando las sociedades del sueño recomiendan las técnicas de adiestramiento basadas en dejar llorar para la educación del sueño infantil. Otros incluso animan a colechar con bebés, a pesar de que las sociedades de pediatría recomiendan que estos duerman en sus cuna  por seguridad. Así que, ¡que coño! Que sean consecuentes y respeten todo o no respeten nada. 

Y luego no olvidemos la sagrada libertad de expresión. Precisamente ahora es una buen momento para recordar esa libertad de expresión que no debe ser amenazada bajo ningún concepto. No olvidemos que por defender nuestro derecho a la libertad de expresión hay gente que ha perdido la vida. Recientemente hemos vivido un triste ejemplo de ello. En este contexto, el hecho de que la presentación de su libro "tuviera" que ser cancelada por "presiones y amenazas", ha sido perfecto para recordar  los más oscuros tiempos de la dictadura. Ya se sabe que las madres lactantes somos tan amenazadoras como  la Brigada Político-Social. O tal vez más. Fíjate que podemos castigar a los insurrectos con un chorro de leche materna en plena cara. Realmente aterrador. 

Así que al final todo le salió a pedir de boca y, hoy por hoy, tal vez sea uno de los pediatras más citados en las redes sociales e, incluso, tuvo sus cinco minutos de gloria en televisión. ¿Qué más se puede pedir? Probablemente ya esté planeando un próximo libro. Tal vez sea bueno colaborar con alguna estrella muy mediática, de esas que no tienen nada que contar pero venden mucho. En este país eso puede resultar de lo más rentable. Y luego están algunos médicos con mucha experiencia en eso de escribir bestsellers con normas de adiestramiento para padres. Una colaboración con ellos tampoco sería mala idea. Esto tiene futuro. 

Yo al principio no quería sumarme a las reacciones en contra de este señor para no darle el gusto de tener más publicidad gratuita. Pero luego leí artículos fascinantes, como los escritos por blogueras como Nohemí Hervada (leed toda la serie, es altamente recomendable), Irene García Perulero (1, 2, 3), Mónica de FelipeTeresa Escudero, Pilar Martínez, u organizaciones médicas como APILAM y la AEP, y pensé que tal vez valiera la pena mirar esta situación desde otra perspectiva. 

Y es que, no lo vamos a negar, - y como muy bien apuntaba el otro día mi querida Ximena Silva (Doula en Suiza) - el doctor González Cano acaba de sacar de debajo de la alfombra todos esos prejuicios, tabúes culturales y creencias casposas, patriarcales y machistas que empañan el ejercicio de la pediatría en nuestro país y, posiblemente, en toda la cultura occidental. José María González Cano más claro no ha podido ser, y sus palabras reflejan a la perfección la imagen de la mujer sucia, imperfecta, pecaminosa, empeñada en dañar a su hijo con la leche que mana de sus pechos, poniendo en peligro la integridad física y moral de la criatura. Todo su discurso ofrece una visión de la lactancia y la maternidad como una relación incestuosa, sucia, dañina y pecaminosa.   

Y esto es lo mejor que podía pasar. Ya es hora de que se ponga toda esta porquería encima de la mesa, delante de los padres y de los profesionales, para que pueda ser convenientemente limpiada y destruida de una vez. Porque tal y como comprobamos cada día las asesoras de lactancia de todo el mundo, los pediatras que todavía van diciendo a las madres todas esas incongruencias y falacias que el doctor Gonzalez Cano expone tan abierta y claramente en su libro, son inaceptablemente numerosos, hasta el punto de que las madres realmente interesadas en defender su lactancia tienen verdaderas dificultades para encontrar un profesional coherente, bien formado e informado en el que confiar plenamente para el cuidado de la salud de su hijo. 

Y esta situación es inaceptable y debe ser cambiada ya. Y ¿Qué mejor oportunidad para cambiarla que exponerla abiertamente? Porque en teoría todos los profesionales de la pediatría deberían ceñirse a las recomendaciones de su sociedad (en este caso la AEP) en cuanto a la promoción y defensa de la lactancia materna. Es evidente que deben existir razones importante para que esto no se consiga. Difícilmente vamos a encontrar estas razones y solventarlas si no encaramos la situación abiertamente y entre todos los actores implicados: pediatras, familias, y profesionales de la lactancia materna y la nutrición infantil, todos y de todas las tendencias. 

La lactancia materna es algo más que una cuestión de salud. En nuestra cultura, por motivos históricos de sobra ya conocidos, es un tema extremadamente complejo con múltiples dimensiones - políticas, sociales, económicas, culturales, emocionales, etc... - que deben ser convenientemente consideradas a la hora de diseñar estrategias que la resguarden y defiendan. Difícilmente conseguiremos hacerlo sin poner toda la situación al descubierto, y el doctor García Cano acaba de exponer la parte escondida y extraoficial, de todo este asunto. Acaba de poner cara a toda esa multitud de pediatras que se salta a la torera la evidencia científica, y eso es bueno. De hecho es muy bueno. Es genial.

Ahora es el momento del debate. Es el momento de que los profesionales de la ciencia le recuerden los consensos a los que han llegado y el porqué de sus recomendaciones. Es el momento de que las mujeres le informemos de por qué amamantamos, de lo que sentimos al amamantar, de por qué sentimos lo que sentimos al amamantar, de por qué tenemos derecho a sentir lo que sentimos, de por qué sentir lo que sentimos es bueno, saludable, conveniente y natural, mientras que lo que el supone correcto, es en realidad enfermizo, antinatural, aberrante y producto de una cultura concreta que ha dado lugar a una sociedad sexualmente mutilada y enferma. 

Es hora de que se hable abiertamente y entre todos de sexualidad, cultura, prejuicios, salud, biología, filosofía, sociología, política, etc... Es hora de poner todas las dimensiones de la lactancia encima de la mesa: las oficiales y las extraoficiales, las claras y las oscuras, las aceptadas y las rechazadas, las conocidas y las ignoradas. 

Para alcanzar la situación que todos queremos alcanzar, que no es otra que conseguir que cada mujer madre se sienta absolutamente libre, apoyada y respaldada en su lactancia, todos los actores implicados deben ser reconocidos e invitados al debate y, que duda cabe, el doctor Gonzalez Cano es el representante de un grupo importante que no puede, ni debe, ser ignorado. 

Así que, aunque acabe con la cara llena de leche (que no de leches, porque nosotras nunca nos defendemos a leches), gracias por dar la cara doctor, y bienvenido al debate. 

Ya estamos todos presentes y preparados. Comencemos a debatir de verdad. 



















miércoles, 4 de febrero de 2015

ÉRASE UNA VEZ................

ÉRASE UNA VEZ....... UNOS MÉDICOS ENGREÍDOS Y UNA CIENCIA NADA CIENTÍFICA

Érase una vez una sociedad que decidió separar a las criaturas de sus madres para obtener adultos sumisos al sistema. Convirtió a la mujer en sucia, impura, pecadora, defectuosa y débil, consiguiendo que se sintiera incapaz de parir, incapaz de criar o incluso incapaz de vivir sin una autoridad que le marcara el camino. Una autoridad masculina, por supuesto. 

Y es que mantener la autoridad del patriarca dentro del círculo familiar y la producción de herederos sumisos al sistema imperante pasaba por romper el vínculo más inmenso, sostenedor y protector que se puede formar entre seres humanos: el que se forma entre la madre y su hijo. Y así, las mujeres que ocupaban los puestos más altos en la escala social tenían prohibido criar a sus propios hijos, los cuales eran puestos en manos de nodrizas: mujeres de casta inferior destinadas al "nada valorado" y  vergonzoso (porque suponía fluidos, piel, tetas y pezones, o sea, cuerpo femenino) acto de amamantar y criar. El parto no lo pudieron transferir a las nodrizas, porque si lo hacían el bebé no llevaría la sangre "superior"  del patriarca y su mujer. Pero consiguieron interferir con el proceso del nacimiento lo suficiente como para poner en serio peligro la vida de madre e hijo (por lo tanto convirtieron el parto en un acto peligrosísimo que el médico debe controlar sí o sí) y conseguir que la madre no protestara cuando le separaran de su bebé y se lo dieran a otra mujer para su crianza. Ni que decir tiene que los bebés morían como moscas. 

Érase  otra vez que la misma sociedad, unos siglos más tarde, decidió que la mujer podía emanciparse de su padre/marido esclavizándose en el mundo laboral. Ahora ya no fueron sólo las aristócratas, tampoco la clase media ni la clase trabajadora tendría tiempo y derecho para criar a sus hijos, y la lactancia pasó a ser un estorbo inteligentemente solucionado por un sagaz empresario que descubrió un filón de oro adaptando la leche de vaca al consumo del bebé humano. Una adaptación defectuosa que costaría la vida y la salud a millones de criaturas ( y a sus madres). 

Érase una vez más que las madres, despojadas de sus atributos y habilidades naturales para la crianza de sus hijos durante tantos siglos, convencidas de que sus cuerpos eran sucios, defectuosos e inferiores a los productos del admirado y respetado intelecto humano (másculino, para ser más concretos) volvieron la mirada hacia los "expertos" en espera de recibir instrucciones de qué hacer y cómo hacerlo con sus retoños. Porque los bebés se morían, y ellas tenían miedo. 

Y ocurrió entonces que los "expertos", como eran tan sabios porque habían estudiado tanto y les llamaban "señor doctor", consideraron que eran mucho más inteligentes que miles de años de evolución y se otorgaron la autoridad de decirles a las madres cómo criar a sus hijos. Y así, mirando el mundo desde la estrecha ventana de su propia cultura, naturalizaron las costumbres culturales y - y aquí cometieron la más grande de sus aberraciones - normativizaron dichas costumbres en nombre de la respetable ciencia médica. Llenaron así la crianza de absurdas normas "racionales" nacidas de sus propios perjuicios personales y culturales, nunca convenientemente valoradas por el verdadero método científico y la ciencia basada en evidencia, la cual va mucho más allá de las fronteras del mundo de la medicina. 

Y érase de nuevo que un tal doctor Holtz tuvo la genial idea de poner por escrito todas esas "brillanteces", dando comienzo a los que durante el siglo siguiente sería uno de los negocios más rentables del mundo editorial: la literatura de crianza para padres. Y así, las bibliotecas de todos los hogares se llenaron de reglas estrictas en cuanto a la alimentación, el sueño y la crianza en general de los niños. Normas que nadie osó poner en duda porque las escribían los expertos en nombre de la ciencia médica. Gracias a todos estos doctos volúmenes divulgativos, millones de madres en todo el mundo dejamos que nuestros pechos se hincharán hasta producirnos fiebre porque "por la noche mejor destetar cuanto antes"  o "no hay que dar antes de dos horas porque si no no hace bien la digestión", dejamos llorar a nuestros bebés en la oscuridad de sus habitaciones para que desarrollaran "buenos hábitos del sueño", millones de niños murieron porque había que "acostarlos boca abajo" y debían "dormir solos", preparamos interminables papillas que teníamos que ofrecer a los 4 o 6 meses porque nuestra leche "ya no alimentaba", y nos desesperábamos cuando nuestro bebé escupía la papilla y lloraba reclamando teta, que le negábamos en nombre de la ciencia (la de nuestro pediatra o su último bestseller). 



ÉRASE UNA VEZ................ LA REALIDAD DESCUBIERTA EN LAS POYATAS


Pero a medida que el método científico y la ciencia multidisciplinar basada en evidencia afianzaron su poder dentro de la medicina, empezó a tambalearse todo este engreído positivismo. Desde mediados del siglo XX, momento en el que cientos de grupos de investigación empezaron a poner sobre la poyata todas esas prácticas que los pediatras habían convertido en normas, fue afianzándose la idea de que la gran mayoría de ellas eran más nocivas que beneficiosas. 

Al final la verdadera ciencia desenmascaraba a la pseudociencia nacida de la miopía cultural y el engreimiento clasista, devolviendo al cuerpo maternal su lugar de honor en el nacimiento y la crianza de sus hijos: dónde mejor están los bebés es sobre el cuerpo de su madre, bebiendo de su pecho, en contacto con su piel,  o sea, siendo amados por ella

Evidentemente esta revelación provocó una verdadera crisis dentro de la sociedad en la que la crianza de los hijos había sido relegada al último rincón de lo no valorado socialmente, mientras se exigía a las mujeres una masculinización en toda regla si querían ser personajes mínimamente presentes y presentables en la comunidad. Así apareció el feminismo anti lactancia, anti-amor maternal, anti-deseo maternal y anti-cuidado de los hijos que se enfrentó, y se enfrenta, con uñas y dientes al feminismo que reclama la feminización de la sociedad, la revalorización de la crianza y del papel del cuidador y, en resumen, la priorización del cuidado y del amor por encima de la mera producción. 

Pero en esta confrontación no debería entrar el mundo de los profesionales de la ciencia, especialmente los de la ciencia de la pediatría, la psicología o la obstetricia. No a nivel profesional, se entiende. Personalmente pueden hacer, decir o escribir lo que quieran. Pero cuando actúan (escriben, hablan o tratan) como pediatras, obstetras o psicólogos deben ceñirse a las evidencias científicas aceptadas por las sociedades profesionales a las que pertenecen o por las organizaciones internacionales de mayor autoridad. 

Ciertamente, esto es más fácil de decir que de hacer, porque si algo caracteriza al mundo científico es el debate y la falta de unanimidad a la hora de considerar lo que es o no una evidencia.  Y siempre habrá temas más polémicos que otros. En algunas áreas es realmente complicado encontrar una postura mayoritaria o realmente bien fundamentada. Todavía queda mucho campo abierto por explorar y la propia ciencia reconoce que es hija de su tiempo y de la cultura que la ha creado, por lo que no se desarrolla ni libre ni por encima de los determinantes culturales. Todos sabemos que los intereses económicos y políticos también impregnan no solo la investigación científica, sino también las sociedades científicas y médicas de las diferentes disciplinas. 

Un ejemplo de un tema controvertido y polémico lo tenemos en el tema del sueño infantil, área que soporta un inmenso peso cultural y en la cual existe un enorme debate en cuanto a las recomendaciones oficiales de cómo, dónde, cuánto y cuándo deben dormir los bebés y niños. Mientras que las evidencias científicas obligan a que en ciertos temas exista ya prácticamente unanimidad de criterios, en muchos otros todavía no hay un consenso generalizado. Por ejemplo, existen tremendas controversias sobre la seguridad de colechar con los menores de 3 meses, a pesar de que hoy en día ningún profesional puede ya discutir con las evidencias en la mano el hecho de que el colecho entre padres e hijos (por encima de los tres meses de edad) es una  práctica perfectamente conveniente y saludable, teniendo que admitir que el rechazo mostrado a esta práctica por los profesionales de la pediatría del siglo pasado  tenía su origen en motivos meramente culturales. 

Cuando un tema es tan polémico a nivel de los foros científicos, el experto se encuentra con una enorme dificultad a la hora de trasmitir información correcta y honestamente en los medios de comunicación dedicados a la divulgación sobre crianza para padres. A pesar de esta dificultad, cuando un profesional saca uno de estos temas de estos foros científicos para presentárselo a los padres con el fin de dar consejos y estrategias  de crianza, lo mínimo que debería hacer es comunicar el hecho de que existen posturas contrarias perfectamente fundamentadas. Así, en el tema del sueño infantil, de un discurso en el que sólo se hablaba de las maneras de conseguir el sueño en solitario a toda costa, dominante en el siglo XX, estamos pasando a una literatura mucho más abierta y moderada, en la que el experto (pediatra o psicólogo) admite la bondad de dormir con nuestros hijos, y cuando ofrece la posibilidad de estrategias para el sueño en solitario, la mayoría de las veces éstas ya no están basadas en dejar llorar al bebé en soledad. Esta forma de comunicación estaría en concordancia con la evolución observada en la literatura científica. Desgraciadamente todavía queda bastante literatura divulgativa, remanentes del siglo XX, con posturas rígidas y obsoletas de las manos de profesionales poco dispuestos actualizarse y progresar. Pero el cambio de tendencia es ya evidente y esperanzador. 

A pesar de que por su propia naturaleza la ciencia basada en evidencia invita más al debate que a la aceptación de verdades universales, existen áreas en el mundo de la pediatría dónde encontramos una sorprendente unanimidad. Un ejemplo representativo de ello sería la lactancia materna. Y es que todos los profesionales de la salud son conscientes, o deberían serlo, de hasta que punto los determinantes culturales han obstaculizado y puesto en peligro una de las principales funciones imprescindibles para la supervivencia de nuestros bebés: el amamantamiento. La lactancia materna ha sido una de las grandes víctimas de nuestra cultura, lo que ha supuesto un evidente peligro para la salud y el bienestar de nuestros hijos, no sólo a corto plazo, sino también a medio y largo plazo. Por eso, y a pesar de las enorme implicaciones políticas, sociales, culturales y hasta emocionales que supone una política de apoyo y defensa de la misma, las evidencias científicas son tan brutales y claras a favor de la leche materna y en detrimento de la leche adaptada, que desde la medicina sólo hay un mensaje ética y moralmente aceptable: La defensa a ultranza de la lactancia materna.  

Por eso, y a pesar de ir en evidente contracción con intereses económicos y hasta políticos, a día de hoy puedo asegurar que NINGUNA sociedad médica consideraría la lactancia materna inferior a la alimentación con leche de fórmula en ningún momento del desarrollo. De la misma manera NINGUNA sociedad médica propone un momento adecuado para destetar. TODAS hablan de un tiempo MÍNIMO de lactancia. Ninguna de un tiempo máximo de lactancia. TODAS aceptan que la lactancia materna supone enormes beneficios para la madre y el bebé, beneficios que aumentan con la duración de la lactancia. Esto es un hecho. Este hecho debería ser respetado por todos los profesionales de la pediatría que escriban, hablen o traten la lactancia materna con los padres. 



ÉRASE UNA VEZ.......................... LOS NUEVOS PROFESIONALES DEL SIGLO XXI


Si esto fuera así ya podríamos cerrar esta historia con un "colorín, colorado, este cuento se ha acabado" y ponernos a "comer perdices". Pero no. Todavía no se ha acabado el cuento. La libertad de las madres para saciar las necesidades primales de nuestros hijos sigue siendo coaccionada por los profesionales de la medicina o la psicología que nos ningunean, ridiculiza, humillan y mienten descaradamente, violando brutalmente las normas más básicas de su profesión. Profesionales que descubren en temas como el sueño infantil y la lactancia materna verdaderos filones de oro de los que sacar enormes beneficios a base de transmitir la información de manera sesgada y manipulada, cuando no mintiendo directamente,  y pasándose por "el ojete del culete" (con perdón) todas las evidencias científicas, junto con las recomendaciones oficiales de los organismos de más autoridad (a los que, por otra parte, pertenecen). Para estos profesionales yo exijo la destitución de sus funciones porque no hay derecho a que los tengamos que sufrir. Son un peligro, para nuestra salud y la de nuestros hijos. Algunos de ellos ocupan posiciones de poder en hospitales públicos. Me niego a pagar con mis impuestos el sueldo de semejantes peligros públicos

Pero, gracias a Dios, también están todos estos profesionales, cada vez más numerosos, visibles y conocidos, que desde su afán de conocimiento y su amor por los pacientes luchan cada día en su consulta o desde sus libros, sus charlas y sus apariciones públicas para ofrecernos a los padres todas las alternativas, toda la información y toda su enorme experiencia. Para ellos va mi enorme agradecimiento. Y es con ellos con los que quiero terminar este post. 

José María Paricio Talayero (pediatra), Carlos Gonzalez (pediatra), Rosa Jové (Psicóloga), Leslie Power (psicóloga), Inma Marcos (matrona), Adolfo Gómez Papi (pediatra), Ibone Olza (psiquiatra infantil), Carmela Baeza (médico, IBCLC), María Jose García Robles (enfermera), Ramón Soler (psicólogo), Mónica Serrano (psicóloga), Carolina Iglesias (matrona), Montse Lapastora (psicóloga), Anna Badia (psicóloga),  Silvia Fernández Sánchez (Pediatra e IBCLC), Margarita Tomico, (pediatra e IBCLC), Marta Blanco Herranz (enfermera), Armando Bastida (enfermero), Maisa Martínez de Alegría (enfermera e IBCLC), Belén Abarca Sánchis (enfermera e IBCLC), Laura Lecumberri Esparza (matrona), Gema Sanchez Bermejo (enfermera), Jaime García Aguado (pediatra), Teresa Escudero (médico de familia), Anabel Carabantes (matrona), Clara Camacho (psicóloga), Maria Teresa Hernández Aguilar (pediatra), Antonio Oliver-Roig (matrona), Rosario Cantó García (matrona), Rocío Martín Gil (médico anestesista e IBCLC) y Choni Gómez (matrona), Maite Valera (pediatra e IBCLC), Javier Navarro (pediatra),  Rafael del Pozo (médico defamilia), Jesus Garrido García (pediatra),  José Luis Gonzalo (psicólogo), Iris Raga (psicóloga),  Katalina Legarra (matrona),  Adelina Garcia (enfermera, IBCLC),  María García Franco (enfermera),Juan José Lasarte Velillas (pediatra),  Encarnación Zapata Callejón (psicóloga), Louma Sade Bujana (odontóloga), Carolina Jiménez Yuste (odontóloga),  Irene Iglesias Rubio (odontóloga), M Jesús Pedreño García (matrona), ,Iratxe Serrano Avila (pedagoga), Mariela Cacciola (psicóloga), etc... 

Sois todos los que estáis pero no estáis todos los que sois. Afortunadamente el número de profesionales excelentes es tan numeroso que mis contactos de facebook y yo (ellos me han propuesto muchos de los nombres aquí citados) no podemos conoceros a todos. Pero quiero que sepáis que nosotros, los padres, valoramos enormemente vuestro esfuerzo, confiamos plenamente en vuestra sabiduría y nos sentimos extremadamente agradecidos de poder contar con vosotros, vuestros conocimientos y vuestra experiencia en el cuidado de la salud de nuestros hijos. Sabemos que no siempre estáis reconocidos como os merecéis. Que muchas veces habéis sido claramente maltratados por este sistema de salud con intereses más económicos y políticos que humanos. Pero nosotros os reconocemos porque ya no somos una población idiotizada y asustada que traga con todo lo que le dan. En esta sociedad de la información, una población cada vez mejor informada y formada valora vuestro esfuerzo y vuestra excelencia.

Seguimos contando con vosotros. Gracias por estar ahí. 


domingo, 25 de enero de 2015

PARIR EN EL SIGLO XXI. Cambiando el Paradigma de la Atención al Parto

Sólo tenemos una oportunidad para nacer y la ciencia basada en evidencia reconoce que la manera en la que lo hacemos influirá en el resto de nuestra vida. Durante los últimos dos siglos la atención médica a los partos en nuestro sistema sanitario, además de carecer de fundamentos científicos, ha estado muy lejos de ajustarse a las verdaderas necesidades de la madre y su recién nacido. Afortunadamente, gracias a un importante esfuerzo de gobernanza tanto por parte de profesionales como de usuarias, en los últimos años estamos empezando a vivir en España un auténtico cambio de paradigma en el que el parto ha dejado de ser una patología que requiere intervención médica, y está empezando a ser tratado como lo que es: un proceso fisiológico, natural y perfectamente saludable.



Cuando Begoña llegó al hospital, pensando que estaba de parto, lo primero que recibió fue una bata verde y un enema. Tras la primera noche ingresada, sin informarle previamente y sin su consentimiento, la ginecóloga le rompió la bolsa durante la exploración. Desgraciadamente eso sólo sería el principio de una serie de procedimientos obsoletos y absolutamente contrarios a la evidencia científica más actual. A su parto no le faltó casi de nada: desde un flujo continuo de profesionales diferentes y desconocidos que la exploraron repetidamente durante aquellos dos largos días de dilatación (¿A quién le importa la necesidad de intimidad de la parturienta?), hasta el set completo de epidural (si las repetidas comprobaciones del cuello de útero dolían tanto ¿Qué no haría el bebé cuando pasara?), oxitocina sintética (“curiosamente” la dilatación no avanzaba), ayuno prolongado (por si acababa en cesárea), monitoreo continuado, inmovilización, medicación sin consentimiento ni información previa, prohibición de acompañante, episiotomía y uso de ventosa en el expulsivo. Precisamente en el expulsivo, tras cada pujo (que Begoña hacía siguiendo las indicaciones del personal  sanitario ya que era insensible a sus propias contracciones debido a la epidural) el médico iba repitiendo “venga, que no sale, nos vamos a cesárea”, no sé si como un equivocado intento de animar a la madre o para acabar de aterrorizarla y asegurarse la cesárea. Finalmente, gracias a que le dieron la oportunidad de un último empujón, Begoña no terminó sometida a una operación de cirugía mayor. Cuando su hija nació no hubo piel con piel, ni oportunidad de enganche temprano. Tenía la cabecita desollada por la ventosa. Se la llevaron, sin informar a dónde ni por qué, y no la vio hasta que la subieron a la habitación. Durante las horas siguientes la lactancia no funcionó. La bebé lloraba. Le ofrecieron biberón como solución. Ella se lo dio ¿Qué otra cosa podía hacer? Ellos eran los expertos. Ella la ignorante. Al día siguiente descubrieron que la nena tenía la clavícula rota. Le habían roto la clavícula en el parto. Ellos, los “expertos”.

Begoña compartió su experiencia de parto en su blog, Minibego el 5 de Septiembre del 2013. Tres años antes  otra madre, Susana Ferreiro, comenzaba un artículo publicado en la web de la asociación El parto es nuestro (EPN) con estas terribles palabras:

Maldito el día en que confié en nuestro inhumano sistema sanitario para la atención en el nacimiento de mi hija Eva”.

Otra mujer que recibió el pack completo, “….finalizando con expulsivo en litotomía, sin mi marido, con pujos dirigidos, episiotomía  y ventosa”. Buscando en internet o preguntando a nuestro alrededor podemos ver que estos testimonios no son excepcionales. Desgraciadamente, los partos traumáticos y maltratados, convertidos en verdaderas violaciones de la integridad y la dignidad de la madre y el hijo, y que además ignoran completamente la ciencia basada en evidencia, son escandalosamente frecuentes. Hoy en día estas prácticas se engloban con el térmico Violencia Obstétrica, que en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia publicada el 19 de marzo de 2007 se define como: 

La apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres” (Perez D’Gregorio, 2010). 

Pero, ¿De dónde viene esta dinámica de atención al parto tan adulterada y aberrante?  Desde luego, de la ciencia, no. Desde que Johnston y Sindall  demostraron en el año 1922 que el rasurado perineal previo al parto no comportaba ningún beneficio, en el que sería el primer estudio controlado perinatal (Johnston & Sindall, 1922), miles de publicaciones han puesto en evidencia que intervenciones de rutina como el rasurado, la episotomía, la rotura del saco amniótico, los enemas, la oxitocina sintética, el expulsivo en litotomía, la monitorización continuada, la separación del recién nacido de su madre para realizarle intervenciones como absorberle por sonda las mucosidades o bañarle, no solo son innecesarias en la gran mayoría de casos sino que pueden ser contraproducentes al interferir con el proceso fisiológico natural. Actualmente ya nadie pone en duda que la violencia obstétrica es causa de efectos indeseables a corto y largo plazo en la madre y el bebé: desde los más evidentes, como el trastorno de estrés postraumático (Bailham & Joseph, 2003) o problemas en el establecimiento de la lactancia, hasta los más sutiles como cambios en el desarrollo cerebral del propio bebé (Simon-Areces et al, 2012; Wismer Fries et al, 2005). 

Desgraciadamente - y a pesar de que las evidencias científicas que han revelado la improcedencia de muchos de los procesos protocolizados ya peinan canas, con casi un siglo de investigación perinatal - la violencia obstétrica es todavía frecuente. De hecho, los propios profesionales reconocen que han sido lentos en convertir las evidencias en prácticas (Enkin, 1996). En España tuvimos que esperar hasta el año 2007 para ver publicada por primera vez una estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica. Un documento nacido, en gran parte, gracias a la presión de las propias usuarias de los servicios sanitarios que, organizadas en asociaciones como EPN o la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento, han obligado a médicos y políticos a replantearse la atención al parto en nuestro país. La situación era insostenible y debía ser cambiada.

En la realización de este documento participaron todos los actores implicados en la atención al parto: ginecólogos [entre otros, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)], matronas [entre otros, la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) y  la Asociación Española de Matronas] y mujeres (entre otros, EPN, La Liga de la Leche  y la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento). El resultado de este ejercicio de gobernanza, orquestado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, fue una guía con recomendaciones que, convenientemente respaldadas por la ciencia basada en evidencia, estaban dirigidas a implementar el respeto por el proceso fisiológico natural del parto y del post-parto por parte del personal sanitario, evitando una medicalización innecesaria que interfiriera con el desarrollo saludable del mismo y provocara una cadena de intervenciones (cada una con la intención de resolver el problema que ha creado la intervención anterior) las cuales frecuentemente interrumpen definitivamente el proceso natural, obligando a la realización de un parto instrumentalizado o una cesárea. Se trata, por lo tanto, de evitar que un proceso fisiológico saludable acabe convertido por defecto en un proceso patológico. Parir no es una enfermedad, pero muchos profesionales sanitarios se enfrentan a un parto como si lo fuera.  

Como suma a esta Estrategia, y en el marco del Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo, se inició en 2006 un Programa de elaboración de Guías de Práctica Clínica (GPC) basadas en la evidencia para la ayuda en la toma de decisiones clínicas. El Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, y la Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia-Avalia-t firmaron un convenio de colaboración para el desarrollo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, publicada en el año 2010, en la que colaboraron los mismos grupos de profesionales y usuarias antes citados, y en el que podemos leer recomendaciones similares a las expuestas más arriba.


Pero a pesar de este importante esfuerzo de gobernanza, la presencia en la actualidad de violencia obstétrica en la atención al parto en España queda perfectamente reflejada en las estadísticas de los indicadores analizados en informes como EUROPERISTAT (European Perinatal Health Report), realizado por La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [The Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD)]. En una nota de prensa publicada en mayo del año 2013, la asociación EPN muestra su preocupación por las conclusiones de dicho informe, en el cual se refleja que España es  un país especialmente intervencionista. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) tenemos muchas más cesáreas de las que deberíamos (22.2% en hospitales públicos y 25.3% considerando también los centros privados). EPN destaca en su documento nuestro elevado porcentaje de inducciones y episiotomías y que somos el segundo país europeo en partos instrumentalizados. También resalta la ausencia de información estadística sobre algunos indicadores de gran interés que sí son recogidos de manera rutinaria en varios países de nuestro entorno, y que ya fueron enumerados en la estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica publicada el año 2007.

Cómo ya hemos comentado, los propios profesionales sanitarios admiten que el campo de la obstetricia es uno de los más lentos en reaccionar ante las evidencias científicas. En palabras de Enkin (Enkin, 1996):

“De todas las especialidades médicas es en la obstetricia y la ginecología donde es menos probable que la práctica clínica esté apoyada por evidencia científica”.

¿A qué puede deberse este fenómeno?  ¿Por qué a pesar de más de cien años de investigación perinatal, de las recomendaciones de la OMS  o de las guías de actuación publicadas por los organismos oficiales, muchos profesionales sanitarios siguen poniendo en práctica protocolos innecesarios, peligrosos, nada científicos y absolutamente indignos para la madre y el hijo? ¿Qué hay detrás de esta reticencia a aplicar unas recomendaciones escritas y avaladas por los más prestigiosos profesionales y respaldadas por la más estricta ciencia basada en evidencia?

En un primer análisis, la observación de que las clínicas privadas tienen muchas más cesáreas que las públicas y de que las cesáreas son mucho más caras apunta hacia motivos de interés económico, ya que el parto natural no intervenido sería el que menos beneficios aportaría a los profesionales médicos y al centro sanitario. La reciente protesta de los ginecólogos del Hospital materno-infantil de Málaga por la aplicación de una de las recomendación aparecida en la guía de atención al parto normal, la cual deja los partos normales en manos de las comadronas, también pone al descubierto una lucha de poder que no sólo tiene repercusiones económicas sino también políticas.

Pero algunos especialistas van mucho más allá en su análisis. Mónica Felipe-Larralde, licenciada en derecho y experta en género y salud, autora de varios libros sobre feminidad y maternidad, opina que existe un indiscutible sesgo de género en esa resistencia mostrada por parte de un gran número de profesionales a adaptarse a las recomendaciones oficiales:

La medicalización de un proceso fisiológico como el parto continúa ofreciendo una mirada distorsionada del cuerpo de la mujer. A las mujeres, nos invita a desconfiar de nuestro cuerpo, alejándonos de nuestras fortalezas y capacidades. Mientras que a los profesionales, les posibilita sostener el control y el poder sobre un territorio sobre el que tradicionalmente han tenido potestad”.

El cuerpo de la mujer es considerado incapaz, defectuoso, sucio, imperfecto, y la ciencia médica debe intervenir para solventarlo.

La medicalización del proceso de parto responde a un imaginario colectivo trazado sobre el cuerpo de la mujer y sus competencias”.

Superar esta dinámica de actuación será imposiblesin un ejercicio colectivo e individual de revisión del miedo, los roles de género y los patrones asimétricos de poder”.


La psiquiatra Ibone Olza, cofundadora del foro Apoyo cesáreas y de la organización EPN, también opina que hará falta mucho más que evidencias científicas y recomendaciones oficiales para solucionar esta situación. En una ponencia realizada en el XIII Congreso de la Federación de Asociaciones de Matronas (FAME), celebrado en el año 2014 en Bilbao, Olza asegura que no sólo las mujeres y los bebés se sienten atrapados en esta dinámica indeseable. Los mismos profesionales son también víctimas de la violencia obstétrica. Para que mejore significativamente la atención al parto “es preciso un cambio de conciencia, que necesariamente tiene que pasar por permitir que los profesionales expresen su dolor y generar espacios de sanación”.

Por lo tanto, observamos que para conseguir un verdadero cambio de paradigma en la atención al parto en nuestro país (como en la gran mayoría de países industrializados) hay toda una serie de factores culturales, emocionales, políticos y económicos que tendrán que ser reconocidos y convenientemente abordados. Un esfuerzo considerable que todos, madres,  hijos y profesionales, nos merecemos.

A día de hoy podemos afirmar que desde los diferentes sectores implicados – instituciones, personal sanitario y usuarias – ya se está trabajando por que las cosas cambien. Los procesos de gobernanza que han dado lugar a las guías de atención son un buen ejemplo de ello. Y por suerte, a pesar de la enorme inercia del sistema y de la reticencia todavía presente en los sectores de la ginecología más conservadores, las cosas están cambiando, lenta pero significativamente. Esta evolución se refleja en muchos testimonios de partos realizados en hospitales dónde hace unos años hubiera sido imposible esperar un parto respetado. En la actualidad podemos tener la esperanza de que en un futuro cercano lo normal sea escuchar experiencias de este tipo:

Dilaté relajada, bailando al son de mi música favorita en la intimidad de una habitación donde nadie me estorbó ni me toco más de la cuenta. No dolió. Mi comadrona llegó en el momento justo. Un sólo tacto: 8 cm. Unas contracciones más. Diez minutos más tarde. De rodillas. Animada por las palabras justas. Arropada por la seguridad de una gran profesional y el amor de mi marido. Con toda la fuerza del universo concentrada en mi vientre. Así nació mi hijo. Ella lo recogió y lo dejó entre mis piernas. Nunca imaginé que una criatura pudiera ser tan magníficamente hermosa. Me levanté con él en brazos preguntándome por qué no estaba extenuada, por qué no había sentido esa sensación de "morir" de mis partos anteriores. Estaba de pie, con mi niño en mis brazos. El cordón todavía dentro. Ni siquiera me sentía cansada. Me tumbé para esperar a que saliera la placenta. Unos segundos más. Casi ni perdí sangre. Mi niño me miraba con un ojito abierto y el otro cerrado. Una intensidad impresionante. En algún momento se enganchó al pecho y allí se quedó hasta que ya no quedó más remedio: había que pesarlo, vestirlo y subir a la habitación. Nunca, y digo NUNCA, me separaron de mi hijo. NUNCA.”

Este es un ejemplo de parto natural, respetado, dónde los profesionales actuaron según todos los principios de la ciencia basada en la evidencia. Esa es la clase de atención al parto a la que todos, madres e hijos, tenemos derecho.  La existencia de organizaciones como EPN así como de profesionales del más alto nivel comprometidos con este cambio, trabajando por identificar correctamente los problemas y abordándolos en toda su complejidad con rigurosidad y profesionalidad, nos ofrece esperanzas fundadas de que en un futuro próximo ninguna madre tendrá que maldecir el día en el que confió su parto a nuestro sistema sanitario.


BIBLIOGRAFÍA

· Bailham D, Joseph S. Post-traumatic stress following childbirth: A review of the emerging literature and directions for research and practice. Psychology, Health & Medicine. 2003; 8(2): 159–168.

· Enkin MW. La necesidad de la obstetricia basada en la evidencia. Evidence based medicine. 996; 1: 132.

· Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre atención al parto normal. Guía de Práctica Clínica sobre la atención al parto normal. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del País Vasco (OSTEBA). Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia (Avalia-t). 2010. Guías de Práctica Clínica en el SNS: OSTEBA Nº 2009/01

· Johnston RA, Sidall RS. Is the usual method for preparing patients for delivery beneficial or necessary? Am J Obstet Gynecol 1922; 4:645-50.

· Perez D’Gregorio, R. (2010). Obstetric violence: A new legal term introduced in venezuela. International Journal of Gynaecology and Obstetrics: The Official Organ of the International Federation of Gynaecology and Obstetrics. 2010; 111(3): 201-202.

· Simon-Areces J, Dietrich MO, Hermes G, García-Segura LM, Arevalo MA, Horvath TL. Ucp2 Induced by Natural Birth Regulates Neuronal Differentiation of the Hippocampus and Related Adult Behavior. PLOS ONE. 2012; 7(8): 42911- e42911.


· Wismer Fries A, Ziegler T, Kurian JR, Jacoris S, Pollak D. Early experience in humans is associated with changes in neuropeptides critical for regulating social behaviour. PNAS, 2005; 102( 47): 17237-17240.

· World Health Organization. Evidence for the ten steps to successful breastfeeding. Geneva: The Organization; 1998. Web site:www.who.int/child-adolescent-health/New_Publications/NUTRITION/WHO_CHD_98.9.pdf (accessed 6 Sept 2007).
























María Berrozpe Martínez, PhD


jueves, 15 de enero de 2015

MADRE TIERRA


Madre tierra: ¿Estamos preparados para evolucionar?

una publicación de Vika Juele.