domingo, 11 de junio de 2017

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.

Mucho ruido y pocas nueces. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con el polémico (y mediocre) artículo de Paul et al. que pretendía cuestionar las recomendaciones de compartir habitación lanzadas a la sociedad por la academia de pediatría más poderosa del mundo: la American Academy of Pediatrics (AAP).

Finalmente yo sigo sin entender como Pediatrics (la revista de dicha academia) ha aceptado un artículo tan limitado y mal diseñado, pero al menos la reacción de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome (el grupo de trabajo contra la muerte súbita del lactante) de dicha academia sí es digna de resaltar porque deja en evidencia la lenta pero continua consolidación de lo que yo considero como la nueva corriente multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil dentro de sus filas. 

Lo que quiero decir con esto es que si hasta ahora todas las recomendaciones de la AAP sobre el sueño infantil se basaban en la "pediatría tradicional del sueño", para la cual el sueño del bebé durmiendo en solitario y sin lactancia materna es el modelo de sueño saludable, poco a poco empiezan a consolidarse los trabajos de autores que investigan desde otra perspectiva, más abierta a los conocimientos de disciplinas como la antropología y la biología evolutiva, y que nos enseñan que la manera natural de dormir del bebé humano es en íntimo contacto con su madre y, por lo tanto, ese es el modelo de sueño saludable en el que se deberían basar todas las investigaciones. Y lo mejor es que estas nuevas investigaciones empiezan a influir en el criterio de los que realizan las recomendaciones.

Hasta ahora siempre he pensado que los miembros de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome eran el ejemplo perfecto de expertos de la "vieja escuela", más que nada por su rechazo unilateral al bedsharing, o colecho con el bebé compartiendo cama. Pero he aquí que en la respuesta de dos miembros del grupo, Moon y Hauck, al artículo de Paul et al, puede leerse un avance importante hacia mi esperado cambio de paradigma. En primer lugar, se esfuerzan mucho en defender el Roomsharing, algo que me sorprende ya que utilizan argumentos antes utilizados por los que más critican su aversión al Bedsharing, como la importancia de la lactancia materna (que se ve beneficiada con la cercanía entre madre y bebé por la noche), y la incertidumbre sobre si realmente es seguro y apropiado que un bebé de 4 meses tenga un sueño consolidado, teniendo en cuenta de que las evidencias apuntan a que no lo es

Pero la guinda del pastel es que ya por segunda vez (la primera fue en la actualización de sus recomendaciones oficiales, pero muy sutilmente) abren la puerta a la posibilidad de que realizar bedsharing sea, en ciertas circunstancias, la posibilidad más segura para el bebé. 

Ante la advertencia de Paul et al. de que los padres que comparten habitación con su bebé tienen más posibilidades de meterlo en su cama en algún momento de la noche, en contra de las recomendaciones de la Task Force on Sudden Infant Death Syndrome, y que esa es una razón de peso para sacar al bebé de la habitación lo antes posible, Moon y Hauck responden: 

Esto es realmente preocupante y refuerza la necesidad de que los profesionales de la salud hablen con los padres sobre la importancia de preparar la cama de los adultos proactivamente ante la posibilidad de que se practique el Bedsharing en  medio de la noche. En las recomendaciones para un sueño seguro del año 2016 se reconoce que los padres pueden llegar a dormirse con sus bebés mientras los alimentan, por lo que se recomienda que se quiten almohadas, mantas y otros equipamientos de la cama adulta si existe la posibilidad de que esto ocurra. 

Esto viene de decir que ante el riesgo de que los padres por compartir habitación aumenten la probabilidad de meterse al bebé en su cama, es más recomendable para la seguridad del bebé preparar la cama para que se coleche con seguridad que sacarlo de la habitación.

Y esto, conociendo el desarrollo histórico de la investigación sobre muerte súbita del lactante y las diferentes recomendaciones realizadas a lo largo del siglo XX, es un gran paso hacia el cambio de paradigma, esto es, el ejercicio de una pediatría del sueño más independiente de los prejuicios culturales, morales, religiosos y económicos y mejor informada sobre la naturaleza humana y, concretamente, la diada madre/bebé. 

Os podrá parecer un avance pequeño, pero llevo tantos años leyendo artículos diseñados por y para la vieja escuela, que este paso en lo que yo considero la dirección correcta me llenan de esperanza. Así que a pesar de que Pediatrics ha aceptado esta vergüenza de artículo y, encima, la AAP le está dando bombo; a pesar de que los medios están divulgando con la falta de rigurosidad y honestidad que les caracteriza; a pesar de los pesares, que Moon y Hauck no aprovechen este trabajo para echarse directamente para atrás recomendando que el bebé duerma en otra habitación, y en lugar de ello defiendan el compartir habitación con él usando argumentos de los defensores del colecho, es una noticia estupenda.

Mi agradecimiento y admiración por todos estos investigadores como McKenna, Ball, Gettler, Blair, Bergman, Olza, etc., que hacen ciencia en contra del sistema establecido y, poquito a poquito, están consiguiendo el cambio. 

viernes, 9 de junio de 2017

5 RAZONES POR LAS QUE NO DEBES DORMIR CON TU HIJO


1- Porque es una norma instaurada en nuestra sociedad occidental industrializada hace a penas unos centenares de años por las razones que tan bien resume James Mckenna en una tabla en una de sus revisiones, y que te adjunto a continuación.  Ninguna tiene nada que ver con la evidencia científica. 





























2- Porque para algunos profesionales de la pediatría del sueño, el hecho de que dormir en compañía de su madre (recibiendo lactancia a demanda) sea la manera natural de dormir de la criatura humana les trae al pairo, y les parece un argumento que peca de naturalismo (esto es, pensar que lo natural es siempre mejor que lo artificial).

3- Porque la pediatría del sueño occidental ha naturalizado el sueño en solitario (esto es, investiga y actúa como si dormir en solitario y sin recibir lactancia manera sea la manera natural de dormir del bebé humano y, por lo tanto, el modelo de sueño saludable). Trayéndole al pairo el punto dos. 

4- Porque interfiere en tu relación de pareja. Aunque, claro, tener un hijo en sí interfiere muchísimo en la relación de pareja. Yo que tú me lo pensaría porque en cuanto llega el bebé estará presente en tu vida las 24 horas del día los 7 días a la semana, aunque intentes huir de él por la noche cerrando la puerta de su cuarto. Y nada será lo mismo, lo que no es obligatoriamente malo. 

De hecho, cuando te dejas (al fin) llevar por la evidencia de que tu hijo necesita estar contigo por el día y por la noche, es alucinante. Intenso y alucinante. Y dormir con él durante esos poquísimos años que dura su infancia (que será el tiempo que él querrá dormir contigo) te proporcionará y le proporcionará experiencias preciosísimas de amor, calor, emociones, abrigo, regazo, olor a bebé y olor a mamá, olor a teta, olor a cabecita de bebé, olor a cabecita de niño que ha pasado toda la tarde en el bosque, y "mamá te quiero"s a las tantas de la madrugada, precedidos por ese "mamá teta" que a veces tanto temes (además de dormir rebozada por niños, si tienes más de uno, o en los 10 cm del extremo de la cama, aunque esta mida 3 metros, y levantarte algún que otro día mojada por el pipí de tu minicompañero de almohada).

Cierto que el sexo con tu pareja podrías hacerlo en otro sitio diferente a la cama matrimonial, o cuando el bebé está en sueño profundo, o a cargo de la abuela (es cuestión de imaginación) y dejar la susodicha cama matrimonial y las horas de sueño como cama y sueño para todos, y acumular amor y calor familiar las 24 horas del día. (Y funciona. De hecho, nosotros con ese método hemos hecho 2 bebés más). Pero vamos, que todo lo anterior tal vez no te compense el no poder echarte unos polvos y quedarte dormido sin tener que cambiar de sitio, y sea mejor perderte el colecho con tu criatura y estar lidiando con ella unos cuantos años hasta que le convences que ¡a dormir a su cuarto!, faltaría más que ahí mandas tú y a ver si se te va a subir a la chepa. 

Hay por ahí unos métodos con los que aprendes a ignorar su llanto y desconectarte de sus sentimientos (y los tuyos), vendidos por unos doctores que te quitarán la culpa con cuatro palabras bien dichas apoyadas en esa ciencia que naturaliza el sueño en solitario. Sí, esa ciencia que está siendo desenmascarada y desplazada por la otra ciencia del sueño infantil de más reciente producción, la que hacen los investigadores que denuncian dicha naturalización y hablan de las necesidades primales del ser humano. Y que encima no venden nada, porque se les ve muy poco en los medios de comunicación de masas, y como el colecho no da beneficios económicos, pues se quedan así, a dos velas y sin ganarse un extra vendiendo métodos de adiestramiento, lociones, medicamentos, hierbecitas, yogures y leches "maternizadas" especiales para la noche (dicen que les añaden triptófano y tal) y artefactos que vibran, laten y hacen shhhhhhhhhhhhh para que el bebé se duerma.

5- Porque en los viejos estudios científicos sesgados e imprecisos (ni siquiera diferencian entre los tipo de colecho ni las motivaciones para realizarlo) concluyen que colechar es malísimo para todos y para todo. Estudios más recientes, más rigurosos, objetivos y precisos, aseguran que el colecho intencionado es bueno para padres y bueno para hijos, pero eso lo ignoran los pediatras que te venden los métodos de adiestramiento mencionados en el punto 4. Y si ellos que saben mucho porque pertenecen a todas las asociaciones del sueño planetarias, los ignoran, por algo será. Aunque el "será" tenga más que ver con sus intereses económicos y prejuicios culturales que con su vocación científica. 

Y por último, si las cinco razones no te convencen, pues solo te quedan dos opciones:

1- No coleches porque no te sale de......... sin más. Si no te da la gana, pues no te da la gana. Faltaría más. 

2- Colecha y colecha con placer. Disfrútalo intensamente. Dura muy poco. Tal vez haya noches largas, pero los años son muy cortos




jueves, 8 de junio de 2017

DORMIR CON EL BEBÉ: ¿SÍ O NO?


Hasta ahora la Academía Americana de Pediatría lo tenía bastante claro: aunque son extraordinariamente reticentes a que el bebé humano duerma en su localización natural ―esto es, en íntimo contacto con su madre―, al menos recomendaba que durmiera con ella en la misma habitación (o que sus padre o cuidadores principales), ya que el riesgo de muerte súbita desciende muy significativamente. Y esto a pesar de su visión "tradicionalista" del sueño infantil, profundamente criticada por muchos autores que defienden un abordaje más mustidisciplinar y abierto.

Pero parece que esta concesión (a medias) a la necesidad primal de nuestras criaturas de dormir al menos cerca de su madre todo un año enterito les picaba, y ya tenían ganas de poner los límites más pronto. Porque, si no, no se entienden que en su revista principal, Pediatrics, una de las más influyentes internacionalmente (si no la más) en el mundo de la pediatría, hayan publicado un artículo tan pobre, cuestionable y sencillamente mediocre como el que saldrá en Julio de este año, y que (desgraciadamente) ya podemos encontrar on line: 


Un artículo que de haber demostrado lo contrario de lo que piensan que han demostrado, por su diseño y metodología no lo publican ni en la "Revista de pediatría integral desorganizada y absurda de Villaqueteempujodeabajo"(*), pero como concluye lo que concluye  no sólo ha sido publicado en una de las revistas de más factor de impacto, sino que ya está siendo divulgado a diestro y siniestro por todos los medios de comunicación con secciones dedicadas a los padres.

Y os preguntareis ¿que concluye el dichoso artículo que María está que se sube por las paredes? pues que los bebés y sus padres duermen mejor en habitaciones diferentes, y que no es necesario que duerman "todo" un año juntos porque el 90% de las muertes súbitas ocurren los 4 primeros meses.

Este mensaje a los medios les ha encantado, por supuesto, porque encenderá debates, likes y shares por doquier. Y que salga en la venerada Pediatrics le da su (inmerecido) certificado de calidad. Ya veo a ciertos divulgadores sobre el sueño frotándose las manos porque tienen otro artículo "publicado en una revista muy importante" para apoyar sus (más que muy moral y científicamente cuestionables pero extraordinariamente rentables) métodos de adiestramiento del sueño en solitario. 

Pero dejadme explicar por qué este artículo es mediocre y nunca debería haber sido publicado en una revista de la categoría de Pediatrics. De hecho, os voy a explicar a fondo una sola razón. Hay más, porque el enfoque completo del trabajo es más que cuestionable, pero esta razón principal la vais a entender rápidamente y me sirve como ejemplo perfecto de lo chapuzas que son muchas veces los investigadores en sus ganas de demostrar sus hipótesis a toda costa, y de cómo los intereses culturales, sociales y hasta económicos son capaces de comprar incluso el respetado, y supuestamente objetivo e independiente, sistema de "peer review" (revisión por pares) de las publicaciones científicas.

El quid de la cuestión para mí es el siguiente: Todo el trabajo se basa en cuestionarios. No hay ni una sola medida objetiva del sueño de los bebés. 

¿Y por qué es esto tan importante?

Imaginad que un científico quieren saber como cantan una muestra de niños. Si cantan fuerte o cantan bajito. Se supone que cantar fuerte es malo porque irrita las cuerdas vocales. Para saberlo, en lugar de oír cantar a todos los niños lo que hacen es preguntar a los padres. Pero los niños están divididos en dos grupos: los niños de un grupo cantan en la misma habitación que los padres y los del otro grupo en una habitación diferente. Después preguntan a los padres como han oído el canto de sus hijos, si fuerte o bajito. Los padres cuyos hijos estaban en otra habitación oyen el canto significativamente más bajito que los que tienen al niño en la misma habitación. Entonces los investigadores concluyen que los niños que cantan en una habitación separada de las de sus padres cantan más bajito, por lo que dañan menos sus cuerdas vocales. En estas circunstancias no pueden sino recomendar que los niños nunca canten cuando se encuentran en la misma habitación que sus padres. 

Los autores de nuestro artículo protagonista han hecho exactamente lo mismo. Sí, así de surrealistas pueden ser algunos estudios científicos. 

Tal vez penséis que ésta es una comparación exagerada (¡los niños están durmiendo, no cantando!), pero fijaos: en el estudio en cuestión los investigadores valoran el sueño infantil mediante cuestionarios a los padres para comparar la calidad del sueño entre los  niños que duermen en la habitación con sus padres o en otra habitación, y llegan a la conclusión de que como los padres reportan más sueño nocturno y periodos de sueño sin interrupción más largos en los niños que duermen en otra habitación, estos realmente están durmiendo mejor, asumiendo por defecto que los padres que duermen separados de su bebé tienen la misma capacidad de valorar su sueño (en cantidad y calidad) que los padres que duermen con el bebé al lado. Y eso, señores, me parece a mí que es mucho asumir, sobre todo cuando las evidencias apuntan exactamente a lo contrario, ya que está demostrado que los padres que duermen lejos de sus hijos no tienen una apreciación realista de su sueño (o de las interrupciones del mismo: no siempre que el bebé está despierto los padres lo oyen). Por su naturaleza y objetivos este trabajo debería haber incluido obligatoriamente una medida objetiva del sueño infantil. Como mínimo la actigrafía, aunque dadas las limitaciones de esta técnica, especialmente con niños, hubiera sido mucho mejor una grabación con cámara de vídeo. Pero no lo han hecho.

Así que aunque los autores aseguran haber demostrado que los niños duermen más tiempo por la noche y periodos más largos de sueño seguido (a diferentes edades que van entre los 4 y los 12 meses, pero no quiero entrar en detalle), lo cierto es que solo han demostrado que los padres tienen esa apreciación. Claro, ellos reconocen esta limitación, pero no le dan importancia argumentando que los despertares que ocurren cuando bebé y padres comparten habitación ocasionan intervenciones no necesarias de los padres, afectando su sueño, y que es por eso por lo que los padres se quejan en la consulta del pediatra, por lo que es lo único relevante. O sea que, por delante de como duerma el niño, lo que realmente importa aquí es el sueño de los padres. Digo yo que, entonces, no pueden concluir ―tal y como hacen― que el niño duerme más y mejor, sino que los padres se enteran menos de (y por lo tanto intervienen menos en) los problemas de sueño de su hijo, y eso les permite dormir mejor. Y me pregunto por qué no dicen las cosas claras ajustándose a lo que realmente han observado. Será que vende menos esta versión más realista de sus conclusiones, ya que podría ser bastante cuestionable animar a los padres de bebés de 4, 6 o 12 meses a dormir lejos de sus hijos para que no se enteren cuando estos tienen problemas de sueño

Hay más limitaciones y muy importantes, pero me alargaría demasiado si las analizara aquí todas. De momento os cito brevemente algunas de las preguntas abiertas con las que me deja este artículo:
  1. ¿Cómo pueden asegurar los autores que las características del sueño que supuestamente tienen los bebés que duermen en solitario son más saludables que las de los niños que comparten habitación? Sí, ya sabemos que dormir bien y lo suficiente es importante. Pero ¿cual es ese "bien" y "suficiente" para la cría humana? Porque hasta ahora no veo que se haya demostrado que un sueño consolidado a los 4 meses sea más saludable que el sueño natural de los bebés que duermen como deben, esto es, en contacto con su madre y mamando a demanda (el, espero que ya famoso, Breastsleeping de McKenna). Este artículo, por lo tanto, parte de la naturalización del sueño en solitario realizada por la pediatría del siglo XX y ya denunciada por McKenna a principios del XXI. Una vez conocida la situación no veo que los que tanto defienden esta manera antinatural de dormir se molesten en comprobar si supone realmente un beneficio en el desarrollo físico, cognitivo o emocional del bebé, más allá de si los padres duermen mejor o peor lo que, dicho sea de paso, no depende tanto de la localización del sueño como de las expectativas que la pediatría del sueño nos mete en la cabeza
  2. ¿Como afecta a la lactancia a medio y largo plazo el sueño en solitario? Ya observan menos tomas nocturnas en los que duermen solos, lo que era esperable. Esta imposición del sueño en solitario tan temprana podría dificultar enormemente el establecimiento y continuación de la lactancia materna, tan fundamental para la salud de la diada madre/bebé. Algo muy importante a considerar si pretenden cambiar las recomendaciones oficiales sobre el sueño, especialmente porque en nuestra sociedad no se cumplen las recomendaciones oficiales sobre la duración de la lactancia materna ni de lejos. Digo yo que, para lanzar recomendaciones oficiales, no todo puede depender de que los padres duerman mejor si su hijo está en otra habitación. Porque esto nos lleva a la siguiente cuestión:
  3. ¿Qué pasa con todos esos beneficios, algunos ya descubiertos (favorece la lactancia materna, cambia la arquitectura del sueño de la madre y el bebé, para ciertos grupos de madres supone un mejor descanso, el bebé está más relajado, llora menos y se mueve menos, etc.) y otros todavía por descubrir, que son consecuencia directa del colecho entre madre y bebé? Pues pasa que en este artículo "se los pasan por el forro". O sea, los ignoran. Pero nunca debería ignorarse esta realidad tan compleja a la hora de recomendar a la población donde debe dormir sus hijos, digo yo. 
  4. Por otro lado, argumentan que como el 90% de las muertes ocurren los primeros 4 meses de vida y por eso no tiene sentido alargar más el dormir en la misma habitación con el bebé. Pero, ¿Sabemos acaso el peso que tiene el sueño en solitario como factor de riesgo en la población de bebés mayor de 4 meses? Yo no lo sé, y no sé si ellos lo saben o ni siquiera consideran la posibilidad de que poner a los bebés a dormir solos a partir de los 4 meses aumente significativamente la frecuencia de muerte (sea síndrome de la muerte súbita u otro tipo de muerte inesperada y súbita del lactante) a partir de esta edad. En cualquier caso, aunque solo un 10% de las muertes súbitas del lactante ocurran a partir de los 4 meses, si dormir en solitario aumenta significativamente el riesgo no debería ser ignorado a la hora de recomendar el sueño en solitario por la (supuesta) comodidad de los padres.
  5. Y por último: ¿Cómo pueden seguir publicándose artículos sobre el sueño infantil tan escandalosamente sesgados por los valores culturales del sector dominante de la sociedad occidental industrializada, y que se empeñan en convertir en evidencias científicas lo que ni de lejos lo son? Ya desde el principio del artículo el sesgo cultural es inaceptable: desde la advertencia a los padres de que si no sacan a los bebés a dormir fuera de su habitación antes de los 12 meses luego les costará mucho más, hasta la exclusión intencionada del colecho en la misma superficie (bedsharing), porque va en contra de las recomendaciones de la AAP. También asumen que un factor negativo de tener al bebé en la misma habitación es que hay más probabilidades de que se lo metan en la cama, considerando este comportamiento como "de riesgo" e ignorando observaciones como la realizada en un estudio reciente de Blair, en la que podemos apreciar como a partir de los 4 meses el colecho realizado en la misma cama en condiciones seguras es un factor preventivo de muerte. 
En conclusión: cuando veáis en los próximos días titulares asegurando que la evidencia científica dice que hay que sacar a los bebés de la habitación cuanto antes, no os los creáis. Están basados en un estudio mediocre, con un sesgo cultural en su diseño e interpretación inaceptable, posiblemente publicado en una revista de alto impacto por las limitaciones de un sistema, el de revisión por pares, que no escapa a la compleja realidad de la ciencia como mero producto de la sociedad que la crea y, por lo tanto, sujeta a sus determinantes culturales e intereses varios.

Artículo de interés:

EL BEBÉ DEBERÍA DORMIR EL PRIMER AÑO EN LA HABITACIÓN DE SUS PADRES. LOS EXPERTOS DE LA AAP SE REAFIRMAN EN SU RECOMENDACIÓN.












(*) La bromita viene a que en el mundo de las publicaciones científicas cuanto más local es una revista científica y más largo su nombre, generalmente menos impacto (y por lo tanto calidad) tiene. 

sábado, 3 de junio de 2017

LLORAR NO ES MALO. DEJARLES LLORAR, SÍ.



Todos sabemos que en la vida hay lobos con piel de cordero, o manos de hierro con guantes de terciopelo. Pero yo todavía me sorprendo cuando encuentros casos como el que os voy a explicar hoy.

Ayer Sibylle Lüpold, enfermera, IBCLC y especialista en sueño infantil, con la que tengo el honor de colaborar profesionalmente, me preguntaba si conocía a Kel Whittaker, una profesional con extensa formación en la salud infantil fundadora de Institute of Sensitive sleep consulting (Instituto de la consultoría sensible sobre el sueño infantil). 


Y no, no la conocía. Me paseé un rato por la web. Todo eran palabras de sensibilidad y respeto. Respeto por los niños y respeto por los padres. Incluso está asociada a Attachment Parenting International, y exponen sus principios así: 

  1. Ser respetuosos con los estilos de paternidad
  2. Apoyar una relación nutritiva entre padres e hijos 
  3. Alentar la lactancia materna siempre que sea posible y apoyar la elección de la madre. 
  4. Estar actualizado sobre las recomendaciones para un sueño seguro, especialmente a la hora de apoyar a las familias que quieren colechar. 
  5. Escuchar con atención y empatizar con las familias que están pasando por momentos sensibles. 
  6. Mantener un alto nivel de profesionalidad y un profundo apoyo al cliente. 
  7. Considerar los 8 valores de la crianza con apego 
  8. Guiar a los clientes con soluciones personalizadas nacidas de la comprensión y el respeto. 
Suena todo bastante aceptable, aunque hay puntos en los que tienes que asumir que hay un límite. ¿O van a apoyar y respetar a unos padres que utilizan el castigo físico y el maltrato para criar a sus hijos? En cualquier caso, si algo he aprendido en estos 12 años de maternidad, es que la crianza corporal, respetuosa o natural, no se puede imponer desde afuera, sino, si acaso, ayudar a que nazca desde dentro mediante la información y el apoyo. Además, tampoco es una entidad sencilla. Habrá muchas familias que no dan el pecho ni colechen, pero no por eso no están criando con respeto y corporalidad a sus hijos. En eso todos estamos de acuerdo. Hay tantas situaciones diferentes como familias, y lo único importante aquí es que se actúe desde el conocimiento de, y el respeto por, la naturaleza humana. 

Pero unos minutos más tarde Sibylle me mandó este artículo, 


y se me cayó la venda de los ojos. 

En él Whittaker asegura que va a analizar las dos "corrientes" existentes dentro del sueño infantil que todos ya conocemos. En pocas palabras: los que defienden el sueño en solitario y dejar llorar para conseguirlo y los que no. Pero, a continuación, se pasa el resto del trabajo asegurándonos que llorar no estresa a los bebés, que no es malo, que las lágrimas cambian su composición según el tipo de llanto (si, yo también me he preguntado que qué importa eso en este contexto) y, por extensión, no hay nada malo en dejar llorar a los bebés para enseñarles a dormir, ya que el desarrollo de "esta habilidad de por vida", según ella, tendrá suficientes consecuencias positivas como para contrarrestar el llanto producido sólo temporalmente. También asegura algo que todos sabemos: que la privación del sueño tiene efectos negativos importantes, pero no dice nada sobre la posibilidad de que el niño, y la familia entera, duerma de maravilla en compañía. Como si el sueño saludable de todos dependiera de establecer a toda costa y cueste lo que cueste, el sueño en solitario del bebé. 

Nada sobre la necesidad primaria del bebé y niño de estar en contacto con su madre y cuidadores para relajarse y dormir. Nada sobre que separar a un bebé de su madre es uno de los factores más estresantes que puede sufrir la criatura, haya o no haya llanto. Nada sobre que el colecho intencionado sólo ha demostrado, hasta el momento, efectos beneficiosos para todos. Y nada sobre que TODOS los niños sanos acaban aceptando el sueño en solitario cuando están preparados para ello. TODOS. Y esto lo demuestran numerosos artículos científicos a favor de las técnicas cognitivo conductuales. De hecho ella cita uno de los más importantes, el de Price del año 2012, en el que se demuestra que a largo plazo duermen exactamente igual los niños adiestrados y los niños control. Pero ella esto no lo dice así, sino que lo utiliza para argumentar que adiestrar no tiene efectos negativos a largo plazo, pasando por alto que tampoco tiene efectos positivos. Por lo demás, el de Price es un artículo sin capacidad para demostrar los efectos negativos (ni lo positivos), pero no voy a entrar en ello aquí. 

Finalmente la estrategia evidente de todo el artículo es obvia: desviar la atención hacia el mensajero, el llanto, para hacer creer al lector que como el llanto no es malo, provocarlo tampoco lo es. Por supuesto, el llanto en sí mismo no es malo porque es un mecanismo de defensa y adaptación al estrés. Hay llantos diferentes y es evidente (y está demostrado científicamente) que todos nos sentimos mejor después de llorar que antes (sí, ella también utiliza este argumento). 

Pero dejemos las cosas claras. El problema no es el llanto, el problema es provocar la situación de estrés que provoca el llanto. O que no lo provoca, porque Middlemiss, a la que Whittaker también cita, demuestra que los bebés adiestrados siguen estresados aunque ya no lloran. Por cierto, que Whittaker asegura que en el trabajo de Middlemiss los bebés se estresaban porque no les permitían a sus madres verlos, cuando lo cierto es que también se valoraba el estrés de la madre al ver a su hijo llorar o cuando lo veía supuestamente tranquilo, llegando a demostrar que cuando el bebé lloraba la madre estaba estresada (como el bebé) pero que cuando no lloraba la madre se relajaba (a diferencia del bebé), por lo que se producía una desincronización. Es precisamente esta desincronización la observación más relevante de este estudio. Imposible, por lo tanto, que sea verdad lo que asegura Whittaker, de que las madres no podían ver a sus bebés. (¿Se habrá leído el artículo?). En cualquier caso, intentaré contactar directamente con Middlemiss para que me explique este punto. 

Por lo tanto, aquí lo cuestionable no es el llanto de un bebé, sino la imposición de una situación estresante para el bebé. Una imposición absolutamente incompatible con las palabras "respeto", "sensibilidad" o "empatía". Siendo conscientes de que muchas familias decidirán el sueño en solitario por múltiples razones, y respetando esta decisión, creo que es obligatorio que cualquier consultora del sueño realmente respetuosa tenga muy claro que imponer este comportamiento creando una situación de estrés aguda (que generalmente generará un fuerte estallido de llanto como manifestación del estrés sufrido, aunque no siempre) no es ni científica ni éticamente aceptable. 

Por lo demás, sólo me queda destacar que en este contexto no son aplicables observaciones como la de que los bebés no siempre lloran por estrés porque un trabajo demostró que los bebés con cólicos no tenían el cortisol más alto que los bebés control. En nuestro caso creo que no hay lugar a dudas de que los bebés sí están estresados, y eso está demostrado. De hecho, repito, en esta situación Middlemiss observó que están estresados incluso aunque no lloren. 

Así que mucho cuidado. Que no os hagan matar al mensajero (el llanto) mientras os cuelan el lobo (la imposición del sueño en solitario mediante una técnica conductista irrespetuosa) en el rebaño. 




lunes, 22 de mayo de 2017

NI EDUARD ESTIVILL NI CARLOS GONZALEZ. NO HAY DOS CORRIENTES, SÓLO UNA MENTIRA.


Hace años que vengo leyendo artículos, divulgativos y científicos que hablan de dos corrientes en la crianza de los hijos. Por una parte, está la que aquí consideramos como "crianza de toda la vida" con sus "cachetes a tiempo", destete temprano, introducción temprana de papillas y purés, sueño en solitario impuesto a la fuerza, etc. Por el otro, está un tipo de crianza llamada de múltiples maneras: crianza natural, crianza respetuosa, crianza corporal, etc., que aboga por lo que muchos consideran una vuelta a los orígenes remotos del paleolítico en el que los bebés dormían con sus padres, mamaban a demanda hasta bien entrada la niñez, empezaban a comer los alimentos de los adultos sin purés ni papillas de por medio y los niños disfrutaban de un respeto y un contacto por parte de los adultos  que hoy en día casi no se practica. Una crianza que autores como Mederith Small con su "Nuestros hijos y nosotros" o Jean Liedloff con "El concepto del continumm" pusieron encima de la mesa frente a la sociedad occidental a finales del siglo pasado, donde las normas de crianza eran dictadas por la pediatría y la psicología de finales del siglo XIX y principios del XX, ambas dominadas, entre otras cosas, por el oscuro conductismo de Skinner, Pavlov o Watson y los intereses de la industria alimentaria productora de leche artificial y alimentos infantiles. 


El caso es que estos artículos presentan la situación actual como la existencia de dos corrientes enfrentadas en la crianza de los hijos, lo que da la falsa idea de que podemos elegir entre dos alternativas al mismo nivel: puedes imponer el sueño en solitario a base de dejar llorar a tu bebé, como defiende el doctor Eduard Estivill, o puedes dejarle dormir contigo como defiende el doctor Carlos González o la psicóloga Rosa Jové (por citar a los tres más populares dentro de la literatura divulgativa para padres). Puedes amamantar a tu hijo o puedes darle biberón. Puedes llevarlo en cochecito o portearlo en portabebés. Puedes subirlo a un andador o dejar que gatee. 

Pero la situación es sutilmente diferente. La realidad es que amamantar a nuestros hijos a demanda y sin interrupción de la lactancia, llevarlos de bebés pegados a nuestros cuerpos, dormir con ellos, etc., son los comportamientos BÁSICOS de la crianza humana. Cualquier variación de ese comportamiento supondrá una situación de tensión, un estrés especialmente para la criatura, pero también para su madre y los adultos encargados de su cuidado, ya que toda nuestra fisiología evolucionó en armonía con el mismo. Este estrés podrá producir o no una respuesta tóxica, pero lo que es seguro es que influirá significativamente en el desarrollo del menor.

Los humanos, como animales racionales que desarrollamos culturas complejas, hemos ido cambiando muestro comportamiento instintivo a los largo de las generaciones, intentando ajustar la crianza de nuestros hijos a las exigencias culturales. De esta manera, actos como ponerlos a dormir en una cuna lejos de su madre, introducir la alimentación complementaria a base de papillas antes incluso de que tengan dientes, imponer horarios a en la alimentación del lactante, utilizar leche animal adaptada en lugar de leche humana, etc., fueron cambios realizados a ciegas, en la gran mayoría de ocasiones ni siquiera por el interés del niño o de su madre, sino por las exigencias económicas, sociales y religiosas del momento, diseñadas, entre otras cosas, para garantizar la supremacía del varón sobre la mujer, y el domino de una clase poderosa sobre otra sometida. Así, esa costumbre de las clases dominantes de mandar a los bebés a criarse al campo con una nodriza, lejos de su madre, ha costado la vida a miles de criaturas (y madres). Incluso sin ser tan drásticos, consejos médicos del siglo pasado como poner a los bebés a dormir en solitario en una habitación separada, o ponerlos a dormir boca abajo, ha resultado también trágicamente mortal para miles de bebés. Aunque, bajo mi punto de vista, la sustitución de la lactancia materna por la alimentación con leche animal adaptada ha sido uno de los experimentos no controlados más mortíferos de la humanidad. 

Con la consolidación en el siglo XX del método científico, seguido en los años setenta por el desarrollo de una sociología de la ciencia muy crítica con el mismo y dispuesta a superar el inocente positivismo del pasado, muchos de estos comportamientos que se creían científicamente demostrados y universalmente correctos y aplicables fueron reconocidos como productos de determinantes culturales existentes en momentos concretos, que podían o no seguir vigentes en la actualidad. Se hizo así evidente que el apoyo que recibían de los expertos era la consecuencia de una ciencia realizada bajo un importante sesgo, no siempre reconocidos por unos profesionales sumergidos en el positivismo mertoniano, según el cual la ciencia se produce con absoluta independencia de los determinantes culturales y los intereses de la sociedad que la genera. Algo que hoy sabemos que no es verdad, y diversas escuelas de sociología han definido ya distintos marcos teóricos que se ajustan a la producción científica actual con mucho más realismo que el descrito en su día por Robert King Mertón. En estos marcos teóricos se admite la influencia de los valores culturales y de los intereses económicos en la producción científica, así como la existencia de incertidumbres que no pueden ser resueltas simplemente aplicando más ciencia: todo ello lleva a cuestionar el papel del experto como única autoridad capaz de resolver las problemáticas científicas con importantes implicaciones en la salud y el bienestar de la población. 

En resumen: ahora reconocemos que muchas normas de crianza supuestamente basadas en ciencia y defendidas por médicos y psicólogos durante siglos, en realidad son producto de una ciencia mal entendida y aplicada. Por lo tanto, la llamada crianza natural, respetuosa o corporal no es una corriente que nace de la nada como alternativa a la crianza "tradicional" de nuestra sociedad, sino el producto del desarrollo de verdadera ciencia en el campo de la salud infantil. Es la consecuencia de la buena aplicación del método científico, por fin correctamente contextualizado por los conocimientos que los estudios sociales de la ciencia nos ha aportado en los últimos cincuenta años

Con palabras sencillas: es el reconocimiento de que lo que se decía que "tenía que ser así" de manera absoluta, en realidad no tiene por qué serlo, porque esa afirmación no tiene ninguna base científica

Es la liberación de unos determinantes culturales que hacían más mal que bien. Y es el reconocimiento del daño causado. 

Así que para nada son dos corrientes alternativas al mismo nivel. La crianza corporal es la consecuencia de la caída de la venda de los ojos y, por lo tanto, viene a sustituir y a liberarnos de una serie de comportamientos aberrantes y dañinos que, ahora sabemos, no tienen ninguna evidencia científica detrás

No se trata de volver al paleolítico, sino de criar a nuestros hijos teniendo presente su naturaleza humana y sus necesidades primales básicas, y ejerciendo cualquier variación del comportamiento natural desde el respaldo de una ciencia basada en la evidencia de un método científico bien aplicado, y muy consciente de sus límites y sus fortalezas. 






viernes, 19 de mayo de 2017

UN BEBÉ DE SIETE MESES MUERE POR NO RECIBIR SU ALIMENTACIÓN NATURAL

En Beveren, Bélgica, un bebé de siete meses murió en el año 2014 supuestamente por el alimento que recibía, y ahora que se acerca el juicio y el caso se ha hecho público, a los medios de comunicación les ha faltado tiempo para generar los más absurdos y engañosos titulares. Desde el "Muere un bebé de 7 meses porque sus padres le aplicaron una dieta sin gluten" de la Vanguardia, hasta el "Muere un bebé con un peso de 4 kilos por la dieta sin gluten que le pusieron sus padres" de Antena 3 TV. No quiero ni pensar la congoja que han debido ocasionar a muchos padres de niños celiacos o intolerantes al gluten.

Otros hacen mención a la leche de quinoa que le daban y, los más acertados, resaltan que no tomaba leche adaptada. Estos ya van apuntando mejor, pero todavía no dan en el pleno. También me llamó especialmente la atención una artículo en el que se resaltaba que los padres se habían empecinado en alimentar a su bebé de manera "natural". Todos estos titulares y artículos parecen tener el objetivo de presentar unos padres alternativos, "hipilondios" y  antisistema, del tipo de los que no llevan a los bebés al pediatra ni le ponen vacunas y ¡ojo! dan de mamar a la criatura por lo menos hasta los 9 años (la lactancia materna no interrumpida suele venir en el pack). 

Por eso me ha llamado sobremanera la atención que en ningún artículo se hace referencia a por qué este bebé no era amamantado, ya que:

La LACTANCIA MATERNA es el único alimento realmente natural y saludable para un bebé humano de 7 meses. 

Por lo que parece, el bebé no recibía leche materna, a pesar de la imagen dada por los medios de comunicación de sus padres como una pareja practicante hasta el extremo de lo que ellos consideraban una "alimentación natural". Y digo "por lo que parece" porque la realidad es que no sabemos de qué ha muerto ese bebé ya que, francamente, si te vas a fiar de la prensa para enterarte de lo que ha ocurrido, más vale de que te mentalices de que te vas a enterar mal. Es incluso posible que su muerte no tenga nada que ver con lo que comía y que los padres en absoluto le estuvieran alimentando como describen por ahí los medios. Aquí los únicos que saben lo que realmente ha pasado son los que están tratando esta tragedia de primera mano. 

Pero en el caso de que todo haya ocurrido como lo cuentan, que el bebé de siete meses sólo estuviera recibiendo leche de quinoa y dieta sin lactosa ni gluten, lo que realmente habría matado a ese bebé no es la ausencia de gluten o de lactosa, sino la ausencia de su alimento natural: la leche materna. Lo más triste es que este hecho no ha llamado la atención de la prensa en absoluto porque no es para nada excepcional: en España, según cifras de la AEP, el porcentaje de niños que reciben lactancia materna a los 6 meses es de sólo un 47%. Esto significa que

 menos de la mitad de los bebés de 6 meses reciben su alimento natural

No sabemos la razón de por qué este bebé no tomaba leche materna: si su madre estaba imposibilitada para alimentarle o si él realmente no la toleraba (algo tan excepcional que apunta a un grave desorden digestivo que hubiera necesitado de una intervención médica inmediata e importante para su supervivencia). Afortunadamente, cuando un bebé no puede tomar leche materna de su madre hay dos opciones: la leche humana donada (en caso de que sea porque su madre no le puede dar) y la leche animal ADAPTADA (pudiendo llegar a ser leche "especialmente adaptada" para esos rarísimos casos en los que un bebé no tolera componentes de la leche humana o de los animales generalmente utilizados, como la vaca, la cabra o la oveja). La primera mejor que la segunda, pero la segunda más fácil de conseguir y todavía suficientemente buena como para permitir unos índices de supervivencia aceptables. 

Por lo que parece, ante la falta de leche materna, estos padres se negaron a alimentar a su bebé con leche de fórmula adaptada por tener un concepto muy equivocado de lo que se puede considerar "alimentación natural". Pero las leches vegetales no son "leches" y lo más parecido a su alimento natural que puede tomar un bebé humano es la leche animal adaptada. Leche adaptada, además, por profesionales de la alimentación infantil, no por la madre o el padre que en su propia casa sigue la receta ancestral de su bisabuela y le añade un poquito de aquí y diluye un poquito de allá a la leche animal de turno. Esas recetas caseras de supuesta "leche adaptada para bebés" que a veces se leen en algunos blogs, absolutamente denunciables, suelen llevarse por delante a los bebés, ahora y hace cientos de años cuando, ante la imposibilidad de alimentar a un bebé con leche humana, no había más opción e intentaban alimentarles "adaptando" leches animales o haciendo papillas varias, que generalmente acababan matando a la criatura. Algunos bebés así alimentados sobrevivían, sí, pero posiblemente lo conseguían en pésimas condiciones de salud. 

En cualquier caso, y volviendo al tema central que nos interesa, lo cierto es que  ni el gluten, ni la lactosa, ni los productos "naturales" como la leche de quinoa, han matado a esta criatura. Si las cosas han sucedido realmente como lo explica la prensa, a este bebé le ha matado: 

  • En primerísimo lugar, y aunque nadie lo mencione: la falta de leche materna
  • En segundo lugar: la no sustitución de la leche materna por una leche de fórmula adaptada (posiblemente "especialmente adaptada" a los problemas digestivos de este bebé, en caso de que los tuviera) aprobada por los organismos de salud pública. 
  • Y en tercer lugar, y en el caso de que el bebé realmente sufriera un desorden digestivo que le hubiera hecho intolerante a la leche humana o animal adaptada (de manera general), la falta de un tratamiento médico adecuado y una leche especialmente diseñada por profesionales para sus necesidades. 


Esta, creo yo, sería la información relevante que debería divulgarse. Esta es la información que yo hubiera querido leer. 

jueves, 30 de marzo de 2017

ADOPCIÓN Y MATERNIDAD SUBROGADA: INCOMPARABLES


Llevamos una semanita borrascosa. Y todo por culpa de la feria anual de maternidad subrogada que se celebrará en Madrid a principios de Mayo. Como cada año, dicho evento levanta ampollas, y no sin razón.

Pero este artículo no está destinado a argumentar en contra de esta práctica. Eso ya lo hice en su momento aquí, aquí y aquí. Y más recientemente, este mismo año, entre la multitud de artículos que se han descrito os puedo destacar estos dos:



Este año ya no voy a escribir más sobre este tema. Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir. El motivo de este escrito es bien distinto y lo encontraréis en esta petición de Change.org, 


que espero que mucha gente firme, como yo misma he hecho, pero en cuyo penúltimo párrafo podemos leer:

Por todo lo anteriormente expuesto y porque la adopción, así como el acogimiento, son opciones muy viables, infinitamente más generosas y altruistas, y éticamente mucho menos cuestionables para ser madres y padres para todas aquellas personas que deseen serlo, independientemente de la capacidad biológica o la carencia de ella, os invitamos a firmar esta petición dirigida a todos los cargos públicos e instituciones que pueden tener parte en este asunto, tanto en lo que atañe a la concesión de permisos para la celebración del acto, como a los visos de ilegalidad y posible vulneración de los derechos fundamentales que creemos encierra de fondo el contenido del acto.
Parece obligatorio, en todos los artículos que se escriben en contra de la maternidad subrogada, hacer mención de la adopción. Pero yo lo siento mucho: en este contexto me rechina profundamente. Se ha llegado a decir que los que luchan por legalizar los vientres de alquiler deberían hacerlo por agilizar las adopciones. Eso todavía me rechina mucho más. 

¿Por qué? 

Pues porque la adopción, y ya no digamos el acogimiento, no tienen como objetivo que unos adultos puedan ser padres. Por el contrario, el objetivo principal de la adopción es dar unos padres a un niño que no los tiene, y el del acogimiento dar un entorno familiar a un niño que ya tiene unos padres pero, por lo que sea, no se pueden encargar de él. Y esto que parece tan obvio es fundamental para entender que la adopción no es una acción destinada a satisfacer los deseos de los adultos, sino un derecho de los niños. Como efecto secundario, y felizmente, en el caso de la adopción unos adultos que lo desean se convierten en padres. Pero no es el objetivo principal.

Y los complicados trámites necesarios para realizar una adopción están ahí para PROTEGER AL MENOR. Proteger su derecho a que no se trafique con él, a no ser una mercancía que se compra y vende, a no ser separado de una madre o una familia que le quiere, o a caer en manos de unas personas preparadas emocional e intelectualmente para cuidar de él. Estos trámites serán mejores o peores y seguro que tienen muchos puntos oscuros que deberían mejorar. Pero la lucha no debería ser "para agilizarlos" con el fin de que cueste menos que unos adultos sean padres, sino para mejorarlos y garantizar así el bienestar del menor. Si ello conlleva agilizarlos, mejor para todos. Pero no podemos perder de vista el objetivo principar de la adopción: darle a un menor en desamparo unos padres protegiendo, ante todo, su bienestar y sus derechos.

En el caso del acogimiento ni siquiera se pretende que esos niños pasen a ser hijos de los adultos que los acogen, porque esos niños YA son hijos, legalmente, de otros adultos que siguen siendo sus padres. Por eso estos niños suelen necesitar ser acogidos sólo temporalmente, mientras sus padres se recuperan de algún percance, aunque también exista el acogimiento permanente. Pero el caso es que nunca perderán sus apellidos ni su filiación, son hijos de otros, no de los adultos acogedores, con todo lo que esto conlleva para todas las partes, y muy poca gente está dispuesta y preparada para afrontar esta situación. Por eso, a pesar de las enormes colas de espera para adoptar, hay una enorme carencia de familias para acoger. 

Por lo tanto, adopción y acogimiento ni son lo mismo ni deberían ser tratados de la misma manera en ningún texto (como generalmente lo son, ya que los usan prácticamente como sinónimos). No todo el mundo está capacitado (ni emocional, ni moral, ni intelectualmente) para adoptar. Pero todavía mucha menos gente lo está para acoger. Y mientras que el acogimiento sí creo que conlleva una buena dosis de altruismo y generosidad (recuerda: cuidas y amas a unos niños que no son tus hijos, siguen siendo hijos de sus padres a los que, en la gran mayoría de casos, ellos aman como tales, y con los que, generalmente, un día volverán), en la adopción la motivación no es ni mucho menos altruista. Por eso no todos los que están capacitados para adoptar lo están para acoger. Y es que no se adopta para salvar a nadie de nada ni hacer una obra de caridad, sino, de la misma manera que se tienen los hijos biológicos, se adopta por el más absoluto deseo de mater/paternidad y, sobre todo, la más absoluta capacidad de hacer hijo tuyo a un menor que no lleva tus genes y que ya tiene una historia de vida detrás que tú, como madre/padre, no has compartido con él.  

Esta capacidad no la tiene todo el mundo y a los que no la tienen, por el bien de los niños, por favor, ¡que nadie les anime a adoptar! Porque su desbordante deseo de ser padres, junto con su ignorancia, podría convencerlos de hacerlo. Y yo me atrevería a afirmar que los que se lanzan a los vientres de alquiler no la tienen. Estos quieren un bebé de su sangre y, si esto es imposible, al menos engendrado para ellos y que puedan recibir recién parido. Además, tiene que ser sano y, ya puestos, de uno u otro sexo. Lo de que la adopción es tan difícil y cuesta tanto tiempo... bueno, la mayoría de las veces son excusas para acallar conciencias inquietas ¿o no?

Aunque es posible que algunos antes de lanzarse a la maternidad subrogada hayan intentado adoptar, no digo yo que no, pero no fueron considerados idóneos por una u otra razón. Una suerte para ese niño en desamparo que les hubiera caído en suerte, porque alguien que se lanza a la maternidad subrogada no tiene ni pajorera idea de lo que conlleva realizar una adopción y tener un hijo adoptado. Y si lo saben, y a pesar de todo alquilan un vientre para engendrar un hijo, es que son muy mala gente. Y si no leed las certeras palabras de la psiquiatra neonatal Ibone Olza en el artículo que antes os he enlazado:

Comparar adopción y subrogación me parece especialmente tramposo. El abandono o rechazo que precede a la adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) abandonen o no se hagan cargo de su bebé, es algo que, si eres el/la hijo-a “te pasa”. Que decidan gestarte en el vientre de una madre de la que te separarán nada más nacer es algo que “te hacen”. En el primer caso, adopción, tu familia adoptiva reparará ese daño aceptándote y queriéndote. En el segundo, subrogación, tu familia decide hacerte pasar por ese embarazo y parto con separación posterior causándote ese daño de la separación, poniendo por encima de todo su presunto derecho a ser padres. (1)


Por lo tanto, ni la adopción, y mucho menos el acogimiento, son sustitutos ni de la maternidad subrogada ni de la maternidad biológica. O no lo deberían ser. Y, precisamente, que exista la maternidad subrogada es prueba de ello. Otra cosa es que históricamente hayamos entendido muy mal lo que es la adopción, y por eso todavía se piense que puede ser un sustituto ideal de la aberrante maternidad subrogada. Pero no, no nos equivoquemos. 

Ni lo es ni lo podrá ser nunca. 

La maternidad subrogada es un sustituto de la maternidad biológica. La adopción tiene su propia categoría y es una alternativa a la maternidad biológica para ser padres. No un sustituto. Una alternativa, una variante, otro camino. Espero que se entienda la diferencia bien. 







(1) Las negritas son mías.