domingo, 25 de enero de 2015

PARIR EN EL SIGLO XXI. Cambiando el Paradigma de la Atención al Parto

Sólo tenemos una oportunidad para nacer y la ciencia basada en evidencia reconoce que la manera en la que lo hacemos influirá en el resto de nuestra vida. Durante los últimos dos siglos la atención médica a los partos en nuestro sistema sanitario, además de carecer de fundamentos científicos, ha estado muy lejos de ajustarse a las verdaderas necesidades de la madre y su recién nacido. Afortunadamente, gracias a un importante esfuerzo de gobernanza tanto por parte de profesionales como de usuarias, en los últimos años estamos empezando a vivir en España un auténtico cambio de paradigma en el que el parto ha dejado de ser una patología que requiere intervención médica, y está empezando a ser tratado como lo que es: un proceso fisiológico, natural y perfectamente saludable.



Cuando Begoña llegó al hospital, pensando que estaba de parto, lo primero que recibió fue una bata verde y un edema. Tras la primera noche ingresada, sin informarle previamente y sin su consentimiento, la ginecóloga le rompió la bolsa durante la exploración. Desgraciadamente eso sólo sería el principio de una serie de procedimientos obsoletos y absolutamente contrarios a la evidencia científica más actual. A su parto no le faltó casi de nada: desde un flujo continuo de profesionales diferentes y desconocidos que la exploraron repetidamente durante aquellos dos largos días de dilatación (¿A quién le importa la necesidad de intimidad de la parturienta?), hasta el set completo de epidural (si las repetidas comprobaciones del cuello de útero dolían tanto ¿Qué no haría el bebé cuando pasara?), oxitocina sintética (“curiosamente” la dilatación no avanzaba), ayuno prolongado (por si acababa en cesárea), monitoreo continuado, inmovilización, medicación sin consentimiento ni información previa, prohibición de acompañante, episiotomía y uso de ventosa en el expulsivo. Precisamente en el expulsivo, tras cada pujo (que Begoña hacía siguiendo las indicaciones del personal  sanitario ya que era insensible a sus propias contracciones debido a la epidural) el médico iba repitiendo “venga, que no sale, nos vamos a cesárea”, no sé si como un equivocado intento de animar a la madre o para acabar de aterrorizarla y asegurarse la cesárea. Finalmente, gracias a que le dieron la oportunidad de un último empujón, Begoña no terminó sometida a una operación de cirugía mayor. Cuando su hija nació no hubo piel con piel, ni oportunidad de enganche temprano. Tenía la cabecita desollada por la ventosa. Se la llevaron, sin informar a dónde ni por qué, y no la vio hasta que la subieron a la habitación. Durante las horas siguientes la lactancia no funcionó. La bebé lloraba. Le ofrecieron biberón como solución. Ella se lo dio ¿Qué otra cosa podía hacer? Ellos eran los expertos. Ella la ignorante. Al día siguiente descubrieron que la nena tenía la clavícula rota. Le habían roto la clavícula en el parto. Ellos, los “expertos”.

Begoña compartió su experiencia de parto en su blog, Minibego el 5 de Septiembre del 2013. Tres años antes  otra madre, Susana Ferreiro, comenzaba un artículo publicado en la web de la asociación El parto es nuestro (EPN) con estas terribles palabras:

Maldito el día en que confié en nuestro inhumano sistema sanitario para la atención en el nacimiento de mi hija Eva”.

Otra mujer que recibió el pack completo, “….finalizando con expulsivo en litotomía, sin mi marido, con pujos dirigidos, episiotomía  y ventosa”. Buscando en internet o preguntando a nuestro alrededor podemos ver que estos testimonios no son excepcionales. Desgraciadamente, los partos traumáticos y maltratados, convertidos en verdaderas violaciones de la integridad y la dignidad de la madre y el hijo, y que además ignoran completamente la ciencia basada en evidencia, son escandalosamente frecuentes. Hoy en día estas prácticas se engloban con el térmico Violencia Obstétrica, que en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia publicada el 19 de marzo de 2007 se define como: 

La apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres” (Perez D’Gregorio, 2010). 

Pero, ¿De dónde viene esta dinámica de atención al parto tan adulterada y aberrante?  Desde luego, de la ciencia, no. Desde que Johnston y Sindall  demostraron en el año 1922 que el rasurado perineal previo al parto no comportaba ningún beneficio, en el que sería el primer estudio controlado perinatal (Johnston & Sindall, 1922), miles de publicaciones han puesto en evidencia que intervenciones de rutina como el rasurado, la episotomía, la rotura del saco amniótico, los edemas, la oxitocina sintética, el expulsivo en litotomía, la monitorización continuada, la separación del recién nacido de su madre para realizarle intervenciones como absorberle por sonda las mucosidades o bañarle, no solo son innecesarias en la gran mayoría de casos sino que pueden ser contraproducentes al interferir con el proceso fisiológico natural. Actualmente ya nadie pone en duda que la violencia obstétrica es causa de efectos indeseables a corto y largo plazo en la madre y el bebé: desde los más evidentes, como el trastorno de estrés postraumático (Bailham & Joseph, 2003) o problemas en el establecimiento de la lactancia, hasta los más sutiles como cambios en el desarrollo cerebral del propio bebé (Simon-Areces et al, 2012; Wismer Fries et al, 2005). 

Desgraciadamente - y a pesar de que las evidencias científicas que han revelado la improcedencia de muchos de los procesos protocolizados ya peinan canas, con casi un siglo de investigación perinatal - la violencia obstétrica es todavía frecuente. De hecho, los propios profesionales reconocen que han sido lentos en convertir las evidencias en prácticas (Enkin, 1996). En España tuvimos que esperar hasta el año 2007 para ver publicada por primera vez una estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica. Un documento nacido, en gran parte, gracias a la presión de las propias usuarias de los servicios sanitarios que, organizadas en asociaciones como EPN o la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento, han obligado a médicos y políticos a replantearse la atención al parto en nuestro país. La situación era insostenible y debía ser cambiada.

En la realización de este documento participaron todos los actores implicados en la atención al parto: ginecólogos [entre otros, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)], matronas [entre otros, la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) y  la Asociación Española de Matronas] y mujeres (entre otros, EPN, La Liga de la Leche  y la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento). El resultado de este ejercicio de gobernanza, orquestado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, fue una guía con recomendaciones que, convenientemente respaldadas por la ciencia basada en evidencia, estaban dirigidas a implementar el respeto por el proceso fisiológico natural del parto y del post-parto por parte del personal sanitario, evitando una medicalización innecesaria que interfiriera con el desarrollo saludable del mismo y provocara una cadena de intervenciones (cada una con la intención de resolver el problema que ha creado la intervención anterior) las cuales frecuentemente interrumpen definitivamente el proceso natural, obligando a la realización de un parto instrumentalizado o una cesárea. Se trata, por lo tanto, de evitar que un proceso fisiológico saludable acabe convertido por defecto en un proceso patológico. Parir no es una enfermedad, pero muchos profesionales sanitarios se enfrentan a un parto como si lo fuera.  

Como suma a esta Estrategia, y en el marco del Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo, se inició en 2006 un Programa de elaboración de Guías de Práctica Clínica (GPC) basadas en la evidencia para la ayuda en la toma de decisiones clínicas. El Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, y la Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia-Avalia-t firmaron un convenio de colaboración para el desarrollo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, publicada en el año 2010, en la que colaboraron los mismos grupos de profesionales y usuarias antes citados, y en el que podemos leer recomendaciones similares a las expuestas más arriba.


Pero a pesar de este importante esfuerzo de gobernanza, la presencia en la actualidad de violencia obstétrica en la atención al parto en España queda perfectamente reflejada en las estadísticas de los indicadores analizados en informes como EUROPERISTAT (European Perinatal Health Report), realizado por La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [The Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD)]. En una nota de prensa publicada en mayo del año 2013, la asociación EPN muestra su preocupación por las conclusiones de dicho informe, en el cual se refleja que España es  un país especialmente intervencionista. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) tenemos muchas más cesáreas de las que deberíamos (22.2% en hospitales públicos y 25.3% considerando también los centros privados). EPN destaca en su documento nuestro elevado porcentaje de inducciones y episiotomías y que somos el segundo país europeo en partos instrumentalizados. También resalta la ausencia de información estadística sobre algunos indicadores de gran interés que sí son recogidos de manera rutinaria en varios países de nuestro entorno, y que ya fueron enumerados en la estrategia de atención al parto normal basada en la evidencia científica publicada el año 2007.

Cómo ya hemos comentado, los propios profesionales sanitarios admiten que el campo de la obstetricia es uno de los más lentos en reaccionar ante las evidencias científicas. En palabras de Enkin (Enkin, 1996):

“De todas las especialidades médicas es en la obstetricia y la ginecología donde es menos probable que la práctica clínica esté apoyada por evidencia científica”.

¿A qué puede deberse este fenómeno?  ¿Por qué a pesar de más de cien años de investigación perinatal, de las recomendaciones de la OMS  o de las guías de actuación publicadas por los organismos oficiales, muchos profesionales sanitarios siguen poniendo en práctica protocolos innecesarios, peligrosos, nada científicos y absolutamente indignos para la madre y el hijo? ¿Qué hay detrás de esta reticencia a aplicar unas recomendaciones escritas y avaladas por los más prestigiosos profesionales y respaldadas por la más estricta ciencia basada en evidencia?

En un primer análisis, la observación de que las clínicas privadas tienen muchas más cesáreas que las públicas y de que las cesáreas son mucho más caras apunta hacia motivos de interés económico, ya que el parto natural no intervenido sería el que menos beneficios aportaría a los profesionales médicos y al centro sanitario. La reciente protesta de los ginecólogos del Hospital materno-infantil de Málaga por la aplicación de una de las recomendación aparecida en la guía de atención al parto normal, la cual deja los partos normales en manos de las comadronas, también pone al descubierto una lucha de poder que no sólo tiene repercusiones económicas sino también políticas.

Pero algunos especialistas van mucho más allá en su análisis. Mónica Felipe-Larralde, licenciada en derecho y experta en género y salud, autora de varios libros sobre feminidad y maternidad, opina que existe un indiscutible sesgo de género en esa resistencia mostrada por parte de un gran número de profesionales a adaptarse a las recomendaciones oficiales:

La medicalización de un proceso fisiológico como el parto continúa ofreciendo una mirada distorsionada del cuerpo de la mujer. A las mujeres, nos invita a desconfiar de nuestro cuerpo, alejándonos de nuestras fortalezas y capacidades. Mientras que a los profesionales, les posibilita sostener el control y el poder sobre un territorio sobre el que tradicionalmente han tenido potestad”.

El cuerpo de la mujer es considerado incapaz, defectuoso, sucio, imperfecto, y la ciencia médica debe intervenir para solventarlo.

La medicalización del proceso de parto responde a un imaginario colectivo trazado sobre el cuerpo de la mujer y sus competencias”.

Superar esta dinámica de actuación será imposiblesin un ejercicio colectivo e individual de revisión del miedo, los roles de género y los patrones asimétricos de poder”.


La psiquiatra Ibone Olza, cofundadora del foro Apoyo cesáreas y de la organización EPN, también opina que hará falta mucho más que evidencias científicas y recomendaciones oficiales para solucionar esta situación. En una ponencia realizada en el XIII Congreso de la Federación de Asociaciones de Matronas (FAME), celebrado en el año 2014 en Bilbao, Olza asegura que no sólo las mujeres y los bebés se sienten atrapados en esta dinámica indeseable. Los mismos profesionales son también víctimas de la violencia obstétrica. Para que mejore significativamente la atención al parto “es preciso un cambio de conciencia, que necesariamente tiene que pasar por permitir que los profesionales expresen su dolor y generar espacios de sanación”.

Por lo tanto, observamos que para conseguir un verdadero cambio de paradigma en la atención al parto en nuestro país (como en la gran mayoría de países industrializados) hay toda una serie de factores culturales, emocionales, políticos y económicos que tendrán que ser reconocidos y convenientemente abordados. Un esfuerzo considerable que todos, madres,  hijos y profesionales, nos merecemos.

A día de hoy podemos afirmar que desde los diferentes sectores implicados – instituciones, personal sanitario y usuarias – ya se está trabajando por que las cosas cambien. Los procesos de gobernanza que han dado lugar a las guías de atención son un buen ejemplo de ello. Y por suerte, a pesar de la enorme inercia del sistema y de la reticencia todavía presente en los sectores de la ginecología más conservadores, las cosas están cambiando, lenta pero significativamente. Esta evolución se refleja en muchos testimonios de partos realizados en hospitales dónde hace unos años hubiera sido imposible esperar un parto respetado. En la actualidad podemos tener la esperanza de que en un futuro cercano lo normal sea escuchar experiencias de este tipo:

Dilaté relajada, bailando al son de mi música favorita en la intimidad de una habitación donde nadie me estorbó ni me toco más de la cuenta. No dolió. Mi comadrona llegó en el momento justo. Un sólo tacto: 8 cm. Unas contracciones más. Diez minutos más tarde. De rodillas. Animada por las palabras justas. Arropada por la seguridad de una gran profesional y el amor de mi marido. Con toda la fuerza del universo concentrada en mi vientre. Así nació mi hijo. Ella lo recogió y lo dejó entre mis piernas. Nunca imaginé que una criatura pudiera ser tan magníficamente hermosa. Me levanté con él en brazos preguntándome por qué no estaba extenuada, por qué no había sentido esa sensación de "morir" de mis partos anteriores. Estaba de pie, con mi niño en mis brazos. El cordón todavía dentro. Ni siquiera me sentía cansada. Me tumbé para esperar a que saliera la placenta. Unos segundos más. Casi ni perdí sangre. Mi niño me miraba con un ojito abierto y el otro cerrado. Una intensidad impresionante. En algún momento se enganchó al pecho y allí se quedó hasta que ya no quedó más remedio: había que pesarlo, vestirlo y subir a la habitación. Nunca, y digo NUNCA, me separaron de mi hijo. NUNCA.”

Este es un ejemplo de parto natural, respetado, dónde los profesionales actuaron según todos los principios de la ciencia basada en la evidencia. Esa es la clase de atención al parto a la que todos, madres e hijos, tenemos derecho.  La existencia de organizaciones como EPN así como de profesionales del más alto nivel comprometidos con este cambio, trabajando por identificar correctamente los problemas y abordándolos en toda su complejidad con rigurosidad y profesionalidad, nos ofrece esperanzas fundadas de que en un futuro próximo ninguna madre tendrá que maldecir el día en el que confió su parto a nuestro sistema sanitario.


BIBLIOGRAFÍA

· Bailham D, Joseph S. Post-traumatic stress following childbirth: A review of the emerging literature and directions for research and practice. Psychology, Health & Medicine. 2003; 8(2): 159–168.

· Enkin MW. La necesidad de la obstetricia basada en la evidencia. Evidence based medicine. 996; 1: 132.

· Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre atención al parto normal. Guía de Práctica Clínica sobre la atención al parto normal. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del País Vasco (OSTEBA). Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia (Avalia-t). 2010. Guías de Práctica Clínica en el SNS: OSTEBA Nº 2009/01

· Johnston RA, Sidall RS. Is the usual method for preparing patients for delivery beneficial or necessary? Am J Obstet Gynecol 1922; 4:645-50.

· Perez D’Gregorio, R. (2010). Obstetric violence: A new legal term introduced in venezuela. International Journal of Gynaecology and Obstetrics: The Official Organ of the International Federation of Gynaecology and Obstetrics. 2010; 111(3): 201-202.

· Simon-Areces J, Dietrich MO, Hermes G, García-Segura LM, Arevalo MA, Horvath TL. Ucp2 Induced by Natural Birth Regulates Neuronal Differentiation of the Hippocampus and Related Adult Behavior. PLOS ONE. 2012; 7(8): 42911- e42911.


· Wismer Fries A, Ziegler T, Kurian JR, Jacoris S, Pollak D. Early experience in humans is associated with changes in neuropeptides critical for regulating social behaviour. PNAS, 2005; 102( 47): 17237-17240.

· World Health Organization. Evidence for the ten steps to successful breastfeeding. Geneva: The Organization; 1998. Web site:www.who.int/child-adolescent-health/New_Publications/NUTRITION/WHO_CHD_98.9.pdf (accessed 6 Sept 2007).
























María Berrozpe Martínez, PhD


jueves, 15 de enero de 2015

MADRE TIERRA


Madre tierra: ¿Estamos preparados para evolucionar?

una publicación de Vika Juele.

domingo, 7 de diciembre de 2014

¡QUE VIVA LA REVOLUCIÓN!

THOMAS S. KUHN
Hace unos días publiqué en este blog y en la revista Naukas, ciencia, escepticismo y humor una artículo como respuesta al escrito por Jesus Rosino en la misma revista, en el cual hacía un análisis de la ciencia del sueño infantil desde la perspectiva de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). En dicho artículo aplicaba la clasificación de Kuhn de Ciencia Normal (CN) y Ciencia Revolucionaria (CR) (entendiéndose la primera como la ciencia que sigue el status quo o paradigma dominante sin llegar nunca a cambiarloy la segunda como la que provoca el cambio, como solución a la crisis que provocan las contradicciones que se van acumulando en la CN) a la realidad actual de la ciencia del sueño infantil.  De esta manera consideré como CN al que, como muy bien dice Rosino, es el status quo dominante en la pediatría del sueño: el bebé/niño que debe dormir en solitario, un número determinado de horas seguidas por la noche, sin despertar a sus padres y autoconsolándose tras cada despertar nocturno. Basándose en esta premisa diseñan sus investigaciones importantes profesionales de la pediatría del sueño como Mindell, Sadeh o Hiscock.

La CR del sueño infantil, la que realizan investigadores como McKenna, Ball o Douglas, sería la que parte de la base de que el colecho y la necesidad del bebé/niño de la presencia y el consuelo de sus padres para dormirse es un comportamiento natural y saludable del cachorro humano que debemos respetar. La CR, por lo tanto, se cuestiona las mismísimas bases de la CN dominante, aspirando a cambiar el paradigma establecido. En los últimos años hemos podido observar como esta CR es defendida y compartida por un número creciente de profesionales de la medicina, psicólogos y padres, al mismo tiempo que va ganando terreno en el cerrado mundo de la publicaciones científicas revisadas por pares. 

El día de su publicación más de 400 personas compartieron mi artículo en Facebook, lo que para mí es todo un honor. Y, entre los compartidos, la amiga de una amiga mía dejó un comentario que me encantó. Desgraciadamente he olvidado dónde lo vi exactamente, quién fue la autora (por favor si lees este post y quieres que te nombre, dímelo) y cuales fueron las palabras textuales, pero más o menos vino a decir que le había hecho gracia mi aplicación de la teoría de Kuhn  a la ciencia del sueño infantil, y el hecho de que considerara a los mimos "revolucionarios".

Y lo cierto es que yo ni me había dado cuenta, pues usaba el término Ciencia Revolucionaría en el contexto de Kuhn, lo que me había hecho obviar su significado. Pero esta mujer tenía toda la razón. Dormir a nuestros hijos siguiendo nuestro instinto se puede considerar un acto revolucionario a todos los niveles, en cuanto a que va en contra de la costumbre culturalmente establecida de obligarlos a dormir solos aplicando todos los medios necesarios para conseguirlo. La ciencia que ampara este comportamiento es evidentemente revolucionaria, apliquemos o no los criterios de Kuhn, porque rompe el enfoque y la dinámica de la ciencia tradicional del sueño infantil. Y todo esto me ha llevado a recordar que no es la primera vez que parir y criar a nuestros hijos siguiendo nuestras tendencias naturales se considera revolucionario. No hay más que recordar artículos ya legendarios como "La Revolución Calostral" de Ileana Medina, La nueva Revolución, El Cambio Pacífico, de Ramón Soler y Helena Mayorga, o este otro más reciente de Ester Massó Guijarro: La Lactancia Materna como Catalizador de Revolución Social Feminista (o Apretando lasClavijas al Feminismo Patriarcal): Calostro, Cuerpo y Cuidadoo convocatorias como la Revolución Blanca de Nohemí Hervada y la Revolución de las Rosas de Jesusa Ricoy. También me vinieron a la mente frases legendarias como "La lactancia materna es un acto político de insumisión" de Isabel Aler, el blog La Revolución del Amor", de Leslie Powell, y el ya legendario libro "La Revolución del Nacimiento", de Isabel Fernandez del Castillo.  

Así que, aunque está muy bien que el abordaje multidiciplinar de los estudios CTS nos permita asentar en sólidas bases teóricas la contextualización de la ciencia del sueño infantil, no es que con ello yo haya descubierto la pólvora, ni mucho menos, ya que tampoco es imprescindible para reflejar una realidad ampliamente intuida ya por muchos. Y es que la palabra REVOLUCIÓN está indiscutiblemente asociada a la crianza corporal, amorosa, libre, y deseosa, en la teoría y en la práctica. Gestar, parir y criar cómo nos pide el cuerpo es REVOLUCIONARIO. Y la ciencia que ampara este comportamiento es ciencia REVOLUCIONARIA porque rompe con el status quo dominante de la Ciencia Normal, nacida en el marco cultural de la sociedad occidental; esa misma ciencia que, asentada en sus principios culturales nunca demostrados ni validados por su venerado método científico, nos ha estado obligando a parir tumbadas de espalda, separarnos de nuestros recién nacidos, alimentarlos con leche de vaca, o ponerlos a dormir lejos de nuestros cuerpos (nos dijeron que boca abajo pero, como morían más bebés, después nos dijeron que boca arriba, y al final admitieron que mejor en nuestra misma habitación, aunque siguieron asegurando que mejor en una cuna, claro; lo contrario sería un cambio de paradigma que abandonaría el confortable territorio de la CN y, sobretodo, de los determinantes culturales) entre otros muchos comportamientos claramente aberrantes para la naturaleza de nuestra especie. 

La naturaleza de nuestra especie. Palabras peligrosas para utilizar en un debate, ya que te arriesgas a que te tachen de "naturalista", y te recuerden que lo natural no siempre es lo mejor, para luego pedirte que hagas lo que ellos nunca hicieron: demostrar científicamente que tu desviación del paradigma dominante actual es mejor, olvidándose de algo tan obvio como que cuando se produzco el cambio de paradigma que llevó a cambiar el comportamiento natural, nadie se paró a demostrar con el método científico en la mano qué era lo mejor, o qué efectos finales tenía esa desviación. Pondría los pelos de punta saber la cifra exacta de bebés que han muerto por culpa de dormir solos, boca abajo y no recibir lactancia materna. Sobre los partos intervenidos, mejor ya ni hablar. Seguramente también pondría lo pelos de punta conocer las secuelas que arrastramos de los nacimientos traumáticos, la herida primal y la pedagogía negra, todos y cada uno de los individuos de esta sociedad enferma y sin futuro, en caso de tener una ciencia capaz de sacarlas a la luz. 

Y en este punto me gustaría hacer un pequeño inciso ¿Significa lo dicho anteriormente que todo lo aportado por la cultura y la ciencia tiene que ser desechado frente a lo natural? ¿Debemos, por ejemplo, dejar de usar gafas para la presbicia porque el envejecimiento del ojo "es natural"? No. No se trata de un asunto de todo o nada, sino de valorar correctamente, cuantitativa y cualitativamente, la dosis de cultura y ciencia que conviene a nuestra naturaleza. Se trata de encontrar la bondad de ajuste, esto es, esas condiciones culturales que permitan que nos desarrollemos y vivamos lo más saludablemente posible.  No todo lo natural es lo mejor pero, evidentemente, todo lo cultural tampoco es obligatoriamente mejor que lo natural. Parece mentira que sea necesario aclarar semejantes puntos, pero por los argumentos esgrimidos por algunos defensores a ultranza del status quo, veo que sí que lo es. 

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Es verdad, (mejor considerarlo gracioso que terriblemente dramático aplicando el sabio principio de reírse por no llorar) en esta sociedad nuestra hay circunstancias en las que los MIMOS a nuestros bebés son REVOLUCIONARIOS. Cuestionar la autoridad de la fría (y limitada) ciencia basada en evidencia para dirigir la crianza de nuestros hijos es REVOLUCIONARIO. Salirse del camino marcado por la cultura que creó esa ciencia es REVOLUCIONARIO. Cantar a los cuatro vientos las limitaciones de su creación es REVOLUCIONARIO. Reclamar nuestro derecho y nuestra libertad a respetar lo que somos y cómo somos es REVOLUCIONARIO. 

Y es que, no lo neguemos, el amor maternal libre es revolucionario. El deseo maternal es REVOLUCIONARIO. La maternidad no sometida ni a la ciencia ni a la cultura es REVOLUCIONARIA. Porque es LIBRE, INSUMISA, PRIMITIVA, FEMENINA, EMOCIONAL............

 INCONTROLABLE. 

Pues ¡Que caray! que los que quieran sigan en sus trece defendiendo a capa y espada su querido Status Quo, yo no necesito más argumentos, ni científicos, ni pseudocientíficos, ni moralistas, ni valientes, ni cobardes, porque por lo que a mí respecta:

¡QUE VIVA LA REVOLUCIÓN!





Y tú,

 ¿Te atreves a unirte a nuestra revolución?

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA CIENCIA DEL MÉTODO ESTIVILL DESDE LA PERSPECTIVA DEL SIGLO XXI



Este 20 de Noviembre ha sido publicado en la revista Naukas. Ciencia, Escepticismo y Humor el artículo: La ciencia del método Estivill, una de las mejores (si no la mejor) defensa de dicho método escrita hasta el momento. Con él su autor, Jesus Rosino, en un alarde de grandes conocimientos en historia y psicología en relación a este tema (y no lo digo con ironía), pretende demostrar sin lugar a dudas cuatro hechos fundamentales: que el Método Estivill [1] es eficaz, necesario y seguro, y que no existe debate científico del sueño infantil.

A continuación voy a demostrar por qué todavía no existen en absoluto garantías de la inocuidad del método Estivill, y lo voy a hacer analizando esta situación desde una perspectiva curiosamente ignorada hasta el momento en toda la polémica, pero que demuestra ser la única que nos permite tener una visión realista y global de la situación en la que se encuentra la ciencia del sueño infantil: la perspectiva de los estudios Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) [2].

De esta manera voy a demostrar que la imagen que la pediatría del sueño intenta dar a la sociedad es producto de un obsoleto concepto mertoniano [3] de la ciencia, ya superado por los estudios multidisciplinares CTS que se vienen desarrollando desde los años 60 del siglo pasado hasta nuestros días.



La Ciencia del Sueño Infantil y Las Fronteras de la Pediatría del Sueño.


He querido traer a este contexto la perspectiva CTS porque me parece fundamental para comprender qué está pasando en todo lo que se refiere al sueño infantil. El artículo de Rosino ha sido una excelente oportunidad para identificar claramente el mensaje que la pediatría del sueño pretende mandar a la sociedad: 
Nosotros (profesionales del sueño infantil: pediatras y psicólogos principalmente), desde la ciencia basada en evidencias producto del método científico y bajo la asunción de cumplimiento del acrónimo CUDOS mertoniano, somos los únicos poseedores de un conocimiento con una calidad de evidencia tal que nos permite dictaros a vosotros, los padres, cómo, cuánto, dónde y cuándo deben dormir vuestros hijos.
Y así, bajo esta premisa, todos los conocimientos que no alcancen el nivel de evidencia establecido en una valoración interna intra-pares dentro de la disciplina de la pediatría del sueño no son, ni tan siquiera, considerados dignos de debate.

Pero, a la luz de los estudios CTS, podemos comprobar que la ciencia de la pediatría del sueño está muy lejos de respetar las normas mertonianas. Por el contrario, al analizarla desde esta perspectiva observamos una dinámica compatible, por ejemplo, con los conceptos de ciencia normal (CN) versus ciencia revolucionaria (CR) de Kuhn [4], o con los modelos de ciencia post-académica (CPA) de Ziman [5], o ciencia post-normal (CPN) de Funtowicz y Ravetz [6]. Una perspectiva que cuestiona gravemente las presunciones de una ciencia mucho más limitada por la realidad que lo que ella misma se reconoce. Y esto para nosotros, los padres, tiene unas implicaciones también mucho más profundas de las que podría parecer a simple vista, porque cuestionan las acciones de estos profesionales de la pediatría del sueño que se creen que sólo con la escala de valores que marca la revisión intra-pares interna del método científico tienen la autoridad necesaria para dictarnos las normas del sueño infantil (y familiar).

Pero comencemos por el principio. Vamos a demostrar como la naturaleza misma de la ciencia pediátrica del sueño no le permite esgrimirse con la autoridad de ser la única institución con capacidad normativa sobre este tema. 

Como ya explico en El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil, capítulo 3, según el profesor de antropología James McKenna (McKenna et al, 2007), toda la pediatría del sueño se basa en el estudio de un sujeto que no duerme según las condiciones naturales en las que dormiría un cachorro humano: en solitario versus colechando. Después de milenios dormir siempre en estrecho contacto con su cuidador, el sueño en solitario de los bebés y niños se estableció por meros motivos culturales, en absoluto científicos o médicos, hace unos pocos cientos de años. Y esto no es una falacia naturista, como diría Rosino, sino más bien todo lo contrario, porque sería la pediatría del sueño la que cometería un clarísimo acto de naturalización, esto es - según definió Roland Barthes - la transformación de lo cultural e ideológico en natural. Así pues, la pediatría del sueño comenzó sus andaduras naturalizando el sueño en solitario y dando por hecho que es la manera cómo debe dormir todo bebé y niño, convirtiendo así su naturalización en normativa.

Por lo tanto, ya tenemos fuera de juego el Universalismo y el Escepticismo del CUDOS de Merton. La ciencia del sueño infantil no puede cumplir estos requisitos dada la enorme y determinante influencia que la cultura ha tenido en su desarrollo desde su mismo nacimiento. De hecho podemos afirmar que la ciencia del sueño infantil es uno de los ejemplos más evidentes de la influencia que la cultura tiene sobre el desarrollo científico. Como dice el profesor McKenna:
"En pocos lugares los valores sociales, las expectativas y las preferencias de la sociedad occidental industrializada están tan fuertemente reflejados como en los modelos clínicos de lo que se supone que es un sueño normal y una manera normal de dormir durante el primer año de vida del bebé. En el campo de la medicina pediátrica del sueño, por lo que parece, las interpretaciones culturales han predominado sobre las biológicas, a menudo sin que los propios científicos fueran conscientes" (McKenna et at,  2007)
Utilizando la perspectiva de Kuhn diríamos que la pediatría del sueño asienta su status quo, o sea, lo que Kuhn considera CN, en el bebé/niño durmiendo en solitario lejos del cuerpo de su madre. A partir de ahí podemos deducir que cualquiera que no base su ciencia del sueño en esta naturalización del sueño en solitario es, por lo tanto, CR, ya que supone un evidente cambio de paradigma.

Y ahora vayamos a por el Desinterés. Es evidente que los investigadores no trabajan cada día sólo por amor al conocimiento y el bien de la comunidad, algo absolutamente comprensible y aceptable ya que necesitan su salario como todo el mundo. En dónde realmente se incumple la norma del Desinterés es en el sesgo que la financiación privada de los proyectos de investigación está generando en el diseño de los experimentos, la interpretación de los resultados y la llegada a conclusiones. Este fenómeno no es exclusivo de la ciencia del sueño infantil, o de la medicina, sino que en la actualidad es un problema generalizado a toda la ciencia en general, hasta el punto de llevar a Ziman a definir la CPA como la sometida a estos intereses económicos.

Un ejemplo de que la ciencia del sueño infantil se sitúa dentro de la CPA de Ziman lo tenemos en la colaboración que una empresa de productos infantiles realiza con la doctora Mindell, una de las investigadoras más citadas en el artículo de Rosino. Dicha empresa ha financiado un importante número de sus trabajos, entre los que se encuentran tres artículos: uno valida un nuevo método para dormir a los niños llamado “Rutinas positivas”, en la aplicación del cual se utilizarán los productos de la misma empresa (de una línea dedicada exclusivamente al sueño infantil) (Mindell et al, 2009), y los otros dos valoran la eficacia de la intervención que ella misma realiza a través de la página web de dicha empresa (Mindell et al, 2011 a y b). Gracias a la publicación de estos trabajos en revistas científicas, la empresa en cuestión puede publicitar que sus productos y métodos están “clínicamente probados”. Cabe destacar también que Mindell es la primera autora de artículos tan importantes como la revisión citada por Rosino para demostrar la falta de efectos nocivos de las técnicas cognitivo-conductuales (Mindell et al, 2006), artículo publicado en colaboración con la Academía Americana de Pediatría (AAP). Las recomendaciones de dicha academia serán tomadas en cuenta por las organizaciones y asociaciones de pediatría del resto del mundo para dictar las suyas propias.

Por lo tanto, la financiación de esta empresa ha permitido al equipo de esta investigadora la realización de estudios publicados en revistas de alto nivel de impacto, pero ¿Hasta qué punto han sido independientes en el diseño e interpretación de dichos trabajos? ¿Financiaría esta, u otra empresa del sector, un estudio diseñado para demostrar las bondades del colecho o la inutilidad de las “Rutinas Positivas” (y con ello del uso de los productos de su línea del sueño infantil) en el caso de que los bebés duerman con su madre?

O dicho de otra manera ¿Qué grupos de investigación sobre el sueño infantil tienen más probabilidades de conseguir financiación privada: los que investigan desde la perspectiva de CN, en la que los niños deben ser obligados a dormir solos (en una cuna, tras un baño relajante con el gel X y un masaje con la crema Y, con saquito especial para que no se destape, móvil de luces de colores y música o sonido imitación del latido del corazón, interfono para oírle llorar, sistema de movimiento para mecerle, chupete y peluche) o los que investigan desde la perspectiva de CR, tratando de cambiar el paradigma, y que abogan por una apertura de miras que favorezca de manera natural el sueño de los niños sin necesidad de nada más que la presencia de sus padres?

No hay más que mirar un poco en el mundo de medicina (pediátrica o del sueño) para darnos cuenta que esta colaboración entre científicos y empresas no es en absoluto excepcional, hasta el punto de que diversos productos de cuestionable utilidad o calidad llevan el sello de la asociación de pediatría del país, el cual se han ganado a base de financiar congresos, investigaciones o eventos científicos. Tampoco es raro ver en diferentes medios de comunicación a los profesionales más populares anunciando productos específicos hasta el punto de que eminentes especialistas del sueño infantil pueden verse publicitando yogures que, teóricamente, favorecen el sueño. Por no entrar ya a hablar de las aplicaciones para ipads y demás artilugios informáticos, basadas en cuestionarios muchas veces utilizados en los mismos estudios científicos que validaban la técnica conductista en la literatura científica.

Desde esta perspectiva encontramos que el método convencional de valorar la evidencia científica mediante los niveles de evidencia se nos queda muy corto a la hora de juzgar la importancia real del conocimiento científico de la CR en comparación con la CN. Si el grupo de investigadores que se mantienen en la CN, respetando el status quo, son los que más fácilmente reciben financiación privada, también tendrán más facilidades para recibir financiación pública y, por lo tanto, para publicar más y mejores estudios, siempre todos realizados desde su perspectiva, lo que reforzará, todavía más el propio status quo ya que será el que habrá obtenido evidencias de mejor calidad.

Todo esto nos permite comprender por qué, por ejemplo, no se han realizado grandes estudios con el diseño necesario para permitir demostrar con un alto nivel de calidad de evidencia que el método Estivill (o el propio sueño en solitario) tienen efectos nocivos a corto, medio o largo plazo [7]. Y es que - a parte de que por su propia definición la CR no se beneficia de la inercia que ya tiene la CN y de que es, además, mucho más joven – los proyectos de investigación enmarcados dentro de la CR del sueño infantil lo tienen mucho más difícil a la hora de conseguir financiación, ya que su investigación no va a estar asociada a la venta de productos o métodos y, con ello, beneficios económicos. Esto dificulta su capacidad para  publicar tanto y al mismo nivel como los investigadores de la CN. Y con ello se dificultará todavía más la financiación de la CR. No es más que la pescadilla que se muerde la cola.

Por lo tanto, si sigue esta dinámica, la calidad de las evidencias de la CR del sueño infantil siempre será peor que las de la CN, independientemente de lo acertadas que sean sus hipótesis. Es el llamado “Efecto Mateo” [8] que, como el propio Merton admitió, contradice claramente la norma de Universalismo, y por extensión la de Desinterés, ya que los científicos del sueño infantil tendrán una enorme motivación para hacer una investigación acorde con los intereses de la fuente de financiación: en este caso harán mayoritariamente CN.

Esto quiere decir que la calidad de las evidencias científicas del sueño infantil va a depender, fundamentalmente, de factores económicos e intereses comerciales. Poco importan lo sólidas que sean las hipótesis de la CR: si no encuentran financiación difícilmente podrán realizar los estudios necesarios para corroborarlas con una calidad de evidencias comparable a la de la CN. Como las instituciones oficiales de pediatría, y las propias empresas interesadas, van a lanzar recomendaciones (y campañas publicitarias) basándose en el nivel de evidencias científicas, es evidente que el Status quo se va seguir consolidando de cara a la sociedad.

Y es en este punto en dónde me gustaría introducir el concepto de CPN de Funtowicz y Ravetz. Dado que no se han realizado los estudios necesarios para demostrar si el método Estivill (o, incluso, el simple sueño en solitario) son realmente nocivos para nuestros hijos, me atrevo a posicionar la ciencia del sueño infantil en el terreno de la CPN. Según estos autores la CPN se caracteriza por su alto grado de incertidumbre, lo que invalida al método científico como el único capaz de resolver la situación ya que están entrando en juego toda una serie de valores éticos, económicos, políticos, culturales, sociales…etc que no pueden ser ignorados.

Por lo tanto no queda otra que abrir el foro de debate al resto de actores implicados en el tema, entre los que se encuentran, por ejemplo, investigadores de otras disciplinas (como la ciencia del estrés o la antropología), profesionales clínicos no investigadores (estos que se basan principalmente en la experiencia personal generada en sus consultas, y por lo tanto, no científicamente comprobada, para apoyar o atacar el status quo), o los mismos padres, los cuales desde hace ya bastantes años nos hemos organizado en foros y páginas webs dedicados exclusivamente a la discusión sobre las estrategias para dormir a nuestros hijos. Valga como ejemplo la legendaria página Dormir sin llorar que incluso ha dado lugar a un libro de consejos prácticos escrito por siete madres “desde la trinchera”.

En resumen, existen dos razones fundamentales por las que las investigaciones del sueño infantil no cumplen las reglas mertonianas de la buena ciencia: 
  1. El origen cultural de su más básica presunción a partir de la cual se basa toda su investigación: el bebé o niño debe dormir en solitario.
  2. Los intereses económicos y comerciales involucrados en la investigación que alimentan la producción de CN en detrimento de la CR. 

Por lo tanto, negar la existencia de un debate científico sobre el sueño Infantil simplemente porque la evaluación de las evidencias científicas intra-pares (dentro de los límites de la pediatría del sueño) son tan asimétricas entre la CN y la CR, es un tremendo error, dado que esta realidad invalida a la pediatría del sueño, y al propio método científico, como única autoridad sobre este tema.

Me van a permitir hacer un símil con una situación que recientemente hemos vivido en el mundo del deporte náutico español. Hace poco menos de dos semana un barco sin patrocinador oficial, pilotado por el navegador transoceánico Alex Pella, se ha proclamado campeón de la legendaria regata  La Route du Rhum. Este barco ha competido con los grandes campeones tradicionales, Inglaterra y Francia, financiados hasta por 500.000 euros. Negar el debate en la ciencia del sueño infantil sería como decir que Alex Pella no ha competido porque no pertenece al grupo de los “campeones tradicionales” y no estaba patrocinado. Pero compitió, vaya si compitió. Y no solo eso, ganó.

Y es que hay realidades en la vida que superan el poder de lo económico o la inercia de la tradición. Que Alex Pella y su equipo son unos genios de la navegación no depende del dinero que reciban o de cuánto se los tome en consideración en relación a los campeones clásicos, pero que lo puedan demostrar al mundo sí. Yo estoy segura de que la CR del sueño infantil va a encontrar su espacio y su financiación y, con ello, sus evidencias del máximo nivel. Para ello necesita tiempo (todavía es joven) pero, sobre todo, necesita que todos aquellos que creemos en ella, legos y especialistas, luchemos por darle lo que se merece, cada uno desde nuestra propia posición.

Precisamente escribí “El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil” porque creo en este necesario cambio de paradigma. Creo que la ciencia al final es la mejor herramienta para seguir por el camino correcto, a pesar de todos los intereses económicos, políticos o culturales que la vapulean. Para ayudarle en su misión la sociedad debe bajarla de su pedestal y formar parte de ella para construirla desde dentro, junto con sus científicos. Como dice el catedrático de lógica y filosofía de la ciencia, el profesor José Antonio López Cerezo:
 “Contribuir a mistificar la ciencia es contribuir a perjudicarla”. 
Obras enteras de divulgación que basan una dinámica del sueño infantil en un solo artículo publicado hace 30 años o artículos que argumentan con información parcial para entronizar un método obviamente cuestionable y altamente debatido, negando un debate innegable, no hacen bien a nadie.

Aceptemos, pues, la realidad de nuestra ciencia imperfecta: La ciencia del sueño infantil es mucho más que la parte dominante actual de la ciencia pediátrica basada en evidencias. Aceptemos todas sus dimensiones, integrémoslas y actuemos en consecuencia. Esta será la única manera de que la ciencia completa del sueño infantil evolucione de la mejor manera para garantizar la salud y el bienestar de nuestros hijos.



Bibliografía

  1. Jimenez-Bueno M, Ramos Vielba I. ¿Más allá de la ciencia académica?: Modo 2, ciencia Posacadémica y ciencia posnormal. ARBOR ciencia pensamiento y cultura. 2009; CLXXXV 738; 721-737. 
  2. McKenna JJ, Ball HL, Gettler LT. Mother infant cosleeping, breastfeeding and sudden infant death syndrome: what biological anthropology has discovered about normal infant sleep and pediatric sleep medicine. Yearbook of physical anthropology 2007; 50: 133-161.
  3. Mindell JA, Kuhn B, Lewin DS, Meltzer LJ, Sadeh A. Behavioral treatment of bedtime problems and night wakings in infants and young children. Sleep 2006; 29; 10: 1263-1276
  4. Mindell JA, Telofski LS, Wiegand B, Kurtz ES. A night bedtime routine: impact on sleep in young children and maternal mood. Sleep 2009; 32; 5: 599-606.
  5. Mindell JA, Du Mond CE, Sadeh A, Telofski LS, Kulkarni N, Gunn E. Efficacy of an internet-based intervention for infant and toddler sleep disturbances. SLEEP 2011; 34; 4: 451- 458. (a)
  6.  Mindell JA, Du Mond CE, sadeh A, Telofski LS, Kulkarni N, Gunn E. Long-term Efficacy of an Internet-based Intervention for Infant and Toddler Sleep Disturbances: One Year Follow-Up. J Clin Sleep Med 2011; 7; 5: 507-511 (b)
  7. Núñez Jover. La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la educación científica no debería olvidar. Organización de Estados Iberoamericanos.

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[1] Como Método Estivill en este artículo vamos a identificar la técnica cognitivo conductual denominada en la literatura científica como: Controlled comforting (consuelo controlado), controlled crying (llanto controlado) o graduated extinction (extinción gradual).

[2] El campo interdisciplinar CTS sitúa su origen entre los años 60 y 70 del siglo pasado a partir de la publicación de dos obras emblemáticas: La Estructura de las Revoluciones Científicas de Thomas S Kuhn y La Primavera Silenciosa de Rachel Carson. La primera abriría la puerta a la tradición académica (también llamada europea) y la segunda a la activista (o americana). Mientras la primera se centraba en la influencia que la sociedad tenía sobre la ciencia, la segunda lo hacía en la denuncia de los efectos indeseables que la ciencia tenía sobre la sociedad. A día de hoy ambas tradiciones tienden a la convergencia y, desde su nacimiento, los estudios CTS han ido dejando interesantes teorías que esclarecen y permiten comprender la complicada e intensa relación existente entre la ciencia, la tecnología y la sociedad.

[3] Robert King Merton (1910-2003) fue un sociólogo americano que dedicó gran parte de su carrera a enseñar en la universidad de Columbia y que es considerado el padre de la verdadera sociología de la ciencia. Según Merton, la ciencia es una institución cuyo objetivo es la extensión del conocimiento certificado, y este objetivo necesita descansar en un conjunto de normas que permitan su existencia y su diferenciación social respecto a otras instituciones. Estas normas las resume en su famoso acrónimo CUDOS (en versión inglesa, CUDEOS en la española), que además coincide fonéticamente con el término griego KUDOS, traducible en griego como “el renombre o la fama consecuencia de un descubrimiento”. CUDOS resume así los principios de la buena ciencia: Comunalismo (los hallazgos de la ciencia son producto de la colaboración y son asignados a la comunidad y compartidos por todos sus miembros), Universalismo (las pretensiones de verdad son sometidas a criterios impersonales, tales como la adecuación a la experiencia y el conocimiento confirmado), Desinterés (el investigador trabaja por amor al conocimiento y el reconocimiento de sus pares y comunidad), Originalidad (las aportaciones son siempre de nuevo conocimiento) y E(S)cepticismo (el investigador no puede distinguir entre lo sagrado y lo profano, todo debe ser discutible)   (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[4] Kuhn (Cincinnati, 1922 - Cambridge, 1996), considerado el padre de la corriente académica de los estudios CTS, introduce los conceptos de Ciencia Normal (CN) versus Ciencia Revolucionaria (CR) o Extraordinaria. La CN se centraría en la resolución de problemas sin poner en entredicho el marco analítico general o los contornos del paradigma vigente en un momento dado, mientras que la CR sería el resultado de la crisis generada por las contradicciones que va generando el paradigma establecido, por lo que en ella se produce un cambio fundamental del mismo. En el periodo de CR las reglas hasta entonces comúnmente aceptadas (el status quo) se ponen en cuestión y con el cambio de paradigma se resuelven las contradicciones generadas (Nuñez Jover).

[5] Ziman (1925 - 2005) en el año 1994 acuñó el término Ciencia Post-académica (CPA) como contraposición a la Ciencia Académica (CA) que correspondería a la ciencia mertoniana. Para Ziman CUDOS no sirve para entender las dinámicas sociales que rigen la CP ya que, entre otras cosas, ésta última está fuertemente influenciada por intereses económicos y queda caracterizada por su carácter apropiable e interesado, y por estar sujeta a la autoridad de los gestores y proyectos realizados por encargo (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[6] También en los inicios de los años 90 Funtowicz y Ravetz acuñaron el término Ciencia Post-normal (CPN) como contraposición al concepto de Ciencia Normal (CN), introducido por Kuhn. La CPN se caracterizaría por sus altas dosis de incertidumbre, y su punto de partida es el reconocimiento de que la incertidumbre es inherente a los sistemas complejos: la base del conocimiento se caracteriza por las incertidumbres, la multicausalidad y el entendimiento imperfecto. La CPN aparece cuando las incertidumbres son de tipo epistemológico o ético, y en ella coexisten la gestión de la incertidumbre con la observación de los fenómenos bajo el prisma de los fundamentos teóricos y todo ello, a su vez, con la pluralidad de perspectivas y compromisos. Es en el espacio de la CPN dónde la práctica científica puede afrontar los desafíos implícitos en los contextos complejos en los que colisionan pluralidad de actores y valores. Para ello se articula – y esta es la característica más destacable de la CPN – la participación pública.  (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[7] En el capítulo 5 del Debate Científico sobre la Realidad del sueño infantil se encuentra la discusión sobre los estudios realizados hasta el momento y se demuestra cómo, debido a sus limitaciones, no son capaces de asegurar la inocuidad del método en cuestión.
 
[8] Evangelio de San Mateo capítulo 13, versículos 11-13: “Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.”

lunes, 27 de octubre de 2014

SÍ, ES CIERTO, ES INMORAL.............

Sí, es cierto, hay mucha inmoralidad asociada a la maternidad. 

Porque es inmoral: 


..................Que al ir a parir te traten como una enferma. Te obliguen a tumbarte y a ponerte un gotero. Te inmovilicen. Te infantilicen. Te quiten a tu bebé y ni te dejen verlo. Que no te lo pongan sobre tu piel, ni le permitan cogerte el pecho.

............... Que se lleven a tu hijo al nido, sin respetar ese continumm tan importante para el establecimiento de una lactancia exitosa y del vínculo entre madre e hijo. Que le den suplementos innecesarios. Que nadie te asesore correctamente sobre como amamantar e iniciar la lactancia de manera exitosa. Que te digan que "es normal que duela" o que tu leche "no es buena" o que "no tienes suficiente".

.................. O que te presionen a amamantar sin ofrecerte en ningún momento las herramientas necesarias para hacerlo saludablemente. Que te juzguen y te limiten a un conjunto de datos estadísticos. Que te den a entender que ellos lo saben todo y tú no sabes nada.

................. Que te dejen aislada en casa, con tu criatura recién nacida, sin vida social, con tus actividades limitadas, no porque hacerlas no sea bueno para tu bebé y para ti, sino porque es "socialmente inconveniente". Que te obliguen a separarte de tu hijo para incorporarte a tu vida social y laboral. Que esta sociedad no considere la maternidad como una de sus principales prioridades y, muy al contrario, pretenda tenerla escondida en el trastero.

................... Que te hagan sentir vergüenza por amamantar a tu hijo en medio de una comida familiar, laboral o de amigos, en medio de un supermercado, de un cine, en el asiento del autobús o en el borde de la piscina (¿Cómo dices?¿Que es "antihigiénico"? no me hagas reír, por favor............. ¿Sabes cuanta agua de la piscina ha tragado ya esa criatura que se ha bañado en ella?¿Realmente crees que la poquita que chupa del pezón de su madre le va a afectar? Y por el otro lado, ¿realmente piensas que una improbabilísima gota de leche materna que pueda caer al agua va a cambiar en absoluta el potencial infeccioso de ese agua llena de sudor, restos de pelos y piel y, probablemente, hasta pipís).

Sí, en esta sociedad hay muchos comportamientos inmorales asociados a la maternidad pero, desgraciadamente, no son los que se denuncian.

Llevamos unos día en los que he llegado a creer que la vieja "Inquisicion Española" ha salido de su tumba (será por la proximidad de Halloween) y se ha colado entre los perfiles de Facebook porque en menos de una semana han bloqueado a Alba Padrós, el blog Tenemos Tetas de Ileana Medina y a Liliana Castro de Fundación Camino Claro. A Nohemí Hervada, nuestra luchadora más empedernida por la libertad de expresión y manifestación, le han dado un aviso. 

Pues para todos estos inquisidores de pacotilla, aquí os dejo una divertida y reivindicativa canción, a ver si se os dulcifica vuestro agriado carácter de moralistas casposos.

Porque nosotras amamantamos cuándo, dónde, cómo y cuánto nuestros hijos y nosotras queramos.

¡FALTARÍA MÁS!