domingo, 23 de marzo de 2014

JUNTOS

Una conversación con un amigo me ha llevado hasta estos dos vídeos.

¿Nos perdonamos???

Todavía no es tarde

Juntos podemos conseguir todo lo que nos propongamos

Somos la humanidad









viernes, 21 de marzo de 2014

INFORMANDO AL DÓCTOR ESTIVILL

"Lady Blogger with Her Maid", after Vermeer. Por Mike Licht, NotionsCapital.com


Estimado doctor Estivill:

Acabo de ver una entrevista publicada en Informativos. net el 19 de Marzo del año 2014 en la que la periodista Gema Castellano le pregunta por las críticas que recibe su método y usted, de nuevo, como hace años tuve la desgracia de leer y escuchar, vuelve a decir que estas críticas solo están en internet.

Comparto aquí el vídeo de la misma por si alguno de los lectores de este blog quiere comprobar mis palabras:




También acabo de ver su respuesta a la última pregunta del encuentro digital que ha publicado la revista Vogue. La única que se refiere al sueño infantil. Algo muy curioso porque: 
  1. Usted es famoso en el mundo del sueño precisamente por sus libros sobre el sueño infantil.
  2. Sé de buena tinta que decenas de personas le mandaron preguntas sobre este tema. Eso sí, con claras críticas (aunque respetuosas) en su contenido.
Y su respuesta es, cuanto menos, insultante. Sigue afirmando que: 

"...todo lo que hemos publicado en nuestros libros son normas científicas ratificadas por múltiples estudios. Si deseais ver estas referencias bibliográficas podéis consultar nuestro libro DUERMETE NIÑO, VERSIÓN ACTUALIZADA. Allí, además de explicar estas rutinas clásicas que son las mismas que recomienda la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad americana del Sueño, enseñamos cómo adquirir buenas rutinas desde el momento del nacimiento.
 (...)
 "Sobretodo no hagáis caso de las opiniones de internet. En internet hay algunos comentarios personales, sin ningún fundamento científico que solo os confundirán."

Así que, como veo que sigue usted sin informarse correctamente sobre este aspecto, he decido traer aquí, a mi blog - que ciertamente pertenece a ese infravalorado (por usted) mundo de internet - unos cuantos ejemplos de las críticas a su metodología publicadas en las revistas científicas, esto es (como usted muy bien sabe), en las peer review journals o revistas revisadas por pares. 

Evidentemente estas revistas también están en internet. Hoy en día toda la información relevante del planeta tiene altísimas probabilidades de estar en internet. Ya sé que con su comentario de "solo están en internet" se refiere a la blogosfera maternal y de crianza. Pues va a ser que no, doctor Estivill. Las críticas contra su método están en muchos sitios, muchos de ellos tan importantes como las revistas especializadas de mayor factor de impacto. 

Ahora mismo se lo demuestro.

Prof. Darcia Narvaez
Empezaré por la profesora Darcia Narvaez que en un libro publicado junto a Panksepp, Schore y Gleason (Narvaez et al, 2013) (y que no está en internet), nos hace un excelente resumen de las las investigaciones sobre los efectos nocivos del estrés en el cerebro de los bebés. Según explica, es un error cultural muy común, originario parcialmente de la tradición conductista, considerar un comportamiento de crianza aceptable e incluso apropiado el dejar a los niños llorar para que aprendan a dormir solos. Cuando los niños se dejan llorar sin el consuelo de sus cuidadores sus cerebros se inundan con hormonas del estrés potencialmente neurotóxicas, como el cortisol (Blunt Bugental et al, 2003;  Gunnar & Donzella, 2002). Los opiáceos endógenos cerebrales, responsables de la sensación de bienestar, disminuyen con la tristeza (Zubieta et al, 2003) y los circuitos de dolor físico se activan (Eisenberger et al, 2003Panksepp, 2003). Sabemos que los bebés de seis meses ya son capaces de producir una respuesta de estrés anticipatoria, basada en sus expectativas de como van a ser tratados por sus padres (Haley et al, 2011). Con el tiempo, cuando estas experiencias son frecuentes y duraderas, la respuesta al estrés del cerebro puede verse afectada y producirse un exceso de sensibilidad y actividad (Anishman et al, 1998), produciendo una predisposición a la depresión clínica y la ansiedad (Barbas et al, 2003De Kloet et al, 2005Watt & Panksepp, 2009), malos resultados en la salud física y mental y envejecimiento prematuro y mortalidad (Preston & Waal, 2002). Un sentimiento de angustia persistente y frecuente durante los periodos sensibles de la infancia temprana reduce la expresión de los genes del ácido gamma-aminobutírico (GABA), lo que produce desórdenes de ansiedad y depresión a la vez que aumenta el riesgo de consumo de alcohol como respuesta de alivio al estrés (Caldji et al, 2000Hsu et al, 2003). La desregulación emocional crónica sienta las bases para psicopatologías mas graves ( Cole et al, 1994Panksepp & Watt, 2011), especialmente la depresión. La desregulación emocional en la infancia está relacionada con patologías mentales posteriores, incluyendo la propensión a la violencia (Davidson et al, 2000). El estrés que produce un apego inseguro rompe el funcionamiento emocional, compromete las habilidades sociales y puede promover una inclinación emocional permanente hacia una actitud de auto-defensa ansiosa (Henry & Wang, 1998Schore, 2009).

Sigo.


Wendy Middlemiss, PhD
Ahora le pongo un ejemplo más puntual. En un estudio recientemente publicado en Early Human Development (factor de impacto entre 2 y 2.4), Middlemiss y colaboradores (Middlemiss et al, 2012) examinaron los componentes fisiológicos y conductuales de las interacciones madre-hijo durante su participación en un programa de entrenamiento del sueño. En este contexto demostraron que tras tres días de adiestramiento se producía una desincronización significativa en los niveles de cortisol entre las madres y sus bebés. Mientras que los niveles de cortisol de los bebés no cambiaban a pesar de que dejaban de llorar, el de sus madres disminuía significativamente en cuanto sus hijos ya no lloraban. También observaron que, a pesar de que los niveles de cortisol eran iguales en los bebés durante los tres días de adiestramiento, estos lloraban significativamente más el primer día que el tercero. Esto nos demuestra que la falta de llanto no se relaciona con una disminución real del estrés que sufre el niño, tal y como ya habían apuntado anteriormente otros autores como Margot Sunderlan en su libro "La ciencia de Ser Padres", libro convenientemente publicado, traducido a numerosos idiomas, que no está en internet, y que además consta de unas 500 referencias bibliográficas, si no recuerdo mal (Sunderland, 2006).

Y sigo, no se preocupe que material no me falta. 

Me parece muy interesante el hecho de que a día de hoy ya nadie ponga en duda la compleja interrelación entre las emociones y el sueño, y numerosas investigaciones demuestran que no sólo el estrés, sino también emociones como el enfado o la soledad influyen muy negativamente en el mismo (Baglioni et al, 2010Vandekerckhove & Cluydts, 2010Kahn et al, 2013). Hatzinger ha demostrado, en una muestra de niños de 5 años, que una  alta actividad basal del eje HPA  y una secreción de cortisol elevada en respuesta al estrés están asociados a un sueño de peor calidad y, aunque su diseño experimental no permite determinar la dirección de esta interrelación, los estudios en adultos apuntan a que la desregulación del eje HPA precede a los problemas de sueño (Hatzinger et al, 2008). 

Como interesante es la información obtenida por los estudiosos de la filogenia del sueño sobre el efecto que el estrés tiene sobre la arquitectura del mismo. Está ampliamente demostrado que las aves que se sienten en peligro de depredación duermen menos y se despiertan con más frecuencia pasando más tiempo en sueño unihemisférico que en sueño bihemisférico. De la misma manera, los estudios realizados sobre ratas demuestran que el mismo tipo de estrés produce un retraso en el sueño, el sueño NREM disminuye su duración (no el numero de episodios) y el sueño REM disminuye el número de episodios (pero no su duración), especialmente al principio del sueño (Capellini et al, 2010). Cuando se administran glucocorticoides tanto en el modelo humano como animal se producen alteraciones importantes de la arquitectura del sueño. En ambos se observa una actividad en el EEG típica de la vigilia, pero mientras que en humanos se observa que el sueño NREM de ondas lentas disminuye, en animales éste aumenta, a la vez que lo hace el periodo de latencia antes del sueño (Hurtado-Alvarado et al, 2013).

Teniendo en cuenta que los bebés y niños a los que se les está aplicando su técnica se duermen llorando, - por lo tanto, absolutamente estresados - y tras haberse demostrado que incluso los que dejan de llorar siguen estresados, ésta es una información a tener en cuenta. ¿No le parece?

Claro, me puede argumentar que estas últimas críticas son muy indirectas e inespecíficas. Que no son críticas, vamos. Pero el caso es que las hay bien directas también. De hecho el primer ejemplo que he citado, las de la doctora Narvaez, creo que no dejan lugar a dudas. Pero hay más. Por ejemplo este artículo de los doctores Blunden, Thompson y Dawson, del que ya he hablado en otra ocasión pero que vale la pena poner de nuevo encima de la mesa: 

Blunden SL, Thompson KR, Dawson D. Behavioural sleep treatments and night time crying in infants: challenging the status quo. Sleep Med Rev 2011; 15: 327-334.

En él los autores cuestionan la necesidad de aplicar este tipo de tratamiento a los niños. Este artículo me parece sumamente interesante, no solo por su calidad (a parte del prestigio de sus autores, el factor de impacto de la revista es 8.7. Nada despreciable), sino por la respuesta que generó a cargo de Sadeh, Mindell y Owens, que como usted bien sabrá son investigadores punteros en el área del sueño infantil. Seguro que los conoce porque están muy en su linea: siempre han sido defensores del sueño en solitario y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo. Seguro que conoce su colaboración con J&J: esta conocida empresa de productos infantiles parece estar financiando gran parte de sus estudios a la vez que ellos participan en la promoción de sus productos mediante el diseño de un algoritmo en la página web de dicha empresa utilizando el cuestionario diseñado por Sadeh (BISQ: Brief infant sleep questionary) y los criterios propios de su corriente de pensamiento para diseñar los consejos dirigidos a las familias. Consejos que invariablemente contienen uno en concreto: aplicar una rutina de sueño tipo masaje y baño (con los productos de J&J, claro). Lo sé porque hice el cuestionario. Las respuestas que recibí tendrán en su día el post correspondiente. Se lo merecen.

Pero volviendo al tema que nos concierne, que me estoy yendo por las ramas, Sadeh, Mindell y Owens rebatieron la publicación de Blunden y colaboradores con el siguiente artículo:

Sadeh A, Mindell JA, Owens J. Why care about sleep of infants and their parents? Sleep Medicine Reviews 2011; 15: 335-337.

El artículo es una defensa a ultranza del sueño en solitario de los niños y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo pero, cuidado, ya no todas las técnicas de adiestramiento al mismo nivel. En uno de sus párrafos los autores afirman que:

"One of the main claims raised by Blunden et al. is that clinical interventions for infant sleep problems encourage parents to ignore their crying infants during the night and that this may seriously compromise infant-parent attachment security. (....) However, it should be emphasized that the vast majority of modern behavioral interventions are based on some degree of continued caregiver response to the infant throughout the sleep initiation or resumption process. Some methods recommend continuous presence of the parents next to the infant crib during the process or throughout the night.".

Vaya, resulta que actualmente la mayoría de los métodos ya no se basan en "dejar llorar" solo al bebé (ni poco, ni mucho) e incluso muchos recomiendan la presencia continua de los padres durante la noche. Y ésta es una razón que esgrimen estos autores como defensa de las técnicas de adiestramiento: que ya no son lo que eran

No sé si se da cuenta, doctor Estivill, pero estos tres monstruos de la investigación del sueño infantil (porque lo son, no hay más que mirar sus curriculums y su influencia en la Academía Americana de Pediatría), están retirando disimuladamente su apoyo al método llamado "extinción controlada" o "llanto controlado", o sea, su método. Cierto que siguen en sus trece: siguen defendiendo el sueño en solitario como objetivo exclusivo de la clínica del sueño. Pero reconózcalo doctor Estivill, incluso para ellos el "llanto controlado" está obsoleto y ya no pertenece a la "vasta mayoría de técnicas actuales". Porque evidentemente este método no se basa en el acompañamiento continuo del bebé/niño. Y luego está el esfuerzo por diseñar alternativas. El propio Sadeh desarrolló el llamado "camping out", que podríamos traducir como "método de retirada" (y que asumo que es al que se refieren en el párrafo antes citado de su artículo). Por no hablar del "Huggie-Puppie", también diseñado por él y que, bajo mi punto de vista, tiene importantes connotaciones. A pesar de que a mí siguen sin gustarme, sobretodo el primero, he de reconocer que hay un cambio fundamental: el bebé ya no llora solo sino que se permite la presencia continua de sus padres, incluso toda la noche. Incluso en su versión mas estricta, en la cual el bebé no debe ser cogido, solo acompañado, ya supone una diferencia fundamental: no está solo. 

Y que quiere que le diga. Es cuestión de tiempo. El método "de retirada" ya tiene una versión suavizada publicada por Blunden. Y el futuro, yo no sé usted, pero yo lo veo claro: el objetivo de la clínica del sueño debe ser conseguir la bondad de ajuste, y no el sueño en solitario a toda costa. Supongo que habrá leído a Oskar Jenni (Jenni & O´Connors, 2006; Jenni & LeBourgeois, 2011). Ya ve, más investigadores que cuestiona su método desde las revistas científicas, no sólo en internet. 

¿Más ejemplos? Pues aquí le dejo este folleto del que ya he hablado hace un par de días en mi blog, y en el que veinte profesionales de la pediatría, la psicología y la enfermería hablan en contra de los métodos basados en dejar llorar y nos dan sus razones de por qué lo hacen. Y tampoco está en internet (bueno, en internet lo he puesto yo con el permiso de su autora, Sybille Lupold, pero el folleto, está impreso en cinco idiomas y repartido por el mundo real)


Y, como punto final, también quisiera añadir aquí las declaraciones en contra de su método realizadas por la Australian Association for Infant Mental Health. Estas sí están en internet, pero no solo en internet, y considerando que son las declaraciones de una asociación como la citada creo que hay que tomarlas en consideración, estén donde estén.

Podría seguir, doctor Estivill. Pero creo que con remitirle al "Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil", ya es suficiente. Sé que conoce el proyecto. Sé que le pone en jaque mate. No lo va  a reconocer. No pasa nada. La gente no es tonta. 

Tal vez estemos heridos, tal vez estemos llenos de carencias.... 

pero no somos tontos.

sábado, 15 de marzo de 2014

LOS NIÑOS NOS NECESITAN TAMBIÉN POR LA NOCHE

Es evidente que el tema del sueño infantil preocupa a las familias. La entrevista que me hizo Gema Lendoiro, publicada en el ABC bajo el título: Los niños no Aprenden a Dormir. No Haga Llorar a sus Hijos batió el récord de lecturas y hasta ahora ha sido compartido en Facebook 53.668 veces (15 de Marzo del 2014 a las 18:30 de la tarde). En este momento, y a pesar de que fue publicado hace más de un mes, vuelve a estar en la lista de los diez artículos más leídos del periódico.

También parece evidente que se está produciendo un cambio de mentalidad importante que empieza en el mundo de la investigación del sueño infantil  y termina en los propios padres. Y una prueba de ello puede ser el hecho de que la entrevista  al presidente de la Sociedad Española del Sueño, el doctor Diego García Borreguero, titulada Un Bebé debería saber Dormir con Mes y Medio de Vidapublicada en el mismo periódico, lleva compartida en facebook solo 270 veces (cuando la de Gema Lendoiro llevaba más de 10.000 tras permanecer las mismas horas en el aire)  y en este momento está en la posición 196 de la lista de los más leídos, a pesar de ser reciente. Conclusión: las declaraciones del doctor García Borreguero ni interesan ni convencen a las familias que buscan información sobre el sueño infantil. Las mías sí. Y, evidentemente, no es porque las haya hecho yo. De hecho yo diría que es A PESAR de que las he hecho yo, una doctora en biología desconocida, presidenta de nada, pero que esgrime una herramienta incuestionables: más de 500 artículos científicos recopilados en una revisión centrada exclusivamente en el debate científico sobre el sueño infantil. 

Estoy segura de que dentro de unos años los métodos basados en dejar llorar ya ni siquiera serán una alternativa, a pesar de que los medios de comunicación siguen difundiendo las declaraciones de profesionales afines a los mismos. Pero somos muchos los que desde nuestras diferentes profesiones y posiciones, cada uno llegando hasta donde puede llegar, vamos denunciando esta situación intolerablemente sesgada e irracional que nos llegaba desde una parte bastante dominante de la pediatría del sueño. 

Nuestros niños no se merecían eso. Nosotros tampoco.

Hoy  os quiero traer aquí el trabajo de una mujer estupenda que se ha puesto como objetivo informar a la sociedad de las alternativas a los métodos basados en el llanto que pretenden "enseñar" a dormir a los niños. Ella es Sibylle Lüpold, autora del libro Ich Will bei euch schlafen (Quiero dormir cerca de vosotros), enfermera, monitora de La Liga de la Leche Suiza y IBCLC en formación. Sibylle ha escrito un folleto que recopila la opinión sobre los métodos basados en dejar llorar de 20 expertos en salud infantil. Entre ellos se encuentran dos que seguro que conocéis: Carlos Gonzalez y Rosa Jové. 

En un principio el folleto se editó en alemán e inglés (tal vez también en italiano y francés, pero de eso no estoy segura). Ahora tenemos la suerte de contar con su versión en español. He tenido el gusto y el honor de echar una mano en la traducción de este estupendo trabajo y os lo quiero traer aquí por si os es de utilidad. Tenéis la versión normal y  la versión para imprimir. Podéis imprimir y divulgar todo lo que queráis. Las únicas condiciones son: 
  • Si vais a venderlos el precio debe de ser únicamente para cubrir gastos. Siempre sin ánimo de lucro.
  • Se debe respetar toda la información de folleto. No se puede cambiar nada.
  • Se debe respetar la autoría.
Y aquí os dejo los enlaces:






viernes, 14 de marzo de 2014

DECLARACIONES SOBRE SUEÑO INFANTIL Y LACTANCIA...... QUE ROMPEN EL ALMA

Facebook está que arde.

Y no es para menos. Ayer con las poco afortunadas declaraciones de Anna Pedraza, presidenta de la Associació Catalana d'Infermeria Pediàtricasobre la incapacidad para amamantar de una madre desnutrida, declaraciones que los medios de comunicación no tardaron en aprovechar desvirtuando la lactancia materna todavía más. Y hoy con la presentación en sociedad de un Estudio sobre el Sueño de Dodot (lo que no nos han dicho es en que peer review journal saldrá o ha salido publicado) y las declaraciones, también francamente desafortunadas, del doctor Diego García Borreguero, presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES) y director del Instituto Investigaciones del sueño (IIS), según las cuales, y cito textualmente, "Un bebé debería saber dormir con un mes y medio de vida".

No voy a entretenerme demasiado en desmontar todos estos discursos ya que otros lo han hecho ya de manera brillante. Sin duda el que más respuestas ha generado hasta el momento ha sido la pifiada de la asociación de enfermeras. Diversas organizaciones pro-lactancia materna, así como IBCLCs y asesoras de lactancia, ya han hecho público su rechazo unilateral a las declaraciones que ponen en duda la capacidad de amamantar de una madre desnutrida, así como la necesidad de donar leche artificial para solventar el "problema". Me gustaría destacar aquí los artículos de Eloisa Lopez en su blog Una Maternidad Diferente: Lactancia materna y desnutrición, y de Ileana Medina en el blog Tenemos Tetas: Éramos pocos y parió la abuela (lactancia, malnutrición y crisis). También el de la periodista Gema Lendoiro en su blog Madre no Hay más que Una: ¿Por qué la leche materna sí es buena aunque la madre esté desnutrida? Igualmente destacables son el comunicado de los GALM (Grupos de Apoyo a la Lactancia Materna) Andaluces, el de La Federación Catalana de grupos de Apoyo a la Lactancia Materna y el del Comité de Lactancia Materna de La Asociación Española de Pediatría (AEP). Pero ha habido muchas más, todas diciendo más o menos lo mismo porque, francamente, no hay mucho que decir más allá de que el mejor alimento para el bebé es la leche de su madre aunque ésta esté desnutrida, y que si se quiere hacer algo a favor de la salud y bienestar de esta criatura es ayudar a la madre a alimentarse mejor, y no donar leche artificial. Mejor donemos a las madres una cesta llena de verduras, hortalizas, frutas, carnes y pescados frescos y dejémonos de leche de fórmula, por favor. Seamos sensatos. Las verdaderas razones que hacen peligrar la producción de leche de una mujer las analiza la periodista y experta en crianza Mireia Long en su artículo: "Razones por las que las españolas no tienen suficiente leche".

Esto fue ayer.  Y hoy, junto con los últimos coletazos de las declaraciones de la asociación de enfermería, he recibido en mi muro un artículo del ABC en el que el antes citado doctor Diego Garcia Borreguero, eminente neurólogo especializado en sueño y presidente de la SES, nos asegura que los bebés deben saber dormir a partir del mes y medio y que, más allá de dormir toda la noche, lo importante es que se duerman SOLOS y no MOLESTEN en TODA LA NOCHE. Este artículo me ha llegado acompañado por un programa de televisión en el que se habla de la presentación del Estudio del Sueño de DODOT, realizado precisamente en colaboración con el citado doctor. En dicho programa se presenta el colecho con el bebé como una seria amenaza contra su vida, además de considerar que fomenta un "apego excesivo" con la madre.

Siendo monitora de La Liga de la Leche y autora de El Debate Científico sobre el Sueño Infantil, llevo desde ayer con la incómoda sensación de que me tengo que pronunciar sobre todo esto aquí, en mi blog. Pero, que queréis que os diga. Estoy cansada. Estoy muy cansada. Estoy absolutamente agotada de repetir una y otra vez lo mismo con diferentes palabras. Estoy cansada de escandalizarme de la estrechez de miras de gente eminente, inteligente y con poder. Estoy hasta asustada de que esto pueda pasar y de que esté pasando. 

Porque ¿Que más puedo hacer y decir? Ante las declaraciones del doctor García Borreguero solo tengo un proyecto con más de 500 artículos especializados citados en el que se puede ver claramente el origen del sueño en solitario, su falta de fundamentos científicos, la posibilidad de que sea incluso nocivo, la bondad del colecho, su predominancia entre los mamíferos, entre los primates e incluso entre los humanos a lo largo de la historia y entre las diferentes culturas. Y con esta información en mi cabeza tengo que leer que el presidente de la Sociedad Española del Sueño declara que los bebés DEBEN dormir solos porque si no se puede producir un apego excesivo, o que deben dormir toda la noche sin molestar, solos, naturalmente (o mejor dicho, culturalmente). 

Tras leer las conclusiones de numerosos investigadores cuyos trabajos demuestran la enorme variabilidad existente en el sueño de los niños alrededor del mundo y a lo largo de la historia, tanto en el cuanto como en el como o en el donde, y la absoluta incapacidad para declarar unas costumbres mejor que otras, más saludables que otras, más convenientes que otras, tengo que leer al presidente de la SES diciendo que los niños al mes y medio ya deben dormir de un tirón toda la noche y que si a los cinco años duermen siesta son "anormales". 

Y pensar que a mis casi 44 años yo ADORO dormir una siesta cuando me lo permiten. No sabia que era tan anormal. 

Y resulta que, casualidades de la vida, hace muy poco tiempo tuve en mis manos el siguiente trabajo: 



 PNAS 2013; 110 (43): 17267–17272.  



En este trabajo los autores observaron que los niños en edad preescolar que habían dormido una siesta recordaban unas localizaciones espaciales (en un juego tipo Memory)  un 10%  mejor que los niños que no habían dormido. Este efecto se mantenía las 24 horas siguientes, a pesar de que los niños del grupo control tuvieron la oportunidad de dormir durante la noche igual que los niños que habían dormido siesta, por lo que el efecto no se puede atribuir al simple cansancio. También observaron que este efecto estaba directamente relacionado con la densidad de husos observadas durante la siesta. Ante estos resultados los autores concluyeron que el sueño bifásico (sueño nocturno y siesta) es crítico para el aprendizaje a estas edades, cuando la capacidad de almacenaje de la memoria a corto plazo es limitada y por lo tanto necesita ser consolidada con más frecuencia.

Cierto que en este estudio la edad media de los niños rondaba los 4 años (47 meses), pero tenían niños entre los 3 años (36 meses) y los cinco años y medio (67 meses). Por lo tanto es evidente que no se espera que los niños dejen de dormir la sienta a los cinco años, que se asume que es normal dormirla a los cinco años y, no solo eso, sino que dormir la siesta a esa edad tiene importantes funciones cognitivas. 

¡Toma ya! y el artículo es un PNAS, nada menos (Su factor de impacto ronda los 10. Para que os hagáis una idea, las revistas Sleep y Pediatrics rondan los 5).

Pero nuestro presidente de la SES afirma que la siesta de los niños de 5 años es ANORMAL. 

¿Hace falta comentar más?

Porque podríamos seguir hablando de que el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, nuestro principal reloj interno, no madura hasta los 3 meses así que ya me puede explicar el doctor García Borreguero en que basa su afirmación de que al mes y medio ya deben "saber dormir" ¡Hasta el doctor Estivill respetó esta barrera teórica de los tres meses en su polémica afirmación de que su método sólo se aplicaba a partir de esa edad!

Y no sigo porque me eternizo. No vale la pena. Si me pongo ahora a desmontar las afirmaciones que se hicieron sobre el colecho no acabo nunca. Rafi Lopez, autora de la ya legendaria página sobre el sueño infantil Dormir sin Llorar, ha escrito un post magnífico al que os quiero remitir si tenéis más interés sobre el tema: En respuesta a A3 noticias: El colecho es seguro. Y la guinda sobre este tema la pone Delia Carballo al denunciar una fotografía publicada por la propia SES en un cartel que anuncia El Día Mundial del Sueño 2014, en el que un padre duerme con un bebé en brazos ¡En un sofa! en unas condiciones absolutamente incompatibles con un colecho seguro. Ni que decir tiene que esta foto es una excelente prueba de la incoherencia e ignorancia de la que esta asociación hace gala en lo que al sueño infantil se refiere: Colecho seguro en el Día Mundial del SueñoY si a alguno os apetece profundizar más en las implicaciones del colecho os aconsejo leer el capítulo 4 de la revisión del sueño.

Yo, de verdad, estoy muy cansada. Cansada de repetir lo mismo una y otra vez. Cansada de comprobar la falta de rigurosidad, la estrechez de miras, la mirada sesgada y la falta de perspectiva que nos demuestran estos profesionales. Profesionales punteros en su especialidad. 

Cansada y terriblemente decepcionada. 

Y me hago la misma pregunta que se hace la periodista Gema Lendoiro:









domingo, 9 de marzo de 2014

A LAS QUE QUERÉIS PARIR: ESTAMOS EN EL SIGLO XXI Y ES HORA DE CAMBIAR EL PARADIGMA

Ya se me ha pasado, gracias a Dios, la época "activista de la maternidad perfecta" por lo que ya no voy denunciando a diestro y siniestro los comportamiento, comentarios y mentalidades que yo considero obsoletos, retrógrados, antinaturales y hasta violentos en el mundo de la maternidad. Con los años he ido aprendiendo que cada uno tiene su camino personal y nadie desde fuera puede, o al menos no debería, imponer nada. 

Lo único realmente útil es la información. Eso sí. Informar sí vale la pena porque puede hacer que mucha gente se cuestione la realidad que vive y encuentre así la motivación necesaria para cambiarla si ésta no le hace feliz. Pero la información se debe dar sin juicios añadidos porque, si no, pierde todo su poder y se convierte en simple adoctrinamiento. Y esto no siempre es fácil, desde luego, sobre todo en temas tan emocionales y primarios como todos los referentes a la maternidad: embarazo, parto, lactancia, crianza, educación...etc.

Por todo esto quisiera que el post de hoy no fuera considerado una crítica o un ataque personal a Antonia Vargas, comadrona del Hospital Materno de Málaga que ha ayudado a traer al mundo a cerca de 6.000 niños y que incluso recibió la cruz de Malta como reconocimiento de su trabajo al servicio de los demás. Ella es, por lo tanto, una profesional de enorme experiencia, reconocida y valorada por su labor, razón por la cual sus palabras, las cuales he podido leer en una entrevista publicada en el Diario Sur de Málaga, nacidas de una visión parcial, "tradicional" y patriarcal del parto y la mujer, merecen ser convenientemente respondidas, con todo el respeto y reconocimiento que ella y su labor merecen.  

Lo cierto es que me ha dado una pereza enorme escribir sobre ello. Tengo la sensación de estar repitiendo una y otra vez lo mismo desde hace 5 años, cuando nació mi tercer hijo en un parto REALMENTE respetado, acompañado, fisiológico, instintivo y feliz.  Pero si hace falta lo seguiré repitiendo. Cada vez que lea o escuche palabras como las escritas en la entrevista citada volveré a sacarlo a la luz. Creo que es imprescindible hacer visibles otros enfoques del parto, más antiguos y a la vez más actuales, para que todas las mujeres a punto de pasar esta experiencia, o las que ya lo hicieron y no se sienten felices con lo que vivieron, sepan que hay otra realidad posible. Otra realidad que se convirtieron en mi realidad aunque, obviamente, no tiene por qué ser la de ellas.

El parto de mi tercer hijo lo he explicado al detalle en bastantes ocasiones. Fue una experiencia tan intensa y reveladora que durante el puerperio no me cansaba de escribirlo y contárselo a todo el que lo quisiera escuchar. Dentro de una semana mi pequeño cumple sus cinco años y como homenaje a su nacimiento y al derecho que todas las madres y todos los bebés tenemos a tener un parto realmente respetado, voy a volver sobre este tema, esta vez respondiendo directamente a varias de las afirmaciones realizadas por Antonia Vargas.

Ahí vamos:

"A veces cerraba las puertas y le decía a la mujer: Tú no te preocupes que ni yo en la calle te voy a conocer y tú si me conoces me vas a volver la cara. Tú grita y desahógate como puedas. Porque era lo único que le podíamos hacer en aquellos tiempos. Para aliviar el dolor no había nada, sólo las palabras".

Es curioso, pero de ninguno de mis tres partos conservo un recuerdo tan vergonzoso que me obligue a girar la cara si me encuentro a las matronas que me atendieron en ellos. De hecho, la matrona que atendió mi tercer parto, Carolina, sigue siendo parte de mi vida, tenemos por ahí una cena pendiente con otras amigas y mamás atendidas por ella, hablamos de vez en cuando y tenemos contacto a través de Facebook. Y eso que hasta la caca del culete me limpió porque ya se sabe que en el momento del expulsivo, junto con el precioso bebé, siempre sale un choricillo de caca. Que se le va a hacer, bromas de la naturaleza que parece que siempre quiere recordarnos la realidad de lo que somos - puros animales - no vaya a ser que nos pongamos demasiado espirituales en estos momentos extáticos.  A pesar de los pesares no siento ninguna vergüenza de mi cuerpo y sus funciones durante el parto. Mas bien todo lo contrario. Siento un profundo orgullo por su sabiduría milenaria, por su fuerza, por su grandeza al ser capaz de reproducir el milagro de la vida entre sangre, fluidos, gemidos y posturas imposibles. Sexualidad maternal liberada. Pura Vida (con mayúsculas).

Y de todas las matronas que me han atendido fue precisamente Carolina la que me dijo las palabras más acertadas en el mejor momento. En el expulsivo - momento en el que yo estaba viviendo una verdadera disociación entre el neocortex, que me gritaba que no era todavía el momento, y el cerebro primitivo, que había comenzado las contracciones finales absolutamente independizado del neocortex el cual, aterrorizado, veía como había perdido totalmente el control sobre el cuerpo - ella dijo exactamente lo que tenía que decir para orquestar todas las partes del mi cerebro: "¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo muy bien! ¡Sigue así!".

El neocortex se relajó ("vale, lo estamos haciendo bien...... pues me rindo y le doy el control al viejo"), el dolor del expulsivo disminuyó (así que las palabras pueden ser realmente útiles frente al dolor) y el bebé salió. Ella lo recogió y volvió a decir exactamente lo que debía oír: "Aquí tienes a tu hijo". La frase más hermosa del mundo, no me diréis que no. 

Así que no necesité "gritar y desahogarme". Solo gemir y vocalizar en absoluta libertad y confianza, sintiéndome acompañada con la seguridad  de que podía "dejarme llevar" por todo mi instinto, sin vergüenzas ni cuestionamientos. Una buena comadrona da esa seguridad, que duda cabe. 

"Pues que estamos en el siglo XXI y los hospitales están hechos para algo. Y que yo a mi hijo no lo quiero menos que una que lo haya tenido en su casa".

Sí, los hospitales están hechos para tratar enfermedades. Y el parto no es ninguna enfermedad. Ahora que, reconociendo que es un momento donde las mujeres necesitamos muy especialmente sentirnos seguras y protegidas, no está mal que haya maternidades en los hospitales para los partos de riesgo y para todas las madres que todavía no hemos aprendido de lo que somos capaces, y nos enfrentamos al parto con miedo. Estoy segura de que en el futuro, a medida que el parto y la sexualidad femenina en conjunto se vayan liberando de todas las ataduras patriarcales, las mujeres cada vez parirán más en sus casas, atendidas por respetuosas y bien preparadas comadronas que pueden centrarse en ellas y exclusivamente en ellas. La mejor y más segura manera de parir. 

"El parto puede terminar bien de forma natural o si el niño tiene sufrimiento fetal hay que sacarlo como sea. Y drama, ninguno. Les recomendamos que se lo pongan al pecho, que insistan si el bebé no quiere, pero lo de darle de mamar hasta tres años no es realista".

No claro, drama ninguno. Si la intervención es realmente necesaria se hace y ya está. El drama está en las intervenciones innecesarias y en las que se podrían haber evitado con unas condiciones de seguridad, intimidad  y confianza que no se dieron. Y darlas era, en gran parte, responsabilidad de la comadrona. 

Lo de que no es realista amamantar hasta los tres años ya no requiere ni comentario. Mi niño con cinco años sigue mamando. Y lo que nos falta. Esto es muy real. 

Pero lo de que "insistan si el bebé no quiere" sí requiere comentario. Y eso porque al leerlo he visto reflejada en esta frase la denuncia de algunas madres que aseguran que les obligaron a ponerse a sus hijos al pecho aunque no quisieran, ni ellas ni los bebés. No, al pecho no te lo puedes poner cuando el bebé no quiere. Lo que hay que investigar es por qué no quiere - dado que lo instintivo es que quiera - para poder enfrentar el problema correctamente, al menos si queremos tener una mínima posibilidad de encontrarle solución. Y si el bebé no quiere, más que insistir, hay que ofrecer a la madre alternativas mientras descubrimos que pasa y le acostumbramos poco a poco al pecho, para que ella no pierda la producción, el bebé siga recibiendo su leche, y ella se sienta segura, acompañada y bien asesorada. Aquí os dejo el post de la maravillosa Eloísa, en el que explica precisamente un caso en el que el bebé no quiso, por qué no quiso y la actuación correcta para salvar la lactancia. Eso es lo que hay que hacer, y no insistir sin más aunque el bebé no quiera. 

"Las parejas vienen informadas y la mayoría la piden (la epidural). También hay algunas que se hacen las fuertes, dicen que no la quieren y luego la piden a gritos cuando a lo mejor ya no se puede. Es que es un dolor incomparable con cualquier otro".

Bueno. Pues resulta que la epidural no es la única opción para reducir, o incluso anular, el dolor. Y precisamente las parejas que vamos más informadas lo sabemos y somos las que, convenientemente tratadas, difícilmente la pediremos. Y no, no pedir la epidural no es "hacernos las fuertes". Al menos en mi caso. No pedir la epidural es ser conscientes de los riesgos que conlleva ponerla y estar informados de todas las herramientas de las que disponemos para controlar el dolor, entre las que se encuentra vivir un verdadero parto fisiológico indoloro de manera natural, que también puede pasar, aunque poca gente todavía se lo crea. El dolor de un parto "mal llevado" es realmente incomparable a ningún otro. El dolor de un parto bien acompañado, sostenido, respetado y liberado es perfectamente aguantable hasta el punto de que puede llegar a desaparecer. De mis tres partos el más doloroso fue, con diferencia, el primero en el que, dicho sea de paso, fue el único en el que me pusieron epidural. El peor dolor fue al final, antes del expulsivo, con la epidural puesta. En el tercero no tuve ni una centésima parte del dolor del primero. Sin epidural ni nada. Solo música, intimidad, seguridad y mucha mucha confianza en mi útero, al que consideré absolutamente capaz de sacar al bebé por donde debía salir.  

"Antiguamente había noches que hemos tenido hasta veinte partos para tres matronas. ¿Tú sabes lo que es eso? De decirle a mi compañera: Si la tuya no va a parir, escríbeme el informe que ha sido todo normal, que yo tengo otra".

Desde luego no es manera de atender partos. No me extraña que los partos hayan ido siempre como han ido en semejantes condiciones. Vergonzoso que ellas tuvieran que trabajar así y que las madres recibieran semejante servicio. Para que luego quieran animarnos a parir en el hospital. Yo oigo eso sobre el hospital de mi ciudad y no dudo en quedarme a parir en casa. Esas condiciones son absolutamente incompatibles con lo que cualquier mujer necesita para parir convenientemente. Y no hay más vueltas que darle. Por mucha tecnología que añadan, 3 matronas NUNCA podrán atender a 20 mujeres de parto tal y como cada mujer necesita ser atendida. Hasta que eso no cambie, no cambiará fundamentalmente nada. 

Hace casi 5 años tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida: parí a mi  tercer hijo en un precioso parto natural, respetado y casi indoloro. Desde entonces me duele mucho escuchar las malas experiencias de madres que, como yo hice con mis dos primeros hijos, se enfrentan a sus partos desde la indefensión aprendida provocada por la opresión patriarcal en la que hemos sido criadas. Que pena, de verdad, que pena. Cuantos partos robados. Cuantos traumas provocados y evitables. 

Recuerdo ahora que tras parir a mi primer hijo en un interminable parto intervenido con oxitocina sintética y epidural, cuando íbamos hacia la habitación, mi marido me preguntó si me quedaban ganas de tener más. En ese momento  pensé: "¡Dios mío! ¡Como se le ocurre preguntar eso ahora! ¡No vuelvo a pasar por esto en mi vida!" Pero año y medio después volvía a pasar por otro parto, esta vez sin epidural ni oxitocina, pero todavía doloroso por las ridículas intervenciones a las que me vi sometida (en este caso los absurdos cambios de aposento en el hospital a medida que avanzaba el parto: habitación, sala de monitores, sala de dilatación, otra vez monitores en otra sala para, finalmente, pasar al quirófano o sala de partos). De nuevo me quedé con ganas de no volver a parir nunca más, pero la vida tenía otros planes y por eso, cuando vi el tercer positivo de mi vida en un test de embarazo, supe que tenía que poner "toda la carne en el asador". Y así lo hice. 

Y lo conseguí:Tuve el parto que nos merecíamos.

Cuando me levantaba de la posición de rodillas en la que había expulsado a mi hijo, con él en brazos, en dirección a la cama donde se produciría el alumbramiento de la placenta, me sentía fuerte, pletórica, inmensamente feliz y con ganas y fuerzas para volver a parir otro bebé en ese mismo momento, si hubiera hecho falta. 

Somos muchas las madres que hemos pasado por la experiencia de un parto intervenido o incluso una cesárea y, posteriormente, más maduras, informadas, formadas y liberadas, por un hermoso parto natural respetado. Nos duele el robo de nuestro primer parto y nos sentimos orgullosas de haber sido capaces de encontrar las condiciones que hicieron posibles el otro o los otros partos. Nos entristece ser testigos de lo que se sigue haciendo a tantas mujeres y bebés en nombre de unos protocolos obsoletos que la ciencia ya no apoya. Hay muchas mujeres (y hombres) luchando activa y hasta ferozmente por que las cosas cambien. Todos mis respetos y admiración para ellas y ellos. Yo pongo mi granito de arena con mi testimonio, aunque mi objetivo ya no es convencer a nadie de nada sino, más bien, estar al alcance de la que quiere informarse profundamente sobre este tema, por si mi testimonio y mi experiencia pueden servirle para encontrar la realidad que a ella más le conviene y en la que se siente más cómoda.  


viernes, 28 de febrero de 2014

MIRANDO(NOS), ESCUCHANDO(NOS), SINTIENDO(NOS).........SIMPLEMENTE.

Es impresionante.

De verdad, es realmente impresionante.

No sé si nunca os habéis parado a analizar hasta que punto es impresionante el volumen de literatura para padres que existe en el mundo. Desde como engendrarlos hasta como gestarlos, parirlos, dormirlos, alimentarlos, disciplinarlos, educarlos, entretenerlos......... parece que necesitamos leer al menos unos 50 libros para criar decentemente a nuestros hijos. 

Yo, que soy muy de ciencias mal que me pese, me puse a ello con el entusiasmo de una predoctoral preparando su gran tesis. En serio. Creía que en los libros iba a encontrar el camino para ser la madre perfecta. 

¡Ay! Pero el asunto resultó ser mucho más complicado de lo que yo había imaginado. Unos te decían que nada de jamón en el embarazo y otros que comieras sin miedo. Unos que parieras en el hospital y otros en casa. Unos que teta solo y otros que el biberón es igual. Unos que a dormir a su cuarto y otros que a colechar. Unos que una papilla de cinco cereales más calabacín y patata a los 6 meses (ni un día antes ni otro después) o a los cuatro (ni otro día antes ni otro después) y otros que lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera. Unos que una bofetada no importa y es necesaria y otros que es maltrato. Unos que la letra con sangre entra y otros que aprender debe ser un placer. 

De locos. 

Así que al principio, con mi primer hijo, fui un poco a salto de mata, por así decirlo. No comía (casi) jamón durante el embarazo (solo el de Jabugo comprado en la carnicería de unas amigas de la infancia, porque hay jamones y jamones y ese es irresistible). Parí en el hospital, pero con la orden de que me intervinieran lo menos posible. Así acabé con el set-premium "primeriza con suerte", o sea, no termine en una cesárea pero no me libré de la oxitocina artificial. Me dejaron desgarrame solita, eso sí, porque tampoco quería episiotomía. 

El pecho lo di a demanda, pero no antes de dos horas e intentando alargar las tomas por la noche, tal y como me aconsejó la enfermera de turno. Y quizá fue eso, más que ninguna otra cosa, lo que empezó a desmoronarme el montaje de maternidad ejercida desde la madre perfecta que vive en la perfecta sociedad que lo sabe todo sobre la crianza de los hijos. Eso y la manía de colocar al bebé en cualquier artefacto que no fuera ni remotamente parecido a los brazos de su madre. Porque se malacotumbra, como todos bien sabemos. 

Mi bebé lloraba, mi cuerpo se quejaba, mi estrategia no funcionaba. Algo iba fundamentalmente mal.

Así que decidí ir más allá de la literatura "popular" y empecé a rebuscar en la literatura científica. Ingenua de mí que, acostumbrada al sencillo mundo de la biología cardiovascular, estaba convencida de que la parte de la literatura popular que se basara en la literatura científica era la que tendría la respuesta verdadera sobre como ser la madre perfecta para criar perfectamente a mis hijos. 

Pero tampoco.

Si algo hay realmente difícil de encontrar en la literatura científica son verdades absolutas. Todo son hipótesis y teorías, experimentos concretos con resultados solo aplicables a sus reducidas condiciones y conclusiones solo deducibles de unos resultados obtenidos en unas condiciones tan concretas que no sirven absolutamente para nada más que para ser publicadas en una revista científica. Desde luego no sirven para decirle a nadie como criar a su hijo, aunque enseguida me di cuenta de que algunos autores de la literatura popular izaban la bandera de la ciencia con tanta convicción que hasta se habían convertido en los bestsellers más vendidos en su especialidad, convenciendo a millones de padres para aplicar unas supuestas técnicas supuestamente respaldadas por la ciencia. Una ciencia que no respaldaba absolutamente nada. 

Y también vi algo que no había visto antes, o tal vez nunca me había fijado porque en el mundo de la biología cardiovascular sus implicaciones no eran en absoluto las que tenían ahora, en el mundo de la crianza. Vi una absoluta invasión de la ciencia por la cultura. Fui consciente por primera vez de hasta que punto el científico investiga desde su cultura y de las tremendas repercusiones que eso tenia en el diseño de sus experimentos, la interpretación de sus resultados y el desarrollo de sus conclusiones. En el tema en concreto de la crianza el resultado es devastador. 

Mi primera incursión en la literatura científica relacionada con la crianza de mis hijos fue la lactancia y sus últimas publicaciones. Había bastante consenso y el tema estaba bastante bien definido. Lo que me escandalizó fue la (tremenda) distancia entre lo que publicaban los investigadores en los últimos años y lo que recomendaba el personal sanitario. 

Me senti perdida. Me entró pánico. Perdí la seguridad que ofrece la posibilidad de tener una figura de autoridad en la que confiar ciegamente. ¿Como confiar en unos profesionales que ni siquiera eran capaces de darme soluciones científicamente demostradas a la hora de ayudarme a superar mis problemas de lactancia? Si en un tema que había profundizado encontraba semejante situación ¿Que sería de los demás? ¿Y cuando empezara la alimentación complementaria? ¿Y el sueño? ¿Y la educación? ¿Iba a tener que profundizar en cada uno de los temas implicados en la crianza de mis hijos hasta quemarme las pestañas estudiando y leyendo como para escribir diez tesis doctorales y hacer la carrera de psicología, pedagogía, antropología y pediatría juntas?

Y entonces ya solo quedó una solución antes del colapso definitivo: 

Miré a mi bebé. Sentí a mi bebé. Escuché a mi bebé.

Y entonces me di cuenta de que también era necesario aprender a escucharme y a sentirme a mí misma.

Y ahora sí. Ahí precisamente estaban todas las respuestas. 

Mi bebé quería estar conmigo, sentirme en contacto con él, mamar de mi pecho siempre que quisiera y dormirse en contacto conmigo. Simplemente.

Mi cuerpo quería estar con él, sentir su contacto, darle de mamar a demanda y permanecer a su lado durante el sueño. También muy simple. 

Todo lo demás eran complicaciones absolutamente innecesarias. Las teorías conductistas, feministas, humanistas y todo el resto de "istas" e "istos" varios sobraban. Las ciencias y los científicos podían seguir divagando todo lo que les diera la gana, que yo ya había encontrado el filtro que necesitaba para aprovechar la guía que podían ofrecerme.

Era una cuestión de alineación. A partir de ese momento seguí leyendo y estudiando pero buscando y seleccionando esa información que entraba en concordancia - o sea, que se alineaba - con mi deseo interno. Con lo que, tras la lectura de Casilda Rodrigañez,  identifico como Deseo Maternal. Lo que desentona con mi deseo no lo aplico, diga quién lo diga y tenga las evidencias que tenga.

Por eso, hoy en día, escuchar al doctor Estivill diciendo a un padre que deje a su hijo llorando en su habitación mientras le dice que le quiere mucho y que le está enseñando a dormir, o a Supernnany dando instrucciones de uso de los niños como si fueran un electrodoméstico más, ya no me engaña y me revuelven las entrañas. Sus técnicas se basan en un puñado de teorías desarrolladas en un momento concreto de una cultura concreta por cuatro científicos cuyas bases teóricas han sido superadas hace décadas y que ignoraban absolutamente toda la información científica que actualmente disponemos y que es absolutamente imprescindible para valorar el alcance de sus "tratamientos". Científicos que pertenecían, además, a una sociedad patriarcal, machista, en uno de sus momentos más misógenos (entendido como rechazo a lo femenino) y adultrocéntrica hasta el extremo, absolutamente desconectada de sus necesidades primales y terriblemente limitada por su reduccionismo. Sé que sus evidencias son parciales, que sus bases son culturales pero, sobretodo, sé que sus consejos van en contra de mi deseo y el de mi hijo. Y con esto último ya me basta.

Me resulta escandaloso que a estas alturas haya todavía profesionales aconsejando a las madres en nombre de la ciencia que se separen de sus bebés, que no les tengan en brazos, que les acostumbren a un horario, que les enseñen a dormir en solitario,que les den biberón para "liberarse" de la esclavitud de la teta o para que el padre participe. Todos comportamientos absolutamente opuestos a nuestro deseo primal y al de nuestros hijos pero supuestamente validados por la ciencia. Pero no. La ciencia, señores, de momento es absolutamente incapaz de decir nada categórico sobre estos asuntos, así que en su nombre lo único que pueden hacer es cerrar la boca. 

Por eso, señores y señoras de ciencia, cuando vean a una madre sufriendo mientras su hijo llora en la oscuridad de su cuarto solitario tengan un mínimo de decencia y humildad y no la manipulen con mentiras para conseguir que desoiga su sabiduría y neutralice su deseo mediante la fe ciega en una ciencia que supuestamente ustedes representan pero que, en realidad, no existe. Sean humanos y liberen a esa mujer de su mentiras. Sean honestos y bajen la cabeza con humildad ante la sabiduría del deseo maternal. 

Asumo que todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, ya que somos los que más los amamos. También sé que todos enfrentamos su crianza desde nuestras propias heridas y, a pesar de todo, nos esforzamos en hacerlo lo mejor posible. Por eso me duele tanto que existan estos profesionales que, lejos de ayudarnos, todavía nos hunden más en la miseria de nuestras carencias en nombre de esa supuesta ciencia que en realidad no dice nada ni concreto ni aplicable.  

Así que, queridos madres y padres primerizos, antes de pasaros por la librería a llenar vuestra mesilla de noche con los libros de Estivill o Jové, Gonzalez o Supernany, Ford o Sunderland. Antes de empezar a devorar blogs en internet y a comprar revistas de crianza en el kiosko más cercano, simplemente frenad, parad un momento y centraros en observar lo que quiere vuestro recién nacido. Lo que os está pidiendo. Ahora, en este momento, su deseo es único: quiere estar con su madre. Así de sencillo. Permitídselo y empezad a fluir en vuestro deseo. Hacerlo y empezar a disfrutar del placer de la maternidad es todo uno

Esa es la sabiduría de miles de años de evolución. Esa es la sabiduría de la vida. No la despreciéis en nombre de cuatro textos escritos en los últimos 20 años de historia.

Os lo digo por experiencia.

martes, 14 de enero de 2014

EL NIÑO ADOPTADO EN "¡A DORMIR!" DEL DOCTOR EDUARDO ESTIVILL

Como ya he comentado en el artículo anterior, hay un apartado en el libro ¡A Dormir! del doctor Estivill que quiero comentar en detalle por la importancia de sus repercusiones. Es un apartado cortito, titulado "Los Niños Adoptados", apenas tres párrafos que  se pueden resumir en una simple frase que a mí me puso los pelos de punta: 
"Debéis actuar como si hubiera nacido el día que llegó a vuestra casa, independientemente de la edad que tenga". 
Un frase que demuestra una ignorancia tan inmensa sobre el niño adoptado y sus necesidades que me parece necesario hacer una denuncia pública porque este libro - o su famoso predecesor "Duermete niño", para el caso lo mismo me da - dirige y condiciona el comportamiento de millones de padres respecto al sueño infantil en todo el mundo hispanohablante.

Dada la importancia de esta afirmación del doctor Estivill, he pensado que lo mejor sería recurrir a una profesional realmente especializada en el niño adoptado. Por eso Montse Lapastora, psicóloga clínica y directora del Centro de Psicología y Adopción Psicoveritas, ha tenido la amabilidad de escribir el texto que os muestro a continuación explicándonos por qué un niño adoptado NUNCA debe ser tratado como si hubiera nacido el día que llegó a nuestra casa, y por qué las técnicas cognitivo-conductuales basadas en  dejar llorar son especialmente dañinas para ellos

No es la primera vez que el doctor Estivill muestra públicamente su ignorancia en todo lo concerniente a los niños adoptados y el mundo de la adopción en general. Hace unos años la asociación CORA (Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento) ya pidió en un comunicado de prensa que se retirara uno de sus libros, un cuento infantil titulado Lila tiene un hermanito, entre otras cosas debido a:
  • La presentación de la adopción como un acto de caridad por el que los niños deben estar agradecidos.
  • Una falta absoluta de empatía con los sentimientos del niño adoptado.
  • Afirmaciones del tipo: los hijos adoptados se comportarán como hijos "naturales" si como tales son tratados. 
Desgraciadamente el libro nunca fue retirado, y el doctor Estivill sigue dando consejos sobre un tema extremadamente delicado del que no sabe absolutamente nada.


Sin más preámbulo os dejos con las palabras de la psicóloga especializada en adopción Montse Lapastora. Espero de todo corazón que lleguen a todos los padres adoptivos que en este momento se estén cuestionando si aplicar o no aplicar el método Estivill a sus hijos. 

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La siguiente frase: "Hay que tratar al niño adoptado como si hubiera nacido el día que llegó a casa”, se encuentra en la página 74, capítulo 2, del libro ¡A dormir! Del doctor Estivill.

¡No podía creer lo que estaba leyendo!, he tenido que repasarla varias veces para convencerme de la autenticidad de la afirmación que tenía delante.

Los niños adoptados no pueden tratarse obviando su vida pasada, pues todas sus experiencias pre-adoptivas van a quedar  marcadas en su memoria implícita y muchos de sus comportamientos y estados psicológicos posteriores se verán influidos por aquellas experiencias.

Los niños adoptados han sufrido como mínimo una rotura vincular, la separación de su madre biológica, separación que será vivida por ellos como un trauma “el trauma del abandono”. Además hay que añadir que muchos de ellos han vivido otras situaciones traumáticas como el maltrato físico y psicológico, desnutrición, abusos y/o falta de afecto. 

Comparación entre el cerebro de un niño 
convenientemente cuidado y un niño que 
ha sufrido abandono extremo (Perry, 2004). 
Rosa Fernández(1) en su artículo “La adopción y el hipocampo en la escuela primaria” refiere lo siguiente:
“Investigaciones científicas recientes han demostrado que la falta de vinculación afectiva durante los primeros años/meses de vida supone un grave trauma para el desarrollo de  la personalidad, ocasionando cambios neurobiológicos que influyen en el desarrollo tanto a corto como a largo plazo. Entre las alteraciones estructurales del sistema nervioso que los malos tratos o las situaciones de estrés postraumático (y el abandono lo es) provocan en el niño, podemos destacar:
  • La disminución del volumen del hipocampo 
  • Alteraciones a nivel de amígdala
  • Alteraciones de las estructuras cerebelares, del cuerpo calloso y del córtex prefrontal
  • Funcionalmente, se observan secuelas cognitivas (bajo rendimiento escolar), altos niveles de estrés psicosocial, dificultades conductuales y problemas sociales, que en algunos casos recuerdan un comportamiento pseudo-autista.”
Daniel Siegel (2), S. Gerhardt (3) y otros autores (estudiosos del desarrollo humano y de las consecuencias del estrés en los bebés) también hablan de cómo las experiencias traumáticas y de estrés en el inmaduro cerebro de un bebé generan consecuencias a corto y largo plazo.

Vamos a ver cómo actúa el estrés en los bebés:

Para un bebé la sensación de estrés es percibida como una situación de desprotección y muerte, él no puede valerse por sí mismo y cualquier vivencia de malestar le deja a merced de otro, necesita a un tercero para sobrevivir. Ante una situación de peligro, nuestro sistema fisiológico de emergencia se pone en marcha para defendernos del ataque. El impacto emocional o la información traumática recibida quedará almacenada en la red neuronal, de forma que será la responsable de que ante una futura situación de amenaza, tanto física como emocional, se responda automáticamente. Este sistema de alarma es válido para las situaciones de amenaza, nos avisa ante el peligro y recupera la normalidad cuando este ha pasado. 

Cuando un bebé siente miedo (miedo que expresa a través del llanto cuando esa emoción no le deja dormir), él no sabe que lo que tiene es miedo, lo que percibe es una sensación de malestar que hace que su sistema fisiológico de alarma se active elevando el nivel de las hormonas implicadas en la respuesta al estrés, como son el cortisol y la noreprinefina. Cuando el bebé se calma el nivel de cortisol vuelve a su estado normal. Pero cuando en un bebé, y este es el caso de muchos niños criados en orfanatos o en condiciones de abandono, esta situación se repite una y otra vez, su nivel de cortisol no recuperará su estado normal. Cuando la información que recibe su cerebro es excesiva y no la puede codificar de forma adecuada, lo que hace es paralizarla, manteniéndole en un estado permanente de alerta inhibiendo la capacidad para recuperar su estado neurofisiológico normal.

Las repercusiones en el inmaduro sistema nervioso de un bebé pueden ser falta de empatía y excesiva reactividad al estrés. Son niños que tienen muy poca resistencia a la frustración, que pierden la capacidad para autoregularse emocionalmente, además de todo lo mencionado más arriba por Rosa Fernández.

No podemos negar la influencia de todo esto, un niño adoptado que ha pasado por las situaciones traumáticas que hemos mencionado, no puede ser tratado de la misma manera que un niño cuyo desarrollo ha estado bajo condiciones de afecto y satisfacción de sus necesidades básicas de forma adecuada.

Un niño adoptado lo que necesita son unos padres con los que pueda construir un vínculo afectivo y reparar, en la medida de lo posible, todo el daño que sufrió en su vida preadoptiva. La construcción y reparación del vínculo puede hacerse tanto de día como de noche. La oxitocina es la hormona del apego, que se segrega con el contacto físico piel con piel. Pongámonos en el lugar de un niño que viene de un orfanato en el que nadie le hacía caso cuando lloraba, dejó de emitir el llanto porque nadie le calmaba, pero esa falta de atención básica le hizo generar  creencias sobre sí mismo del tipo: no importo, no valgo, no merezco que me quieran. Creencias que acompañan a los niños y adultos adoptados con las que trabajo todos los días en la consulta.

Si la familia que adopta al niño no atiende su llanto, estaría comportándose de la misma forma que lo hacían en el orfanato, y estaría reforzando el sentimiento de abandono y las creencias negativas que tiene el niño sobre sí mismo. 

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nos arrancan de nuestro entorno conocido, sea el que sea pero es el que conocemos, nos llevan a un sitio totalmente desconocido, con personas muy diferentes a nosotros a las que no entendemos y cuando nos sentimos asustados, nadie nos consuela ni acompaña, y además nos tratan como a todos los demás que están inmersos en esa cultura y totalmente adaptados a ella.  Si esta situación es terrible para un adulto, pretender que un niño la pase solo me parece, como mínimo, cruel.

Este niño lo que necesita es dormir con sus padres, necesita que le cojan cuando llora, necesita que le calmen y que le transmitan que ahora es importante, que sus necesidades ahora sí van a ser satisfechas, que ahora es escuchado y tenido en cuenta. Todo esto podrá minimizar el daño sufrido por ese llanto desatendido.

Yo recomiendo el Colecho a aquellas familias que me consultan. Creo que un niño cuando se incorpora a su nueva familia necesita elementos de seguridad, y dormir con sus padres es uno de los factores que fomenta la seguridad y la vinculación afectiva. Después de un tiempo de practicar el colecho los padres me confirman que tanto la seguridad como el comportamiento de sus hijos mejoran notablemente.





BIBLIOGRAFÍA
  1. Rosa Fernández: Dra en biología. Profesora titular en la Universidad de A Coruña
  2. Daniel Siegel:  Autor de “La mente en desarrollo”. El Dr. Daniel J. Siegel es médico y profesor clínico de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la UCLA, dentro de la facultad del Center for Culture, Brain, and Development y es codirector del Mindful Awareness Research Center.
  3. Sue Gerhardt: Autora de “El amor maternal” especialista y estudiosa de el mundo afectivo del bebé.