martes, 28 de junio de 2016

ESTIVILL, YO Y UNA ENTREVISTA. DOS PERSPECTIVAS DIFERENTES DEL SUEÑO INFANTIL.




Hace unos meses en la revista virtual "Qué!" salió esta entrevista al doctor Estivill. Y es precisamente "¿Qué?, ¿Quéeee?, ¡¿QUÉ!!!?????" lo que venía a mi mente cada vez que leía una de sus respuestas. Es algo que suele ocurrirme siempre que le leo, todo hay que decirlo, así que hoy, en vísperas del Día Mundial del sueño feliz, he decidido dar mis propias respuestas a las preguntas de la periodista. Respuestas basadas en cinco años de análisis y estudio de la literatura científica y divulgativa sobre el sueño infantil (más de 600 obras revisadas) y en diez años de maternidad intensiva. No soy ni médico ni directora de ninguna clínica del sueño. Soy doctora en biología, máster en investigación de la comunicación social de la ciencia, autora del Debate científico sobre la realidad del sueño infantil y madre implicada en la problemática del sueño infantil. Y, como bien han demostrado los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, dado el carácter multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil y los valores éticos y culturales implicados, mis respuestas no valen menos que las suyas. Y tú, madre o padre preocupado por los problemas de sueño de tu familia, tienes derecho a tener ambas perspectivas. 

He mantenido las respuestas de Estivill para que comparéis. El que quiera comprobar quién tiene razón o está más cerca de la verdad puede consultar estas más de 600 publicaciones.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¿Cuánto tiempo de la vida de una persona se emplea durmiendo? 
ESTIVILL: Una tercera parte de nuestra vida. Si llegamos a los 90 años habremos dormido 30 años. Pero dormimos 30 años para poder estar 60 despiertos.
BERROZPE: Un tercio de nuestra vida (En eso estamos de acuerdo)
Hay quien no sabe que la falta de sueño puede provocar la muerte... ¿cuál es el límite (en días) que es capaz de aguantar el ser humano sin dormir? 
ESTIVILL: No hay trabajos científicos con humanos, como es natural, pero sí lo sabemos en animales. En ratones que no se les deja dormir ni un solo minuto mueren a los 7 días. Se muere antes de falta de sueño que de hambre o de sed.
BERROZPE: En principio los experimentos realizados con animales eso parecen demostrar. Pero también hay quién argumenta que los animales mueren no por la falta de sueño en sí misma, sino por el estrés que se les provoca para que no puedan dormir. Patologías humanas como el insomnio familiar fatal también parecen apoyar esta idea pero, de nuevo, como es una patología compleja que no sólo conlleva no poder dormir, es difícil saber a ciencia cierta el papel de la falta de sueño en el desenlace final. 
'Duérmete niño': Su método de enseñar a dormir tiene defensores y detractores, ¿qué les diría a los que opinan que es malo para los niños? 
ESTIVILL: Solo hay detractores en las redes sociales y no existen en el mundo científico. En la red solo hay opiniones personales o tendencias de moda sin fundamento. En el mundo científico no se cuestionan las normas que nosotros recomendamos; es más, tanto la Sociedad Americana de Sueño como la de Pediatría recomiendan las mismas normas. Los padres no deben consultar a internet sobre temas médicos. Es mejor que consulten con su pediatra. Internet les confundirá.
BERROZPE: En la actualidad el método tiene una fuerte oposición dentro de los mismos foros científicos. Multitud de investigadores desde diferentes disciplinas científicas consideran que existen incertidumbres sobre su efectividad real y su inocuidad, además del conflicto ético y emocional asociado, suficientes para invalidarlo. Entre estos investigadores, de prestigio internacional y asiduos autores en las revistas científicas más punteras, encontramos a McKenna, Gettler, Ball, Schore, Narvaez, Panksepp, Gleason, Jenni, Douglas, Middlemiss, Blunden, etc. Como reacción a esta realidad muchos de sus defensores, como Sadeh o Mindell, se esfuerzan en la actualidad en desarrollar técnicas alternativas que no conlleven dejar al bebé o niño llorando en su habitación. 
¿A partir de qué momento el niño debe dormir solo en su propia habitación?
ESTIVILL: Es recomendable a partir de los 6 meses. Antes, es correcto que lo hagan en la habitación de los padres sobre todo si la mamá le da el pecho, por una cuestión de comodidad.
BERROZPE: No hay ningún momento específico en el que el bebé DEBA salir de la habitación de sus padres. De hecho, es lo contrario: hasta los 6 meses DEBE dormir en la habitación de sus padres, como mínimo, ya que si no está en un mayor riesgo de sufrir la muerte súbita del lactante. Algunos autores alargan este periodo de colecho recomendado hasta el año. A partir de ahí ya depende de las preferencias familiares, y no hay normas. 
¿A partir de qué edad puede aplicarse su método para que sea exitoso? 
ESTIVILL: En la nueva versión del 'Duérmete niño', que ha sido actualizada, ya sabemos enseñar a dormir a partir del primer día de vida. Aplicamos las rutinas adecuadas desde el nacimiento, basados en los estudios de sueño realizados en los fetos. Así evitaremos después tener que aplicar otras normas para reeducar el hábito. 
BERROZPE: Nunca. La aplicación del método ha demostrado no ser necesaria porque respetando la evolución natural del sueño infantil todos los niños sanos acaban durmiendo "bien", esto es, ajustando su sueño a las exigencias ambientales. Como ya hemos dicho, forzar la aceleración de este proceso mediante una técnica que obliga al niño a llorar solo durante tiempos controlados presenta las suficientes incertidumbres como para que no sea recomendable. 
¿Es compatible para un niño de pecho a demanda? 
ESTIVILL: Totalmente. Nosotros recomendamos la lactancia materna a demanda, sin confundir el pecho con un chupete. En el 'Duérmete niño', versión actualizada, recomendamos normas correctas de sueño con la lactancia materna. 
BERROZPE: Todo comportamiento que comprometa la proximidad nocturna entre madre y bebé, así como la sincronización física y emocional entre ambos, compromete la lactancia materna. El problema de los que opinan lo contrario es que tienen unas expectativas muy bajas a la hora de considerar lo que es una lactancia materna bien establecida y consolidada. 
¿Hay que dejar llorar a los niños para que se duerman solos? 
ESTIVILL: Nunca. Esto es lo que explicamos en el libro y que las personas que se lo han leído, han entendido correctamente. Los que opinan que nuestro método consiste en dejar llorar a los niños, es que no se han leído el libro.
BERROZPE: Evidentemente no. Y el método Estivill lo hace, porque ya sea 1 minuto, ya sean 20, el niño o bebé está llorando EN SOLEDAD. Y sí, me he leído el libro y he visto algún vídeo muy representativo de lo que supone el método, como el que enlazo a continuación. Y yo, mire por donde lo mire, veo que se deja al niño llorando solo.


¿Qué opina del colecho que defienden algunos pediatras como Carlos González o Rosa Jové?
ESTIVILL: No conozco a las personas que me indica. He consultado en la lista de miembros de la Sociedad Española de Sueño y no pertenecen a ella. Tampoco tengo constancia de publicaciones suyas en las revistas científicas como 'Sleep' o la Revista de la Sociedad Española de Sueño. Supongo que solo deben tener presencia en internet y no en el mundo científico. Respecto al colecho, nosotros no opinamos, sino que recomendamos lo mismo que la Sociedad Americana de Pediatría, que aconseja que no se practique.
BERROZPE: El colecho no sólo es un comportamiento actualmente aceptado dentro de la ciencia del sueño infantil y desde las más diversas disciplinas implicadas en la misma -la misma Sociedad Americana de Pediatría aconseja compartir habitación con el bebé, aunque todavía se muestra reticente a que comparta cama con un adulto-,  sino que desde algunos sectores se propone un profundo cambio de paradigma al considerar que tanto el colecho como la lactancia nocturna son facetas incuestionablemente unidas al sueño del bebé. Es por eso que el reconocido mundialmente profesor de antropología James Mckenna, autor de numerosos estudios y artículos publicados en las revistas especializadas de más prestigio, ha acuñado el término Breastsleeping, esto es, sueño-al-pecho, como marco conceptual para el estudio del sueño del bebé. En el bebé humano la lactancia y el colecho son inseparables del sueño y así debería ser considerado a la hora de investigar sobre el mismo. Por cierto, el prof McKenna acaba de publicar una interesante editorial en Sleep Medicine reviews (revista con un impact factor superior a Sleep y, por supuesto, a la Revista de la sociedad española del sueño) cuya lectura recomiendo encarecidamente al doctor Estivill. 
¿Con qué problemas se encontrarán, desde su punto de vista, los padres que han practicado el colecho, cuando por fin quieren dejar a los niños dormir solos? 
ESTIVILL: Según los datos de las asociaciones de sueño y de pediatría, pueden haber problemas en los niños más dependientes de los padres: no quieren ir a dormir a casa de otros niños o de los abuelos, si no duermen con ellos, y pueden tener más despertares nocturnos. En los padres, los problemas son conflictos de pareja, poca comunicación, inseguridad en el momento de impartir las normas, etc. 
BERROZPE: según la evidencia científica más actual, con ninguno. Más bien todo lo contrario. Los niños de las familias que practican colecho voluntario son más independientes y autónomos que los niños que duermen en solitario. Todos los efectos negativos atribuidos tradicionalmente por la pediatría del sueño al colecho sólo están relacionados con el llamado "colecho reactivo", esto es, un colecho practicado en contra de la voluntad de los padres, los cuales en muchas ocasiones se sienten hasta culpables pensando que hacen algo "malo", y sólo como reacción a los problemas de sueño. Pero cuando la familia está bien informada y se siente libre para colechar, y lo hace por voluntad y de acuerdo a sus valores, entonces no hay efectos negativos demostrados para nadie ( ni siquiera para la pareja), sino positivos. 
Y si no se ha acostumbrado al niño a dormir solo desde pequeño, ¿es demasiado tarde intentarlo a partir de los 5 ó 6 años? 
ESTIVILL: Nunca es tarde para enseñar un hábito. Podemos hacerlo a cualquier edad, pero lógicamente, cuanto antes se enseñe, más fácil será.
BERROZPE: (Menuda pregunta estúpida, con perdón). Todos los niños sanos acaban siendo capaces de dormir en las condiciones ambientales que exige la sociedad en la que viven, sin necesidad de forzar esta adaptación mediante técnicas conductistas. Esto está científicamente demostrado. 
Para muchos padres, la hora de dormir a los niños se convierte en una auténtica pesadilla: cuentos, nanas, historias... ¡acaban ellos durmiendo a los padres! ¿Qué pautas debe seguir un niño antes de irse a dormir? 
ESTIVILL: Hay que seguir unas rutinas fijas, el niño tiene que aprender a dormirse solito, con su muñeco y sus chupetes. Estas normas son las que explicamos en el libro 'Duérmete niño versión actualizada'.
BERROZPE: Un niño que da problemas para irse a dormir es que está exteriorizando una necesidad:necesitará más presencia y contacto de los padres (a los que probablemente no ve en todo el día, o ve muy poco), o tendrá miedos y conflictos internos que necesiten el apoyo del adulto para ser resueltos, o también puede tener algún problema físico real que le impida conciliar el sueño. Los reclamos y los llantos son su manera de pedirnos ayuda, y nuestra responsabilidad es dársela. Cuando identifiquemos el problema lo podremos solucionar y el niño dormirá a gusto. Si nos limitamos a dejarle llorar y a "enseñarle a dormir", el problema seguirá ahí, pero él ya no lo exteriorizará y, por lo tanto, nosotros ya no nos enteraremos de que nuestro hijo tiene un problema que necesita ayuda para solucionar. 
¿Y qué es recomendable darles de cena para un buen sueño? 
ESTIVILL: Hay alimentos que ayudan a tener un mejor sueño. Los hidratos de carbono, las verduras, las ensaladas y los derivados lácteos son los más indicados.
BERROZPE: yo supongo que una cena ligerita y saludable, como para todo el mundo. Pero esta pregunta yo se la pasaría a especialistas como Julio Basulto
¿Cuántas horas al día debe dormir un niño (que va al cole) para descansar? 
ESTIVILL: Alrededor de las 11 horas. En niños de hasta 5 años la siesta es imprescindible. A partir de los 5-6 años puede que no necesite la siesta. Si vemos que el niño que no la hace, llega contento al momento de la cena, come bien y está de buen humor, es que no la necesita, pero si esta irritable, de mal humor, come mal y protesta es que va corto de sueño. 
BERROZPE: desde primaria hasta el final del colegio el número de horas se va reduciendo y el ciclo circadiano desplazando. Es difícil generalizar sobre cuántas horas deben dormir los niños a una edad determinada. Hoy en día muchos especialistas abogan por un estudio personalizado de cada niño, ya que hay una enorme variabilidad entre niños y cualquier generalización puede ser contraproducente. Hay niños que durmiendo 10 horas estarán faltos de sueño y otros de la misma edad que durmiendo 8 estarán perfectamente. Si un niño no presenta durante el día síntomas de haber dormido poco se puede asumir que ha dormido bien, aunque duerma 2 o 3 horas menos de lo que le han dicho en la consulta del pediatra o ha leído en la revista para padres. Si hay alguna duda lo mejor es que un especialista valore individualmente al niño para ajustar las expectativas de los padres a las necesidades del niño. Este es el abordaje seguido por el doctor Oskar Jenni del KinderSpital de Zürich, con excelentes resultados, recientemente publicados. 


lunes, 23 de mayo de 2016

¿ES MALO DEJAR LLORAR A LOS BEBÉS?

Fuente de la Imagen: Periódico "La Vanguardia". "¿Es malo dejar llorar a los bebés?" 23/05/2016.

Sí, es malo.

Y no necesito ser el presidente de la sociedad española de neurología pediátrica para saberlo, afortunadamente. Basta con mi doctorado en biología y unos cuantos años revisando la literatura científica sobre el sueño infantil.

De hecho, ni eso hace falta. Basta con haber sido madre y haber oído llorar a mis hijos reclamando mi presencia. 

Sí, creo que con eso basta. O debería bastar.

Desgraciadamente para muchas madres y muchos padres, eso no basta. Ellos ya han sido "Estivilizados", y con mucho éxito, por todos esos profesionales que se emperran en seguir subordinando la ciencia a los caducos determinantes culturales de nuestra (muy enferma) sociedad. Profesionales que, en equipo con periodistas manipuladores y sin escrúpulos, divulgan un mensaje envenenado de ignorancia, altanería, manipulaciones y mentiras.

Porque dejar llorar a nuestros hijos sí es malo. Muy malo. Es malo para ellos y es malo para toda la sociedad; para la humanidad entera. Porque cada vez que un niño llora ante la pasividad guiada por protocolos absurdos de un adulto, no es que se muera un hada, es que nos morimos todos un poquito. Lo dice la ciencia y lo dice el corazón. Lo dice el instinto y el deseo. Lo grita cada célula de nuestro cuerpo. Y si nos liberamos de esa absurda programación que unos cuantos se obstinan por mantener, veréis como no nos cabrá ninguna duda de que ese llanto debe ser consolado inmediatamente. Ni uno, ni dos, ni diez, ni veinte minutos más tarde.

Y por favor, no dejes que nadie te convenza de lo contrario. Aunque sea un "mundialmente famoso" pediatra o presida una sociedad de neurología pediátrica. A la vista está que todo eso no es garantía de estar bien informado y actualizado. 

Y si necesitas argumentos científicos, sobran. Aquí te dejo este vídeo de la conferencia de uno de los grandes: Jaak Panksepp.


Jaak Panksepp - Human Nature and Early Experience from ACEatND on Vimeo.

Esta conferencia pertenece a 2010 Symposium Presentations del William J Shaw Center for Children and Families. Como podéis ver en el enlace hay más conferencias que tratarán el tema del desarrollo infantil y el papel que el estrés tiene en el mismo, así como la importancia y el impacto de una crianza acorde con las necesidades reales de los niños. Se han hecho symposiums en los años 2010, 2012 y 2014. Todos altamente recomendables y accesibles gratuitamente en internet. 

Pero hay más, mucho más. Cientos de artículos científicos que te demostrarán sin lugar a dudas que dejar llorar a tu hijo es malo. Algunos los encontrarás en la sección de "Argumentos en Contra de las CBTs para Tratar los Problemas del Sueño Infantil" de El debate científico sobre la realidad del sueño infantil. Otro artículo con excelentes citas bibliográficas es Desmontando a Estivill, de la psiquiatra infantil Ibone Olza. 

Y esto es solo un aperitivo. Hay tantas evidencias (evidencias científicas, por mucho que a algunos les pese y se empeñen en negarlas) de lo importante que es atender y consolar INMEDIATAMENTE el llanto de tu bebé, de no dejarlo solo llorando en la oscuridad de su habitación ni medio minuto, que afirmar que dejar llorar a un bebé NO ES MALO porque no está científicamente demostrado es la mentira más absurda y dañina que te pueden contar. 

Pero desgraciadamente, todavía te la están contando. 

jueves, 28 de abril de 2016

LA MATERNIDAD SUBROGADA EN TELEVISIÓN


Estoy enfadada. Muy enfadada. No debería escribir con semejante cabreo dentro, pero como llevo ya dos días y no se me pasa, más vale que lo suelte y que sea lo que Dios quiera. 

Todo ha comenzado con la visualización del programa Estando Contigo donde Irene García Perulero y Gema Lendoiro participaron con la sana intención de debatir sobre un tema tan controvertido y de implicaciones tan profundas como es la maternidad subrogada, esto es, la gestación de bebés en el útero de mujeres que reciben dinero a cambio de este servicio. 

Estoy muy enfadada con Tamara Gorro, quien convirtió todo el programa en un bochornoso espectáculo telebasurero, en el cual se dedicó a repartir insultos a diestro y siniestro, menospreciar a la ciencia (sí, esa misma ciencia gracias a la cual ella es madre, por cierto) e insultar a la inteligencia de los televidentes. Bueno, a la de algunos. Por lo que he leído en los comentarios de su muro de FB, también los hay que han sido engañados por su capacidad interpretativa de celébriti televisiva. Pero cómo puede alguien comportarse y tratar así un tema tan íntimamente ligado a su propia maternidad, es algo que ni entiendo ahora ni creo que llegue a entender nunca. 

Porque evidentemente ha sido un engaño, y de los gordos. Puro "espectáculo televisivo" ¿Verdad Tamara? Lástima que las otras dos invitadas fueran con la sana intención de desarrollar un debate serio. Me pregunto donde acaba la "televisión" en vuestra vida, (la de las celébritis, se entiende), si os queda algo a salvo de la infección de "telebasuritis" que parecéis sufrir.

Y me pregunto si sería posible salvar los medios audiovisuales de esta dinámica de amarillisismo barato para el mejor postor. A mí esto sí que me da vergüenza, y no el hecho de que haya mucha gente como Irene, Gema o yo misma que, consciente de las profundas implicaciones éticas, biológicas, médicas, sociales, económicas, políticas y filosóficas que conlleva la maternidad subrogada, consideramos necesario un debate serio, profundo y riguroso que incluya a todos los actores implicados -un verdadero ejercicio de gobernanza- antes de aprobar cualquier legislación al respecto. 

"Hay gente que no quiere la felicidad de los demás" repitió hasta la saciedad la señora Gorro. Pues sí. Hay gente que no queremos la felicidad de nadie a cualquier precio, ni siquiera la nuestra. Y somos muchos los que consideramos que hay un mundo más allá de nuestro propio ego y nuestras propias necesidades. Hay mucha gente que a la hora de plantearse ser padres pone por delante de su propio deseo el interés, la salud y el bienestar de la criatura que traerá al mundo. Gente que no está dispuesta a cumplir su voluntad "a toda costa y caiga quién caiga". Gente que no está dispuesta a hipotecar sus valores y sus principios en aras de cumplir incluso el más preciado de sus sueños. 

Y por favor, dejad ya esa película rosa-disney sobre mujeres millonarias con tres carreras universitarias, dos doctorados y un máster (1), dispuestas a gestar una criatura en su vientre para hacer felices a unos desconocidos, porque no cuela, de verdad. No cuela nada. 

Y si bien admito que existirán situaciones donde la verdadera y más profunda razón que tenga una mujer para gestar en su vientre un bebé del que no será madre -a pesar de todos los efectos nocivos comprobados (tanto para la madre como para el bebé) e incertidumbres asociadas al proceso- sea puro amor y puro altruismo, éstas son y serán muy minoritarias porque, no nos engañemos, dudo que de manera espontánea aparezcan todas la mujeres altruistas que serían necesarias para cubrir la demanda de úteros en caso de que el asunto se hiciera legal en España de la noche a la mañana. Dice El País que 800 parejas acuden cada año al extranjero buscando madres de alquiler. Seguro que si fuera legal este número se dispararía. Demasiado altruismo veo yo que se espera de una sociedad que mantiene miles de personas, mujeres embarazadas, parturientas, bebés, niños, enfermos y ancianos, en un campo de concentración a las puertas de Europa. No, el altruismo es un factor que en esta ecuación es muy, muy, muy minoritario. Los intereses económicos son y serán siempre los dominantes. No nos engañemos, por favor. Y en cualquier caso, ya lo dije antes y lo vuelvo a decir ahora: cuidado con lo que se considera "altruismo" y "acción humanitaria", porque lo que es así considerado hoy, puede descubrirse mañana como la mayor de las infamias.

Al lado de la cara rosa-disney que algunos pretenden presentar como única realidad -y que como ya he admitido, no digo que no exista- tenemos todo un abanico de rostros de la maternidad subrogada mucho más sórdidos, dolorosos, controvertidos y médica y éticamente cuestionables. Esos, aunque muchos no quieran verlos, también están ahí, deben ser puestos sobre la mesa y considerados a la hora de diseñar una legislación.

Legislación que debería tener como principal objetivo la protección del menor que va a ser producto de este procedimiento. Algo que en la actualidad no es una realidad. Ahora, en los países donde es legal, los más protegidos son los futuros padres. En todos los casos y países, el menor corre un serio peligro de acabar siendo un producto desechado en tierra de nadie: abandonado en un orfanato de mala muerte en el país de origen de la madre gestante en el mejor de los casos, o en un cubo de basura de la clínica abortiva de turno en el peor. Que hay "futuros padres" capaces de fecundar varios "úteros" para quedarse con el mejor producto es también una cruda realidad. Que hay "futuros padres" que se han echado para atrás en medio del embarazo porque sus circunstancias han cambiado, es otra puñetera realidad.  

Y en cuanto a las madres gestantes, (MADRES, sí, porque cuando una mujer tiene un bebé en su útero, para ese bebé ella es su MADRE, la única que conoce y siente hasta que les separen), admito que tal vez exista esa talentosa y millonaria profesional (la de las tres carreras y el doctorado) con ganas de pasar 9 meses vomitando y con los tobillos hinchados para que una desconocida pueda hacer realidad su necesidad de ser madre. Pero habrá una, no mil. De las otras 999 un número significativo saldrá de las "granjas" de madres de la india, donde alquilan su útero para comprar una casa mejor para su familia. O de mujeres como Sinaida (ver el primer vídeo del enlace), que esperaba poder comprarse un piso con lo ganado y acabó sin dinero y una boca más que alimentar, en su piso viejo, claro. 

Esta cara ya no gusta tanto ¿verdad? esta cara ya no es tan agradable de mirar de frente cuando todo tu cuerpo está inundado de instinto mater/paternal. Pero es necesario ponerla sobre la mesa y mirarla. Mirarla, aceptarla y, por favor, no volver a ignorarla ni a negarla. 

Y, desde luego, tener un mínimo de vergüenza y dignidad para no convertir en un espectáculo telebasurero una realidad tan importante como el necesario debate social sobre la maternidad subrogada. 





(1) Esta es una pequeña ironía que me permito dado mi alto nivel de adrenalina, debido a que Tamara Gorro dijo que no sabía cuantas carreras tenía la mujer que gestó a su hija. Muchas, por lo que pareció. Más que las que pudieran tener Gema o Irene, en todo caso. Mejor transformar la mala leche que me invade en humor, aunque maldita la gracia que me hace. 

miércoles, 27 de abril de 2016

CUANDO LAS PALABRAS SOBRAN

El caso es que nos dijeron que:

  • Había que alimentarlos cada x horas
  • Mejor con biberón que con teta. 
  • Luego que teta dos meses, no más.
  • Que había que suplementar a los tres meses... Más tarde se corrigieron: que a los 6 meses. Ahí quedó la cosa. Ya veremos hasta cuando
  • Que mejor que durmieran boca abajo. 
  • Que necesitaban dormir en su cuna y cuanto antes a su habitación. 
  • Que dejarles venir a nuestra cama era malo
  • Que había que empezar con papilla de plátano (x gramos) de desayuno, papilla de verduras (y gramos) en la comida y papilla de cereales (z gramos) en la cena. O no, porque el pediatra de la consulta de al lado de daba unas recomendaciones totalmente distintas. Y con los años cambiaron todavía más. Unos decían que tal alimento a los 4 meses y que tal otro a los 12. Y otros te decían que el primer alimento mejor a los 8 y el segundo podía ya a los 6. 
  • Que había que forzarles a dejar el pañal
  • Que había que forzarles a andar
  • Que había que forzarles a ser independientes
  • Que había que forzarlo todo, porque la letra con sangre entra y quién bien te quiere te hará llorar.
Y así todo

Y un día los biólogos evolutivos, los antropólogos,los etólogos y los etnólogos nos dijeron que todo eso era muy raro. Que ninguna especie mamífera o primate tenía comportamientos tan extraños con sus crías, y que en las culturas humanas había tantísima variabilidad que era imposible determinar "lo correcto" de manera universal. También nos descubrieron que las culturas más pacíficas y sanas eran esas que respetaban más la naturaleza del bebé, tanto en el parto como en los meses y años siguientes. La ciencia basada en evidencia empezó a demostrar que todas esas normas, arbitrarias y absurdas en su gran mayoría, estaban matando y enfermando niños. Eran estresantes y nocivas. Dificultaban la crianza, volvían locas a la madres y, en pocas palabras, se cargaban todo el placer asociado a la maternidad. 

Vamos, que se equivocaron de cabo a rabo. Lo estábamos haciendo todo mal. 

En su momento todo este conocimiento fue un soplo de aire fresco en una dinámica aberrante y claustrofóbica, y cuando los primeros pediatras y expertos de la salud infantil empezaron a llevar estas ideas a los padres en sus obras divulgativas fueron liberadores, beneficiosos y muy necesarios para contrarrestar y debilitar el paradigma imperante, favoreciendo la entrada a una nueva manera de vivir la maternidad y la paternidad, más acorde con lo que nos pide realmente el cuerpo. 

Y entonces fue el boom de la "crianza natural". La madre mamífera abrió los ojos. Reclamó parir a sus bebés y no separarse de ellos ni para dormir. Sacó las tetas de los sujetadores de aros y se sentó en el banco del parque con su hijo de tres años a darle de mamar. Le dejó los pañales hasta que el propio niño pidió quitárselos y corrió a cogerle en brazos cada vez que sintió que su hijo lo necesitaba.

Pero estas ideas y este tipo de crianza no tardó en levantar ampollas "sociales", como no puede ser de otra manera, porque la libertad da miedo, y el miedo nos obliga a encerrar cuanto antes todos los deseos, sentimientos y emociones en palabras racionales que nos clasifiquen adecuadamente la realidad. Y por eso desde hace ya unos años corren ríos de tinta intentando clarificar lo que es natural, respetuoso o con apego, como si hacer lo que nos sale de las entrañas necesitara un nombre y una guía para su ejercicio. Y cuando digo ríos de tinta, digo ríos de tinta, porque si toda la tinta que se ha utilizado para escribir los libros que hablan sobre el tema se echara al mar, seguro que subiría el nivel un par de metros. Todos tenemos algo que decir, nuevas normas que explicar y buenos y beneficiosos consejos que dar. Yo la primera, que conste. 

Y como a los humanos nos encanta sentirnos seguros dentro de las confortable jaula de las normativas, nos ha faltado tiempo para convertir una liberación en una nueva forma esclavitud. Y así necesitamos que nos digan, otra vez desde afuera, lo que hay que hacer y como hay que hacerlo siguiendo la "moda" de esta "nueva" crianza. Y ya estamos discutiendo si esto es natural, o respetuoso, o con apego o conductista. Si debes hacer esto para que sea respetuosos o aquello para que sea natural. Si está científicamente demostrado que los chimpancés lo hacen así, los yekuanas asá, y los sapiens del paleolítico totalmente diferente. 

Y ahora ya no solo tenemos pediatras que nos dicen que el niño a las 6 h reciba 10 minutos de una teta seguido de la papilla de cereales. Ahora podemos elegir leer o escuchar también al que nos "da permiso" para darle teta a demanda y dejarle dormir en nuestra cama, o incluso al más moderno de todos, nuevo producto de la realidad virtual de los blogs y los foros de crianza, que nos permite seguir excusándonos con las exigencias culturales por no poder atender las necesidades primales de nuestras criaturas, le encanta la idea de que nos sentimos "esclavizadas" por nuestra maternidad, culpables hasta la saciedad, y se siente con la responsabilidad de liberarnos de los determinantes "naturales" con los que la cruel madre naturaleza pretende mantenernos en nuestro inferior rol de sacrificadas madres cuidadoras. Y, por supuesto, está convencido de que es posible hacer frente al conflicto entre la naturaleza del hijo y las necesidades culturales de la madre de una manera absolutamente respetuosa para todos. Un verdadero malabarista. 


Y entre todo este guirigay parece que hemos perdido de nuevo la esencia de nuestra liberación -que no es otra que ejercer la maternidad como más placer nos dé a nuestro hijo y a nosotras, ya que maternar no es otra cosa que satisfacer deseos primales- y un cambio de paradigma absolutamente femenino ha vuelto a masculinizarse por esta maldita necesidad de racionalizarlo todo, perdiendo así toda su esencia, porque en las palabras de estos pediatras y expertos (hombres y mujeres, que conste, que la masculinidad no entiende de géneros) sigue estando la misma capacidad de desconectarnos de nuestros deseos que en las de aquellos expertos"convencionales" del siglo pasado. 

Porque en la verdadera nueva crianza del cambio de paradigma las normas no salen de fuera, sino de dentro -de dentro del cuerpo de cada madre y cada bebé- y es la sociedad humana la que debería respetar y adaptarse a estos deseos primales de las madres y de los hijos. Esta es la única norma escrita que debería existir sobre ella. 

Porque es una crianza que enfrenta, reta y cuestiona las mismísimas bases del patriarcado: la desconexión entre cuerpo y mente.  Una maternidad que va mucho más allá de teorías científicas o determinantes culturales y/o naturales, y que está muy por encima de todas esas cuestiones por las que nos encanta enzarzarnos en estériles e interminables debates, o rellenar páginas y páginas de libros con instrucciones de como ejercerla correctamente. 

Es la crianza del placer. 

Es puro sentimiento.

Es pura libertad. 

Es puro deseo

Es puro Amor.

Y bajo mi punto de vista el resto de palabras sobran y su nombre es lo de menos. Que cada uno le llame como mejor le parezca y sienta que la representa, si es que necesita ponerle un nombre. 





viernes, 15 de abril de 2016

LA LACTANCIA MATERNA EN EL BANQUILLO

Traducción: Madre da a su hija (7) el pecho - ¿Violación?. Una madre de Urdorf ZH ha dado el pecho a su hija de ya 7 años. Ahora tiene que comparecer ante el juez. El padre ha ganado la orden penal. 

No sé si han sido los medios de comunicación que, para variar, han dado la noticia a medias, mal y centrada en lo que más podría escandalizar, independientemente de si su atrayente y amarillista perspectiva se ajusta o no a la realidad. O si, por el contrario, realmente se ha condenado a una mujer porque daba de mamar a su hija de siete años. Pero el caso es que desde el momento en que este artículo, Mutter gibt Tochter (7) Brust – Schändung? (en francés aquí), salió a la calle en el periódico 20 Minuten el pasado 13 de abril, muchas madres nos hemos sentido señaladas ante la posibilidad de haber abusado sexualmente de nuestros hijos al practicar la lactancia no interrumpida, también llamada lactancia prolongada, lactancia extensa o, simplemente, lactancia. 

Sí, así de fuerte. Tal y como suena. 

Lo reconozco con la cabeza bien alta y orgullosa de ello: he dado de mamar a mi hijo pequeño hasta los 6 años y 11 meses. Y hemos terminado nuestra lactancia por mutuo acuerdo. Él y yo. Además, durante unas semanas relacté al mediano, que por entonces tenía 5 o 6 años. Lo hice porque me buscaba. Me buscaba mucho. Es un niño sensible, cariñoso y muy necesitado de muestras físicas de amor. Lo había destetado demasiado pronto (para él) cuando tenía unos 18 meses, por causa de mi nuevo embarazo. Desde entonces se chupaba mucho el dedo y le pregunté si lo hacía porque echaba de menos la teta. Entonces me dijo que le gustaría volver a probarla y le dejé. Cada noche durante unas semanas volvió a dormirse al pecho. Unos minutos para el pequeño y unos minutos para el mediano. El pequeño sacaba leche, el mediano ya no. Había perdido el reflejo de succión. Eso me ocasionaba molestias porque al no mamar correctamente me hacía un poco de daño, así que cuando al cabo de unas semanas dijo que ya no quería más fue un alivio para mí. 

Pero, ¿Y si esta relactación del mediano, o la propia lactancia del pequeño, hubiera sido un placer? ¿Hubiera estado abusando sexualmente de mis hijos? Según palabras de Ibone Olza, un 40,5% de las madres lactantes se excitan sexualmente en alguna ocasión durante las tomas, y el 16,7% se excitaban con frecuencia amantando ¿Están todas estas mujeres abusando de sus hijos? ¿Verdad que no? El placer y la lactancia son dos facetas de la sexualidad femenina inseparables, incuestionablemente buenas, naturales y saludables. Y no solo la madre siente, o debería sentir, placer. El hijo también. Para el hijo la teta de su madre es la primera gran fuente de placer extrauterino. Y si no que nos lo digan a las madres que hemos amamantado. O mejor: que pregunten a nuestros niños. 

No quiero escribir aquí sobre lactancia, maternidad, sexualidad y placer porque ya lo han hecho otras antes que yo. Nohemí Hervada, valiente y esclarecedora como muy pocas, tiene dos artículos impresionantes: La lactancia es sexual y Lactancia y Erotismo. Del último quisiera traer aquí este párrafo:
La lactancia es placentera a nivel físico  porque imagino que es la forma de asegurarse que la madre estará disponible durante años para esa función. De hecho, lo es tanto, que muchas veces el deseo sexual tal y como lo percibimos hacia la pareja no aparece en semanas o meses. Muchas mujeres se sienten sexualmente satisfechas en esta etapa cuidando a su cría. No es que nos desaparezca la libido, es que está satisfecha. Y estoy convencida de que si nos quitáramos muchos tabúes y represiones experimentaríamos mucho más placer físico del que experimentamos o que lo reconoceríamos más.
 Y otro artículo valiente y esclarecedor es el escrito por la periodista Ileana Medina, en su legendario blog Tenemos Tetas en el que no habla concretamente de lactancia materna, pero sí de Crianza Corporal, un concepto que, evidentemente, lleva incluido la lactancia materna junto con el colecho o el porteo, y que trata de

 Ofrecer nuestro cuerpo mamífero como SOSTÉN, compañía, contacto.
Y:
 Se trata de algo todavía más íntimo, irracional, intuitivo, mamífero, placentero: se trata de disfrutar del CONTACTO FÍSICO, del goce, del calorcito humano, del piel con piel. 
Se trata de recuperar la corporalidad, de tocar, oler, lamer, chupar. Se trata de vivir la fusión de los cuerpos, de ser libres, abandonar los prejuicios y los tabúes, compartir, estar abiertos y disponibles. 
Se trata de proteger, amar, cuidar, nutrir, gozar, jugar, reír, revolcarse, mezclarse, fundirse, derretirse, amalgamarse, ablandarse, engolosinarse, desmerengarse, enamorarse, atreverse, perder la compostura, aceptar la locura, romper los límites, abandonar la racionalidad y la rigidez, olvidarse del tiempo y los relojes y las normas sociales, desbocarse, abandonarse, dejarse ir, fluir, estar alerta, aprender, crecer, abrirse, desnudarse, rendirse, desarmarse.

Es evidente que la naturaleza ha planeado que la lactancia sea placentera. Que la crianza sea placentera. Las mismas hormonas del placer y el amor implicadas en el coito están implicadas en el parto y la lactancia. Pero en nuestra cultura sólo se permite el placer en el coito. Solo se califica de "sexualidad" la sexualidad coital y falocéntrica. El parto y la lactancia ya no deben estar relacionados con el placer. No. Estos deben ser dolorosos y abrumadores. 

¡Ay! Cuanto dolor han causado y causan estas creencias. Cuantas maternidades rotas, cuantos bebés abandonados lejos de su hábitat natural,  huérfanos de Madre. Cuantas madres muertas y heridas en el parto. Cuantas madres rotas en las lactancias y en las no-lactancias. Cuantos bebés insatisfechos, vacíos de leche y teta. Cuantos adultos arrastrando la herida primal ocasionada por la castración de la maternidad. 

Considerar la lactancia un abuso sexual me parece una de las mayores atrocidades que nuestra cultura puede hacer en contra de la maternidad y, con ello, en contra del bienestar y la felicidad de los seres humanos que formamos parte de esta sociedad. Es, además, una prueba incuestionable de que somos una sociedad enferma. Sexualmente enferma. Creemos que vivimos una era de libertad sexual, pero en el fondo seguimos ignorando nuestra verdadera naturaleza como animales sexuados, mamíferos, primates y humanos. Nuestra sexualidad sigue castrada en manos de una cultura herida donde el dominio del macho ha adulterado todos nuestros comportamientos, sexuales y no sexuales. 

Señores, las tetas de la mujer son glándulas mamarias cuya función principal es satisfacer las necesidades físicas y emocionales de sus criaturas. Las tetas femeninas son la encarnación del amor maternal. Nunca, y digo, NUNCA, podrían ser utilizadas como herramienta de abuso sexual. Para la madre y el hijo el pecho es una fuente de placer, sí, incluso puede considerarse placer "sexual", pero no coital. No sé si pillan la diferencia, pero es inmensa.

La sexualidad coital es la sexualidad de los adultos. Esa sí daña a los menores, porque no están preparados todavía para ella. Precisamente el otro día una amiga me enseñaba en Facebook un vídeo de unas niñas bailando como solo debería bailar una mujer adulta. Eso para mí SÍ ES ABUSO SEXUAL e HIPERSEXUALIZACIÓN de un menor. Como esta foto de la derecha. A los responsables de este tipo de fotos y comportamientos los metería yo en la cárcel.

Pero la lactancia, un acto fisiológico del que hasta hace muy poco dependía la vida y el bienestar de los hijos, la fuente primal del amor y el deseo maternal, cuyo funcionamiento está orquestado por todas esas hormonas que orquestan la vida sexual de la mujer, nunca puede ser una herramienta de abuso, y mucho menos sexual porque:

- La lactancia es sexualidad, pero no es sexualidad coital. 
- No puedes obligar a un niño a mamar. 
- Por el contrario, los obligamos a destetarse mucho antes de lo que la naturaleza tiene dispuesto. Según la antropóloga Kathy Dettwyler la edad natural  máxima del destete sería alrededor de los 7 años y la mínima de los 2 años y medio. Así que ya me diréis como se quedan nuestros niños en una sociedad donde no se llegan ni a cumplir los 24 meses mínimos recomendados por la OMS: la edad media del destete en nuestro país es de unos (tristes) 6,3 ± 3,8 meses. Y esto lo vemos claramente las madres que decidimos no interrumpir nuestra lactancia: la mayoría pasan los 5 años, llegan a los 6 y a los 7, para luego abandonarla tranquilamente, sin traumas ni lloros, de manera natural y relajada. Y los últimos meses, o años, dudamos de si realmente están bebiendo, porque no nos notamos la leche y ellos parecen que ya no tragan. Pero dicen que sí, que sigue saliendo y está muy rica. Y te piden, te piden ellos, por lo general por la mañana al despertar y a la noche, para relajarse y dormir, y a veces cuando hay un disgusto insuperable o un chichón especialmente doloroso. Porque la teta cura, consuela, relaja y, sobre todo, está muy muy buena. Deliciosa, dicen. 

Mi hijo pequeño todavía, cuando me abraza o se acurruca en mi regazo, me dice: "mamá, hueles a teta". Y es que teta es sinónimo de amor maternal. Y ese olor le acompañará toda su vida para recordarle que existe un lugar en el universo donde todo es amor, calor, seguridad y consuelo, 

".... en la media luna del pecho"

como dijo el enorme Miguel Hernandez. 

Un lugar que será suyo para siempre.



lunes, 15 de febrero de 2016

MÉTODO ESTIVILL. NO SE TRATA DE DEJARLE LLORAR.

Es cierto. No se trata de dejarle llorar más o menos, o no dejarle llorar en absoluto. Hasta ahora, como a la mayoría de padres, lo que más me llamaba la atención del famoso Método Estivill era que el bebé podía llorar uno, dos, diez o veinte minutos. Y eso era lo que más criticaba.

Pero hace unas semanas mi percepción cambió totalmente. Fue al preparar mi defensa del trabajo fin de máster sobre Investigación Social de la Comunicación Científica en la que se me ocurrió recurrir a un vídeo que corre por You Tube sobre dicho método para explicarle al tribunal en qué consiste el método en cuentión.

El vídeo es el siguiente:



Cada vez que veía el vídeo me daba cuenta de que había algo que me estaba molestando tanto o más que el evidente dolor de la criatura, pero necesité un tiempo para identificarlo totalmente. Y entonces entendí hasta que punto, como ya dijo en su día mi querida Irene en su excelente artículo "Adiestrando Padres", el Método Estivill no trata de adiestrar niños sino en adiestrar padres. Porque en este vídeo queda clarísimo: el adiestrado es el padre.

¿Y como se adiestra a los padres? Primero hay un trabajo previo en el que el experto convence a los padres de la necesidad de aplicar el método. Después, ya en acción, se obliga al progenitor a concentrarse en una serie de normas que deben seguir, lo que provoca una desconexión con su hijo y la consiguiente desincronización entre ambos. Fijaros en el vídeo. Fijaros como Estivill, cual Voldemort con su varita mágica, va detrás del padre diciéndole  ordenándole, de hecho lo que debe decir exactamente. Parece que le haya mandando un Maleficio Imperus. Así el padre tiene tanto trabajo concentrándose en las palabras del experto que desconecta, literalmente, del llanto de su hijo. Bastante tiene él con seguir tantas instrucciones. Y así, el cerebro emocional, ese que le grita que su hijo sufre y que, por favor, lo atienda queda supeditado al entrenamiento al que está siendo sometido el cerebro racional el cual obedece, cual soldado, las órdenes de este "experto" porque "él sabe mejor que yo lo que tengo que hacer porque habla en nombre de la ciencia". En el día a día, fuera de las cámaras de televisión y la presencia real del "experto" el papel de lanzador del maleficio lo realiza el libro o la aplicación para móviles que obliga a los padres a centrarse en un texto y en un reloj, distracción que permite así la absoluta desconexión emocional entre padres e hijos.

Una estrategia digna de las más avanzadas artes oscuras, no cabe la menor duda. Desde luego el Voldemort de Harry Potter debería enfrentarse a algunos de nuestros Mugglies. Seguro que no les supera en capacidad de manipular y supeditar voluntades.

No descubro nada nuevo. De hecho la primera fase de este tipo de técnicas de adiestramiento es siempre la "educación" de los padres. Por eso se llaman Técnicas cognitivo Conductuales. A día de hoy ya hay investigaciones que demuestran muy claramente que esta desconexión se produce. Y que este fenómeno tiene efectos nocivos para el establecimiento de la relación de apego y el correcto desarrollo de los niños también está demostrado.

Así que es cierto, el Método Estivill no consiste, principalmente, en hacer, o dejar, llorar al niño. No. Consiste en que los padres desconecten de las necesidades de su hijo para imponer una conducta que viene desde fuera. Las razones de por qué estamos dispuestos a hacerlo ya han sido analizadas en otras ocasiones (1, 2, 3). Pero es importante que seamos conscientes de este hecho.

viernes, 23 de octubre de 2015

LAS SIETE FASES DE MI MATERNIDAD

1ª FASE: FASE ALELADA


Todavía no he sido madre y creo que:

  • Los especialistas son los que más saben (y yo no sé nada). Haré lo que diga mi ginecóloga, por supuesto. Y luego, sin rechistar, lo que diga el pediatra.
  • ¿Qué es exactamente una comadrona?
  • Daré el pecho "si puedo". Pero probablemente no pueda porque a mi alrededor casi nadie ha podido. Sobre esa amiga que me dijeron que le daba teta a su hija de 3 años: Dios mío, que exagerada es. Eso no es normal.
  • Con biberón se crían igual o casi igual. No es para tanto
  • Ante la llegada del bebé hay que preparar (por orden de importancia)
    • La habitación. Con capazo para los 3 primeros meses y cuna para el resto.
    • El cochecito
    • La bañera
    • El cambiador
    • Los bibes, el esterilizador, los chupetes. etc...
    • Bomba para sacarme leche
    • ¿Sistema de porteo? No sé... pongamos opcional.
    • Imprescindible el móvil de la cuna con un audio de Mozart y latidos del corazón.
  • Un cachete a tiempo es imprescindible en cualquier crianza... Si es que hay gente que es muy exagerada. A mí me dieron y aquí estoy, tan bien educada. 
  • La letra con sangre entra
  • La maternidad es sacrificio.


2ª FASE: FASE DE CRISIS AGUDA

Ha nacido mi primer hijo. Nada del apartado anterior me sirve. Nada funciona. Esto es un caos.
  • Hice lo que me dijeron en el parto pero acabé con epidural y pariendo tumbada. Dicen que ha sido un parto ejemplar. Yo me siento extenuada y con la sensación de que aquí ha fallado algo importante. 
  • El bebé no puede ni ver su capazo (debe de tener pinchos, o chinchetas... o tal vez queme). Sólo quiere estar en mis brazos, pero yo tengo cosas que hacer y no puedo con él encima.
  • El bebé no valora la música de Mozart ni los latidos del corazón del móvil sobre su cuna (¡desagradecido!).
  • Mi gran objetivo del día es que el bebé se duerma para yo dejarlo y poder hacer cosas. Me paso el día con expectativas que no se cumplen. Estoy desesperada.
  • No consigo darle de mamar según lo que me han recomendado en la clínica (no antes de dos horas, x minutos en cada pecho). Me congestiono. El bebé llora... ¿de hambre? ¿Si yo estoy congestionada por qué llora mi bebé de hambre?
  • Llegan consejos de todas partes, todos contradictorios. Nada de lo que hago parece satisfacer a mi hijo. Es una lucha continua entre lo que yo quiero y lo que él quiere. 
  • La maternidad no puede ser esto. Me hundo. Nos hundimos.


3ª FASE: FASE DE ILUMINACIÓN

Leo. Leo mucho. Empiezo por Carlos González y Rosa Jové. Sigo con Michel Odent y Laura Gutman. Me atrevo con Casilda Rodrigañez. Voy complementando con Meredith Small, Jean Liedloff, Margot Sunderland, etc... Poco a poco abandono la literatura divulgativa y me sumerjo en los artículos originales de las revistas científicas (Narvaez, Panksepp, Schore, Olza, McKenna, Ball, Bergman, etc...).

Ahora lo veo claro. Nuestra cultura es incompatible con nuestra biología. Lo hacemos todo mal. Maternar debería ser un enorme placer y no lo es porque la cultura no nos deja.

Todo es culpa del patriarcado.


4ª FASE: FASE MESIÁNICA

Ahora que ya sé como ser la madre perfecta quiero compartirlo con el mundo. Quiero que todas las madres sepan también ser así de perfectas. Así salvaremos la humanidad.

Las que se niegan a abrir los ojos a esta aplastante revelación son unas malas madres. Lo hacen por puro egoísmo.

Pero no importa, voy a abrirles los ojos aunque sea a la fuerza. Yo estoy de parte de los bebés. Siempre de parte de los bebés.



5ª FASE: FASE DEL DARME DE NARICES CON LA REALIDAD

Tengo toda la teoría en la cabeza pero la práctica, en el día a día, no me sale:
  • La lactancia es más dolorosa que plancentera a pesar de "cumplir" con todas las normas de una lactancia placentera (a demanda, sin límites, día y noche, etc...). Las mastitis recurrentes no ayudan, precisamente.
  • Me muero por estar con mis hijos, y me muero por separarme de ellos. Me siento culpable.
  • Colechamos y dormimos mejor. Pero sigue siendo duro porque yo estaba "programada" para dormir en solitario. Una no cambia un condicionante así de la noche a la mañana
  • Quiero que coman sano y que solo tomen mi leche. Pero acabo dando potitos de vez en cuando, papillas porque es más fácil, galletas y bollería porque ¿Quién consigue no dárselos nunca? La leche de vaca también es muy socorrida, aunque seguro que sería mucho más sano darles a los tres de la mía durante el resto de su niñez. Pero es que no doy más de mí. 
  • No se pega, pero se me escaparon dos cachetes. Nunca más. No se grita, pero estoy afónica de tanto hacerlo. No se cría mediante el "ordeno y mando", pero el sargento O´neil se moriría de envidia si me viera ejerciendo mi "ejemplar" maternidad en los momentos culminantes del día.
  • Mis hijos pasan parte del día frente a la tele o con el ordenador. Y cuando esto ocurre yo no siempre estoy trabajando, no... a veces lo hago para poder ver mi serie favorita en mi ordenador (shhhhhhhhh).
  • Soy una madre, no mala, malísima.
Pero lo peor es que en medio de mi fracaso:
  • Aquellas "madres esclavas de la cultura" que tengo entre mis conocidas, de  biberón (voluntario, se entiende), sueño en solitario y guardería, son mucho mejores que yo con sus hijos en otras mil facetas en las que yo fracaso estrepitosamente: algunas son más pacientes y no gritan nunca, otras más dedicadas y no pierden tiempo de estar con sus hijos viendo series de televisión, y la mayoría cocinan mejor. 

6ª FASE: FASE DE "PERO... ¿QUE ESTOY HACIENDO?"

Vale, no soy la madre perfecta que pretendía ser. Imposible cumplir con todas las expectativas que me había autoimpuesto. Y este estado de frustración continua no ayuda nada. Es totalmente destructivo. 

¿Qué está fallando? ¿Por qué cuando intento practicar una maternidad que en teoría está más en armonía con nuestra naturaleza humana que la tradicional de nuestra cultura,  me cuesta tanto?

Pues porque he cambiado los determinantes culturales por los científicos. No me he liberado, sólo he cambiado de "autoridad". Porque el ejercicio de la maternidad no se puede dominar a base de normas externas, vengan de dónde vengan. Cuando hacemos algo -ya sea dar el pecho o dejar al bebé en una guardería para ir a trabajar, aplicar el método Estivill o darle de mamar 10 veces por la noche a los 3 años- y lo hacemos porque desde fuera una presunta autoridad (científica o cultural) nos dice que es lo que DEBEMOS hacer, y nosotros acallamos nuestro deseo íntimo y personal (que es en realidad la única voz que deberíamos escuchar) para adaptarnos a esa normativa externa, fracasamos y, lo que es peor, sufrimos. 

He cometido una enorme incongruencia tratando de liberar mi maternidad de las normas culturales atándola con las normas "naturales".

Y encima estoy pretendiendo cambiar el comportamiento de otras madres ¡A LA FUERZA! con un discurso de "si no haces esto le estás haciendo daño". El mismo que utilizan "los otros", los malos, los pro-Estivill y Supernani. Me he convertido en una pseudo-Estivill o en una pseudo-Supernany que en vez hacer sentir culpables a los padres por no enseñar a dormir a sus hijos en solitario del tirón o no disciplinar a sus hijos con la silla de pensar les hace sentir culpables por hacerlo. 

Dice mi amiga Mónica que eso es VIOLENCIA. Quiero mucho a Mónica y tengo mucho respeto por su criterio. No me ha hecho falta reflexionar demasiado sobre sus palabras para llegar a la conclusión de que tiene más razón que un santo. Y además añade: 

" ....no podemos "salvar"  a los niños hiriendo a sus madres y padres"

Por supuesto que no. Parece obvio, pero creo que estas palabras son muy necesarias en nuestro círculo de presunta crianza respetuosa, natural, o como la queráis llamar. Las repito:

....no podemos "salvar"  a los niños hiriendo a sus madres y padres"

Es que no podemos, ni debemos, salvar a nadie.

¿Quién coño(1) nos creemos que somos?


7ª FASE: FASE DE ACEPTACIÓN

Soy una madre imperfecta que quiere a sus hijos con locura. A veces consigo hacer lo que creo que es mejor para ellos y otras no. A veces me doy cuenta de que me he equivocado y que lo que creía mejor en realidad no lo es. A veces cambio sobre la marcha y me equivoco todavía más. A veces el cambio repara los daños anteriores. A veces hasta hago bien las cosas. 

A veces me siento muy culpable y entonces me doy cuenta de que así tampoco arreglo nada. Así que me saco de encima la culpabilidad e intento hacerlo mejor a partir de entonces. A veces consigo hacerlo mejor. Otras veces no. 

Ahora sé que muchas normas de crianza tradicionales no tienen bases sólidas, nacieron en condiciones que ya no existen y ahora dañan más que benefician. Ahora puedo librarme de ellas. Pero eso no significa que tenga que atarme a normas nuevas. Ahora, simplemente, puedo barajar más posibilidades para solucionar problemas. Pero mi solución no tiene por qué ser tu solución.

Ahora sé que, a pesar de todo lo que he leído y de mi formación académica, no soy nadie para decirte a ti como debes criar a tu hijo. Perdóname, porque un día pensé que sí lo era. 

Lo que sí puedo hacer es ofrecerte mis conocimientos sobre el tema, pero no como nuevas normas a las que debas someterte. Yo te los pongo sobre la mesa. Tu coges lo que a ti te va bien. Si me preguntas si el biberón es igual que la lactancia materna te diré que no; si me preguntas si me parece que el método Estivill es bueno, también te diré que no. Pero espero que tu no des de mamar porque lo que yo he dicho te OBLIGA a dar de mamar o que coleches porque te sientes obligada a colechar. Piensa que lo que yo he dicho es una variable más de todas las que necesitas considerar a la hora de decidir si das de mamar o no, si enseñas a tu bebé a dormir solo o no. Incluso si practicas mi odiado método Estivill o no

Yo no "calzo tus zapatos" así que ¿quien soy yo para juzgarte? o ¿tú para juzgarme a mí?

Yo no puedo cargar con la responsabilidad de tus decisiones. Ni Estivill, ni Supernany, ni Carlos Gonzalez ni Rosa Jové, ni ningún experto, lo pretenda o no lo pretenda (que algunos lo pretenden). La decisión final es, siempre, responsabilidad tuya. Como respecto a mis hijos es mía y de su padre. 

Ahora solo aspiro a que mi trabajo, que consiste en informarte de lo que la ciencia dice sobre la biología de la crianza mediante la divulgación científica, te ayude a escucharte y a liberarte de aquellos que pretendían atarte con una supuesta autoridad que en realidad no tienen.  Espero que cada vez que me leas o me escuches mi mensaje te aporte algo positivo, te ayude a reflexionar sobre eso que tenías en la cabeza y te abra nuevas posibilidades de actuación. 

Pero, por favor, no tomes mis palabras como nuevas cadenas. Aunque, en realidad, gran parte de la responsabilidad para que eso no suceda es mía, lo sé. Tengo que conseguir trasmitir esta información de manera que no te haga sentir culpable y que no te obligue a hacer nada que realmente no sientas que quieres hacer. 

No es fácil, te lo aseguro, pero estoy trabajando duramente en ello. 


(1) Con perdón. No me gusta utilizar palabras malsonantes en mis escritos, pero a veces salen del alma y son imprescindibles para darle a la frase el sentimiento que tengo.