Llevo tiempo con ganas de escribir sobre el poco interés que ponen las líneas aéreas en la seguridad de los niños y los bebés en los aviones. Al menos, esa es mi impresión.
Me explico: Hasta los dos años de edad los bebés deben de ir en el regazo de sus padres. En Swiss nos dan un pequeño cinturón que se une al nuestro, pero en otras líneas aéreas no dan nada de nada. Si tienes suerte, tal vez puedas utilizar tu silla de seguridad del grupo 0, pero para eso tiene que haber asientos libres. La mayoría de las veces esto no ocurre y no te queda más remedio que despegar, volar y aterrizar con tu bebé en brazos, sin ningún tipo de protección adicional. Parece ser que algunas compañías proporcionan un capazo, aunque yo nunca he visto ninguno. Comprar un billete para el bebé, para así asegurarte un asiento para la silla de seguridad, es imposible -al menos si lo haces por internet- ya que al preguntarte la fecha de nacimiento y ver que es menor de dos años no le asignan asiento.
No puedo entender como se considera seguro que un bebé viaje en avión con la única sujección de los brazos de un adulto, al menos en los momentos de despegar, aterrizar y durante las turbulencias. Es cierto que en un accidente aéreo en toda regla no hay muchas posibilidades de sobrevivir, pero también pueden ocurrir movimientos bruscos que, sin tener mayor importancia para un adulto, pongan en serio peligro la integridad de un bebé que no está convenientemente sujeto. Las turbulencias pueden ser tremendas y si te pillan por sorpresa y no estas sujetando correctamente a tu hijo, este podría golpearse con el asiento delantero, o incluso con el techo del avión.
Pero lo peor es a partir de los dos años. El niño ya tiene que ir sentado en el asiento de adulto, agarrado por el cinturón de seguridad. ¿Problemas? Varios:
1- En general, hasta que el crío tiene unos cinco años, se pierde en el enorme asiento y queda mal sentado y mal agarrado.
2- Si todavía anda más cerca de los dos años que de los tres, es posible que no quiera sentarse sólo, sobretodo si está algo asustado y se siente inseguro en lo que para él es un enorme sillón.
3- Quitarse el cinturón no sólo es facilísimo, sino también tremendamente atractivo para una criatura aburrida de esperar a que despeguen de una vez.
4- La mesita plegable es también extraordinariamente atractiva, sobretodo para abrirla y cerrarla cien veces.
Podríais decirme que ahí está la mamá para controlar el comportamiento del pequeño, pero os aseguro que es bastante complicado hacerlo cuando tienes al hermano pequeño, menor de dos años, en el regazo. Si además el susodicho es, además de menor de dos años, mayor de 12 meses, es bastante difícil que la madre en cuestión tenga la mínima posibilidad de moverse mínimamente en el reducidísimo espacio que queda entre ellos y el asiento de delante, cuyo ocupante suele tener el detallazo de, además, reclinarse para echarse un sueñecito. Sueñecito que posiblemente no consiga, ya que será zarandeado inmisericordemente por un bebé angustiado (por la falta de espacio) que es a su vez estrujado por una madre histérica que intenta evitar que el hermano mediano se abra la cabeza con la mesita plegable o se quite el cinturón en pleno aterrizaje.
Ayer volvimos de España y hoy estoy destrozada. El viaje es muy largo: cinco horas de coche y una hora y veinte de avión. Lo peor, con diferencia: el avión. Y eso que V ya se porta como un bendito. El pobre, aunque se aburra como una ostra, está calladito y tranquilo y se conforma con hacer cien veces la simpleza de puzzle que le da la azafata. Pero O y M son otro cantar. Si me toca el gordo de la lotería, ambos se duermen. Creo que ha ocurrido una vez. Si me toca sólo el reintegro, se duerme uno de los dos. El resultado es que yo estoy medio inmovilizada sujetando a un niño dormido mientras intento controlar el comportamiento del otro con el brazo libre. Lo peor es ver al padre dormir tranquilamente en el asiento del otro lado del pasillo. Y no es que él no quiera ayudar, no, es que los dos enanos “quieren con mami” y claro……. No hay más remedio.
Ayer tuvimos escenita en el aterrizaje. Y es que yo, no lo voy a negar, tengo los nervios a flor de piel en los aviones. Sí, lo reconozco, me da miedo volar. En mi vida de soltera me ponía nerviosilla (si había turbulencias pasaba a “nerviosa”) pero desde que vuelo con mis hijos me pongo histérica. Si el avión se mueve demasiado entro en estado de shock-camuflado: por dentro estoy muerta de terror mientras sonrío a los peques e intento montar la simpleza de puzzle que nos dio la azafata.
Ayer ocurrió algo que para una persona normal hubiera sido una nimiedad de la que reírse y que a mí me puso en “estado de alerta” el resto del vuelo. Alguién encendió la megafonía antes de que el piloto estuviera preparado y se le oyó claramente decir “Scheiße”,o sea, “mierda”
¡¿Mierda?¿ ¡¿Porqueeeee?!
¿Por que se le había caído el café en los pantalones? O ¿Por que el motor izquierdo no funcionaba?
Ya me quedé cavilando sobre la palabrita el resto del vuelo, con el corazón "encogío". Mientras, M dormía en mis brazos enganchado a la teta, y yo intentaba controlar a O que estaba especialmente revoltoso.
Llegó el momento del aterrizaje. El avión se movía bastante mientras bajaba. Yo intentaba controlar mi pánico y que M no se despertara. Entonces O decide que se quiere soltar.
“¡No! O ¡NO! ¡Ahora no!!! ¡Estamos aterrizando”!!!!!”
“ Pero quero coger ese paletito rojo del suolooooo” “mamiii”
“¡NOOOOO! ¡NI SE TE OCURRA SOLTARTE AHORA!”
Pero se soltó y se bajó del asiento. Lo cogí con la mano libre por la espalda de la camisa, y lo subí en vilo otra vez a su asiento. Mientras, el pequeño se despertó asustado por mis gritos y estrujado por mis movimientos bruscos. O se me revolvía como una lagartija y no podía ponerle otra vez el cinturón.
Entonces le di la bofetada. Fue una bofetada pequeñita, dada con la punta de los dedos, pero bofetada al fin y al cabo. Al menos O se quedó helado (nunca le había pegado) y tras echarse a llorar con un desconsuelo que partía el alma, se dejó atar. Una azafata vino en mi ayuda para explicarle a O lo enfadadísimo que estaría el capitán si se enteraba de que se había soltado. O la escuchaba entre sollozos. El resto del aterrizaje estuvo quieto y tranquilo. Yo me quedé pensando si la bofetada era realmente necesaria y con una congoja que ni sé. Se me pasó hasta el miedo por las turbulencias.
Entonces ocurrió algo que nunca me había pasado. Tras tocar tierra el avión dio un frenazo terrible que me puso el corazón y el estómago en la garganta. La gente se miró con aprensión. Los dos mayores quedaron literalmente colgados de sus cinturones y yo necesité bastante fuerza para evitar que M se me estampara con el asiento de delante. Parece ser que el piloto había tocado tierra muy tarde y por eso necesitó frenar con tanta fuerza (al menos eso me contó mi marido). El caso es que si O hubiera estado suelto se hubiera pegado un golpe bastante más fuerte que mi bofetada.
Y yo me pregunto ¿No sería posible que los aviones tuvieran asientos adaptados para menores donde estos quedaran mejor sentados y mejor sujetos que en el asiento para adultos? Al fin y al cabo todos compramos los billetes con bastante antelación y no debería ser tan difícil tener los adaptadores necesarios según el número de niños.
Yo nunca he tenido problemas de disciplina en el coche. Creo que eso es porque desde el principio ellos ya se notan bien sentados y sujetos y no se plantean que pueda ser diferente. En cambio, en el avión les parece que eso de estar sentado y atado es opcional, y es mucho más difícil convencerles de que lo deben de hacer por su seguridad. Unos buenos adaptadores con una buena sujeción cambiarían mucho las cosas.
¿Qué opináis vosotros? ¿Cuál es vuestra experiencia viajando en avión con los niños? ¿Qué pediríais a las compañías aéreas?










