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viernes, 28 de febrero de 2014

MIRANDO(NOS), ESCUCHANDO(NOS), SINTIENDO(NOS).........SIMPLEMENTE.

Es impresionante.

De verdad, es realmente impresionante.

No sé si nunca os habéis parado a analizar hasta que punto es impresionante el volumen de literatura para padres que existe en el mundo. Desde como engendrarlos hasta como gestarlos, parirlos, dormirlos, alimentarlos, disciplinarlos, educarlos, entretenerlos......... parece que necesitamos leer al menos unos 50 libros para criar decentemente a nuestros hijos. 

Yo, que soy muy de ciencias mal que me pese, me puse a ello con el entusiasmo de una predoctoral preparando su gran tesis. En serio. Creía que en los libros iba a encontrar el camino para ser la madre perfecta. 

¡Ay! Pero el asunto resultó ser mucho más complicado de lo que yo había imaginado. Unos te decían que nada de jamón en el embarazo y otros que comieras sin miedo. Unos que parieras en el hospital y otros en casa. Unos que teta solo y otros que el biberón es igual. Unos que a dormir a su cuarto y otros que a colechar. Unos que una papilla de cinco cereales más calabacín y patata a los 6 meses (ni un día antes ni otro después) o a los cuatro (ni otro día antes ni otro después) y otros que lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera. Unos que una bofetada no importa y es necesaria y otros que es maltrato. Unos que la letra con sangre entra y otros que aprender debe ser un placer. 

De locos. 

Así que al principio, con mi primer hijo, fui un poco a salto de mata, por así decirlo. No comía (casi) jamón durante el embarazo (solo el de Jabugo comprado en la carnicería de unas amigas de la infancia, porque hay jamones y jamones y ese es irresistible). Parí en el hospital, pero con la orden de que me intervinieran lo menos posible. Así acabé con el set-premium "primeriza con suerte", o sea, no termine en una cesárea pero no me libré de la oxitocina artificial. Me dejaron desgarrame solita, eso sí, porque tampoco quería episiotomía. 

El pecho lo di a demanda, pero no antes de dos horas e intentando alargar las tomas por la noche, tal y como me aconsejó la enfermera de turno. Y quizá fue eso, más que ninguna otra cosa, lo que empezó a desmoronarme el montaje de maternidad ejercida desde la madre perfecta que vive en la perfecta sociedad que lo sabe todo sobre la crianza de los hijos. Eso y la manía de colocar al bebé en cualquier artefacto que no fuera ni remotamente parecido a los brazos de su madre. Porque se malacotumbra, como todos bien sabemos. 

Mi bebé lloraba, mi cuerpo se quejaba, mi estrategia no funcionaba. Algo iba fundamentalmente mal.

Así que decidí ir más allá de la literatura "popular" y empecé a rebuscar en la literatura científica. Ingenua de mí que, acostumbrada al sencillo mundo de la biología cardiovascular, estaba convencida de que la parte de la literatura popular que se basara en la literatura científica era la que tendría la respuesta verdadera sobre como ser la madre perfecta para criar perfectamente a mis hijos. 

Pero tampoco.

Si algo hay realmente difícil de encontrar en la literatura científica son verdades absolutas. Todo son hipótesis y teorías, experimentos concretos con resultados solo aplicables a sus reducidas condiciones y conclusiones solo deducibles de unos resultados obtenidos en unas condiciones tan concretas que no sirven absolutamente para nada más que para ser publicadas en una revista científica. Desde luego no sirven para decirle a nadie como criar a su hijo, aunque enseguida me di cuenta de que algunos autores de la literatura popular izaban la bandera de la ciencia con tanta convicción que hasta se habían convertido en los bestsellers más vendidos en su especialidad, convenciendo a millones de padres para aplicar unas supuestas técnicas supuestamente respaldadas por la ciencia. Una ciencia que no respaldaba absolutamente nada. 

Y también vi algo que no había visto antes, o tal vez nunca me había fijado porque en el mundo de la biología cardiovascular sus implicaciones no eran en absoluto las que tenían ahora, en el mundo de la crianza. Vi una absoluta invasión de la ciencia por la cultura. Fui consciente por primera vez de hasta que punto el científico investiga desde su cultura y de las tremendas repercusiones que eso tenia en el diseño de sus experimentos, la interpretación de sus resultados y el desarrollo de sus conclusiones. En el tema en concreto de la crianza el resultado es devastador. 

Mi primera incursión en la literatura científica relacionada con la crianza de mis hijos fue la lactancia y sus últimas publicaciones. Había bastante consenso y el tema estaba bastante bien definido. Lo que me escandalizó fue la (tremenda) distancia entre lo que publicaban los investigadores en los últimos años y lo que recomendaba el personal sanitario. 

Me senti perdida. Me entró pánico. Perdí la seguridad que ofrece la posibilidad de tener una figura de autoridad en la que confiar ciegamente. ¿Como confiar en unos profesionales que ni siquiera eran capaces de darme soluciones científicamente demostradas a la hora de ayudarme a superar mis problemas de lactancia? Si en un tema que había profundizado encontraba semejante situación ¿Que sería de los demás? ¿Y cuando empezara la alimentación complementaria? ¿Y el sueño? ¿Y la educación? ¿Iba a tener que profundizar en cada uno de los temas implicados en la crianza de mis hijos hasta quemarme las pestañas estudiando y leyendo como para escribir diez tesis doctorales y hacer la carrera de psicología, pedagogía, antropología y pediatría juntas?

Y entonces ya solo quedó una solución antes del colapso definitivo: 

Miré a mi bebé. Sentí a mi bebé. Escuché a mi bebé.

Y entonces me di cuenta de que también era necesario aprender a escucharme y a sentirme a mí misma.

Y ahora sí. Ahí precisamente estaban todas las respuestas. 

Mi bebé quería estar conmigo, sentirme en contacto con él, mamar de mi pecho siempre que quisiera y dormirse en contacto conmigo. Simplemente.

Mi cuerpo quería estar con él, sentir su contacto, darle de mamar a demanda y permanecer a su lado durante el sueño. También muy simple. 

Todo lo demás eran complicaciones absolutamente innecesarias. Las teorías conductistas, feministas, humanistas y todo el resto de "istas" e "istos" varios sobraban. Las ciencias y los científicos podían seguir divagando todo lo que les diera la gana, que yo ya había encontrado el filtro que necesitaba para aprovechar la guía que podían ofrecerme.

Era una cuestión de alineación. A partir de ese momento seguí leyendo y estudiando pero buscando y seleccionando esa información que entraba en concordancia - o sea, que se alineaba - con mi deseo interno. Con lo que, tras la lectura de Casilda Rodrigañez,  identifico como Deseo Maternal. Lo que desentona con mi deseo no lo aplico, diga quién lo diga y tenga las evidencias que tenga.

Por eso, hoy en día, escuchar al doctor Estivill diciendo a un padre que deje a su hijo llorando en su habitación mientras le dice que le quiere mucho y que le está enseñando a dormir, o a Supernnany dando instrucciones de uso de los niños como si fueran un electrodoméstico más, ya no me engaña y me revuelven las entrañas. Sus técnicas se basan en un puñado de teorías desarrolladas en un momento concreto de una cultura concreta por cuatro científicos cuyas bases teóricas han sido superadas hace décadas y que ignoraban absolutamente toda la información científica que actualmente disponemos y que es absolutamente imprescindible para valorar el alcance de sus "tratamientos". Científicos que pertenecían, además, a una sociedad patriarcal, machista, en uno de sus momentos más misógenos (entendido como rechazo a lo femenino) y adultrocéntrica hasta el extremo, absolutamente desconectada de sus necesidades primales y terriblemente limitada por su reduccionismo. Sé que sus evidencias son parciales, que sus bases son culturales pero, sobretodo, sé que sus consejos van en contra de mi deseo y el de mi hijo. Y con esto último ya me basta.

Me resulta escandaloso que a estas alturas haya todavía profesionales aconsejando a las madres en nombre de la ciencia que se separen de sus bebés, que no les tengan en brazos, que les acostumbren a un horario, que les enseñen a dormir en solitario,que les den biberón para "liberarse" de la esclavitud de la teta o para que el padre participe. Todos comportamientos absolutamente opuestos a nuestro deseo primal y al de nuestros hijos pero supuestamente validados por la ciencia. Pero no. La ciencia, señores, de momento es absolutamente incapaz de decir nada categórico sobre estos asuntos, así que en su nombre lo único que pueden hacer es cerrar la boca. 

Por eso, señores y señoras de ciencia, cuando vean a una madre sufriendo mientras su hijo llora en la oscuridad de su cuarto solitario tengan un mínimo de decencia y humildad y no la manipulen con mentiras para conseguir que desoiga su sabiduría y neutralice su deseo mediante la fe ciega en una ciencia que supuestamente ustedes representan pero que, en realidad, no existe. Sean humanos y liberen a esa mujer de su mentiras. Sean honestos y bajen la cabeza con humildad ante la sabiduría del deseo maternal. 

Asumo que todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, ya que somos los que más los amamos. También sé que todos enfrentamos su crianza desde nuestras propias heridas y, a pesar de todo, nos esforzamos en hacerlo lo mejor posible. Por eso me duele tanto que existan estos profesionales que, lejos de ayudarnos, todavía nos hunden más en la miseria de nuestras carencias en nombre de esa supuesta ciencia que en realidad no dice nada ni concreto ni aplicable.  

Así que, queridos madres y padres primerizos, antes de pasaros por la librería a llenar vuestra mesilla de noche con los libros de Estivill o Jové, Gonzalez o Supernany, Ford o Sunderland. Antes de empezar a devorar blogs en internet y a comprar revistas de crianza en el kiosko más cercano, simplemente frenad, parad un momento y centraros en observar lo que quiere vuestro recién nacido. Lo que os está pidiendo. Ahora, en este momento, su deseo es único: quiere estar con su madre. Así de sencillo. Permitídselo y empezad a fluir en vuestro deseo. Hacerlo y empezar a disfrutar del placer de la maternidad es todo uno. 

Esa es la sabiduría de miles de años de evolución. Esa es la sabiduría de la vida. No la despreciéis en nombre de cuatro textos escritos en los últimos 20 años de historia.

Os lo digo por experiencia.

jueves, 9 de enero de 2014

SEPARACIÓN MADRE-BEBÉ: ¿COMO LLEGÓ A NORMALIZARSE EL NIDO?

Estoy leyendo un interesantísimo libro, Evolution, early experience and human development, editado por cuatro grandes investigadores en el campo de la neurología: Darcia Narvaez, Jaak Panksepp, Allan N Schore y Tracy R Gleason. Como cada capítulo es independiente de los demás, lo que hace que no sea necesario leerlo en orden, tras leer el primero, escrito por los cuatro editores, he saltado al noveno porque el tema me interesa muchísimo para la revisión científica sobre el sueño infantil. Este capítulo habla sobre el cuidado nocturno del bebé y está escrito por la conocida investigadora en sueño infantil y lactancia materna, Helen Ball, en colaboración con Charlotte K Russell. 

Prof. Helen Ball
Ni que decir que este capítulo, en el que Ball y Russell hablan de lactancia nocturna desde una perspectiva evolutiva muy interesante, no tiene desperdicio. De hecho el libro entero no lo tiene y me encantaría tener el tiempo necesario para devorarlo de una tirada, en lugar de ir robándole minutos al día para sumergirme en él. Pero el caso es que no lo tengo, así que me he levantado a las 4:30 de la mañana con la intención de leerme el capítulo entero antes de que se despertara la tropa a las 7:30, pero me he quedado en el segundo apartado ya que no he podido evitar la tentación de traducirlo para escribir este post y así compartirlo con todos vosotros. 

El apartado en cuestión se titula: La medicalización del nacimiento, y explica cómo llegó a normalizarse la separación del bebé de su madre tras el nacimiento. Yo encuentro interesantísimo saber el origen de nuestras costumbres. De hecho me parece fundamental tener este conocimiento para poder decidir si seguimos o no una determina tradición, y no limitarnos a hacer las cosas porque "se hacen así desde siempre" o "las hace así todo el mundo". 

Os dejo las palabras de Ball y Russell explicando lo que parecen algunas de las razones principales por las cuales se normalizó la presencia del nido en nuestros hospitales, con la consiguiente separación de la madre y el bebé cuando mas juntos deberían mantenerse.


"Una consecuencia del aumento del tamaño del cerebro seguido de una disminución de la pelvis, fue que el nacimiento se volvió una actividad peligrosa asociada a altos índices de mortalidad entre las madres y los bebés a lo largo de la historia de la humanidad (Loudon, 1993). (Comentario personal: yo creo que las causas de la alta mortalidad asociada al parto son otras, pero ya hablaremos de esto en otra ocasión. Para compartir estas palabras no necesito estar al 100% de acuerdo con sus autores.) 



Durante la era victoriana, las intervenciones dirigidas a disminuir el miedo al dolor y a la muerte durante el parto se volvieron populares (Loudon, 1993; Tew, 1995). El uso del cloroformo, el anestésico de aquella época, estaba restringido al uso hospitalario; las mujeres cada vez con más frecuencia decidían parir en los hospitales para que se les pudiera administrar este anestésico, incluso aunque las madres a las que se había anestesiado eran incapaces de atender a sus bebés mientras se recuperaban de los efectos del gas. Debido a esta incapacidad temporal de la madre, se establecieron los nidos en los hospitales, donde las enfermeras cuidarían de los bebés (Tew, 1995). Estos esfuerzos para mejorar la experiencia del parto en las mujeres tuvieron repercusiones serias e inesperadas en el cuidado temprano del bebe y la relación madre-bebé. La subsiguiente aparición de anestésicos como el sueño crepuscular o los barbitúricos intravenosos (Pitcock & Clark, 1992; Tew 1995) también incapacitaban a la mujer durante y tras el parto: la recuperación era un proceso largo y mientras tanto el cuidado del bebé era imposible. 

Estos anestésicos también afectaban a los bebés, que nacían adormilados e incapaces de responder o mamar, siendo muchos alimentados a la fuerza durante sus primeros días de vida. Incluso la capacidad para respirar se podía ver comprometida, por lo que los bebés en los nidos tenían que ser cuidadosamente monitorizados (Feldhusen, 2006). A partir de la década de los cuarenta, cuando las prácticas higiénicas y los antibióticos se introdujeron en la práctica clínica y la mortalidad en el parto declinó, la proporción de partos hospitalarios aumento exponencialmente, llegando a su máximo en 1973,cuando un 99% de todos los nacimientos en EEUU tuvo lugar en hospitales bajo el control de un médico (Nusche, 2002). La separación de la madre y el bebé tras el parto era ya una rutina. Aunque las campañas dirigidas a reducir la medicalización de los nacimientos, como las encabezadas por Grantley Dick-Reed y Fernand lamaze, redujeron el uso de narcóticos durante el parto en las décadas de los cincuenta y sesenta ( Feldhusen, 2006; Nusche, 2002; Tew, 1995); el continuo traslado de los neonatos al nido se siguió justificando con la necesidad de controlar las infecciones. Las madres ya no estaban incapacitadas para cuidar de sus bebés, pero los bebés eran llevados a "un lugar seguro" para ser puestos en observación, y se animaba a las madres a descansar tras el parto, mientras miraban a sus bebés a través de una mampara de cristal y se reencontraban con ellos solo en los momentos programados para alimentarles (Hock, Mcbride & Gnezda, 1989)." 

Como ocurre frecuentemente en nuestra cultura, y seguro que en todas las demás también, numerosas tradiciones y costumbres están todavía vigentes, a pesar de que las razones por las que en su momento fueron implantadas han desaparecido. En este caso nos referimos a la separación de la madre y el bebé tras el parto. Hoy en día las madres ya no están adormiladas por los barbitúricos o el cloroformo. Tampoco existe un riesgo real de infecciones, más bien todo lo contrario, ya que está ampliamente demostrado que el lugar más seguro y saludable para un recién nacido es sobre el pecho de su madre. Pero, a pesar de ello, la gran mayoría de hospitales y clínicas siguen separando a las madres de sus hijos nada mas nacer. Por suerte es una costumbre que está cayendo en desuso, mas en unos países que en otros, aunque lo cierto es que encuentro que lo hace a una velocidad irritantemente lenta, sobretodo teniendo en cuenta las aplastantes evidencias que nos demuestran el peligro que tiene para la salud de nuestros hijos, el éxito de las lactancias y la relación entre madre e hijo. Yo misma tuve que sufrirlo cuando parí a mi segundo hijo en el Hospital de Barcelona hace casi 7 años. Espero que en estos años hayan tenido tiempo de cambiar el protocolo.

Así pues, si alguien necesita otra razón para convencer al personal sanitario del hospital donde vas a parir, o ya has parido, de que no le separen de su bebé tras el nacimiento, aquí la tiene: las razones por las que se impuso esta costumbre ya no existen. Y si todavía se muestran reticentes podéis explicarles el experimento de los monos (que en realidad nunca se hizo tal y como se explica en este vídeo y por la red, pero es bastante parecido a otro que sí llegó a hacerse y que debo tener citado en algún lugar... de cuyo nombre no llego a acordarme. Haz click sobre la imagen para ver el vídeo)





Bibliografía:
  • Feldhusen AE. The history of mildwifery and childbrith in America: A time line. Midwife Today 2006; Retrieve May. From www.midwiferytoday.com/Articles/Timeline.Asp
  • Hock E, McBride S, Gnezda MT. Maternal separation anxiety: Mother-infant separation from the maternal perspective. Child Development 1989; 60: 173.
  • Loudon I. An international study of maternal care and maternal mortality. 1800-1950. New York, NY; Oxford University Press. 1993.
  • Nusche J. Lying in. Canadian Mediacal Association Journal. 2002; 167: 675.
  • Pitcock CD, Clark RB. From fanny to Fernand: The development of consumerism in pain control during the birth process. Ameriacan Journal of Obstretrics and Gynecology 1992; 167: 581.
  • Tew M. Safer childbirth? A critical history of maternity care. London:Chapman and Hall. 1995


lunes, 18 de abril de 2011

"EN DEFENSA DE LAS VACUNAS", DEL PEDIATRA CARLOS GONZALEZ





Tras mi atracón de Alice Miller, al leerme dos de sus libros de un tirón y sin un descanso razonable entre ellos, decidí leer algo que no me rompiera demasiado la cabeza, que me confirmara cosas que ya sé  y que me dejara buen sabor de boca. Así que me lancé sobre "En defensa de las vacunas" de Carlos Gonzalez (Ed Temas de hoy. 2001).


Y no me ha decepcionado. Con su lenguaje directo, sencillo, irónico y divertido no sólo me ha dicho cosas que ya sabía (como doctora en Biología que soy, algo sé del tema) sino que me ha enseñado muchas que todavía no sabía. 


Por ejemplo, una curiosidad: ¿Sabíais que la vacuna de Jenner no fue la primera vacuna aplicada en Europa? Pues yo no (O tal vez lo estudié en la asignatura de  Microbiología pero se me había olvidado, puede ser). Resulta que en 1717, Lady Mary Wortley Montagu (Thoresby Hall, 26 de mayo de 1689 - 21 de agosto de 1762,  aristócrata, viajera y escritora británica, autora de una famosa correspondencia) explica en sus cartas como en Turquía se practicaba la llamada "varolización" que consistía en inmunizar a una persona sana con la variante "minor" de viruela y conseguir así que no sufriera la variante más grave o viruela "mayor" (con una mortalidad del 30% frente al 2% de la menor). Yo creía que la vacuna de Jenner había sido la primera inmunización voluntaria de personas sanas, pero no, resulta que no sólo los turcos, sino también en las zonas rurales de Gales - y sólo Dios sabe en cuantas regiones más del planeta y desde que tiempos inmemorables- los seres humanos ya nos habíamos dado cuenta de que pasar una forma leve de ciertas enfermedades era mejor que exponerse a pasar las formas graves, aunque para ello se tuviera que exponer a la enfermedad leve a personas sanas. 


Este sólo es principio de un ameno, interesante y bien documentado repaso de la historia de las vacunas: desde la viruela hasta la gripe A, pasando por la rabia, la tuberculosis, la difteria, el tétanos, la tosferina, la polio, el sarampión, la rubeola, las paperas, las hepatits, el meningococo, el Haemophilus, el neumococo, la varicela, el rotavirus, y el el virus del papiloma. De todas explica sus orígenes, su razón de ser y el efecto que en su distribución e intensidad han tenido las diferentes campañas de vacunación. Todo basado en una bibliografía transparente y fácil de encontrar para cualquiera. 


Además en este libro Carlos Gonzalez critica abierta, directa y honestamente a los dos antivacunas más destacados de España: Xavier Uriarte y Juan Manuel Marín. El libro está lleno de citas de estos dos autores y sus réplicas son concretas,  muy bien razonadas y muy bien documentadas. Porque si algo tienen los libros de Carlos Gonzalez es una bibliografía detallada donde cualquier lector interesado puede, no sólo verificar la información que nos da, sino profundizar en los temas que más le hayan interesado. Esto es algo que yo agradezco muchísimo en los libros de divulgación científica porque no me gusta que me hagan creer nada porque sí, porque lo dice el autor. Me gusta que me traten con respeto, como a una lectora inteligente capaz de sospesar, valorar y contrastar la información y las fuentes del autor; y desde luego no soporto que me hagan "comulgar con ruedas de molino" porque un supuesto super-especialista me cuenta algo que yo tengo que creer como "palabra de Dios", sin argumentos, sin pruebas, sin antecedentes y sin nada de nada. 


En conclusión: es un libro que vale la pena leer. Desafortunadamente creo que lo leeremos precisamente los que ya estamos convencidos de la necesidad de las vacunaciones y los que confiamos en el método científico para confirmar hechos y reaccionar en consecuencia. Pero desde este blog me gustaría hacer una llamada para que todos vosotros, los que os habéis dejado convencer por los argumentos de los antivacuna, os lo leáis. Honestamente, creo que es vuestra obligación saber lo que hay escrito en este libro, y  dudo mucho de que podáis o queráis poneros a hacer un trabajo de recopilación e investigación de la bibliografía tan exhaustivo como ha hecho Carlos Gonzalez, para rebatir ciertos argumentos y llegar a ciertas conclusiones; y, a pesar de ello, habéis tomado una decisión que puede tener unas repercusiones muy importantes, no sólo para la salud de  vuestros hijos, sino para la de la sociedad donde vivís. 



domingo, 10 de abril de 2011

¡CAE LA MURALLA! (Mi homenaje a Alice Miller)



Como algunos de vosotros ya sabéis, he estado leyendo a Alice Miller (12 de Enero de 1923- 14 de Abril del 2010). Empecé hace ya bastantes meses con "La madurez de Eva"  (Paidos Contextos. 2002)  y confieso que necesito releerlo otra vez porque en ese momento no fui, no pude ser,  plenamente consciente de todo su significado. Más o menos igual me ocurrió  con "El drama del niño dotado" ( Fábula TusQuets. 2009). Poco a poco, la rompedora realidad que Alice Miller me presentaba empezó a hacer mella en la inquebrantable fortaleza con la que trataba de proteger mi idílica infancia y  amorosos padres. "El cuerpo nunca miente" (Ensayos TusQuets. 2009)   con su implacable ataque al cuarto mandamiento ("honrarás a tu padre y a tu madre") me hirió en lo más profundo porque ¿Quien puede aceptar el derecho a odiar a sus padres, sin sentir un agudo dolor? Aceptar, por fin, que mis padres, a los que quiero con toda mi alma, me podían haber hecho daño, ( y eso a pesar de ser unos padres modelos que nunca se sobrepasaron del cachete o bofetada ocasional, sin palizas ni maltratos ni abusos del tipo que hoy en día son claramente aceptados como tales) y que este dolor provocaba en mí un sentimiento de rechazo ( o en momentos, incluso odio)  absolutamente lícito, ha sido y es muy doloroso y difícil.

Por fin,  "Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño" (Ensayos TusQuets. 2009),  ha acabado por destruir hasta el último ladrillo de mi muralla personal de resistencia y protección a la evidencia. Finalmente me he quedado expuesta a la realidad para darme cuenta de que, no sólo no es tan doloroso, sino que es sorprendemente reparador.

Ahora miro a la niña María, expuesta al tan aceptado "cachete a tiempo", a los nervios y miedos desmesurados de su madre, una madre herida a su vez por un adiestramiento implacable que la convirtió en una mujer sumisa frente a  unas obligaciones impuestas desde arriba (padres, marido, sociedad e iglesia) sin planteárselas, sin cuestionarlas, sin permitirse sufrir ni mostrar su sufrimiento por la imposición injusta. Ahora permito que la niña María odie esos momentos, o incluso odie en ese momento a su madre. Y la liberación del sentimiento da paso a la comprensión, a la empatía, al perdón y al amor.

Ahora, por fin, puedo aceptar el hecho de que las escenas amorosas de juegos, risas, besos, abrazos, calor, protección y amor convivieron con momentos de agresividad, humillación, miedo, soledad e injusticia. Todos normalizados y aceptados por una sociedad cuya base era la "pedagogía negra" como método de crianza.  Esos momentos "oscuros" que no quieres recordar, o a los que quieres quitar importancia con argumentos como "era por mi bien", "para educarme" o "le dolía a ellos más que a mí". Argumentos que luego legitiman la repetición en tus propios hijos porque a ti te lo hicieron y no te hizo daño sino todo lo contrario: gracias a eso eres "una persona de bien".

Pero sí, me hicieron daño. Y por eso no los voy a volver a repetir en mis hijos. NUNCA. No soy la persona adulta que hoy en día soy gracias a ellos, sino a pesar de ellos. Y sí, mis padres han ayudado a hacer de mi lo que ahora mismo soy, y lo han hecho gracias a su amor pero a pesar de los métodos que se vieron obligados a utilizar porque simplemente no conocían otros y no tenían ni las herramientas ni la autoridad para cambiarlos.

"Primero te cortan las alas, y después te piden que vueles"

Esta frase, sencilla, genial y dramática, escrita por Gabriela Sotomayor en su libro "Llamado urgente. Poemas de un ama de casa" (Ediciones Malvario 2007), resume perfectamente una situación vivida por generaciones y generaciones, no sólo de mujeres, sino también de hombres, sometidos a la pedagogía negra desde su más tierna infancia. 

Y ahora entiendo. No tengo que justificar, pero puedo entender. Entiendo que ellos no tuvieron opción. Vivieron una época, una situación que puso en sus manos unas herramientas. Y soy consciente de que, con un grandísimo esfuerzo, mejoraron muchas cosas. Ni de lejos recibí  tanta "pedagogía negra" como ellos mismos. Ahora veo claramente como su amor por mí ya produjo cambios muy importantes en su manera de criarme.

Y ahora que he liberado los sentimientos encerrados dentro de la oscuridad de la muralla me siento más libre y, curiosamente, más llena de amor por ellos. A pesar de que Alice Miller me "ha dado permiso" para odiarles, sólo he conseguido afianzar aun más mi amor, porque ahora el amor se asienta en los sentimientos aceptados y en la realidad asumida.

Siento como si hubiera descargado mi mochila de varias piedras y ahora ya, por fin más ligera, me enfrento a la crianza de mis hijos de otra manera. Ya no tengo que repetir unos patrones de crianza que cada célula de mi cuerpo rechazaba, simplemente para justificar los del pasado, transmitidos de generación en generación. Ya no tengo nada que justificar porque acepto que no es justificable. Ahora yo sí tengo las herramientas para cambiar y desterrar absolutamente la "pedagogía negra" de mi método de crianza. Ahora, cuando la inercia me sumerja en ella, puedo pararme a tiempo porque se que es dañino. Y hacer daño a mis hijos es algo que no quiero hacer NUNCA. Ya no puedo engañarme con "es por su bien", ahora que sé que sólo son mis sombras guerreando y que la pedagogía negra la aplico por mí, como vía de escape y justificación, y no por ellos.

Gracias Alice Miller. Gracias a tu trabajo, tu investigación y tus escritos soy más libre. Una libertad que hará a su vez más libres a mis hijos. Una libertad que fluirá generación tras generación, criando seres humanos de manera amorosa y respetuosa, sosteniendo y nutriendo desde abajo, en lugar de imponiendo y humillando desde arriba.

Todos los padres y aspirantes a padres deberíamos leer los escritos de Alice Miller. Hoy en día ya no hay excusa para mantenerse en la ignorancia, por cómodo que sea, perpetuando la "pedagogía negra" en nuestros hijos. Tal y como dice Abraham Maslow

 "El miedo a saber es en el fondo el miedo a hacer, porque todo conocimiento entraña una responsabilidad".

A los lectores de este artículo que todavía no habéis leído nada de Alice Miller os recomiendo empezar sumergiéndoos en su magnífica web. Ahí podréis encontrar muchos artículos y editoriales (algo en Español pero mucho más en Inglés) que son una buena representación de su obra y sus teorías. El siguiente paso son sus libros. Trece en total. Hasta ahora yo sólo he leído cuatro. Pero poquito a poco, porque es difícil y duro y hay que leerla y releerla a medida que se te van abriendo los ojos, la mente y el corazón.