Mostrando entradas con la etiqueta E. Estivill. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta E. Estivill. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL MÉTODO ESTIVILL

Hoy sólo quiero deciros que lo que puede verse en este vídeo no es

ni ética,

ni moral,

ni emocional,

ni humana

ni ―por mucho que algunos se empeñen en creer lo contrario― científicamente

aceptable

Y que una cultura capaz de tratar así a sus niños, una cultura que normaliza el comportamiento de esta madre en nombre de la autoridad científica, está muy enferma. 

Por favor, esto es grave.

De verdad, muy grave.

martes, 28 de junio de 2016

ESTIVILL, YO Y UNA ENTREVISTA. DOS PERSPECTIVAS DIFERENTES DEL SUEÑO INFANTIL.




Hace unos meses en la revista virtual "Qué!" salió esta entrevista al doctor Estivill. Y es precisamente "¿Qué?, ¿Quéeee?, ¡¿QUÉ!!!?????" lo que venía a mi mente cada vez que leía una de sus respuestas. Es algo que suele ocurrirme siempre que le leo, todo hay que decirlo, así que hoy, en vísperas del Día Mundial del sueño feliz, he decidido dar mis propias respuestas a las preguntas de la periodista. Respuestas basadas en cinco años de análisis y estudio de la literatura científica y divulgativa sobre el sueño infantil (más de 600 obras revisadas) y en diez años de maternidad intensiva. No soy ni médico ni directora de ninguna clínica del sueño. Soy doctora en biología, máster en investigación de la comunicación social de la ciencia, autora del Debate científico sobre la realidad del sueño infantil y madre implicada en la problemática del sueño infantil. Y, como bien han demostrado los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, dado el carácter multidisciplinar de la ciencia del sueño infantil y los valores éticos y culturales implicados, mis respuestas no valen menos que las suyas. Y tú, madre o padre preocupado por los problemas de sueño de tu familia, tienes derecho a tener ambas perspectivas. 

He mantenido las respuestas de Estivill para que comparéis. El que quiera comprobar quién tiene razón o está más cerca de la verdad puede consultar estas más de 600 publicaciones.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¿Cuánto tiempo de la vida de una persona se emplea durmiendo? 
ESTIVILL: Una tercera parte de nuestra vida. Si llegamos a los 90 años habremos dormido 30 años. Pero dormimos 30 años para poder estar 60 despiertos.
BERROZPE: Un tercio de nuestra vida (En eso estamos de acuerdo)
Hay quien no sabe que la falta de sueño puede provocar la muerte... ¿cuál es el límite (en días) que es capaz de aguantar el ser humano sin dormir? 
ESTIVILL: No hay trabajos científicos con humanos, como es natural, pero sí lo sabemos en animales. En ratones que no se les deja dormir ni un solo minuto mueren a los 7 días. Se muere antes de falta de sueño que de hambre o de sed.
BERROZPE: En principio los experimentos realizados con animales eso parecen demostrar. Pero también hay quién argumenta que los animales mueren no por la falta de sueño en sí misma, sino por el estrés que se les provoca para que no puedan dormir. Patologías humanas como el insomnio familiar fatal también parecen apoyar esta idea pero, de nuevo, como es una patología compleja que no sólo conlleva no poder dormir, es difícil saber a ciencia cierta el papel de la falta de sueño en el desenlace final. 
'Duérmete niño': Su método de enseñar a dormir tiene defensores y detractores, ¿qué les diría a los que opinan que es malo para los niños? 
ESTIVILL: Solo hay detractores en las redes sociales y no existen en el mundo científico. En la red solo hay opiniones personales o tendencias de moda sin fundamento. En el mundo científico no se cuestionan las normas que nosotros recomendamos; es más, tanto la Sociedad Americana de Sueño como la de Pediatría recomiendan las mismas normas. Los padres no deben consultar a internet sobre temas médicos. Es mejor que consulten con su pediatra. Internet les confundirá.
BERROZPE: En la actualidad el método tiene una fuerte oposición dentro de los mismos foros científicos. Multitud de investigadores desde diferentes disciplinas científicas consideran que existen incertidumbres sobre su efectividad real y su inocuidad, además del conflicto ético y emocional asociado, suficientes para invalidarlo. Entre estos investigadores, de prestigio internacional y asiduos autores en las revistas científicas más punteras, encontramos a McKenna, Gettler, Ball, Schore, Narvaez, Panksepp, Gleason, Jenni, Douglas, Middlemiss, Blunden, etc. Como reacción a esta realidad muchos de sus defensores, como Sadeh o Mindell, se esfuerzan en la actualidad en desarrollar técnicas alternativas que no conlleven dejar al bebé o niño llorando en su habitación. 
¿A partir de qué momento el niño debe dormir solo en su propia habitación?
ESTIVILL: Es recomendable a partir de los 6 meses. Antes, es correcto que lo hagan en la habitación de los padres sobre todo si la mamá le da el pecho, por una cuestión de comodidad.
BERROZPE: No hay ningún momento específico en el que el bebé DEBA salir de la habitación de sus padres. De hecho, es lo contrario: hasta los 6 meses DEBE dormir en la habitación de sus padres, como mínimo, ya que si no está en un mayor riesgo de sufrir la muerte súbita del lactante. Algunos autores alargan este periodo de colecho recomendado hasta el año. A partir de ahí ya depende de las preferencias familiares, y no hay normas. 
¿A partir de qué edad puede aplicarse su método para que sea exitoso? 
ESTIVILL: En la nueva versión del 'Duérmete niño', que ha sido actualizada, ya sabemos enseñar a dormir a partir del primer día de vida. Aplicamos las rutinas adecuadas desde el nacimiento, basados en los estudios de sueño realizados en los fetos. Así evitaremos después tener que aplicar otras normas para reeducar el hábito. 
BERROZPE: Nunca. La aplicación del método ha demostrado no ser necesaria porque respetando la evolución natural del sueño infantil todos los niños sanos acaban durmiendo "bien", esto es, ajustando su sueño a las exigencias ambientales. Como ya hemos dicho, forzar la aceleración de este proceso mediante una técnica que obliga al niño a llorar solo durante tiempos controlados presenta las suficientes incertidumbres como para que no sea recomendable. 
¿Es compatible para un niño de pecho a demanda? 
ESTIVILL: Totalmente. Nosotros recomendamos la lactancia materna a demanda, sin confundir el pecho con un chupete. En el 'Duérmete niño', versión actualizada, recomendamos normas correctas de sueño con la lactancia materna. 
BERROZPE: Todo comportamiento que comprometa la proximidad nocturna entre madre y bebé, así como la sincronización física y emocional entre ambos, compromete la lactancia materna. El problema de los que opinan lo contrario es que tienen unas expectativas muy bajas a la hora de considerar lo que es una lactancia materna bien establecida y consolidada. 
¿Hay que dejar llorar a los niños para que se duerman solos? 
ESTIVILL: Nunca. Esto es lo que explicamos en el libro y que las personas que se lo han leído, han entendido correctamente. Los que opinan que nuestro método consiste en dejar llorar a los niños, es que no se han leído el libro.
BERROZPE: Evidentemente no. Y el método Estivill lo hace, porque ya sea 1 minuto, ya sean 20, el niño o bebé está llorando EN SOLEDAD. Y sí, me he leído el libro y he visto algún vídeo muy representativo de lo que supone el método, como el que enlazo a continuación. Y yo, mire por donde lo mire, veo que se deja al niño llorando solo.


¿Qué opina del colecho que defienden algunos pediatras como Carlos González o Rosa Jové?
ESTIVILL: No conozco a las personas que me indica. He consultado en la lista de miembros de la Sociedad Española de Sueño y no pertenecen a ella. Tampoco tengo constancia de publicaciones suyas en las revistas científicas como 'Sleep' o la Revista de la Sociedad Española de Sueño. Supongo que solo deben tener presencia en internet y no en el mundo científico. Respecto al colecho, nosotros no opinamos, sino que recomendamos lo mismo que la Sociedad Americana de Pediatría, que aconseja que no se practique.
BERROZPE: El colecho no sólo es un comportamiento actualmente aceptado dentro de la ciencia del sueño infantil y desde las más diversas disciplinas implicadas en la misma -la misma Sociedad Americana de Pediatría aconseja compartir habitación con el bebé, aunque todavía se muestra reticente a que comparta cama con un adulto-,  sino que desde algunos sectores se propone un profundo cambio de paradigma al considerar que tanto el colecho como la lactancia nocturna son facetas incuestionablemente unidas al sueño del bebé. Es por eso que el reconocido mundialmente profesor de antropología James Mckenna, autor de numerosos estudios y artículos publicados en las revistas especializadas de más prestigio, ha acuñado el término Breastsleeping, esto es, sueño-al-pecho, como marco conceptual para el estudio del sueño del bebé. En el bebé humano la lactancia y el colecho son inseparables del sueño y así debería ser considerado a la hora de investigar sobre el mismo. Por cierto, el prof McKenna acaba de publicar una interesante editorial en Sleep Medicine reviews (revista con un impact factor superior a Sleep y, por supuesto, a la Revista de la sociedad española del sueño) cuya lectura recomiendo encarecidamente al doctor Estivill. 
¿Con qué problemas se encontrarán, desde su punto de vista, los padres que han practicado el colecho, cuando por fin quieren dejar a los niños dormir solos? 
ESTIVILL: Según los datos de las asociaciones de sueño y de pediatría, pueden haber problemas en los niños más dependientes de los padres: no quieren ir a dormir a casa de otros niños o de los abuelos, si no duermen con ellos, y pueden tener más despertares nocturnos. En los padres, los problemas son conflictos de pareja, poca comunicación, inseguridad en el momento de impartir las normas, etc. 
BERROZPE: según la evidencia científica más actual, con ninguno. Más bien todo lo contrario. Los niños de las familias que practican colecho voluntario son más independientes y autónomos que los niños que duermen en solitario. Todos los efectos negativos atribuidos tradicionalmente por la pediatría del sueño al colecho sólo están relacionados con el llamado "colecho reactivo", esto es, un colecho practicado en contra de la voluntad de los padres, los cuales en muchas ocasiones se sienten hasta culpables pensando que hacen algo "malo", y sólo como reacción a los problemas de sueño. Pero cuando la familia está bien informada y se siente libre para colechar, y lo hace por voluntad y de acuerdo a sus valores, entonces no hay efectos negativos demostrados para nadie ( ni siquiera para la pareja), sino positivos. 
Y si no se ha acostumbrado al niño a dormir solo desde pequeño, ¿es demasiado tarde intentarlo a partir de los 5 ó 6 años? 
ESTIVILL: Nunca es tarde para enseñar un hábito. Podemos hacerlo a cualquier edad, pero lógicamente, cuanto antes se enseñe, más fácil será.
BERROZPE: (Menuda pregunta estúpida, con perdón). Todos los niños sanos acaban siendo capaces de dormir en las condiciones ambientales que exige la sociedad en la que viven, sin necesidad de forzar esta adaptación mediante técnicas conductistas. Esto está científicamente demostrado. 
Para muchos padres, la hora de dormir a los niños se convierte en una auténtica pesadilla: cuentos, nanas, historias... ¡acaban ellos durmiendo a los padres! ¿Qué pautas debe seguir un niño antes de irse a dormir? 
ESTIVILL: Hay que seguir unas rutinas fijas, el niño tiene que aprender a dormirse solito, con su muñeco y sus chupetes. Estas normas son las que explicamos en el libro 'Duérmete niño versión actualizada'.
BERROZPE: Un niño que da problemas para irse a dormir es que está exteriorizando una necesidad:necesitará más presencia y contacto de los padres (a los que probablemente no ve en todo el día, o ve muy poco), o tendrá miedos y conflictos internos que necesiten el apoyo del adulto para ser resueltos, o también puede tener algún problema físico real que le impida conciliar el sueño. Los reclamos y los llantos son su manera de pedirnos ayuda, y nuestra responsabilidad es dársela. Cuando identifiquemos el problema lo podremos solucionar y el niño dormirá a gusto. Si nos limitamos a dejarle llorar y a "enseñarle a dormir", el problema seguirá ahí, pero él ya no lo exteriorizará y, por lo tanto, nosotros ya no nos enteraremos de que nuestro hijo tiene un problema que necesita ayuda para solucionar. 
¿Y qué es recomendable darles de cena para un buen sueño? 
ESTIVILL: Hay alimentos que ayudan a tener un mejor sueño. Los hidratos de carbono, las verduras, las ensaladas y los derivados lácteos son los más indicados.
BERROZPE: yo supongo que una cena ligerita y saludable, como para todo el mundo. Pero esta pregunta yo se la pasaría a especialistas como Julio Basulto. 
¿Cuántas horas al día debe dormir un niño (que va al cole) para descansar? 
ESTIVILL: Alrededor de las 11 horas. En niños de hasta 5 años la siesta es imprescindible. A partir de los 5-6 años puede que no necesite la siesta. Si vemos que el niño que no la hace, llega contento al momento de la cena, come bien y está de buen humor, es que no la necesita, pero si esta irritable, de mal humor, come mal y protesta es que va corto de sueño. 
BERROZPE: desde primaria hasta el final del colegio el número de horas se va reduciendo y el ciclo circadiano desplazando. Es difícil generalizar sobre cuántas horas deben dormir los niños a una edad determinada. Hoy en día muchos especialistas abogan por un estudio personalizado de cada niño, ya que hay una enorme variabilidad entre niños y cualquier generalización puede ser contraproducente. Hay niños que durmiendo 10 horas estarán faltos de sueño y otros de la misma edad que durmiendo 8 estarán perfectamente. Si un niño no presenta durante el día síntomas de haber dormido poco se puede asumir que ha dormido bien, aunque duerma 2 o 3 horas menos de lo que le han dicho en la consulta del pediatra o ha leído en la revista para padres. Si hay alguna duda lo mejor es que un especialista valore individualmente al niño para ajustar las expectativas de los padres a las necesidades del niño. Este es el abordaje seguido por el doctor Oskar Jenni del KinderSpital de Zürich, con excelentes resultados, recientemente publicados. 


domingo, 18 de octubre de 2015

CARTA ABIERTA A ISABEL GEMIO



Estimada Isabel:

Hace un par de días recibí la llamada de una colaboradora de vuestro programa Te doy mi Palabra, lo que consideré un verdadero honor, dada tu reputación como periodista y el alcance de tu programa. Como honor ha sido, como no, tener la ocasión de enfrentar mis palabras a las del doctor Estivill como representante de una posición contraria a la suya. 

Hoy he tenido el gusto de escuchar el programa y debo reconocer que me he sentido extremadamente decepcionada por su enfoque y contenido. No me ha sorprendido la intervención del doctor Estivill el cual de nuevo, como en tantas ocasiones, me ha puesto "de los nervios" porque no entiendo como alguien con su preparación académica y experiencia profesional puede permitirse semejante falta de rigor al dirigirse al gran público. El resumen escogido por vuestro equipo de mi charla telefónica con la periodista lo considero correcto, aunque yo hubiera resaltado otros aspectos de mi discurso, como por ejemplo el concepto de Bondad de Ajuste, que considero maravilloso para conceptualizar el objetivo final a la hora de enfrentarnos a los problemas del sueño infantil-familiar, y que fue introducido en el contexto del sueño por el pediatra suizo Oscar Jenni ya en 2005. Este concepto hubiera sido imprescindible si el objetivo final de tu programa hubiera sido informar al gran público sobre la globalidad del la problemática del sueño infantil y sus soluciones. Me dio lástima que lo desaprovecharais. 

Pero lo cierto es que ese no ha sido vuestro objetivo en absoluto ¿verdad? En realidad solo pretendías ridiculizar y desautorizar lo que tú consideras una opción de crianza contraria a la tuya. Y para ello no has dudado en lanzar afirmaciones que no son ciertas, espero que más como fruto de la ignorancia que de la maldad. Querida Isabel, textualmente la OMS recomienda "Seguir con la lactancia materna a demanda, con tomas frecuentes, hasta los 2 años o más." No máximo dos años como tú te empeñabas en trasmitir, sino MÍNIMO dos años, como afirmaba Laura Perales. Y esto es porque no hay ninguna razón objetiva ni científicamente validada para decir lo contrario.  

Que por cierto, la entrevista se ha desarrollado con una animosidad impresionante contra la psicóloga invitada Laura Perales, la cual ha mantenido el tipo con una sensatez y solidez admirables, dadas las circunstancias. Yo creo que me hubiera enfadado, y mucho, si me veo sometida a semejante encerrona.

Podemos seguir con el hecho de que todos tus argumentos en contra del colecho y la lactancia son de índole personal, y de hecho los expones con una gran emocionalidad. Muy respetables pero poco útiles a la hora de demostrar nada. Perfectos para compartir experiencias entre amigas o utilizar en un programa dónde se compartan experiencias personales entre tertulianos, pero inútiles para sentar cátedra o dar información objetiva y científica sobre estos dos aspectos tan importantes en la crianza de nuestros hijos. Como inútiles son todas esas afirmaciones, de nuevo nacidas más de la percepción personal de la realidad que de los hechos científicamente demostrados, de María Jesús Álava Reyes asegurando que colechar es malo y ¡¿Está desaconsejado por la UNESCO?! ¿De verdad? Porque yo no he conseguido encontrar recomendaciones de la UNESCO respecto a este tema, pero sí de diversas academias de pediatría, UNICEF o la propia OMS, las cuales recomiendan compartir habitación con el bebé (lo que llaman co-sleeping), aunque algunas desaconsejan compartir la superficie dónde está acostado durante los tres primeros meses de vida (el llamado bedsharing) y otras lo aceptan siempre que se haga de manera segura. Pero lo que es el colecho, entendido como dormir con el bebé en la misma habitación (cosleeping), lo recomiendan TODAS. 

Porque, Isabel, dormir con  nuestros hijos, especialmente con nuestros bebés, es un derecho que ningún profesional de la salud infantil, realmente informado y formado, nos puede negar jamás. Ciertamente hay posturas encontradas respecto a compartir cama los tres primeros meses, pero no porque vayas a rodar sobre tu bebé y lo vayas a ahogar (como tú tanto temes) así a grosso modo. Simplemente practicado en ciertas condiciones aumenta el riesgo de muerte infantil (tanto SIDS como SUDI). Hubiera sido muy útil que en tu programa hablaras de las condiciones de colecho seguro, pero desgraciadamente estabas demasiado ocupada en atacar desde la subjetividad una forma de criar que tu no has practicado. Como si el resto del mundo no tuviera el derecho a mirar más allá, ya que tú no lo hiciste. 

En cuanto a la afirmación de María Jesús Álava Reyes de que "una cosa es la teoría y otra la realidad" lanzada, supongo, para desautorizar toda la literatura científica que apoya esa crianza que tanto os repele (la llamada crianza con apego o, como a mí más me gusta, crianza corporal) me gustaría preguntarle exactamente a qué realidad se refiere: ¿La que ella percibe? ¿La que ella experimenta? ¿La que engloba la percepción y la experiencia de otras personas? ¿La que perciben y experimentan personas nacidas en otras culturas con otros valores y modos de vida? ¿La que pasa los filtros del método científico? ... Porque hablar de "realidad" así, a palo seco, no da demasiada información... Extrapolar su experiencia y percepción personal con unos cuantos miles de colegiales a la totalidad de la humanidad me parece, cuanto menos, atrevido. Sobre todo si es para desautorizar a los que perciben, experimentan y demuestran realidades diferentes a la "suya".

En resumen, un programa muy decepcionante. Personalmente esperaba un enfoque más informativo, neutral y liberador. Esperaba un programa respetuoso y sobre todo, riguroso. Pero resulta que os habéis limitado a repetir toda esa sarta de estupideces que nace solo Dios sabe de que parte oscura de nuestra cultura, pero desde luego no del venerado método científico: que si la lactancia es esclava, que si así sólo podemos ser madres y no "mujeres", ni trabajar, ni hacer el amor con nuestras parejas... Si no fuera por lo dañinas que son, esas afirmaciones harían hasta gracia. Pero lo cierto es que a mí no me hacen ninguna. De hecho me producen una profunda tristeza porque he vivido en carne propia el daño que hacen estos "expertos" que desde su pedestal naturalizan comportamientos nacidos de determinantes culturales que ni la evolución ni el método científico han validado nunca. Incluso he tenido que oír el ya manido "no podemos volver a las pautas de vida de nuestros antepasados pensando que todo lo que hacían era bueno y maravilloso..." ¿De verdad que pensáis que se trata de eso? ¿De verdad toda una psicóloga como María Jesús Álava Reyes está a ese nivel cuando se dirige a millones de radioyentes de toda España? Por favor. Un poco más de respeto por la población. Un poco más de rigurosidad y de seriedad. Un poco más de conocimientos sobre los temas que vais a tratar en los medios de comunicación en calidad de "expertos". 

Y por último, no puedo pasar por alto tu mención a "la culpa". Gran tema el de la culpa de las madres. Hay artículos impresionantes sobre el tema en la blogosfera maternal (1 y 2). Pero Isabel, no se trata de culpar a nadie: ni a las que colechan ni a las que no, ni a las que dan el biberón ni a las que dan la teta. Se trata de liberar. Liberar mediante la información. Se trata de que todos tengamos acceso a toda la información que nos interesa, sin manipulaciones ni intereses personales, económicos o comerciales. Se trata de devolvernos nuestra responsabilidad en la crianza de nuestros hijos. Esa que algunos profesionales pretenden arrebatarnos asegurándonos que saben cómo, cuándo, cuánto y dónde deben dormir nuestros retoños, en nombre de la diosa ciencia.

Porque te diré mi gran conclusión tras la lectura de unos 700 artículos sobre el tema: Isabel, no tienen ni idea. No saben ni cómo, ni cuándo, ni cuánto, ni dónde deben dormir nuestros hijos para "dormir bien", así que no tienen ni un poquito de autoridad para hacerte hacer nada que vaya en contra de tus valores y de tu amor por ellos. La máxima autoridad eres tú. Tú con los tuyos. Yo con los míos. Y no hay más. 

El mensaje final es así de simple. 




jueves, 4 de diciembre de 2014

LA CIENCIA DEL MÉTODO ESTIVILL DESDE LA PERSPECTIVA DEL SIGLO XXI



Este 20 de Noviembre ha sido publicado en la revista Naukas. Ciencia, Escepticismo y Humor el artículo: La ciencia del método Estivill, una de las mejores (si no la mejor) defensa de dicho método escrita hasta el momento. Con él su autor, Jesus Rosino, en un alarde de grandes conocimientos en historia y psicología en relación a este tema (y no lo digo con ironía), pretende demostrar sin lugar a dudas cuatro hechos fundamentales: que el Método Estivill [1] es eficaz, necesario y seguro, y que no existe debate científico del sueño infantil.

A continuación voy a demostrar por qué todavía no existen en absoluto garantías de la inocuidad del método Estivill, y lo voy a hacer analizando esta situación desde una perspectiva curiosamente ignorada hasta el momento en toda la polémica, pero que demuestra ser la única que nos permite tener una visión realista y global de la situación en la que se encuentra la ciencia del sueño infantil: la perspectiva de los estudios Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) [2].

De esta manera voy a demostrar que la imagen que la pediatría del sueño intenta dar a la sociedad es producto de un obsoleto concepto mertoniano [3] de la ciencia, ya superado por los estudios multidisciplinares CTS que se vienen desarrollando desde los años 60 del siglo pasado hasta nuestros días.



La Ciencia del Sueño Infantil y Las Fronteras de la Pediatría del Sueño.


He querido traer a este contexto la perspectiva CTS porque me parece fundamental para comprender qué está pasando en todo lo que se refiere al sueño infantil. El artículo de Rosino ha sido una excelente oportunidad para identificar claramente el mensaje que la pediatría del sueño pretende mandar a la sociedad: 
Nosotros (profesionales del sueño infantil: pediatras y psicólogos principalmente), desde la ciencia basada en evidencias producto del método científico y bajo la asunción de cumplimiento del acrónimo CUDOS mertoniano, somos los únicos poseedores de un conocimiento con una calidad de evidencia tal que nos permite dictaros a vosotros, los padres, cómo, cuánto, dónde y cuándo deben dormir vuestros hijos.
Y así, bajo esta premisa, todos los conocimientos que no alcancen el nivel de evidencia establecido en una valoración interna intra-pares dentro de la disciplina de la pediatría del sueño no son, ni tan siquiera, considerados dignos de debate.

Pero, a la luz de los estudios CTS, podemos comprobar que la ciencia de la pediatría del sueño está muy lejos de respetar las normas mertonianas. Por el contrario, al analizarla desde esta perspectiva observamos una dinámica compatible, por ejemplo, con los conceptos de ciencia normal (CN) versus ciencia revolucionaria (CR) de Kuhn [4], o con los modelos de ciencia post-académica (CPA) de Ziman [5], o ciencia post-normal (CPN) de Funtowicz y Ravetz [6]. Una perspectiva que cuestiona gravemente las presunciones de una ciencia mucho más limitada por la realidad que lo que ella misma se reconoce. Y esto para nosotros, los padres, tiene unas implicaciones también mucho más profundas de las que podría parecer a simple vista, porque cuestionan las acciones de estos profesionales de la pediatría del sueño que se creen que sólo con la escala de valores que marca la revisión intra-pares interna del método científico tienen la autoridad necesaria para dictarnos las normas del sueño infantil (y familiar).

Pero comencemos por el principio. Vamos a demostrar como la naturaleza misma de la ciencia pediátrica del sueño no le permite esgrimirse con la autoridad de ser la única institución con capacidad normativa sobre este tema. 

Como ya explico en El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil, capítulo 3, según el profesor de antropología James McKenna (McKenna et al, 2007), toda la pediatría del sueño se basa en el estudio de un sujeto que no duerme según las condiciones naturales en las que dormiría un cachorro humano: en solitario versus colechando. Después de milenios dormir siempre en estrecho contacto con su cuidador, el sueño en solitario de los bebés y niños se estableció por meros motivos culturales, en absoluto científicos o médicos, hace unos pocos cientos de años. Y esto no es una falacia naturista, como diría Rosino, sino más bien todo lo contrario, porque sería la pediatría del sueño la que cometería un clarísimo acto de naturalización, esto es - según definió Roland Barthes - la transformación de lo cultural e ideológico en natural. Así pues, la pediatría del sueño comenzó sus andaduras naturalizando el sueño en solitario y dando por hecho que es la manera cómo debe dormir todo bebé y niño, convirtiendo así su naturalización en normativa.

Por lo tanto, ya tenemos fuera de juego el Universalismo y el Escepticismo del CUDOS de Merton. La ciencia del sueño infantil no puede cumplir estos requisitos dada la enorme y determinante influencia que la cultura ha tenido en su desarrollo desde su mismo nacimiento. De hecho podemos afirmar que la ciencia del sueño infantil es uno de los ejemplos más evidentes de la influencia que la cultura tiene sobre el desarrollo científico. Como dice el profesor McKenna:
"En pocos lugares los valores sociales, las expectativas y las preferencias de la sociedad occidental industrializada están tan fuertemente reflejados como en los modelos clínicos de lo que se supone que es un sueño normal y una manera normal de dormir durante el primer año de vida del bebé. En el campo de la medicina pediátrica del sueño, por lo que parece, las interpretaciones culturales han predominado sobre las biológicas, a menudo sin que los propios científicos fueran conscientes" (McKenna et at,  2007)
Utilizando la perspectiva de Kuhn diríamos que la pediatría del sueño asienta su status quo, o sea, lo que Kuhn considera CN, en el bebé/niño durmiendo en solitario lejos del cuerpo de su madre. A partir de ahí podemos deducir que cualquiera que no base su ciencia del sueño en esta naturalización del sueño en solitario es, por lo tanto, CR, ya que supone un evidente cambio de paradigma.

Y ahora vayamos a por el Desinterés. Es evidente que los investigadores no trabajan cada día sólo por amor al conocimiento y el bien de la comunidad, algo absolutamente comprensible y aceptable ya que necesitan su salario como todo el mundo. En dónde realmente se incumple la norma del Desinterés es en el sesgo que la financiación privada de los proyectos de investigación está generando en el diseño de los experimentos, la interpretación de los resultados y la llegada a conclusiones. Este fenómeno no es exclusivo de la ciencia del sueño infantil, o de la medicina, sino que en la actualidad es un problema generalizado a toda la ciencia en general, hasta el punto de llevar a Ziman a definir la CPA como la sometida a estos intereses económicos.

Un ejemplo de que la ciencia del sueño infantil se sitúa dentro de la CPA de Ziman lo tenemos en la colaboración que una empresa de productos infantiles realiza con la doctora Mindell, una de las investigadoras más citadas en el artículo de Rosino. Dicha empresa ha financiado un importante número de sus trabajos, entre los que se encuentran tres artículos: uno valida un nuevo método para dormir a los niños llamado “Rutinas positivas”, en la aplicación del cual se utilizarán los productos de la misma empresa (de una línea dedicada exclusivamente al sueño infantil) (Mindell et al, 2009), y los otros dos valoran la eficacia de la intervención que ella misma realiza a través de la página web de dicha empresa (Mindell et al, 2011 a y b). Gracias a la publicación de estos trabajos en revistas científicas, la empresa en cuestión puede publicitar que sus productos y métodos están “clínicamente probados”. Cabe destacar también que Mindell es la primera autora de artículos tan importantes como la revisión citada por Rosino para demostrar la falta de efectos nocivos de las técnicas cognitivo-conductuales (Mindell et al, 2006), artículo publicado en colaboración con la Academía Americana de Pediatría (AAP). Las recomendaciones de dicha academia serán tomadas en cuenta por las organizaciones y asociaciones de pediatría del resto del mundo para dictar las suyas propias.

Por lo tanto, la financiación de esta empresa ha permitido al equipo de esta investigadora la realización de estudios publicados en revistas de alto nivel de impacto, pero ¿Hasta qué punto han sido independientes en el diseño e interpretación de dichos trabajos? ¿Financiaría esta, u otra empresa del sector, un estudio diseñado para demostrar las bondades del colecho o la inutilidad de las “Rutinas Positivas” (y con ello del uso de los productos de su línea del sueño infantil) en el caso de que los bebés duerman con su madre?

O dicho de otra manera ¿Qué grupos de investigación sobre el sueño infantil tienen más probabilidades de conseguir financiación privada: los que investigan desde la perspectiva de CN, en la que los niños deben ser obligados a dormir solos (en una cuna, tras un baño relajante con el gel X y un masaje con la crema Y, con saquito especial para que no se destape, móvil de luces de colores y música o sonido imitación del latido del corazón, interfono para oírle llorar, sistema de movimiento para mecerle, chupete y peluche) o los que investigan desde la perspectiva de CR, tratando de cambiar el paradigma, y que abogan por una apertura de miras que favorezca de manera natural el sueño de los niños sin necesidad de nada más que la presencia de sus padres?

No hay más que mirar un poco en el mundo de medicina (pediátrica o del sueño) para darnos cuenta que esta colaboración entre científicos y empresas no es en absoluto excepcional, hasta el punto de que diversos productos de cuestionable utilidad o calidad llevan el sello de la asociación de pediatría del país, el cual se han ganado a base de financiar congresos, investigaciones o eventos científicos. Tampoco es raro ver en diferentes medios de comunicación a los profesionales más populares anunciando productos específicos hasta el punto de que eminentes especialistas del sueño infantil pueden verse publicitando yogures que, teóricamente, favorecen el sueño. Por no entrar ya a hablar de las aplicaciones para ipads y demás artilugios informáticos, basadas en cuestionarios muchas veces utilizados en los mismos estudios científicos que validaban la técnica conductista en la literatura científica.

Desde esta perspectiva encontramos que el método convencional de valorar la evidencia científica mediante los niveles de evidencia se nos queda muy corto a la hora de juzgar la importancia real del conocimiento científico de la CR en comparación con la CN. Si el grupo de investigadores que se mantienen en la CN, respetando el status quo, son los que más fácilmente reciben financiación privada, también tendrán más facilidades para recibir financiación pública y, por lo tanto, para publicar más y mejores estudios, siempre todos realizados desde su perspectiva, lo que reforzará, todavía más el propio status quo ya que será el que habrá obtenido evidencias de mejor calidad.

Todo esto nos permite comprender por qué, por ejemplo, no se han realizado grandes estudios con el diseño necesario para permitir demostrar con un alto nivel de calidad de evidencia que el método Estivill (o el propio sueño en solitario) tienen efectos nocivos a corto, medio o largo plazo [7]. Y es que - a parte de que por su propia definición la CR no se beneficia de la inercia que ya tiene la CN y de que es, además, mucho más joven – los proyectos de investigación enmarcados dentro de la CR del sueño infantil lo tienen mucho más difícil a la hora de conseguir financiación, ya que su investigación no va a estar asociada a la venta de productos o métodos y, con ello, beneficios económicos. Esto dificulta su capacidad para  publicar tanto y al mismo nivel como los investigadores de la CN. Y con ello se dificultará todavía más la financiación de la CR. No es más que la pescadilla que se muerde la cola.

Por lo tanto, si sigue esta dinámica, la calidad de las evidencias de la CR del sueño infantil siempre será peor que las de la CN, independientemente de lo acertadas que sean sus hipótesis. Es el llamado “Efecto Mateo” [8] que, como el propio Merton admitió, contradice claramente la norma de Universalismo, y por extensión la de Desinterés, ya que los científicos del sueño infantil tendrán una enorme motivación para hacer una investigación acorde con los intereses de la fuente de financiación: en este caso harán mayoritariamente CN.

Esto quiere decir que la calidad de las evidencias científicas del sueño infantil va a depender, fundamentalmente, de factores económicos e intereses comerciales. Poco importan lo sólidas que sean las hipótesis de la CR: si no encuentran financiación difícilmente podrán realizar los estudios necesarios para corroborarlas con una calidad de evidencias comparable a la de la CN. Como las instituciones oficiales de pediatría, y las propias empresas interesadas, van a lanzar recomendaciones (y campañas publicitarias) basándose en el nivel de evidencias científicas, es evidente que el Status quo se va seguir consolidando de cara a la sociedad.

Y es en este punto en dónde me gustaría introducir el concepto de CPN de Funtowicz y Ravetz. Dado que no se han realizado los estudios necesarios para demostrar si el método Estivill (o, incluso, el simple sueño en solitario) son realmente nocivos para nuestros hijos, me atrevo a posicionar la ciencia del sueño infantil en el terreno de la CPN. Según estos autores la CPN se caracteriza por su alto grado de incertidumbre, lo que invalida al método científico como el único capaz de resolver la situación ya que están entrando en juego toda una serie de valores éticos, económicos, políticos, culturales, sociales…etc que no pueden ser ignorados.

Por lo tanto no queda otra que abrir el foro de debate al resto de actores implicados en el tema, entre los que se encuentran, por ejemplo, investigadores de otras disciplinas (como la ciencia del estrés o la antropología), profesionales clínicos no investigadores (estos que se basan principalmente en la experiencia personal generada en sus consultas, y por lo tanto, no científicamente comprobada, para apoyar o atacar el status quo), o los mismos padres, los cuales desde hace ya bastantes años nos hemos organizado en foros y páginas webs dedicados exclusivamente a la discusión sobre las estrategias para dormir a nuestros hijos. Valga como ejemplo la legendaria página Dormir sin llorar que incluso ha dado lugar a un libro de consejos prácticos escrito por siete madres “desde la trinchera”.

En resumen, existen dos razones fundamentales por las que las investigaciones del sueño infantil no cumplen las reglas mertonianas de la buena ciencia: 
  1. El origen cultural de su más básica presunción a partir de la cual se basa toda su investigación: el bebé o niño debe dormir en solitario.
  2. Los intereses económicos y comerciales involucrados en la investigación que alimentan la producción de CN en detrimento de la CR. 

Por lo tanto, negar la existencia de un debate científico sobre el sueño Infantil simplemente porque la evaluación de las evidencias científicas intra-pares (dentro de los límites de la pediatría del sueño) son tan asimétricas entre la CN y la CR, es un tremendo error, dado que esta realidad invalida a la pediatría del sueño, y al propio método científico, como única autoridad sobre este tema.

Me van a permitir hacer un símil con una situación que recientemente hemos vivido en el mundo del deporte náutico español. Hace poco menos de dos semana un barco sin patrocinador oficial, pilotado por el navegador transoceánico Alex Pella, se ha proclamado campeón de la legendaria regata  La Route du Rhum. Este barco ha competido con los grandes campeones tradicionales, Inglaterra y Francia, financiados hasta por 500.000 euros. Negar el debate en la ciencia del sueño infantil sería como decir que Alex Pella no ha competido porque no pertenece al grupo de los “campeones tradicionales” y no estaba patrocinado. Pero compitió, vaya si compitió. Y no solo eso, ganó.

Y es que hay realidades en la vida que superan el poder de lo económico o la inercia de la tradición. Que Alex Pella y su equipo son unos genios de la navegación no depende del dinero que reciban o de cuánto se los tome en consideración en relación a los campeones clásicos, pero que lo puedan demostrar al mundo sí. Yo estoy segura de que la CR del sueño infantil va a encontrar su espacio y su financiación y, con ello, sus evidencias del máximo nivel. Para ello necesita tiempo (todavía es joven) pero, sobre todo, necesita que todos aquellos que creemos en ella, legos y especialistas, luchemos por darle lo que se merece, cada uno desde nuestra propia posición.

Precisamente escribí “El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil” porque creo en este necesario cambio de paradigma. Creo que la ciencia al final es la mejor herramienta para seguir por el camino correcto, a pesar de todos los intereses económicos, políticos o culturales que la vapulean. Para ayudarle en su misión la sociedad debe bajarla de su pedestal y formar parte de ella para construirla desde dentro, junto con sus científicos. Como dice el catedrático de lógica y filosofía de la ciencia, el profesor José Antonio López Cerezo:
 “Contribuir a mistificar la ciencia es contribuir a perjudicarla”. 
Obras enteras de divulgación que basan una dinámica del sueño infantil en un solo artículo publicado hace 30 años o artículos que argumentan con información parcial para entronizar un método obviamente cuestionable y altamente debatido, negando un debate innegable, no hacen bien a nadie.

Aceptemos, pues, la realidad de nuestra ciencia imperfecta: La ciencia del sueño infantil es mucho más que la parte dominante actual de la ciencia pediátrica basada en evidencias. Aceptemos todas sus dimensiones, integrémoslas y actuemos en consecuencia. Esta será la única manera de que la ciencia completa del sueño infantil evolucione de la mejor manera para garantizar la salud y el bienestar de nuestros hijos.



Bibliografía

  1. Jimenez-Bueno M, Ramos Vielba I. ¿Más allá de la ciencia académica?: Modo 2, ciencia Posacadémica y ciencia posnormal. ARBOR ciencia pensamiento y cultura. 2009; CLXXXV 738; 721-737. 
  2. McKenna JJ, Ball HL, Gettler LT. Mother infant cosleeping, breastfeeding and sudden infant death syndrome: what biological anthropology has discovered about normal infant sleep and pediatric sleep medicine. Yearbook of physical anthropology 2007; 50: 133-161.
  3. Mindell JA, Kuhn B, Lewin DS, Meltzer LJ, Sadeh A. Behavioral treatment of bedtime problems and night wakings in infants and young children. Sleep 2006; 29; 10: 1263-1276
  4. Mindell JA, Telofski LS, Wiegand B, Kurtz ES. A night bedtime routine: impact on sleep in young children and maternal mood. Sleep 2009; 32; 5: 599-606.
  5. Mindell JA, Du Mond CE, Sadeh A, Telofski LS, Kulkarni N, Gunn E. Efficacy of an internet-based intervention for infant and toddler sleep disturbances. SLEEP 2011; 34; 4: 451- 458. (a)
  6.  Mindell JA, Du Mond CE, sadeh A, Telofski LS, Kulkarni N, Gunn E. Long-term Efficacy of an Internet-based Intervention for Infant and Toddler Sleep Disturbances: One Year Follow-Up. J Clin Sleep Med 2011; 7; 5: 507-511 (b)
  7. Núñez Jover. La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la educación científica no debería olvidar. Organización de Estados Iberoamericanos.

Versión PDF de este artículo





[1] Como Método Estivill en este artículo vamos a identificar la técnica cognitivo conductual denominada en la literatura científica como: Controlled comforting (consuelo controlado), controlled crying (llanto controlado) o graduated extinction (extinción gradual).

[2] El campo interdisciplinar CTS sitúa su origen entre los años 60 y 70 del siglo pasado a partir de la publicación de dos obras emblemáticas: La Estructura de las Revoluciones Científicas de Thomas S Kuhn y La Primavera Silenciosa de Rachel Carson. La primera abriría la puerta a la tradición académica (también llamada europea) y la segunda a la activista (o americana). Mientras la primera se centraba en la influencia que la sociedad tenía sobre la ciencia, la segunda lo hacía en la denuncia de los efectos indeseables que la ciencia tenía sobre la sociedad. A día de hoy ambas tradiciones tienden a la convergencia y, desde su nacimiento, los estudios CTS han ido dejando interesantes teorías que esclarecen y permiten comprender la complicada e intensa relación existente entre la ciencia, la tecnología y la sociedad.

[3] Robert King Merton (1910-2003) fue un sociólogo americano que dedicó gran parte de su carrera a enseñar en la universidad de Columbia y que es considerado el padre de la verdadera sociología de la ciencia. Según Merton, la ciencia es una institución cuyo objetivo es la extensión del conocimiento certificado, y este objetivo necesita descansar en un conjunto de normas que permitan su existencia y su diferenciación social respecto a otras instituciones. Estas normas las resume en su famoso acrónimo CUDOS (en versión inglesa, CUDEOS en la española), que además coincide fonéticamente con el término griego KUDOS, traducible en griego como “el renombre o la fama consecuencia de un descubrimiento”. CUDOS resume así los principios de la buena ciencia: Comunalismo (los hallazgos de la ciencia son producto de la colaboración y son asignados a la comunidad y compartidos por todos sus miembros), Universalismo (las pretensiones de verdad son sometidas a criterios impersonales, tales como la adecuación a la experiencia y el conocimiento confirmado), Desinterés (el investigador trabaja por amor al conocimiento y el reconocimiento de sus pares y comunidad), Originalidad (las aportaciones son siempre de nuevo conocimiento) y E(S)cepticismo (el investigador no puede distinguir entre lo sagrado y lo profano, todo debe ser discutible)   (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[4] Kuhn (Cincinnati, 1922 - Cambridge, 1996), considerado el padre de la corriente académica de los estudios CTS, introduce los conceptos de Ciencia Normal (CN) versus Ciencia Revolucionaria (CR) o Extraordinaria. La CN se centraría en la resolución de problemas sin poner en entredicho el marco analítico general o los contornos del paradigma vigente en un momento dado, mientras que la CR sería el resultado de la crisis generada por las contradicciones que va generando el paradigma establecido, por lo que en ella se produce un cambio fundamental del mismo. En el periodo de CR las reglas hasta entonces comúnmente aceptadas (el status quo) se ponen en cuestión y con el cambio de paradigma se resuelven las contradicciones generadas (Nuñez Jover).

[5] Ziman (1925 - 2005) en el año 1994 acuñó el término Ciencia Post-académica (CPA) como contraposición a la Ciencia Académica (CA) que correspondería a la ciencia mertoniana. Para Ziman CUDOS no sirve para entender las dinámicas sociales que rigen la CP ya que, entre otras cosas, ésta última está fuertemente influenciada por intereses económicos y queda caracterizada por su carácter apropiable e interesado, y por estar sujeta a la autoridad de los gestores y proyectos realizados por encargo (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[6] También en los inicios de los años 90 Funtowicz y Ravetz acuñaron el término Ciencia Post-normal (CPN) como contraposición al concepto de Ciencia Normal (CN), introducido por Kuhn. La CPN se caracterizaría por sus altas dosis de incertidumbre, y su punto de partida es el reconocimiento de que la incertidumbre es inherente a los sistemas complejos: la base del conocimiento se caracteriza por las incertidumbres, la multicausalidad y el entendimiento imperfecto. La CPN aparece cuando las incertidumbres son de tipo epistemológico o ético, y en ella coexisten la gestión de la incertidumbre con la observación de los fenómenos bajo el prisma de los fundamentos teóricos y todo ello, a su vez, con la pluralidad de perspectivas y compromisos. Es en el espacio de la CPN dónde la práctica científica puede afrontar los desafíos implícitos en los contextos complejos en los que colisionan pluralidad de actores y valores. Para ello se articula – y esta es la característica más destacable de la CPN – la participación pública.  (Jimenez Ruedo & Ramos Vielba, 2009).

[7] En el capítulo 5 del Debate Científico sobre la Realidad del sueño infantil se encuentra la discusión sobre los estudios realizados hasta el momento y se demuestra cómo, debido a sus limitaciones, no son capaces de asegurar la inocuidad del método en cuestión.
 
[8] Evangelio de San Mateo capítulo 13, versículos 11-13: “Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.”

viernes, 21 de marzo de 2014

INFORMANDO AL DÓCTOR ESTIVILL

"Lady Blogger with Her Maid", after Vermeer. Por Mike Licht, NotionsCapital.com


Estimado doctor Estivill:

Acabo de ver una entrevista publicada en Informativos. net el 19 de Marzo del año 2014 en la que la periodista Gema Castellano le pregunta por las críticas que recibe su método y usted, de nuevo, como hace años tuve la desgracia de leer y escuchar, vuelve a decir que estas críticas solo están en internet.

Comparto aquí el vídeo de la misma por si alguno de los lectores de este blog quiere comprobar mis palabras:




También acabo de ver su respuesta a la última pregunta del encuentro digital que ha publicado la revista Vogue. La única que se refiere al sueño infantil. Algo muy curioso porque: 
  1. Usted es famoso en el mundo del sueño precisamente por sus libros sobre el sueño infantil.
  2. Sé de buena tinta que decenas de personas le mandaron preguntas sobre este tema. Eso sí, con claras críticas (aunque respetuosas) en su contenido.
Y su respuesta es, cuanto menos, insultante. Sigue afirmando que: 

"...todo lo que hemos publicado en nuestros libros son normas científicas ratificadas por múltiples estudios. Si deseais ver estas referencias bibliográficas podéis consultar nuestro libro DUERMETE NIÑO, VERSIÓN ACTUALIZADA. Allí, además de explicar estas rutinas clásicas que son las mismas que recomienda la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad americana del Sueño, enseñamos cómo adquirir buenas rutinas desde el momento del nacimiento.
 (...)
 "Sobretodo no hagáis caso de las opiniones de internet. En internet hay algunos comentarios personales, sin ningún fundamento científico que solo os confundirán."

Así que, como veo que sigue usted sin informarse correctamente sobre este aspecto, he decido traer aquí, a mi blog - que ciertamente pertenece a ese infravalorado (por usted) mundo de internet - unos cuantos ejemplos de las críticas a su metodología publicadas en las revistas científicas, esto es (como usted muy bien sabe), en las peer review journals o revistas revisadas por pares. 

Evidentemente estas revistas también están en internet. Hoy en día toda la información relevante del planeta tiene altísimas probabilidades de estar en internet. Ya sé que con su comentario de "solo están en internet" se refiere a la blogosfera maternal y de crianza. Pues va a ser que no, doctor Estivill. Las críticas contra su método están en muchos sitios, muchos de ellos tan importantes como las revistas especializadas de mayor factor de impacto. 

Ahora mismo se lo demuestro.

Prof. Darcia Narvaez
Empezaré por la profesora Darcia Narvaez que en un libro publicado junto a Panksepp, Schore y Gleason (Narvaez et al, 2013) (y que no está en internet), nos hace un excelente resumen de las las investigaciones sobre los efectos nocivos del estrés en el cerebro de los bebés. Según explica, es un error cultural muy común, originario parcialmente de la tradición conductista, considerar un comportamiento de crianza aceptable e incluso apropiado el dejar a los niños llorar para que aprendan a dormir solos. Cuando los niños se dejan llorar sin el consuelo de sus cuidadores sus cerebros se inundan con hormonas del estrés potencialmente neurotóxicas, como el cortisol (Blunt Bugental et al, 2003;  Gunnar & Donzella, 2002). Los opiáceos endógenos cerebrales, responsables de la sensación de bienestar, disminuyen con la tristeza (Zubieta et al, 2003) y los circuitos de dolor físico se activan (Eisenberger et al, 2003; Panksepp, 2003). Sabemos que los bebés de seis meses ya son capaces de producir una respuesta de estrés anticipatoria, basada en sus expectativas de como van a ser tratados por sus padres (Haley et al, 2011). Con el tiempo, cuando estas experiencias son frecuentes y duraderas, la respuesta al estrés del cerebro puede verse afectada y producirse un exceso de sensibilidad y actividad (Anishman et al, 1998), produciendo una predisposición a la depresión clínica y la ansiedad (Barbas et al, 2003; De Kloet et al, 2005; Watt & Panksepp, 2009), malos resultados en la salud física y mental y envejecimiento prematuro y mortalidad (Preston & Waal, 2002). Un sentimiento de angustia persistente y frecuente durante los periodos sensibles de la infancia temprana reduce la expresión de los genes del ácido gamma-aminobutírico (GABA), lo que produce desórdenes de ansiedad y depresión a la vez que aumenta el riesgo de consumo de alcohol como respuesta de alivio al estrés (Caldji et al, 2000; Hsu et al, 2003). La desregulación emocional crónica sienta las bases para psicopatologías mas graves ( Cole et al, 1994; Panksepp & Watt, 2011), especialmente la depresión. La desregulación emocional en la infancia está relacionada con patologías mentales posteriores, incluyendo la propensión a la violencia (Davidson et al, 2000). El estrés que produce un apego inseguro rompe el funcionamiento emocional, compromete las habilidades sociales y puede promover una inclinación emocional permanente hacia una actitud de auto-defensa ansiosa (Henry & Wang, 1998; Schore, 2009).

Sigo.


Wendy Middlemiss, PhD
Ahora le pongo un ejemplo más puntual. En un estudio recientemente publicado en Early Human Development (factor de impacto entre 2 y 2.4), Middlemiss y colaboradores (Middlemiss et al, 2012) examinaron los componentes fisiológicos y conductuales de las interacciones madre-hijo durante su participación en un programa de entrenamiento del sueño. En este contexto demostraron que tras tres días de adiestramiento se producía una desincronización significativa en los niveles de cortisol entre las madres y sus bebés. Mientras que los niveles de cortisol de los bebés no cambiaban a pesar de que dejaban de llorar, el de sus madres disminuía significativamente en cuanto sus hijos ya no lloraban. También observaron que, a pesar de que los niveles de cortisol eran iguales en los bebés durante los tres días de adiestramiento, estos lloraban significativamente más el primer día que el tercero. Esto nos demuestra que la falta de llanto no se relaciona con una disminución real del estrés que sufre el niño, tal y como ya habían apuntado anteriormente otros autores como Margot Sunderlan en su libro "La ciencia de Ser Padres", libro convenientemente publicado, traducido a numerosos idiomas, que no está en internet, y que además consta de unas 500 referencias bibliográficas, si no recuerdo mal (Sunderland, 2006).

Y sigo, no se preocupe que material no me falta. 

Me parece muy interesante el hecho de que a día de hoy ya nadie ponga en duda la compleja interrelación entre las emociones y el sueño, y numerosas investigaciones demuestran que no sólo el estrés, sino también emociones como el enfado o la soledad influyen muy negativamente en el mismo (Baglioni et al, 2010; Vandekerckhove & Cluydts, 2010; Kahn et al, 2013). Hatzinger ha demostrado, en una muestra de niños de 5 años, que una  alta actividad basal del eje HPA  y una secreción de cortisol elevada en respuesta al estrés están asociados a un sueño de peor calidad y, aunque su diseño experimental no permite determinar la dirección de esta interrelación, los estudios en adultos apuntan a que la desregulación del eje HPA precede a los problemas de sueño (Hatzinger et al, 2008). 

Como interesante es la información obtenida por los estudiosos de la filogenia del sueño sobre el efecto que el estrés tiene sobre la arquitectura del mismo. Está ampliamente demostrado que las aves que se sienten en peligro de depredación duermen menos y se despiertan con más frecuencia pasando más tiempo en sueño unihemisférico que en sueño bihemisférico. De la misma manera, los estudios realizados sobre ratas demuestran que el mismo tipo de estrés produce un retraso en el sueño, el sueño NREM disminuye su duración (no el numero de episodios) y el sueño REM disminuye el número de episodios (pero no su duración), especialmente al principio del sueño (Capellini et al, 2010). Cuando se administran glucocorticoides tanto en el modelo humano como animal se producen alteraciones importantes de la arquitectura del sueño. En ambos se observa una actividad en el EEG típica de la vigilia, pero mientras que en humanos se observa que el sueño NREM de ondas lentas disminuye, en animales éste aumenta, a la vez que lo hace el periodo de latencia antes del sueño (Hurtado-Alvarado et al, 2013).

Teniendo en cuenta que los bebés y niños a los que se les está aplicando su técnica se duermen llorando, - por lo tanto, absolutamente estresados - y tras haberse demostrado que incluso los que dejan de llorar siguen estresados, ésta es una información a tener en cuenta. ¿No le parece?

Claro, me puede argumentar que estas últimas críticas son muy indirectas e inespecíficas. Que no son críticas, vamos. Pero el caso es que las hay bien directas también. De hecho el primer ejemplo que he citado, las de la doctora Narvaez, creo que no dejan lugar a dudas. Pero hay más. Por ejemplo este artículo de los doctores Blunden, Thompson y Dawson, del que ya he hablado en otra ocasión pero que vale la pena poner de nuevo encima de la mesa: 

Blunden SL, Thompson KR, Dawson D. Behavioural sleep treatments and night time crying in infants: challenging the status quo. Sleep Med Rev 2011; 15: 327-334.

En él los autores cuestionan la necesidad de aplicar este tipo de tratamiento a los niños. Este artículo me parece sumamente interesante, no solo por su calidad (a parte del prestigio de sus autores, el factor de impacto de la revista es 8.7. Nada despreciable), sino por la respuesta que generó a cargo de Sadeh, Mindell y Owens, que como usted bien sabrá son investigadores punteros en el área del sueño infantil. Seguro que los conoce porque están muy en su linea: siempre han sido defensores del sueño en solitario y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo. Seguro que conoce su colaboración con J&J: esta conocida empresa de productos infantiles parece estar financiando gran parte de sus estudios a la vez que ellos participan en la promoción de sus productos mediante el diseño de un algoritmo en la página web de dicha empresa utilizando el cuestionario diseñado por Sadeh (BISQ: Brief infant sleep questionary) y los criterios propios de su corriente de pensamiento para diseñar los consejos dirigidos a las familias. Consejos que invariablemente contienen uno en concreto: aplicar una rutina de sueño tipo masaje y baño (con los productos de J&J, claro). Lo sé porque hice el cuestionario. Las respuestas que recibí tendrán en su día el post correspondiente. Se lo merecen.

Pero volviendo al tema que nos concierne, que me estoy yendo por las ramas, Sadeh, Mindell y Owens rebatieron la publicación de Blunden y colaboradores con el siguiente artículo:

Sadeh A, Mindell JA, Owens J. Why care about sleep of infants and their parents? Sleep Medicine Reviews 2011; 15: 335-337.

El artículo es una defensa a ultranza del sueño en solitario de los niños y las técnicas de adiestramiento para conseguirlo pero, cuidado, ya no todas las técnicas de adiestramiento al mismo nivel. En uno de sus párrafos los autores afirman que:

"One of the main claims raised by Blunden et al. is that clinical interventions for infant sleep problems encourage parents to ignore their crying infants during the night and that this may seriously compromise infant-parent attachment security. (....) However, it should be emphasized that the vast majority of modern behavioral interventions are based on some degree of continued caregiver response to the infant throughout the sleep initiation or resumption process. Some methods recommend continuous presence of the parents next to the infant crib during the process or throughout the night.".

Vaya, resulta que actualmente la mayoría de los métodos ya no se basan en "dejar llorar" solo al bebé (ni poco, ni mucho) e incluso muchos recomiendan la presencia continua de los padres durante la noche. Y ésta es una razón que esgrimen estos autores como defensa de las técnicas de adiestramiento: que ya no son lo que eran. 

No sé si se da cuenta, doctor Estivill, pero estos tres monstruos de la investigación del sueño infantil (porque lo son, no hay más que mirar sus curriculums y su influencia en la Academía Americana de Pediatría), están retirando disimuladamente su apoyo al método llamado "extinción controlada" o "llanto controlado", o sea, su método. Cierto que siguen en sus trece: siguen defendiendo el sueño en solitario como objetivo exclusivo de la clínica del sueño. Pero reconózcalo doctor Estivill, incluso para ellos el "llanto controlado" está obsoleto y ya no pertenece a la "vasta mayoría de técnicas actuales". Porque evidentemente este método no se basa en el acompañamiento continuo del bebé/niño. Y luego está el esfuerzo por diseñar alternativas. El propio Sadeh desarrolló el llamado "camping out", que podríamos traducir como "método de retirada" (y que asumo que es al que se refieren en el párrafo antes citado de su artículo). Por no hablar del "Huggie-Puppie", también diseñado por él y que, bajo mi punto de vista, tiene importantes connotaciones. A pesar de que a mí siguen sin gustarme, sobretodo el primero, he de reconocer que hay un cambio fundamental: el bebé ya no llora solo sino que se permite la presencia continua de sus padres, incluso toda la noche. Incluso en su versión mas estricta, en la cual el bebé no debe ser cogido, solo acompañado, ya supone una diferencia fundamental: no está solo. 

Y que quiere que le diga. Es cuestión de tiempo. El método "de retirada" ya tiene una versión suavizada publicada por Blunden. Y el futuro, yo no sé usted, pero yo lo veo claro: el objetivo de la clínica del sueño debe ser conseguir la bondad de ajuste, y no el sueño en solitario a toda costa. Supongo que habrá leído a Oskar Jenni (Jenni & O´Connors, 2006; Jenni & LeBourgeois, 2011). Ya ve, más investigadores que cuestiona su método desde las revistas científicas, no sólo en internet. 

¿Más ejemplos? Pues aquí le dejo este folleto del que ya he hablado hace un par de días en mi blog, y en el que veinte profesionales de la pediatría, la psicología y la enfermería hablan en contra de los métodos basados en dejar llorar y nos dan sus razones de por qué lo hacen. Y tampoco está en internet (bueno, en internet lo he puesto yo con el permiso de su autora, Sybille Lupold, pero el folleto, está impreso en cinco idiomas y repartido por el mundo real)


Y, como punto final, también quisiera añadir aquí las declaraciones en contra de su método realizadas por la Australian Association for Infant Mental Health. Estas sí están en internet, pero no solo en internet, y considerando que son las declaraciones de una asociación como la citada creo que hay que tomarlas en consideración, estén donde estén.

Podría seguir, doctor Estivill. Pero creo que con remitirle al "Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil", ya es suficiente. Sé que conoce el proyecto. Sé que le pone en jaque mate. No lo va  a reconocer. No pasa nada. La gente no es tonta. 

Tal vez estemos heridos, tal vez estemos llenos de carencias.... 

pero no somos tontos.