sábado, 29 de enero de 2011

HISTORIAS MONTADAS




De nuevo comparto con vosotros un artículo que no tiene que ver con el tema central de este blog, que es la crianza de nuestros hijos. Pero sí que tiene que ver con madres y con hijos. Tiene que ver con lo que puede llegar a ocurrir cuando las cosas funcionan como funcionan en nuestra sociedad en relación con la maternidad. Y tiene que ver con mentiras, manipulaciones y escándalos y con la poca ética y la poca credibilidad de muchos medios de comunicación. Se dice que "quien calla otorga" y, como yo no quiero otorgar nada, me he decidido a publicar mi opinión.

Este artículo no va a sentar bien a mucha gente. Pero creo que alguien debía dar una visión alternativa a la que se está difundiendo. Yo he sido testigo de todo lo que ha ocurrido desde que comenzó ha resurgir - hace ya varios meses-  el caso de las adopciones irregulares realizadas en el pasado siglo, gran parte durante la dictadura militar. Un testigo en la distancia, eso sí, siempre detrás de la pantalla del ordenador. Pero estoy realmente alucinada de como han evolucionado las cosas desde que hace unos años muchos adoptados de aquella época empezaran a organizarse a través de foros de internet, con el fin de tener una oportunidad de encontrar a sus familias biológicas. Poco a poco empezó una corriente de denuncia que, bajo mi punto de vista, "se ha salido de madre", ya que se empezaron a relacionar hechos que, en principio y sin las pruebas necesarias, no tenían porqué tener relación entre sí.

He pasado muchos años investigando en laboratorios de biomedicina. En estos años aprendí lo fácil que es sacar conclusiones erróneas de unos hechos reales. Para evitarlo, un investigador profesional tiene que seguir unos protocolos muy estrictos a la hora de producir y analizar resultados. Puedo imaginarme que esto no es sólo aplicable al mundo de la biología. Por eso me niego a aceptar las conclusiones sacadas por personas que no han evaluado los hechos con el criterio de un investigador profesional. Pero desgraciadamente estas conclusiones ya han sido difundidas y aceptadas al "por mayor". Y creo que esto ha producido, está produciendo y, posiblemente todavía producirá, mucho dolor a todas las partes implicadas. Afortunadamente, sin embargo, todo está ahora en manos de la justicia. Espero que así los profesionales pertinentes cojan estos hechos y saquen unas conclusiones sólidas que acaben con la incertidumbre de todos.

Intentaré empezar por el principio. Yo nací en una clínica donde años más tarde se demostraría que se realizaban adopciones irregulares. Tal cual quedaban nuestros papeles, hoy en día nos es prácticamente imposible ejercer un derecho que tenemos por ley: conocer nuestros antecedentes biológicos, algo que para muchos adoptados es fundamental a la hora de construir su identidad.

Y se dicen muchas cosas. Dicen que pagaban por nosotros, dicen que tenían un bebé congelado para mostrar a las madres y engañarlas diciéndoles que su hijo estaba muerto, dicen que había una red de monjas, curas, matronas y ginecólogos que robaban bebés para venderlos al mejor postor, dicen, dicen, dicen…….. y los que dicen hablan sin pruebas y, como ya he dicho,  sin una investigación seria hecha por profesionales (profesionales de la investigación criminal o policial, no periodistas).  Los que dicen interpretan a su manera una serie de hechos y, sin que ninguna prueba que avale su hipótesis, se lo venden como certeza absoluta a los medios de comunicación lo cuales, ávidos de noticias escandalosas que aumenten el índice de audiencia o el número de lectores, transmiten lo que quieren y como quieren para que la historia parezca lo más escabrosa posible. Incluso alguno ya ha aprovechado para escribir un libro en el cual, con el pretexto de que es “literatura”, da por ciertos estos hechos y su consiguiente interpretación, al más puro estilo de la novela “Walden dos” de Skinner.

¿Conocen “Walden dos”? Yo la conocí a raíz del libro “Besame mucho” de Carlos Gonzalez. Parece que aquí no venga al caso, pero lo cierto es que cuando me enteré de que el abogado Enrique Vila había "novelado" algunas de las historias de adopciones irregulares y de los supuestos "niños robados" en su libro "Historias robadas", me acordé del libro de Skinner.  En 1948 Skinner, uno de los padres del conductismo, escribió esta novela de ficción donde "disfrazaba" de literatura todo un método de crianza infantil que no tenía ninguna base científica (por lo que no se podía publicar en ninguna revista científica y estaba condenado a quedar en el mundo de la ficción) pero en el cual el autor creía fervientemente y, de hecho, incluso recomendaba llevar a la realidad. Por desgracia mucha gente lo aceptó como si de un trabajo científico se tratara y, según Carlos González, “muchos miles de psicólogos y educadores  han leído la obra y han dejado que esas fantasías impregnen sus creencias y orienten su vida”.

Igual que los hechos narrados en “Walden dos”, todo lo concerniente a las adopciones irregulares ocurridas en España entre los años 60 y 80 se interpreta de manera que queda definitivamente establecida la existencia de un robo de niños masivo;  hecho que, sin estar convenientemente demostrado, ha sido ampliamente  divulgado por los medios de comunicación y la novela “Historias robadas” del abogado en cuestión.
 
A mí me gustaría hacer un análisis de los acontecimientos abriendo la puerta a otras interpretaciones, aunque supongo que al hacerlo más de uno se me va a lanzar a la yugular. Y quiero dejar bien claro que, al ofrecer interpretaciones alternativas, no pretendo justificar las adopciones irregulares o ilegales. La adopción SIEMPRE debería ser un proceso legal y transparente centrado PRINCIPALMENTE en la defensa de los derechos del menor.

Y dicho esto, quisiera profundizar un poco en el porqué las cosas ocurrieron como ocurrieron, ponerlas en su contexto y tratar de interpretar los hechos sin juicios previos.

Los hechos objetivos son los siguientes:

  • Por un lado están los hijos adoptados de la época comprendida entre los años 60 y mediados de los 80 del siglo pasado que no tienen los papeles en regla tal y como la legislación del momento hubiera requerido. Los hay incluso que no tienen ningún papel. A algunos se les escondió su condición de adoptados y se han enterado de adultos. Según palabras de la abogada Beatriz Beneitez:
"Muchos de estos adultos, cuando han ido a buscar su expediente de adopción o su certificado de nacimiento, han visto que aparecen como hijos biológicos de sus padres adoptivos, es decir, que son apropiados y se ha sustituido su identidad por una identidad falsa; o que figuran como adoptados pero no constan los datos de sus padres biológicos, o  estos nombres son ficticios, es decir, son nombres y apellidos de uso común a efectos de identificación, por no conocerse los originales y para evitar que la expresión "expósito" se convirtiera en apellido. Estas inscripciones de nacimiento - sin datos o con datos ficticios - eran posibles porque existía la posibilidad de dar a luz sin dejar los datos de la madre, es decir, existía el parto anónimo hasta el año 1999 y que actualmente sigue existiendo en países como Francia."

  • Por otro lado existen una serie de familias que tuvieron hijos en diferentes clínicas y hospitales de España y que en su momento fueron informados (por el personal sanitario que les había atendido en el parto) de que el bebé había muerto. Algunos nunca llegaron a ver el cuerpo. A otros se les enseñó un cuerpo muy difícil de identificar. A la mayoría se les dijo que no valía la pena verlo para que no sufrieran, o porque el bebé estaba muy malformado. En casi todos los casos el hospital se ofreció a hacerles los trámites subsiguientes. En resumen, debido a las muchas irregularidades experimentadas durante todo este proceso, muchas de estas madres y padres se quedaron para siempre con la duda de si su hijo había muerto o no. Con el tiempo, cuando decidieron por una causa u otra ir a comprobar diferentes documentos que certificaran aquella muerte, o incluso exhumar el cadáver del bebé, se encontraron que no había documentos,  que los documentos no tenían datos reales, o que el cadáver del bebé no estaba en la tumba.  
Ciertamente la situación invita a hacer una relación directa entre los dos grupos de hechos y concluir que los bebés no murieron sino que fueron vendidos a familias adoptantes. En medio aparece toda una trama de personal religioso y sanitario que, con el único objetivo de enriquecerse, se dedicaba a quitar bebés a unos y vendérselos a otros, A unos les decían que el bebé había muerto, y a los otros les pasaban una factura con el pretexto de que estaban pagando los gastos sanitarios del embarazo y parto de una supuesta madre biológica había entregado voluntariamente a su hijo.

Pero esta no es la única interpretación. Hay otras posibles que ni siquiera se han tenido en cuenta, o al menos no se han hecho públicas, más que nada porque no son tan escabrosas y no venden tanto (ni periódicos, ni revistas, ni libros) aunque, desde luego, a mí no me parece menos dramáticas.

En primer lugar, para entender estos hechos desde otro punto de vista, me gustaría que nos sumergiéramos en la época en que sucedió todo. El principio de esta dinámica de adopciones irregulares comenzó en el franquismo. En el comienzo parece ser que se robaron hijos a madres republicanas en prisión y que esto estableció una dinámica de aceptación social de las adopciones realizadas de manera irregular, o sea, saltándose el protocolo oficial y legal. Con el correr de los años el recuerdo caliente de la guerra fue enfriándose y las republicanas en prisión ya no fueron más una fuente de niños. Pero la extrema derecha católica seguía en el poder y de ella emanaba un orden social basado en unas normas que, entre otras cosas, ejercían un completo control en el comportamiento sexual de la población. Esta era una sociedad machista y patriarcal hasta el extremo, donde las mujeres se dividían en dos grupos: las buenas y las putas. Las buenas eran recatadas y decentes: llegaban vírgenes a su noche de bodas y sólo conocían un varón en su vida: su marido. Las putas se dejaban llevar por sus bajos instintos y tenían relaciones pre o extra matrimoniales (algo que, dicho sea de paso, se consideraba normal y aceptable en los varones). Estas últimas eran merecedoras de desprecio y pena. Desde luego no se las consideraba capaces de ser madres y educar convenientemente a una criatura. Cuando una de estas “putas” se quedaba embarazada debido a su acto de pecado no tenía muchas opciones y, de las pocas que tenía, ninguna era buena:

  • Podía intentar abortar a la criatura confiándose en las manos de la mafia de abortos ilegales o, si tenía suficiente dinero, podía irse al extranjero.
  • Podía casarse con el padre, posiblemente siendo demasiado joven o con un hombre al que no amaba (y con el que no se quería casar), y a pesar de esto, cargar con el “San Benito” de haberse quedado embarazada antes de la noche de bodas (si no conseguía disimular su desliz de alguna manera).
  • Podía no casarse, con lo que ella y su criatura quedaban total y absolutamente estigmatizadas en esa sociedad puritana y ultra conservadora, para el resto de su vida.
  • Podía entregar a su criatura en adopción.

 Para esta cuarta opción, por lo que parece, la madre tenía dos opciones:
  • Dejar a su hijo en la inclusa identificándose o de manera anónima (de manera que el bebé llevaría el apellido "Expósito"), y con derecho a reclamarlo en un tiempo que oscilaba entre los dos años a los 6 meses, dependiendo de la época en que se encontrara.
  • Ponerse en manos de diversas congregaciones religiosas que la acogían durante el embarazo, le proporcionaban atención médica en el parto (todo supuestamente cubierto por la familia adoptiva) y le garantizaban unos padres “de bien” para su bebé. Eso sí, prácticamente se comprometían a dar en adopción a su hijo porque si cambiaban de idea, además de tener a unas cuidadoras muy enfadadas que harían todo lo que estaba en su mano para que cambiara de opinión y cediera a su hijo, tendría que correr ella con todos los gastos. Además, sería prácticamente imposible que, en caso de cambiar de opinión tras el parto y la cesión, recuperara a la criatura, ya que los intermediarios se habrían encargado de introducir una serie de “irregularidades” en el proceso, de manera que si se le ocurría reclamar no tendría manera de localizar a ese bebé que gestó y parió.

De nuevo en palabras de la abogada Beatriz Beneitez:

"Por un lado, la existencia del parto anónimo sirvió tanto para que estas mujeres "pecadoras" pudieran "desaparecer" sin dejar rastro después del parto, como para que los médicos "fabricasen expósitos", hijos sin filiación, presuntamente abandonados para atender la demanda de adopción. Por otro lado, muchos de los hijos inscritos como biológicos de sus padres "adoptivos" lo fueron por indicación de los intermediarios que "convencieron" a los padres de que eso era lo que tenían que hacer.La madre biológica, la mujer "pecadora" y anulada, "consentía" en que eso se hiciese así, con tal de quitarse del medio".

Muchas madres optarían por esta vía de la adopción irregular porque era la que les garantizaba, a ella o a sus padres (muchas veces eran ellos los que decidían todo, sobretodo si la madre era menor de edad) la mayor discreción posible. Muchas sufrían tal rechazo por parte de sus familias y entorno más cercano, que no veían más remedio que aceptar la caridad de estas congregaciones religiosas para poder sobrevivir durante el embarazo. Quiero creer también que pensaban que así garantizaban mejor el bienestar del bebé, que nunca se encontraba “abandonado” en manos del sistema (en orfanatos o familias de acogida temporales), sino que era entregado inmediatamente a sus padres definitivos. Para muchas de estas familias biológicas sería importante la garantía de no poder ser encontradas en el futuro, cuando estos bebés fueran adultos. Preferirían cerrar definitivamente ese capítulo de sus vidas para siempre y no volver a pensar nunca en él.


Por supuesto habría madres que elegirían ellas mismas, voluntaria y responsablemente actuar así. De ellas no se ha hablado en absoluto en ningún medio de comunicación que ha tratado este tema. Esto tiene cierta lógica porque ellas no han denunciado ni han ido a contar su historia a nadie. Ellas sólo han querido olvidar y lo último que quieren hacer ahora es salir en la tele contando una historia que posiblemente no conozca nadie de su entorno. Lo más probable es que nunca sepamos nada de ellas. Otras se sentirían coaccionadas: por sus familias, por las religiosas del centro de acogida, o por el personal sanitario. De estas se ha hablado un poco más y se han dado algunos ejemplos . Algunas buscan a sus hijos desesperadamente. Se sientes víctimas de una situación que les obligó a renunciar a ellos y quieren explicárselo. Pero es importante recalcar que en todo momento ellas sabían cual había sido el destino de sus hijos (ellas o sus familias, en el caso en que estas últimas fueran las que habían manejado todo), aunque muchas quisieron creer para siempre que su hijo había muerto en el parto y esa era la versión oficial que comentaban a los pocos que supieran que había estado embarazada.

Pero los medios de comunicación se han centrado en un tercer grupo de madres. Mujeres que se quedaron embarazadas dentro del matrimonio. Algunas con hijos previos. En principio de todas las clases sociales, aunque muchas parecen de clase social media (o incluso media alta, ya que fueron a parir a algunas de estas clínicas de pago, cosa que no todo el mundo se podía permitir). Mujeres a las que, tras parir a sus bebés, se les dijo que estos habían muerto. A veces al momento. A veces días más tarde. Ellas y sus parejas quedarían para siempre con el sentimiento de que su hijo no había muerto. No habían visto el cuerpo y no lo habían enterrado. El hospital se encargaba de todo por hacerles “un favor”. El personal sanitario evitaba que vieran el cadáver para “que no sufrieran”. A mí no me extraña que nunca creyeran en la muerte de su hijo. No me extraña que sintieran que se lo habían robado. No me extraña que ahora, cuando se habla abiertamente de las adopciones irregulares (que por otro lado siempre fueron vox populi) ellas hagan una relación “directa” entre ambos hechos: esos niños, así adoptados, son nuestros hijos.

Lo que me enciende es que haya profesionales alimentando la idea de que esta hipótesis sobre el destino de estos bebés (no están muertos sino que fueron vendidos), es la única posible. Así es al menos como lo cuentan a quien quiere escucharles. Y los medios de comunicación están encantados. Así tienen lectores y televidentes asegurados.  Alimentan las esperanzas de estas familias de encontrar a sus hijos vivos, mostrando el robo como única posibilidad para explicar lo que les pasó, pasando por alto la probabilidad real y significativa de que estos bebés estén muertos tal y como se les dijo en su momento.

La muerte de un hijo es, bajo mi punto de vista, el dolor más profundo e intenso que pueden sufrir los seres humanos. Cualquier esperanza de que este bebé no haya muerto, por pequeña que sea,  se puede convertir en certeza con la manipulación necesaria. Hoy en día, cualquier profesional de la salud relacionado con la obstetricia sabrá de la necesidad de los padres de despedirse del bebé que han perdido. No es raro que cuando no se ha podido comprobar - con la correspondiente identificación del cuerpo - la muerte del bebé, cuando no ha habido una oportunidad de asumir y sufrir el duelo, de despedirse de su hijo, quede una puerta abierta a la no aceptación de la muerte del pequeño.

Pero para las irregularidades experimentadas tras el fallecimiento de estos niños existen otras explicaciones posibles, otras interpretaciones, diferentes al robo de los niños vivos con el objeto de venderlos. Desde que el personal sanitario fuera sincero y sinceramente creyera que lo peor para la madre era ver a su bebé, hasta que intentaran disimular una muerte ocurrida como consecuencia de una mala praxis (bastante creíble, dadas las espeluznantes prácticas de "parto sin dolor" que se realizaban), o que el cuerpo les interesara para, por ejemplo, las prácticas de la facultad de medicina, y prefirieran no dar explicaciones a los padres sobre esto. Tampoco podemos olvidar la tendencia que tenemos en este país a saltarnos los protocolos y actuar de manera, digamos, chapucera. Así no es descabellado que no se encuentren documentos o haya fechas cambiadas. Incluso la ausencia de restos de un cadáver del bebé tiene otra explicación diferente a la del robo: los huesos parcialmente calcificados de un recién nacido pueden desaparecer totalmente. Por lo tanto no es raro que al abrir algunas de estas sepulturas no hubiera huesos, sino sólo los paños que envolvían el cuerpo. Sí, existen otras posibilidades que hoy por hoy son tan probables - o incluso más - que la del robo de estos bebés. Pero de ellas nadie habla. Estas explicaciones no son interesantes para nadie.

Entiendo que las familias no sean, no pueden ser, objetivas. Pero que los profesionales (abogados y periodistas)  que se están lucrando con este tema las ignoren con el fin de vender la versión más escabrosa en su propio beneficio me parece muy fuerte. Pretenden sostener la existencia de una gran mafia a nivel nacional donde religiosos y personal médico repartía los bebés recién nacidos a su antojo. ¿De verdad esto es tan creíble? De verdad creéis que monjas, sacerdotes, enfermeras, comadronas y ginecólogos se han dedicado, por sistema y de manera organizada, a robar bebés para venderlos????  ¿De verdad es creíble que hoy en día haya en España, en palabras de Enrique Vila, 300.000 españoles que fueron robados a sus madres y vendidos a sus padres adoptivos?

Así que, bajo mi punto de vista, se ha establecido una causa-efecto (adopciones ilegales=niños robados) sin tener las pruebas suficientes para ello, difundiéndola a bombo y platillo por todo el país como si fuera incuestionable. Pero ¿Que  pasa si las irregularidades cometidas en los papeles de los fallecimientos de estos bebés supuestamente robados son absolutamente independientes de las adopciones irregulares? Entonces no tiene mucho sentido que en al asociación de creación reciente llamada ANADIR (Asociación Nacional de Afectados de Adopciones Irregulares) se encuentren, no sólo hijos adoptados irregularmente, sino también estas familias que buscan a sus hijos supuestamente vivos y robados. Al crearse ANADIR se ha dado por establecida esa relación que no está probada en absoluto, ignorando totalmente las otras posibles explicaciones para las experiencias de estas familias y dando como único origen de estos hijos al robo de bebés dados por muertos, ignorando a todas esas madres que entregaron a sus hijos voluntariamente (coaccionadas o no, eso ya es otro tema) y que fueron plenamente conscientes del destino de esos bebés.

Por supuesto estas familias que sienten que sus bebés fueron robados y que no están muertos, tienen todo el derecho del mundo a reclamar y recibir una explicación a las irregularidades observadas en su caso y a que se investigue todo hasta el final. Por eso me alegro muchísimo de que se haya presentado una denuncia; denuncia que espero que derive en una investigación seria en toda regla. Una investigación que valore todas las posibilidades independientemente del beneficio que estas puedan proporcionar: desde que el niño realmente muriera (y por lo tanto saber las causas del fallecimiento y la razón de porqué el personal sanitario reaccionó ante el mismo como ellos explican) hasta a que el niño esté vivo y haya sido vendido (cosa que por supuesto es una posibilidad, pero no la única, como se quiere dar a entender).

Y en cuanto a las adopciones irregulares, que son una realidad, pero a las que se les ha dado como única razón el ánimo de lucro de sus intermediarios. ¿Y si también hubiera otra explicación sobre la motivación de esta “mafia”?. ¿Y si los que intervinieron no lo hicieron como un puro negocio? ¿Y si el dinero cobrado sí era para sufragar los gastos de atención a las madres o incluso aprovechado para otras obras sociales? ¿No podría explicar la moralidad de la época el hecho de que unos religiosos, comadronas, enfermeras  y médicos pensaran que estaban haciendo una “buena obra” separando a esos inocentes bebés de las manos de sus “pecadoras” madres?  Ojo, que no estoy justificando los hechos o diciendo que existen razones para que se deba permitir que las cosas se hagan así. Pero ¿no hay mucha distancia entre creer que unas personas hicieron algo por buena voluntad aunque por razones que nos pueden parecer equivocadas desde la perspectiva y conocimiento actuales, a creer que lo hicieron a sabiendas de que hacían daño y con el ánimo de enriquecerse?

Pues no, nada de esto se considera. Con pruebas o sin ellas el juicio ya se ha realizado y los ha convertido a todos (muchísimos profesionales, teniendo en cuenta que hay afectados en todo el territorio nacional) en culpables absolutos del robo de bebés  y posterior compra-venta con el único propósito de enriquecerse. Ahí queda eso. Si luego, por el camino de la justicia (que es que realmente debe dictar sentencia, digo yo) esto se desmiente, ¿Se enterará alguien? ¿Se lo creerá alguien? Los investigadores profesionales habrán hecho su trabajo en silencio. Cada prueba, cada indicio, no será del dominio público. Sólo nos enteraremos de las conclusiones finales. Y yo me pregunto que pasará si entonces se llega a conclusiones diferentes a las que los medios ya han difundido. Si entonces también saldrá todo publicado a bombo y platillo por todas partes. Tal vez entonces no sea ya tan interesante.

Por no hablar ya de donde quedan en todo este embrollo los padres adoptivos. Por que se les ha llamado poco menos que ladrones de bebés. Muchos "virtuosos" se han sentido con la capacidad moral de juzgar su decisión de confiar en estos dos poderes establecidos en ese momento: iglesia y profesión medica. ¿Por qué iban a dudar de que "lo normal" era hacer así las cosas? ¿Por qué dudar de que el bebé había sido abandonado por su madre, que no le quería? ¿Por qué dudar cuando les dijeron que así salvaban la vida del niño y le quitaban un estorbo a la madre? Ahora mismo mucha gente está escandalizándose de que estas familias actuaran de esta manera cuando todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida diaria, estamos haciendo tantas cosas francamente cuestionables, simplemente porque hoy en día, en las circunstancias actuales, son legales o "aceptables". Que fácil es ver la paja en el ojo ajeno sin hacer un verdadero análisis de conciencia.

En todo esto veo una absoluta falta de interés por analizar todo lo ocurrido y reflexionar sobre sus verdaderas y más profundas causas. Es más fácil escandalizarse y aceptar la versión más vendible de unos malos malísimos actuando sólo por motivos económicos, sin profundizar en unos hechos que ocurrieron porque somos como somos y aceptamos lo que aceptamos. Somos (todavía) una sociedad patriarcal en la cual un embarazo se puede convertir en una maldición, en una vergüenza que justifica la separación entre madre e hijo. En donde la sexualidad femenina ha sido sistemáticamente degradada, demonizada y "temida". En donde la mujer sigue siendo infantilizada hasta el extremo de permitirse que su familia decida si se queda o no a su hijo, en donde el médico puede aplicarle una anestesia aunque ella diga claramente que no quiere,  en donde el personal sanitario puede arrebatarle a su hijo sin su permiso para llevarlo al nido o a donde crea conveniente, sin dar explicaciones exactas sobre el estado de salud de ese bebé, o incluso en donde deciden por ella si tiene o no derecho a ver a su bebé muerto. Y hablo en presente porque, desgraciadamente, la gran mayoría de estas situaciones siguen ocurriendo ahora.

Huelga decir que estos hechos nunca hubieran sido posibles si la maternidad hubiera sido siempre convenientemente respetada y valorada, y la prioridad ante cualquier parto hubiera sido el respeto del continumm entre madre y bebé. Ninguna de estas madres se hubieran pasado años sufriendo la duda de si su hijo realmente murió porque se hubieran podido despedir de él y pasar el duelo correspondiente y necesario (por no hablar de la posibilidad de que muchos de estos niños siguieran hoy vivos si su parto no hubiera sido intervenido como fue). Y muchos de nosotros hubiéramos sido criados por  nuestras madres que, al no verse avergonzadas, humilladas y rechazadas sino apoyadas y sostenidas, nos hubieran amado y deseado. Los que de todas maneras hubiéramos sido cedido, tendríamos la certeza de que ella lo hizo voluntaria y conscientemente, sabiendo que nos dejaba en manos de una mujer que a partir de ese momento ocuparía su lugar. O al menos tendríamos la certeza de que las personas que decidieron separarnos de ella lo hicieron por los motivos adecuados (todos sabemos que, desgraciadamente, hay casos en que esta decisión de separar al bebé de su madre debe de ser tomada por terceros). Todo sin vergüenzas, sin secretos, sin mentiras. Que diferentes hubieran sido entonces las cosas, y que diferentes serían ahora también.

Me parece que ha sido muy fácil montar un escándalo basado en unos  hechos que admiten otras explicaciones, y llegar a unas conclusiones a las que todavía no podemos llegar por falta de pruebas definitivas y contundentes (Al menos yo no las he visto publicadas). Y es que es muy fácil creer que los malos son siempre los otros sin mirar, no sólo nuestros propios errores, sino los errores que con nuestra pasividad y aceptación permitimos que sigan ocurriendo día a día a nuestro alrededor.


jueves, 27 de enero de 2011

ME UNO AL “DEBATE DEL PACK”


Todo empezó en el blog de Ileana en su artículo “Sobre la vacunación de los niños”. También Carlos Gonzalez nos puso su granito de arena en su libro “A favor de las vacunas” y ayer, Mamá vaca cogió el testigo. Ahora yo os dejo mi opinión al respecto.

Sí, creo que existe un “pack”. No es que haya sido definido de manera oficial o profesional, pero en el mar del conocimiento popular ya flotamos con un barco propio llamado de diferentes maneras: “crianza natural”, “Crianza con apego” o como recientemente propuso Ileana “Crianza corporal”. Para los más desinformados del sector “convencionalista”, esos que no se han cuestionado nada de los que se les hizo a ellos y se les dicen que hagan a sus hijos, somos esos extremistas que damos teta hasta que el niño va a la universidad, dormimos todos junto, nos alimentamos a base de algas marinas de cultivo ecológico y ni vacunamos ni medicamos a nuestros hijos.

Lo cierto es que este razonamiento tiene cierta lógica. Pensad que para cuestionarse la manera en que la gran mayoría de gente hace las cosas hay que tener la capacidad de rascar: de rascar la superficie de nuestra realidad para llegar más adentro y encontrar otras realidades igualmente válidas (y por lo que parece no todo el mundo la tiene, o al menos no todo el mundo sabe que la tiene). Y todos sabemos que en cuestiones de rascado uno sabe cuando empieza pero no cuando acaba.

Por eso todo suele ser una reacción en cadena: una cosa lleva a otra de manera irrevocable. Cuando empiezas a sumergirte ya no hay marcha atrás. Nada más ponerte al niño en brazos empieza “el picor” en forma de “bebé y mamá descontentos con lo que mamá tiene que hacer para criarlo”. Entonces, con un poco de suerte añadida a tu capacidad de cuestionar lo “establecido” y buscar soluciones alternativas, caerá en tus manos toda esa información que te dice que hay una manera diferente de hacer las cosas.

Primero va la teta. Los consejos de la mayoría del personal sanitario convencional no hacen sino agravar tus problemas. Recurres a otras ayudas (como las asociaciones de apoyo a la lactancia) y ¡Ya está! Ya has empezado a rascar. La costra superficial se resquebraja, abriendo ante tus ojos todo un océano de conocimientos que por fin estará a tu alcance.

Ahora ya has aprendido a dar de mamar, pero esta información no ha venido sola. Resulta que te has enterado de la importancia del contacto “piel con piel” con tu bebé y de su necesidad de estar contigo. Sin saber como, llegan a tus manos libros como “Bésame mucho” de Carlos Gonzalez y “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové. Imposible no irse a la parte de la bibliografía de estos libros y señalar algunas de las fuentes con tu rotulador fosforescente. Así te encontrarás leyendo “Tus hijos y nosotros” de Meredith small, o “El concepto del continumm. En busca del bienestar perdido” de Jean Liedloff. Sigues con toda la bibliografía de Michel Odent. Luego continúas con Alice Miller o Laura Gutman y, finalmente, una noche te ves con una impresión de un libro de Casilda Rodrigañez en tu cama a las 2 de la mañana. En tu mesilla descansan unos 10 libros ya comprados en lista de espera y en tu ordenador tienes una lista de otros diez más. Ya ni ves la superficie de la que  partiste, y estas irrevocablemente sumergida en un mundo de nuevos conocimientos y filosofías que te fascinan.

A estas alturas ya no sólo das de mamar correctamente sino que, posiblemente, estés abierta al colecho (lo practiques siempre o no. Seguro que al menos opinas que es algo sano y natural y nunca te escandalizarías frente a una familia que lo hace), al porteo, a no forzar a comer al bebé, a no pegarle, a tratarle con respeto dejando de lado el método conductista……

Una vez sumergida por debajo de la superficie de la archiconocida y segura “realidad convencional” donde rige la ley de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, te encuentras en el gran mundo del “pack” de crianza alternativo. Un mundo al que hoy en día tienes fácil acceso gracias al monstruo de internet. Así, desde esa pequeña pantalla encima de tu escritorio, llegas a toda la información más contrastada y mejor estudiada del mundo de la crianza. Pero, ¡¡¡¡¡ojo!!!! También hay mucha “paja”. Muchísima. De hecho, hoy en día cualquiera puede escribir lo que quiera, aunque sea la más soberana estupidez, y ser leído por millones de personas. Por lo tanto necesitarás desarrolar tu capacidad para discernir la información veraz y de calidad de la pura basura. Y eso no siempre es fácil. Para ello tendrás que confiar en el criterio de expertos en temas que se te escapan. Y además tendrás que elegir los expertos en quién confiar (y asegurarte de que son realmente “expertos”). Por eso el camino que has tomado no está exento de riesgos: puedes cometer errores al confiar en impostores y creerte información falsa. Pero así son las cosas. Quien nada arriesga, nada consigue. Y  sigues buceando entre todos estos datos y teorías, aprendiendo cada día más, aumentando tu capacidad crítica y creciendo en el proceso. Aprendes a debatir y a respetar las diferencias. Aprendes a ver como un problema acepta muchas soluciones. Te vuelves más respetuosa y tolerante aunque, como tu capacidad crítica y tus conocimientos han aumentado, pareces lo contrario y te llegan a tachar de “extremista”.

En fin, que te ves sumergida en el “pack” de la crianza “alternativa” del cual coges y pones en práctica lo que consideras más conveniente para tu(s) hijo(s), tu pareja y tu misma. Todo lo eliges después de horas de lectura y evaluación de la información. Ya te parece inaceptable aceptar nada “porque sí”  por que has aprendido a navegar en estas aguas profundas y revueltas de conocimientos, y te has convertido en toda una “loba de mar”.

Los que siguen en la superficie te ven e, ignorantes, te creen hundida en el “pack” de los que “hacen todo lo que no hacemos los demás” y como no tienen ni idea de todo el proceso que te ha llevado hasta donde estás, ni de lo que tú ves desde tu posición, te ponen la etiqueta de “extremista”. Los más “cegatos” te condenan, ridiculizan e incluso insultan, mientras hondean la bandera de su ignorancia delante de tus narices.

Así que sí, creo que hay un pack. Pero yo lo veo como un océano de alternativas a la costra superficial y rígida de la crianza "convencional". Los que nos hemos sumergidos escogemos opciones tan distintas entre nosotros como la diferencia que nos separa de la superficie. Pero tenemos en común que nos hemos sumergido y por lo tanto somos libres para bucear por donde queramos e ir donde nos apetezca. Ya no estamos prisioneros en la superficie. 

viernes, 21 de enero de 2011

HERMANOS


Ayer leí un estupendo artículo de Mireia Long hablando sobre los hijos únicos. La decisión de tener un sólo hijo o varios es muy personal y creo que - todos estaremos de acuerdo - no hay correcto/incorrecto, verdadero/falso, bueno/malo. Todos decidimos de acuerdo con nuestras condiciones y experiencias. Llevaba ya varias semanas con esta reflexión en el bolsillo y os la pongo ahora. No es con la intención de crear debate porque, como ya digo, no es un tema que admita debate (al menos no en el sentido de encontrar que argumento es más válido), sino simplemente ofrecer una visión diferente a la de Mireia y compartirla con vosotras.

En mi vida creo que sólo me ha faltado una cosa que yo considere realmente importante: hermanos. Soy hija única y esto siempre lo he vivido como algo negativo. De pequeña todos mis amigos y todos mis primos tenían hermanos. Yo era la excepción. Era la “Hija Única”.

Ser hija única estaba (y está) ligado a tener una serie de características bastante negativas: egoísta, egocéntrica, lloricona o excesivamente mimada son sólo una muestra de ellas. Desgraciadamente yo me sentía identificada con cada una, aunque en muchas ocasiones amigas bienintencionadas me decían que yo no era la “típica hija sola”; comentario que solía seguir a las críticas desgarradoras que hacían a una conocida que era (también) hija única.

Pero a parte de la suposición de que yo era, por obligación, una criatura detestable, mi condición conllevaba otra serie de claras desventajas:

1-     La soledad: horas y horas jugando en soledad. A pesar de que mis padres me dedicaban el tiempo que podían y mi madre se preocupaba de traer primitos o amiguitas a casa, la mayor parte del tiempo libre lo pasaba jugando sola. Tal vez estuviera en compañía de mis padres o de mis abuelos, pero para ellos jugar conmigo no dejaba de ser  un tanto “aburrido” (no lo neguemos, para los adultos los juegos infantiles son bastante aburridos. Nos encanta estar con nuestros niños, pero preferimos que ellos jueguen a su bola, mientras nosotros hacemos otras actividades más apropiadas para nuestra edad, como adelantar trabajo, cocinar, leer, o escribir artículos para el blog) y a la larga acababa jugando yo sola a lo que podía, aunque estuviera en compañía de adultos. Acabé siendo una maravillosa cantante en “playback” de “Enrique y Ana” y “Parchís” (por no hablar de “Los Nins” que encima me decían que era igualita a una de las niñas). A los 9 años ya me había leído prácticamente la colección completa de “Los  felices Hollister” y a los 12 había acabado con todo el repertorio de Enyd Blyton.

2-     Ser “lo único” de tus padres: en general el hijo único suele ser un hijo muy deseado y planeado y también suele tener unos padres algo mayores que la media. Esto le convierte en la gran esperanza de sus padres. Es la encarnación de su gran sueño, y eso es una responsabilidad terrible. Si tu les fallas, les falla todo. Si a ti te pasa algo, les dejas sin nada. Cuando ya eres adulto y ellos son mayores, te encuentras sólo frente a su vejez y los problemas que conlleva. También te enfrentarás sólo a su muerte. Y, desde luego, esto no compensa ser el único heredero de sus bienes, como alguna mente frívola me había sugerido alguna vez.

Por lo tanto, si algo he tenido claro es que intentaría por todos los medios no tener un hijo único. Mi gran sueño siempre ha sido una familia numerosa. Gracias a Dios, a la vida o a la naturaleza, mi marido y yo hemos hecho gala de una exuberante fertilidad que nos ha permitido tener 3 bebés en poco más de 4 años. Y aunque parezca una locura no he cerrado el cupo. Todavía estoy abierta a un cuarto embarazo, aunque todo el mundo da por supuesto que sólo bromeo cuando lo comento.

No voy a negar que criar tres niños tan pequeños y seguidos es, cuanto menos, difícil. Hay momentos en los que me supera y siento verdadero pánico. Pero a pesar de los pesares nunca, y digo NUNCA, me he arrepentido de tenerlos a los tres (y tan seguidos). La visión de los tres hermanos jugando juntos, o unos cuidando de otros, o esos primeros intentos de ser negociadores y diplomáticos, o las primeras muestras de empatía que demuestran tener, me compensa la parte más difícil de esta situación.

Muchos días me siento agotada porque cuando no se le cruzan los cables a uno, se le cruzan al otro, y yo tengo la sensación de pasar el día en un continuo de rabietas, gritos, lloros y desesperación. Pero luego un hermano abraza al que llora, u otro intercede a favor del que está recibiendo la regañina y a mí se me abre el corazón. A veces me siento culpable porque no puedo dar a cada uno todo lo que recibiría de mí si me tuviera en exclusiva. Pero luego me doy cuenta de que recibe de sus hermanos algo que no puede recibir de ninguna otra persona. Los celos y las peleas no son más que obstáculos que todos tenemos que aprender a superar, creciendo y aprendiendo a medida que conseguimos resolver las situaciones conflictivas.

Mucha gente que tiene un hijo único me dice que no sabe como lo hago yo con tres. Lo cierto es que no creo que a mí el trabajo se me haya multiplicado por tres, ni mucho menos. En realidad, aunque evidentemente tienes más trabajo, un solo hijo ya da gran parte del trabajo que dan varios niños. Yo creo que en la gran mayoría de casos, especialmente en el mundo occidental en que vivimos, es beneficioso que la atención de los padres se reparta entre varios hermanos. Lo he visto claramente en mi caso y lo veo en los casos de madres amigas que sólo tienen un hijo. Como ejemplo os contaré que mi madre me ha dicho que podía pasarse dos horas dándome de comer (por eso de que yo era “mala comedora”). ¿Creéis que eso era realmente bueno?  En cambio yo pongo la comida delante de mis tres hijos; unos días come un hermano pero los otros dos casi nada, y al día siguiente el que comió ayer casi no come y los otros dos arrasan con todo y se pelean por el último trozo. No tengo tiempo de estar haciendo el avión durante dos horas a uno o a otro, lo que no quita que si uno se hace el remolón sea yo el que le de con la cuchara o el tenedor. A veces se lo toman como un juego, o los mayores tienen celillos del pequeño, y tengo que estar dando a los tres en la boca, como si fueran los tres bebés. Otras veces el pequeño se empeña en comer el sólo, como los mayores, e incluso prefiere coger del plato de cualquiera de sus hermanos (he desistido en ponerle comida diferente a él porque no come nada que no vea comer a los otros). Mientras los vea sanos y fuertes y yo les ofrezca comida sana y natural no me preocupo de si comen más o menos. Así, las comidas distan mucho de durar dos horas, y son más divertidas, formativas y nutritivas que las dos horas de lucha que mi madre pasaba conmigo. Si yo hubiera tenido un par de hermanos mi madre no se hubiera podido permitir pasarse dos horas dándome de comer. Eso hubiera sido beneficioso para todos, segurísimo.

Claro que también hay situaciones que se complican bastante por ser tres hermanos. Por ejemplo a la hora de salir de casa, sobretodo en invierno. Es increíble la de ropa que hay que poner a un niño en invierno en este país: interiores, leotardos, pantalones, camisa, jersey, cazadora, pantalones de nieve, bufanda, guantes y gorro. Muchas veces, para cuando acabo de vestir al tercero, el primero se me ha quitado la mitad, ya muerto de calor por la espera. Por no hablar de los días (la mayoría) en los que uno (al menos) no está de acuerdo con salir en ese momento y tengo que estar de negociaciones o, ya agotada, dando ultimatums y órdenes poco compatibles con la filosofía de crianza que intento seguir (Espero que en el futuro me perdonen. Una no es Superman).

Este año que el mayor ya tiene cinco añazos y empieza a hacer actividades extraescolares se me ha añadido una nueva complicación: tener que ir con todos para llevar al mayor a su clase y esperar fuera con los dos pequeños a que acabe. Así que ya me veis saliendo cargada, no sólo de toda la ropa necesaria para los tres y el deporte del mayor, sino de comida y juguetes para entretener a los otros durante la hora que dura la actividad. A veces, cuando me muevo por la ciudad con el cochecito hasta los topes, debo de parecer un vendedor ambulante. Por no hablar de la subida o bajada de autobuses o tranvías: necesito la colaboración de la mitad del pasaje para que me pasen cachivaches y niños antes de que el conductor cierre las puertas y se vaya a toda velocidad.

Pero nada de esto puede eclipsar el gran placer y la gran alegría que me produce ver a mis tres hijos. Tres hermanos que - espero con toda mi alma -  nunca se sientan solos porque, hagan lo que hagan con su vida y vayan donde vayan, siempre sabrán que en algún lugar del planeta (o de la galaxia, vete tu a saber lo que les depararan los próximos cien años) están los demás, siempre abiertos a recibirles con todo su amor.

Un amor que nació en su infancia, en aquellos días donde compartir un dinosaurio era todo un reto de diplomacia, donde los juegos compartidos llenaban las tardes de invierno, donde uno aprendía del otro, donde lloraban y reían juntos, donde luchaban, se reconciliaban, se pegaban y se abrazaban. Un amor sincero, profundo, verdadero y único.  Un Amor entre Hermanos.

PREMIO!!!!!




María de Mi pequeño koala me ha dado mi primer premio de la blogosfera. Muchísimas gracias María. Todo un detalle. Ahora paso a contestar las preguntas:

Por qué creaste el blog?
Me encanta escribir y empecé a hacer notas en FB con mis reflexiones. Algunas de esas notas interesaron a Ileana de Tenemos tetas y me las publicó. En una ocasión me preguntó porqué no abría mi propio blog y le dije que no tenía tiempo, pero  al final me animé. Estoy muy contenta. Es muy gratificante. ¡Ver que me dejan comentarios me da una alegría que no veas!!!!

2. ¿Qué tipo de blogs sigues?
En general de maternidad. Hay muchos y muy interesantes y no tengo tiempo de leer todo lo que me gustaría.

3. ¿Tienes alguna marca preferida de maquillaje?
No me maquillo

4. ¿Y de ropa?
Para nada. Compro lo que pillo. No soy nada presumida.

5. ¿Cuál es tu producto de maquillaje imprescindible?
Ninguno!!!

6. ¿Tu color favorito?
Siempre fue el azul.... a lo mejor por eso tengo sólo niños.

7. ¿Tu perfume? 
Ahora me ponía Aire de Loewe... o era ¿Agua? No me acuerdo....

8. ¿La película que más te ha gustado?
Muy  difícil de contestar porque me gustan muchas y no puedo decantarme por una. La última que he visto ha sido "La cinta blanca" y me ha impresionado muchísimo.

9. ¿Qué países te gustaría conocer y porqué? 
Todo el mundo. Aunque empezaría por los países nórdicos que están más cerquita y no los conozco.

Parece ser que ahora tengo que pasar el premio pero creo que todas lo teneis ya. Bueno, premiaré como una especie de homenaje a los cuatro primeros blogs que contacté en esta blogosfera maternal y fueron mi iniciación:


Un beso a todas las blog-mamás. Es un placer compartir un ratito de tiempo cada día con vosotras.



viernes, 14 de enero de 2011

DESCONFIANZA


 

Esta reflexión queda fuera del tema central de este blog, que es la crianza de nuestros hijos, pero en los últimos tiempos, leyendo sobre las diferentes visiones respecto a  la necesidad de vacunar o no vacunar, me vinieron estos pensamientos a la cabeza. He intentado plasmarlos en la pantalla para compartirlos con vosotros y llevar el debate un poco a lo que yo creo que es la parte submarina del iceberg: LA DESCONFIANZA

Los seres humanos somos seres sociales. Creo que nadie en este planeta puede rebatir este hecho. Como todos los primates necesitamos vivir en grupo para sobrevivir. Supongo que a partir de este instinto primario, que nos ha hecho buscar la compañía y protección de nuestros congéneres, hemos desarrollado nuestra complicadísima sociedad occidental. Parece mentira que empezamos viviendo en grupos de 10 o 20 personas y hemos acabado en ciudades de cientos de miles y países de varios millones.

Puedo imaginarme que en un grupo”primitivo”, en lo que llamaríamos una tribu, cada persona tiene un papel importante para la comunidad. Están los que cazan, los que recolectan, los que construyen viviendas, los que tallan instrumentos, los que confeccionan ropa o joyas, los que crían niños, los que curan a los demás, los que dirigen el cotarro…… Habrá tareas que puedan hacer todos o la mayoría, y otras que necesitarán un talento especial o una preparación previa. Da igual, el caso es que cada individuo aporta algo y los demás CONFÍAN en esta aportación. Si el chamán dice que un baño de agua de rosas, se bañan con agua de rosas. Si los cazadores dicen que hoy es buen día para salir a cazar, habrá partida de caza. Si las cocineras preparan algo así o asá, el resto se lo come y confía en la preparación. Si los humanos nos organizamos así es porque así hemos sobrevivido mejor, en los buenos tiempos y en los de vacas flacas. Cada miembro de la comunidad aporta algo y se beneficia de la aportación de los demás. Así la comunidad es más eficiente y prospera más, beneficiando con ello a cada uno de sus individuos.

Aunque ahora vivamos en grupos de miles de personas llamados pueblos o ciudades, en el fondo la organización no cambia mucho. De hecho, el papel de cada uno se ha especializado hasta el extremo de que la mayoría de nosotros seríamos absolutamente incapaces de hacer muchos de los trabajos que necesitamos que se realicen para nosotros en el día a día: desde conseguir el café de la mañana hasta el vaso de agua en la mesilla por la noche. 

Nuestra sociedad es extraordinariamente complicada. Nuestras necesidades diarias para vivir en ella, también. Los trabajos necesarios para que cada uno de nosotros pueda vivir cada día lo que llamamos un “día normal”, se han multiplicado por mil. Como antaño, hay muchos trabajos que la mayoría podemos hacer, pero otros no. Yo soy absolutamente incapaz de diseñar y construir mi casa y no tengo ni pajorera idea de cómo llegan las imágenes a mi aparato de televisión. Por no hablar ya de cómo funciona el ordenador portátil desde el cual me comunico con todos vosotros. Para todos estos trabajos que no somos capaces de realizar nosotros mismos necesitamos confiar en la pericia, preparación y motivación del profesional que lo hará para nosotros.

Es imposible para cada uno de nosotros saber los suficiente de todas las profesiones que necesitamos en nuestro día a día: desde el arquitecto que diseñó nuestra casa, el constructor que la construyó, los ingenieros que hacen posible que la electricidad, el agua, o la información digital llegue a nosotros cada día; hasta el médico en cuyas manos ponemos la salud de nuestra familia, el cual a su vez confía en el criterio de las revistas científicas que publican los resultados de los estudios que los investigadores básicos y clínicos han realizado, y los medicamentos que los farmacéuticos han desarrollado; o los políticos que hemos votado y que tienen la responsabilidad de organizar todo este cotarro pensando siempre, no sólo en el bien común de la sociedad en su totalidad, sino también  en el respeto a la individualidad de cada ciudadano, porque somos animales sociales, sí, pero no somos ni hormigas ni abejas y cada uno de nosotros es un individuo completo que integra en su persona todos los derechos y deberes comunes a todos los seres humanos.

O sea, los seres humanos necesitamos vivir en una sociedad organizada donde cada uno aporta lo que sabe y se beneficia de la aportación de los demás. Por lo tanto, en el fondo, todo esto no es más que una cadena de CONFIANZA. Es imposible que todos sepamos de todo al nivel de un experto, así que no nos queda otra que confiar en los demás. Confiamos en la profesionalidad y buen hacer de los demás y a su vez nosotros aportamos lo mejor de nuestra capacidad y conocimientos con nuestra profesión a todo este engranaje social. Al menos, así debería ser ¿no? Pero si todo funcionara realmente así, ¡Que diferente pintarían las cosas!

Desgraciadamente el panorama actual es bastante distinto y desalentador. Parece que en el mundo en el que vivimos, la gran mayoría de seres humanos hemos perdido nuestro instinto social, dejando de lado nuestra tendencia innata a colaborar por el bien común como manera de asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Hemos convertido nuestras sociedades en selvas donde el “todo vale” y el “sálvese quien pueda” predomina sobre los comportamientos solidarios y realmente eficaces para todos. 

Hemos perdido la percepción de “pertenencia a un grupo” y nuestras miras son tan cortas que trabajamos sólo pensando en nuestro propio bien, en los beneficios a corto plazo que recibiremos (en forma de dinero y bienes materiales).Incluso, en los  peores casos, algunos llegan a poner en peligro a sus congéneres, realizando un trabajo defectuoso en aras de su propio beneficio. Desde constructores que, por ahorrar dinero en la construcción, utilizan materiales inadecuados que ponen en peligro la estabilidad de la vivienda, hasta médicos que lo que menos les importa es el bienestar de sus pacientes.  Y los políticos….. ¡Dios mío! Su falta de credibilidad es tal que incluso en las democracias más representativas del planeta nadie pondría una mano en el fuego por ninguno de sus representantes. Los escándalos no sólo están a la orden del día, sino que ya nadie se escandaliza. Es realmente triste….. y peligroso.

Si, es peligroso porque, en estas circunstancias ¿Cómo vamos a conseguir trabajar en equipo para que las cosas cambien? ¿Cómo vamos a conseguir que cambien en la dirección correcta? Creo que hoy en día es incuestionable que nuestro futuro como especie está en entredicho: si no somos capaces de organizarnos para evitar las tragedias que nosotros mismos podemos generar (como guerras o terrorismo), o enfrentarnos unidos a las que son inevitables (como una gran pandemia o cualquier gran catástrofe natural)  no tendremos un futuro demasiado prometedor por delante. Esto no es nada excepcional si hablamos a nivel planetario. Grandes extinciones las ha habido siempre y no hay ninguna razón para que nosotros seamos una excepción. Las cianobacterias cambiaron su mundo al producir oxígeno, produciendo  así la extinción de todos aquellos organismos que eran incapaces de vivir en esa nueva atmósfera y forzando la aparición de nuevas adaptaciones que abrieron la puerta a nuestra llegada. Nosotros tal vez hagamos lo mismo: forzaremos unas condiciones en el planeta en las cuales nos será imposible seguir siendo la especie dominante o, incluso, sobrevivir.

Yo no sé vosotros, pero a mí esa perspectiva no me gusta demasiado. Preferiría hacer un guiño a la señorita evolución y conseguir una prórroga indefinida de supervivencia. Y es que le tengo mucho cariño a mi especie. Preferiría un futuro donde la especie humana viviera en paz consigo misma y con su medio ambiente. Para eso hace falta una sociedad de individuos libres y responsables, cada uno trabajando por el bien común, no por obligación impuesta desde fuera, sino como convicción de que es lo mejor para sí mismo y para los demás y, por lo tanto, algo que sale del interior de cada uno. Para que una sociedad así sea posible creo que hay un factor fundamental del que no podemos prescindir: LA CONFIANZA. Si no confiamos en que nuestros semejantes van a hacer lo mejor para nosotros, este sistema deja de funcionar.

Por eso no funciona ahora. Nadie confía en nadie. Desde el fontanero hasta el político, pasando por el médico, el camarero, el abogado o el empresario. Todos desconfiamos de la labor de los demás. Todos asumimos que cada uno hace, primero lo mejor para sí mismo y sólo en segundo lugar y si es posible, algo que beneficie a los demás. Estamos permanentemente a la defensiva. Y razones no nos faltan. Cada año salen a la luz pública diferentes alarmas provocadas por la falta de profesionalidad y de ética de muchos seres humanos:  intoxicaciones alimentarias (la última es la contaminación por dioxinas en las carnes de cerdo y ave en Alemania), catástrofes ecológicas (los vertidos de crudo en el mar ya son una tragedia común), casos de corrupción en las altas esferas de la política y el mundo de los negocios, o incluso en aquellas organizaciones internacionales, como la OMS (recordemos la falta de credibilidad que demostró tener su reacción ante la gripe A) …… No, ya nadie confía en el prójimo, y todos tenemos buenas razones para no hacerlo. De hecho, se ha creado un sistema en el cual el que sube más alto no siempre es el mejor profesional, sino que puede ser el que mejor miente y el que más capacidad tiene para aprovecharse de los demás y del sistema. La gente que basa su vida en el trabajo bien hecho - así, al  desnudo, sin representaciones “disneylándicas”- puede que no llegue muy lejos. De hecho, grandes profesionales se quedan para siempre a la sombra por voluntad propia ya que no están dispuestos a gastar el tiempo y la energía necesarias para “jugar” al juego impuesto por un sistema que valora más lo que “parece” que lo que realmente “es”.

Así hemos llegado a un punto en el que nuestra desconfianza nos está llevando a cuestionarlo todo, y con razón. No queremos ser como un rebaño de ovejas siguiendo ciegamente a un pastor mediocre y traicionero. Sean “el pastor” los gobiernos, las organizaciones internacionales o las grandes multinacionales, ya no confiamos en ellos y cuestionamos todo lo que sale de ahí. Nos han decepcionado demasiadas veces, traicionando nuestra confianza. Creemos que las personas que manejan el poder han podido llegar donde están por su capacidad para jugar con las reglas de un sistema en el que predomina la mentira y el egoísmo frente al altruismo y el bien común. Que “el poder corrompe” es algo que todos sabemos y tenemos muy asumido. Por lo tanto no podemos confiar en “el poder”. 

Así pues desconfiamos de todas las normas de convivencia que nos vienen impuestas “desde arriba” o “desde afuera” porque no confiamos en quien las hace. Desconfiamos en las escuelas para enseñar a nuestros hijos, desconfiamos del sistema de salud para tratar nuestras enfermedades o prevenirlas; desconfiamos de la justicia que no nos parece nada justa y se basa en unas leyes que, en su mayoría, no creemos. Desconfiamos de las industrias, sean la farmacéutica, la alimentaria, la textil; da igual. Pensamos que todas ponen por delante sus propios beneficios (si  ofrecer un buen producto es el factor fundamental para aumentar beneficios, estupendo, pero si no, pues no ofrecerán un buen producto y tan tranquilos).

Y esto puede tener consecuencias muy peligrosas. Imaginaros que nos tenemos que enfrentar a una verdadera crisis. Si este año aparece un virus realmente peligroso y la OMS recomienda la vacunación meses antes de que se confirme lo peligroso que es ¿Quién se vacunará? ¿Iríamos todos a vacunarnos en masa? No, ¿verdad? (yo la primera que no iría, de hecho nunca me vacuné contra la gripe A), porque no confiamos ni  en la OMS ni en las farmacéuticas que harían la vacuna. De esta manera, la capacidad de estos organismos para controlar esta hipotética pandemia queda seriamente dañada. Si pudiéramos confiar plenamente en la OMS, en los departamentos de salud de los gobiernos de nuestros países, o en las grandes empresas farmacéuticas ¿Alguien cuestionaría las vacunas? ¿De verdad que personas que no tienen ni idea de lo que son el abTCR, el complejo TCR o la familia SLAM se atreverían a cuestionar los consejos dados por expertos inmunólogos?

Esto es sólo un ejemplo, pero lo cierto es que, puesto que nuestra realidad es tan compleja que nadie puede ser experto en todo, es de vital importancia poder confiar en los demás cuando tenemos que tomar decisiones sobre temas en los que nosotros no somos los expertos, pero que afectan nuestras vidas. En según que situaciones límite, esta confianza puede significar la diferencia entre la vida o la muerte.

¿Sabéis lo que está pasando? Que el trabajo que hemos realizado como sociedad en los últimos miles de años, todo lo que hemos aprendido, todo lo estamos cuestionando por culpa de LA DESCONFIANZA. Y que conste que no estoy diciendo que sea malo cuestionar lo establecido. Pero es muy diferente cuestionar el conocimiento actual porque sabemos que existe un margen de error en todo lo que establecemos, a cuestionarlo porque desconfiamos en la honestidad de los que han proporcionado ese conocimiento y dictan normas, leyes o recomendaciones basándose en él.

Desgraciadamente, la experiencia nos dice que, actualmente, tenemos serias razones para desconfiar. Pero no puede ser que todo lo avanzado se ignore y se vuelva al principio una y otra vez. Poniendo de nuevo el ejemplo de las vacunas: si los expertos en la materia consideran que la vacuna de la viruela erradicó la enfermedad ¿Por qué una parte de la población, que en su mayoría no pueden demostrar un conocimiento profundo del tema, cuestiona esta afirmación? ¿Vamos a tener que dejar de vacunar para que reaparezcan de nuevo esta o aquella enfermedad, muriendo gente en el camino, para así convencer a los escépticos de lo que ya se sabía? ¿Y si dentro de 50 años vuelve otra vez otra generación que cuestiona otra vez lo mismo? ¿Avanzaremos así hacia algún sitio? ¿O nos limitaremos a dar vueltas y vueltas y más vueltas sin llegar a nada (excepto la extinción)?

Nuestros conocimientos van evolucionando, como una escalera en la cual cada escalón se apoya en el anterior. La desconfianza nos devuelve al primer escalón de un empujón. Y es una pena. Tenemos tanto potencial. Tenemos tantísima capacidad de investigar y de aprender. Tenemos tantas posibilidades de hacer bien las cosas. Sí, es una verdadera pena que todo se vaya al traste porque hemos cogido la inercia de la desconfianza: de ganarnos la desconfianza y de desconfiar.

Me pregunto que futuro le espera a nuestra sociedad hundida en toda esta desconfianza mutua. Somos demasiados para ir cada uno “a su bola”. Necesitamos organizarnos para sobrevivir, probablemente ahora más que nunca. Pero para hacerlo tenemos que poder confiar. Y para confiar tenemos que tener una sociedad con unos organismos y unos ciudadanos dignos de confianza. Para que todos cumplamos nuestro cometido sin que nos lo impongan desde afuera. Para que todos trabajemos por el bien común, confiando en el trabajo de los demás.

Es la pescadilla que se muerde la cola. No confiamos porque tenemos buenas razones para desconfiar, y la propia desconfianza de los demás en nosotros y nuestro trabajo malogra nuestra propia aportación.

¿Podremos cambiarlo de alguna manera? Por suerte el planeta está lleno de buenas personas que trabajan por el bien común con honestidad y motivación. También estamos los que intentamos educar a nuestros hijos, adultos del futuro, para una sociedad más solidaria, respetuosa y “amorosa”. Pero ¿seremos suficientes? Todos estos que quieren que las cosas no cambien, que quieren que siempre ganen los mismos, que sustentan su poder pisando las cabezas de los demás, que sólo ven el YO y el AHORA, ¿podremos hacerles cambiar de opinión? ¿Podremos convencerles de que eduquen a sus hijos de otra manera? ¿Podremos enseñarles otra alternativa diferente a la que les crió a ellos y en la que ellos quieren criar?