De nuevo comparto con vosotros un artículo que no tiene que ver con el tema central de este blog, que es la crianza de nuestros hijos. Pero sí que tiene que ver con madres y con hijos. Tiene que ver con lo que puede llegar a ocurrir cuando las cosas funcionan como funcionan en nuestra sociedad en relación con la maternidad. Y tiene que ver con mentiras, manipulaciones y escándalos y con la poca ética y la poca credibilidad de muchos medios de comunicación. Se dice que "quien calla otorga" y, como yo no quiero otorgar nada, me he decidido a publicar mi opinión.
Este artículo no va a sentar bien a mucha gente. Pero creo que alguien debía dar una visión alternativa a la que se está difundiendo. Yo he sido testigo de todo lo que ha ocurrido desde que comenzó ha resurgir - hace ya varios meses- el caso de las adopciones irregulares realizadas en el pasado siglo, gran parte durante la dictadura militar. Un testigo en la distancia, eso sí, siempre detrás de la pantalla del ordenador. Pero estoy realmente alucinada de como han evolucionado las cosas desde que hace unos años muchos adoptados de aquella época empezaran a organizarse a través de foros de internet, con el fin de tener una oportunidad de encontrar a sus familias biológicas. Poco a poco empezó una corriente de denuncia que, bajo mi punto de vista, "se ha salido de madre", ya que se empezaron a relacionar hechos que, en principio y sin las pruebas necesarias, no tenían porqué tener relación entre sí.
He pasado muchos años investigando en laboratorios de biomedicina. En estos años aprendí lo fácil que es sacar conclusiones erróneas de unos hechos reales. Para evitarlo, un investigador profesional tiene que seguir unos protocolos muy estrictos a la hora de producir y analizar resultados. Puedo imaginarme que esto no es sólo aplicable al mundo de la biología. Por eso me niego a aceptar las conclusiones sacadas por personas que no han evaluado los hechos con el criterio de un investigador profesional. Pero desgraciadamente estas conclusiones ya han sido difundidas y aceptadas al "por mayor". Y creo que esto ha producido, está produciendo y, posiblemente todavía producirá, mucho dolor a todas las partes implicadas. Afortunadamente, sin embargo, todo está ahora en manos de la justicia. Espero que así los profesionales pertinentes cojan estos hechos y saquen unas conclusiones sólidas que acaben con la incertidumbre de todos.
Intentaré empezar por el principio. Yo nací en una clínica donde años más tarde se demostraría que se realizaban adopciones irregulares. Tal cual quedaban nuestros papeles, hoy en día nos es prácticamente imposible ejercer un derecho que tenemos por ley: conocer nuestros antecedentes biológicos, algo que para muchos adoptados es fundamental a la hora de construir su identidad.
Y se dicen muchas cosas. Dicen que pagaban por nosotros, dicen que tenían un bebé congelado para mostrar a las madres y engañarlas diciéndoles que su hijo estaba muerto, dicen que había una red de monjas, curas, matronas y ginecólogos que robaban bebés para venderlos al mejor postor, dicen, dicen, dicen…….. y los que dicen hablan sin pruebas y, como ya he dicho, sin una investigación seria hecha por profesionales (profesionales de la investigación criminal o policial, no periodistas). Los que dicen interpretan a su manera una serie de hechos y, sin que ninguna prueba que avale su hipótesis, se lo venden como certeza absoluta a los medios de comunicación lo cuales, ávidos de noticias escandalosas que aumenten el índice de audiencia o el número de lectores, transmiten lo que quieren y como quieren para que la historia parezca lo más escabrosa posible. Incluso alguno ya ha aprovechado para escribir un libro en el cual, con el pretexto de que es “literatura”, da por ciertos estos hechos y su consiguiente interpretación, al más puro estilo de la novela “Walden dos” de Skinner.
¿Conocen “Walden dos”? Yo la conocí a raíz del libro “Besame mucho” de Carlos Gonzalez. Parece que aquí no venga al caso, pero lo cierto es que cuando me enteré de que el abogado Enrique Vila había "novelado" algunas de las historias de adopciones irregulares y de los supuestos "niños robados" en su libro "Historias robadas", me acordé del libro de Skinner. En 1948 Skinner, uno de los padres del conductismo, escribió esta novela de ficción donde "disfrazaba" de literatura todo un método de crianza infantil que no tenía ninguna base científica (por lo que no se podía publicar en ninguna revista científica y estaba condenado a quedar en el mundo de la ficción) pero en el cual el autor creía fervientemente y, de hecho, incluso recomendaba llevar a la realidad. Por desgracia mucha gente lo aceptó como si de un trabajo científico se tratara y, según Carlos González, “muchos miles de psicólogos y educadores han leído la obra y han dejado que esas fantasías impregnen sus creencias y orienten su vida”.
Igual que los hechos narrados en “Walden dos”, todo lo concerniente a las adopciones irregulares ocurridas en España entre los años 60 y 80 se interpreta de manera que queda definitivamente establecida la existencia de un robo de niños masivo; hecho que, sin estar convenientemente demostrado, ha sido ampliamente divulgado por los medios de comunicación y la novela “Historias robadas” del abogado en cuestión.
A mí me gustaría hacer un análisis de los acontecimientos abriendo la puerta a otras interpretaciones, aunque supongo que al hacerlo más de uno se me va a lanzar a la yugular. Y quiero dejar bien claro que, al ofrecer interpretaciones alternativas, no pretendo justificar las adopciones irregulares o ilegales. La adopción SIEMPRE debería ser un proceso legal y transparente centrado PRINCIPALMENTE en la defensa de los derechos del menor.
Y dicho esto, quisiera profundizar un poco en el porqué las cosas ocurrieron como ocurrieron, ponerlas en su contexto y tratar de interpretar los hechos sin juicios previos.
Los hechos objetivos son los siguientes:
- Por un lado están los hijos adoptados de la época comprendida entre los años 60 y mediados de los 80 del siglo pasado que no tienen los papeles en regla tal y como la legislación del momento hubiera requerido. Los hay incluso que no tienen ningún papel. A algunos se les escondió su condición de adoptados y se han enterado de adultos. Según palabras de la abogada Beatriz Beneitez:
"Muchos de estos adultos, cuando han ido a buscar su expediente de adopción o su certificado de nacimiento, han visto que aparecen como hijos biológicos de sus padres adoptivos, es decir, que son apropiados y se ha sustituido su identidad por una identidad falsa; o que figuran como adoptados pero no constan los datos de sus padres biológicos, o estos nombres son ficticios, es decir, son nombres y apellidos de uso común a efectos de identificación, por no conocerse los originales y para evitar que la expresión "expósito" se convirtiera en apellido. Estas inscripciones de nacimiento - sin datos o con datos ficticios - eran posibles porque existía la posibilidad de dar a luz sin dejar los datos de la madre, es decir, existía el parto anónimo hasta el año 1999 y que actualmente sigue existiendo en países como Francia."
- Por otro lado existen una serie de familias que tuvieron hijos en diferentes clínicas y hospitales de España y que en su momento fueron informados (por el personal sanitario que les había atendido en el parto) de que el bebé había muerto. Algunos nunca llegaron a ver el cuerpo. A otros se les enseñó un cuerpo muy difícil de identificar. A la mayoría se les dijo que no valía la pena verlo para que no sufrieran, o porque el bebé estaba muy malformado. En casi todos los casos el hospital se ofreció a hacerles los trámites subsiguientes. En resumen, debido a las muchas irregularidades experimentadas durante todo este proceso, muchas de estas madres y padres se quedaron para siempre con la duda de si su hijo había muerto o no. Con el tiempo, cuando decidieron por una causa u otra ir a comprobar diferentes documentos que certificaran aquella muerte, o incluso exhumar el cadáver del bebé, se encontraron que no había documentos, que los documentos no tenían datos reales, o que el cadáver del bebé no estaba en la tumba.
Ciertamente la situación invita a hacer una relación directa entre los dos grupos de hechos y concluir que los bebés no murieron sino que fueron vendidos a familias adoptantes. En medio aparece toda una trama de personal religioso y sanitario que, con el único objetivo de enriquecerse, se dedicaba a quitar bebés a unos y vendérselos a otros, A unos les decían que el bebé había muerto, y a los otros les pasaban una factura con el pretexto de que estaban pagando los gastos sanitarios del embarazo y parto de una supuesta madre biológica había entregado voluntariamente a su hijo.
Pero esta no es la única interpretación. Hay otras posibles que ni siquiera se han tenido en cuenta, o al menos no se han hecho públicas, más que nada porque no son tan escabrosas y no venden tanto (ni periódicos, ni revistas, ni libros) aunque, desde luego, a mí no me parece menos dramáticas.
En primer lugar, para entender estos hechos desde otro punto de vista, me gustaría que nos sumergiéramos en la época en que sucedió todo. El principio de esta dinámica de adopciones irregulares comenzó en el franquismo. En el comienzo parece ser que se robaron hijos a madres republicanas en prisión y que esto estableció una dinámica de aceptación social de las adopciones realizadas de manera irregular, o sea, saltándose el protocolo oficial y legal. Con el correr de los años el recuerdo caliente de la guerra fue enfriándose y las republicanas en prisión ya no fueron más una fuente de niños. Pero la extrema derecha católica seguía en el poder y de ella emanaba un orden social basado en unas normas que, entre otras cosas, ejercían un completo control en el comportamiento sexual de la población. Esta era una sociedad machista y patriarcal hasta el extremo, donde las mujeres se dividían en dos grupos: las buenas y las putas. Las buenas eran recatadas y decentes: llegaban vírgenes a su noche de bodas y sólo conocían un varón en su vida: su marido. Las putas se dejaban llevar por sus bajos instintos y tenían relaciones pre o extra matrimoniales (algo que, dicho sea de paso, se consideraba normal y aceptable en los varones). Estas últimas eran merecedoras de desprecio y pena. Desde luego no se las consideraba capaces de ser madres y educar convenientemente a una criatura. Cuando una de estas “putas” se quedaba embarazada debido a su acto de pecado no tenía muchas opciones y, de las pocas que tenía, ninguna era buena:
- Podía intentar abortar a la criatura confiándose en las manos de la mafia de abortos ilegales o, si tenía suficiente dinero, podía irse al extranjero.
- Podía casarse con el padre, posiblemente siendo demasiado joven o con un hombre al que no amaba (y con el que no se quería casar), y a pesar de esto, cargar con el “San Benito” de haberse quedado embarazada antes de la noche de bodas (si no conseguía disimular su desliz de alguna manera).
- Podía no casarse, con lo que ella y su criatura quedaban total y absolutamente estigmatizadas en esa sociedad puritana y ultra conservadora, para el resto de su vida.
- Podía entregar a su criatura en adopción.
Para esta cuarta opción, por lo que parece, la madre tenía dos opciones:
- Dejar a su hijo en la inclusa identificándose o de manera anónima (de manera que el bebé llevaría el apellido "Expósito"), y con derecho a reclamarlo en un tiempo que oscilaba entre los dos años a los 6 meses, dependiendo de la época en que se encontrara.
- Ponerse en manos de diversas congregaciones religiosas que la acogían durante el embarazo, le proporcionaban atención médica en el parto (todo supuestamente cubierto por la familia adoptiva) y le garantizaban unos padres “de bien” para su bebé. Eso sí, prácticamente se comprometían a dar en adopción a su hijo porque si cambiaban de idea, además de tener a unas cuidadoras muy enfadadas que harían todo lo que estaba en su mano para que cambiara de opinión y cediera a su hijo, tendría que correr ella con todos los gastos. Además, sería prácticamente imposible que, en caso de cambiar de opinión tras el parto y la cesión, recuperara a la criatura, ya que los intermediarios se habrían encargado de introducir una serie de “irregularidades” en el proceso, de manera que si se le ocurría reclamar no tendría manera de localizar a ese bebé que gestó y parió.
De nuevo en palabras de la abogada Beatriz Beneitez:
"Por un lado, la existencia del parto anónimo sirvió tanto para que estas mujeres "pecadoras" pudieran "desaparecer" sin dejar rastro después del parto, como para que los médicos "fabricasen expósitos", hijos sin filiación, presuntamente abandonados para atender la demanda de adopción. Por otro lado, muchos de los hijos inscritos como biológicos de sus padres "adoptivos" lo fueron por indicación de los intermediarios que "convencieron" a los padres de que eso era lo que tenían que hacer.La madre biológica, la mujer "pecadora" y anulada, "consentía" en que eso se hiciese así, con tal de quitarse del medio".
Muchas madres optarían por esta vía de la adopción irregular porque era la que les garantizaba, a ella o a sus padres (muchas veces eran ellos los que decidían todo, sobretodo si la madre era menor de edad) la mayor discreción posible. Muchas sufrían tal rechazo por parte de sus familias y entorno más cercano, que no veían más remedio que aceptar la caridad de estas congregaciones religiosas para poder sobrevivir durante el embarazo. Quiero creer también que pensaban que así garantizaban mejor el bienestar del bebé, que nunca se encontraba “abandonado” en manos del sistema (en orfanatos o familias de acogida temporales), sino que era entregado inmediatamente a sus padres definitivos. Para muchas de estas familias biológicas sería importante la garantía de no poder ser encontradas en el futuro, cuando estos bebés fueran adultos. Preferirían cerrar definitivamente ese capítulo de sus vidas para siempre y no volver a pensar nunca en él.
Por supuesto habría madres que elegirían ellas mismas, voluntaria y responsablemente actuar así. De ellas no se ha hablado en absoluto en ningún medio de comunicación que ha tratado este tema. Esto tiene cierta lógica porque ellas no han denunciado ni han ido a contar su historia a nadie. Ellas sólo han querido olvidar y lo último que quieren hacer ahora es salir en la tele contando una historia que posiblemente no conozca nadie de su entorno. Lo más probable es que nunca sepamos nada de ellas. Otras se sentirían coaccionadas: por sus familias, por las religiosas del centro de acogida, o por el personal sanitario. De estas se ha hablado un poco más y se han dado algunos ejemplos . Algunas buscan a sus hijos desesperadamente. Se sientes víctimas de una situación que les obligó a renunciar a ellos y quieren explicárselo. Pero es importante recalcar que en todo momento ellas sabían cual había sido el destino de sus hijos (ellas o sus familias, en el caso en que estas últimas fueran las que habían manejado todo), aunque muchas quisieron creer para siempre que su hijo había muerto en el parto y esa era la versión oficial que comentaban a los pocos que supieran que había estado embarazada.
Pero los medios de comunicación se han centrado en un tercer grupo de madres. Mujeres que se quedaron embarazadas dentro del matrimonio. Algunas con hijos previos. En principio de todas las clases sociales, aunque muchas parecen de clase social media (o incluso media alta, ya que fueron a parir a algunas de estas clínicas de pago, cosa que no todo el mundo se podía permitir). Mujeres a las que, tras parir a sus bebés, se les dijo que estos habían muerto. A veces al momento. A veces días más tarde. Ellas y sus parejas quedarían para siempre con el sentimiento de que su hijo no había muerto. No habían visto el cuerpo y no lo habían enterrado. El hospital se encargaba de todo por hacerles “un favor”. El personal sanitario evitaba que vieran el cadáver para “que no sufrieran”. A mí no me extraña que nunca creyeran en la muerte de su hijo. No me extraña que sintieran que se lo habían robado. No me extraña que ahora, cuando se habla abiertamente de las adopciones irregulares (que por otro lado siempre fueron vox populi) ellas hagan una relación “directa” entre ambos hechos: esos niños, así adoptados, son nuestros hijos.
Lo que me enciende es que haya profesionales alimentando la idea de que esta hipótesis sobre el destino de estos bebés (no están muertos sino que fueron vendidos), es la única posible. Así es al menos como lo cuentan a quien quiere escucharles. Y los medios de comunicación están encantados. Así tienen lectores y televidentes asegurados. Alimentan las esperanzas de estas familias de encontrar a sus hijos vivos, mostrando el robo como única posibilidad para explicar lo que les pasó, pasando por alto la probabilidad real y significativa de que estos bebés estén muertos tal y como se les dijo en su momento.
La muerte de un hijo es, bajo mi punto de vista, el dolor más profundo e intenso que pueden sufrir los seres humanos. Cualquier esperanza de que este bebé no haya muerto, por pequeña que sea, se puede convertir en certeza con la manipulación necesaria. Hoy en día, cualquier profesional de la salud relacionado con la obstetricia sabrá de la necesidad de los padres de despedirse del bebé que han perdido. No es raro que cuando no se ha podido comprobar - con la correspondiente identificación del cuerpo - la muerte del bebé, cuando no ha habido una oportunidad de asumir y sufrir el duelo, de despedirse de su hijo, quede una puerta abierta a la no aceptación de la muerte del pequeño.
Pero para las irregularidades experimentadas tras el fallecimiento de estos niños existen otras explicaciones posibles, otras interpretaciones, diferentes al robo de los niños vivos con el objeto de venderlos. Desde que el personal sanitario fuera sincero y sinceramente creyera que lo peor para la madre era ver a su bebé, hasta que intentaran disimular una muerte ocurrida como consecuencia de una mala praxis (bastante creíble, dadas las espeluznantes prácticas de "parto sin dolor" que se realizaban), o que el cuerpo les interesara para, por ejemplo, las prácticas de la facultad de medicina, y prefirieran no dar explicaciones a los padres sobre esto. Tampoco podemos olvidar la tendencia que tenemos en este país a saltarnos los protocolos y actuar de manera, digamos, chapucera. Así no es descabellado que no se encuentren documentos o haya fechas cambiadas. Incluso la ausencia de restos de un cadáver del bebé tiene otra explicación diferente a la del robo: los huesos parcialmente calcificados de un recién nacido pueden desaparecer totalmente. Por lo tanto no es raro que al abrir algunas de estas sepulturas no hubiera huesos, sino sólo los paños que envolvían el cuerpo. Sí, existen otras posibilidades que hoy por hoy son tan probables - o incluso más - que la del robo de estos bebés. Pero de ellas nadie habla. Estas explicaciones no son interesantes para nadie.
Entiendo que las familias no sean, no pueden ser, objetivas. Pero que los profesionales (abogados y periodistas) que se están lucrando con este tema las ignoren con el fin de vender la versión más escabrosa en su propio beneficio me parece muy fuerte. Pretenden sostener la existencia de una gran mafia a nivel nacional donde religiosos y personal médico repartía los bebés recién nacidos a su antojo. ¿De verdad esto es tan creíble? De verdad creéis que monjas, sacerdotes, enfermeras, comadronas y ginecólogos se han dedicado, por sistema y de manera organizada, a robar bebés para venderlos???? ¿De verdad es creíble que hoy en día haya en España, en palabras de Enrique Vila, 300.000 españoles que fueron robados a sus madres y vendidos a sus padres adoptivos?
Así que, bajo mi punto de vista, se ha establecido una causa-efecto (adopciones ilegales=niños robados) sin tener las pruebas suficientes para ello, difundiéndola a bombo y platillo por todo el país como si fuera incuestionable. Pero ¿Que pasa si las irregularidades cometidas en los papeles de los fallecimientos de estos bebés supuestamente robados son absolutamente independientes de las adopciones irregulares? Entonces no tiene mucho sentido que en al asociación de creación reciente llamada ANADIR (Asociación Nacional de Afectados de Adopciones Irregulares) se encuentren, no sólo hijos adoptados irregularmente, sino también estas familias que buscan a sus hijos supuestamente vivos y robados. Al crearse ANADIR se ha dado por establecida esa relación que no está probada en absoluto, ignorando totalmente las otras posibles explicaciones para las experiencias de estas familias y dando como único origen de estos hijos al robo de bebés dados por muertos, ignorando a todas esas madres que entregaron a sus hijos voluntariamente (coaccionadas o no, eso ya es otro tema) y que fueron plenamente conscientes del destino de esos bebés.
Por supuesto estas familias que sienten que sus bebés fueron robados y que no están muertos, tienen todo el derecho del mundo a reclamar y recibir una explicación a las irregularidades observadas en su caso y a que se investigue todo hasta el final. Por eso me alegro muchísimo de que se haya presentado una denuncia; denuncia que espero que derive en una investigación seria en toda regla. Una investigación que valore todas las posibilidades independientemente del beneficio que estas puedan proporcionar: desde que el niño realmente muriera (y por lo tanto saber las causas del fallecimiento y la razón de porqué el personal sanitario reaccionó ante el mismo como ellos explican) hasta a que el niño esté vivo y haya sido vendido (cosa que por supuesto es una posibilidad, pero no la única, como se quiere dar a entender).
Por supuesto estas familias que sienten que sus bebés fueron robados y que no están muertos, tienen todo el derecho del mundo a reclamar y recibir una explicación a las irregularidades observadas en su caso y a que se investigue todo hasta el final. Por eso me alegro muchísimo de que se haya presentado una denuncia; denuncia que espero que derive en una investigación seria en toda regla. Una investigación que valore todas las posibilidades independientemente del beneficio que estas puedan proporcionar: desde que el niño realmente muriera (y por lo tanto saber las causas del fallecimiento y la razón de porqué el personal sanitario reaccionó ante el mismo como ellos explican) hasta a que el niño esté vivo y haya sido vendido (cosa que por supuesto es una posibilidad, pero no la única, como se quiere dar a entender).
Y en cuanto a las adopciones irregulares, que son una realidad, pero a las que se les ha dado como única razón el ánimo de lucro de sus intermediarios. ¿Y si también hubiera otra explicación sobre la motivación de esta “mafia”?. ¿Y si los que intervinieron no lo hicieron como un puro negocio? ¿Y si el dinero cobrado sí era para sufragar los gastos de atención a las madres o incluso aprovechado para otras obras sociales? ¿No podría explicar la moralidad de la época el hecho de que unos religiosos, comadronas, enfermeras y médicos pensaran que estaban haciendo una “buena obra” separando a esos inocentes bebés de las manos de sus “pecadoras” madres? Ojo, que no estoy justificando los hechos o diciendo que existen razones para que se deba permitir que las cosas se hagan así. Pero ¿no hay mucha distancia entre creer que unas personas hicieron algo por buena voluntad aunque por razones que nos pueden parecer equivocadas desde la perspectiva y conocimiento actuales, a creer que lo hicieron a sabiendas de que hacían daño y con el ánimo de enriquecerse?
Pues no, nada de esto se considera. Con pruebas o sin ellas el juicio ya se ha realizado y los ha convertido a todos (muchísimos profesionales, teniendo en cuenta que hay afectados en todo el territorio nacional) en culpables absolutos del robo de bebés y posterior compra-venta con el único propósito de enriquecerse. Ahí queda eso. Si luego, por el camino de la justicia (que es que realmente debe dictar sentencia, digo yo) esto se desmiente, ¿Se enterará alguien? ¿Se lo creerá alguien? Los investigadores profesionales habrán hecho su trabajo en silencio. Cada prueba, cada indicio, no será del dominio público. Sólo nos enteraremos de las conclusiones finales. Y yo me pregunto que pasará si entonces se llega a conclusiones diferentes a las que los medios ya han difundido. Si entonces también saldrá todo publicado a bombo y platillo por todas partes. Tal vez entonces no sea ya tan interesante.
Por no hablar ya de donde quedan en todo este embrollo los padres adoptivos. Por que se les ha llamado poco menos que ladrones de bebés. Muchos "virtuosos" se han sentido con la capacidad moral de juzgar su decisión de confiar en estos dos poderes establecidos en ese momento: iglesia y profesión medica. ¿Por qué iban a dudar de que "lo normal" era hacer así las cosas? ¿Por qué dudar de que el bebé había sido abandonado por su madre, que no le quería? ¿Por qué dudar cuando les dijeron que así salvaban la vida del niño y le quitaban un estorbo a la madre? Ahora mismo mucha gente está escandalizándose de que estas familias actuaran de esta manera cuando todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida diaria, estamos haciendo tantas cosas francamente cuestionables, simplemente porque hoy en día, en las circunstancias actuales, son legales o "aceptables". Que fácil es ver la paja en el ojo ajeno sin hacer un verdadero análisis de conciencia.
Por no hablar ya de donde quedan en todo este embrollo los padres adoptivos. Por que se les ha llamado poco menos que ladrones de bebés. Muchos "virtuosos" se han sentido con la capacidad moral de juzgar su decisión de confiar en estos dos poderes establecidos en ese momento: iglesia y profesión medica. ¿Por qué iban a dudar de que "lo normal" era hacer así las cosas? ¿Por qué dudar de que el bebé había sido abandonado por su madre, que no le quería? ¿Por qué dudar cuando les dijeron que así salvaban la vida del niño y le quitaban un estorbo a la madre? Ahora mismo mucha gente está escandalizándose de que estas familias actuaran de esta manera cuando todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida diaria, estamos haciendo tantas cosas francamente cuestionables, simplemente porque hoy en día, en las circunstancias actuales, son legales o "aceptables". Que fácil es ver la paja en el ojo ajeno sin hacer un verdadero análisis de conciencia.
En todo esto veo una absoluta falta de interés por analizar todo lo ocurrido y reflexionar sobre sus verdaderas y más profundas causas. Es más fácil escandalizarse y aceptar la versión más vendible de unos malos malísimos actuando sólo por motivos económicos, sin profundizar en unos hechos que ocurrieron porque somos como somos y aceptamos lo que aceptamos. Somos (todavía) una sociedad patriarcal en la cual un embarazo se puede convertir en una maldición, en una vergüenza que justifica la separación entre madre e hijo. En donde la sexualidad femenina ha sido sistemáticamente degradada, demonizada y "temida". En donde la mujer sigue siendo infantilizada hasta el extremo de permitirse que su familia decida si se queda o no a su hijo, en donde el médico puede aplicarle una anestesia aunque ella diga claramente que no quiere, en donde el personal sanitario puede arrebatarle a su hijo sin su permiso para llevarlo al nido o a donde crea conveniente, sin dar explicaciones exactas sobre el estado de salud de ese bebé, o incluso en donde deciden por ella si tiene o no derecho a ver a su bebé muerto. Y hablo en presente porque, desgraciadamente, la gran mayoría de estas situaciones siguen ocurriendo ahora.
Huelga decir que estos hechos nunca hubieran sido posibles si la maternidad hubiera sido siempre convenientemente respetada y valorada, y la prioridad ante cualquier parto hubiera sido el respeto del continumm entre madre y bebé. Ninguna de estas madres se hubieran pasado años sufriendo la duda de si su hijo realmente murió porque se hubieran podido despedir de él y pasar el duelo correspondiente y necesario (por no hablar de la posibilidad de que muchos de estos niños siguieran hoy vivos si su parto no hubiera sido intervenido como fue). Y muchos de nosotros hubiéramos sido criados por nuestras madres que, al no verse avergonzadas, humilladas y rechazadas sino apoyadas y sostenidas, nos hubieran amado y deseado. Los que de todas maneras hubiéramos sido cedido, tendríamos la certeza de que ella lo hizo voluntaria y conscientemente, sabiendo que nos dejaba en manos de una mujer que a partir de ese momento ocuparía su lugar. O al menos tendríamos la certeza de que las personas que decidieron separarnos de ella lo hicieron por los motivos adecuados (todos sabemos que, desgraciadamente, hay casos en que esta decisión de separar al bebé de su madre debe de ser tomada por terceros). Todo sin vergüenzas, sin secretos, sin mentiras. Que diferentes hubieran sido entonces las cosas, y que diferentes serían ahora también.
Me parece que ha sido muy fácil montar un escándalo basado en unos hechos que admiten otras explicaciones, y llegar a unas conclusiones a las que todavía no podemos llegar por falta de pruebas definitivas y contundentes (Al menos yo no las he visto publicadas). Y es que es muy fácil creer que los malos son siempre los otros sin mirar, no sólo nuestros propios errores, sino los errores que con nuestra pasividad y aceptación permitimos que sigan ocurriendo día a día a nuestro alrededor.














