viernes, 5 de julio de 2019

NO ME QUITÉIS LA PALABRA MADRE


Hace cosa de cinco días, a eso de las dos de la madrugada, estaba yo inmersa en mis ciclos de sueño, cuando una señal ambiental me subió en cuestión de segundos al estado de vigilia. Era la tos de mi hijo pequeño, que duerme en una habitación compartida con sus hermanos al otro lado de la casa. 

Otro segundo más y ya estaba yo, tambaleante y mareada por despertar tan abruptamente (por el estado en que me encontraba yo juraría que salía del sueño profundo), al lado del desastre. Mi niño había vomitado en el suelo del dormitorio, del pasillo y del baño. Al lado de la habitación de mis hijos está el despacho de la familia. En el despacho estaba mi marido, mirando la pantalla del ordenador con unos auriculares puestos. El bendito padre no había movido un dedo mientras su retoño vomitaba por media casa. No se había enterado. 

Esta anécdota solo es un copito de nieve en la punta del iceberg que muestra que una cosa es ser madre y otra es ser padre. La conexión que tenemos las madres con nuestros hijos es única y a veces parece cosa de magia. ¿Quién de nosotras no se ha despertado en medio de la noche unos segundos antes de que el bebé comenzara a reclamar? ¿O que me decís de esas madres que han salvado la vida de sus bebés al despertar de repente porque la criatura había dejado de respirar? 

Para un bebé la madre es absolutamente fundamental e irreemplazable. Cuando siente que le separan de ella siente un terror de muerte. "El hábitat del recién nacido es el cuerpo de su madre". Y punto. No hay nada más que argumentar por aquí.Y el cuerpo de la madre sigue siendo una parte muy importante del hábitat del bebé mayor y del niño en esta época en la que va cruzando el puente desde su madre hacia la sociedad, puente que en la mayoría de los casos es la relación con el padre. Las relaciones de los hijos con su madre y con su padre nunca serán iguales, tengan la edad que tengan. Cada una es única e irreemplazable.

MAMÁ es el puerto seguro. Es el lugar donde las tempestades de la vida dejan de dar miedo. El refugio de todos los refugios. Yo tengo cuarenta y nueve años y sigo sintiendo esa seguridad infinita entre los brazos de mi madre. A mi padre lo adoro, por supuesto. Pero mi madre es mi madre. Imposible igualar ambas funciones.

Por eso, ante el comunicado de la Liga de la Leche en apoyo a los hombres transexuales, que yo apoyo al 99% me gustaría hacerles llegar una puntualización por ese 1% con el que discrepo.

No me quitéis la palabra MADRE.

Porque un bebé necesita una madre y tiene derecho a una madre. Me da igual que esa madre tenga pene o barba, pero tiene que ser su madre. No su padre. El padre, el rol de padre, es otra cosa muy diferente y nunca puede sustituir a la madre. Una madre gesta, pare y amamanta. Un padre no. 

Desde el punto de vista del bebé, la persona que le pare, en la que habita tras el parto y de la que recibe su alimento, es su madre. Y la conexión fisiológica que se establece entre el cuerpo del bebé y su madre es única e incuestionable. Si el cuerpo de la madre es el de un hombre transexual, será una madre hombre transexual. Pero es una madre. No es un padre, porque ser padre es otra cosa. Y si ser madre es una función femenina, pues este hombre transexual está realizando una función femenina. Esta es la realidad, y yo no puedo comprender por qué esto puede ser un problema para las personas que no se identifican con el binarismo mayoritario. Lo cierto es que, en este contexto, que algo sea masculino o femenino no me parece lo más relevante. Lo importante aquí es el rol que ejerce esta persona respecto al bebé.

En el caso de la adopción, el bebé, que ha sufrido el terrible trauma de la pérdida de su madre biológica, lo que más necesita en este mundo es "Un pecho donde habitar". Me da igual que este pecho sea peludo o no, o pertenezca a un humano macho, hembra o hermafrodita, trans o cis. Pero tiene que ser el pecho de su nueva madre. Su madre, no su padre. 

El patriarcado se basa en la muerte de la madre. Somos la sociedad que somos porque hemos matado a LA MADRE. Desde que descubrí esta realidad trabajo duro para revertir esta situación y resucitar esta figura fundamental en la vida de nuestras criaturas. La evidencia de que lo que más necesita un bebé humano para prosperar y crecer de manera saludable es una madre me ha hecho querer centrar este debate, no en el género o identidad sexual de la persona que pare al bebé, sino en el rol que realmente tiene. Si miramos esta situación desde la perspectiva del bebé, nos damos cuenta de que la identidad de género de la persona que le ha parido es irrelevante. Para él es su madre porque la biología de ambos así lo determina. 

Por eso, nunca, bajo ningún concepto, pienso renunciar a la palabra MADRE.

La madre es sagrada, es imprescindible, es irreemplazable. Y así lo deberíamos entender todos los adultos que queremos tener hijos. 

Y por eso quisiera plantear esta situación desde esta reflexión: la gran mayoría de mujeres y muchos hombres transexuales podemos parir y podemos amamantar, esto es, podemos ser madres. Una vez que  un hombre trans ha gestado, parido y amamantado a su hijo ya es su madre, porque la conexión fisiológica entre ambos así lo determina. El papel de madre no desaparece y uno no se convierte en padre simplemente por su identificación con el género masculino en el resto de facetas de su vida, especialmente cuando su cuerpo ha ejercido de madre durante toda la etapa primal. 

Y en los caso de adopción, concretamente en los de una pareja sin mujer, uno de los hombres tendrá que asumir este papel maternal, con  todo lo que esto conlleva. Porque si no, el bebé será huérfano de madre, y esta carencia se cobra un precio muy alto.


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