domingo, 22 de mayo de 2011

MENTIRAS



Desde bien pequeña me di cuenta: vivimos en una sociedad donde la mentira es uno de los pilares fundamentales en las relaciones interpersonales. Todos mienten y la mentira actúa como un escudo protector que cada uno esgrime frente a los demás. Parece que uno de los grandes peligros de esta vida es ser honesto. Si no mientes, si dices lo que piensas y como lo piensas, si actúas según tu verdad interior, sólo puedes perder.

La mentira la interiorizamos desde muy pequeñitos. Para empezar: una cosa es lo que se nos decía que estaba bien que hiciéramos y otra muy diferente lo que los adultos hacían. Por ejemplo:

- Hay que acostarse temprano para dormir las horas que necesitamos
- Hay que comer de todo y siempre cosas sanas
- No se grita
- No se falta al respeto
- No se pega
- No se fuma
- Debes dejar tus juguetes
- Hay que estudiar y sacar buenas notas
- No hay que emborracharse
- No se miente

Pero ellos, los adultos a nuestro alrededor:

- Se acostaban cuando les daba la gana, y bastante tarde. Ni de casualidad dormían lo que necesitaban.
- Comían lo que querían y en la cantidad que querían, aunque la obesidad estuviera poniendo en peligro su vida o tuvieran claros síntomas de no alimentarse bien.
- Gritaban
- Nos faltaban al respeto
- Nos pegaban
- Fumaban
- Sus cosas eran suyas y pobre del que se las tocara
- Muchos, en ocasiones, se regodeaban de lo mal estudiantes que fueron y lo lejos que habían llegado a pesar de eso.
- De la misma manera presumían de esas legendarias "melopéas" que se habían agarrado en su juventud, en tal o cual ocasión. Y además bebían más o menos en exceso en todos los eventos sociales de relativa importancia.
- Mentían descaradamente, a los demás adultos y, sobretodo, a nosotros los niños. Encima solían presumir delante de nosotros de sus mentiras de juventud a sus padres, a sus maestros.....

Pronto aprendías que el "hecha la ley, hecha la trampa" era una de las bases de nuestro comportamiento social y así se justificaban todas las ilegalidades: conducir por encima de los límites, comprar o vender sin factura, fumar en zonas prohibidas...etc.

Y pronto asimilabas que vivías en  una estructura vertical en la que todos mentían. Los de arriba mentían para aprovecharse de los de abajo y subir, subir subir. Los de abajo mentían para defenderse de los de arriba, que estaban ahí, no para "cuidar" a nadie, sino para mantenerse en su posición a base de pisar e imponerse a todos los que estuvieran por debajo de ellos.  Esta estructura era aplicable a la sociedad en general y a la familia en particular. Todo se basaba en la capacidad de dominio.

Y una estupenda arma para proteger el dominio es, como no, la mentira..

A nivel familiar la mentira está absolutamente normalizada. Los padres mienten a sus hijos para conseguir de ellos lo que quieren, y los hijos a los padres para conseguir hacer lo que también ellos quieren y sin consecuencias indeseables (los castigos). Es LO NORMAL. Un día, una adolescente que sufría graves desórdenes alimenticios y que se estaba ahogando en sus propias mentiras, cuando le pregunté como era capaz de mentir así a sus padres me dijo: "Pero si es lo normal. Ellos también lo hacían con los abuelos".

De adolescente era testigo de todas las mentiras que inventaban mis amigos y conocidos de la misma edad: "me voy con fulanita" cuando salían con el novio; "no me han dado las notas" cuando habían suspendido; "no fumo ni bebo, claro que no" cuando hacían las dos cosas; "voy a estudiar a casa de menganita y me quedo a dormir"..... ¿cuantas realmente han "estudiado en casa de menganita y se han quedado a dormir"?

Me parece evidente que es la "pedagogía negra" de Alice Miller la que alimenta todas estas mentiras familiares. Los hijos no ven en los padres unas figuras de acompañamiento y protección, sino de imposición y dominio. Ya como padres, estos hijos dominados se convierten en padres dominadores. Perpetúan el sistema en sus propias familias y así, perpetúan la mentira. Y de la misma manera que la "pedagogía negra" está normalizada y aceptada, la mentira que acarrea también.

Aprendida esta actitud en el seno de la familia: ¿Que otra opción hay sino extrapolarla al resto de nuestra realidad? Y así nos vemos inmersos en un sistema democrático que hace aguas por todas partes, agujereado de mentiras. Todo el mundo lo sabe, lo acepta, lo normaliza: los políticos mienten para llegar al poder. Es algo tan sabido que parece innecesario decirlo. Los ciudadanos mentimos incumpliendo las leyes que, en teoría, nosotros mismos (con nuestro voto) hemos ayudado a implantar, porque no tenemos confianza ni en los políticos que gobiernan ni en el sistema que entre todos hemos creado.

Pero ¿Nadie se da cuenta de que esta situación es extremadamente dramática y peligrosa? ¿Nadie se da cuenta de que la mentira es uno de los cancerígenos más potentes de nuestra sociedad?

Si nadie puede confiar en los que tiene la responsabilidad de gobernar a los demás, si nadie puede confiar en la profesionalidad de los que trabajan en las diferentes disciplinas necesarias para el bienestar de todos, entonces nos ahogamos porque esto es el "sálvese quien pueda" y así no llegamos a ningún sitio.

Hoy, tras ver todas las movilizaciones del ya llamado Mayo 2011,  me pregunto si algo está cambiando realmente. Si, por fin, los ciudadanos en conjunto, salvando nuestras diferencias, nos vamos a unir para reclamar algo básico para que las cosas funcionen: HONESTIDAD. Y no sólo eso, sino que nos vamos a RESPONSABILIZAR de nuestro propio y personal papel en el desastre general. Nos vamos a responsabilizar de la parte de HONESTIDAD que nos toca.

Porque no sólo se trata de que se acaben los trapicheos políticos o bancarios, la corrupción, el mangoneo de los poderosos, la ambición desmesurada de unos cuantos. También se trata de que acabe la picaresca del los de abajo: las bajas por enfermedad falsas, los cobros de subsidio de los falsos parados, los trabajos en "negro"..... porque cuando trampeamos, perdemos todos, y no sólo nos afectan las trampas de cuatro poderosos, sino también las de miles de conciudadanos.

En los países donde encontramos mayor calidad de vida, no sólo corresponden a los que muestran  menos corrupción política, sino que también tienen una ciudadanía que muestra mayor honestidad y responsabilidad a la hora de cumplir sus leyes.

Porque es la pescadilla que se muerde la cola: Los de arriba no son de confianza porque nos mienten y se aprovechan de nosotros y por eso nosotros trampeamos y nos aprovechamos todo lo que podemos del sistema para nuestro propio beneficio y en detrimento de los demás. Así, desde "los de abajo" sólo pueden "subir" individuos cuyo objetivo sea estar arriba, no por el bien común, sino por su propio beneficio y ambición, ya que para alcanzar su objetivo tiene que escalar por un sistema corrupto y, por lo tanto, tienen que utilizar la corrupción y la mentira como herramientas para su ascenso.

Me pregunto donde podemos romper este círculo dramático. ¿Servirán de algo las movilizaciones de los últimos días? ¿Son realmente un síntoma de que algo está cambiando "de verdad"? ¿Que hay de diferente entre estas movilizaciones y las que han ocurrido decenas de veces en las últimas décadas y que en el fondo no han conseguido ningún cambio importante y en profundidad?

Porque unas movilizaciones basadas en echar la culpa a los de siempre no van a servir de mucho. Seguro que, a largo plazo, no van a servir para nada. Me temo que para producir un cambio real las movilizaciones de toda la vida no son suficientes. De estas ha habido muchas y la verdad, tal vez hayan conseguido cambios a corto plazo, pero a largo plazo parece que todo vuelve a la dinámica de siempre, sea cual sea el sistema político: la mentira como medio para ascender  posiciones que nos permitan más dominio y más poder sobre los demás. Políticos cegados por la sed de dominio y poder, mientras la ciudadanía domesticada vive y trabaja cada día concentrada en acumular bienes materiales para sentirse segura y asegurar el futuro de sus descendientes. Así unos cuantos, tal vez los que mejor mienten, consiguen acumular riquezas mientras otros muchos se dejan utilizar y alimentan la codicia de esos "elegidos" con su propia indiferencia y pasividad.

Me parece a mí que el verdadero cambio no va a nacer de campamentos ni manifestaciones si no nos responsabilizamos cada uno de nosotros de nuestro propio papel a la hora de alimentar este viejo sistema enfermo. El enemigo no son esos políticos corruptos ni esos banqueros usureros. No. Ellos también son personas, seres humanos, tan heridos como los que más, seguramente muy inteligentes y con grandes capacidades que, en otro contexto, hubieran supuesto un enorme beneficio para la sociedad en general. Si hubieran sido inútiles o tontos no hubieran estado donde están, y la inteligencia, la capacidad de trabajo de una persona, son bienes que, bien utilizados, suponen un enorme beneficio para toda la sociedad.

El enemigo es este viejo sistema que ENTRE TODOS hemos creado. Así que entre todos tendremos que sanearlo. Todos los que somos seres humanos adultos, inteligentes, cada uno con sus capacidades personales, TENEMOS LA OBLIGACIÓN de ofrecer lo mejor de estas capacidades para mejorar la vida de todos, para crear la sociedad que todos queremos, y no sólo para enriquecernos personalmente. Pero TODOS tenemos que hacerlo. Porque mientras haya una persona trabajando 20 horas diarias mientras otra se toca la barriga y cobra subsidios sin razón, aprovechándose del trabajo de la primera, esto no va a funcionar.

Todos los que en este sistema viven aprovechándose de los demás lo están enfermando y corrompiendo. Da igual que sean los de arriba o los de abajo. Y yo me pregunto ¿Cual es el origen de esta actitud tan negativa y que tanto daño hace? Porque lo más lógico es que el ser humano, que es un ser social,  tienda a vivir en grupo y trabajar para y por el bien común de manera espontánea. Si no, es impensable la supervivencia en las condiciones en las que sobrevivieron nuestros antepasados. Y estoy segura de que en mayor o menor medida todos tenemos todavía esta inclinación a trabajar por el bien común; no hay más que ver todo el trabajo voluntario y no remunerado que se hace actualmente en la sociedad. Y por supuesto, no todos tenemos esa tendencia al "garrapateo" (de garrapata) de los que quieren aprovecharse de los demás para su propio beneficio. Hay grandísimos profesionales en  todos los sectores: desde la política, la banca, la medicina, el mundo empresarial, el mundo del arte, la mecánica, la limpieza, la construcción...etc cuya dedicación está basada en la satisfacción de un trabajo brillante y bien hecho y que beneficie a todos y no sólo a ellos mismos.

Así que me pregunto: ¿Cual es el origen de los individuos con tendencia al "garrapateo"? Y, por supuesto, como ya os imagináis viniendo de mí, la respuesta - o al menos una de las respuestas -  la encuentro en todas mis lecturas sobre el periodo primal del ser humano. Concretamente, en el libro de Jean Liedloff, El concepto del continumm. En busca del bienestar perdido  (Editorial Obstare 2009),  encontramos un ejemplo que me pareció muy significativo. Si tuviera el libro os lo escribiría literalmente pero, como lo he prestado, confiaré en mi memoria para relatároslo:

Entre los Yecuanas de la selva amazónica parece que la vida en paz y en equilibrio social fluye de una manera especialmente fácil y natural. Como muchos de vosotros ya sabéis (y los que no, a leeros el libro toca) Jean Liedloff lo atribuye a un periodo primal en en cual se ha respetado el continumm del bebé, o sea, su necesidad primal de estar en contacto permanente con su madre, junto con el respeto absoluto por todas sus necesidades en cada una de las fases de su desarrollo. En este contexto ocurrió un episodio que Liedloff encontró muy significativo porque el protagonista fue precisamente un adulto que, o bien nació en la ciudad o bien fue trasladado de recién nacido (esto no lo recuerdo bien), por lo que no vivió su periodo primal como sus familiares  de la tribu, sino siguiendo las reglas del mundo "civilizado".

Resultó que esta persona regresó ya adulto,con pareja e hijos, a la tribu, y se estableció bajo la protección de su cuñado y su familia. Así, siguiendo las normas de convivencia de la tribu, el cuñado tenían la obligación de satisfacer todas las necesidades de los recién llegados hasta que ellos estuvieran en condiciones de hacerlo por sí mismos. Parece ser que el cabeza de familia pasó una larga temporada sin "dar un palo al agua", aprovechándose del trabajo de su cuñado y, encima, de un humor de perros.

Lo que más sorprendió a Liedloff no fue la actitud de este individuo recién llegado, sino que su cuñado, sin una sola queja, se dedicará a trabajar como un mulo para mantener las dos familias, siempre de buen humor y sin reprochar nada de nada al vago de su pariente. Tuvieron que pasar varios meses para que este hombre, por fin, reaccionara y empezara a trabajar como le correspondía. Cuando esto ocurrió, su humor cambió radicalmente y los demás aceptaron este cambio con alegría y naturalidad. Liedloff relata que el cuñado responsable le comentó algo así como que su familiar había necesitado un tiempo para darse cuenta de lo que realmente quería, o sea: trabajar para mantener a su familia y por el bien común, y que cuando lo hizo por fin se sintió feliz y de buen humor.

Creo que esta anécdota nos da una clave importante de lo que nos encontramos en esta sociedad de bebés abandonados cuyas necesidades primales no son respetadas por sistema. Y también nos da la clave de donde está una posible solución; un punto donde podemos cortar la pescadilla que se muerde la cola: EN LA CRIANZA DE NUESTROS HIJOS.

Sólo cuando seamos capaces de respetar el periodo primal de nuestros hijos, desde el momento de su concepción, pasando por su nacimiento hasta su crianza posterior; sólo cuando seamos capaces de criar seres libres, empezarán a cambiar las cosas de verdad. Sólo cuando la siguiente generación esté compuesta por un número mínimo de adultos sanos, satisfechos, equilibrados, que han sido amados, cuyas necesidades afectivas fueron cubiertas desde la concepción, que no han sido domesticados, que han sido educados para la libertad y para el respeto, para el servicio a los demás no desde abajo, sino desde la igualdad; sólo cuando la mentira no tenga cabida en las relaciones familiares porque los padres son vistos como sostenedores y acompañantes y no como dominadores; cuando la verdad deje de dar de miedo, cuando la honestidad sea el fundamento de nuestras relaciones humanas. Sólo entonces cambiaran las cosas. Y no cambiarán unos años ni unas décadas, sino para siempre.


Este es el trabajo que nos corresponde hacer a todos los adultos con la responsabilidad de criar a la siguiente generación.  Esta será nuestra pequeña o gran aportación para que las cosas REALMENTE CAMBIEN.

3 comentarios:

  1. Maravilloso post, tienes toda la razón en cada parte. Qué importante la honstidad, habrá que darnos cuenta por ejemplo cuantas mentiras deimos al día, sin querer, sin hacer el mal a nadie.
    Un ejemplo muy claro, suena el telefono y le dicen al niño dile que no estoy, no tengo tiempo de responder al telefono ahora y sin darnos cuenta estamos enseñandoles a mentir... en fin.
    Ahora te sigo.

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  2. Gracias Isha, supongo que estamos metidos en una dinámica de normalización de la mentira de la que será necesario ir saliendo poco a poco. Y yo creo que la crianza de nuestros hijos, la siguiente generación, es una de las claves para cambiar hacia una sociedad más honesta y abierta donde la mentira sea, al menos, algo excepcional.

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