viernes, 4 de julio de 2014

EL SUEÑO INFANTIL ¿UN CONFLICTO DE INTERESES? (I)

LOS DESPERTARES NOCTURNOS DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL CONFLICTO INTERGENERACIONAL.


Hace unas semanas llegó a mis manos un artículo publicado en enero de este año por David Haig en la revista Evolution, Medicine and Public Health, y que llamó mi atención por su peculiar mirada sobre el sueño infantil desde la biología evolutiva. Concretamente interpretaba los múltiples despertares nocturnos de los bebés durante la segunda mitad de su primer año de vida como una adaptación para conseguir retrasar la ovulación de la madre y, con ello, el siguiente embarazo y la llegada de un hermano pequeño; hecho que en ciertas condiciones ancestrales, todavía presentes actualmente en algunas culturas de la tierra, disminuiría significativamente las posibilidades de supervivencia del hijo mayor. 

Lo cierto es que cuando leí el resumen del artículo sentí cierta incredulidad, y pensé que esto no dejaba de ser una teoría más nacida del limitado punto de vista de un especialista que todo lo mira desde los límites de su especialidad. Algo que sigo pensando, porque ya sabemos que cada especialidad científica suele limitarse a palpar e interpretar su "parte del elefante" y que solo una visión interdisciplinar puede acercarnos mínimamente a la realidad. Pero, a pesar de todo, reconozco que leer cuidadosamente el artículo completo me ha hecho reflexionar profundamente sobre las bases de mi filosofía y mis creencias sobre crianza, y siento que esta nueva visión, a pesar de ser contraria a la mía, me ha enriquecido y ayudado a asentar mis propias conclusiones en bases más sólidas. 

Y por lo que parece no he sido la única "removida" por las palabras de Haig. El artículo ha generado un rico debate en el cual cabe destacar la participación de uno de los profesionales más emblemáticos e influyentes dentro del mundo científico del sueño infantil, el profesor James McKenna, que es además uno de los más populares y queridos internacionalmente dentro del mundo de la "crianza respetuosa".

No puedo menos que sospechar que algunos profesionales de la pediatría utilizan argumentos semejantes a los de Haig para apoyar sus tratamientos contra el Insomnio Infantil por Hábitos Incorrectos de cara a los padres, tanto desde sus consultas como desde los medios de comunicación de masas. Por eso me ha parecido interesante traeros este artículo y el debate que ha suscitado. Como va a ser largo lo dividiré en tres artículos. En el primero os explico el artículo original de Haig. En el segundo profundizaré en la respuesta de McKenna y de otra antropóloga, la doctora Katie Hinde. Y en el tercero expondré mis propias conclusiones, además de algunas de las contra-respuestas de Haig a los dos antropologos citados anteriormente. 

Interpretar los despertares nocturnos de los bebés como un intento de retrasar al máximo el siguiente embarazo de la madre no es nuevo. Como el mismo Haig informa en su artículo, en el año 1987 Bluntor Jones y da Costa ya publicaron un artículo presentando esta hipótesis. Evidentemente, con esta aproximación no pretendían decir que el bebé tuviera conscientemente la intención de evitar que su madre ovulara para retrasar el siguiente embarazo. Lo que ocurre es que, en los albores de la humanidad, los bebés que se despertaban más y mamaban más tenían madres que ovulaban más tarde, retrasando así el siguiente embarazo y aumentando no solo sus posibilidades de supervivencia sino también de tener descendencia y de pasar este comportamiento a sus hijos. 

Esta capacidad anticonceptiva de la lactancia materna era ya un hecho ampliamente conocido en el momento en que salió esta publicación, pero Bluntor Jones y da Costa sacaron a la luz un detalle importante: el intervalo entre nacimientos óptimo es más corto para los padres que para los hijos. Dicho con otras palabras: el intervalo entre nacimientos que mejor garantiza la supervivencia de cada hijo no es el mismo que el que mejor garantiza el mayor número de descendientes vivos a los padres. Esto significa que existe un conflicto intergeneracional entre los intereses de ambos: un conflicto de intereses que puede llegar a resolverse con una situación que no sea la más óptima y saludable para alguna o ninguna de las dos partes, pero que mantenga el equilibrio y permita que el sistema funcione. 

Se puede llegar así a sacrificar salud y bienestar por idoneidad (la palabra utilizada en inglés es "fitness"). En este caso en concreto, en el contexto de los despertares nocturnos de los bebés, Haig opina que el niño está sacrificando un sueño más consolidado, lo que actualmente algunos consideran más saludable para su desarrollo cognitivo y su salud en general, por retrasar todo lo posible la ovulación de su madre, retrasando así la llegada de un nuevo hermano. Por su parte, a la madre le interesa que el bebé tenga un sueño lo más consolidado posible, por lo que utiliza todas las herramientas que tiene a su alcance, como por ejemplo la composición de la leche materna nocturna que favorece el sueño. Esta linea de pensamiento anima a Haig a hacer una afirmación extremadamente polémica: No hay ninguna garantía de que la leche materna sea el alimento ideal para el bebé, ya que estaría diseñada para favorecer los intereses de la madre, los cuales no son necesariamente los mismos que los del bebé, a pesar de que haya un solapamiento importante. 

El hecho de que los bebés alimentados con biberón de leche adaptada, o que los que son adiestrados a no recibir leche materna humana por la noche, tengan un sueño más consolidado que los bebés alimentados a demanda con leche humana por la noche, es prueba para Haig de su teoría. Según su razonamiento este fenómeno seria interpretado como la inactividad facultativa de una función no efectiva: el bebé ya no reclama por la noche porque esta acción no produce el efecto deseado, esto es, consumir leche humana para retrasar la ovulación de la madre. Los bebés alimentados con leche adaptada consolidan su sueño porque sus reclamos - esto es, su sacrificio del sueño consolidado - no sirve para retrasar la ovulación. Los bebés adiestrados a no recibir lactancia materna por la noche consolidan su sueño porque aunque se despierten no van a recibir lactancia materna y por eso este comportamiento no es útil para retrasar la ovulación. 

A parte de este conflicto intergeneracional, Haig describe también un conflicto intragenómico - esto es, entre los genes de origen paterno y los de origen materno - dentro del mismo bebé. Para defender su visión se basa en dos síndromes, cada uno consecuencia de la delección total o parcial de genes en el cromosoma 15:
  • El Síndrome de Prader-Willi. Resultado de una delección en el cromosoma 15 paterno y en el cual uno de los síntomas que tienen los bebés afectados es que no maman con efectividad y duermen en exceso.
  • El Síndrome de Angelman: Resultado de una delección en el cromosoma 15 materno. Los bebés afectados tienen un sueño inquieto con muchos despertares nocturnos.
Ambos síndromes son para Haig prueba de como los genes maternos inducirían un sueño más consolidado, entrando en conflicto con los genes paternos que favorecerían los despertares nocturnos. Por lo tanto los genes de origen paterno serían seleccionados para favorecer intervalos entre nacimientos más largos que los genes de origen materno. La competición entre ambos tipos de genes hace a Haig suponer que la maduración del sueño infantil desde un sueño más inestable a uno más profundo y consolidado no es un proceso precisamente armonioso ya que sería el resultado del conflicto generado por los diferentes genes. Conflicto que disminuiría con el tiempo a medida que el bebé madura y aprende a dormir todo la noche. Por lo tanto, la arquitectura del sueño infantil solo sería como una especie de caos estructural resultado de la puesta en común de planes contradictorios.

No hace falta decir que con este artículo Haig lanza una bomba a las bases de la que hoy en día llamamos "crianza natural", cuyos cimientos son precisamente el respeto por los comportamientos considerados "instintivos" tanto en los hijos como en los padres, y que se basa en disciplinas como la medicina evolutiva o la pediatría evolutiva. Y la onda expansiva no solo afecta al sueño infantil, sino a todos los niveles de esta filosofía, incluida la hasta ahora intocable lactancia materna. Según Haig, la escuela de pediatría evolutiva ignora sistemáticamente las consideraciones que conllevan estos conflictos intergeneracional e intragenómico porque según ella las necesidades de los hijos y las respuestas de los padres estarían diseñadas por la selección natural para maximizar la probabilidad de supervivencia del hijo y, con ello, el éxito reproductivo de los padres. Pero Haig nos dice que esto no es así ya que las condiciones que maximizan la idoneidad para padres e hijos no son las mismas

En el contexto del sueño infantil todo esto lleva a Haig a afirmar que, aunque es cierto que las condiciones actuales en las que ponemos a dormir a los niños en la sociedad occidental están lejos de las que han existido durante gran parte de la evolución humana del sueño, y aunque ciertamente debemos preguntarnos si estas diferencias tienen consecuencias para la salud de los niños, sería irresponsable recomendar cambiarlas basándonos en esta discordancia sin evidencias epidemiológicas de los daños causados. Porque, según él, la discordancia entre las dos condiciones solo será problema si produce una patología. 

Haig finaliza su artículo haciendo referencia a lo que Bowlby denominó como Ambiente de Adaptación Evolutiva (Environment of Evolutionary Adaptedness, o EEA). Con este término Bolwby definió lo que sería el ambiente en el cual una especie ha evolucionado y que, por lo tanto, es el que determina lo que finalmente ha llegado a ser. Según este científico, cada sistema biológico trabajará de manera eficaz solo en este ambiente y ninguna característica de una especie, ya sea su morfología, fisiología o comportamiento, puede ser comprendida o discutida de manera inteligente si no es en relación con su EEA. 

Para Haig, identificar el EEA con el ambiente idóneo que produce un máximo bienestar mezcla los conceptos de idoneidad y salud. Haig opina que no evolucionamos para estar sanos y ser felices, sino que evolucionamos para ser idóneos, y seremos más o menos felices, tristes, amables, crueles, generosos, o rencorosos según estas características nos acerquen al estado de máxima idoneidad. 

Según sus propias palabras:
"Podemos aspirar a quedarnos con las adaptaciones más positivas de nuestro repertorio mientras desechamos las negativas, y podemos aspirar como colectivo a la salud y el bienestar. No hay un paraíso perdido en perfecta harmonía entre madre e hijo. Lo que era lo mejor para uno no era lo mejor para el otro. Ellos nunca fueron un único cuerpo y una sola carne. Los conflictos genéticos dentro de la familia son parte de nuestra herencia biológica, tanto como el amor y el cuidado de nuestros niños". (La negrita es mía). 
En resumen: Haig considera que el comportamiento instintivo no lleva obligatoriamente a una situación más saludable o feliz ya que la evolución trabaja para lograr un equilibrio dentro de los conflictos entre las diferentes partes. Por lo tanto, para este científico, basarse en que un comportamiento es instintivo para defenderlo, o considerar que un comportamiento alejado del instintivo es por defecto pernicioso, no tendría sentido si no se ha demostrado previamente que esta situación produce una patología.

Y hasta aquí mi presentación del trabajo del profesor David Haig. En el próximo post os presentaré la respuesta de dos de sus colegas. Uno es el profesor James McKenna, antropólogo y director del Laboratorio del Comportamiento del Sueño de la Madre y el Bebé de la Universidad de Notre Dame (Indiana, USA), al que seguro que todos conocéis por su defensa del colecho y sus estudios sobre el sueño de la madre y su hijo. Y la otra es la doctora en antropología Katie Hinde, profesora asistente en la Universidad de Harvard con una amplia experiencia en la investigación sobre lactancia y evolución.

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5 comentarios:

  1. Hola María, creo que este otro artículo también te puede interesar. Yo también estoy siguiendo este hilo y ahora voy entendiendo más cosas sobre mi hijo y también sobre mi forma de aceptar o no aceptar esos despertares (incluso colechando). Creo que los despertares nocturnos del bebé son pura superviviencia evolutiva, tanto para manterner la amenorrea de la lactancia y la anovulación de la madre, como para prevenir la muerte súbita, las apneas... El texto que te presento es de Barbara Harrell y se llama "Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural", espero que te guste leerlo y te mando un abrazo: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

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    1. Muchísimas gracias. Seguro que es muy interesante. Desde luego es un tema apasionante.

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  2. Buenas
    me gustaría leer la respuesta de McKenna al artículo de Haig, dónde puedo hacerlo?
    gracias
    Feliz año!
    Gabriel

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  3. Aquí está Gabriel: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3982898/pdf/eou006.pdf

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