viernes, 16 de marzo de 2012

UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

Seguro que al leer el título de este post os habéis imaginado escenas de guerras, genocidios y holocaustos, pero a mí estas palabras me vinieron al la cabeza cuando, de la mano de Mama de Marte, vi este vídeo:


Y luego mi amiga Nohemí me enlazó este otro:


Y ahora mismo creo que es difícil caer más bajo: 


  • Primero creas una nueva vida humana a medida de tus gustos:  genes occidentales de donantes con las características que te interesan, por supuesto ¿quién quiere un niño con rasgos indios o los genes de una mujer pobre o, simplemente, sin sus propios genes? 
  • Después utilizas el útero y el cuerpo de una mujer para que lo geste aprovechándote de su estado de indefensión, pobreza y sometimiento, poniendo en peligro su integridad física (la clínica ya se encargará de no tener responsabilidades si algo malo ocurre y tú, desde luego, no tendrás ninguna) sometiéndola a un proceso esclavizante, aberrante, explotador e inhumano en el cual le vas a obligar a vivir encarcelada y alejada de sus hijos para al final obligarla abandonar a ese bebé que ha gestado y, por lo tanto, es también hijo suyo (tenga o no su DNA y su color de piel). 
  • Por no hablar ya de que, por supuesto, el bebé nacerá en una cesárea programada para que su nacimiento encaje en tu agenda a la perfección. El derecho de la madre a parir ese hijo de la manera más segura para ella misma y para el bebé os lo pasáis por donde os apetece (tú, el o  la médico y  todos los intermediarios de esta aberración)
Y claro, no lo haces sólo con una mujer, no, lo haces con varias para asegurarte el éxito al mejor precio posible. Al fin y al cabo sólo es una cuestión de enseñar billetes y darlos. Luego eliges el embarazo que más te interesa (si son gemelos, niño o niña, rubio o morenito y, por supuesto, sano sanísimo que si no no vale) y el resto como si nunca hubieran existido. La(s) otra(s) mujer(es) embarazada(s)  que ya no te interesa(n), que se apañe(n): que aborte(n), que lo abandone(n)  o que lo cargue(n) de por vida sumergiéndose más en su pobreza. A ti te da igual porque ya tienes lo que quieres: un precioso, sano y rollizo bebé (o bebés) con los que ejercer de amoros@ padre/madre. 

Y el bebé. Aquí, desde luego, es el que menos importa. Si no es perfecto, si está enfermo, si no es del sexo deseado..... no importa nada porque, haya nacido o no, se queda fuera de la ecuación ipso facto. Pero incluso el Elegido, el perfecto, el que cumpla todos los requisitos, ése que no se haga demasiadas ilusiones porque:

- No tendrá ninguna opción a que se respete su derecho más fundamental: el de no ser separado de su madre, o sea, de la mujer que lo ha gestado y que él reconoce como madre.

- Tampoco tendrá derecho a nacer cuando y como le conviene a él, sino que lo hará cuando le convenga a sus "futuros padres", por supuesto mediante cesarea. 

- Del contacto piel con piel y la lactancia materna prefiero ya ni hablar..........

- Si proviene de los gametos de desconocidos, aunque uno de ellos sea el óvulo de la propia mujer gestante, tampoco tendrá nunca derecho a su identidad biológica.

- Y tampoco tiene derecho a no ser tratado como una mercancía porque será COMPRADO. Exactamente eso es, por mal que suene, ya que la madre que lo gesta, y que es su madre, lo venderá por dinero. Y eso en mi pueblo se llama comprar. Y no me vengáis con que no es el bebé lo que se compra sino el útero lo que se alquila porque eso es pura demagogia barata. Al fin y al cabo nadie ha denunciado a esos padres que no se han hecho cargo del "producto" de la concepción, como se explica en el segundo vídeo, lo que significa que se asume que no tienen ninguna responsabilidad sobre la criatura ¡Aunque esta lleve sus genes!: sólo es suyo si lo aceptan, o sea, si lo compran. 

Cuando en el segundo vídeo he visto que a todo esto la doctora india le llamaba "acción humanitaria" no he podido evitar soltar una carcajada - eso sí, llena de amargura - porque en los últimos tiempos estamos viendo a lo que llevan esas "acciones humanitarias" y esa "caridad" tan mal entendida que se ejerce desde el orgullo, el poder y la grandiosidad del que se cree con la verdad y el Bien de su lado, pero que no reconoce la humanidad  de las personas sobre las que está ejerciendo esa caridad. Hoy en día a la caridad  que ejercieron algunos miembros de la Iglesia Católica y del personal sanitario involucrado en las adopciones/apropiaciones de los últimos 40 años (o más) se le está llamando "compra/venta" y "tráfico" de bebés. De hecho, el abogado que comenzó con todo, Enrique Vila, lo llamó el caso de los Niños Robados y con eso se ha quedado. 

¿Cómo llamarán a la maternidad subrogada las siguientes generaciones? ¿Qué sentirán estos niños de adultos cuando descubran su historia? ¿O cuándo se den cuenta de que no tienen ninguna posibilidad de descubrir nada? ¿Cuándo se enteren de que ellos y sus derechos quedaron muy por detrás del deseo de sus padres de ser padres? 

¿Qué le dirán a su hij@ los que deberían haber sido los padres del bebé de Sinaida? ¿Qué los eligieron a ellos a la vez que abandonaban a su suerte a otro hermano porque ya no les interesaba? ¿Y los padres de Antton? ¿Qué le dirán a su mellizo? ¿Le contarán como abandonaron en un orfanato ruso a su hermano porque estaba ENFERMO? (podéis ver las historias en el primer vídeo)

Me hierve la sangre y me sangra el alma al pensar que personas capaces de algo semejante viven en este mundo respetadas, apoyadas y comprendidas por sus semejantes. No entiendo como no se están pudriendo en la cárcel. Lo siento en el alma, pero estas historias me rompen algo muy profundo y sacan lo peor de mí, tal vez  porque rascan una vieja y profunda herida marcada a fuego en mi vida primal. 

Por eso me siento con el derecho de gritarlo alto y claro:


 PARA SER PADRES NO TODO VALE. 

Porque

 SER PADRES NO ES UN DERECHO.

Los derechos los tiene la criatura a no ser concebida para


Ser separada de su madre 

Nacer cuando no está preparada para ello

Ser tratado como una mercancía que se compra y se vende


Concebir una criatura con la finalidad de pisar todos sus más primordiales derechos es un crimen contra la humanidad. No lo puedo llamar de otra manera.  

viernes, 9 de marzo de 2012

¿ES POSIBLE LA VERDADERA CONCILIACIÓN?


A través de SINA (Asociación de Apoyo a la Lactancia Materna y Crianza consciente en Valencia) me llegó esta viñeta que representa (más o menos acertadamente: yo quitaría el comentario de las sandalias) uno de mis sueños: la maternidad integrada en la vida social y laboral de las mujeres.

Pero reconozco que, de todas las ideas que suelo exponer en mis artículos sobre conciliación (como Sobre feminismo y bebes, o Eunucas de la maternidad ) esta es la que más incredulidad y controversia crea. ¿De verdad puede una mujer moderna ejercer su profesión con el niño a cuestas? y ¿De verdad vale tanto la pena hacer el esfuerzo que eso conllevaría?

Es bien sabido que si nos trasladamos unos cuantos miles de años para atrás, o echamos un vistazo a otras culturas contemporáneas de las consideradas "primitivas", vemos que las mujeres integraban e integran su maternidad en su día a día con naturalidad. Es una cuestión de supervivencia. Si hay que recolectar, cultivar, pastorear o procesar los alimentos para comer cada día, las mujeres no se pueden permitir ninguna "baja maternal", ni de 4 meses ni de dos años, y desempeñarán su tarea con el niño a cuestas,  adaptando su dinámica a la presencia del pequeño.

También en estas culturas, tal y como explica Jean Liedloff en su libro El concepto del Continumm, el bebé se integra automáticamente en la rutina de su madre sin convertirse en el centro alrededor del cual gira toda la vida de ella. Esto no significa que la criatura no sea importante para ella, o que la quiera menos de lo que nosotras queremos a nuestros hijos, todo lo contrario. Tanto es así, que siempre está presente. Pero ella sigue realizando sus actividades, aunque con el niño SIEMPRE a su lado, en su regazo y con el pecho a su alcance los primeros meses y, más tarde, cuando el niño empieza a gatear y explorar por su cuenta, siempre accesible y a la vista, para que pueda volver a ella cuando lo necesite, en busca de teta, consuelo o mimos.

¿Podemos considerar esta manera de actuar de las madres "primitivas" como la más conveniente para nuestros bebés? En palabras de la misma Jean Liedloff:

"... El nacimiento no puede considerarse un acontecimiento indicador de la terminación del bebé, como si fuera el final de una cadena de montaje, ya que algunos complementos ya han nacido en el útero y otros no funcionarán hasta más tarde. El recién nacido que llega al mundo con la placentera experiencia de haber tenido una serie de expectativas que han sido colmadas en el útero, esperará o, con más exactitud, tendrá la certeza de que sus nuevas expectativas también serán satisfechas.


¿Que ocurre a continuación? A lo largo de decenas de millones de generaciones, lo que ha ido ocurriendo es el trascendental cambio de abandonar el entorno totalmente vivo del interior del cuerpo de la madre para ir a otro entorno exterior sólo parcialmente vivo. Aunque el cuerpo de la madre, que se lo ha dado todo, siga estando ahí, así como sus acogedores brazos - desde que el ser humano tiene las manos libres al andar erguido - el bebé siente el contacto del extraño e inánime aire en su cuerpo. Pero también está preparado para esta sensación; estar en brazos de su madre es para él el lugar esperado, en lo más recóndito de su ser sabe que es su lugar, y lo que experimenta mientras está en brazos es aceptable para su continumm, satisface sus necesidades actuales y contribuye adecuadamente a su desarrollo."

(El resaltado en negrita es mío)



O sea, el habitat natural del cachorro humano es el cuerpo de su madre. Esto parece más esencial cuanto más no acercamos al momento del nacimiento, tal y como nos revela el prestigioso pediatra Nils Bergman en sus estudios sobre la reacción de los bebés prematuros según se les coloque o se les separe del pecho de su madre, o los estudios sobre la herida primal de la psicoterapeuta Nancy Verrier.

Pero también es cierto que tanto en las diferentes culturas actuales, como en muchos mas momentos a lo largo de la historia,  está y ha estado ampliamente aceptado que la figura maternal no tiene por que ser obligatoriamente la madre biológica el 100% del tiempo.  La propia Jean Liedloff escribió:

"Evidentemente, no es necesario que sea la madre biológica la que desempeñe el papel maternal de satisfacer las necesidades del bebé, ni tampoco que la madre sustitutiva sea una mujer o un adulto, excepto en el momento de alimentar al bebé..."

Según Meredith Small en su libro Nuestros hijos y nosotros: 


" Los estudios interculturales muestran también la idea de que el vínculo monotrópico (es decir, un progenitor a la vez vinculado con un bebé a la vez) es una visión limitada de las relaciones humanas. Edward Tronick y otros colegas investigadores han demostrado que un bebé pigmeo efé es atendido por varios adultos ; esta relación niño- adulto puede ser más comunitaria. Durante los primeros cuatro meses de vida estos bebés pasan la mitad de su tiempo con un adulto que no es su madre; además, los amamantan varias mujeres que estén en perido de lactancia. El bebé sabe con claridad quienes son su padres, pero tiene varios adultos de quienes depender. En un sistema social que valora la comunidad por sobre todas las cosas, este vínculo multifacético produce una estrecha red de relaciones sociales: los bebés se apegan a varios adultos y los adultos a varios bebés. "


Parece evidente que existen muchas soluciones a la hora de criar a un ser humano pero ¿Son todas igualmente convenientes? El bebé es una criatura excepcionalmente adaptable, lo que no quita que determinadas condiciones de crianza puedan producir daños irreparables. Un ejemplo extremo serían los casos documentados de bebés criados por animales y que Jean Liedloff describe en su libro:

"La capacidad que tienen los niños que se han criado entre animales de adaptarse a unas condiciones inadecuadas es mucho mayor que la capacidad de cualquier animal de adaptarse al estilo de vida de los humanos. Pero la muerte prematura de la mayoría de estos niños, el sufrimiento padecido después de haberlos capturado y su incapacidad para superponer la cultura humana a la cultura animal ya establecida y desarrollada demuestra también la profundidad con la que la cultura, una vez aprendida, se convierte en parte de la naturaleza del individuo humano."

Por lo tanto, la supervivencia del bebé no garantiza que haya sobrevivido salvaguardando todo su potencial como ser humano. Hay condiciones de crianza extremas en las que el daño provocado puede ser irreparable, ya que lo vivido en el periodo primal determina el desarrollo posterior de esta persona.

Pero ¿Todas las condiciones que se desvíen de la condición teóricamente ideal pueden producir daños?

Como ya he comentado, la neurología, la pediatría y la antropología entre otras disciplinas, nos están demostrando que las condiciones de crianza en el periodo primal determinan poderosamente la personalidad y salud del adulto. Podemos suponer que cada cultura criará a sus bebés para obtener seres humanos adultos con las características necesarias para que la mantengan a lo largo de las generaciones, tal y como vemos en el ejemplo citado por Meredith Small de los bebé efé, cuya prioridad es la generación de adultos que valoren su comunidad sobre todas las cosas. Y ya hace tiempo que Prescott descubrió que el contacto piel con piel de los bebés con sus cuidadores y el afecto con que son criados tienen una poderosa influencia en el grado de violencia que desarrolla esa sociedad.

¿Y nosotros, los dominantes y agresivos occidentales?

Como dice Michel Odent, somos el Homo sapiens superdepretator y hemos llegado a este punto a base de imprimir a fuego la herida primal en todos nuestros bebés. Pero el Homo sapiens superdepredator debe  evolucionar porque se está dirigiendo inexorablemente al trágico destino de la extinción. Es hora de dar paso al nuevo Homo sapiens ecologicus, más empático, pacífico, respetuoso con sus semejantes y con la vida entera; un ser humano capaz de desarrollar su capacidad de amar al máximo de sus posibilidades. ¿Y cual es el primer paso para llegar a desarrollarnos como ecologicus y no como superdepredator? ¿Tal vez el respeto por las necesidades primarias del bebé recién nacido, la principal de las cuales es estar en contacto continuo con el cuerpo de su madre?

En nuestra sociedad occidental patriarcal, competitiva, masificada, individulista y, en definitiva, depredadora, no es extraño que hayan triunfado los métodos de parto y crianza que fuerzan la separación entre madre y bebé, sumergiendo a la criatura en un estado de estrés crónico y obligándole a endurecerse y ser independiente cuanto antes, liberando así a su madre del ejercicio de la maternidad para poder masculinizarse lo suficiente y ser valorada social y laboralmente. Así se garantiza la formación de adultos llenos de carencias primales, con poca capacidad de empatía, inmaduros, que necesitarán depender del papá estado, que encontrarán en todas las ofertas comerciales - esas que sustentan nuestra economía de la abundancia y el exceso - unos sustitutos de lo que realmente echan de menos desde su periodo primal - la presencia, el cuerpo y el pecho de su madre - pero que ya han olvidado, dejando dentro de sí un vacío inmenso que se llenará a base de adicciones tan dispares como la comida basura o simplemente en exceso, el tabaco, el alcohol, las drogas ilegales, el trabajo a destajo, la ropa de marca, los coches deslumbrantes o la actividad sexual coital deshumanizada.

También se garantiza el desarrollo de mujeres castradas en su sexualidad maternal, incapaces de reconocer el deseo que sentimos por nuestro hijo recién nacido y capaces de ignorar sus necesidades hasta el extremo de dejarles llorar siguiendo manuales absurdos, o trabajar lejos de ellos durante más de 8 horas al día, por no hablar ya de la necesidad de "liberación" que sentimos  ante la demanda constante de nuestra cría recién nacida que debería estar dentro de nuestro útero unos meses más, pero que la evolución ha obligado a salir antes de tiempo, cuando todavía no está preparada y necesita contacto continuo con el cuerpo de su madre durante el periodo de exterogestación. Mujeres programadas para infligir la herida primal en nuestros hijos en el mismo momento de nacer.

La herida primal es nuestro pecado original. Por ella parimos con dolor. Por ella permitimos que interfieran entre nuestros hijos y nosotras. Por ella no es placentero amamantar. Por ella, necesitamos "liberarnos" de nuestros bebés para poder realizarnos como mujeres. Por ella, nuestros compañeros reclaman a la mujer coital eterna, nunca madre, siempre disponible.

La herida primal es la principal herramienta del patriarcado para someter tanto a hombres como a mujeres, y obligarles a jugar su juego y a la vez es la consecuencia del propio juego del patriarcado.

¿Cuando estaremos preparados para la primera generación libre de ella? Actualmente este momento parece lejos, pero ya se están dando los primeros pasos. Desde que en 1970 Michel Odent puso la primera piscina de partos en su maternidad, cada vez más y más profesionales de la obstetricia y la ginecología  luchan y trabajan para que las condiciones necesarias para el desarrollo de los partos humanos fisiológicos, respetuosos y orgásmicos se den por defecto para todas las parturientas y sus bebés, a la vez que se garantiza la seguridad del proceso mediante la formación de los profesionales adecuados y el acceso a la tecnología necesaria para resolver una situación patológica. Y cada día más madres y padres reivindicamos todo esto para nuestros partos.

Pero el parto sólo es el primer paso. La necesidad del bebé de estar en contacto continuo con su madre los primeros meses, el periodo de exterogestación, es una realidad demostrada desde diversas disciplinas. Y para que esto ocurra necesitamos madres sanas, libres y dispuestas a darle a su hijo lo que necesita. Para ello la maternidad no puede convertirse en una cárcel que encierra a la mujer en casa, la despoja de todo su prestigio social a la vez que destruye todas sus aspiraciones laborales, convirtiéndola en una persona totalmente dependiente económica y socialmente de su compañero.No, la solución no es la que han sufrido cientos de generaciones de mujeres patriarcales, heridas, castradas, infantilizadas, infravaloradas, cosificadas y humilladas.

La solución pasa por el reconocimiento de la maternidad, su integración en la vida pública y laboral de la madre. Y para ello hace falta un cambio radical en la sociedad y el mundo laboral que hoy por hoy prefiere ignorar la maternidad y aparcar a las criaturas en guarderías para que no molesten, cerrándose en banda al reconocimiento de las necesidades de estos bebés y sus madres.

Pero ¿Como?

Uno de las cuestiones que salieron el otro día en la presentación de nuestro libro en Zurich, fue el hecho de que si nunca hay mujeres en puestos de poder -porque se dedican a ser madres que crían a sus hijos - el sistema no va a cambiar. El problema que yo veo a este argumento es que estas mujeres, para llegar a donde están, primero han tenido que convertirse adecuadamente en la mujer patriarcal, castrada y masculinizada y, por lo tanto, cuando alcanzan este poder se limitan a jugar con las mismas reglas del juego sin tener la mínima intención de cambiar nada. Ejemplos de esto nos sobran, desgraciadamente.

Hoy por hoy lo más políticamente correcto es volver al trabajo lo antes posible tras el parto, dejando el bebé en las manos de una cuidadora toda la jornada laboral desde los 4 meses o incluso antes.  Conscientemente se desprestigian,  o directamente se ignoran, todos los estudios que demuestran la importancia de la presencia constante de la madre y la lactancia materna para los bebés de tan corta edad, a la vez que se pregonan a los cuatro vientos los pocos estudios que parecen quitarle importancia a estos factores, independientemente de su calidad, muchas veces manipulando con los titulares las verdaderas conclusiones del trabajo.

Pero, a pesar de los pesares, también hay otras mujeres y hombres que de manera no tan vistosa, día a día y como hormiguitas, van cambiando las cosas poco a poco.

Porque es posible.

El otro día tuve el honor de leer el artículo de una nueva mamá bloguera - Gemma, del blog Como una manada e investigadora de profesión - en el que nos cuenta como se llevó a su bebé de tres meses a un congreso en el que ella formaba parte del comité científico.  Gemma no ha salido en todos los medios de comunicación, como en su día salio la eurodiputada  italiana Licia Ronzulli, pero demuestra de una manera mucho más realista y sencilla como en muchas ocasiones el bebé puede disfrutar de lo que más necesita, su madre, mientras esta ejerce su profesión y cumple perfectamente con sus obligaciones profesionales.

Gemma ha demostrado que la verdadera conciliación sí es posible y, junto a ella, muchas madres cada día nos lo demuestran con su ejemplo. Sin ir mas lejos, la blogosfera está repleta de madres realmente conciliadoras. Os pongo otros ejemplos de los muchos que conozco y que yo personalmente admiro mucho por su valentía, entusiasmo y creatividad para combinar el cuidado de sus hijos con su vida profesional:

* Nohemí de Mimos y Teta, a la que vemos en la foto de al lado porteando a su tercera hija mientras da una charla en la Gerencia de Atención Primaria en Las Palmas de Gran Canarias, en el marco del punto mensual de encuentro de enfermería.

* Louma, de Amor Maternal (blog que ha ocupado el segundo puesto del ranking de wikio durante meses - yo juraría que lo he visto también el primero aunque su autora me dice que no - y sigue muy bien posicionado) que compagina el cuidado de su hijo a tiempo completo con su trabajo de escritora  y diseñadora, además de la realización de talleres virtuales y presenciales sobre crianza respetuosa y la salud bucal de los más pequeños (ella es odontóloga).

* Raquel y Enriq, él diseñador gráfico, ella escritora, puericultora y asesora de lactancia y porteo; ambos al frente de la revista Madre Tierra y de varios blogs como La casa de las Mamás, Madre Tierra, Buscando trazos y Buscando Chapas y todo combinado con la crianza de su hijo también a tiempo completo.

* Y Jesusa, nuestra doula más guerrera y comprometida, que según nos anunció ayer en FB, ya ha vuelto de Brasil a donde fue por motivos profesionales y con su pequeña Anaís bien colgadita de su cuerpo, por supuesto.

Y la lista podría continuar y continuar porque hay muchos más, madres y padres que no han querido renunciar a la crianza de sus hijos y que han luchado por compatibilizar su vida laboral con las necesidades familiares. Pero claro, ellas y ellos lo hacen a la sombra, en trabajos que no salen en los grandes medios de comunicación cada tres por cuatro y que tampoco los meterán en las listas de las grandes fortunas mundiales o en los primeros puestos de poder de los partidos políticos. Pero a pesar de pasar desapercibidos para el resto de los mortales, a pesar de que su radio de acción no es muy grande, su influencia nos hace mucho más bien a todos de lo que somos realmente conscientes.

Porque todas estas mujeres y todos estos hombres, madres y padres, nos están demostrando que incluso en las nefestas condiciones actuales, la verdadera conciliación laboral es posible.

Claro que, tal cual está la situación, tampoco es fácil. Muchas de estas familias han tenido que dar un giro de 180 grados a su vida profesional para poder ejercer la maternidad /paternidad como ellas y ellos querían. La mayoría ha sacrificado mucho poder adquisitivo. Puedo imaginarme que si las cosas hubieran sido diferentes, muchas y muchos hubieran podido seguir con sus profesiones ganando mucho más dinero y sin verse obligados a encontrar alternativas.

¿De verdad es tan imposible ejercer de ejecutiva con tu bebé de meses colgado en un fular? ¿De verdad no puedes darle el pecho mientras sigues con tu reunión? ¿No puedes escribir tus informes mientras el duerme en tu regazo? ¿No puedes atender a tus clientes mientras tu recién nacido duerme plácidamente en su fular colgadito a tu espalda o a tu pecho?

Yo creo que sí es posible, sólo hace falta un cambio de mentalidad muy grande y no sólo por parte de la sociedad, sino también por parte de los propios padres.

Por un lado la sociedad tiene que empezar a priorizar las necesidades de los más pequeños por delante de todo lo demás, considerando el cuidado y crianza de los hijos como la actividad más importante para garantizar el futuro y el bienestar de todos. Y tiene que dejar de autojustificarse, buscando argumentos por aquí y por allá para intentar justificar la institucionalización de las criaturas 10 horas al día, cinco días a la semana desde el primer día de vida.


Y por otra parte los padres tenemos que dejar de paralizarnos cuando nos llega un bebé a nuestras vidas. Dejar de considerarlo un muñeco de cristal que mejor está en su cunita, a salvo, donde no se rompa, y empezar a reconocer en él la cría de mamífero que reclama cuerpo materno las 24 horas del día.

Este cachorro humano  que necesita formar parte desde el principio de la comunidad a la que pertenece, sin que le aíslen en una habitación pintada con florecitas rosas o angelitos azules, que necesita mirar el rostro de los adultos inmersos en sus actividades diarias, y no el móvil de jirafitas girando eternamente encima de su naricilla.

En definitiva, el cachorro humano que reivindica su lugar en su comunidad desde el primer día de su vida extrauterina, reclamando que sus necesidades sean cubiertas, como merece y tiene derecho, para desarrollarse íntegramente en todo su potencial.

Por supuesto que es posible y, sobre todo, vale la pena el esfuerzo.









miércoles, 7 de marzo de 2012

¡¿EN QUE NOS ESTAMOS CONVIRTIENDO?!

De la mano de Carolina, autora del blog La Mamá de Mateo, me llega esta desgarradora historia de inhumanidad, maltrato, prepotencia y crueldad extrema. No me puedo creer que esto haya ocurrido, o que incluso esté ocurriendo cada día en nuestros hospitales. Os advierto que leerla puede afectaros muchísimo, pero no podemos permanecer con los ojos cerrados.

¿Quiénes eran esos profesionales de la salud para negar a estos bebés la oportunidad de luchar por sus vidas, por pequeñas que fueran sus posibilidades de supervivencia?

Pero incluso aunque tuvieran razón en sus predicciones de que los pequeños no tenían la mínima posibilidad de sobrevivir: ¿Quiénes eran  para negarles a estos niños una muerte digna en brazos de sus padres? ¿Como es posible que los dejaran morir de frió y soledad en lugar de proporcionarles una muerte cálida, suave, sobre el pecho de su madre o de su padre o de su abuela?

¿Como desearían morir ellos mismos: solos, desnudos y helados sobre una mesa o abrazados por sus seres queridos?

Frente a tanto dolor frío, terrible e inhumano quiero poneros aquí otra historia: La historia del nacimiento y muerte de Kai. También es dolorosa, muy dolorosa,  porque la muerte de un recién nacido siempre es terriblemente dolorosa, pero en este caso hay mucho más que dolor. Hay un Amor inmenso que lo inunda todo. Es increíble como el Amor puede enseñarnos su rostro en un momento tan doloroso y traspasar las fronteras del tiempo y el espacio, inundando a todo aquel que comparte la experiencia de Paloma y su familia frente al nacimiento su bebé, muerto al poco de nacer. Una muerte anunciada pero respetada y digna, en brazos de sus padres, rodeado de su calor y de su amor. Paloma y su familia tuvieron que nadar contracorriente, frente a la incomprensión de la gran mayoría que no entendían la necesidad de pasar por eso. Yo lo entiendo. Lo entendí perfectamente cuando a través de las palabras de Paloma, pude ver la muerte digna, respetada y rodeada de Amor del pequeño Kai.

Todos nacemos y todos morimos. Todos tenemos derecho a un nacimiento digno y respetado, y todos tenemos derecho a una muerte digna y respetada, independientemente de que hayamos vivido 1 minuto o 100 años.

domingo, 4 de marzo de 2012

EL LUJO DE SER PERSONA

Estaba yo muy a gusto buceando en el tema del sueño infantil, el efecto del estrés sobre el desarrollo del cerebro y los signos que delatan un sueño "estresante" en el infante que colecha o no colecha, cuando gracias a mis amigos de El Blog Alternativo, me topé de narices con la siguiente noticia en FB:


La noticia me pareció tan increíble que me fui de cabeza a buscar el artículo original esperando que semejante titular fuera una exageración más fruto de la falta de rigurosidad del mundo del periodismo de divulgación. Pero no. Esta vez no ha exagerado nada. El artículo original se titula:


Y se ha publicado en el Journal of Medical Ethics, el 23 de Febrero del 2012. Las conclusiones finales del artículo son:

"If criteria such as the costs (social, psychological, economic) for the potential parents are good enough reasons for having an abortion even when the fetus is healthy, if the moral status of the newborn is the same as that of the infant and if neither has any moral value by virtue of being a potential person, then the same reasons which justify abortion should also justify the killing of the potential person when it is at the stage of a newborn."


"Si para los futuros padres, criterios como los costes (sociales, psicológicos, económicos) son suficientemente buenos para abortar incluso cuando el feto está sano, si la categoría moral del recién nacido  es la misma que la del niño y en ninguno de los dos tiene ningún valor moral ser una persona en potencia, las mismas razones que justifican un aborto deberían también justificar en aborto de la persona en potencia, cuando esta se encuentra en la etapa de recién nacido."


Al margen de que, como los mismos autores argumentan  en una carta abierta escrita tras los ataques y amenazas sufridos por la publicación de su artículo, este trabajo iba dirigido al mundo académico y no a la prensa generalista (que, como no, ha inflado los textos y sacado frases de contexto), el artículo es una muestra impresionante de la extrema crueldad a la que puede llegar la racionalidad pura y dura, desnuda de sentimientos y emociones y convertida en un acto de simple intelectualidad. 

Dicen los autores en su carta abierta  que su artículo está basado en el significado de la palabra "persona" definido por Michael Tooley en 1975. Según la definición de Tooley ni el feto ni el bebé recién nacido son persona y, por lo tanto, no tienen los mismos derechos que los seres humanos que SÍ son personas. Según declaraciones al periódico El Mundo de la directora de la cátedra de bioética y biojurídica de la universidad Francisco de Vitoria, María Lacalle, este artículo forma parte de "una corriente de opinión minoritaria, pero creciente, que defiende que no todo ser humano es persona".

"Según esto, no seríamos personas como tales hasta que no adquirimos autonomía, autoconsciencia, autodeterminación... y eso, llevado al extremo, es peligrosísimo, porque supone que dejaríamos de ser humanos en ciertos periodos de nuestra vida".

Me ha llamado mucho la atención las palabras de la profesora Lacalle porque yo tenía la impresión de que esta corriente no era en absoluto minoritaria,  ya que precisamente la defensa del aborto y su legalidad se amparan principalmente en el cuestionamiento de la humanidad del embrión y el feto, entendida como su identidad como Persona. Así que esta corriente de opinión no me parece minoritaria en absoluto. La única diferencia es que estos autores desplazan la frontera hasta después del nacimiento, aunque no acaban de definir donde la ponen exactamente, argumentando que sólo hacen falta unos días para diagnosticar cualquier enfermedad grave que sufra el recién nacido, argumento que es totalmente falso porque hay enfermedades gravísimas  que no se diagnostican hasta pasados varios meses o incluso años.

A mí, esta diferenciación entre los seres humanos que son personas y los que no lo son me pone la piel de gallina porque me recuerda a épocas muy negras de la historia de la humanidad, aquellas en las que se cometieron las mayores atrocidades y genocidios en nombre de ese estatus superior que sólo alcanzaban determinados seres humanos: los que si tenían derecho a vivir.

De todas formas, a pesar del sinsentido de este trabajo, no puedo negarle algo positivo: la reacción que ha provocado ha sido espectacular. Tanto en la misma revista donde se publicó el trabajo original (lo que ha obligado a los editores a defender a capa y espada la publicación del artículo basándose en la supuesta objetividad que requiere una revista científica), como en los numerosos periódicos que se hicieron eco, los comentarios de miles y miles de personas escandalizadas ante semejantes conclusiones me dan una idea de los verdaderos sentimientos de los seres humanos frente a sus criaturas recién nacidas. Nosotros, de manera profunda e instintiva, reconocemos y queremos a nuestros recién nacidos, a la vez que sentimos una necesidad inmensa de protegerlos, cuidarlos y asegurar su supervivencia, como no podía ser de otra manera.

Pero todo esto me muestran algo más. Me muestran la terrible realidad que muestra la frase: "ojos que no ven, corazón que no siente" porque, bajo mi punto de vista, si en algo han acertado los autores de este artículo es en considerar que tanto el feto por nacer como el bebé recién nacido tienen la misma categoría (aunque yo desde luego no les consideraría nunca no-personas) ya que no hay ninguna diferencia realmente objetiva entre ellos. Y esto me lleva a considerar que aceptamos la muerte provocada del feto, simplemente, porque no lo hemos visto, tocado, olido ni oído. Y que si antes de cada aborto provocado pudiéramos entrar en el vientre de la madre para ver y sentir de cerca al ser humano que estamos a punto de matar, otro gallo cantaría.

Yo ya he dejado muy clara mi posición sobre el aborto en este blog y en Tenemos tetas, posición que se basa en la consideración de que el embrión es un Ser Humano desde el mismo momento de su concepción. Para mí, los términos Persona y Ser Humano son sinónimos y me niego a aceptar que haya seres humanos sin la categoría de persona y, por ello, con menos derechos o menos dignidad.

Para saber un poquito más sobre el concepto de Persona que se maneja en el mundo de los profesionales de la ética y la filosofía me he ido al Medline (como no) y, entre otros, me he encontrado un artículo de K.E Hima publicado en la misma revista, Journal of Medical Ethics, titulado A dualist analysis of abortion: personhood and the concept of self qua experiential subject, y en donde el autor defiende la tesis de que el feto no es persona hasta que se detecta actividad cerebral.

Genial entonces. Muy inteligente y objetivo. A medida que nuestra tecnología vaya progresando y desarrollemos equipos capaces de detectar la actividad cerebral del feto desde el desarrollo de las primeras neuronas, ya reajustaremos la definición. Os confieso que no me he leído el artículo completo porque me da muchísima pereza meterme ahora a ver sí para ser persona tienes que tener noción de "ti mismo" o actividad cerebral. Toda esta discusión me lleva a una frase que encontré absolutamente genial y que descubrí gracias a un educativo juego (1) que Mireia Long, de Bebes y Más, ha comenzado en FB. La frase es de Niels Bohr:

"Hay dos clases de verdades. Las triviales, donde lo opuesto es obviamente absurdo. Y las profundas, donde lo contrario es también una verdad profunda"

El problema, claro está, es que nunca coincidiremos todos en qué categoría ponemos nuestra verdad. Para mí, el hecho de que el huevo fecundado y diploide ya es un nuevo ser humano y, por lo tanto, es una persona, es una verdad de la primera categoría, donde lo opuesto es obviamente absurdo. Pero evidentemente muchos de vosotros no estaréis de acuerdo. En lo que sí parece que estaremos casi todos de acuerdo es en reconocer la humanidad, y por lo tanto su identidad como persona, del recién nacido, y por mucho que se haya practicado en la historia, y todavía se esté practicando, el infanticio neonatal, la gran mayoría de seres humanos coincidimos en ese reconocimento del neonato como miembro de nuestra especie, desde el momento en que nuestros sentidos (ojos, oído, tacto y olfato) nos permiten identificarle.

Y lo opuesto nos parece evidentemente absurdo.
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(1) Mireia Long en su muro de FB ha ido colgando las fotografías de diferentes ilustres personajes, para que adivináramos quienes eran ¡Yo todavía no he dado ni una!

martes, 28 de febrero de 2012

SOBRE LA CIENCIA QUE NO EXISTE PARA EL DOCTOR ESTIVILL

Me lo estoy pasando de maravilla.

Como muchos de vosotros ya sabréis, a raíz de las declaraciones del doctor Estivill en un par de entrevistas sobre la falta de controversia en el mundo científico sobre  la bondad de sus métodos de "adiestramiento" y la inconveniencia" del colecho - controversia que, según él, soló se encuentra en internet (y entre "marujas") -  me he propuesto demostrar la existencia de bibliografía científica  (esto es, convenientemente publicada en las revistas especializadas por las que se guían todos los científicos del planeta) sobre los beneficios del colecho, además de sobre posibles efectos adversos de los métodos conductistas que tratan de "enseñar" a dormir a los niños.

Os confieso que no es tarea fácil para mí porque no tengo acceso a la gran mayoría de los artículos completos que encuentro, sólo al abstract o resumen inicial, y eso es bastante frustrante, ya que tenerlo facilitaría y aceleraría muchísimo mi trabajo. Pero a pesar de mis limitadas herramientas voy obteniendo muy buenos resultados para mostraros.

De hecho tengo tantos resultados que no me basta un sólo post para enseñároslos, si no quiero limitarme a publicar una interminable lista de artículos publicados en revistas científicas internacionales sin tiempo ni espacio para traduciros y explicaros las implicaciones de al menos los más importantes de ellos. Esto llegará, no de momento y tal vez no en este espacio, pero llegará.

Pero para empezar a "haceros la boca agua" y mostraros un poquito de como está el asunto a nivel internacional, voy a presentaros en este post  a dos profesionales que debaten abierta y calurosamente sobre este tema en el mundo de congresos y artículos científicos y que están a favor del colecho y en contra de los métodos defendidos por el doctor Ferber, maestro de nuestro doctor Estivill.

El primero es el profesor James J McKenna, director del Laboratorio del Comportamiento del Sueño de Madres y Bebés de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos). El profesor McKenna es una autoridad mundialmente reconocida en el estudio del los efectos del colecho (entendido como compartir cama) entre madre y bebé. Entre sus logros profesionales se encuentra el ser miembro de la Sociedad Americana para el Avance de la Ciencia, una de las sociedades científicas más prestigiosas del mundo a la que se unió en el año 2009 como reconocimiento a su labor científica. Sus publicaciones tanto en libros como en artículos publicados en revistas científicas internacionales de alto índice de impacto son numerosas y difícilmente ignorables.

El segundo, o más bien la segunda, profesional es la doctora Margot Sunderland, directora del Centro para la Salud Mental del Niño de Londres. Miembro visitante honorario en la Universidad Metropolitana de Londres, miembro asociado del Colegio Real de Medicina de Londres, además de psicoterapeuta infantil con más de veinte años de experiencia trabajando con niños y familias. Es autora de más de veinte libros en el campo de la salud mental infantil, los cuales han sido traducidos a dieciocho lenguas y publicados en 24 países. Entre estos quiero destacar uno mundialmente conocido: "The science of parenting", traducido en español como "La ciencia de ser padres", en el cual, basándose en la recopilación y estudio de más de 800 trabajos de investigación, recomienda de forma contundente practicar el colecho con los hijos hasta los cinco años de edad, ya que lo considera una práctica muy beneficiosa para que los niños crezcan sanos y tranquilos

Estos dos prestigiosos y mundialmente conocidos profesionales son sólo una pequeña muestra de todos los que día a día, estudio tras estudio están demostrando lo que el doctor Estivill no quiere ni ver ni admitir: que el debate no está solo en internet, sino que está, y está al rojo vivo, en el mundo de los congresos y las publicaciones científicas.

Yo no niego que haya estudios y profesionales demostrando lo contrario de los que hoy aquí he citado, tal y como declara el doctor Estivill. Los hay. He encontrado algunos y sé que encontraré muchos más de esos artículos a los que  hace referencia, aunque no cita convenientemente, y los analizaré en detalle. Tengo mucha curiosidad por sumergirme en el debate a fondo y mucho interés por mostrároslo abiertamente para que con todos los datos en la mano, sin medias verdades ni intereses de por medio, todos podamos decidir que es lo mejor para nuestras familias.


07/06/2012

Actualizo este artículo para añadir el enlace del último de la doctora en psiquiatría infantil Ibone Olza. Así podréis añadir a los profesionales aquí citados los que ella cita y a ella misma. No dejéis de leerlo:

Desmontando a Estivill

Diciembre 2012

Actualizo de nuevo para presentaros el proyecto que fue engendrado el día que escribí este post: La recopilación más completa y actualizada sobre el sueño infantil que existe hasta el momento en español:

domingo, 19 de febrero de 2012

SOBRE LAS AGUDAS RESPUESTAS DEL DOCTOR ESTIVILL CUANDO SE LE PREGUNTA SOBRE EL COLECHO.

Cada vez que leo declaraciones de doctor Eduardo Estivill se me llevan todos los demonios y hasta que no escribo un post analizando y desenmascarando sus verdades a medias no me quedo tranquila. En este caso se trata de una entrevista publicada en la web Desarrollo Infantil, en donde el doctor Eduardo Estivill y el doctor Carlos Gonzalez dan su opinión sobre el colecho. Cuando la leí me recordó a otra entrevista publicada en El País hace unos cuatro meses, en la que Estivill sigue la misma estrategia: basar la defensa de su método en los supuestos e infalibles estudios científicos que demuestran que su sistema es lo mejor de lo mejor para nuestros hijos, a la vez que menosprecia e ignora los que no le dan la razón, mintiendo descaradamente al respecto.

"Las opiniones en contra de todo lo que nosotros enseñamos en los libros solo están en Internet. No hay un solo artículo científico ni una sola controversia y crítica en las sociedades y el mundo científico. (Esto es, simplemente, una mentira como un elefante de grande)No he inventado nada: mi mérito es saber poner en palabras sencillas lo que la ciencia ha ido descubriendo. Internet no es un foro científico: cualquiera pueda hacer de médico o de periodista. Mi actitud es siempre la misma: no entrar en controversia con esas opiniones" (Por supuesto, señor doctor, porque se está quedando sin argumentos. Así mejor no debatir).

En la entrevista que cito primero, además, riza el rizo señalándonos que todas las sociedades médicas en relación con el tema (de pediatría y del sueño) dan estos estudios por buenos y le apoyan. De hecho, las cortantes e inexactas respuestas del doctor Estivill hablan por sí solas sobre la actitud defensiva  de su autor, así como sobre su falta de argumentos convincentes para defender su postura y su método. No hace falta molestarse en demostrar su falta de rigor pero como yo no me sé estar ni quieta ni callada, me he ido a comprobar algunas de sus respuestas.

Mis primeros "ojos como platos en cara de incredulidad absoluta" han sido ante esta respuesta a la pregunta de si es bueno que los niños duerman en la misma cama que los padres: 

"Los datos científicos publicados y aceptados por las sociedades científicas no recomiendan su práctica. Entre ellas se encuentran la Sociedad Americana del sueño, la sociedad Española de Sueño, la Sociedad Americana de Pediatría y la Sociedad Española de Pediatría. De todas ellas soy miembro activo y es allí donde comunicamos nuestros trabajos"

Me he ido directa a la página web de la Sociedad Española de Pediatría y allí he podido leer su recomendación completa:

"La manera de dormir de los mamíferos se ha visto determinada, tras miles de años de adaptación, para garantizar su supervivencia. Los humanos, al ser los más dependientes durante el primer año de vida, muestran conductas encaminadas a fortalecer la relación con su cuidador, casi siempre la madre. Ésta representa la fuente de alimento, calor, protección, consuelo y soporte a las necesidades del recién nacido. El hecho de que el bebé se despierte con facilidad y llore en solicitud de alimento y estimulo, disminuye el riesgo de que sufra bajadas del azúcar corporal (hipoglucemia) y asfixia (apnea). Por otro lado, la leche materna facilita que el niño coja el sueño, en parte porque contiene triptófano, una sustancia que actúa en el cerebro como inductor del sueño.


En toda la historia de la humanidad los niños han dormido con sus padres. Esta práctica se llama colecho cuando se comparte la misma cama. El contacto continuo favorece el desarrollo del vínculo afectivo, el bienestar del bebé, el desarrollo neuronal y la capacidad de respuestas adecuadas ante situaciones de estrés. Estudios recientes demuestran que la cercanía del niño y la madre facilita el mantenimiento de la lactancia materna y que ésta tiene un efecto protector frente al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. También se sabe que el colecho es mas frecuente en los niños alimentados al pecho que en los que reciben lactancia artificial.


Conforme maduran las funciones fisiológicas del niño va cambiando su manera de dormir. A medida que se hacen mayores, los bebés se despierten más por la noche (no menos, como muchos piensan). Cuando el niño tiene alrededor de un año de edad, el grado de desarrollo alcanzado por su cerebro le permite tener pesadillas que le despiertan asustado y a veces agitado. En ese momento, el niño busca refugio y consuelo junto a sus padres, en quienes tiene depositada su confianza afectiva. Hay que conocer los patrones normales de sueño para aceptarlos mejor. También hay que saber que no hay soluciones mágicas para evitar los despertares nocturnos y que el sentido común debe primar.


La decisión de dormir con sus hijos debe ser una opción de los padres. Tal decisión va ligada a la cultura y a los deseos de cada familia sobre la relación con sus hijos. A los profesionales de la salud, médicos, pediatras y enfermeras les corresponde reforzar este tipo de práctica, dando información sobre ciertas circunstancias que pueden acarrear mayor riesgo para los niños si se practica el colecho, principalmente entre los menores de 6 meses de edad, en este sentido se deben establecer las siguientes recomendaciones:


- El niño debe dormir siempre boca arriba.
- Siempre debe dormir sobre una superficie firme, sin almohadones, cojines ni peluches.
- Evitar arropar al niño en exceso (mantas o frazadas gruesas).
- No dormir en la misma cama si los padres fuman.
- Tampoco se debe practicar colecho si los padres consumen alcohol, drogas o medicamentos que    disminuyan su capacidad de respuesta.


Si concurre alguna de estas circunstancias el niño debe dormir en la misma habitación de los padres con la cuna al lado de la cama o en una cuna tipo "side-car" (superficie independiente adosada a la cama de los padres)."

Yo no sé vosotros, pero por aquí no veo por ningún lado ese rechazo unilateral al colecho que declara el doctor. Lo cierto es que, si leemos la primera entrevista que cito, no son precisamente las respuestas del doctor Estivill las que más se ajusta a estas recomendaciones, sino las del doctor Carlos Gonzalez.

Sigamos. Me pica la curiosidad y me voy a ver lo que la Academia Americana de Pediatría recomienda.

Según he podido leer en un articulo del año 2005 y en una actualización del mismo publicada en el año 2011 - ambos publicadas en Pediatrics - la Academia Americana de Pediatría hace una clara diferenciación entre compartir habitación con el bebé o room-sharing y compartir cama, o bed-sharing, ambos llamados colecho en español (o co-sleeping en inglés). En ambos artículo recomienda compartir habitación mientras que desaconseja compartir cama, todo ello como medida preventiva de la muerte súbita del lactante y haciendo referencia a bebés menores de 6 meses (en el primer artículo citado hablan de bebés menores de 11 semanas). Ni una palabra sobre bebés mayores de seis meses o niños de varios años.

Cito textualmente:

"There is evidence that this arrangement decreases the risk of SIDS by as much as 50%, and is safer than bedsharing or solitary sleeping (when the infant is in a separate room)."

"Hay evidencia de que este arreglo disminuye el riesgo de muerte súbita hasta en el 50%, y es más seguro que compartir cama o dormir en solitario". 

O sea, que la manera más segura de dormir para un bebé menor de seis meses es en la habitación de sus padres aunque no en su cama. Así que el doctor Estivill parte de razón sí tiene,  pero se olvida de puntualizar de que lo desaconseja en un rango de edad muy concreto por su supuesta, y todavía muy controvertida, relación con la muerte súbita del lactante, además de que a la vez aconseja compartir habitación, dato que debería ser de extrema importancia para el autor de "Duermete niño". 

Pero ¿Y para niños más mayores? Yo no he conseguido encontrar ninguna recomendación, ni a favor ni en contra del colecho en ninguna de las dos sociedades de pediatría. Si alguno de vosotros sabe más que yo os agradecería que me informarais. Lo que sí he encontrado en las recomendaciones de ambas sociedades son referencias a los beneficios del colecho, algo que el doctor ignora absolutamente cuando, ante la pregunta de la entrevistadora: 
Perjuicios o beneficios del colecho.

El doctor responde: 

No hay trabajos científicos que muestren beneficios. Sólo inconvenientes.


Esto no es cierto. Tal y como citan ambos artículos de Pediatrics, el colecho ha demostrado importantes efectos positivos sobre la lactancia y  la relación madre-bebé. Estas son las referencias:

* Mosko S, Richard C, McKenna J. Infant arousals during mother-infant bed sharing: implications for infant sleep and sudden infant death syndrome research. Pediatrics. 1997;100:841– 849

* McKenna JJ, Mosko SS, Richard CA. Bedsharing promotes breastfeeding. Pediatrics. 1997;100:214 –219

Y lo mismo puede decirse sobre lo escrito por el Comité de Lactancia Materna de la Sociedad Española de Pediatría que, además de lo anterior, añaden como efectos beneficiosos mayor bienestar del bebé y mejor desarrollo neuronal. Se atreven incluso a decir que el efecto beneficioso que tiene el colecho facilitando la lactancia materna podría facilitar la prevención de la muerte súbita, tema que, como ya hemos indicado anteriormente, según la AAP hoy en día todavía es extremadamente controvertido. Tal y como dice Horsley et al en su artículo: Benefits and harms associated with the practice of bed sharing: a systematic review. Arch Pediatr Adolesc Med. 2007 Mar;161(3):237-45.

"Evidence consistently suggests that there may be an association between bed sharing and sudden infant death syndrome (SIDS) among smokers (however defined), but the evidence is not as consistent among nonsmokers. This does not mean that no association between bed sharing and SIDS exists among nonsmokers, but that existing data do not convincingly establish such an association."

"Las evidencias sugieren de manera consistente que puede haber una asociación entre colecho (entendido como compartir cama) y el síndrome de la muerte súbita del lactante entre los fumadores, pero la evidencia no es tan consistente entre los no fumadores. Esto no quiere decir que no exista asociación entre colecho y muerte súbita del lactante entre los no fumadores, sino que los datos actuales no establecen esta asociación de manera consistente".

Las conclusiones que yo saco de todo lo leído es que las recomendaciones de las dos sociedades de pediatría son clarísimas a la hora de recomendar que el bebé duerma en la misma habitación de sus padres, lo más al alcance de su madre posible, pero la AAP desaconseja que duerma en la misma superficie que su madre porque las evidencias sobre su relación con la muerte súbita del lactante son conflictivas y existen situaciones muy claras de riesgo, que tal vez no sean fáciles de controlar si se recomienda abiertamente a todo el mundo compartir cama con su bebé. A mí me parece muy esclarecedor el hecho de que existen sociedades donde el colecho (entendido como compartir cama) está ampliamente difundido y el porcentaje de muerte súbita es más bajo que el nuestro (podéis leer una referencia a este tema en el artículo citado de Pediatrics). Esto me indica que el peligro no es el colecho en sí, sino las circunstancias que rodean el sueño del adulto. Por eso, en nuestra sociedad de camas altas, con almohadas, colchas y colchones blandos, (sin ignorar, además, el elevado número de adultos obesos y consumidores de alcohol, tabaco o diferentes drogas y medicamentos más minoritarios pero también presentes), el colecho con los bebés menores de seis meses puede resultar controvertido y resulta más seguro poner al bebé en una superficie adaptada a su cuerpo y a su capacidad de movimiento, como es la cuna (que bien puede ser del tipo sidecar).   

Hasta aquí estamos hablando del colecho con bebés menores de seis meses. Pero el colecho puede practicarse con hijos más mayores, hasta que ellos deciden dormir en su propia cama o habitación individual. Frente a esta situación el doctor Estivill también tiene unas cortantes e increíbles respuestas:

¿Es más seguro para los niños dormir solos que con sus padres?

 Los datos publicados muestran menos problemas de todo tipo en niños que han aprendido a dormir solos.

 ¿Provoca el colecho falta de autonomía y una mayor dependencia en los niños?

Los datos científicos así lo indican.


Me encantaría que alguna vez el doctor Estivill se molestara en citar las fuentes bibliográficas en las que se apoya. Lo cierto es que me es complicadillo tener tiempo durante el día para hacer búsquedas bibliográficas serias y por la noche estoy que me caigo de sueño. Pero como no me creo:

1- que los estudios en que basa su defensa Estivill sean tan infalibles;
2- No existan estudios que demuestren lo contrario;

me pongo a ello y prometo una segunda parte de este post hablando de las recomendaciones del mundo científico sobre el colecho con bebés y niños mayores de seis meses.

¡Hasta la vista!

martes, 7 de febrero de 2012

CARTA ABIERTA DEL DOCTOR DEXEUS..... Y MI RESPUESTA

Ante la polémica y el malestar generados por las supuestas declaraciones del doctor Dexeus publicadas en la versión digital del periódico Ara, el doctor ha escrito una carta abierta que yo reproduzco a continuación y que le agradezco profundamente porque aclara mucho el porqué de unas declaraciones tan desafortunadas.



Escrito en 6 febrero, 2012.

Este viernes 3 de febrero nos levantamos con la noticia de la muerte de Caroline Lovell, por parada cardíaca mientras alumbraba en su casa. Ante todo permítanme decir que, tanto como persona como médico, lamento profundamente su fallecimientoCaroline Lovell fue consecuente con sus ideas y entrar a debatir si hubiera sido diferente en caso de estar en un hospital no me parece productivo ni oportuno, porque desconozco exactamente lo que sucedió, así que en ningún caso he querido emitir juicios de valor sobre eso por lo que dice una nota de prensa. Quiero dejar constancia de este hecho, y dejarlo muy claro.
Seguidamente quiero pararme en la serie de situaciones que se están sucediendo después de este terrible suceso y que me han tenido como protagonista, desde luego no intencionado. Me comunican que se ha formado un grupo en facebook por mujeres que se han sentido ofendidas por unas palabras mías al respecto. Lo lamento profundamente. Hemos buscado el origen de esas palabras y resulta que se trata de la publicación de la noticia de la muerte de Caroline Lovell en la versión digital del periódico Ara, donde se publica la noticia junto a un citado de una “opinión” mía. Bien, me gustaría decir que mi “opinión” fue mucho más extensa que el resumen publicado, que sacado del contexto que proporcioné, y publicado en esa noticia tan dolorosa, es de alguna manera lógico que haya creado tanto malestar. Yo dije más que eso y desde luego con otras palabras, expliqué la evolución de la pelvis femenina a lo largo de estos miles de años, expliqué muchas más cosas, aporté datos de porqué ahora más que antes las complicaciones asociadas al parto podrían ser más peligrosas si no están en un entorno con las medidas necesarias. Muchas más cosas. El diario ha modificado alguna frase pero me comunican que no pueden re-publicar ‘verbatim’ toda mi conversación por falta de espacio. También considero que no ha sido el mejor momento para añadir ninguna valoración u opinión médica en unos momentos tan complicados.
Lo que me ha movido durante toda mi carrera, que heredé de mis predecesores, y que he procurado transmitir a todo mi equipo es que promovemos el bienestar y la salud de la mujer. Tristemente esta noticia da pie al debate de parto en hospital versus el parto en casa. En numerosas ocasiones he dado mi opinión al respecto:creo en una hospitalización racionalmente humanizada para la mujer que va a dar luz. Mis predecesores ya trabajaron por mejorar las condiciones de las parturientas a principios del siglo pasado, que favorecieron a reducir la tasa de mortalidad y las condiciones, infrahumanas, de los paritorios de la época. Así nació la Clínica Mater. Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto.
La muerte resulta un hecho natural pero es algo que como médico siempre voy a luchar por evitar, esto permítanmelo. Creo que es algo que compartimos todos los profesionales sanitarios, independientemente de su cargo, es algo que tengo en mi código deontológico. Voy a luchar siempre por evitar la muerte, cuando es evitableY por eso pienso que la mujer en un entorno hospitalario tiene más seguridad, como en cualquier otra situación, ante las complicaciones. No sólo ya por la presencia de matronas, ginecólogos, obstetras, etc sino por los medios materiales que disponemos en caso de ponerse la situación tan complicada como para intervenir y evitar lo que nadie quiere que suceda. No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé.
Pienso que en el fondo tanto a ustedes como a mí nos mueven los mismos principios: que la mujer sea libre, sea dueña de su cuerpo, de su vida, de sus decisiones. También compartimos el deseo de no tener que lamentar ninguna pérdida, ni de la madre ni del bebé. Todas las opciones deberían dialogar más allá de los medios de comunicación. Les animo a ello y si cualquier colectivo implicado estima oportuno avanzar en este diálogo donde puedan estar todos los actores de este escenario (especialistas sanitarios, mujeres embarazadas, asociaciones…), estaré encantado de aportar mi punto de vista con el único y sincero deseo de que tracemos los puntos en común que tenemos, de forma constructiva, porque estoy convencido de que los tenemos.
Un cordial saludo a todas las mujeres y, en concreto, a todas las madres.
Y aquí va mi respuesta personal al doctor Dexeus:

Estimado Dr Dexeus:

Le agradezco profundamente su carta de aclaración. Reconozco que esas supuestas declaraciones suyas publicadas en el periódico Ara me dejaron terriblemente consternada y enfadada. Que un profesional de su categoría dijera unas palabras semejantes sobre la capacidad de las mujeres para parir me hizo sentir, no sólo agredida e insultada, sino especialmente desesperanzada por que la atención al parto llegue a cambiar un día lo que realmente necesita cambiar para cubrir las verdaderas y más básicas necesidades del recién nacido y su madre. 

Me he alegrado mucho de leer en su carta frases como estas: 

" Ese espíritu por dejar que la mujer tenga la libertad a la que tiene derecho, sin renunciar a su seguridad y a la de su bebé, me ha marcado toda la vida. De ahí que montara mi propio grupo de ginecólogos en un espacio donde las consultas no las marque el reloj y donde la mujer se sienta absoluta protagonista del proceso, sin imposiciones medicalizadas por defecto, sin el trato a la mujer como un objeto con “bolsa fetal” sin voz ni voto."

O estas:

"No dudo de la capacidad de parir de la mujer, jamás lo he hecho ni lo haré, porque no lo siento, ni lo pienso. Lo único que me preocupa es la complicación del parto y asegurarme de no poner en peligro la vida de ninguna mujer o bebé."

Me alegro mucho de que no dude de nuestra capacidad para parir,así como de que sea consciente de que su papel se limita a actuar en caso de complicaciones. También es cierto que, aunque no nos escribe las palabras que realmente dijo por teléfono al periodista, parece ser que por lo que nos dice en la carta y por sus palabras en otras entrevistas usted no apoya en absoluto los partos en casa. Evidentemente no voy a ser yo la que entre en debate con usted sobre las condiciones de un parto seguro, las posibilidades de que el parto se complique, el porqué se complica o el como, el cuando y el donde tratar estas complicaciones. Esto es algo que supongo debatirá usted regularmente en sus congresos y encuentros con los profesionales oportunos, y la buena disposición al diálogo que veo reflejada en la carta es más que suficiente para mí para cambiar totalmente la imagen que las palabras publicadas por el periódico Ara me habían dejado de usted, al margen de si  estamos de acuerdo o no en este punto en concreto. 

Pero ya que todo este asunto me ha dado la oportunidad de escribirle esta carta, si que me gustaría explicarle mi visión personal y lo que yo necesito para tener un buen parto. Y quiero decírselo desde mi posición de madre de tres hijos. Una mujer que podría haber sido una más de las que han pasado por sus manos. Alguien, además, que desde su primer parto ha leído mucho para informarse y no repetir los  mismos errores en los partos subsiguientes. Y quiero explicárselo a usted porque es uno de los ginecólogos con más prestigio en España, probablemente en Europa y, por lo tanto, uno de los profesionales con más poder en sus manos para que la atención al parto cambie de una vez por todas para ofrecernos a las madres y a nuestros bebés lo que realmente necesitamos. 

Mi evolución personal la publiqué y expliqué en la revista Madre Tierra (página 68). Si lo lee verá mi proceso de crecimiento desde la madre primeriza que no confía en su cuerpo y cree que la respuesta está en los profesionales que la atienden, hasta la mujer capaz de parir y disfrutar de su parto, viviendo una de las experiencias más extáticas de su vida. 

Permítame, doctor Dexeus, hacer un símil para explicar mi visión de como deberían ser y como son las intervenciones en los partos. Cada Agosto se organiza el cruce a lo ancho del lago de Zurich. Durante el mismo, una barca (o varias) de seguridad, sin entorpecer el paso a los nadadores, les vigila de cerca por si alguno tiene algún percance en medio de la travesía: desde un calambre hasta un ataque cardíaco, que todo puede ser porque el esfuerzo es considerable. Ahora imagínese que esta barca en lugar de estar cerca de los nadadores pero sin entorpecer su marcha, estuviera navegando delante de ellos, lanzándoles con su hélice agua y espuma, además de generando una corriente en contra que les evitara avanzar con fluidez. Es evidente que en estas condiciones muchísimos más nadadores necesitarán ser rescatados y los salvavidas de la barca muy orgullosos pensarán: "¡Ven!!! Es que cruzar el lago de Zurich es peligrosísimo incluso para jóvenes fuertes y sanos. Tenemos un porcentaje del 10% que se agota y casi se ahoga ¡Si no es por nosotros se nos mueren!!!"

¿Entiende lo que le quiero decir, doctor Dexeus? Creo que las intervenciones innecesarias, rutinarias y "al por mayor" que se han realizado, y desgraciadamente todavía se realizan, en los hospitales españoles no han conseguido más que entorpecer la evolución fluida del proceso de parto de muchísimas mujeres que, de otra manera, no hubieran tenido la más mínima complicación. 

Usted dice en su carta que las condiciones de los partos hospitalarios han reducido drásticamente la mortalidad materna e infantil, pero me gustaría decirle que las mujeres venimos pariendo con "barcos por delante" gran parte de nuestra historia. Al principio fueron la falta de condiciones higiénicas y la desnutrición,  que unidas a la represión sexual a la que hemos estados sometidas desde el inicio del patriarcado convirtieron nuestros partos en uno de los momentos más peligrosos y dolorosos de nuestras vidas y las de nuestros hijos. Este siglo, en los países del primer mundo, mejoraron estas condiciones higiénicas hasta el extremo de hacernos parir en condiciones de quirófano, y desapareció el problema de la desnutrición, pero la represión sexual, aunque parezca lo contrario, sigue siendo la misma y el parto sigue siendo algo más parecido a un patología que debe ser tratada que a una experiencia sexual y vital que se puede vivir y disfrutar en toda su intensidad. Yo creo que el "parirás con dolor" no lo dijo Dios. Lo dijo el hombre patriarcal. 

Hoy en día, con la misma pelvis que tenían nuestras antepasadas Homo Sapiens sapiens de hace 50.000 años, las mujeres necesitamos las mismas condiciones que ellas para parir con seguridad y, basándome en mi experiencia personal, considero que son dos:  Sensación de Seguridad e Intimidad. Cuando estas condiciones no se cumplen, hasta el parto de la mujer más sana con la pelvis más ancha de la humanidad no evolucionará como debe, entrando en una cadena de complicaciones e intervenciones que fácilmente acabarán en cesárea. 

Hablando de mi propia experiencia personal, puedo decirle que La Seguridad en mi caso, me la dieron:

1- Mi comadrona.  Mi confianza en ella es total. Si no me es imposible dejarme llevar y desconectar la parte racional de mi cerebro. Al confiar en ella, en su capacidad para reconocer lo normal de lo patológico, yo puedo dejar de preocuparme si esto va bien, si esto es normal, si me falta mucho o me falta poco. Yo desconecto el neocortex y me sumerjo en mi yo más mamífero (como en el coito). Dejo de ser la mujer racional y sólo de cuando en cuando vuelvo mi mirada hacia ella, hacia su expresión, para comprobar que está ahí, tranquila y atenta, por lo que yo puedo seguir en mi mundo y dejar a mi cuerpo hacer.  

Nuevas salas de partos del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona, 
2- El hospital. Sí, a pesar de que sé, por diversas publicaciones científicas que no voy a listar porque estoy convencidísima de que usted las conoce mucho mejor que yo, que los partos en casa en los países del primer mundo y atendidos por profesionales adecuadamente cualificados (condición que mi comadrona cumple absolutamente), son tan seguros como los hospitalarios, yo tengo ese mismo sentimiento que sé que usted comparte pero que es claramente irracional (la ciencia no lo apoya), de que en el hospital estoy más segura. La verdad es que soy una hipocondriaca de libro y sólo saber que en caso de complicaciones tengo el quirófano y sus profesionales al alcance de mi mano, me produce una inmensa tranquilidad. Pero evidentemente no me sirve cualquier hospital, no, sino uno donde sé que van a respetar mi plan de parto y que voy a ser atendida por la comadrona de mi elección. Además el hospital debe de darme una estancia donde permaneceré hasta que salga por mi propio pie y con mi niño en brazos (siempre que todo transcurra normalmente y sin complicaciones, que es lo más normal). Esta sala debe de ser una agradable réplica de una habitación cálida, confortable, con bañera de partos, silla Maya, cama (no camilla), ducha...etc. Nada que ver con un quirófano (como el quirófano en el que me vi obligada a parir mi segundo hijo, en Barcelona). Ante un hospital "convencional", donde te obligan a realizar turismo entre las diferentes salas (habitación, sala de dilatación y sala de partos),  pasas por las manos de varios profesionales nada interesados en tus necesidades de intimidad (sobretodo si tienes la mala suerte de parir cuando están tocando las doce campanadas), y te hacen pasar por el aro de sus protocolos sí o sí, prefiero tragarme mis aprensiones y parir en mi casa. 

3- Mi ginecóloga: Lo pongo en femenino porque mis tres partos han sido atendidos/supervisados por ginecólogas. Si todo marcha bien su papel es de simple permanencia en el banquillo. Pero saber que en caso de complicación van a "saltar al campo" poniéndose manos a la obra con toda su gran profesionalidad es también tremendamente tranquilizador. 

En cuanto a La Intimidad: No por ir en segundo lugar este factor es menos importante que el primero. Sin intimidad yo nunca podría "dejarme llevar" y por lo tanto tampoco dilataría ni llegaría al estado que me permitiera tener el Reflejo de Eyección Materno-Fetal (reflejo que tuve el honor de experimentar en toda su intensidad en mi tercer parto y ¡GUAU!!!!!). Poder estar sola durante la dilatación  (relativamente ya que mi compañero y mi comadrona rondaban por ahí, pero sin molestar y dejándome sola en la estancia la mayor parte del tiempo) me permitió dejar de lado vergüenzas e inhibiciones, permitiendo a mi cuerpo adoptar las posturas que me pedía (algunas imposibles de adoptar si te sientes observada y avergonzada), con más o menos ropa, en silencio o haciendo ruido. Todo esto permitió una dilatación rápida y NO DOLOROSA. Si, he dicho NO DOLOROSA.  

Cumplidos estos dos factores, estimado doctor Dexeus, le prometo con la mano en el corazón que con mi tercer hijo tuve un parto prácticamente libre de dolor (me dolieron las cuatro últimas contracciones - cuando volví en "mi" porque mi comadrona necesitó comprobar mi dilatación - y luego el expulsivo, porque me rasgué por la misma cicatriz de la rotura de mi primer parto; en total 20 minutos dolorosos, no más), en el que disfruté muchísimo y también sentí muchísimo placer. Y creo sinceramente que todas las mujeres deberían tener derecho a parir en las condiciones en las que parí yo a mi hijo pequeño: Con Seguridad e Intimidad. Cada mujer necesitará cosas diferentes para sentirse segura y en intimidad, y a todas se nos debería respetar estas dos necesidades, no como algo "extra" que se ofrece como un lujo, sino como ABSOLUTA PRIORIDAD, por el bien y la seguridad de nuestros partos. 

Cuando se ponen las condiciones óptimas para que la mujer pueda sumergirse en su parto estamos maximizando las probabilidades de que todo vaya bien y sin complicaciones mucho más que si se realizan intervenciones "preventivas" que rompen y destruyen la capacidad de la mujer para "dejarse llevar" y parir siguiendo sus más profundos y primitivos instintos. Con estas condiciones y una madre realmente perdida en su cerebro más primitivo, ni siquiera la epidural es necesaria para tener un parto sin dolor. Ya sé que le va a costar creerme, teniendo a sus espaldas miles de partos intervenidos. Pero tengo la osadía de decírselo, doctor Dexeus porque, no sólo me apoyan las estadísticas, sino porque a pesar de que sólo he vivido tres partos, los he vivido en mis propias carnes, y le aseguro que no hay experiencia más extática, intensa y apasionante que un verdadero parto fisiológico. 

Me despido de usted agradeciéndole el tiempo dedicado a leer mi carta y deseando verle en el futuro unido a los grupos de profesionales de la obstetricia que, desde diferentes posiciones, dialogan y debaten para que  nuestros partos transcurran en las condiciones óptimas para la madre y el bebé. 

Atenta y cordialmente

María Berrozpe